Familias de desaparecidos regresan a Tamaulipas; retiran plantón de FGR
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Familias de desaparecidos regresarán el lunes a La Bartolina, Tamaulipas; colectivo retira plantón de FGR

Familiares de desaparecidos acudirán con apoyo de autoridades a campo de exterminio en La Bartolina, Tamaulipas, tras negativa de la FGR a activistas ocurrida la semana pasada.
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Familiares de desaparecidos estarán el próximo lunes en La Bartolina, Tamaulipas, el campo de exterminio ubicado a escasos kilómetros de la frontera con Estados Unidos. Después de que un grupo de activistas llegase al predio la semana pasada y se encontrase con la prohibición de incursionar por parte de la Fiscalía General de la República (FGR), en esta ocasión acudirán con el apoyo de las autoridades. Por un lado estarán los colectivos 10 de marzo, Buscadoras de Córdoba y Colectivo de Periodistas Desplazados. Por otro, también realizarán diligencias en la zona Madres Unidas por Nuestros Hijos, el colectivo de San Fernando que lleva trabajando el área desde que fue descubierta en 2016. Ambas estarán acompañadas por la FGR, que es quien mantiene asegurado el predio.

“Esperamos encontrar a alguno de nuestros familiares. Eso es lo que queremos, encontrarles para darles cristiana sepultura”, dijo Delia Quiroa, del colectivo 10 de marzo. Quiroa busca a su hermano Roberto, secuestrado en Reynosa, Tamaulipas, en 2014. Tras el intento de acceder a La Bartolina de la semana pasada, el lunes instalaron un plantón a las puertas de la FGR, en la Ciudad de México. Su objetivo era lograr el permiso para supervisar los trabajos que se están desarrollando en la zona y tener la certeza de que el área será asegurada, ya que consideran que no hay suficiente vigilancia. Por último, piden que se procesen todos los restos que han sido encontrados.

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En la mañana del martes, cuando apenas transcurrían 12 horas de la protesta, las activistas mantuvieron una reunión con FGR donde acordaron la visita del lunes. Según Quiroa, este fue el motivo del fin del plantón.

“El día de hoy nos recibió diverso personal de la Fiscalía de Derechos Humanos de la FGR y nos informó que el próximo 23 de agosto iniciará una diligencia extraordinaria e ininterrumpida de procesamiento de restos óseos en La Bartolina. La fiscal Sara Irene Herrerías nos dijo que no eran 500 kilos de restos lo que se había procesado, sino 67, lo cual pone en entredicho lo dicho por la comisionada nacional de búsqueda, Karla Quintana. Exigimos transparencia ante tan lamentable contradicción”, dijo a través de un comunicado la Unión de Colectivos de Madres Buscadoras en Tamaulipas, que agrupa a 14 agrupaciones.

La Bartolina es una zona de 3 kilómetros en la que según aseguró Karla Quintana, comisionada nacional de búsqueda, en los últimos cinco años se habrían encontrado más de media tonelada de restos. Sin embargo, no hay cifras oficiales sobre hallazgos ni tampoco sobre personas identificadas. Hasta ahora en el lugar solo ha realizado búsquedas el colectivo Madres Unidas por Nuestros Hijos. Rosa, integrante de este grupo, señaló que actualmente no se busca sino que lo que se hace es procesar los restos que se encuentran. Y que, para ello, la FGR exige que quienes participen en las labores tengan una carpeta de investigación vinculada al predio.

Tras las desavenencias de la semana pasada, Quiroa acudió ante la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (Seido), que es quien dirige la investigación sobre su hermano. Esta, a su vez, solicitó el permiso a la FGR para poder acudir al predio, lo que fue aceptado. Así que, por primera vez, este grupo podrá estar en La Bartolina con el beneplácito de las autoridades.

En la jornada también estarán presentes las integrantes de Madres Unidas por Nuestros Hijos. Rosa, que busca a su hija Dulce Yamellí González desde mayo de 2012, explicó que el predio se abrirá progresivamente a colectivos de búsqueda que soliciten estar presentes a través de la FGR.

Animal Político quiso conocer la opinión de FGR pero al cierre de la edición no había recibido respuesta.

La Bartolina cobró notoriedad en los últimos meses a pesar de ser un predio conocido por las autoridades desde 2016 y que la FGR trabaja desde hace tres años. En un primer momento se hizo público que ahí hubo un campo de exterminio del que se habían retirado al menos media tonelada de restos. Posteriormente, Quiroa hizo público un comunicado en el que se dirigía al cartel del Golfo, quien presuntamente opera en esa zona, para pedirle una tregua para permitir el acceso. Sin embargo, ahí ya se estaban desarrollando trabajos desde hacía años, aunque no siempre con la celeridad que desean las familias.

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Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
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Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


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https://www.youtube.com/watch?v=WhrDWNcNQEM

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