Jóvenes, fiesta y delta, lo que impulsa la nueva ola COVID en México
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Jóvenes, fiesta y delta, la triada que impulsa la nueva ola COVID en México

Los de menor edad no deben confiarse, pues también tienen comorbilidades. Además si se contagian ponen en peligro a otras personas ya vacunadas pero de grupos vulnerables, fomentan la aparición de variantes y se exponen a tener secuelas de la enfermedad, advierten especialistas.
Cuartoscuro
9 de julio, 2021
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La tercera ola de contagios en México está impulsada, sobre todo, por encuentros sociales y por los jóvenes. “Los fines de semana son nuestra perdición”, señala Mauricio Rodríguez. 

“La gente quiere ya quitarse el cubrebocas y vivir la vida. Se están haciendo graduaciones, los muchachos andan de fiesta en lugares cerrados, sin sana distancia. Y de fin de semana en fin de semana se va amplificando la epidemia”, agrega el vocero de la Comisión para Atender la Emergencia por Coronavirus de la UNAM.

 El especialista lo explica en días: “Una persona se contagia el sábado o domingo, en una fiesta o reunión, y para el siguiente fin ya es súper contagioso: le va a transmitir el virus mínimo a tres personas más. Cada una de esas tres personas se lo va a transmitir, el siguiente fin de semana, a otras tres, y así va creciendo la epidemia”.

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Eso sí, en el país los casos han aumentado pero las muertes se mantienen estables, algo que los especialistas atribuyen al efecto de la vacunación, pero también a que los contagiados son de menor edad. De acuerdo a datos de la Secretaría de Salud, el 23 de junio se registraron 4 mil 963 casos positivos, para el día 30 de ese mes, el número subió a 6 mil 105 y para el 7 de julio se reportaron ya 8 mil 507.  

Mientras que de fallecimientos, el 16 de junio se registraron 200; el 23, 342; el 30, 244; y el 7 de julio fueron 234, lo que no muestra un incremento similar al de casos. 

“Una de las cosas notorias en México y en el mundo es que aún cuando existen estas terceras oleadas, estos repuntes, estamos teniendo casos pero la hospitalización y las defunciones no crecen a la misma velocidad, crecen de una manera más controlada en la medida que la vacuna ha hecho su efecto”, explicó Sylvain Aldighieri, jefe del equipo RSI, Alerta y Respuesta ante Epidemias de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en conferencia de prensa este miércoles

Los jóvenes son el nuevo foco 

El repunte de casos en México empezó en zonas turísticas, justo por la afluencia de vacacionistas y la falta de medidas de protección; pero hay otras entidades donde las razones son diversas. En Tabasco, por ejemplo, la epidemia ha sido difícil de controlar por la imposibilidad de parar actividades en una zona petrolera; en la Ciudad de México tuvo que ver la reapertura de cada vez más actividades presenciales. 

Pero en estas semanas, como ya lo han señalado las autoridades de salud en México y como lo ratificó la misma OPS, son los jóvenes el nuevo centro de los contagios, lo que también ha ayudado a que haya menos muertes, por su menor nivel de riesgo de desarrollar COVID grave. Las razones de que ellos sean el nuevo foco es porque son los que tienen mayor vida social, con contactos de riesgo, y porque no están vacunados.

Una enfermera que trabaja en una clínica familiar del ISSSTE en la Ciudad de México, y que pide omitir su nombre porque no les permiten dar entrevistas, cuenta a Animal Político que hace unas semanas llegaban alrededor de 10 pacientes, de ellos, cinco iban ya con prueba positiva de COVID, del resto dos eran sospechosos y tres tenían rinitis alérgica o secuelas de coronavirus.

Este lunes 5 de julio, llegaron 14 pacientes, 10 ya con prueba positiva y el resto sospechosos. El promedio de edad de los afectados es de 18 a 39 años, y los casos son de leves a moderados, sin que ameriten hospitalización.

“De acuerdo a lo que nos platican los pacientes se han contagiado algunos sí por la cuestión social, pero también porque ya tuvieron que volver al trabajo presencial, a subirse al Metro, eso también ha disparado los contagios, y este grupo de edad está resultando también más afectado porque son los que no tienen vacuna”, dice la enfermera.

Rodríguez señala que además de que la gente se ha confiado, las fiestas han subido en número, y el porcentaje de población más joven falta por vacunarse también hay que considerar que ya están en el país variantes de COVID más transmisibles, como la delta.

Jaime Sepúlveda, director ejecutivo del Instituto de Ciencias de la Salud Global de la Universidad de California, en San Francisco, Estados Unidos, explica que la variante delta ya se ha extendido por todo el mundo. En California es ya la predominante. En Rusia, el 90% de los contagios están asociados a esa variante; en India, el 97%.

“En México sabemos que ya está circulando, seguramente va a ser la predominante en poco tiempo y es una variante más agresiva en cuanto a su transmisión, es 40 a 60% más transmisible que variantes previas”, explica Sepúlveda. 

Solo por esa razón, por su mayor transmisibilidad esta variante sí es más peligrosa, aunque las autoridades digan que no, advierte Rodríguez.

De acuerdo a datos del Consorcio Mexicano de Vigilancia Genómica (CoViGenMex), en el periodo del 1 de mayo al 16 de junio, la variante delta se detectó en 222 de las 3 mil 925 (5.65%) muestras secuenciadas, con mayor prevalencia en Baja California Sur; mientras que en la Ciudad de México y el Estado de México presentaba ya una tendencia ascendente.

Mauricio Rodríguez, el vocero de la Comisión COVID de la UNAM, dice que los de menos edad no deben confiarse. Es cierto que pueden tener enfermedad menos severa, pero también hay que considerar que en México hay muchos jóvenes con comorbilidades como obesidad o incluso ya con diabetes y no lo saben, lo que puede agravar el cuadro de la infección. 

También, dice, deben considerar que pueden contagiar a otras personas ya vacunadas y vulnerables (apenas está en estudio que tanto las vacunas evitan la transmisión). 

Y, por otro lado, señala el especialista, ocho de cada 10 personas que han tenido COVID presentarán secuelas, hasta seis meses después, entre estas: dolor de cabeza, fatiga, falta de concentración, insomnio o dolor de articulaciones. 

“Esta enfermedad es una enfermedad con muchos misterios, no podemos ponernos a ver ahora qué tanto le afecta a los jóvenes, hay que cuidarse y vacunarse”, subraya Rodríguez. 

El punto de la vacunación es el que más preocupa a los especialistas que piden a los gobiernos acelerar la inmunización y a la gente acudir a recibir sus dosis. 

“Más que buscar la mejor vacuna, hay que buscar la que nos podamos poner a la brevedad posible, porque así no solo se protege la persona y su familia, sino también esto impide que sigan surgiendo nuevas variantes del virus, que son más transmisibles y posiblemente también más virulentas, es decir más severas en su expresión clínica”, cierra el director ejecutivo del Instituto de Ciencias de la Salud Global de la Universidad de California, en San Francisco, Estados Unidos, Jaime Sepúlveda. 

Oleadas regionales

El repunte de casos no es homogéneo en todo el país. Los estados donde la epidemia ha repuntado son los que están en naranja en el Semáforo de Riesgo COVID: Baja California Sur, Yucatán, Quintana Roo, Tabasco y Tamaulipas. 

Pero también hay otros que permanecen en amarillo que han incrementado en número de casos, entre estos: Ciudad de México, Sonora, Sinaloa y Colima.

De hecho –de acuerdo a datos del Sistema de Información de la Red IRAG (Infección Respiratoria Aguda Grave), donde las unidades médicas reportan su saturación– las 10 entidades con mayor ocupación hospitalaria en camas con ventilador son: Yucatán, con 56.17% de ocupación; Baja California Sur, con 54.38%; Sinaloa, 31.90%; Tabasco, 31.57%; Oaxaca, 26.15%; Ciudad de México, 25.88%; Sonora, 25%; Tamaulipas, 22.58; Nayarit, 22.05 y Colima, 21.66%.

Sin embargo, esos porcentajes no son comparables a lo que se vivió en el pico de la segunda ola de COVID en México cuando los hospitales registraban más de 50% de ocupación en camas con ventilador. El 24 de enero, por ejemplo, la ocupación en camas para intubación estaba en Colima en 65.21% y en la Ciudad de México en 84.35%. 

De la capital del país conviene aclarar que las autoridades locales y federales dan información diferente respecto a la ocupación hospitalaria: la Red IRAG, como ya se mencionó, reporta, para este 7 de julio, una saturación de 25.88% en camas con ventilador, mientras que el gobierno de la Ciudad de México señala que ese porcentaje es de 14.8%.

Al consultar a la Agencia Digital de Innovación Pública (ADIP), que se encarga dentro del gobierno de la CDMX de esta información, sobre el por qué la diferencia, el área de comunicación sólo señaló que se debe a que la Red IRAG –que se usa incluso para determinar uno de los indicadores más importantes, la ocupación hospitalaria, para el Semáforo de Riesgo COVID– “reporta solo unos hospitales”.

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Cómo se forman los huracanes y por qué son tan frecuentes en México, Estados Unidos y el Caribe

La explicación científica es apasionante y te ayudamos a entenderlo con mapas, gráficos e imágenes satelitales.
30 de agosto, 2021
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Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta.

Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el golfo de México y la costa este de Estados Unidos, en algunas ocasiones arrasando con edificios y poblaciones.

Sus homólogos son los tifones, que afectan al noroeste del océano Pacífico, y los ciclones, que lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico.

Zonas donde se forman ciclones tropicales

BBC

Todos son ciclones tropicales, pero el nombre “huracán” se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico.

Pero, ¿cómo se forman y por qué suelen afectar a esta zona del mundo?

Huracanes, bombas de energía

El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico — que provoca más del 60% de estos fenómenos — es una onda tropical.

La onda empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión.

Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio.

Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, esta área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios.

Origen de la onda tropical y los vientos globales

BBC

Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical puede ser el germen de un huracán, pero para que este se forme necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado.

En concreto, es necesario que la superficie del agua esté por encima de los 27ºC y que haya una capa espesa de agua caliente en el océano.

También tiene que haber, por un lado, vientos con un giro horizontal para que la tormenta se concentre. Por el otro, vientos que mantengan su fuerza y velocidad constante a medida que suben desde la superficie del océano.

Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme.

Además, tiene que haber una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera.

Ingredientes para un huracán

BBC

Todo esto tiene que ocurrir en las latitudes adecuadas, en general entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión.

Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar.

“El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta”, explica a BBC Mundo Jorge Zavala Hidalgo, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua.

El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes.

La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta.

Los vientos convergen y ascienden dentro de este área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj — por influencia de la rotación de la Tierra — y dando a los huracanes esa imagen tan característica.

A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán — el área central de hasta 10 km — permanece relativamente tranquilo.

A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos.

Más allá, están las bandas nubosas en forma de espiral, donde hay más lluvias.

La velocidad de los vientos es la que determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno “huracán”: en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora.

Pasos de depresión a ciclón tropical

BBC

A partir de ahí, se suelen clasificar en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, se usa la escala de vientos Saffir-Simpson para medir su poder destructivo.

Tal es su fuerza que los vientos de un huracán podrían producir la misma energía que casi la mitad de la capacidad de generación eléctrica del mundo entero, según la Administración Nacional de Océanos y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOOA, por sus siglas en inglés).

Escala de vientos Saffir-Simpson

BBC

Sin embargo, no es el viento sino la marejada y las inundaciones que provoca la lluvia que descarga el huracán las que generalmente causan la mayor destrucción y pérdida de vidas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la marejada provocada por ciclones tropicales en el Atlántico fue responsable de casi la mitad de muertes entre 1963 y 2012, según datos de la Sociedad Americana de Meteorología (AMS, por sus siglas en inglés).

Además de estos factores, la destrucción causada por un huracán va a depender de otras circunstancias, como la velocidad a la que pasa, la geografía del territorio y la infraestructura de la zona afectada.

Mujer en su casa inundada

Getty Images
“Amanda” y “Cristóbal” no llegaron a ser huracanes pero dejaron lluvias extraordinarias y mucha destrucción en México y Guatemala en mayo de 2020.

“No necesariamente el daño o el peligro asociado a un ciclón tropical corresponde a su categoría. Por ejemplo, el ciclón de mayor categoría no tiene por qué tener asociada más precipitación”, dice Jorge Zavala Hidalgo a BBC Mundo.

México, Estados Unidos y el Caribe: las zonas más vulnerables

Uno de los factores que explica que esta parte del mundo sea propensa a los huracanes es que el océano Atlántico, en las latitudes tropicales, tiene la temperatura adecuada para su formación durante más meses al año.

Otro es el movimiento de las grandes corrientes de vientos que empujan a los huracanes.

Los vientos alisios — las corrientes de vientos globales en el trópico — van de este a oeste llevándolos hacia las costas del Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos.

El recorrido de estos vientos también está influenciado por la rotación de la Tierra — el llamado efecto Coriolis — que hace que tiendan a desviarse hacia el norte.

Recorrido de los huracanes en el Atlántico norte en 2019

Wiki Project Tropical Cyclones/Tracks/Nasa/Xyklone
Los huracanes que se formaron en el Atlántico norte durante el 2019 siguieron distintos recorridos según las corrientes globales de viento u otros fenómenos – como los anticiclones – que encontraban en su camino.

En el Atlántico, mientras los huracanes avanzan se desvían levemente hacia el norte; y al superar aproximadamente los 30°N, suelen encontrase con los vientos del oeste, otra de las grandes corrientes globales, que hacen que se curven hacia el este.

En su camino van a toparse con el anticiclón de Bermudas-Azores que va a determinar si se dirigen hacia el Golfo de México o hacia Estados Unidos.

Los anticiclones son regiones de alta presión atmosférica con aire más seco, menos nubes y vientos que giran en la dirección de las agujas del reloj en el hemisferio norte.

El anticiclón de Bermudas actúa como un obstáculo y si los huracanes quieren avanzar tienen que bordearlo. Por este motivo, el tamaño y la posición del anticiclón puede determinar hacia dónde va un ciclón tropical.

Gráfico de localización del anticiclón de Bermudas-Azores

BBC

Si es débil y está más posicionado hacia el este, los huracanes lo rodean y siguen hacia el norte, alejándose del Caribe.

Por lo contrario, si es más fuerte y se encuentra al suroeste, un ciclón tropical puede dirigirse hacia el Golfo de México o hacia Florida.

La posición del anticiclón cambia según el año, las estaciones y puede variar en cuestión de días.

“A causa de esas variaciones, un huracán puede seguir una trayectoria muy distinta hoy que otro que pasa tres o cinco días después”, explica Jorge Zavala Hidalgo, del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Siguiendo la misma lógica, los anticiclones y otras masas de aire son responsables de que un huracán se recurve hacia el oeste, como pasó en 2012 con el huracán Sandy, por ejemplo.

Huracán Sandy en Nueva York

Getty Images
En su camino hacia el norte, el huracán Sandy (2012) se curvó azotando las costas de Nueva York y Nueva Inglaterra, en Estados Unidos.

Después de tocar tierra en Cuba, Sandy empezó a desplazarse hacia el noreste, pero un anticiclón en Groenlandia y un frente frío bloquearon su camino. Eso provocó que Sandy retrocediera hacia la costa este de Estados Unidos, causando destrucción en Nueva York y Nueva Jersey.

En el Pacífico Este, a pesar de que es una zona más activa que el Atlántico Norte, tocan tierra menos huracanes.

“Lo que sucede es que esas tormentas suelen dirigirse hacia el oeste o noroeste. Algunas pueden retroceder hacia las costas de México si los vientos son los adecuados, pero la mayoría se dirigen a latitudes más altas, encuentran aguas más frías y desaparecen”, dice a BBC Mundo Gary M. Barnes, profesor retirado de la Universidad de Hawái, Estados Unidos.

Por qué casi no vemos en Sudamérica

Si bien la parte norte del Atlántico puede ofrecer las condiciones ideales para la formación de huracanes, no ocurre lo mismo bajo la línea del Ecuador.

“El Atlántico Sur es más tranquilo porque no hay onda tropical — es un fenómeno más común en el hemisferio norte — y hay más variaciones en la velocidad y en la dirección del viento, algo que inhibe la formación de huracanes”, explica Barnes.

Simulación de todos los huracanes entre 1985 y 2015

NASA
El efecto Coriolis es demasiado débil en la línea del Ecuador para que los vientos giren y formen huracanes.

Además, los ciclones tropicales normalmente no se forman si no están al menos a unos 500 kilómetros del Ecuador, ya que el efecto Coriolis es demasiado débil para hacer que los vientos giren y formen un huracán.

Aunque es un fenómeno que pasa con poquísima frecuencia en Sudamérica, sí se han registrado huracanes en las costas del sur de Brasil.

En 2004, el ciclón tropical Catarina dejó 11 muertos y más de 30.000 personas desplazadas.

¿Y cómo puede impactar el cambio climático?

“El cambio climático provoca que la temperatura de la superficie del océano y la capa gruesa sean más calientes y eso es un problema. Tenemos teorías que dicen que si el océano es más cálido eso puede traducirse en tormentas más fuertes e intensas.”, dice el meteorólogo Gary M. Barnes.

Hay indicaciones de que las áreas en que un ciclón encuentra condiciones para mantenerse y sobrevivir se están extendiendo con el paso del tiempo, según Jorge Hidalgo, coordinador del Servicio Meteorológico Nacional de México.

“Quizás el número de ciclones no aumente pero la distribución de categorías puede cambiar. Es decir, que haya más huracanes de categoría mayor y menos de categoría menor”, añade Zavala.

Los científicos coinciden, ,sin embargo, en que es muy pronto para medir el impacto del cambio climático en la formación y avance de los huracanes.

“Es probable que las tormentas se intensifiquen muy poco a poco, pero vamos a necesitar muchísima data para probar que el calentamiento global va a provocar huracanes más fuertes. En 25 años puede que tengamos evidencias”, concluye Barnes.

Agradecimiento a José Manuel Gálvez, meteorólogo del la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).


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