Uno de cada dos mexicanos con discapacidad vive en pobreza
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Uno de cada dos mexicanos con discapacidad vive en situación de pobreza

Comparando los reportes de Coneval 2018 versus 2020, hubo un aumento de casi 1%. Y se mantiene la desigualdad: en promedio, las personas con discapacidad en situación de pobreza es 6% superior al de las personas sin discapacidad.
Cuartoscuro
Por Bárbara Anderson / Yo También
14 de agosto, 2021
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Hoy, 4.1 millones de mexicanos con discapacidad viven en situación de pobreza. Esta cifra representa a 49.5% de esta minoría. Sí, casi 1 de cada 2 mexicanos.

El dato se desprende del último reporte Medición de Pobreza 2020 que publica cada dos años el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Si bien es cierto que ya sabemos -según el último Censo 2020 del Inegi– que el total de personas con discapacidad en nuestro país es mayor a esa cifra (se identificaron 20.8 millones de personas), debido a los cambios en las metodologías y las encuestas del Inegi, Coneval debió hacer adecuaciones para poder comparar cifras interanuales que han cambiado de metodología.

La explicación la da el propio Consejo en un Anexo especial publicado junto al informe para explicar cómo se hicieron estos cálculos.

Además de los cambios en los cuestionarios del Censo 2020, el Inegi también incorporó en su Encuesta de Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2020 -que es el principal insumo para medir la pobreza- un conjunto de preguntas sugerido por el Grupo Washington sobre Estadísticas de la Discapacidad.

“La discapacidad es una de las problemáticas que más afecta la calidad de vida de la población y cuya atención requiere políticas públicas específicas. El Coneval aporta información para la toma de decisiones relativa a las personas con discapacidad, dando cuenta de la situación de pobreza, carencias sociales e indicadores de bienestar para este grupo poblacional”, indica ese anexo.

A partir de los cambios en la ENIGH 2020, Coneval tuvo también que adecuar la identificación de la población con discapacidad, para presentar la información de los indicadores de pobreza multidimensional de esta minoría. Se creó una tabla binaria que aplicaron en este edición:

Las personas con discapacidad presentan, en promedio, más carencias sociales que la población sin discapacidad: 28.1% son vulnerables por carencias mientras que para sus pares sin discapacidad esta cifra es 23.4% (ver gráfica).

Otro dato que aumenta la brecha y la desigualdad es el que indica que 30.2% de las pcd presenta al menos tres carencias sociales, mientras que para las personas sin discapacidad esta cifra es de 22.5%.

En cuanto a carencias sociales, si bien Coneval registró que en 2020 las pcd tienen un acceso mayor a la seguridad social y a los servicios de salud, es el único aspecto por encima de la población sin discapacidad.

En esta gráfica puede verse cómo por las carencias por rezago educativo y la carencia por acceso a la alimentación nutritiva y de calidad, la población con discapacidad presenta una incidencia de 28.5 y 9.9 puntos porcentuales más en comparación con las personas sin discapacidad.

Según Coneval, 33.5% de la población con discapacidad no asiste a la escuela versus 16.3% de la población sin discapacidad.

“La medición multidimensional de la pobreza permite identificar la situación de las personas con discapacidad y las brechas existentes en comparación con la población sin discapacidad. Para 2020, se observan diferencias importantes, por ejemplo, la incidencia de las personas con discapacidad en situación de pobreza es 6.0 puntos porcentuales mayor en comparación con la población sin discapacidad”, establece el anexo hecho especialmente para esta minoría.

Y estos datos son más profundos aún si tenemos en cuenta que a nivel general entre 2018 y 2020, se sumaron 3.8 millones de personas en situación de pobreza, un aumento de 2%.

El Coneval hace una distinción entre la pobreza extrema y la pobreza moderada. En el primer caso refiere a una persona que tiene tres o más carencias, de seis posibles, dentro del Índice de Privación Social y que, además, se encuentra por debajo de la línea de bienestar mínimo. Las personas en esta situación disponen de un ingreso tan bajo que, aun si lo dedicase por completo a la adquisición de alimentos, no podría adquirir los nutrientes necesarios para tener una vida sana.

Para Coneval, pobreza moderada aplica en el caso de una persona que siendo pobre, no es pobre extrema. La incidencia de pobreza moderada se obtiene al calcular la diferencia entre la incidencia de la población en pobreza menos la de la población en pobreza extrema.

La discapacidad y el nuevo censo

En el caso particular de las personas con discapacidad, en este reporte 2020 Coneval publicó un anexo especial para poder comparar los datos estadísticos de 2018 y 2020, Con esta herramienta y los datos oficiales del Inegi, se pudo calcular que en 2020, 49.5% de las personas con discapacidad se encuentran en situación de pobreza, cifra que contrasta con 43.5% en el caso de las personas sin discapacidad.

Esto se traduce en que, a partir de datos de la ENIGH 2020, de los 8.3 millones de personas identificadas con discapacidad, 4.1 millones se encuentran en situación de pobreza multidimensional y 900 mil personas con discapacidad se encuentran en situación de pobreza extrema, lo que representa 10.2% de la población de este grupo. Este porcentaje es 1.8 puntos porcentuales mayor al de sus pares sin discapacidad.

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#YoSoyAnimal

Cómo el ejercicio físico puede ayudarnos a crear nuevas neuronas y a mejorar la memoria

Por mucho tiempo se pensó que el cerebro no podía generar nuevas neuronas, pero ahora se sabe que la neurogénesis no se detiene ni siquiera durante la vejez.
31 de agosto, 2021
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Hace tiempo se pensaba que en el cerebro no se podían generar nuevas neuronas. Éste se entendía como una entidad estática e invariable que, simplemente, degeneraba a medida que envejecíamos o debido a lesiones cerebrales.

No obstante, a partir de los experimentos de la bióloga de la Universidad de Berkeley (Estados Unidos) Marian Diamond, se demostró en 1964 que el cerebro adulto era plástico y adaptativo.

Ese estudio fue pionero en identificar cómo las características del entorno afectaban directamente al desarrollo y crecimiento cerebral.

El experimento realizado contaba con una jaula grande y espaciosa con doce ratas que crecían en un ambiente enriquecido (elementos para jugar o correr en la rueda giratoria, compañía, alimentación diversa), así como con otras doce ratas que se encontraban en una jaula pequeña, aisladas, sin estímulos sociales o de juego.

Tras ochenta días, Diamond analizó sus cerebros y descubrió que el córtex cerebral se había modificado en el grupo del ambiente enriquecido.

En estos, la corteza cerebral era más extensa, debido al crecimiento de las espinas dendríticas de las neuronas, se observó angiogénesis —mayor número de vasos sanguíneos—, se vió incrementado el nivel del neurotransmisor acetilcolina, así como el del factor neutrófico derivado del cerebro, conocido por sus siglas en inglés BDNF, una proteína que se expresa especialmente en la corteza cerebral y el hipocampo, áreas fundamentales para procesos como aprendizaje y memoria.

Estos datos han generado un sinfín de estudios dirigidos a analizar el papel de cada uno de los elementos que componían ese ambiente enriquecido.

Neurogénesis y ejercicio físico

Desde los estudios pioneros de neuroplasticidad, múltiples han sido las evidencias científicas que demuestran cómo factores tales como la dieta, la actividad cognitiva diversa, el ambiente social, la novedad y el ejercicio físico son elementos que favorecen indiscutiblemente este fenómeno.

Cerebro.

Getty Images
El ejercicio físico regular puede contribuir a la neurogénesis.

Centrémonos en el ejercicio físico.

Los múltiples beneficios del ejercicio físico regular se han demostrado ampliamente en modelos humanos y animales. Sabemos que puede contribuir a la neurogénesis, así como poseer un rol importante para revertir y reparar el daño neural existente, tanto en mamíferos como en peces.

Comprender cómo se produce este proceso, y qué factores lo ponen en marcha, puede resolver el rompecabezas para mejorar la pérdida de memoria relacionada con la edad y tal vez prevenir enfermedades neurodegenerativas, incluido el Alzhéimer.

El cerebro promedio contiene alrededor de 100 000 millones de células cerebrales, la mayoría de las cuales se formaron antes del nacimiento. En las primeras etapas de la infancia se siguen generando nuevas células cerebrales a un ritmo acelerado.

Con los años, la neurogénesis disminuye gradualmente, pero el proceso no se detiene ni durante la vejez. Los factores neurotróficos ayudan a estimular y controlar este proceso, siendo el BDNF el más importante.

Entre 700 y 1.500 nuevas por día

Eso es especialmente cierto en el giro dentado del hipocampo, a pesar de que hay otras regiones cerebrales que también producen nuevas células cerebrales.

Recientemente, un equipo de investigación de la Universidad de Harvard, liderado por Rudolph Tanzi, ha encontrado que el hipocampo puede producir entre 700 y 1.500 nuevas neuronas cada día.

Hipocampo.

Getty Images
El ejercicio consigue acelerar la maduración de células madre a células adultas totalmente funcionales.

Quizás esto pueda no parecer mucho si tenemos en cuenta la vasta galaxia de neuronas que poseemos, pero incluso este pequeño número tiene valor, ya que mantiene activas muchas conexiones neurales ya existentes.

Así, si bien la mayoría de los cerebros puede desarrollar nuevas células, el objetivo de la ciencia ahora es encontrar las mejores maneras de hacerlo.

La idea sería que, si se puede aumentar el número de neuronas aún más a través de la neurogénesis, se podría intensificar la función principal del hipocampo y mejorar la forma en que las personas aprenden nueva información y acceden a la memoria a corto y largo plazo.

Los resultados de este estudio respaldan el vínculo entre ejercicio y neurogénesis.

Se encontró que el ejercicio aeróbico durante ocho semanas puede doblar la ratio de generación de nuevas neuronas en el hipocampo, en relación a aquellos sujetos que no realizan ejercicio.

Además de producir BDNF, el ejercicio aeróbico podría ayudar a aumentar la producción hepática de una enzima (Gpld1), que también puede ayudar con la neurogénesis.

Sabemos que el ejercicio consigue acelerar la maduración de células madre a células adultas totalmente funcionales y fomenta el principal mecanismo celular existente para el aprendizaje y la memoria, denominado aprendizaje a largo plazo. Todos estos elementos son clave para fomentar el aprendizaje y la memoria.

¿Cómo reducir el riesgo de enfermedades como el alzhéimer?

Aunque estos hallazgos provienen de estudios en animales, las personas podrían obtener los mismos beneficios cerebrales a través del ejercicio aeróbico. En este momento, no hay sustituto para el ejercicio regular para ayudar con la neurogénesis.

Mujer haciendo deporte.

Getty Images
Cualquier ejercicio físico que aumente la frecuencia cardíaca es ideal.

Sin embargo, no está claro qué tipo de ejercicio aeróbico funciona mejor, ni cuánto tiempo y cuánto es suficiente. Existen datos que sugieren entre 120 y 150 minutos recomendados de ejercicio de intensidad moderada por semana.

Estudios apuntan a la natación como uno de los deportes más completos. Promueve un claro beneficio cognitivo (mejoras en procesos atencionales, flexibilidad cognitiva, memoria) tanto en jóvenes como en personas mayores.

No obstante, cualquier ejercicio físico que aumente la frecuencia cardíaca, como usar usar una cinta de correr, andar en bicicleta o caminar con fuerza, son ideales. El cerebro en movimiento aprende más rápido.


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