Roberto Ventura: el doctor que apareció en una fosa en Veracruz
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Roberto Ventura: el doctor con 40 años de servicio y medalla al mérito que apareció en una fosa en Veracruz

Roberto Ventura era doctor en el Hospital Regional de Río Blanco, en Veracruz, de donde salió el 24 de diciembre de 2020, sin que se volviera a saber de él hasta que fue hallado en una fosa.
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14 de julio, 2021
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La última vez que se supo algo de él fue horas antes de la cena de Nochebuena.

Era un jueves, 24 de diciembre de 2020. Roberto Ventura Zepeda, un prominente doctor veracruzano de 68 años y cuatro décadas de servicio, salió del Hospital Regional de Río Blanco, en Orizaba, para dirigirse a la casa de unos compañeros con quienes celebraría la Navidad.

Pero las horas pasaron, las fiestas y la Nochebuena se fueron, y el doctor no respondía a las llamadas, ni a los mensajes.

“Se perdió contacto total con él”, dice en entrevista Elías Abad Ventura, sobrino del médico que en octubre de 2015 recibió la medalla ‘Doctor Pedro Rendón’, la más alta condecoración al servicio médico en Veracruz.

Tras la desaparición, la familia acudió rápido a poner la denuncia a la Fiscalía de personas desaparecidas de la zona centro de Veracruz, en la ciudad de Córdoba. Pero en ese instante, narra Elías, comenzó la otra pesadilla: la de lidiar con las autoridades de investigación en un estado donde, especialmente en el gobierno de Javier Duarte, se dispararon las desapariciones y las fosas clandestinas, como la hallada en 2016 en Colinas de Santa Fe, en el puerto de Veracruz; o como la encontrada este 2021 por el Colectivo de Desaparecidos Orizaba-Córdoba en Campo Grande, Ixtaczoquitlán, donde a la fecha suman 32 cuerpos exhumados.

Precisamente, Araceli Salgado, vocera de este colectivo, explica que la familia del doctor Ventura acudió con ellos a los tres días de la desaparición para pedirles ayuda en la difusión de imágenes y fichas con datos del médico.

“Empezamos a ver qué se había hecho y qué no por parte de las autoridades. Y lo que vimos fueron muchas omisiones, muchas excusas”, recalca en entrevista telefónica la activista y madre de Fernanda Rubí, quien fue secuestrada en septiembre de 2012 por un grupo del crimen organizado en una discoteca de Orizaba.

“Por ejemplo -añade-, como el doctor desapareció en Nochebuena, nos decían que era tiempo de vacaciones y que no había suficiente personal para hacer una búsqueda rápida”.

“La desatención en la Fiscalía de Córdoba fue terrible”, subraya por su parte Elías Abad, que junto a su madre, la señora María Isabel Ventura, hermana del doctor, convocaron en enero y febrero ruedas de prensa para exigir públicamente avances en la investigación, luego de que la fiscalía cordobesa se desistiera del caso sin ofrecer resultados en dos meses.

“El doctor es una persona intachable, académica, científica; fue de los primeros epidemiólogos en el estado; fue subdirector del Hospital de Alta Especialidad de Veracruz y fue directivo del Hospital Regional de Río Blanco. No es posible que haya dado 40 años de servicio al estado, y que ese mismo estado te responda con esta majadería”, denunció Elías el pasado 24 de febrero.

Ante las protestas, la carpeta pasó a Xalapa, la capital veracruzana. Y allí permaneció sin novedad hasta que una noticia publicada en medios de comunicación locales resultó la clave inesperada del caso.

En apariencia se trató de un robo, uno de tantos. La policía municipal recibió un llamado alertando que en la ex hacienda de Jalapilla, a escasos cuatro kilómetros de Orizaba, un extraño había entrado a la casa de uno de los vecinos. Los policías acudieron al lugar y detuvieron en flagrancia a un sujeto que se disponía a robar artículos de valor del inmueble.

Tras la captura, el detenido confesó que había entrado a la vivienda con la llave del dueño de la casa, a quien él y otros presuntos agresores habían asesinado la noche del 24 de diciembre.

Además, confesó que el cadáver se encontraba a tan solo unas cuatro cuadras de la casa, en una vivienda que el grupo criminal rentaba en la comunidad de Novillero Chico y que utilizaba como su particular cementerio clandestino.

Tras la confesión, elementos de la Fiscalía veracruzana acudieron a la casa-fosa y allí, a escasos metros de profundidad bajo una capa de concreto, encontraron un cadáver. Las pruebas periciales confirmaron que se trataba del doctor Roberto Ventura Zepeda.

A partir del hallazgo de la fosa, y luego de un largo periplo de pruebas de ADN, reconocimiento de los restos, etcétera, el cuerpo del médico fue entregado a sus familiares la semana pasada, el martes 6 de julio. Y dos días después fue sepultado. Sin embargo, Elías Abad señala que para él y su madre aún falta mucho por investigar en este caso.

“Tememos por nuestra integridad, porque no sabemos quiénes son las personas que hicieron esto -apunta Elías-. La Fiscalía aún tiene que esclarecer este homicidio, porque para nosotros está claro que es un homicidio, ya que en el acta de defunción queda asentado que mi tío fue ahorcado canallamente”.

Ayer martes 13 de julio se llevó a cabo un homenaje póstumo al doctor Roberto Ventura Zepeda en el Hospital Regional de Río Blanco, donde personal médico, de enfermería, directivos del hospital, así como amigos y familiares, honraron una larga carrera de servicio médico y de atención a los más más vulnerables, como las poblaciones indígenas de los municipios aledaños a Río Blanco, en la zona serrana de Orizaba.

“Siempre tuvo mucho interés en las personas indígenas. Hasta el último día de su vida trabajó por ellos y por el derechohabiente, para que todos fueran escuchados, comprendidos y atendidos por igual”, recalca Elías Abad.

“Nos duele mucho su inesperada partida, siempre lo recordaremos por su alegría de vivir, por su buen humor. Lo vamos a extrañar en nuestras comisiones y salidas para evaluar hospitales”, dijeron los compañeros del doctor en el acto de homenaje de ayer martes.

Violencia contra profesionales médicos

La aparición del doctor Ventura en una fosa clandestina no es un hecho aislado en lo que se refiere a la violencia en contra del gremio de la salud.

Apenas el pasado 10 de julio, una médica fue asesinada por un grupo armado mientras circulaba en su auto en la carretera Jerez-Valparaíso, en el estado de Zacatecas.

La médica radióloga María Esther Talamantes se trasladaba por carretera cuando se encontró con un retén de civiles armados, quienes le ordenaron que se detuviera. Al no hacerlo, los hombres le dispararon y la lesionaron en la pierna. La mujer perdió el control del automóvil, salió del camino, volcó, y murió por las heridas.

Unos días antes, el 30 de junio, otros dos paramédicos fueron asesinados en la comunidad de La Florida, también en Valparaíso, Zacatecas.

Los dos hombres trabajaban en el Hospital de Huejuquilla El Alto y habían acudido a Fresnillo, Zacatecas, para dejar a un paciente. La ambulancia en la que viajaban fue encontrada abandonada e incendiada. Sus cuerpos aparecieron con impactos de bala, según informaron las autoridades.

El 28 de enero de 2021, Mariana Sánchez, una pasante de medicina de 24 años que hacía su servicio social en una clínica de Nueva Palestina, en Ocosingo, Chiapas, fue hallada muerta en su cuarto.

Dos meses antes, la joven había denunciado una agresión sexual por parte de integrantes de la comunidad en la que prestaba su servicio social, ante la Fiscalía de Chiapas y la Secretaría de Salud del estado, pero la investigación no avanzó.

Mientras que en noviembre de 2020, otro médico fue asesinado de varios impactos de bala en la ciudad de Tierra Blanca, en Veracruz, cuando colocaba una ofrenda floral por el Día de Muertos.

También en Veracruz, en las inmediaciones de la ciudad de Córdoba, en la zona centro del estado, apareció asesinado en noviembre de 2017 el doctor neurocirujano David Casanova López. El entonces gobernador de la entidad, Miguel Ángel Yunes Linares, descartó que fuera un crimen cometido por la delincuencia organizada. Sin embargo, medios locales reportaron que el médico apareció con signos de tortura y un mensaje de un grupo criminal.

Casos como los anteriores, además de otro tipo de agresiones, llevan años siendo denunciados por el personal médico.

Por ejemplo, en junio de 2016, se realizaron varios paros nacionales de labores tras registrarse un incremento en las agresiones. Con motivo de esos paros de labores, Animal Político publicó el 21 de junio de 2016 un amplio reportaje con cifras de agresiones -hasta un 70% de los médicos pasantes dijeron haber sufrido algún tipo de agresión física, amenazas, o insultos, según la Gaceta Médica de México-, así como testimonios de médicos que narraron ataques, tanto de sus mismos pacientes o familiares, como del crimen organizado.

Con información de Jessica Ignot y El Mundo de Orizaba

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Así lucha el COVID contra las vacunas para intentar escapar de ellas

El virus lucha constantemente contra las vacunas para intentar escapar de ellas. Sin embargo, nuestros linfocitos B productores de anticuerpos también pueden “mutar” para hacerle frente.
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20 de julio, 2021
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Las variantes de SARS-CoV-2 y su contagiosidad están causando una gran atención mediática en las últimas semanas.

A medida que ha ido pasando el tiempo, el virus ha ido cambiando. Ha introducido mutaciones puntuales en su secuencia génica, muchas de las cuales se traducen en cambios de aminoácidos de sus proteínas.

Con estos cambios, el virus adquiere ventajas evolutivas en el proceso de adaptación a nuestras células y organismos, que son el medio en el que se replica.

Este proceso de adaptación no implica necesariamente una mayor virulencia, pero si avances en mejorar la unión al receptor, una optimización de su replicación, la producción más efectiva de partículas virales y su transmisión, la modulación de la patología o, eventualmente, el escape parcial de alguno de los mecanismos inmunes.

Cuando no teníamos vacunas, el virus campaba a sus anchas

Uno de los mecanismos inmunes más importantes frente a la infección es la producción de anticuerpos por parte de los linfocitos B y su capacidad de reconocer y neutralizar al virus.

Hasta el comienzo de la campaña de vacunación, cada vez que el SARS-CoV-2 infectaba a alguien, se encontraba con el reto de superar las distintas barreras del hospedador infectado.

Pero si el individuo no había contagiado previamente, había pocas posibilidades de que el virus se encontrase con algún anticuerpo que le reconociese.

De esta forma, en cada infección, las mutaciones que el virus pudiera generar iban a ser seleccionadas e incorporadas en las nuevas partículas virales en la medida en la que supusieran ventajas evolutivas independientes del escape de los anticuerpos.

Pero cuando se encuentra con personas vacunadas, el escenario cambia.

Un trabajador sanitario muestra ampollas que contienen la vacuna Sinovac contra la Covid-19 hecha por Biopharma en Indonesia el 22 de junio de 2021.
EPA

Sin vacunas el virus campaba a sus anchas

Un obstáculo en el camino: las vacunas

La evolución en general, y la de los virus en particular, está determinada por las condiciones reproductivas en un determinado medio.

En virología existe un concepto denominado “viral fitness”, que podría ser traducido como aptitud viral, que determina la selección de aquellas partículas virales que introducen cambios para replicarse y transmitirse de forma más efectiva.

En otras palabras, se seleccionan virus más aptos al contexto de infección con el que se van encontrando.

Cuando el virus se encuentra a más personas con inmunidad, se ve obligado a enfrentarse a las defensas con las que antes no se encontraba, además de tener que competir entre sí con otras variantes.

De esta forma, las variantes que “ganarán” serán aquellas que tengan una ventaja sobre variantes previas, no preparadas para ese nuevo escenario inmune.

Por tanto, las variantes que escapen del efecto de las vacunas serían, en teoría, las que se impondrían sobre otras. En este escenario, las vacunas dejarían de funcionar a medio o largo plazo.

Fortaleza de las vacunas

Esta situación, que pudiera parecer descorazonadora en cuanto al papel de las vacunas en la pandemia, esconde un paradigma que juega en contra del virus.

Ya conocemos la capacidad de los anticuerpos neutralizantes de bloquear la unión de la proteína S del virus a la célula hospedadora. Al prevenir esta unión, el virus no nos llega a infectar.

Para escapar de esto, una estrategia que podría utilizar una nueva variante del virus sería cambiar la región de esta proteína S donde se unen estos anticuerpos para así no ser neutralizada.

Sin embargo, estos cambios que parecieran una ventaja para el virus suponen también un coste.

Al situarse los cambios en la misma zona empleada por la proteína S para unirse al receptor celular, podría empeorar su unión al receptor y reducir, a su vez, su capacidad infectiva.

Los virus tratan de solventar este paradigma de “lo que se gana por lo que se pierde” con mutaciones que afecten mínimamente a su capacidad infectiva y replicativa y que, al mismo tiempo, sean capaces de evadir parcialmente las defensas del organismo.

Como resultado de esta continua adaptación, el virus cambia parcialmente algunas de sus proteínas más inmunogénicas, como la proteína S, en un proceso denominado deriva antigénica.

Los virus de la gripe son uno de los más estudiados en cuanto al proceso de deriva antigénica.

Esta es la fuerza responsable de la aparición de nuevas cepas que circulan cada año y que obligan a reformular la estrategia vacunal frente a la gripe.

Pero a pesar de estos cambios, las nuevas cepas gripales no evaden completamente la capacidad de luchar frente a la infección de una persona inmunizada peviamente.

¿Y si nuestros anticuerpos se adaptasen a las nuevas mutaciones?

La adaptación a las condiciones cambiantes no solamente ocurre en el lado del virus.

Nuestros linfocitos B productores de anticuerpos pueden sufrir también un proceso de adaptación denominado hipermutación somática, que se deteriora con la edad.

De esta forma, los linfocitos B productores de anticuerpos frente al virus también pueden “mutar” para mejorar la capacidad de unirse a las proteínas del virus y neutralizarlos.

Esta mejora de los anticuerpos permitiría adaptarse a los cambios de las variantes.

El escenario cambiante de la lucha entre virus y hospedador se juega a dos bandas. El virus tiene que evolucionar y adaptarse continuamente a la situación inmune cambiante o, de lo contrario, extinguirse.

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Quizás esta continua adaptación recuerde a situación en la novela de Lewis Carroll “Alicia a través del espejo”, donde los habitantes del país de la Reina Roja deben correr lo más rápido posible, solo para permanecer donde están.

Justamente por eso, la continua evolución de los virus en condiciones cambiantes se denomina (debido a su similitud), “efecto de la Reina Roja”. Es decir, cambiar para tratar seguir en el mismo sitio.

*Estanislao Nistal Villán, es virólogo y profesor de microbiología de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo. Este artículo apareció originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión orginal aquí.


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