El invencible verano de Liliana: un libro contra la violencia y el feminicidio
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‘El invencible verano de Liliana’ un libro contra la violencia sexista y el feminicidio

Ante la apertura a las denuncias y las manifestaciones feministas que han marcado el siglo XXI, la escritora Cristina Rivera Garza denuncia el feminicidio de su hermana Liliana hace 31 años y sin noticias del presunto responsable.
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Gracias a un archivo de cartas que Liliana conservó y envió a quien consideró un amor intenso, y que resultó ser su presunto feminicida, es como Cristina Rivera Garza, escritora mexicana, denuncia la impunidad que hay en el asesinato de su hermana. 

La escritora retoma esta correspondencia para entender y encontrar las pistas que la llevaran al presunto feminicida de su hermana Liliana, asesinada el 16 de julio de 1990, cuando tenía 20 años. Ella amaba las ciencias exactas y era estudiante de arquitectura. 

Sin embargo, las desilusiones en la relación fueron acabando con el amor que Liliana llegó a sentir. Intentó terminar la relación que llevaba con un novio de la preparatoria quien insistía en no dejarla ir. Cuando tomó la decisión, semanas antes de ser víctima de feminicidio, Liliana estaba dispuesta a iniciar una nueva vida, quería hacer una maestría, un doctorado y viajar a Londres. 

“La decisión de él fue que ella no tendría una vida sin él”, escribe Cristina Rivera Garza, autora del libro El invencible verano de Liliana (Editorial Literatura Random House, 2021), obra en la que capítulo a capítulo narra, describe y reflexiona los actos de violencia machista de los que su hermana fue víctima. 

Este libro no es una ficción, es un relato de la vida real por el que muchas familias en este país tienen que atravesar cuando denuncian el feminicidio de una mujer. Desde la visita a la Fiscalía para hacer la denuncia, hasta contactar a amigos y amigas con quienes convivió la víctima para encontrar respuestas a las preguntas que no dejan de surgir.

En entrevista para Animal Político, la escritora cuenta que escribir este libro nace tras crecer y reflexionar que a lo largo de los años una piensa más en su mortalidad y sabe que tiene misiones que cumplir y cosas que hacer. En parte, también, de la urgencia que la pandemia transmitió a todos: “La posibilidad de que vamos a desaparecer mañana”.

En cambio, una de las razones que más pesó para hablar del feminicidio de Liliana es que ahora tiene el lenguaje que ella necesitaba para contar esta historia. La autora señala que es muy difícil contar esta memoria contra el patriarcado y con el lenguaje del patriarcado.

Sin embargo, las recientes movilizaciones de las mujeres y, especialmente, las movilizaciones de mujeres jóvenes en los últimos tiempos han creado en conjunto este tipo de lenguaje que permite subvertir al lenguaje patriarcal y el terror, que es saber que cuando una desaparezca, no habrá una memoria institucional, no quedará rastro vivencial, como el de su hermana.

“Si ponemos esas cosas juntas, todas al mismo tiempo, creo que ayudan a explicar por qué, en grandes términos, específicamente, empecé a escribir este libro después de haber participado en los semilleros zapatistas. Estando ahí, en Chiapas, con toda esta energía de la crítica al capital, al Estado, rodeada de un mundo nuevo, creo que todas esas razones que ya estaban ahí se vieron canalizadas. Fue a partir de ahí que empecé la investigación”, explica en entrevista.

Liliana, entre las matemáticas y el amor

En El invencible verano de Lilialiana, Rivera Garza encuentra una nota en la que su hermana se describe así misma como una amante de las manzanas y de la felicidad. “Le fascina reírse, pero no sola; le gusta reírse con sus amigos, y le gusta hacerlos sentir bien (aunque a veces meta la pata)”, se lee en el libro.

Así era Liliana. Delgada, cabello lacio. Honesta. No tiene un amigo-amigo pero puede confiar en varias personas, y en seguida menciona a algunos. Soñaba con andar por el mundo y aprender muchas cosas. Soñó con ser guitarrista, pintora y nadadora. Y finalmente anuncia que “hay que entenderla… (es muy inocente)”.

Para Rivera Garza, iniciar esta investigación que aún no termina, la hace sentirse muy comprometida. Considera que escribir un libro es, en muchos sentidos, hacer una promesa y este libro es -de muchas maneras- una forma de traerla de regreso.

Sin embargo, la autora señala que Liliana, su hermana, siempre ha estado con ella, es una presencia que está a su lado, razón por la cual este libro es, sobre todo, una denuncia y una exigencia de justicia.

“Este libro fue mi contrato para buscar justicia en el caso de mi hermana pero en el caso también de las mujeres que hemos perdido a manos de la violencia machista”, añade.

Si bien, El invencible verano de Liliana es una obra cercana al dolor y la búsqueda de justicia por el que tienen que atravesar las familias, es también un libro que sensibiliza a las y los lectores con las familias de víctimas de feminicidio. La autora comenta que la violencia feminicida y el cinismo con que se comete, parte de un nivel de impunidad altísimo, donde un feminicida sabe que puede asesinar a una mujer y que hay un 99% de posibilidades de que no pase nada y que no haya consecuencias.

“Muchas veces hemos sido víctimas de ese lenguaje machista y patriarcal que culpa a la víctima. Pero nunca se voltea a ver al verdadero y único responsable, que es el feminicida. Por un lado es un sistema de justicia deficiente a todas luces y por otro lado, todavía una cultura machista que naturaliza actos de violencia y los oculta con el lenguaje del amor”.

La escritora Cristina Rivera Garza

La escritora Cristina Rivera Garza

Violencia en el noviazgo

Apenas en 2019 el Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes señaló que 76% de las adolescentes entre 15 y 17 años había sufrido violencia psicológica, 17% violencia sexual y 15% violencia física, según datos de la Encuesta Nacional sobre Violencia en el Noviazgo (ENVIN).

En el estudio Panorama Nacional sobre la Situación de la Violencia contra las Mujeres 2020, la violencia en el noviazgo resulta relevante porque puede poner en riesgo la vida de las mujeres, y no solo por las agresiones físicas sino también por el maltrato emocional o las agresiones sexuales de la pareja hacía ellas; atentados que pueden ser tan severos que llegan a causar un daño a la integridad física y emocional.

En cambio, cuando la violencia en pareja transgrede la vida de las mujeres, como sucedió con Liliana, el agresor llega al punto máximo de la violencia como lo es el feminicidio. Para Cristina Rivera Garza, el duelo tras un feminicidio resulta ser un momento muy extraño y retorcido, especialmente para los familiares de mujeres; seres queridos que les han sido arrebatadas por la violencia. 

“Mi familia y yo llevamos muchos años con un dolor muy privado y realmente, ahora entiendo, que el asesinato de Liliana también fragmentó a su grupo de amigos e hizo que se separaran. Es muy difícil contar eso. El libro es un intento de hacerlo”, añade. 

Escribir El invencible verano de Liliana ha sido de los primeros intentos por articular esta experiencia. Ahora, se suma la respuesta de los lectores y las lectoras sintiéndolo como un acompañamiento cercano, íntimo y cálido.

En cuanto a la búsqueda de justicia para las familias de mujeres víctimas de feminicidio,  Rivera Garza, desde su experiencia, señala que entre las primeras acciones a realizar es acabar con la impunidad, sin ello, los criminales seguirán siendo criminales. 

Desde la sociedad civil, la autora considera que es importante que quienes sepan o estén cerca de personas que sean acosadores o cometan algún tipo de violencia contra las mujeres; incluso feminicidas, es importante que aunque sean sus hijos, hermanos, parientes, amigos, vecinos, los denuncien.

Ángel González Ramos, presunto feminicida de Liliana Rivera Garza

Ángel González Ramos, presunto feminicida de Liliana Rivera Garza

Ángel  González Ramos, presunto feminicida de Liliana Rivera Garza

Ángel González Ramos, presunto feminicida de Liliana Rivera Garza

Desde la editorial Penguin Random House en México han habilitado un correo electrónico en caso de que alguna persona pueda proporcionar datos actuales de Ángel González Ramos, presunto feminicida de Liliana Rivera Garza. La dirección de correo electrónico es [email protected] 

Hasta ahora, esta cuenta de correo ya ha recibido historias de mujeres que años atrás sufrieron el acoso de Ángel González Ramos.

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El estudiante de medicina que se encontró el cadáver de su amigo en una clase de anatomía

La periodista y novelista nigeriana Adaobi Tricia Nwaubani escribe en este reporte especial para la BBC sobre la inquietante realidad detrás de algunos de los cuerpos "no reclamados" enviados a las escuelas de medicina del país.
4 de agosto, 2021
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La periodista y novelista nigeriana Adaobi Tricia Nwaubani escribe en este reporte especial para la BBC sobre la inquietante realidad detrás de algunos de los cuerpos “no reclamados” enviados a las escuelas de medicina de su país.

El estudiante de medicina Enya Egbe salió corriendo de su clase de anatomía llorando después de ver el cadáver con el que debía trabajar ese día.

No fue la reacción aprensiva de un joven ingenuo.

El estudiante de 26 años aún recuerda vívidamente la tarde de aquel jueves hace siete años en la Universidad de Calabar, en Nigeria, cuando estaba con sus compañeros de estudios alrededor de tres mesas de disección, con un cadáver en cada una.

Minutos después, gritó y corrió.

El cuerpo que su grupo estaba a punto de diseccionar era el de Divine, su amigo durante más de siete años.

“Solíamos ir a bailar juntos”, me dijo. “Había dos agujeros de bala en el lado derecho de su pecho”.

Oyifo Ana fue uno de los muchos estudiantes que salieron corriendo detrás de Egbe y lo encontraron llorando afuera.

“La mayoría de los cadáveres que usamos en la escuela tenían balas. Me sentí muy mal cuando me di cuenta de que algunas de las personas pueden no ser verdaderos criminales”, dice Ana.

Explicó que una mañana temprano había visto una camioneta de la policía cargada con cuerpos ensangrentados en su escuela de medicina, que tenía un depósito de cadáveres adjunto.

Egbe envió un mensaje a la familia de Divine, que resultó que había estado yendo a diferentes comisarías de policía en busca de su pariente después de que el joven y tres amigos fueran arrestados por agentes de seguridad cuando regresaban de una noche de fiesta.

La familia finalmente logró recuperar su cuerpo.

El impactante descubrimiento de Egbe puso de relieve tanto la falta de cadáveres disponibles en Nigeria para los estudiantes de medicina como lo que les puede pasar a las víctimas de la violencia policial.

Trauma

Entre los siglos XVI y XIX, por diferentes leyes en Reino Unido, se entregaban los cuerpos de los criminales ejecutados a las escuelas de medicina, un castigo que también promovió la causa de la ciencia.

En Nigeria, una ley actual entrega “cuerpos no reclamados” en depósitos de cadáveres del gobierno a las escuelas de medicina.

El estado también puede apropiarse de los cuerpos de los criminales ejecutados, aunque la última ejecución tuvo lugar en 2007.

Enya Egbe

Enya Egbe
Enya Egbe quedó impactado al descubrir en su clase el cadáver de su amigo

Más del 90% de los cadáveres utilizados en las escuelas de medicina de Nigeria son “criminales asesinados por disparos”, según una investigación de 2011 publicada en la revista médica Clinical Anatomy.

En realidad, esto significa que eran sospechosos matados a tiros por las fuerzas de seguridad.

Sus edades estimadas se encuentran entre los 20 y los 40 años, el 95% son hombres y tres de cada cuatro pertenecen a la clase socioeconómica más baja. No hay donaciones de cuerpos.

“Nada ha cambiado diez años después”, dice Emeka Anyanwu, profesor de anatomía en la Universidad de Nigeria y coautor del estudio.

‘Servicio de ambulancia’

El año pasado, el gobierno de Nigeria estableció paneles de investigación judiciales en diferentes estados para investigar las denuncias de brutalidad policial.

Esto fue en respuesta a las protestas provocadas por el video viral de otro joven presuntamente que murió por disparos del Escuadrón Especial Antirrobo (Sars) de la policía en el estado sureño de Delta.

Muchos de los que testificaron ante los paneles han hablado de familiares arrestados por agentes de seguridad y que desaparecieron.

En la mayoría de los casos, la policía se ha defendido diciendo que los desaparecidos eran ladrones armados que murieron en un tiroteo.

Sin embargo, el portavoz de la policía Frank Mba me dijo que no tenía conocimiento de ningún caso en el que la policía hubiera enviado cadáveres a laboratorios de anatomía o depósitos.

Nigeria

Getty Images
Las fuerzas de seguridad de Nigeria son acusadas de frecuentes abusos.

En un testimonio escrito presentado al panel judicial en el estado de Enugu, el comerciante Cheta Nnamani, de 36 años, dijo que había ayudado a los agentes de seguridad a deshacerse de los cuerpos de las personas a las que habían torturado o ejecutado durante los cuatro meses que estuvo bajo la custodia de Sars en 2009.

Dijo que una noche le pidieron que cargara tres cadáveres en una camioneta, una tarea conocida en el lenguaje de la detención como ‘servicio de ambulancia’.

Luego condujo al cercano Hospital Universitario de la Universidad de Nigeria (UNTH), donde Nnamani descargó los cuerpos. Fueron llevados por un asistente de la morgue.

Nnamani me dijo que luego lo amenazaron con la misma suerte.

En el depósito

En la ciudad sudoriental de Owerri, el depósito de cadáveres del Hospital Aladinma, de propiedad privada, dejó de aceptar cadáveres de presuntos delincuentes porque la policía rara vez proporcionaba identificación o notificaba a los familiares de los fallecidos.

Esto solía dejar al depósito de cadáveres atascado con los costos de mantenimiento de los cuerpos no reclamados hasta que cada pocos años el gobierno finalmente concedía permiso para entierros masivos.

“A veces, la policía intenta obligarnos a aceptar cadáveres, pero insistimos en que los lleven a un hospital del gobierno”, dice Ugonna Amamasi, administradora del depósito de cadáveres.

“Los depósitos de cadáveres privados no están autorizados a donar cuerpos a las escuelas de medicina, pero los depósitos de cadáveres del gobierno sí pueden”, agregó.

Familiares olvidados

Un abogado de alto nivel, Fred Onuobia, asegura que los familiares tienen derecho a recoger los cuerpos de los criminales ejecutados legalmente.

“Si nadie se presenta después de cierto tiempo, los cuerpos se envían a hospitales universitarios”, dice el defensor.

Pero la situación es peor con las ejecuciones extrajudiciales, ya que los familiares nunca se enteran de las muertes o no pueden localizar los cuerpos, afirma.

carro policia

AFP

Después de todo, fue solo por casualidad que la familia del amigo de Egbe, Divine, pudo darle un entierro adecuado.

La asociación de anatomistas de Nigeria ahora está presionando por un cambio en la ley que garantice que las morgues obtengan registros históricos completos de los cuerpos donados a las escuelas, y también el consentimiento de la familia.

También establecerá formas de alentar a las personas a donar sus cuerpos a la ciencia médica.

“Habrá mucha educación y mucha promoción para que la gente pueda ver que si donan su cuerpo, será por el bien de la sociedad”, cuenta el director de la asociación, Olugbenga Ayannuga.

En cuanto a Egbe, estaba tan traumatizado al ver el cuerpo de su amigo que abandonó sus estudios durante semanas.

Dice que imaginaba a Divine de pie junto a la puerta cada vez que intentaba entrar a la sala de anatomía.


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