Aprender inglés sin escuchar: Universitario denuncia discriminación
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Aprender inglés sin escuchar: Alumno con discapacidad de la Universidad de Q. Roo denuncia discriminación

El joven señala que la institución no adapta el curso de inglés ni le da alternativas. Ya ha reprobado dos veces la misma materia y teme no poder continuar sus estudios.
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23 de julio, 2021
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Joezer Miguel Alpuche tiene una discapacidad auditiva y está por concluir la carrera de administración hotelera en la Universidad de Quintana Roo, campus Cancún; sin embargo, su avancé se frenó debido a que en dos ocasiones le asignaron una calificación reprobatoria en la materia de inglés post intermedio.

El tener hipoacusia (sordera parcial) no lo ha limitado para cursar una licenciatura, aunque algunas materias le cuesten más trabajo como el inglés; por ejemplo, los ejercicios y pruebas en las que tiene que escuchar y hablar en ese idioma (listening y speaking).

Lee: Las personas con discapacidad, siempre ‘para después’

Joezer asegura que la Universidad no ha adaptado las pruebas y sus técnicas de aprendizaje a su discapacidad y que los docentes desconocen sobre la enseñanza del idioma inglés a estudiantes con problemas auditivos, por lo que se inconformó antes las autoridades escolares por esta situación.

El joven no quiere que le regalen la calificación o que simplemente lo aprueben por ser una persona hipoacúsica. Lo que él pide es apoyarlo en su formación y ajustar los criterios para aprender este idioma y evaluarlo tomando en cuenta su discapacidad.

“La discapacidad no debiera ser una condición de discriminación para mi permanencia y egreso en la universidad. Se debe respetar mi derecho a aprender”, dice.

Lee: En blanco y negro: la discapacidad en Latinoamérica, según el BID

Al enterarse de su calificación, Joezer pidió conocer cuáles fueron los criterios bajo los cuales fue evaluado y pidió apoyo a su extutor, el profesor José Manuel Jiménez García, con quien logró forjar un vínculo de confianza y apoyo a pesar de que ya no labora en la universidad.

Su extutor redactó un correo y solicitó a las autoridades universitarias se revisará su situación. Recordó que el alumno ya había pedido ajustes curriculares y de evaluación. “Joezer aunque quisiera no podrá pronunciar, ni hablar inglés (por la discapacidad auditiva no es posible que desarrolle esta competencia)”, señaló.

La respuesta llegó 10 días después, pero no respondía a los cuestionamientos de Joezer y solo se limitaron a decirle que tenía que repetir el curso, con la recomendación de que fuera en otro campus para que “el alumno se sienta más cómodo” y porque el profesor es el mismo que ya lo reprobó dos veces.

La responsable de idiomas de la unidad Cancún asegura que se siguió el reglamento universitario y se formó una comisión revisadora de su evaluación final con varios profesores.

“La evidencia es contundente al mostrar las adaptaciones que el profesor realizó de manera especial a la evaluación del alumno, no tomando la producción oral del lenguaje y sustituyéndolo por producción escrita, así como otras consideraciones”, respondió la responsable del área tras informar que la calificación se mantenía.

Pero a Joezer seguían sin explicarle o mostrarle “la evidencia contundente” para tomar esa decisión. Es más, el correo ni siquiera iba dirigida a él sino a su actual tutora escolar.

Lee: La desigualdad en personas con discapacidad auditiva

Por toda esta situación, Joezer decidió interponer una queja por discriminación ante la Comisión de Derechos Humanos de Quintana Roo.

La Red de Instituciones de Educación Superior Mexicanas por la Discapacidad y la no Discriminación se pronunció sobre su caso señalando que el profesor de la asignatura no cuenta con conocimientos sobre la enseñanza del idioma inglés a un estudiante con hipoacusia, “razón por la que los criterios que plantea son de acuerdo a sus necesidades y no del estudiante”.

También destacó que los responsables del área de idiomas emitieron una respuesta a Joezer sin siquiera preguntarle cuáles son sus requerimientos y necesidades para apoyar en su formación.

“La aplicación de criterios confusos, adaptados desde la perspectiva de las autoridades, no contribuye a la formación e inclusión de Joezer en la universidad. La asignación de tareas, aplicación de exámenes en línea y respuestas dada a Joezer por WhatsApp, son evidencias del desconocimiento de profesores y autoridades”, destaca la Red.

José Manuel Jiménez García, integrante de esta Red de Instituciones, señala que cuando conoció a Joezer tampoco sabía cómo dar clases a una persona sorda, pero aprendió, estudió lengua de señas, se asesoró y buscó como adaptar sus clases.

“La universidad también puede reconocer ‘no sé cómo enseñarle o cómo evaluarlo’, y aprender. Hay expertos, organizaciones, casos, métodos que usan otras universidades, profesores con experiencia que pueden dar una asesoría, el punto es que lo atienda”, dice en entrevista.

“No se está respetando el derecho a aprender de Joezer, y la universidad no está cumpliendo con su obligación de garantizar la educación. Su respuesta es desde la opinión de compañeros docentes que pueden ser muy buenos maestros, pero que desconocen sobre la enseñanza del idioma inglés a estudiantes con discapacidad auditiva”, asegura Jiménez García.

Joezer está desanimado ante la situación, la pandemia y la clase de inglés a distancia todo lo ha hecho más difícil: la clase debería estar subtitulada debido a su discapacidad, pero no ocurre. Dice que su profesor no le responde por el WhatsApp porque es obligatorio que cualquier mensaje esté en inglés y él a veces pregunta en español.

En clases a distancia Joezer requiere además de subtitulado, por ejemplo, visualización de videos en inglés, transcripción de pronunciación, material de apoyo visual, explicación detallada hasta que se comprenda la lección, interpretación de significados para explicar vocabulario y que no se hagan pruebas o ejercicio de listening como a sus compañeros.

El joven piensa que no va a poder terminar la carrera ni continuar con su servicio social.

Dice que hasta se siente “utilizado” debido a que la universidad dice ser incluyente y hace un tiempo le pidieron participar en un mensaje en lengua de señas, pero ahora no lo escuchan.

El artículo 3 de la Constitución establece que la educación considera un criterio inclusivo, al tomar en cuenta las diversas capacidades, circunstancias y necesidades de los educandos. “Se establece que con base en el principio de accesibilidad se realizarán ajustes razonables y se implementarán medidas específicas con el objetivo de eliminar las barreras para el aprendizaje y la participación”.

Además, el artículo 47 de la Ley General de la Educación señala que las autoridades educativas, en el ámbito de sus competencias, establecerán políticas para fomentar la inclusión, continuidad y egreso oportuno de los estudiantes inscritos en el nivel superior.

Lee: Las mujeres con discapacidad, invisibilizadas en las políticas para contener la COVID-19

La universidad asegura que no existen violaciones de derechos humanos en contra del estudiante y que sí se hicieron los ajustes y adecuaciones necesarias al paquete didáctico y que su discapacidad en ningún momento fue el parámetro por el cual se le calificó.

“No se consideró para su evaluación la fluidez, ni el body language en el desarrollo de las actividades, esto con el objeto de llevar a cabo una evaluación lo más ajustada posible a las condiciones que el estudiante manifestó e incentivar su desempeño; no obstante, lo anterior, el estudiante no acreditó contar con las competencias necesarias que determinan el dominio básico de la asignatura”, señaló la universidad en su primera respuesta al organismo estatal de derechos humanos.

Animal Político buscó a las autoridades universitarias para conocer qué adecuaciones se hicieron al método de aprendizaje y evaluación de Joezer, y qué cambió y cómo se adaptaron sus clases a distancia debido a la pandemia.

También se solicitó conocer con quién y cómo se capacitan los docentes y la universidad para diseñar planes escolares de alumnos con alguna discapacidad auditiva; y cuántas veces se han reunido o platicado con el alumno después de que reprobó la primera vez.

Sin embargo, la universidad solo se limitó a responder que “en todo momento ha brindado la atención oportuna a las necesidades del estudiantado y la comunidad universitaria en general a través de los canales internos conducentes y al mismo tiempo dando certeza y legalidad a todo procedimiento”.

“Cabe precisar que la Universidad, en apego al marco normativo y de conformidad a sus programas educativos, ha cubierto las necesidades particulares de cada estudiante incluyendo a éste (Joezer), por lo que, en caso de existir, se acatarían las disposiciones emitidas por las instancias correspondientes”, respondió.

Joezer solo pide adecuaciones para su aprendizaje y su evaluación, que ningún tipo de discapacidad sea motivo para discriminar y que se siga avanzando en la inclusión para otros estudiantes con alguna discapacidad.

En México hay 20 millones 838 mil 108 de personas con algún tipo de discapacidad, limitación en la actividad cotidiana o con algún problema o condición mental (16% de la población nacional), según datos del Censo 2020 del Inegi.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS 2014), dos de cada diez personas con discapacidad no saben leer ni escribir. Además, menos de la mitad de ellas terminan la primaria y solo el 7% concluye sus estudios superiores.

 

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Cómo los agricultores y científicos modifican tus alimentos para que tengan mejor sabor

Los científicos dicen que manipulando genes pueden crear frutas y verduras más sabrosas ¿Cómo lo están haciendo?
26 de junio, 2021
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“La del sabor es una tendencia que está resurgiendo, sin lugar a dudas”, dice Franco Fubini, fundador de la empresa proveedora de frutas y verduras Natoora.

Es posible que te sorprenda que el sabor haya pasado alguna vez de moda.

Pero encontrar variedades de frutas y verduras realmente sabrosas puede ser difícil, en gran parte debido a los requisitos de los supermercados, dice Fubini.

“Empezaron a exigir que las variedades tuvieran una vida útil más larga, en el caso del tomate, por ejemplo, que tuviera una piel más gruesa para que la piel no se rompiera fácilmente, un tomate que quizás madurara más rápido, que pudiera absorber más agua”.

“Así que con el tiempo cultivas tus variedades con el objetivo de conseguir otros atributos que no sean el sabor. El sabor comienza así a perder importancia y, debido a que se trata de la naturaleza, si cultivas para otros rasgos, extraes el sabor”.

La empresa de Fubini se especializa en productos de temporada seleccionados por su sabor y vende sus productos a restaurantes y tiendas de alta calidad en todo el mundo.

“Parte de este renacimiento proviene de los restaurantes, porque los chefs tienen mucha influencia”, explica. “Eso y los viajes han estimulado este renacimiento del sabor, esta búsqueda de sabor”.

Los agricultores y los investigadores están liderando esta búsqueda, utilizando técnicas sofisticadas para producir frutas y verduras que tengan todo el sabor de las variedades tradicionales y, al mismo tiempo, mantengan contentos a los supermercados.

Profesor Harry Klee

H Klee
Harry Klee utiliza el tomate para entender la composición química y genética de las frutas y vegetales.

El profesor Harry Klee, del Departamento de Ciencias Hortícolas de la Universidad de Florida, en Estados Unidos, está trabajando para comprender la composición química y genética del sabor de las frutas y las verduras, centrándose en el tomate.

“El tomate ha sido un sistema modelo a largo plazo para el desarrollo de fruta. Tiene un tiempo de generación corto, grandes recursos genéticos y económicamente el cultivo de frutas más importante en todo el mundo”.

“Fue la segunda especie de planta cuyo genoma se secuenció completamente, una gran ayuda en el estudio de la genética de un organismo”.

El sabor de las plantas es un fenómeno complejo.

En el caso del tomate, es una combinación de azúcares, ácidos y más de una docena de compuestos volátiles derivados de aminoácidos, ácidos grasos y carotenoides.

El profesor Klee quiere identificar los genes que controlan la síntesis de estos compuestos volátiles y usarlos para producir un tomate de mejor sabor.

“No estamos todavía en la etapa en la que hayamos completado en una sola línea el ensamblaje de las características de un sabor superior, pero esperamos lograrlo en un año más o menos”, dice.

Es posible utilizar la modificación genética (GM) para mejorar el sabor mediante la importación de genes de otras especies, pero en gran parte del mundo los productos creados de esta manera están prohibidos.

frambuesas Pairwise

Pairwise
Pairwise usa tecnología de edición genética para crear nuevos cultivos.

Sin embargo, otras formas de manipulación genética son más aceptadas.

La firma estadounidense Pairwise está trabajando en nuevas variedades de frutas y verduras utilizando CRISPR, la tecnología de edición de genes con licencia de Harvard, el Instituto Broad y el Hospital General de Massachusetts.

En lugar de tomar genes de otras especies, como los transgénicos, con CRISPR se modifican los genes existentes dentro de la planta mediante cortes y empalmes.

“Estamos haciendo cambios muy pequeños en uno o dos fragmentos del ADN”, explica el cofundador de Pairwise, Haven Baker.

En la mayor parte de América del Norte, América del Sur y en Japón lo producido mediante el uso de esta técnica se considera “no modificado genéticamente”.

Sin embargo, en Europa, donde la cuestión de la modificación genética es muy polémica, se considera transgénico y se mantiene bajo una estricta regulación.

Después de salir de la Unión Europea, el Reino Unido lanzó una consulta sobre el uso de la edición genética para modificar el ganado y los cultivos alimentarios en Inglaterra.

Incluso en EE.UU., donde las opiniones están menos arraigadas, algunos productores desconfían de la modificación genética.

“No somos fanáticos de esto en absoluto. Aunque a veces la innovación bien hecha puede funcionar, creemos en la tradición y no necesariamente en intervenir las cosas. Se trata de volver la mirada a la naturaleza y a la forma en que la naturaleza funciona”, señala Fubini.

Pero hay innovaciones que serían extremadamente difíciles de conseguir sin una intervención a nivel genético.

Uno de los primeros productos en lo que trabaja Pairwise, que se espera tener listo en uno o dos años, es una zarzamora sin semillas que, según dice, tendría un sabor más consistente que las variedades tradicionales.

También está trabajando en una cereza sin hueso.

Todo esto podría hacerse mediante técnicas tradicionales de mejoramiento, pero como los árboles frutales tardan años en crecer, sería un proyecto a muy largo plazo.

“La cereza es una de las frutas que nos interesa y teóricamente podríamos conseguir una variedad sin hueso por medio del cultivo, pero nos llevaría entre 100 y 150 años”, asegura Baker.

remolacha

Row 7
El abastecedor de semillas Row 7 tiene 150 cocineros y chefs que ofrecen críticas sobre sus cultivos.

Algunos en la industria agrícola están combinando técnicas nuevas y antiguas.

La empresa de semillas orgánicas Row 7, con sede en EE.UU., lleva a cabo programas de mejoramiento para desarrollar productos nuevos y de mejor sabor.

Sus proveedores de semillas utilizan técnicas tradicionales de polinización cruzada, junto con la selección genómica (la capacidad de examinar marcadores genéticos moleculares en todo el genoma de la planta) para predecir rasgos como el sabor con una precisión razonable.

Además, cuenta con una red de 150 cocineros y agricultores que evalúan su trabajo.

“Evalúan las variedades que aún están en desarrollo y opinan sobre su potencial en el campo y en la cocina”, señala la directora de operaciones Charlotte Douglas.

Uno de sus productos estrella es la remolacha Badger Flame, cultivada para ser consumida cruda, de sabor dulce sin resultar terrosa.

“Esta variedad se habría perdido si no hubiera sido por la defensa de los chefs y productores. Está ampliando nuestra comprensión de lo que puede ser una remolacha, introduciendo nuevas oportunidades para la exploración”, afirma Douglas.

col rizada

Getty Images

Algunas plantas pueden tener el tipo de sabor incorrecto. Con la col rizada, por ejemplo, aunque su hoja verde es nutritiva, su poderoso sabor puede resultar desagradable a algunos.

Baker y su equipo en Pairwise están trabajando en una planta más dulce y de un sabor más suave.

“La col rizada es muy nutritiva, pero a la gente no le gusta comerla. Por eso, hemos utilizado la ingeniería genética para producir verduras de hoja verde que tengan una mejor nutrición, pero que tengan el sabor de las lechugas a las que estamos acostumbrados”, dice.

En el caso de la col rizada, el sabor fuerte se considera una desventaja, pero en general, el sabor tiende a ir de la mano con la nutrición.

“Cultivar para obtener sabor significa cultivar para obtener exquisiteces; significa cultivar para la nutrición porque la mayoría de las veces, cuando se selecciona un sabor complejo, también se hace en función de la densidad de nutrientes”, señala Douglas.

“Implica cultivar con sistemas orgánicos, con un tipo de agricultura cuyo objetivo es obtener el mejor sabor posible y una mayor diversidad”.


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