Instituciones asignaron más de 70% de presupuesto a adjudicación directa
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Archivo Cuartoscuro

Insabi, Marina y Birmex asignaron más del 70% de presupuesto para compras a adjudicación directa en 2020

Birmex y Liconsa son las instituciones que asignaron por el procedimiento de adjudicación directa más del 90% de su presupuesto para compras públicas.
Archivo Cuartoscuro
11 de agosto, 2021
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En 2020, cinco instituciones federales destinaron miles de millones de pesos a la adjudicación directa, rebasando el 70% del monto asignado a compras públicas, y favorecieron los procesos de excepción sobre la licitación pública, reportó el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

Se trata de Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México, S.A. de C.V (Birmex); el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi); la Secretaría de Marina (Semar); la Secretaría de la Función Pública (SFP) y Diconsa S.A. de C.V.

Las instituciones federales no priorizaron la licitación pública, método habitual en la contratación pública, que según la OCDE sirve como instrumento adecuado para lograr la eficiencia, combatir la corrupción, obtener unos precios justos y razonables. 

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Por lo cual, al evitarla se implica una mayor susceptibilidad a la corrupción y representa una barrera a la competencia en las compras públicas, reportó el IMCO.

“Las leyes de adquisiciones y obra pública en México establecen que las compras públicas se asignarán por regla general a través de licitaciones públicas y solo en casos excepcionales, debidamente justificados, por adjudicación directa o invitación restringida”.

IMCO, 2021.

Como parte de la investigación del Índice de Riesgos de Corrupción (IRC), el IMCO señaló que en el caso de Birmex, la empresa de propiedad estatal asignó por el procedimiento de adjudicación directa el 98% del monto destinado a compras públicas. Es decir, más de 3 mil 800 millones de pesos gastados sin concurso.

Por otro lado, el Insabi destinó 12 mil millones de pesos en compras públicas igualmente a través de adjudicaciones directas, lo que representó el 75% del monto total asignado en 2020.

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La Marina simplemente no destinó recursos por licitación pública en todo el año pasado. En su lugar, adjudicó 900 millones de pesos por adjudicación directa y 671 millones por invitación restringida; lo cual significó el 72% y 25% respectivamente.

Mientras que ocho de cada diez pesos gastados por Función Pública en procesos de compras públicas fueron por adjudicación directa, y solo uno de cada diez se destinó a concurso.

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Diconsa, por su parte, adjudicó únicamente el 4% del presupuesto a través de licitaciones, lo que representó 460 millones de pesos; el 91% estuvo destinado a compras directas.

Las instituciones federales realizan más de 150 mil compras cada año, y con el objetivo de monitorearlas el IMCO desarrolló Índice de Riesgos de Corrupción (IRC), que será publicado el próximo 17 de agosto.

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Ómicron: ¿es realmente tan peligrosa la nueva variante del COVID?

La detección de una nueva variante del SARS-CoV-2 ha disparado una vez más las alertas a escala mundial, pero ¿qué tan preocupados debemos estar y cómo cambia eso la estrategia contra la pandemia?
29 de noviembre, 2021
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La identificación de una nueva variante del SARS-CoV-2 en Sudáfrica, caracterizada por un gran número de mutaciones (55 en todo el genoma, 32 en la proteína S o espícula) y el aumento vertiginoso de su incidencia relativa en esa población ha disparado una vez más las alertas a escala mundial.

Varios países han cerrado el tráfico aéreo con Sudáfrica y hay expertos que indican que es “la variante más preocupante que hemos visto hasta la fecha”. La OMS la ha elevado a la categoría de “variante preocupante” y la ha designado con la letra griega ómicron.

Pero, con los datos disponibles, ¿podemos aceptar la pertinencia de estas afirmaciones?, ¿se basan en demostraciones o son conjeturas?, ¿cuándo podemos definir una nueva variante como de preocupación y qué consecuencias tiene eso sobre nuestra estrategia frente a la pandemia? Intentaré en los siguientes párrafos arrojar un poco de luz sobre estos temas.

La secuencia genómica de la variante ómicron (linaje B.1.1.529 en el sistema PANGO, o linaje 21K de NextStrain) muestra 55 mutaciones respecto al virus original de Wuhan, 32 de ellas situadas en la proteína S o espícula, la más importante por su papel en la infección de las células y la respuesta inmunitaria.

Muchas de esas mutaciones se han detectado previamente en variantes de preocupación (VOCs) o de interés (VOIs) del virus, como las mutaciones N501Y (presente en las VOCs alfa, beta y gamma), las T95I, T478K y G142D (todas en delta), o se ha demostrado su papel en la interacción con el receptor celular ACE2 (S477N, Q498R), o se encuentran en regiones de unión de algunos anticuerpos (G339D, S371L, S373P, S375F).

Esta acumulación de mutaciones con efectos conocidos ya es motivo de interés y preocupación, pero todavía se tienen que realizar los experimentos adecuados para demostrar sus efectos cuando se encuentran simultáneamente.

Gráfico de la mutación.

BBC

Los efectos de dos mutaciones no son siempre aditivos y las interacciones (epistasias en lenguaje técnico) pueden ser tanto en sentido positivo (aumentando el efecto de cada una) como negativo (disminuyéndolo).

Hasta que no dispongamos de resultados de laboratorio y de datos epidemiológicos y de vigilancia genómica que nos demuestren una mayor transmisibilidad o mayores posibilidades de escape frente a la respuesta inmunitaria no es razonable pasar de vigilancia a alerta o, menos aún, a alarma.

La razón esgrimida por la OMS para declararla como VOC es que puede estar asociada a un mayor riesgo de infección, si bien no hay todavía información pública que respalde esta afirmación.

Vigilancia genómica sudafricana

Sin embargo, las señales de alerta se han disparado debido al rápido aumento de casos detectados en Sudáfrica con esta variante. No es extraño que una nueva variante se detecte en este país, uno de los que tiene mejor sistema de vigilancia genómica del SARS-CoV-2 y en el que, como en casi todos los países del continente africano, la vacunación no ha progresado de la misma forma.

Una mujer con mascarilla trabaja en el laboratorio de la empresa de biotecnología Afrigen, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, 5 de octubre de 2021

Getty Images
Sudáfrica cuenta con uno de los mejores sistemas de vigilancia del virus que produce la covid-19.

Gracias a su vigilancia, rápidamente se obtuvo la secuencia del virus responsable de un brote de covid-19 observado en la provincia de Gauteng, en un momento con una incidencia acumulada muy baja de la infección (alrededor de 10 casos por 100.000 habitantes).

En esas circunstancias, cualquier variante asociada a un brote alcanza rápidamente una alta frecuencia relativa, lo que puede indicar una mayor transmisibilidad pero también que crece donde apenas había nada.

Si la principal causa de alarma es la transmisibilidad, otras propiedades asociadas a mutaciones en la espícula no dejan mucho lugar a la tranquilidad, como hemos indicado previamente. De nuevo nos planteamos la pregunta de cómo surge un virus con tantas mutaciones.

La respuesta no es definitiva, pero la principal sospecha es que ha evolucionado en un paciente con un sistema inmunitario debilitado infectado durante un periodo prolongado de tiempo, al cabo del cual se ha transmitido a otras personas en una cadena que nos es desconocida por ahora.

¿Qué podemos hacer frente a una nueva variante de preocupación?

Personas con mascarillas caminan por un centro comercial en España

Getty Images
Varios países ha vuelto a imponer el uso obligatorio de mascarillas y distanciamiento social.

Por el momento, tenemos las mismas herramientas que contra las demás: vacunar, usar mascarillas, mantener distancias, ventilar los recintos cerrados, es decir, reducir al máximo la exposición y circulación del virus, aumentar la población inmunizada en todos los países del planeta, limitando las oportunidades de que aparezcan nuevas mutaciones en el virus.

Aunque pensábamos que tras la variante delta sería difícil que aparecieran variantes de preocupación, la variante ómicron nos ha vuelto a sorprender.

Con independencia de que tenga o no las graves consecuencias que justifican su declaración como VOC, es evidente que la evolución del SARS-CoV-2 puede seguir deparando sorpresas. Cuanto antes reduzcamos esas posibilidades, mejor para todos.

*Fernando González Candelas es Catedrático de Genética. Responsable Unidad Mixta de Investigación “Infección y Salud Pública” FISABIO-Universitat de València. Su artículo original se publicó en The Conversation.


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