Trata de personas: en pandemia enganchan con ofertas de trabajo
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Tratantes de personas refinan técnicas: en pandemia enganchan más con ofertas de trabajo

De acuerdo con el Informe de Trata de Personas en México del primer semestre del 2021, hubo un cambio sustancial en las formas de enganche que previamente se tenían registradas.
Cuartoscuro
31 de julio, 2021
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Olga y Oswaldo —a quienes así identificaremos para proteger su identidad— solo buscaban encontrar un empleo para poder llevar recursos a su casa, sin embargo, sus empleadores, en el caso de Oswaldo, y la pareja sentimental de Olga se aprovecharon de su necesidad y vulnerabilidad por lo que por meses fueron víctimas de trata de personas.

Oswaldo por días planeó escapar de la maquila de ropa donde trabajaba y era explotado laboralmente. Una tarde, a la hora de la comida encontró la oportunidad y huyó por una puerta trasera.

Tres meses antes se enteró de una oferta de trabajo en la que ofrecían un pago de 3 mil pesos semanales, tendría seguro social, prestaciones conforme a la ley y un lugar dónde vivir, pues el trabajo era en Tijuana y él vivía en Puebla. Ante la urgencia de trabajar y llevar dinero a su casa, la oferta le resultó tan atractiva que no dudó en presentarse a la convocatoria en compañía de otras 15 personas, incluidos su hermana de 17 años y su hermano de 24 años. Bastó llegar al lugar donde trabajarían para darse cuenta de la realidad.

Leer más | En México, tratantes de personas usan páginas web y anuncios de trabajo para enganchar a sus víctimas

El pago era apenas de entre 800 o 900 pesos semanales, mismos a los que les descontaban los alimentos, la renta del lugar donde dormían y el transporte que los trasladó hasta Tijuana. 

Su jornada laboral era de lunes a domingo de las 07:00 a las 00:00 horas. Todos los días un camión los recogía para llevarlos a la maquila y al término de la jornada los regresaba al lugar en donde prácticamente estaban prisioneros.

Oswaldo describe el lugar en el que vivió como una construcción de tres pisos en la que decenas de personas —hombres, mujeres, niños y jóvenes— dormían en el piso. Quienes pagaron pudieron comprar una colchoneta para dormir un poco más cómodos. Ni en el taller ni en la casa tenían permitido salir.

Cansado de la explotación que vivía planeó, con sus hermanos, huir del lugar y regresar a su lugar de origen. Ahorraron los pocos pesos que les quedaban y cuando estimaron que era suficiente para volver, huyeron.

Aunque Oswaldo volvió a su casa no hay día que no sienta temor de que algo le pueda pasar a él o a su familia ya que, refiere, la persona que los contrató se quedó con todos sus papeles… “sabe dónde vivimos”, afirma.

De acuerdo con su testimonio, en la maquila donde fue explotado laboralmente había alrededor de 600 trabajadores, la mitad de ellos, subraya, dormían en el mismo lugar donde él y sus hermanos estaban. El menor de los trabajadores que pudo identificar tenía 15 años.

También en el norte del país Olga trabajaba en una plaza comercial. Tenía 17 años.

A principios de 2020, un amigo le preguntó si le gustaría “experimentar algo nuevo” con un hombre mayor, por lo que le presentó a un sujeto de 44 años a quien identificaremos como Juan. Ambos comenzaron una relación. 

Un día cualquiera ella tuvo una discusión con su madre —con quien vivía— y al contárselo a su pareja él le propuso que dejara su casa y se fuera a vivir con él, así ya no tendría problemas.

Todo parecía marchar “bien”, sin embargo, los efectos de la pandemia de COVID comenzaron a hacerse presentes y a mediados del 2020 Olga perdió su empleo. 

Para hacer frente a los gastos que tenían en casa Juan le preguntó si quería ser escort. Aunque ella no sabía qué era eso aceptó pues él la presionaba para tener dinero que aportar a la casa. Juan le tomó una serie de fotografías y las publicó en una página de contenido sexual.

A través de Whatsapp, él coordinaba las citas en distintos hoteles a los que llevaba a Olga y esperaba a su salida. Juan solicitaba el pago de mil pesos por cada encuentro sexual que tuviera la joven y aunque ella era quien en un primer momento recibía el dinero, este tenía que entregarlo íntegro al hombre que le decía que con esos recursos pagaba la comida y otros gastos de la casa.

Esta situación continuó hasta finales de 2020, cuando Olga descubrió que Juan sostenía una relación con una menor de 16 años y que con ella, y la familia de él, es con quienes se gastaba el dinero que le entregaba. En febrero de 2021 dejó de vivir con él y denunció los hechos por lo cual se abrió una carpeta de investigación.

Refinan técnicas

La trata de personas no es una situación que suceda solo en determinadas partes de México, sino que se trata de problema global en el que el país es un eslabón de la cadena. Basta subrayar que un intercambio de información entre autoridades mexicanas y estadounidenses reveló que el 80% de las víctimas de trata de personas que son identificadas en Estados Unidos pasaron por México o nacieron en México, según informó el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.

En los últimos tres años, la línea nacional (800 5533 000) que tiene el Consejo Ciudadano para recibir y atender casos de trata se ha fortalecido y ha permitido contar con datos que permiten tener un registro detallado de dónde se están presentando los casos y quiénes son las víctimas de trata.

De acuerdo con el Informe de Trata de Personas en México del primer semestre del 2021, entre enero y junio se presentó un cambio sustancial en las formas de enganche que previamente se tenían registradas. El enamoramiento —que hasta antes de la pandemia ocupaba el primer sitio— quedó por debajo de las ofertas engañosas de empleo, y el aprovechamiento de una situación de vulnerabilidad de las víctimas apareció por primera vez en los reportes. 

“Está claro que los organismos delictivos, independientemente de su grado de peligrosidad, convirtieron la imposibilidad de operar de la misma manera durante la pandemia en una oportunidad de depredación ofreciendo falsas promesas de empleo que se caracterizan por elementos como: un salario claramente desproporcionado con respecto a los que están vigentes en el mercado, no requisitos formales de preparación ni de trayectoria ni de habilidades específicas, el traslado a otra ciudad, pero sobre todo el traslado a otro ambiente en donde se explota la expectativa y la esperanza para que se manipule a la persona tanto en la voluntad como en el cuerpo”, explicó Salvador Guerrero Chiprés, presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia capitalina.

Hay que subrayar que la tipificación de la trata de personas establece 11 modalidades, pero no todas son reportadas. Mientras que en el 2020 la explotación sexual representó el 61% de los casos, este año cayó casi 15 puntos porcentuales, mientras que los de carácter laboral subieron 19 puntos. 

“Hay que reconocerse como vulnerable cuando uno cree que una oferta laboral que no tiene sentido, que no tiene realismo puede ocurrir solamente porque tenemos la esperanza, hay que estar listo cuando un cree que una oferta amorosa, sexual, de algún tipo nos va a sacar —sobre todo si somos menores de edad— de esa situación de precarización que vivimos”, subrayó el funcionario.

Según el informe, los reportes de trata que recibió el Consejo Ciudadano en el primer semestre de 2021 registran una disminución del 13% con respecto al mismo periodo de 2020 al pasar de mil 018 a 887.

Prostitución u otras formas de explotación sexual, explotación laboral, trabajo o servicios forzados y mendicidad forzosa son los tipos de explotación mayormente reportados. 

Aunque es un proceso difícil, en el primer semestre de 2021 los reportes recibidos por el Consejo Ciudadano permitieron abrir 284 carpetas de investigación por este delito, el 7% del total que fueron presentadas a nivel nacional. 

“La idea es que todos los reportes se convirtieran en carpetas de investigación, lo cual no es fácil (…) buscamos generar un espacio para que todo mundo sepa como testigo o como víctima que puede denunciar o acudir a un Consejo Ciudadano -que es parte de un eslabón de una cadena de auxilio- para que alguien pueda salvar su vida de la esclavitud porque la trata de personas es una forma de esclavitud”, agregó el funcionario.

En entrevista con Animal Político, Guerrero Chiprés explicó que llegar a la denuncia y la apertura de carpeta de investigación es un camino complejo por dos principales hechos: lo difícil que resulta para las víctimas el aceptar que lo son, y por otra parte, la complejidad del tipo penal de la trata de personas pues se llega a calificar como secuestro, privación ilegal de la libertad o prostitución, por ejemplo. 

“La vergüenza de haber sido víctima inhibe la apertura de la carpeta (de investigación), no es fácil que una mujer que tenía 14 años, que la engañaron con el enamoramiento y ahora tiene 22 (años) y probablemente tiene 1 o 2 hijos del tratante… no es fácil que esa persona vaya y abra una carpeta”, señaló Guerrero Chiprés. 

Sobre la edad de las víctimas de trata el 41.1% son menores de edad, el 28.4% son personas de entre 18 y 30 años, el 9.5% personas de entre 31 y 50 años y el 6.3% son adultos mayores. 

También aumenta explotación sexual 

En el marco del Día Mundial contra la Trata de Personas —que se conmemora el 30 de julio— la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez A.C. informó que durante la pandemia registraron el incremento en un 30% de la trata de personas con fines sexuales en el país, esto entre marzo de 2020 a la fecha.

A través de un comunicado la Brigada Callejera informó que ha documentado que la mayoría de las víctimas de este delito son provenientes de los estados de Chiapas, Oaxaca, Veracruz, Puebla, Tlaxcala y Tabasco. En su gran mayoría son enganchadas con promesas laborales.

“La organización ha identificado a la Ciudad de México y Tapachula (Chiapas) como los destinos donde más víctimas de trata sexual existe. En la entidad fronteriza las mujeres centroamericanas son el blanco del delito. En lo que va del 2021 Brigada Callejera ha acompañado a 30 personas para abrir carpetas de investigación por el delito de trata en Tapachula, la mayoría de víctimas son originarias de Honduras. En la Ciudad de México, en el mismo periodo, se han abierto 15 carpetas”, informaron.

Entre los casos documentados y a los que han dado seguimiento se encuentra el de una joven de 23 años originaria de Catemaco, Veracruz quien era explotada sexualmente en la zona de La Merced.

Dado que la joven no sabía ni leer ni escribir, la persona que la explotaba le escribía con un plumón en el brazo la leyenda “270 cobro”.

La víctima, que tenía discapacidad psicosocial, fue traída a la Ciudad de México con la promesa de casarse con su quien se convirtió en su tratante, pero desde Puebla la obligó a dar servicios sexuales. Pasados los meses la joven intentó atentar contra su vida pero los captores lo impidieron. En Veracruz sus padres la buscaban y ya sumaba seis meses que la habían reportado como desaparecida.

En este caso en particular Brigada Callejera denunció “negligencia (…) debido a que las autoridades de la Fiscalía Central de Investigación para la Atención del Delito de Trata de Personas señalaron no poder avanzar en el caso debido a que la víctima padecía de sus facultades mentales. La joven regresó a su hogar sin que a la fecha se encarcele a los responsables de la esclavitud sexual que vivió”.

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La historia detrás de la icónica imagen del hombre cayendo de una de las Torres Gemelas

El fotógrafo Richard Drew, de Associated Press, corrió al World Trade Center la mañana del 11 de septiembre de 2001 y registró la imagen histórica de un hombre saltando hacia su muerte. La identidad del hombre sigue siendo un misterio.
11 de septiembre, 2021
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Por motivos editoriales y por la sensibilidad de la imagen, BBC no muestra la fotografía del hombre que salta al vacío.


Muerte o muerte. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de personas se enfentaron a esta falsa alternativa. Con fuego y humo dentro de los edificios del World Trade Center de Nueva York, las víctimas en los pisos superiores comenzaron a saltar, perdiendo la vida al caer hasta desde 417 metros de altura.

La escena de personas que saltan de los edificios atacados por dos aviones es uno de los aspectos más oscuros y sensibles de la tragedia, de la que se cumplen 20 años este sábado.

La imagen de una de estas personas, un hombre que cae casi en picado, boca abajo y su cuerpo paralelo a las líneas de las Torres Gemelas, se volvió icónica.

El día después de la tragedia, varios periódicos publicaron la foto tomada por Richard Drew, fotógrafo de Associated Press. Han pasado los años y la imagen es para muchos demasiado dolorosa de contemplar. Otros vieron en ella la terrible estética de ese salto a la muerte.

Esta es la historia de la icónica foto de “The Falling Man” (“El Hombre Que Cae”).

“Era un día cualquiera en Nueva York”, comienza Richard Drew, ahora de 74 años.

Fotógrafo desde los 19 años, el experimentado Drew, entonces de 54 años, acababa de cubrir el torneo de tenis del US Open en Queens, Nueva York. Ese martes 11 de septiembre cubriría la Semana de la Moda de Nueva York, más específicamente, el primer desfile de maternidad con modelos embarazadas reales. Drew vio el desfile en Bryant Park, justo en el centro de Manhattan, junto a un camarógrafo de la cadena de televisión CNN.

Humo saliendo de una de las torres

Getty Images

Mientras hablaban, el camarógrafo de CNN dijo: “Hubo una explosión en el World Trade Center. Un avión chocó contra el World Trade Center”.

Al instante sonó el teléfono celular de Drew. Era su editor, quien le ordenó que corriera a la escena. Drew agarró su cámara y corrió a Times Square. Desde allí, tomó el metro hacia las Torres Gemelas.

Cuando salió de las escaleras del metro, vio una imagen inolvidable: las dos torres en llamas. Comenzó a fotografiar a personas conmocionadas por el caos que las rodeaba, el FBI ya en las calles aislando el área.

“Entonces me di cuenta de que el humo soplaba de oeste a este y di la vuelta para evitarlo. Me quedé junto a las ambulancias, entre un socorrista y un policía”, dice a BBC Brasil.


El socorrista fue el primero en darse cuenta. Señalando hacia arriba, gritó: “¡Dios mío, la gente se está tirando del edificio!”, recuerda Drew.

El fotógrafo apuntó con su cámara. “Tomé tantas fotos como pude de personas que se caían del edificio”, dice.

“No sé si saltaron por elección o si se vieron obligados a saltar por el fuego o el humo. No sé por qué hicieron lo que hicieron. Sólo sé que tuve que grabarlo”, cuenta.

Humo saliendo de las Torres Gemelas tras los ataques del 11 de septiembre

Getty Images

El Servicio Forense de la Ciudad de Nueva York declaró más tarde que las personas que saltaban de los edificios no podían ser llamadas “suicidas” porque eran expulsadas del edificio por el humo, el fuego o las explosiones.

La causa de muerte de todos los que perdieron la vida en la caída de las Torres Gemelas, atacadas ese día por al Qaeda, fue catalogada como “asesinato” en los certificados de defunción.

En un informe de 2002, el diario USA Today calculó a través de fotos, videos y entrevistas que 200 personas murieron de esta manera en la tragedia del 11 de septiembre. A partir de las fotos, The New York Times estimó que fueron 50 personas.

Según los relatos de los sobrevivientes, el hecho de que la gente saltara desde el edificio de al lado pudo haber salvado la vida de cientos de personas que, al verlos, se apresuraron a evacuar su lugar de trabajo.

“No fui frío”

Mientras fotografiaba, Drew experimentó algo siniestro: escuchó el ruido de cuerpos golpeando el suelo. “Algunos dicen que fui frío. No es eso. Soy un periodista capacitado. Te sumerges en el momento y simplemente fotografías lo que está sucediendo, en piloto automático”, dice.

Gente alrededor de las Torre Gemelas luego del ataque

Getty Images

“Cuando alguien comenzaba a caer, apuntaba con mi visor. Como trabajaba con una cámara digital, cuando mantenía mi dedo en el botón de la cámara, tomaba varias fotografías. Y, así seguía a la gente que se estaba cayendo del edificio “. A las 9:41, registró para siempre los últimos momentos del “hombre que cae”.

Cuando Drew regresó a la sala de redacción y fue a revisar sus fotos, supo instantáneamente que esta era la más fuerte de todas. “Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría allí. Pero solo estuvo así por un momento. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición”, dice.

Foto “silenciosa”

“A mucha gente no le gusta ver esta foto. Creo que la gente se identifica con ella y tiene miedo de tener que enfrentarse a la misma decisión que ese hombre algún día”, dice Drew.

Para él, la imagen es representativa de lo que sucedió ese día: “Es una de las pocas que muestra a alguien muriendo en el ataque más grave que hemos sufrido en Estados Unidos”, dice. A pesar de ser una foto sobre la muerte, reconoce Drew, es una foto “silenciosa”. “No es como otras fotos violentas de muertes que ocurren en guerras”.

Torres Gemelas

Getty
Hace 20 años, el ataque en Nueva York se cobró la vida de casi 3.000 personas.

Esa noche, Drew regresó a casa con un colega. Se sentaron y hablaron de todo menos de lo que habían visto ese día. Su esposa, dice Drew, se levantó al amanecer con ganas de pasar la aspiradora por toda la casa. “El estrés postraumático viene después”, reconoce. “Hablar de lo que sucedió ayuda. Ese fue un momento en mi historia, al igual que fue un momento en la Historia”.

Otro momento en la Historia y su historia: cuando tenía 21 años y vivía en Los Ángeles, en 1968, Drew fue uno de los cuatro fotógrafos presentes en otro momento histórico: la muerte del senador Bobby Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy.

“Estaba en el escenario detrás de él para fotografiarlo cuando hablaba. Me dio sed y fui a buscar agua”, dice Drew. “Salió y lo seguí. Cuando lo atacaron, me subí a una mesa junto a él y lo fotografié en el suelo”.

“Solo estaba haciendo mi trabajo, al igual que solo estaba haciendo mi trabajo años después, el 11 de septiembre”, señala.

¿Quién era el hombre que cae?

Drew dice que ha reflexionado sobre quién era el hombre al que registró saltando desde una de las Torres Gemelas, pero nunca de manera “muy profunda”.

“Fue una de las casi 3.000 personas que murieron ese día. No sé su nombre, ni la decisión que tuvo que tomar. Sé que se lanzó de un edificio y yo estaba allí para capturar ese momento”, cuenta.

Pero el misterio que rodea su identidad ha preocupado a otros.

Uno de ellos, el periodista estadounidense Tom Junod. Dos años después del 11 de septiembre, Junod escribió un artículo de portada para la revista “Esquire” en el que acuñó el nombre deEl hombre que cae” para el protagonista de la foto y trató de identificarlo.

Junod dio con dos nombres. Uno, Norberto Hernández, chef del restaurante Windows on the World, que estaba ubicado en el piso 106 de la Torre Norte. Pero la familia de Hernández dijo que no podía ser él por la ropa que llevaba.

El segundo hombre era Jonathan Briley, un ingeniero de sonido de 43 años que también trabajaba en el restaurante. Los hermanos de Briley dijeron que pensaban que, por la ropa y el cuerpo del hombre, podría ser el de la foto.

Es posible que sea él, pero no hay forma de estar seguro.

En 2006, el director estadounidense Henry Singer realizó un documental basado en los informes de Junod y utilizando otras imágenes capturadas ese día.

Avión en Kabul

La elección entre la muerte y la muerte parece haber sido también lo que sucedió hace tres semanas en Afganistán, cuando, desesperados por abandonar el país, unos hombres se colgaron del fuselaje de un avión estadounidense.

Las dos imágenes son como dos finales terribles de esta historia que se unieron 20 años después.

Casi un mes después de los ataques a las Torres Gemelas, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la guerra contra Afganistán. Estados Unidos sacaría del poder a los talibanes, que daban cobijo a al Qaeda, los perpetradores de los ataques, en el territorio que controlaban.

Afganos esperando para salir del aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021.

AFP
Cientos de afganos corrieron al aeropuerto de Kabul y se aferraron a un avión con la esperanza de salir del país.

Después de 20 años, cuando el presidente Joe Biden llevó a Estados Unidos a poner fin a la guerra al retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán, los talibanes regresaron al poder.

Fue la desesperación de permanecer en un país nuevamente controlado por los talibanes lo que hizo que los afganos se aferraran a las alas y al fuselaje de un avión.

El avión despega y los cuerpos caen en picado hacia la nada, tal como lo hicieron el 11 de septiembre. Un joven futbolista de 19 años, Zaki Anwari, murió tratando de escapar de esta manera.

El fotógrafo de “El hombre que cae” se negó a comentar sobre Afganistán o la política actual. Hoy, Drew fotografía la emoción de los “corredores” de la Bolsa de Valores de Nueva York, justo al lado de donde alguna vez estuvieron las Torres Gemelas y donde ahora hay un monumento a las víctimas del 11 de septiembre.


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