Salud responderá por inacción en vacuna a personas con discapacidad
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Salud debe responder a juez sobre inacción para vacunar a personas con discapacidad

Fuentes la Defensoría y familiares señalaron a Animal Político que el recurso legal contra la secretaría podría resolverse la próxima semana, pues buscan que se otorgue una suspensión de plano, para registrar y vacunar de forma inmediata a personas con discapacidad.
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La Secretaría de Salud deberá argumentar ante un juez el por qué no ha vacunado de manera prioritaria a personas con discapacidad en México, tras no contemplar a esta población en las actuales etapas de vacunación. 

Esto, como resultado de una batalla legal iniciada por 50 familias y personal del Instituto Federal de la Defensoría Pública (IFDP).

Fuentes la Defensoría y familiares señalaron a Animal Político que el recurso legal podría resolverse la próxima semana, pues buscan que se otorgue una suspensión de plano, para registrar y vacunar de forma inmediata a personas con discapacidad, así como establecer mecanismos y protocolos que ya no excluyan ni discriminen a este sector.

Esto, mientras que las poblaciones mayores de 30 años ya están recibiendo las dosis, y las mayores de 18 ya pueden registrarse en la plataforma oficial. 

Hospitalización y negativas

Alex Galindo acaba de salir este jueves 8 de julio del hospital, estuvo en terapia intensiva tras enfermar de COVID-19 en la ciudad de Querétaro. Antes de enfermar, el joven de 29 años —quien vive con síndrome de Down— intentó junto con su madre recibir la vacuna contra el virus, pero le fue negada. 

El 4 de enero de este año, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, había dicho que por tener inmunosupresión, las personas con síndrome de Down mayores de 16 años podrían ser vacunadas contra COVID-19 de manera prioritaria. 

Seis meses después, nada ha cambiado en la estrategia nacional de vacunación.

Alex, en su caso, batalló hasta para obtener el diagnóstico y hospitalización por COVID, pues su familia tuvo que llevarlo dos veces, para ser atendido. 

“Esto ha sido toda la vida, (las personas con discapacidad) nunca han sido tomadas en cuenta”, lamenta su madre Gabriela Galindo, quien pudo visitar a Alex en el hospital para apoyarlo en su recuperación. 

La familia de Alex calcula que el costo por 10 días de hospitalización ronda el millón de pesos, pero afortunadamente contaban con un seguro de gastos médicos que les permitió darle atención y tratamiento contra la enfermedad. 

Daniel Enrique Lopez Azuara, quien vive con síndrome de Lennox Gastaut —una condición que genera crisis epilépticas — está por cumplir los 30 años en agosto, pero debe esperar fecha de vacunación en la alcaldía Gustavo A. Madero, en Ciudad de México, pues aunque su madre intentó vacunarlo por ser una persona con discapacidad se le negó. 

“‘No tenemos instrucciones de vacunar a personas con discapacidad’ fue lo que nos dijeron después de traernos de puerta en puerta y de una sede a otra”, cuenta Amanda Azuara.

El rechazo, el estrés, y la multitud de personas esperando ser vacunadas son factores que estresan a Daniel, y que pueden generarle crisis epilépticas, por lo que su madre desistió después de dos intentos. 

“Las aglomeraciones hasta le provocan agresividad, él llegó muy enojado al lugar, y después de traernos de puerta en puerta hasta soltó groserías, dijo “ya a la chingada, ya me quiero ir a oír mi música’. Yo me di por vencida”, cuenta Amanda en entrevista. 

Sin embargo, también es de la familias que mediante un amparo buscan que se vacune prioritariamente a personas con discapacidad, recurso que esperan se resuelva la próxima semana. 

José Ramón Chávez Muñiz tiene 22 años y vive con síndrome de Down. Su abuela, Lydia Domínguez, dice que ha sabido entender la vida en pandemia y los cuidados para prevenir el COVID. 

También entendió el “no rotundo” que le dieron a él y a su papá cuando lo intentaron vacunar en una de las sedes de la Ciudad de México. De hecho, su padre intentó cederle la dosis pero también se lo negaron.

“Se cuida de no saludar, de no abrazar a nadie, ha sido más responsable incluso que sus hermanos. Hasta  nos grita ‘¡virus!’ y ha tomado conciencia de que hay algo, pero no capta la magnitud del virus”, cuenta Lydia. 

José Ramón ya pudo registrarse en la plataforma de la Secretaría de Salud, sin embargo tampoco tiene fecha (ni prioridad) para recibir la dosis en México, que ya vive su tercera ola de contagios, según reconoció la propia dependencia. 

“Cualquier gripe le pega, es vulnerable y tiene 22 años, su hermana ya lo registró, pero de aquí a que le toque la vacuna quién sabe cuando va a ser”, lamenta su abuela. 

El subsecretario López-Gatell dijo el pasado 8 de junio que estaban “próximos a anunciar” el registro accesible para personas con discapacidad en el portal mivacuna.salud.gob.mx, un mes después, la página sigue sin accesibilidad para este grupo poblacional.

En ese momento, la Secretaría argumentó que se requería hacer un “análisis específico” para saber qué tipos de discapacidades son con las que viven casi 4.4 millones de personas, ahora deben argumentar legalmente por qué el plan sigue en suspenso. 

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7 formas de gastar menos en alimentos en tiempos de inflación y comer bien

Latinoamérica es la región del planeta donde es más caro alimentarse de manera saludable y cuesta tres veces más que lo que la gente puede pagar.
13 de mayo, 2022
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Comer se volvió cada vez más caro.

Una familia promedio latinoamericana gasta en comida entre el 25% y el 40% de su presupuesto mensual, de acuerdo a cifras oficiales de cada país. Los sectores más pobres destinan todavía un porcentaje mayor.

América Latina es la región donde es más caro comer de forma saludable en el planeta junto con África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).

Para poder hacerlo, cada persona necesitaba US$4,25 diarios en 2019, último dato disponible. Eso es tres veces más de lo que la población podía pagar.

El monto actualizado será mayor, estima el subdirector general de la FAO y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, en diálogo con BBC Mundo.

Panadería.

AFP

La FAO calcula un índice del precio de los alimentos y ahora es el momento en el que es más caro comer, al menos desde que se tienen registros.

Eso lleva a una peor alimentación, y por consiguiente a mayores tasas de malnutrición e incluso hambre.

Entonces, en tiempos de alta inflación y con la subsiguiente subida del precio de los alimentos lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo.

“Dado que en América Latina es más caro comer saludable, nos movemos a más carbohidratos, más azúcar, más grasa. Todo eso es barato”, señala Berdegué.

Comer bien y al mismo tiempo gastar menos es todo un desafío. Aquí te presentamos 7 acciones que puedes llevar a cabo para lograrlo.

1. Cocinar

Tal vez sea la más obvia, pero es esencial. Comprar comida afuera, en la calle o en un comercio, es muchas veces lo más rápido, pero no lo más conveniente para el bolsillo.

Una mujer prepara una bandeja con plátano maduro que sirve en una feria de comida callejera en Medellín, Colombia.

Getty Images

Además, cuando compramos comida hecha no sabemos cuál es la calidad de los ingredientes utilizados, o incluso qué ingredientes se utilizaron para su elaboración.

Lo mismo ocurre con la comida prefabricada que venden en el supermercado, productos conocidos como ultraprocesados. Estos contienen excesos de grasas malas, sodio y azúcares, entre otros componentes, que se añaden para darle mejor sabor pero que no contribuyen a la salud.

Cocinar en casa hace que sepamos exactamente qué estamos comiendo y que paguemos menos por ello.

2. Comer lo justo

Un alto porcentaje de las personas come más cantidad de alimentos que la que exige el organismo.

Reducir las porciones que nos servimos a las cantidades recomendadas para el funcionamiento humano ayuda al bolsillo y, al mismo tiempo, a sentirnos mejor físicamente.

“Las cantidades que se sirven en muchos de nuestros países son demasiado grandes. La compra en el mercado sube muchísimo y, además, este exceso de comida lleva al sobrepeso”, dice a BBC Mundo la nutricionista venezolana Ariana Araujo.

Una dieta de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías es un número adecuado de ingesta diaria.

3. Cambiar de recetas

Venta de carne en un mercado de México.

Getty Images

Sustituir ingredientes o platos completos es una de las formas de abaratar el gasto en comida.

Determinados productos básicos como el aceite, el café, algunas frutas y verduras, la carne de vaca, el pan (y la harina de trigo en general), los huevos y algunas legumbres aumentaron de precio más que la suba promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en la mayoría de los países latinoamericanos, de acuerdo a la información publicada por instituciones oficiales que se encargan de medir la inflación.

Las tortillas de maíz, parte fundamental de la dieta mexicana, le cuestan a los consumidores de ese país 17,7% más ahora que hace un año. La harina de maíz, imprescindible para las arepas, ha subido de precio en toda la región.

Se pueden buscar sustitutos que sean nutricionalmente equivalentes o similares, pero que no se hayan encarecido tanto o incluso hayan bajado de precio.

Mercado de legumbres.

Getty Images
Los frijoles aumentaron menos de precio que otros alimentos en la mayoría de los países latinoamericanos y son una buena fuente de proteína.

Para ello es necesario conocer qué productos son intercambiables.

Una comida balanceada debería estar compuesta por una mitad de frutas y verduras, un cuarto de proteínas y el otro cuarto de carbohidratos, afirma Araujo.

En el grupo de las proteínas se encuentran la carne de res y de cerdo, pollo, pescado, leche, quesos, huevos, frijoles, lentejas y guisantes.

La carne de cerdo es la que, en general, subió menos de precio en los últimos 12 meses en América Latina, mientras que el pollo y el pescado acompañaron la suba general, que fue menor al encarecimiento de la carne bovina.

Los frijoles, en cambio, no tuvieron tal incremento de precios e, incluso, están más baratos que un año atrás en algunos países.

“Hemos disminuido fuertemente el consumo de legumbres, de frijoles, garbanzos, lentejas, cuando son productos accesibles que aportan buenas cantidades de proteínas”, dice Berdegué.

Entre los carbohidratos están el arroz, el pan, el maíz, la pasta, el plátano y los tubérculos -papa, yuca, batata, entre otros-.

El arroz y los tubérculos se encarecieron menos que el trigo y el maíz, por lo que optar por los primeros contribuirá a abaratar el menú.

Huevos y tortillas de harina de trigo.

Getty Images

“Algo que se puede hacer es mezclar en un mismo plato cereales -arroz, pasta- con legumbres. Los dos se complementan y ayudan a formar una proteína muy similar a la de la carne”, explica José Balbanian, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República en Uruguay.

Con esa combinación el organismo obtiene los aminoácidos esenciales.

“El sustituto a nivel nutricional es fácil de conseguir. El problema es cómo cambiar la cultura de las personas. ¿Cómo le quitas a un mexicano la tortilla o a un venezolano la arepa?”, se pregunta Araujo.

Respecto a los aceites, Araujo sostiene que puede ser cualquiera, salvo el de palma porque es una grasa saturada que no es saludable. Balbanian agrega que es necesario su consumo, aunque no en frituras.

4. Planificar las compras

Cartel de ofertas en la puerta de un supermercado en Buenos Aires.

Getty Images

Hacer un plan de lo que debemos comprar antes de ir al mercado es clave para el ahorro.

Lo primero es saber qué queremos comprar para luego decidir dónde. Ir por frutas y verduras, quesos o carnes a la feria suele ser más económico que en grandes comercios.

Cuando se va a un supermercado, lo ideal según Araujo es recorrer las tres paredes del local -los costados y la trasera- formando una “U” invertida.

En estos pasillos se encuentran comúnmente los productos frescos y de allí debemos seleccionar el 80% de la compra para que sea saludable, afirma la nutricionista.

No se puede ir con hambre al supermercado, porque si estoy corto de dinero y encima voy con hambre veo una promoción de un ultraprocesado que me gusta mucho y caigo en comprarlo”, asegura Balbanian.

Tener claro qué se va a cocinar en los días siguientes ayuda a calcular mejor las cantidades y no comprar de más, algo importante en los alimentos perecederos para no tener que tirarlos luego porque se echaron a perder.

Un consejo de Balbanian es comprar en grandes cantidades, para una misma familia o entre varias personas, para ahorrar.

Una recomendación de Araujo es mirar en los estantes inferiores, donde suelen ubicarse los productos con menor procesado que son más baratos.

5. Buscar de temporada

Mercado de frutas y verduras.

Getty Images

Las frutas y verduras son intercambiables entre sí; lo importante es variar entre ellas.

“Aportan fibra, vitaminas y minerales que son muy difíciles de encontrar en otros alimentos”, dice Balbanian.

Para achicar el costo de la alimentación, lo que aconsejan los expertos es comprar los productos de temporada o estación, dependiendo del país y su clima.

Intentar comer tomate fuera de temporada hace que sean más caros porque quienes los venden han recurrido a cadenas de frío para conservarlos durante meses o que los produzca en invernaderos, ambos sistemas que encarecen los alimentos.

Por el contrario, en temporada se encuentran los productos en abundancia, a precios bajos, y es cuando están más gustosos y nutritivos.

A veces, hay productos que en el pasillo de congelados se encuentran más baratos que frescos y se puede sacar provecho de esas oportunidades, siempre y cuando los ingredientes que están escritos en la bolsa sean exclusivamente el producto que buscamos, sin agregados, sostiene Araujo.

6. Aplicar técnicas de conservación

Pollería

Getty Images
Si bien el pollo se ha encarecido en la mayoría de los países de América Latina, es todavía más económico que otras carnes y se puede utilizar como sustituto para obtener proteínas.

Una alternativa es comprar cuando está barato y aplicar alguna técnica de conservación.

La más sencilla es poner los alimentos en el congelador. Pueden ser tanto carnes como la mayoría de los vegetales -siempre que no quieras comerlos crudos luego- y frutas.

Con los vegetales, la recomendación es que cuando se vayan a consumir se provoque un choque térmico, del frío al calor intenso, para que no pierda textura y sepa peor.

También se pueden cocinar mayores cantidades que las que vayas a comer de inmediato y guardar porciones en el congelador para más adelante, o cocinar ingredientes sueltos y congelarlos para utilizarlos más adelante en preparaciones.

“Eso mantiene más del 90% de sus nutrientes”, afirma Araujo y agrega que ella hace eso en su casa.

Para no recurrir al frío siempre y dejar atiborrado el congelador, otra opción es la conserva.

Hay diferentes técnicas, pero la más sencilla es envasar al vacío. “Se hacía mucho en la Segunda Guerra Mundial con los vegetales”, cuenta Araujo.

7. Optar por segundas marcas o marcas blancas, pero antes leer

Persona comprando pasta en el supermercado.

Getty Images
Las marcas blancas no son necesariamente de peor calidad que las primeras marcas.

Por efecto del marketing, muchas veces creemos que un producto de la marca más destacada -también llamada primera marca- es mejor que las otras. Esto no necesariamente es así.

“Es importante leer la lista de ingredientes, más que el cuadro nutricional, e identificar azúcares y grasas de mala calidad”, afirma Balbanian.

Araujo dice que en ocasiones las segundas marcas o incluso las marcas blancas -aquellas genéricas de la cadena de supermercados- son más saludables porque, para abaratar, no utilizan determinadas grasas o azúcares que las primeras marcas sí usan para darle otro sabor al producto.

En otras, no son mejores pero tampoco peores. “Mi recomendación es leer las etiquetas y comparar. Casi siempre son bastante parecidas y hay un ahorro importante”, dice Araujo.


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