Los mexicanos no perciben la gravedad de la desigualdad en el país, dice la ONU
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Cuartoscuro

Los mexicanos no perciben la gravedad de la desigualdad en el país, dice la ONU

México se ubica entre los cinco países que menos reconocen que la desigualdad sea un problema, junto con Uruguay, Dominicana, Nicaragua y El Salvador.
Cuartoscuro
23 de junio, 2021
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En México, los grupos de mayores ingresos consideran que son menos ricos de lo que realmente son, y se piensa que los pobres no son tan pobres, lo que obstruye la implementación de políticas tendientes a la reducción de la desigualdad, de acuerdo con un informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en países de América Latina y el Caribe.

El Informe Regional de Desarrollo Humano 2021 describe las características de los países hundidos en una “trampa” de excesiva desigualdad y bajo crecimiento económico que frena su desarrollo, circunstancia que agravó la pandemia de COVID-19. El estudio revisa qué tanto se concentra el poder económico y político en las naciones; qué tanto la inseguridad y la violencia criminal agravan la desigualdad, y qué tan eficaces son las políticas de protección social implementadas por los gobiernos.

Lee: No basta con echarle ganas: La desigualdad en México.

El PNUD retomó datos subjetivos de 17 países de la región recopilados por Latinobarómetro en 2020 para conocer la percepción de la población sobre la desigualdad, esto es, cómo se ve a sí misma y a otros; cuál es su disposición a la aplicación de medidas de redistribución justa, y cómo ve el papel del gobierno y la responsabilidad de otros miembros de la sociedad en la lucha contra la desigualdad.

Si bien, en general, los habitantes de la región saben que es desigual e injusta la distribución del ingreso, hay países donde es marcada la correspondencia entre la desigualdad objetiva y la percibida. La primera se calcula por la proporción del ingreso que corresponde a cada quintil de la población (20%) conforme datos de encuestas nacionales de hogares; la segunda -la distribución percibida- se mide preguntando a las personas qué proporción de los ingresos creen que es capturada para cada quintil de la distribución.

“En todos los países, la gente tiende a sobrestimar los ingresos del 20% más bajo de la distribución. En general, los latinoamericanos no son conscientes de qué tan pobres son en realidad los pobres. Este desconocimiento puede frenar la demanda de políticas más redistributivas. En efecto, la literatura ha encontrado que la gente que sobrestima los ingresos de los más pobres tiende a apoyar menos las políticas redistributivas”, indica el estudio.

“Además, aunque en promedio la población también sobrestima el ingreso del 20% más rico, en cinco países de la región (Colombia, Brasil, México, Nicaragua y Perú), la gente lo subestima. En estos países, los ciudadanos creen también que el 40% más pobre de la distribución captura una proporción mayor de los ingresos que la que realmente captura. Creen que la distribución del ingreso es más igualitaria de lo que es y que la concentración en la parte más alta es menor”.

Te puede interesar: COVID ha matado más a personas pobres: los más afectados tenían baja escolaridad y empleos mal pagados

México se ubica entre los cinco países que menos reconocen que la desigualdad sea un problema, junto con Uruguay, Dominicana, Nicaragua y El Salvador. Según el informe, el 77% de los mexicanos piensa que la distribución del ingreso es injusta. Y, aunque es una cifra elevada, está aún lejos de los países cuyas poblaciones parecen más conscientes del problema, como Chile, Venezuela y Paraguay, donde más del 90% de la población reconoce que la distribución del ingreso es injusta. La puntuación de México en este rubro es incluso menor que la media de la región, que es de 81%.

A diferencia de lo que ocurre en cuanto a la distribución del ingreso, el estudio señala que los mexicanos consideran que el acceso a los servicios públicos básicos sí es injusto: el 83% de ciudadanos define así el acceso al sistema de justicia; para el 72% es injusto el acceso a la salud, y el 64% considera injusto el acceso a la educación. En los tres casos, México se coloca por encima de la media regional, que es de 80, 66 y 60%, respectivamente.

El informe del PNUD explica que el desfase en la percepción de la desigualdad depende de la posición que las personas creen que ocupan en la distribución del ingreso: quienes se ubican en el quintil más rico serán más reacios a ver esa situación como injusta y apelarán al mito meritocrático, a diferencia de quienes se identifican con el quintil más pobre.

“Así, las personas que piensan que se benefician del statu quo son menos propensas a ver problemas en la desigualdad. Aunque los datos no permiten un examen más profundo de las razones por las que esto es así, una hipótesis es que la gente que se beneficia de sistemas injustos no quiere creer que obtuvo ventaja injustamente. En cambio, tal vez prefiere creer, por ejemplo, que obtuvo un trabajo bien remunerado o el ingreso a una universidad de élite gracias únicamente a su inteligencia superior y su esfuerzo. Este mito de la meritocracia puede ser perjudicial para la solidaridad social y puede debilitar el apoyo a las medidas de política que harían progresar el bien común”, dice el estudio.

Señala que en América Latina y el Caribe, la población de los dos quintiles más bajos (el 40% más bajo) suele pensar que es un poco más rica de lo que realmente es, y la población en los tres quintiles más altos suele pensar que es más pobre.

“Puede haber razones para sobrerreportar o subrreportar los ingresos, especialmente en los extremos de la distribución. Por ejemplo, los pobres pueden querer ocultar su pobreza por vergüenza o para mantener la dignidad y los ricos pueden querer ocultar su riqueza para proteger su seguridad o controlar su imagen en la sociedad”, explica.

Entre los latinoamericanos persiste un fuerte sentimiento de que los países son gobernados en beneficio de los intereses de unos cuantos (el promedio regional es de 77% de los entrevistados), pero México, con el 70%, se ubicó entre los cinco países donde este parámetro es más bajo, aun cuando son naciones objetivamente desiguales y en donde las élites tienen influencia directa en la toma de decisiones.

En el grupo de México están El Salvador, Nicaragua, Uruguay y Dominicana. En el polo opuesto, donde los ciudadanos están convencidos de que el gobierno está al servicio de minorías poderosas, se ubican Paraguay, Costa Rica, Chile, Ecuador y Perú, que registran entre 89 y 95%.

El informe indica que el 54% de mexicanos estaría de acuerdo en tener un gobierno no democrático pero que fuera eficaz. La media regional es de 55%. En este rubro México se separa de otros países con los que había compartido opinión en otros aspectos, como Dominicana (donde el 68% de la población apoyaría un gobierno no-democrático pero eficaz), El Salvador (68%), Nicaragua (67%), Honduras (66%) y Guatemala (65%).

Crimen organizado y su rol en la desigualdad

América Latina y el Caribe no sólo es una de las regiones más desiguales, sino de las más violentas del mundo, principalmente en materia de homicidios dolosos, secuestros, robos, extorsiones y trata de personas, de acuerdo con el estudio del PNUD, que también incluye la violencia política como una categoría en la que destaca la región, traducida en actos de represión estatal, violaciones a los derechos humanos por parte de cuerpos de seguridad, o persecución y asesinato de periodistas, políticos de oposición, defensores de derechos humanos, activistas ambientales y líderes cívicos.

“Las agresiones llevadas a cabo por las fuerzas armadas también se han intensificado tras la decisión de algunos países de militarizar las tareas de seguridad pública, lo que ha provocado un aumento de la violencia en Ecuador, El Salvador, Honduras, México, Nicaragua y Venezuela”, dice el reporte.

La investigación dice que existe evidencia de la relación “positiva, significativa y robusta” entre desigualdad y crimen: mayores niveles de desigualdad de ingresos están asociados a aumentos en las tasas de homicidio y otros delitos, lo que produce, afirma, que los sectores pobres estén “sobrerrepresentados” en las cifras de victimización.

“La violencia criminal se concentra en los barrios urbanos más pobres y en las zonas rurales con presencia estatal precaria y fuertes economías ilícitas, y en comunidades fronterizas. Los homicidios suelen afectar excesivamente a los pobres”, refiere. “También se ha observado que la victimización es más común entre las personas que enfrentan múltiples desventajas simultáneas por cuenta de su género, etnia, orientación sexual o identidad de género, o condición socioeconómica”.

El PNUD halló que el crimen organizado puede tener influencia directa en la productividad de regiones económicas.

“En México, las localidades afectadas por la violencia relacionada con el narcotráfico experimentaron una disminución de la producción, las ganancias, los salarios y el número de empresas y trabajadores del sector manufacturero”, señala.

La violencia también puede tener repercusión en la participación política de la ciudadanía, dice el reporte, pues acalla las voces y la implicación de los sectores pobres en la toma de decisiones. La investigación hace referencia a que grupos criminales pueden incidir en el ejercicio del derecho al voto, intimidando a los electores o abiertamente forzándolos a apoyar determinada candidatura.

Esta precisión adquiere sentido luego de que, en la pasada elección del 6 de junio en México, se denunciaron diversos ataques atribuidos al crimen organizado, desde actos de intimidación en casillas hasta secuestros de representantes de partidos políticos, especialmente en Sinaloa. En Michoacán, por ejemplo, hubo zonas inseguras que los candidatos decidieron no visitar para hacer actos proselitistas.

“Las víctimas pueden también evitar participar en la vida política ante la presencia de altos niveles de violencia, como en el caso de México. En toda la región, mientras que el crimen no violento parece aumentar la participación política, los crímenes violentos parecen tener el efecto contrario. Los grupos armados no estatales pueden socavar la participación política con su mera presencia. Pueden impedir que los ciudadanos voten o pueden forzarlos a votar por determinados candidatos”, señala el estudio del PNUD.

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La olvidada historia del "presidente fugaz" de México, que duró tan solo 45 minutos en el cargo

La presidencia más breve de la historia es la de un político mexicano de inicios del siglo XX que fue instrumento de un golpe de Estado sin que se diera cuenta.
19 de febrero, 2022
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No habían pasado ni 60 minutos, cuando la presidencia de Pedro Lascurain Paredes ya era historia.

El político mexicano asumió como presidente de México en 1913, y a los tres cuartos de hora presentó su renuncia al Congreso.

Se trata del periodo presidencial más breve de la historia. Incluso está registrado así en el Libro Guinness de los Récords.

Durante décadas, la figura de Lascurain ha cargado con la sospecha de haber estado al servicio de un golpe de Estado, así como con el mote de “presidente fugaz”.

Pero investigaciones sobre lo ocurrido en febrero de 1913 muestran cómo un político con notable educación, pero con poca experiencia política, fue víctima de los imprevisibles conflictos de la Revolución Mexicana (1910-1920).

“Es conocido en la historia por sus 45 minutos en el poder, el presidente más breve que existe. Sin embargo, nadie mira su actuación como canciller”, le dice a BBC Mundo la historiadora Graziella Altamirano.

“Tuvo un papel muy importante en ese momento tan difícil en las relaciones con Estados Unidos, con uno de los peores embajadores estadounidenses que ha tenido México en su historia: Henry Lane Wilson“, añade la investigadora, una de las pocas personas que ha tenido acceso al archivo personal de Lascurain.

Pedro Lascurain Paredes

INAH
Lascurain Paredes se mantuvo en la presidencia de México durante 45 minutos.

El cómo llegó a ocupar durante 45 minutos la presidencia de México arroja luz sobre la sombra de traición que siempre persiguió a Lascurain.

“Es un estigma que no se va a poder quitar y después de ese episodio va a pasar muchísimos años tratando de explicar lo que ocurrió y también justificándose, porque todo mundo le dice que fue un traidor”, señala la historiadora Guadalupe Villa, otra investigadora que ha indagado en la historia del “presidente fugaz”.

La Decena Trágica

El brevísimo paso de Pedro Lascurain por la presidencia de México se dio en medio de los frenéticos 10 días -del 9 al 19 de febrero de 1913- en los que se dio un golpe de Estado contra el presidente Francisco I. Madero.

El suceso se conoce como la Decena Trágica.

Aquel año, Madero enfrentó una sublevación de militares contra su gobierno, el primero electo democráticamente tras 30 años del régimen militar del general Porfirio Díaz.

En medio del conflicto, el embajador de EE.UU. en México, Henry L. Wilson -conocido por su intenso intervencionismo político y su rechazo a Madero- realizó una serie de demandas para la protección de los ciudadanos estadounidenses y sus negocios en México.

Francisco I. Madero

Getty Images
El presidente Francisco I. Madero fue el primer mandatario mexicano electo en votaciones libres en el siglo XX.

Lascurain, como secretario de Relaciones Exteriores, tuvo que enfrentar esas presiones de Wilson, quien incluso pidió abiertamente la renuncia del presidente y amenazó con gestionar en Washington una intervención militar de EE.UU.

“Su papel como canciller fue lo más importante, porque fue en la época de las amenazas, la época de las peores notas que haya recibido en México en su historia en cuanto a amenazas de intervención”, explica Altamirano.

“Incluso en varias ocasiones hubo apostados varios barcos, tanto en el Pacífico como en el Golfo, para prevenir todo lo que estaba sucediendo y lo que exigía Estados Unidos en ese momento”, añade.

México había perdido ante el país vecino más de la mitad de su territorio unas décadas atrás, por lo que las amenazas estadounidenses se tomaban muy en serio.

 

“Cuando se viene la sublevación de febrero es cuando empiezan todas las amenazas de Wilson y todos los demás embajadores que estaban en México para obtener la renuncia del presidente como única manera de salvar la situación”, explica Altamirano.

Sin tener la autorización de Washington, el embajador Wilson hacía saber a sus colegas embajadores de la existencia de tropas listas en la frontera con México.

“En todas las conversaciones decían los embajadores: ‘Es que es un peligro, viene la invasión si no renuncia el presidente. Hay que hacer que renuncie el presidente, va a venir una invasión'”, cuenta Altamirano.

Sus famosos 45 minutos de presidencia

El general Victoriano Huerta, a quien Madero encargó el control de la sublevación, no era un aliado de su presidente.

Como luego se supo, confabuló junto al general Félix Díaz (sobrino del expresidente Porfirio Díaz) y el embajador Wilson para derrocar a Madero y tomar el poder “temporalmente”.

Lo llamaron el “Pacto de la Embajada”.

El embajador Henry L. Wilson

Getty Images
El embajador Henry L. Wilson fue artífice del “Pacto de la Embajada”.

Para lograr sus fines, Lascurain fue un “instrumento” sin que él lo supiera.

Y es que el 18 de febrero de 1913, en medio de los choques entre leales y sublevados, Madero y su vicepresidente, José María Pino Suárez, fueron aprehendidos por las fuerzas de Huerta.

Convencido de que tenía todo en contra y su caída era inminente, al día siguiente el presidente redactó su carta de renuncia y la entregó al canciller Lascurain para llevarla al Congreso.

A cambio pedían un salvoconducto para salir del país.

“La vida de Madero ya estaba comprometida, igual que la de Pino Suárez. Desde un principio estuvieron sentenciados a muerte, por más que hubiera habido promesas de Victoriano Huerta”, señala Villa.

Lascurain se dirigió al Congreso con la carta de renuncia de Madero y tras entregarla, como la Constitución indicaba entonces, a él le correspondió asumir el gobierno.

Así fue que Lascurain se convirtió en presidente.

El general Victoriano Huerta

Getty Images
El general Victoriano Huerta se hizo con el poder mediante un plan que luego sería calificado de golpe de Estado.

Confiando en el acuerdo con Huerta, Lascurain designó al general sublevado como secretario de Gobernación (el siguiente funcionario en la línea de “sucesión”) y entregó su carta de renuncia en cuestión de 45 minutos.

Huerta, en consecuencia, era el nuevo presidente.

Nunca hubo salvoconducto ni garantías para el exilio de Madero y sus acompañantes.

Él y Pino Suárez fueron asesinados el 22 de febrero a las afueras de la cárcel de Lecumberri, en una escena disfrazada de intento de fuga.

Lascurain fue tildado de traidor a Madero y a la causa reformista.

“Es algo muy controvertido y hay muchos juicios encontrados. Hay quienes dicen que fue ingenuo, que el mismo embajador se aprovechó de él y de su buena fe. Que fue un instrumento de Huerta”, explica Altamirano.

¿Un traidor?

Lascurain fue consciente de la situación en la que estaba desde el mismo momento en que redactó su carta de renuncia, en la que señalaba que, de actuar de otra manera, “hubiera cooperado a futuras desgracias“.

“Los acontecimientos a los que asistimos me han colocado en el caso de facilitar los medios para que dentro de la ley se resuelva una situación que de otro modo acabaría con la existencia nacional”, decía al referirse a la amenaza de invasión estadounidense.

El general Victoriano Huerta y su gabinete

Getty Images
Lascuráin no formó parte del gobierno de Huerta, que se mantuvo en el poder poco más de un año hasta que fue derrocado.

Pero la documentación a la que Altamirano ha tenido acceso indica cómo el breve presidente de México se sabía caído en la desgracia.

“Llega Lascurain a su casa desesperado, desengañado, y escribe una carta de su puño y letra, yo la vi, diciendo ‘fui completamente engañado, yo que de buena fe quise tratar de salvar al presidente y al vicepresidente, me engañaron totalmente‘”, explica Altamirano.

“Hay quien dice que no debió renunciar. Pero estaba la Cámara rodeada de militares. Estaba él amenazado. Estaban ya los diputados con la pluma en la mano para recibir la renuncia y su acta para asumir de presidente y después renunciar. Ya estaba todo armado”, continúa.

Guadalupe Villa cree que es necesario analizar qué ocurrió en ese momento para entender que “nada dependía de un solo hombre”.

“Es un gran complot. Y de verdad que la intervención de Henry L. Wilson es verdaderamente abominable”, señala la historiadora.

Revolucionarios con Pancho Villa

Getty Images
La Decena Trágica fue uno de los episodios de la Revolución Mexicana que al final sentaría las bases del México de hoy.

Luego de autoexiliarse en el extranjero, Lascurain volvió a México y pasó muchos de sus años intentando limpiar su nombre.

“Va a tener que estar escribiendo constantemente justificaciones, porque hay mucha gente que lo tacha de traidor”, explica Villa.

“Tal vez fue un poco ingenuo, porque creyó en lo que le dijeron otros. Para ser político se necesita ser muy colmillo. Y él no lo tenía“.


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