Maternidad y crianza en la desaparición: así creció León sin su papá
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Maternidad y crianza en la desaparición forzada: así creció León sin su padre

Ambulante se presentan tres documentales dedicados a la maternidad y crianza que las mujeres deciden ejercer en un contexto de desaparición forzada.
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Por Verónica Santamaría
11 de julio, 2021
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Cuando León estaba por nacer, su padre, Arturo, quien en 2010 tenía 35 años de edad, salió junto con su hermano Axel a McAllen, Texas, para hacer algunas compras. Todo iba bien hasta que decidieron detenerse a cenar en San Fernando, Tamaulipas, antes de continuar su camino de regreso a la Ciudad de México. A las 8:15, Arturo llamó a Liliana, su pareja y madre de León, para platicarle de los planes del día siguiente a su regreso.

Para las 8:24 de la noche, Axel envía un mensaje a uno de sus amigos de la escuela diciendo que los habían encajuelado, que avisará a sus padres y no llamaran. Ese fue el último contacto que se tuvo con ellos.

A una década de la desaparición forzada de Arturo y Axel, ni Liliana ni su familia han tenido respuesta. De acuerdo con las investigaciones, su desaparición coincidió con la masacre de los 72 migrantes en San Fernando, aquel 24 de agosto de 2010. Liliana se encontraba en el quinto mes de gestación.

Hoy, Liliana Gutiérrez tiene 40 años y es madre de León, quien ahora tiene 10 años de edad. Es artista visual e ilustradora. Viven en un pueblito dando clases de arte en una escuela comunitaria de Malinalco, desde hace 2 años.

A pesar de la desaparición forzada de Arturo y su hermano, Liliana decidió criar a su hijo con amor y cariño, además de reconstruir a través de la memoria la imagen de un padre a quien León no conoce.

Lee: Marina pedirá perdón a víctimas de desaparición forzada de Nuevo Laredo

Liliana cuenta que en estos 10 años solo se ha mostrado un cúmulo de vacíos en la ley. No han tenido una sola pista ni una llamada o signo que les anunciara que Arturo y Axel estén vivos, o sobre quien pudiera tenerlos, porque tampoco encontraron sus cuerpos.

Tras la desaparición de Arturo, Liliana decidió llevar su maternidad con amor.

“Nunca he salido a estar junto con las madres buscadoras o con las esposas que buscan a desaparecidos. Decidí no unirme a la lucha de ese modo”, cuenta Liliana Gutiérrez en entrevista para Animal Político.

De acuerdo con cifras del Informe sobre fosas clandestinas y registro nacional de personas desaparecidas o no localizadas, de 2006 a 2019 los registros oficiales presentaban un total de 60 mil 059 personas desaparecidas en México durante ese periodo.

En el año 2010, según cifras obtenidas del informe antes citado, tan solo 3 mil 651 personas fueron víctimas de desaparición forzada, entre ellas Arturo, el padre de León.

Un papá construido con recuerdos

A Liliana le preocupaba que llegara el día en que tuviera que revelarle el paradero de su papá a León, o los hechos acontecidos tras su desaparición. Habló con su familia y amigos para tomar alguna decisión.

Entre pláticas y reflexiones, dedujo que “no se extraña lo que no se mira”. Y es que los recuerdos de León no son vivenciales.

Ante esto, Liliana decidió que a su hijo le hablaría de la desaparición forzada de su padre con naturalidad, sin la carga de dolor y tragedia; sino hablarle de las cosas tal y como sucedieron y, al mismo tiempo, aceptar que la ausencia también es un estado.

“Saber que, quienes estamos vivos estamos aquí y para quienes están muertos, hay una tumba donde llorarlos, pero hay un punto medio que es la desaparición, siendo un crimen muy salvaje y despiadado que se le puede cometer a alguien porque no hay fin y continúa”, añade Liliana.

De esta manera, Liliana comenzó a construir en León la imagen de su padre con recuerdos y memorias de su relación y durante los primeros cinco meses de gestación de León. Esa ha sido la intención que como madre ha empleado con su hijo en este contexto de la desaparición forzada.

Una década después, Liliana ha visto un resultado muy positivo en su hijo, ya que León continúa creciendo, siempre con la compañía de su madre y con la memoria de su padre antes de que fuera desaparecido en 2010, junto con su hermano Alex.

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“Sé que le duele mucho su ausencia. Sobre todo en la reconstrucción de lo que es la paternidad a través de sus amigos o personas cercanas a él ante lo que es tener un papá”, describe.

Durante la entrevista a Liliana Gutiérrez, León tomó la palabra para contarle a este medio cómo ha sido su crecimiento sin su padre. Cuenta que, cuando tenía entre 4 y 6 años de edad, pensaba que quería ver a su papá. Él todavía tenía la esperanza de verlo llegar. Años después, reflexiona al punto de ya no esperarlo.

“Solo me gustaría pensar en él y que mi mamá me cuente sobre él”, añade León.

El documental No sucumbió la eternidad, de Daniela Rea, es también un registro a la memoria del amor que Liliana le tiene a su hijo y a Arturo, como una manera de guardar toda la vida a León y a su padre; y con los años no olvidarlos.

“Yo no lo sabía. Pensé que el documental solo estaría hecho para visibilizar y que la gente viera que ese tipo de casos sucede. Luego, mi mamá me contó que ese documental estaba hecho para mí y para nunca olvidar a mi papá. Eso me dio mucha felicidad”, cuenta León.

El amor no sucumbe

Tras reconocer la ausencia de su padre durante los primeros años de su crecimiento, León comenzaba a hacer preguntas a partir de lo que sucedía en su entorno como: “Mamá, ¿yo hice algo para que se fuera mi papá, qué hice, no me quiso?”.

Ante estas dudas que León comenzaba a desarrollar, Liliana se dedicó a reforzar en él que, en todo momento, fue concebido con amor y que su papá tiene el mismo amor por él. Así es como han conservado su memoria, su maternidad y su crianza, incluso la paternidad ausente de Arturo.

Para Daniela Rea, directora del documental No sucumbió la eternidad, el haber realizado este documental le deja muchos aprendizajes, entre ellos, la forma en la que una mujer decide llevar su maternidad, pues cuenta que ella se hizo madre cuando grababa el filme.

“Eso es algo que aprendí de Liliana y de Alicia”, cuenta en entrevista para Animal Político. Además, otro de los aprendizajes que tuvo con la realización del documental es la claridad con que decidieron ser madres las dos protagonistas de la historia, en un contexto de desaparición forzada, cuando la claridad es lo que menos hay en la desaparición forzada.

“Eso es un aprendizaje no solo como mamá sino como persona”, cuenta.

Carta a los Reyes Magos

Cuando Alicia de los Ríos Merino aprendió a escribir, se dedicó a enviarle cartas a los Reyes Magos cada 5 de enero, con una sola petición permanente: “Quiero a mi mamá, tráiganla con ustedes”, se lee en la carta Sueño que me regaló un seis de enero: Carta a quienes saben dónde está mamá que el pasado 5 de enero de 2021 publicó.

En la carta, Alicia cuenta que dejó de escribirle cartas a los Reyes Magos en su infancia, pero también dejó de escribirle cartas al presidente de la República en turno o a un general del Ejército Mexicano, después de comprender que ni los agentes o los mandos de la Federal de Seguridad ni de la Brigada Especial, conocida como Brigada Blanca, fueron los únicos en conocer los lugares en que mantuvieron detenidos y desaparecidos de manera forzada a cientos de hombres y mujeres en la década de 1970, entre ellos a su mamá, Alicia de los Ríos Merino, de quien lleva el mismo nombre.

Durante 43 años, Alicia de los Ríos Merino creció con una madre a quien reconstruyó a través de los años con recuerdos de familiares y amigos, pero también, llegó a escuchar las peores referencias que se han hecho sobre los padres o madres de hijos e hijas huérfanos por la desaparición forzada.

“De repente nuestros mundos se vuelven muy endogámicos con referencias muy similares y al momento en que ves cómo otras personas se refieren a tus seres queridos te shoqueas cuando está el estigma de ‘por algo se los llevaron o algo hicieron’. Te cuesta mucho y es difícil enfrentar eso”, cuenta Alicia de los Ríos, abogada, catedrática e investigadora Universidad Autónoma de Chihuahua, en entrevista para Animal Político.

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Amar a alguien a quien no conocieron fue un patrón tanto de Alicia, como de los demás hijos e hijas de personas que fueron detenidas y desaparecidas de manera forzada en la década de 1970.

Alicia cuenta que estos años los ha vivido con amor a imágenes de su papá o de su mamá, fotografías que heredó de parte de sus tíos, de sus abuelos o de los propios amigos o compañeros de ellos.

De los Ríos Merino también explica que durante este tiempo sin saber de su madre llegó a sentirse excluida, en el sentido de que no conoció la voz de sus padres, no los olió, no los tocó, simplemente, recuerdos como estos no los tiene. Tampoco cuenta con una foto con ellos ni una foto de ellos juntos.

Para los hijos e hijas de personas que fueron desaparecidos de manera forzada, explica Alicia, su memoria no es más que una memoria colaborativa reconstruida que ellos y ellas toman de otros y otras. Es una memoria amorosa, cariñosa y resignificada. Es, tal vez, un efecto que hace la ausencia.

Alicia ahora escribe a la ciudadanía con la oportunidad de ayudar a cambiar el futuro de un México que se ha convertido en una fosa gigantesca y alienta a las personas a hacer un cambio y pide que si tienen cualquier información que consideren relevante la envíen al correo: [email protected].

Fue entre el 4 y 5 de enero de 1978 que la Brigada Especial realizó un operativo donde fueron detenidos y posteriormente desaparecidas cuatro personas: José Hugo González García, Alejandro Mares Montaño, Leticia Galarza Campos y Alicia de los Ríos Merino. También fueron asesinado tres jóvenes: “Esteban”, “Pedro” y Antonio Solís Rodríguez.

Este año, la gira de documentales de Ambulante presenta tres documentales dedicados a la maternidad y la crianza en contextos de desaparición forzada, por un lado No sucumbió la eternidad, de Daniela Rea y Ausencias y Tempestad, de Tatiana Hueso.

Se presentarán de forma gratuita en la plataforma Cinépolis click del 15 al 31 de julio.

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El brasileño negro que presentó la primera demanda legal en Estados Unidos contra la segregación racial

Te contamos cómo fue que el inmigrante brasileño Emiliano Mundrucu y su esposa, Harriet, iniciaron la acción legal más antigua conocida contra la segregación racial en EE.UU.
22 de mayo, 2021
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Era un día frío y lluvioso, en noviembre de 1832 cuando el inmigrante brasileño Emiliano Mundrucu abordó un barco de vapor, el Telegraph, con su esposa Harriet y su hija de un año, Emiliana.

Iban a realizar un viaje de negocios desde la costa de Massachusetts hasta la isla de Nantucket, en el noreste de Estados Unidos.

Durante la travesía, Harriet, que no se encontraba bien, trató de refugiarse con su hija en una zona del barco exclusiva para mujeres, pero su paso fue bloqueado. ¿El motivo? Eran negras y en el camarote de las señoras, un cómodo alojamiento con literas privadas, solo se permitía la entrada a las mujeres blancas.

En ese momento, la esclavitud ya no estaba permitida en los estados del norte (persistió hasta la Guerra Civil en el sur), pero las prácticas segregacionistas que separaban a los blancos de las personas “de color” estaban creciendo.

Sin embargo, la familia Mundrucu, de piel morena, no aceptó su exclusión y el episodio condujo a una demanda pionera contra la segregación racial en EE.UU.

El proceso legal tuvo amplia repercusión en su momento, pero luego cayó en el olvido y solo en los últimos años ha sido redescubierto por los historiadores.

El caso terminó en la corte después de que Harriet insistiera en entrar al camarote con su bebé, mientras el capitán del barco, Edward Barker, discutía con Mundrucu, un revolucionario brasileño que huyó a Boston luego de ser condenado a muerte en su país, por su papel en un intento para crear una república en el noreste de Brasil en 1824.

“Su esposa no es una dama. Es una n* “, le dijo el capitán a Mundrucu, usando una expresión extremadamente ofensiva para nombrar a los negros.

El informe del periódico de Nueva York en 1833 anunciando la victoria de Mundrucu en el primer caso judicial

Readex Newsbank
Este artículo de diario de 1833 informa sobre la victoria de Mundrucu en la primera instancia judicial.

El impasse fue interrumpido momentáneamente porque una tormenta obligó al barco a regresar a la costa.

Al día siguiente, sin embargo, la pareja volvió a intentar asegurarse de que Harriet y Emiliana viajaran con seguridad, en lugar de utilizar la cabina inferior, donde no había literas y hombres y mujeres tenían que dormir en colchones sobre el piso mojado.

Mundrucu argumentó que había pagado la tarifa más cara del viaje, pero el capitán ordenó a la familia que se bajara del barco.

El brasileño declaró que presentaría una demanda, prometiendo “ir a sacar una orden judicial de inmediato”.

Este fue el inicio de la demanda interpuesta por Emiliano Mundrucu contra el capitán Edward Barker por incumplimiento de contrato, en un caso que recibió cobertura en la portada de los periódicos de EE.UU. y que incluso causó sensación en Europa.

La historia poco conocida se detalla en un artículo publicado en diciembre por el historiador sudafricano Lloyd Belton, en la revista académica Slavery & Abolition (Esclavitud y Abolición).

Belton estudió la vida de Mundrucu para su maestría en la Universidad de Columbia (EE.UU.) y actualmente continúa su investigación, realizando un doctorado en la Universidad de Leeds (Reino Unido).

Dice que esta demanda es la acción legal más antigua conocida contra la segregación racial en EE.UU.

Antes del descubrimiento de este caso, los historiadores consideraban que juicios similares solo habían comenzado una década después.

“Es increíble que un inmigrante brasileño negro fuera la primera persona en la historia de EE.UU. en desafiar la segregación ante un tribunal. Y es aún más increíble que nadie sepa quién es“, dijo Belton a BBC News Brasil.

“En la década de 1830 en Boston, la gente sabía quién era. En Brasil, en la década de 1830, la gente sabía quién era”, agregó.

An 1856 engraving showing a black man being expelled from a railway carriage

Library of Congress
Las políticas de segregación racial eran comunes en los estados del norte, antes de la Guerra Civil: en este grabado de 1856, un hombre negro es expulsado de un vagón de tren.

Otra investigadora de la vida de Emiliano Mundrucu, la historiadora estadounidense Caitlin Fitz, profesora de la Universidad Northwestern, dice que la demanda legal de Mundrucu no fue lo único pionero, sino que también lo fueron las acciones de la pareja en el barco.

El conocido episodio en el que el exesclavo Frederick Douglass, uno de los activistas negros más importantes de la historia de EE.UU., entró en un vagón exclusivo para blancos en un tren en Massachusetts (lo sacaron a la fuerza) ocurrió en 1841, casi una década después.

“No es sólo el primer proceso conocido contra la segregación en el transporte, también fue una medida radical realmente audaz poner en riesgo su cuerpo a bordo de un barco”, señala.

Un revolucionario bien conectado

Pero, ¿cómo fue que un brasileño y su esposa afroestadounidense se convirtieron en pioneros en la lucha contra la segregación en EE.UU.?

Para los historiadores, la respuesta se puede encontrar en la inusual historia de vida de Mundrucu: fue un soldado y revolucionario que pasó un tiempo en Haití y la Gran Colombia (la actual Venezuela) antes de establecerse en Boston, donde forjó importantes vínculos con líderes abolicionistas.

Para Belton, el hecho de que Mundrucu procediera de un país donde tenía más derechos que los negros libres en EE.UU., como el derecho a votar o alistarse en el ejército, avivó su indignación por la segregación que sufría su familia.

Además, su pasado como revolucionario internacional le permitió abrir las puertas en Boston a una red de contactos importantes, como la comunidad abolicionista y los masones.

El inmigrante tenía destacados abogados representándolo contra Barker: el renombrado abolicionista David Lee Child y el senador de Massachusetts Daniel Webster.

Abogados de Mundrucu: Daniel Webster (izquierda) y David Lee Child (derecha)

Library of the US Congress
Los abogados de Mundrucu: Daniel Webster (izquierda) y David Lee Child (derecha)

Según la profesora Fitz, el caso de Mundrucu resultó útil para los activistas contra la segregación porque reforzó su argumento de que la opresión racial en EE.UU. era peor que en cualquier otro lugar, aunque la académica considera que esta afirmación era “muy debatible”, ya que Brasil fue el último país de América en abolir la esclavitud, en 1888.

Fitz cree que las conexiones de Mundrucu en Boston y la forma en que se desarrolló el enfrentamiento a bordo del Telegraph indican que la acción pudo haber sido premeditada.

“A veces asumimos que estos actos de resistencia fueron espontáneos, que Emiliano y Harriet simplemente se enojaron. Tal vez estaban enojados, pero también eran pensadores políticos estratégicos que estaban pensando con mucho cuidado en la mejor manera de lograr el cambio”, dice.

Emiliano fue quien presentó la demanda contra el capitán, pero Fitz destaca el papel de Harriet en la historia.

“No sabemos mucho sobre Harriet. Era una mujer de color educada, nacida en Boston. Podemos inferir que era bastante aventurera, porque se casó con un revolucionario católico brasileño que todavía estaba aprendiendo inglés”.

“También era increíblemente valiente y comprometida con la lucha por la igualdad racial, ya que en repetidas ocasiones intentó entrar en la cabina de señoras, arriesgando su cuerpo”, apunta.

El impacto de la demanda

El barco en cuestión, el Telegraph, se puede ver en este grabado de 1832.

Ewen Collection
El barco en cuestión, el Telegraph, se puede ver en este grabado de 1832.

El argumento central del caso fue “incumplimiento de contrato”, ya que Mundrucu había comprado el boleto más caro, pero los abogados del brasileño “también querían exponer la inhumanidad de las prácticas segregacionistas”, escribe Belton.

“Ninguna dama en la tierra de Dios, ninguna persona blanca educada, habría sido objeto de tal trato. El color de Mundrucu era su única distinción”, dijo Webster, según los registros de la demanda.

Los abogados de Barker respondieron diciendo que la segregación en los barcos de vapor era una práctica común en la costa de América del Norte, un argumento reforzado con el testimonio de los capitanes de Nueva York y Rhode Island.

El jurado encontró a Barker culpable de incumplimiento de contrato y otorgó a Mundrucu US$125 en daños en octubre de 1833.

Pero el capitán logró revocar la decisión en enero de 1834 en la Corte Suprema de Massachusetts, que encontró que no había evidencia de que Barker hubiera acordado explícitamente que la familia viajaría en las mejores cabinas.

Después de eso, señala Belton, el Telegraph empezó a segregar su política de boletos, de modo que los negros solo pudieran comprar los más baratos, para viajar en la cabina común, mientras que los blancos solo pudieron comprar los más caros.

Pero esto no acabó con las protestas. “Uno de los otros impactos más amplios fue que la demanda de Mundrucu en 1833 inspiró directamente a otros activistas negros”, cuenta.

“Hubo otro activista afroestadounidense muy famoso, David Ruggles, que hizo exactamente lo mismo que Mundrucu en el mismo barco unos años después, en 1841”, señala.

Según la profesora Fitz, el caso provocó un cambio fundamental para los activistas.

“La demanda termina siendo un momento importante en el desarrollo de las tácticas legales de los activistas. Amplía sus horizontes y abre el camino para estos argumentos legales más amplios que atacan la base legal misma de la segregación”, dice.

Vistas y costumbres de Río de Janeiro - La acuarela de Sir Henry Chamberlain muestra la jerarquía racial de la sociedad brasileña

Brazilian National Library/1822
Una pintura de acuarela que muestra la jerarquía racial de la sociedad brasileña del siglo XIX.

Mundrucu desistió de llevar el caso a la Corte Suprema de EE.UU. cuando fue indultado por el gobierno brasileño por su participación en el fallido levantamiento y pudo retomar su carrera militar en Brasil en 1835.

En 1841, sin embargo, regresó a Boston, cuando se le impidió ocupar un puesto de mando militar en la ciudad nororiental de Recife, lo que Mundrucu también atribuyó al prejuicio racial en un artículo de periódico de 1837.

Mundrucu tenía muchos opositores influyentes en esta área porque supuestamente había liderado un ataque fallido contra la población blanca de Recife en 1824, inspirado por la Revolución Haitiana, la rebelión de esclavos y negros libres que hizo a Haití independiente de Francia en 1791.

Líder de la comunidad abolicionista

Una pintura en honor a Mundrucu realizada en 2020 por el artista Moisés Patrício para el libro Enciclopedia Negra

Moisés Patrício/Companhia das Letras
Una pintura en honor a Mundrucu realizada en 2020 por el artista Moisés Patrício para el libro Enciclopedia Negra

En las últimas dos décadas de su vida en Boston, el brasileño continuó haciendo campaña contra la esclavitud y por los derechos civiles.

Mundrucu murió en 1863, después de que el presidente Abraham Lincoln firmara la Ley de Emancipación, que liberó a los esclavos de los estados del sur de EE.UU.

Según Belton, Mundrucu celebró este anuncio junto a Frederick Douglass en una reunión de la Union Progressive Association (Asociación Sindical Progresista), un grupo abolicionista predominantemente negro del que el brasileño era vicepresidente.

“En 1863, Mundrucu y su esposa eran muy respetados por sus compatriotas bostonianos, negros y blancos. Ambos fueron honrados en sus respectivos obituarios, en los que fueron recordados como generosos, de espíritu público y excepcionalmente viajados”, escribe el historiador.

“La historia de Mundrucu nos muestra cuán conectadas estaban las Américas en ese momento. Brasil estaba conectado con Venezuela, Venezuela con Haití, Haití con EE.UU. Estos activistas negros eran muy móviles. Podían viajar, podían hablar varios idiomas”, señala.

“Y él no era el único. Había otros inmigrantes negros de Sudamérica y el Caribe, que estaban en Boston, Nueva York o Filadelfia, y estaban involucrados en estas comunidades activistas que eran muy cosmopolitas”.


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