Casos de COVID en menores de edad crecen 7 veces de mayo a julio
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Casos de COVID en menores de edad crecen 7 veces de mayo a julio; en un mes 634 ingresaron a hospital

Las niñas, niños y adolescentes han resultado más afectados en esta tercera ola de la epidemia en México que en el pico de la segunda, en enero.
Cuartoscuro
Por Andrea Vega y Rigoberto Carvajal / CLIP
27 de agosto, 2021
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Los casos de COVID-19 en niñas, niños y adolescentes estaban en mayo en su número más bajo de todo 2021, en ese mes se reportaron 3 mil 572 casos nuevos confirmados, pero entonces llegó la tercera ola de la epidemia, que ha afectado más a quienes no tienen vacuna, y los contagios entre los menores de 18 años crecieron alrededor de 7 veces, hasta contabilizar 26 mil 475 solo en julio.

Da acuerdo con un análisis de la base de datos COVID de la Secretaría de Salud, realizado por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) para esta nota, y en el que se consideraron los casos confirmados, ya sea por prueba, por asociación clínica epidemiológica o por Comité de Dictaminación, el grupo de edad de 0 a 5 años pasó de tener en mayo 466 casos nuevos confirmados a 3 mil 840 en julio, y el de 6 a 11 años, de 893 a 7 mil 017; mientras que en el grupo de 12 a 17 años, la cifra subió de 2 mil 213 en mayo a 15 mil 618 en julio.

Leer más | Pandemia sí afecta a menores de edad, es falso lo que dice la infografía del gobierno

Malaquías López, epidemiólogo y profesor de Salud Pública en la Facultad de Medicina de la UNAM, dice que esta tercera ola de COVID-19 en México es la ola de los de menor edad y los no vacunados, a quienes ha encontrado sin protección y desprevenidos una variante más contagiosa, la delta.

Aunque esto no quiere decir que esta tenga predilección por los más jóvenes o que algo los haga más susceptibles a ella, en eso coinciden los especialistas, “en el caso de los niños lo que pasa es que los padres han relajado las medidas, han tenido una mayor exposición y están sin vacuna”, dice Roxana Trejo, gerente de Epidemiología del Centro Médico ABC.

El aumento de casos en los niños es más grande que en el grupo de 18 a 29 años, señalado como uno de los más afectados por la tercera ola de la epidemia en México, y en el que los casos nuevos confirmados en mayo fueron 15 mil 608, mientras que en julio subieron a 100 mil 538 (un incremento de alrededor de 6.5 veces).

Los menores de 18 años  han resultado incluso más afectados en esta tercera ola que en el pico de la segunda, en enero, cuando se registraron 15 mil 647 casos nuevos confirmados en niños, niñas y adolescentes de 0 a 17 años.

Los niños también acaban en el hospital 

Las hospitalizaciones en menores de 18 años también han crecido de mayo a julio, aunque en menor proporción que los casos y sin gran diferencia con respecto a las del pico de la ola pasada en enero, pese a que esta vez los contagios son más.

Del grupo de 0 a 5 años, en mayo ingresaron a hospital 49 niños y niñas, para julio la cifra subió a 272; en el grupo de 6 a 11, los hospitalizados en mayo fueron 28, mientras que en julio sumaron 132, entre los adolescentes de 12 a 17 años, las hospitalizaciones pasaron de 42 a 230. 

 

Afuera del Hospital Pediátrico de La Villa esos números se vuelven madres y padres que esperan por sus hijos. El hijo de Noemí tiene 6 años, a mediados de agosto empezó a sentir mucha fatiga y dolor de cabeza. El niño tiene migraña, le dan los dolores más o menos cada cuatro meses. Su pediatra pensó que era eso. 

Pero después el esposo de Noemí empezó con síntomas de gripa, y también su otro hijo de 11 años. Fueron los cuatro a hacerse la prueba a un quiosco del gobierno de la Ciudad de México. El esposo y el niño mayor dieron positivo. Noemí y su hijo pequeño resultaron negativos. 

En la noche de ese día, el pequeño empezó con fiebre. “Estaba respirando raro, le medimos la saturación y estaba en 67. Nos fuimos al INP. Ahí le hicieron la prueba y salió positiva. Nos dijeron que lo iban a estabilizar, pero que tendrían que trasladarlo porque ese no era hospital COVID”. 

Noemí cuenta que su hijo salió al día siguiente en una ambulancia hacia el Hospital Pediátrico La Villa. Se fue acompañado por un médico que hizo la entrega formal. “Lo han atendido muy bien. El diagnóstico fue neumonía. Estuvo con mascarilla pero sin intubación. Ya hoy se va de alta”, dice Noemí, con una gran sonrisa de alivio. 

De la base datos COVID de la Secretaría de Salud llama la atención que hay un porcentaje alto de niños que tuvieron que ser hospitalizados sin tener, al menos identificados, un factor de riesgo previo o sin comorbilidad (cuando se padecen dos o más trastornos o enfermedades).

 

Este es el caso de Jorge, el hijo de 15 años de María, ingresó el lunes 16 de agosto al Instituto Nacional de Pediatría (INP) con un fuerte dolor en el abdomen. Todo indicaba que padecía apendicitis pero los médicos sospecharon que COVID-19 era la causa de la inflamación en el apéndice. Le hicieron la prueba y salió positiva.

María cuenta que una semana antes había presentado síntomas como de gripa: fue solo un día y después desaparecieron. Pero después llegó el dolor. Ya con el diagnóstico positivo de COVID-19 lo trasladaron a un hospital enfocado en atender los casos de coronavirus, el Hospital Pediátrico La Villa. 

Su madre dice que no sabe dónde se contagió el adolescente. En la familia son cuatro, incluidos ella y otros dos hijos, uno de 24 y otro de 9 años. Solo Jorge dio positivo en las pruebas de COVID. Su ingreso al hospital fue una sorpresa, no tiene ningún factor de riesgo previo como para sospechar que su caso podría complicarse.  

También es el caso de la hija de Carmen, una adolescente de 14 años que tuvo que ser hospitalizada en el Pediátrico La Villa, con neumonía complicada por coronavirus. 

“Mi hija no tiene ninguna enfermedad previa, es una niña sana. El 2 de agosto empezó con síntomas: tos, gripa, dolor en el estómago, así estuvo una semana, a la  siguiente ya el cuadro se le complicó, bajó su saturación de oxígeno a 77 y nos fuimos al INP. Le hicieron la prueba y salió positiva. De ahí la trasladaron acá porque allá no es hospital COVID. Estuvo bastante delicada, incluso con mascarilla su saturación subía solo a 85, me dijeron que la iban a intubar, pero, afortunadamente, empezó a mejorar. Ha estado ocho días en el hospital, pero ya se va de alta”. 

 

Que un niño sin factor de riesgo previo se agrave parece contradecir lo dicho por las autoridades sanitarias del país y del mundo respecto a que los niños que llegan a hospital tienen enfermedades previas que complican los casos, sin embargo los especialistas explican que los números y estos casos no quieren decir que los niños sanos sean los que más presentan un cuadro grave de coronavirus. 

El universo de niños sanos en el país es mucho más grande que el de niños con comorbilidad o con algún padecimiento previo, por eso, explica Sarbelio Moreno, pediatra infectólogo y maestro en Ciencias Médicas, si en un hospital ingresan por COVID 45% de niños con comorbilidades y 55% sin, esto no quiere decir que estén más afectados los niños sanos. 

A eso hay que agregarle que en el caso de los niños más pequeños la edad también es un factor de riesgo. En un estudio sobre factores asociados a muerte en niños con COVID-19 en México, en el que participó el doctor Sarbelio Moreno, se identificó que la edad menor a cuatro años es una condición de riesgo, lo mismo que los problemas cardiovasculares y la inmunosupresión.  

También lo que sucede, dice, es que puede ser que los menores tengan algún factor de riesgo, pero no se ha identificado. O sucede también, explica el epidemiólogo Malaquías López, que el sistema inmune está programado de tal forma que no responde adecuadamente a la infección o tiene una respuesta exagerada y provoca inflamación, como lo que pasa en el caso del Síndrome Inflamatorio Multisistémico Pediátrico (MIS-C) relacionado a COVID, en el que se inflaman gravemente algunos órganos y tejidos. 

Rodolfo Jiménez, pediatra infectólogo del Hospital Infantil Privado, explica que además en los niños las indicaciones para hospitalizarlos son diferentes a las de los adultos. Está la indicación por neumonía y por necesidad de oxígeno, pero también por deshidratación (cuando presentan cuadros de diarrea o vómito), y en los menores de 36 meses también está la de fiebre de 39 grados, entre otras. 

Inclusive, señala Jiménez, está la causa social, que se presenta, sobre todo, en los hospitales públicos: “si llega un niño a las 3 de la mañana y va a tardar 3 horas en regresar a su casa, vale la pena que mejor pase la noche en urgencias y en observación”.

Con fiebre alta ingresó al Pediátrico La Villa el bebé de 15 días de nacido de Rodolfo. Su esposa dio positivo a COVID antes del parto y aunque no hubo mayores complicaciones en el nacimiento, el bebé se contagió y empezó con síntomas. “Ha estado una semana, pero va muy bien. En uno o dos días nos lo podremos llevar a casa”, dice el padre. 

El mayor predictor para que un niño tenga COVID, no solo en el caso de los bebés sino en todas las edades, es la familia, explica Jiménez. “Y pudiera parecer que los más afectados son los menores de cinco años, pero es que a ellos se les testea más, si un niño de esa edad tiene síntomas, lo llevan al doctor y le hacen la prueba, con uno de 7 años o mayor, si presenta una gripilla a la mejor lo mantienen en casa, y en los adolescentes sí hay más casos, porque se exponen más, pero no hay nada biológico que condicione más a una edad que a la otra para tener esta enfermedad”. 

Muertes a la baja

Las muertes en menores de 18 años por COVID-19 tienen un porcentaje muy bajo con respecto al números de casos. De enero a julio de 2021 se han reportado 73 mil 773 casos confirmados en niños, niñas y adolescentes de 0 a 17 años, de los que han fallecido 185, el 0.25%. 

Y aunque los casos confirmados de COVID por mes en julio son más que los del pico de la segunda ola, de enero, los fallecimientos son menos. Del grupo de 0 a 5 años murieron en enero 15 niños, en julio también fallecieron 15. En el grupo de 6 a 11 años hubo 11 decesos el primer mes del año y 7 el mes pasado. En los adolescentes, en enero se registraron 20 muertes y en julio, 13.  

Esto se debe, explica Sarbelio Moreno, a que, por ejemplo, en la Ciudad de México ya en todas las alcaldías hay pruebas, se puede saber si un niño tiene COVID o no, las personas están más sensibilizadas para estar alertas antes los signos de alarma, no se están usando ya tantos medicamentos que no tiene utilidad y en los hospitales hay una buena preparación para atender a los pacientes. 

 

Sobre los niños que fallecen y no tenían una enfermedad previa identificada, los especialistas explican que se debe hacer la misma consideración, quizá no se les había identificado alguna condición de riesgo, pero sí la tenían; la edad en los menores de 4 años también es un factor de riesgo y hay casos en los que el sistema inmune no reacciona de la forma adecuada para controlar la infección o sobre reacciona, como cuando se presenta el Síndrome Inflamatorio Múltisistémico Pediátrico (MIS-C). 

La recomendación de los especialistas en todos los casos es justo esa, acudir al médico si se presenta síntomas de COVID e ir de inmediato al hospital ante signos de alarma como fiebre alta, dificultad para respirar o dolor abdominal.  

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Covid: el drama de los miles niños huérfanos por coronavirus en Perú

Un estudio publicado en la revista médica "The Lancet" estima que 1.134.000 niños experimentaron la muerte de sus cuidadores principales en todo el mundo. Perú ha sido uno de los más afectados
3 de enero, 2022
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Los hijos de Katherine, como muchos otros, tienen dificultades para hablar de su difunta madre.

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Según la revista The Lancet, desde el 1 de marzo de 2020 hasta el 30 de abril de 2021, un estimado de 1.134.000 niños experimentaron la muerte de sus cuidadores principales en todo el mundo, incluido al menos uno de los padres o abuelos con custodia.

En una casita a las afueras de Lima, Gabriela Zarate vive con su esposo y ocho hijos. Cuatro son suyos. Y los otros cuatro, dos niñas de 7 y 15 años y dos niños de 9 y 12 años, son hijos de su hermana menor Katherine.

Es difícil meterlos a todos. Los dos niños duermen de a dos en una litera, y las niñas comparten habitación en la parte trasera de la casa. “Siempre ha sido una lucha poner comida en la mesa para mi familia”, dice Gabriela. “Y con cuatro hijos más es aún más difícil”.

En junio de 2020, cuando Perú ya estaba luchando por contener la Covid-19, Katherine se infectó. Los hospitales estaban abarrotados, los suministros se habían agotado y los familiares vieron morir a sus seres queridos, incapaces de ayudar.

Cuando los médicos rechazaron a Katherine, Gabriela no tuvo otra opción que llevarla a casa. Katherine estaba tendida sobre un colchón. Luchaba por respirar, pero su familia no tenía suficiente dinero como para darle oxígeno. Todos vieron a Katherine debilitarse cada vez más.

Una semana después, murió.

Una de las últimas cosas que hizo Katherine fue pedirle a Gabriela que cuidara a sus hijos. Su padre sufre problemas de salud y adicción y no siempre está presente. Katherine no quería que terminaran en un hogar de niños, por lo que Gabriela accedió a cuidarlos.

No ha sido fácil. Cuando el Gobierno impuso una estricta orden de quedarse en casa durante las peores olas de la pandemia, se quedaron preguntándose qué harían.

“Solía conducir un taxi y vender dulces en las calles”, dice Gabriela. “Pero luego nos dijeron que nos quedáramos en casa y me preocupé. ¿Cómo íbamos a alimentarlos a todos?”.

Gabriela ahora cuida de ocho hijos: cuatro de los suyos y los otros cuatro de su hermana, Katherine.

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Gabriela ahora cuida de ocho hijos: cuatro de los suyos y los otros cuatro de su hermana, Katherine.

Para ganar algo de dinero, su pareja comenzó a entregar comida a las personas durante el toque de queda, lo que era ilegal. Fue entonces cuando él también contrajo covid-19 y ya no pudo trabajar. “Todos teníamos miedo de que muriera, pero al final se recuperó”, dice.

En los peores momentos, cuando ninguno de los dos podía salir a trabajar, Gabriela colgó una bandera blanca fuera de su casa para indicar que necesitaba ayuda. Los vecinos comenzaron a traerle sacos de papas y otros alimentos.

Perú ha sido golpeado por Covid-19, con más de 202.500 muertes en una población de menos de 33 millones. Uno de los efectos más trágicos de la pandemia aquí ha sido la cantidad de niños que se han quedado sin una madre, un padre o algún otro cuidador.

Los niños están haciendo clases en línea durante dos días a la semana.

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Los niños están haciendo clases en línea durante dos días a la semana.

En Perú hay al menos 93.000 de ellos, según la revista médica “The Lancet”. Y aunque uno de sus padres aún esté vivo, se les conoce como “huérfanos de covid”.

Muchos enfrentan una lucha diaria por sobrevivir. Financiera y emocionalmente.

Los hijos de Katherine, como muchos otros, tienen dificultades para hablar de su madre. Su hija de 15 años la vio morir y Gabriela dice que está traumatizada. Ella no habla de lo que pasó con nadie.

Los hijos la recuerdan con nostalgia. “Extraño a mi madre”, dice el hijo de nueve años de Katherine. “Solía llevarnos a la calle a jugar con nosotros”.

A pesar de extrañar a su madre, los niños dicen que les gusta vivir con su tía.

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A pesar de extrañar a su madre, los niños dicen que les gusta vivir con su tía.

Ayudar a los niños como ellos es un tema que están tratando de abordar profesionales como Andrea Ramos. Es trabajadora social del ayuntamiento de dos zonas pobres de Lima. Su escritorio está repleto de papeleo y confía en que los lugareños se pongan en contacto con ella a través de WhatsApp para indicar quién necesita ayuda.

La pobreza, dice, está empeorando debido al aumento del desempleo en la pandemia. Esto, a su vez, está generando más frustración y violencia en los hogares.

“Tenemos muchos niños con problemas de salud mental que tienen miedo de salir porque han estado encerrados durante las peores olas de la pandemia”, dice.

Hay talleres de ayuda a las familias para que lidien cuando los niños estén en casa todo el día con clases en línea; y cómo resolver peleas y mantener los ánimos bajo control

Los profesionales están preocupados por los efectos a largo plazo de la pandemia en los niños.

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Los profesionales están preocupados por los efectos a largo plazo de la pandemia en los niños.

Para algunas familias, la vida está mejorando lentamente. Gabriela ahora recibe una pensión covid aprobada por el gobierno para cada uno de sus sobrinos y sobrinas. Solo representa alrededor de $50 al mes por niño, pero significa que puede permitirse comprar comida extra para ellos e imprimir páginas para su tarea.

Los niños están viendo clases en línea dos días a la semana. Es difícil encontrar espacio para todos. A pesar de extrañar a su madre, dicen que les gusta vivir con su tía. Es divertido jugar al fútbol en la calle con sus primos, aunque a veces terminan discutiendo.

Aunque profesionales como Andrea están preocupados por los efectos a largo plazo que tendrá la pandemia en los “huérfanos de covid”, los sobrinos y sobrinas de Gabriela son ambiciosos sobre su futuro. La mayor quiere ser abogada, los dos niños policía y la niña pequeña médica.


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