Tienen trabajo, pero sueldo no alcanza: pandemia sube pobreza laboral
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Cuartoscuro

Tienen trabajo, pero sueldo no alcanza: pandemia aumenta pobreza laboral a mexicanos

La baja del ingreso laboral real provoca que la compra de canasta básica y el pago de renta compliquen la economía familiar.
Cuartoscuro
13 de julio, 2021
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A más de un año del inicio de la pandemia de coronavirus en México, el panorama económico para las familias es poco alentador. Aún en el mejor escenario en el que las personas mantuvieron sus empleos, su ingreso cayó y provocó que no tuvieran lo suficiente para comprar la canasta alimentaria. 

Entre el primer trimestre de 2020 y el mismo periodo de 2021, el número de personas que no pueden adquirir la canasta alimentaria aún teniendo un ingreso laboral aumentó en 3.8 puntos a nivel nacional y la situación fue aún peor en las entidades. Los habitantes de Ciudad de México, Quintana Roo y Baja California Sur fueron los más afectados, con aumentos de 14.9, 10.1 y 8.4 puntos porcentuales respectivamente. 

Leer más | Por COVID, aumenta a 40% la población que no puede adquirir la canasta básica

Así lo detectó el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en el estudio “De la emergencia a la recuperación de la pandemia por la COVID-19: la política social frente a desastres”, publicado este lunes. 

La imposibilidad de comprar la canasta alimentaria con su ingreso laboral podría tener efectos aún más devastadores entre aquellas familias que tiene un solo proveedor o proveedora y que hasta 2018 a nivel nacional, sumaban 17.7% de familias se encuentran en esa situación, señala el estudio. 

Además, el confinamiento por pandemia también provocó el aumentó el porcentaje de población en situación de pobreza laboral, pues pasó de 35.6% en el primer trimestre de 2020 a 39.4% en el primer trimestre de 2021, de acuerdo con cifras del Inegi en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. 

Entre los factores que explican este incremento se encuentra la disminución anual de 4.8% en el ingreso laboral real entre el primer trimestre de 2020 y el mismo periodo de 2021, pues pasó de 1,919 pesos a 1,827 pesos. 

Esta disminución de los ingresos en el hogar o la pérdida de empleos, a su vez, trae consigo más complicaciones, como el riesgo de perder la vivienda, el acceso a los servicios, o que las familias sean desalojadas por falta de pago. 

Si bien el porcentaje de personas en viviendas donde vive el dueño o propietario representa cerca de tres cuartas partes de la población (71.6%), se debe considerar que de ese total 58.6% habitaba viviendas que se estaban pagando. Por otra parte, las entidades con mayor porcentaje de la población donde se paga renta es Quintana Roo (27%), Jalisco (26%) y Colima (24%). 

Sobre la pérdida de empleo entre el primer trimestre de 2020 y el de 2021, fue mayor para los trabajadores informales que registraron una caída en el número de ocupados de aproximadamente 5.5%, mientras que en el sector formal esta disminución fue 2.6%.

Entre los sectores de la economía afectados, con excepción de los sectores de servicios sociales, así como de gobierno y organismos internacionales, el sector comercio tuvo la mayor caída, con una pérdida aproximada de 615 mil empleos, seguido del sector de restaurantes y servicios de alojamiento con una pérdida de 603 mil ocupados.

Lee: Programas sociales de AMLO no detienen aumento de pobreza; 9 millones están en riesgo: Coneval

Y puede ser peor; urgen acciones 

El Coneval también hizo un análisis sobre las intervenciones gubernamentales para ayudar a la población durante el periodo de pandemia. Sin embargo, la mayoría de programas ya existían, es decir, no se trata de acciones específicas para los problemas generados durante el confinamiento, el contagio, y la pérdida de empleos o incremento de pobreza laboral. 

“Dado que las intervenciones no fueron creadas exclusivamente para atender la emergencia sanitaria, no es posible atribuir que el total de presupuesto ejercido fue destinado a acciones para prevenir o mitigar los efectos de la COVID-19. Tampoco es posible saber cuál es el porcentaje de cobertura de las intervenciones analizadas, en contraste con el total de la población que presenta la afectación por el virus SARS-CoV-2”, advierte el Coneval.

Y aunque el gobierno federal puso en marcha programas de transferencia monetaria, “ningún programa tiene evidencia de realizar acciones vinculadas con mitigar el riesgo de la pérdida de activos familiares como estrategia para compensar la pérdida de ingresos, ni el riesgo de aumento en la inseguridad alimentaria”.

El Coneval también analizó los riesgos en los que se encuentran los sectores de la población a partir de los cambios generados por la pandemia, y “del total de los 76 riesgos identificados, 27 de estos no tuvieron algún programa presupuestal de desarrollo social vinculado a su atención”.

Entre los riesgos identificados por el Coneval en materia laboral está, por ejemplo, las “complicaciones para volverse a integrar al mercado laboral; incremento del periodo de desempleo; incremento de la probabilidad de incurrir en gastos catastróficos ante la pérdida de la seguridad social laboral. 

Probabilidad de que grupos poblacionales que normalmente no trabajan tengan que involucrarse en actividades productivas para contribuir al gasto familiar; pérdida de activos familiares y sobreendeudamiento como estrategia para compensar la pérdida de ingresos; pérdida de prestaciones sociales por el cambio de esquemas laborales y reducción de los ingresos laborales”. 

Estos riesgos identificados buscan ser un instrumento central en la planeación de las medidas de contención y protección, a fin de ponderar efectos colaterales y considerar medidas de atención para la potencial población afectada, así como para la previsión de futuros fenómenos, señaló el Coneval.

Por lo tanto, propone considerar elementos mínimos que permitan acciones coordinadas, tales como la definición de una secuencia de intervenciones de programas necesarios para atender la emergencia, la selección del conjunto de actores que participará en la toma de decisiones, la definición de un espacio para tomar decisiones conjuntas, la cual se sugiere que tenga la autoridad suficiente para modificar su diseño y operación, así como la existencia de información oportuna y sistematizada. 

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COVID: 'Preferí perder mi trabajo antes que vacunarme'

A medida que más compañías exigen a sus empleados estar vacunados contra la Covid-19, miles se están quedando sin trabajo.
26 de enero, 2022
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Danielle Thornton estaba en la fila afuera del colegio esperando a sus hijos cuando supo que se enfrentaría a una decisión que le alteraría la vida: o ponerse la vacuna de la Covid-19 o perder su trabajo de casi nueve años en el Citigroup.

Ella y su esposo vieron durante meses cómo jefes alrededor de Estados Unidos implementaban mandatos de vacunas, sabiendo que su familia podría enfrentar este momento. Entonces, la noticia le llegó a través de un correo electrónico a su teléfono.

“Tuvimos muchas conversaciones sobre el tema”, dice. “Pero al final decidimos que nuestra libertad era más importante que una nómina“.

Danielle es una de las miles de personas alrededor de EE.UU. que han optado por perder su trabajo en vez de recibir las vacunas contra la covid.

Representan una pequeña minoría. Muchos de los empleadores que han introducido tales reglas -aproximadamente un tercio de las compañías más grandes del país y 15% de pequeños negocios- dicen que la gran mayoría de sus empleados han cumplido.

En Citi, empresa que permite excepciones médicas y religiosas, más del 99% de los empleados ha cumplido con los requerimientos que aplican para la plantilla de más de 65.000 trabajadores que tiene el banco en EE.UU.

Los expertos aseguran que las vacunas son seguras y que son la mejor manera para prevenir una infección grave. Pero los mandatos -vistos como factor clave a la hora de impulsar al 25% de los estadounidenses que aún no se han vacunado para que se inoculen- enfrentan una fuerte resistencia alrededor del país, donde las personas los ven como una afrenta a amados ideales nacionales como la libertad personal y la privacidad.

Este mes, la Corte Suprema de EE.UU. rechazó una orden del presidente Joe Biden que hubiera requerido que los estadounidenses en sitios de trabajo con al menos 100 personas se vacunaran o que usaran máscara y se hicieran exámenes semanales, todo pago por ellos.

Los jueces en la máxima corte del país se refirieron a la regulación como una “invasión significativa” en las vidas de millones de trabajadores, y eliminaron las posibilidades de implementar reglas nacionales como aquellas planeadas por países como Alemania.

Aunque las cortes estadounidenses han estado más abiertas a aceptar que los estados y los negocios introduzcan requerimientos propios, el rechazo popular se mantiene alto.

Miembros del sindicato de los bomberos de la ciudad de Nueva York, trabajadores municipales y otros protestan contra los mandatos de vacunación de la ciudad en Manhattan.

Reuters
La oposición a los mandatos de vacunación, mayoritaria en estados republicanos, ha aumentado en todo el país.

Aproximadamente el 55% de los trabajadores apoya la implementación de mandatos de vacunación por parte de los empleadores, pero más de un tercio aún los rechaza, según sugiere una encuesta Gallup de diciembre.

El pasado otoño boreal, miles marcharon en contra de los requerimientos estatales de vacunación para trabajadores de la salud, profesores y empleados del gobierno en la ciudad de Nueva York.

Al final, la ciudad, que desde entonces ha expandido la regla a los empleadores privados, suspendió a 9.000 trabajadores cuando entró en vigor el mandato, mientras que varios hospitales en el estado también perdieron empleados.

“No creo que le corresponda al gobierno dictar cosas que son entre un ser humano y su creador”, dice Donna Schmidt, quien vive en Long Island y trabajó como enfermera neonatal durante 30 años antes de parar debido a los requerimientos de vacunas.

La mujer de 52 años dice que amaba su trabajo, pero rechaza la vacuna por razones religiosas y de preferencia personal. Está ahora reinventándose como activista, organizando el grupo New Yorkers Against Medical Mandates (neoyorquinos en contra de los mandatos médicos).

Foto de Donna Schmidt

BBC
La exenfermera Donna Schmidt dice que no ha tenido dudas sobre haber dejado su trabajo.

“No lo pensamos dos veces. Lo que ha habido aquí es duelo”, dice. “Realmente me importan mis pacientes, así que ser vetada por una entidad del gobierno que dice ‘ya no tienes lugar aquí’, es difícil”.

Libertad personal

Danielle, quien trabajó de manera remota para Citigroup desde Misuri como administradora de riesgos operacionales, dice que ella no es política o “alguien que esté en contra de las vacunas”.

Pero la madre de 33 años, que tiene cuatro hijos, ha rehusado ponerse una vacuna que, según ella, “no pareciera estar parando este virus”.

Su último día fue el 14 de enero. Dice que tiene suerte de estar en una posición financiera que le permite renunciar a su trabajo sin tener planes, por ahora, de conseguir otro.

No se molestó en buscar una excepción médica o religiosa.

“Yo debería tener el derecho de escoger”, dice. “Pero claro, hay muchas emociones… es un gran cambio para nuestra familia”.

Salvando vidas

Las compañías con mandatos de vacunas dicen que esas medidas lograron convencer a gran parte de su fuerza de trabajo para vacunarse.

En la fábrica de alimentos Tyson Foods, unas 60.000 personas -o más del 40% de su fuerza laboral en EE.UU.- se apuntaron a la vacuna luego de que la compañía instituyera el requerimiento en agosto, llamándolo la “cosa más efectiva que podemos hacer para proteger a los miembros de nuestro equipo”.

En United Airlines, el jefe ejecutivo Scott Kirby dijo que la política de su compañía redujo el número de empleados en el hospital, notando que, antes del mandato, moría al menos un empleado a la semana en promedio.

“Si bien sé que mucha gente todavía rechaza nuestra política, United está demostrando que la vacuna es lo correcto porque salva vidas”, contó en un memorando a los empleados.

Jane Fraser

Getty Images
La jefe de Citi Jane Fraser impuso un mandato de vacunación para los 65.000 empleados del banco a pesar de la decisión de la Corte Suprema.

Además de los beneficios de salud, las compañías tienen convincentes razones financieras y operacionales para insistir. Los costos de la salud, muchas veces parcialmente cubiertos por los empleadores, son más altos para aquellos que no están vacunados, y a su vez están más propensos a perder días de trabajo por enfermedad.

Hasta el momento, sin embargo, la mayoría de la gente afectada por los mandatos trabaja en oficinas o estados demócratas; grupos con mayor probabilidad de haber recibido la vacuna anteriormente. Gallup estima que solo el 5% de los estadounidenses no vacunados se enfrenta a mandatos de empleadores.

Cerca del 63% de los estadounidenses están “completamente vacunados”, comparado con el 84% de Reino Unido (mayores de 12 años) que ha recibido dos dosis de la vacuna.

“Un mandato de vacunación tendría el mayor impacto en los trabajadores con salarios más bajos y los trabajadores con menos estudios, pero también crearía la mayor fricción porque el grupo más grande de personas necesitaría vacunarse”, dice Jeff Levin-Scherz, líder de salud de la población de WTW, la compañía de asesoría en riesgos y seguros que encuestó a los empleadores sobre las vacunas.

Incluso antes de la decisión de la Corte Suprema, el número de estadounidenses a los que sus empleadores les piden vacunación se sostenía en al menos un tercio, según encontró Gallup en diciembre.

Las compañías, incluida la cadena de café Starbucks, han echado para atrás sus planes. Los negocios están preocupados por los costos de cumplimiento y escasez de personal en un mercado laboral históricamente caliente, dice Emily Dickens, jefe de asuntos gubernamentales para la Society for Human Resource Management (Sociedad para la administración de recursos humanos), la cual encontró que el 75% de sus encuestados no requerirían vacunas o pruebas semanales sin un mandato gubernamental.

Protesta anti-vacunas en Italia

Getty Images
Los mandatos de vacunación han impulsado protestas alrededor del mundo, incluyendo Italia.

“Se trata del acceso al talento en el lugar del trabajo y de la cultura laboral”, dice. “Dependiendo de la industria, es posible que decirles a las personas que tienen que estar vacunadas no sirva”.

Pero mientras la covid continúe resistiéndose a las medidas de control, el doctor Levin Scherz advierte que la pandemia podría forzar las manos de las compañías.

“Los mandatos de vacunación de empleadores sí funcionan para alcanzar tasas casi universales de vacunación”, dice. “Ahora que tenemos una variante, ómicron, que es tan contagiosa, es lo que necesitamos si queremos frenar los contagios en la población”.

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