“No es no, siempre” y cómo entender la cultura de la violación en México
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Cuartoscuro

“No es no, siempre” y cómo entender la cultura de la violación en México

En Siempre estuve riesgo, Ale del Castillo y Moisés Castillo, periodistas ambos, señalan las diversas formas de violencia contra las mujeres, niñas y adolescentes a través de la voz de diferentes víctimas.
Cuartoscuro
Por Verónica Santamaría
27 de junio, 2021
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Micromachismos, cultura de la violación, sextorción, feminicidio y demás formas de violencia cometidas en contra de las mujeres, niñas y adolescentes forman parte de los temas que Alejandra del Castillo y Moisés Castillo presentan en el libro Siempre estuve en riesgo (Editorial Grijalbo, 2021).

A través de diferentes testimonios de mujeres hablan de cómo sucedieron estas violencias y la manera en que han luchado para denunciarlas y sanar.

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Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), citados en el libro, muestran que, al menos 15 millones de adolescentes, de entre 15 y 19 años de edad, de todo el mundo, han sido obligadas a mantener relaciones sexuales forzadas en algún momento de su vida. De ellas, 9 millones fueron víctimas de estas prácticas durante 2019.

Siempre estuve en riesgo, resulta de dos libros previos, por un lado Amar a madrazos (Debolsillo, 2014) y Los Nadie (Grijalbo, 2013), ambos escritos por Ale del Castillo y Moisés Castillo, en los que narran, a partir de testimonios y datos, las violencias de las que las mujeres han sido víctimas, como sucede con Aída quien fue violentada por Edgar, un hombre a quien consideraba su amigo y él hizo “lo que tenía que hacer” al verla inconsciente para violarla.

A decir de la autora, hace 10 años no se hablaba de las diferentes formas en que una persona era agredida, por ello, considera una innovación el que hace una década pusieran sobre la mesa los diferentes tipos de violencia en voz de las y los jóvenes que han sido víctimas de ellas, en sus dos libros previos.

Hoy día, con la fuerza que ha tomado el movimiento feminista en el mundo, México no se ha quedado atrás, razón por la que Ale del Castillo y Moisés Castillo presentan el libro, en esta ocasión con las voces de mujeres que hablan de las violencias a las que han estado sujetas y, al mismo tiempo, las acciones que han emprendido en contra de sus agresores. 

Por ello, Del Castillo cuenta a Animal Político que Siempre estuve en riesgo, además de abrir el diálogo a estas violencias de las que mujeres y niñas han sido víctimas también buscan que el libro sea una herramienta de prevención y denuncia para quiénes han sido violentadas.

Con datos y cifras de la gravedad en que se han presentado estas agresiones, en México y el mundo, es que ambos autores hablan de la violencia obstétrica, la cultura de la violación, el acoso, el sexting, entre otros, con historias que eviten revictimizar a las mujeres.

“Una mujer que te quiere contar, es una mujer que tiene nombre, que le han sucedido cosas que no están bien, pero toman esta opción de compartir con otras mujeres y decir: ‘esto me pasó’. Entonces, pensemos, hablemos, dialoguemos, pongámoslo sobre la mesa, hagamos conversación. Eso es muy importante”, cuenta Ale del Castillo en entrevista para Animal Político.

“Yo he estado ahí”

Si entre mujeres acostumbran a contarle a otras mujeres cercanas a su círculo social alguna experiencia que las tenga desconcentradas, es inevitable que en ese momento de socialización con otra, la respuesta sea: “yo he estado ahí”.

Ale del Castillo explica que es difícil prevenir la violencia contra las mujeres pero, de alguna manera, una o une puede reconocer diferentes violencias para decir “está pasando esto y puedo hacer algo al respecto”, señala.

“Por eso vamos de lo más básico como lo es el acoso, que ya no solo es en la calle sino también en casa, en el trabajo y en la escuela” agrega.

En el capítulo “La cultura de la violación”, los autores presentan cuatro historias de violencia sexual en la que las víctimas se preguntan hasta qué punto una agresión sexual llega a perpetrarse como una violación, qué elementos existieron para nombrarlo y las consecuencias físicas, emocionales y psicológicas que esto conlleva.

La autora considera que, de alguna manera, las mujeres “hemos sido violentadas sexualmente de muchas formas”. Durante este proceso, las víctimas llegan a experimentar culpa hasta asumir que fueron responsables de esa violencia.

“La violencia está tan normalizada y naturalizada que hablar del consentimiento es súper importante”, añade.

De acuerdo con la sección de datos para este tema, en el libro Siempre estuve en riesgo, la violencia sexual abarca actos que van desde el acoso verbal hasta la penetración forzada y una variedad de tipos de coacción.

Este es un tema donde “no es no”; siempre y cuando una mujer pueda y quiera detenerse en cualquier momento y en cualquier situación. “Tú no tienes por qué violentarla”, asegura la autora.

Del Castillo explica que incluir a niñas y niños en estos procesos de deconstrucción del machismo se pueden hacer desde pequeños, de esta manera se le enseña a los hombres que ellos también son parte de la solución.

“Tienes que trabajar con los hombres desde que son pequeños para enseñarles a respetar y trabajar en espacios donde no consideren a las mujeres como menores o sujetas a estos espacio de servicio y de cuidado hacia ellos”, añade.

Finalmente, a lo largo de las historias que se concentran en el libro es claro que la lucha feminista por los derechos de la mujer no paran cuando el objetivo es que mujeres y niñas se vislumbren como seres sociales activos y libres para desarrollarse y, de alguna manera, ser felices lejos de una sociedad patriarcal y falocéntrica donde a los hombres les cuesta mucho trabajo renunciar a sus derechos.

“La mujer sigue luchando pero no avanza si el hombre no renuncia a sus privilegios y no cede a este tipo de situaciones, donde la visión que se tiene del hombre y la visión que se tiene de una mujer es desproporcionada”, explica la autora.

Siempre estuve en riesgo de Editorial Grijalbo ya se encuentra en librerías.

 

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Coronavirus: ¿qué son los autoanticuerpos y qué tienen que ver con la COVID-19 grave?

Hay una creciente evidencia de que muchas reacciones extremas al coronavirus podrían estar relacionadas con la presencia de anticuerpos "rebeldes" que atacan tejidos y órganos sanos.
27 de septiembre, 2021
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Desde que comenzó la pandemia de COVID-19, los científicos han estado tratando de entender qué hace que unos y otros reaccionemos de manera tan diferente a la enfermedad.

¿Por qué algunas personas se enferman mucho más que otras? ¿Y por qué afecta a diferentes órganos del cuerpo, potencialmente durante períodos prolongados, cuando es COVID-19 prolongado?

Ahora existe una creciente evidencia de que algunos de estos procesos podrían estar relacionados con la producción de unos anticuerpos “rebeldes” conocidos como autoanticuerpos.

Los anticuerpos normalmente luchan contra las infecciones, pero los autoanticuerpos se dirigen por error a las células, tejidos u órganos del propio cuerpo.

Pero, ¿cuál es su rol en la COVID y cómo podrían impulsar la gravedad de la enfermedad?

Cuando el cuerpo se ataca a sí mismo

Incluso las personas sanas producen autoanticuerpos, pero generalmente no en cantidades lo suficientemente grandes como para causar un daño significativo al sistema inmunológico.

Sin embargo, en pacientes con COVID-19 se ha descubierto que no solo dañan el sistema inmunológico, sino también el tejido sano del cerebro, los vasos sanguíneos, las plaquetas, el hígado y el tracto gastrointestinal, según investigadores de la Universidad de Yale, en Connecticut (Estados Unidos).

Anticuerpos atacando el virus SARS-Covid-2

Getty Images
Se descubrió que los autoanticuerpos atacan múltiples vías del sistema inmunológico, según investigadores de Yale.

En las infecciones por COVID-19, los autoanticuerpos pueden apuntar a “docenas de vías inmunes”, le dijo a la BBC Aaron Ring, profesor adjunto de inmunobiología en la Facultad de Medicina de Yale.

En un estudio reciente publicado en la revista Nature, su equipo examinó la sangre de 194 pacientes que contrajeron el virus con diversos grados de gravedad, y encontró “aumentos marcados” en la actividad de los autoanticuerpos, en comparación con los individuos no infectados.

Cuantos más autoanticuerpos se detecten, más grave será la enfermedad experimentada por los pacientes.

Es un arma de doble filo. Los anticuerpos son cruciales para defendernos de las infecciones, pero algunos pacientes con COVID-19 también desarrollan anticuerpos que dañan sus propias células y tejidos”, dijo el científico.

Bloqueo de la respuesta inmune ante la COVID-19

El estudio del doctor Ring se basó en trabajos anteriores dirigidos por el doctor Jean-Laurent Casanova en la Universidad Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos).

El laboratorio de Casanova lleva más de 20 años estudiando variaciones genéticas que afectan la capacidad de una persona para combatir infecciones.

Su investigación destaca el papel de los autoanticuerpos que atacan algunas de las proteínas encargadas de combatir las infecciones virales y bloquear la replicación del virus (los llamados interferones tipo 1).

En octubre de 2020, el equipo del doctor Casanova informó en la revista Science que había encontrado esos autoanticuerpos en aproximadamente el 10% de casi 1.000 pacientes con COVID-19 grave.

Un detalle crucial: cerca del 95% de ellos eran hombres, lo cual podría explicar por qué son ellos los que desarrollan mayoritariamente la COVID-19 grave.

Pacientes que sufren de covid-19 grave recibiendo oxígeno en una unidad de cuidados intensivos (UCI) de un hospital en Nueva Delhi, India, mayo de 2021.

Getty Images
El doctor Casanova ha encontrado evidencia que podría ayudar a explicar por qué el covid parece ser más grave entre los pacientes varones mayores.

El mes pasado informaron en la revista Science Immunology los hallazgos de un estudio más amplio, con análisis de 3.600 pacientes ingresados en el hospital con COVID-19 grave.

Encontraron autoanticuerpos contra los interferones tipo 1 en la sangre del 18% de las personas que habían muerto a causa de la enfermedad.

Más del 20% de los pacientes mayores de 80 años con COVID grave tenían esos autoanticuerpos, en comparación con el 9.6% entre los menores de 40 años.

El doctor Casanova dijo que los hallazgos proporcionaron “pruebas convincentes” de que la “interrupción” causada por los anticuerpos rebeldes “es a menudo la causa del covid-19 potencialmente mortal”.

Autoanticuerpos, enfermedad autoinmune y COVID prolongado

Otros estudios están encontrando vínculos entre los autoanticuerpos y las condiciones médicas relacionadas con la COVID-19 que continúan incluso después de que el virus ha sido eliminado del organismo.

En un estudio publicado este mes en Nature Communications, investigadores de la Universidad de Stanford, en California (Estados Unidos), encontraron que al menos una de cada cinco personas ingresadas en el hospital con COVID-19 desarrolló autoanticuerpos en la primera semana de ingreso.

En el caso de unos 50 pacientes, dispusieron de muestras de sangre extraídas en diferentes días, incluido el día en que ingresaron por primera vez.

“En una semana después de registrarse en el hospital, aproximadamente el 20% de estos pacientes había desarrollado nuevos anticuerpos contra sus propios tejidos que no estaban allí el día en que fueron admitidos”, dijo el investigador principal PJ Utz, profesor de inmunología y reumatología en Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford.

Un trabajador médico administra una dosis de la vacuna contra el covid en Nantes, Francia, el 14 de septiembre de 2021.

Reuters
Los expertos dicen que los hallazgos refuerzan la causa de aumentar la inmunidad a través de la vacunación.

El profesor Utz dijo que esto también podría explicar por qué algunos síntomas persisten meses incluso después de que la enfermedad haya desaparecido, en la condición conocida como COVID de larga duración.

“Si te enfermas lo suficiente por la COVID-19 como para terminar en el hospital, es posible que no estés fuera de peligro incluso después de recuperarte”.

En Reino Unido, investigadores del Imperial College de Londres encontraron autoanticuerpos en pacientes con COVID-19 de larga duración, que estaban ausentes en personas que se recuperaron rápidamente del virus o que no dieron positivo.

El profesor Danny Altmann, que dirige el grupo de investigación, le dijo a la BBC que el equipo está trabajando para averiguar si se puede diagnosticar COVID de larga duración identificando autoanticuerpos creadosrecientemente.

La investigación aún se encuentra en una etapa inicial, pero podría dar como resultado una prueba lo suficientemente simple como para ser utilizada en la consulta médica.

“Esperamos no solo avanzar hacia un diagnóstico, sino también en conocimientos terapéuticos: que esto ilumine mecanismos y tratamientos específicos”, dijo Altmann.

Para los expertos, estos hallazgos también justifican la vacunación.

En una infección viral mal controlada, el virus permanece durante mucho tiempo, mientras que una respuesta inmune que se intensifica continúa rompiendo las partículas virales en pedazos, lo cual confunde al sistema inmunológico, dijo el profesor Utz.

Sin embargo, las vacunas contienen solo una proteína de pico o instrucciones genéticas para producirla, por lo que el sistema inmunológico no está expuesto a la misma actividad frenética que podría conducir a la producción de autoanticuerpos.

Eso no es todo

Un médico atiende a un paciente infectado por covid-19 en la unidad de cuidados intensivos del hospital Lyon-Sud en Pierre-Benite, el 8 de septiembre de 2021

Getty Images
Los expertos advierten que la respuesta inmune al covid es compleja y los autoanticuerpos son solo una parte de la historia.

Pero aunque los avances en este campo son emocionantes, los científicos advierten que la respuesta inmune a la COVID es compleja y los autoanticuerpos no lo son todo.

Otro mecanismo que se está investigando es la respuesta inmune hiperactiva que ocurre en algunos casos.

La producción de proteínas llamadas citocinas (también denominadas citoquinas) puede alcanzar niveles peligrosos y causar daño a las propias células del cuerpo, las llamadas tormentas de citocinas.

Todavía no comprendemos exactamente qué sucede en nuestras células cuando el virus ingresa a nuestros cuerpos; es el resultado de esa batalla lo que determina la gravedad y, en última instancia, la mortalidad de la enfermedad.


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