Probabilidad de pandemia por destrucción de bosques es mayor: expertos
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La probabilidad de otra pandemia por destrucción de bosques es 'mayor que nunca': expertos

Cuartoscuro
Por María Fernanda Lizcano / Mongabay Latinoamérica
28 de agosto, 2021
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Nadie quiere más pandemias, pero la probabilidad de que aparezca otra es “mayor que nunca”. El cambio en el uso del suelo, la destrucción de los bosques tropicales, la expansión de las tierras agrícolas, la intensificación de la ganadería, la caza, el comercio de animales silvestres, y la urbanización rápida y no planificada son algunos de los factores que influyen en la propagación de virus con potencial pandémico.

Esa es la conclusión principal del informe del Grupo de Trabajo Científico para la Prevención de Pandemias, un equipo creado por el Instituto de Salud Global de Harvard y el Centro para el Clima, la Salud y el Medio Ambiente Global de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard. En el documento, que reúne la evidencia científica existente y brinda recomendaciones para evitar una nueva pandemia, los investigadores advierten que la agricultura está asociada a más del 50 % de las enfermedades zoonóticas que han afectado a los humanos desde 1940. Esta cifra plantea desafíos, pues el informe menciona que con el crecimiento de la población mundial y el incremento de la inseguridad alimentaria, resulta urgente invertir en una agricultura sostenible, conservar los recursos hídricos, evitar un mayor cambio en el uso de la tierra y reducir la pérdida de biodiversidad.

“Si se reforesta, si se regulan los mercados de animales salvajes, entre otros, estamos contribuyendo a disminuir la probabilidad de que esos virus —muchos que aún no están caracterizados— lleguen a los humanos. Así disminuimos el riesgo”, asegura Marcos Espinal, director de Enfermedades Transmisibles y Determinantes Ambientales de la Salud, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), a Mongabay Latam. Él no tiene dudas: trabajar en la prevención reducirá costos en términos económicos, sociales y en vidas humanas.

Existe preocupación entre los científicos por el cambio de paisaje debido a la presencia de agricultura y ganadería. Foto: Archivo Camila Gonzalez.

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Bosques protectores

En el 2020 se perdieron 12.2 millones de hectáreas de bosques tropicales en el mundo. Esta cifra, presentada este año por Global Forest Watch, demuestra el desafío al que la humanidad se enfrenta y al que se refieren los autores del informe. Los científicos proponen invertir en la conservación de los bosques tropicales —en especial los que están intactos o en buen estado de conservación—, como una de las medidas obligatorias para evitar una nueva pandemia.

¿La razón? Cuando los animales son despojados de sus territorios tienen que buscar nuevos lugares para vivir y así se crean oportunidades para que los patógenos busquen nuevos huéspedes. “Cuando se deforesta un bosque, el animal sale de su hábitat y trata de buscar un lugar donde pueda subsistir —comenta Marcos Espinal, coautor de la investigación—. Ese animal, que no está completamente examinado, puede tener virus, tener patógenos que uno no conoce”.

Al acabar con los bosques se crea un desbalance en un ecosistema que antes estaba en equilibrio, ocasionando que los grandes mamíferos huyan y queden las especies que se adaptan fácilmente a los ecosistemas transformados, que se reproducen más rápido y en menor tiempo, y que se conocen como especies sinantrópicas. «Se ha visto que esos mamíferos que quedan son buenos hospederos. […] Esos cambios desequilibran toda la cadena trófica y favorecen a un grupo de organismos que tiene unas características que los hacen muy buenos hospederos y pueden amplificar los virus rápidamente”, explica Camila González Rosas, bióloga, doctora en Ciencias y docente del Centro de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Tropical de la Universidad de los Andes, a Mongabay Latam.

El informe advierte que se ha descubierto que animales como murciélagos, roedores y primates albergan una mayor proporción de virus zoonóticos que otros grupos.

Camila Gonzalez tambien ha estudiado la presencia de patógenos en primates. Foto: Giovanni Randazzo.
Camila González ha estudiado la presencia de patógenos en primates. Foto: Giovanni Randazzo.

Buscar soluciones de fondo, como la conservación de los bosques tropicales y frenar la pérdida de biodiversidad, no solo evitará el riesgo de una nueva pandemia, sino que ayudará a cumplir las metas urgentes en cambio climático, como limitar el aumento de la temperatura del planeta a 1,5°C. En su más reciente informe, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advirtió que de no disminuir en al menos un 45 % las emisiones de gases de efecto invernadero al 2030 y eliminarlas a 2050, la humanidad se enfrentará a una catástrofe climática.

“Las acciones a tomar para evitar una nueva pandemia son tan contundentes como las del cambio climático. Los virus están saliendo porque estamos haciendo cosas que no deberíamos hacer. Abusamos de la capacidad de los sistemas de ser resilientes y estamos apuntando a un límite de no retorno. Las cosas difícilmente cambiarán mientras el desarrollo económico siga por encima de todas las prioridades. No es que se generen virus diferentes, simplemente lo que estaba contenido en un equilibrio natural, lo estamos sacando”, puntualiza González.

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El límite de la frontera agropecuaria

La investigación del equipo de trabajo de la Universidad de Harvard también constató que la propagación de los virus de la fauna silvestre hacia las personas, a veces a través del ganado, es una de las causas principales del riesgo de pandemia. Esa conclusión tiene sentido para la bióloga Camila González, quien explica que entre más densidad poblacional de animales se ponga en los ecosistemas transformados, mayores oportunidades tendrán los patógenos para salir y llegar a los humanos.

El foco de deforestación en Flor de Ucayali, Perú, se inicia en el límite de este pueblo con el caserío Santa Sofía. Foto: Feconau.

“Si tumbas el bosque y metes una gran cantidad de animales , lo que haces es poner una autopista para que el patógeno salga y llegue a los humanos. Le das una cantidad de hospederos susceptibles para que infecte. […] Con más hospederos, aumenta la propagación del virus”, dice.

Por eso, otra de las recomendaciones de los científicos de Harvard es mejorar la bioseguridad para el ganado y los animales de granja, especialmente cuando la cría se realiza cerca de asentamientos humanos. “Los bosques, la depredación, el mercado de animales salvajes y hasta el mal uso de animales domésticos —porque existe, por ejemplo, la rabia humana transmitida por perros—, son factores que influyen en la probabilidad de una pandemia. Es una confluencia de factores”, indica Espinal, resaltando que otro de los desafíos es el control de la caza y de los mercados de animales salvajes, donde matan a los animales silvestres y venden sus carnes sin una higiene adecuada. Estas condiciones favorecen el salto de posibles patógenos a los humanos y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ya ha advertido que el 75 % de todas las enfermedades infecciosas emergentes provienen de la vida silvestre.

Fortalecer una agricultura sostenible y evitar el desperdicio de alimentos serán medidas fundamentales, precisa el informe, para reducir la pérdida de biodiversidad, conservar los recursos hídricos y prevenir nuevos cambios en el uso de la tierra, al tiempo que se promueve la seguridad alimentaria y el bienestar económico. En conclusión: ser más productivos con los recursos que se tienen actualmente, pues si bien hoy se produce comida para más de 10 000 millones de personas, también se desperdicia casi un tercio de los alimentos, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Deforestación en los bosques de Colombia. Foto: Fundación Natura.

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La prevención cuesta menos

Aún se desconoce mucho sobre las enfermedades que se transmiten de los animales a humanos o viceversa pero Manish Kakkar, especialista en salud pública de Nueva Delhi (India) y coautor de la investigación, considera que esta es la oportunidad para hacer más análisis que permitan desarrollar estrategias específicas para cada país, que tengan como objetivo buscar soluciones de fondo y no solo responder a un brote.

“Espero que se analicen detenidamente las recomendaciones del equipo para tener claros los próximos pasos y así estar mejor preparados para la próxima pandemia, porque no se trata de si habrá otra, sino de cuándo ocurrirá”, manifiesta Kakkar.

Si bien las inversiones en el sistema sanitario, en pruebas de diagnóstico, medicamentos y vacunas son importantes para contener los brotes de enfermedades cuando ya se han producido, el informe resalta que no solucionan el problema de la propagación ni evitan el riesgo de que ocurra una pandemia. Son medidas que, además, resultan insuficientes y no benefician a todos los países por igual pues, mientras que en los países de bajos ingresos menos del 2 % de las personas han recibido al menos una dosis de la vacuna —según Human Rights Watch—, en los países ricos ya están pensando en una tercera dosis como refuerzo. “Incluso en los países más ricos la cobertura de la vacuna está lejos de alcanzar los niveles necesarios para controlar la variante Delta”, subraya el informe.

COVID 19 en indígenas de Ecuador. Pruebas PCR de COVID-19 para miembros de la nacionalidad siekopai, comunidad de Bella Vista, Territorio Siekopai, Sucumbios, Amazonia ecuatoriana, el 29 de abril 2020. Foto Luke Weiss / Amazon Frontlines y Alianza Ceibo.
Pruebas PCR de COVID-19 para miembros de la nacionalidad siekopai, comunidad de Bella Vista, Territorio Siekopai, Sucumbios, Amazonia ecuatoriana, el 29 de abril 2020. Foto Luke Weiss / Amazon Frontlines y Alianza Ceibo.

Aaron Bernstein, director interino del Centro para el Clima, la Salud y el Medio Ambiente Global de Harvard T.H. Chan School of Public Health y líder del grupo de trabajo científico, considera que tomar soluciones que traten el problema de fondo como frenar la destrucción de los bosques tropicales y la pérdida de biodiversidad, regular el mercado de animales salvajes, fomentar una agricultura sostenible y evitar el desperdicio de alimentos, tienen múltiples beneficios. Por un lado, son considerablemente más baratas; por el otro, ayudarán a detener la propagación de enfermedades de animales a humanos, así como a estabilizar el clima del planeta y revitalizar su biósfera. Esto será esencial no solo para la salud sino para mantener un bienestar económico, pues, de acuerdo con el científico, el COVID-19 provocó una pérdida mundial estimada en unos 40 000 millones de dólares al año.

Bernstein asegura que actualmente se han gastado más de 6 billones de dólares en “pañitos de agua tibia”. “No importa cuánto gastemos en vacunas, nunca podrán inmunizarnos completamente contra futuras pandemias», dice. En investigaciones anteriores, Bernstein ha encontrado que reducir la deforestación y regular el comercio de animales silvestres cuesta 22 000 millones de dólares al año, lo que representa solo el 2 % de los costos económicos y de mortalidad que el mundo invierte hoy en día en respuesta al COVID-19.

Por último, el informe recomienda aprovechar las inversiones en el fortalecimiento del sistema de salud para avanzar en la conservación. Los investigadores de Harvard resaltan que un ejemplo de éxito es Borneo, una isla asiática donde una década de trabajo permitió reducir la deforestación en un 70 %, proporcionar acceso a la atención médica a más de 28 400 personas y reducir sustancialmente la malaria, la tuberculosis y otras enfermedades comunes de la infancia.

Los siekopai suelen encontrar peces muertos en las aguas de sus ríos. Foto: Nacionalidad siekopai.
Los  peces muertos por contaminación del agua son un reflejo de mal manejo de la salud ambiental en muchos teritorios latinoamericanos. Foto: Nacionalidad siekopai.

Será clave además —plantean los científicos— aprovechar las inversiones en los sistemas sanitarios y apoyar las plataformas de One Health (Una sola salud), un concepto que hace alusión a buscar el equilibrio entre la salud humana, ambiental y animal. Solo de esta manera, dicen, se podrá avanzar conjuntamente en la conservación, la salud y la prevención de contagios.

“En este informe presentamos toda la evidencia, pero también hacemos recomendaciones, de tal forma que los líderes regionales, los políticos y los jefes de Estado pongan atención y traten de invertir, no solo en la respuesta a la pandemia, sino también en la prevención. Queda claro que la principal inversión que debe hacer la humanidad para llegar a la raíz de los problemas es proteger el mundo natural, de esto depende la salud y el bienestar económico”, finaliza Marcos Espinal.

Esta nota fue publicada originalmente en Mongabay Latinoamérica

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La gran escasez de productos que afecta al mundo (y por qué puede producirse un efecto látigo)

Autos, madera, muebles, materiales de construcción, comida... muchos productos están agotados por un gigantesco cuello de botella en los envíos internacionales en medio de los cambios que ha provocado la pandemia en el comercio internacional.
13 de agosto, 2021
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Es difícil imaginar que en Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo, exista escasez de ciertos productos.

Pero comprar un auto nuevo, muebles o materiales de construcción, dejó de ser una tarea fácil.

En muchos casos los consumidores deben esperar meses antes de conseguir el producto que están buscando.

Es que el atasco en la salida de contenedores desde los principales puertos del mundo está provocando interrupciones intermitentes en las cadenas de suministro.

Y como muchas empresas mantienen los inventarios al mínimo para abaratar costos, cuando ocurren situaciones como éstas, se quedan sin la cantidad de productos necesarios para satisfacer la demanda.

“Algunos consumidores no van a encontrar las cosas que necesitan”, advirtió Neil Sunders, analista de comercio minorista de la consultora GlobalData Retail.

Una demanda que ha crecido en los últimos meses en el contexto de una reactivación económica tras un 2020 que marcó una de las peores recesiones globales de las últimas décadas.

El problema es que con la pandemia se alteró el ritmo del flujo del comercio internacional y cuando aumenta el consumo en varios países a la misma vez, los puertos, las vías oceánicas, los trenes y aviones que transportan los productos no dan abasto.

Como tampoco han dado abasto algunas industrias que producen piezas esenciales para la fabricación de otros productos, como es el caso de los microchips.

Autos, computadoras, muebles, ropa, comida

Justamente la escasez de semiconductores le ha provocado problemas a los fabricantes de autos, computadoras, laptops, celulares o consolas de videojuegos.

“Puede tomar uno hasta dos años antes de que la industria se pueda poner al día con la demanda”, declaró el director ejecutivo de la empresa Intel, Patrick Gelsinger.

Kia Telluride

Getty Images
Algunos autos tienen meses de demora en su entrega.

Lo mismo está pasando con algunos materiales para fabricar ropa, zapatos, comida… la lista es interminable.

Con un equilibrio tan precario, un tifón en China o el cierre de una fábrica en Vietnam por covid-19, genera una especie de caos.

“Nadie puede conseguir nada”, dijo Steve Lamar, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Ropa y Calzado. “Compra tus regalos de navidad ahora”.

Como muchos contenedores están varados en algunos puertos, el precio de los fletes se ha disparado.

Fábrica de zapatillas

Getty Images
Muchas marcas globales tiene sus fábricas repartidas por Asia. Cualquier interrupción en la cadena genera retrasos en la llegada de productos.

Y algunas firmas como Legwear & Apparel, que fabrica productos para marcas como Puma, Champion y Skechers, confirmó que los costos de los fletes han escalado.

Christopher Volpe, director de Operaciones y Finanzas de la compañía, dijo en declaraciones al diario Washington Post que están pagando unos US$24.000 para enviar contenedores desde Asia a EE.UU., cuando el precio solía ser US$2.000 antes de la pandemia.

Las historias de restaurantes que han tenido que cambiar su menú se repiten todos los días, desde Corea del Sur a Estados Unidos.

Aunque estas sean situaciones excepcionales, la disrupción del comercio internacional es una tendencia.

“Hasta bien entrado 2022”

Algunos vendedores minoristas han dicho que solo tienen suficientes productos para satisfacer la demanda por un poco más de un mes, una situación que implica uno de los más bajos niveles de inventarios desde 1992, según la Oficina del Censo de EE.UU.

Contenedores en China

Getty Images
Uno de los efectos de la pandemia ha sido la interrupción del equilibrio en las cadenas globales de suministro de productos.

Hay mucha incertidumbre sobre lo que puede ocurrir en el futuro, más ahora que la variante Delta del coronavirus está propagándose con mayor velocidad.

Las interrupciones en el suministro podrían continuar “hasta bien entrado 2022″, declaró hace unos días el presidente de la Reserva Federal de St. Louis, James Bullard.

Según como evolucione la demanda y la oferta, habrá unas semanas en que los consumidores verán escasez de ciertos productos y más tarde serán otros.

En estos días se ha hecho más difícil encontrar materiales de plástico para embalaje, bolsas de papel, carne o aceite para cocinar.

A veces se debe a problemas con el flujo de trenes y camiones, otras veces porque no llegó el envío internacional, o por falta de mano de obra.

Un nuevo desequilibrio

“Creo que el principal efecto de la escasez global de muchos bienes será un mayor desequilibrio de inventarios en el futuro”, dice Willy Shih, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard.

Ante la escasez actual, explica en diálogo con BBC Mundo, las empresas están pidiendo órdenes adicionales o tratando de conseguir sus productos a través de canales logísticos obstruidos.

Fabricación de contenedores

Getty Images
El “efecto látigo” se produce cuando las empresas compensan en exceso la escasez y terminan con demasiado stock.

Con el tiempo, cuando los proveedores se pongan al día, “es probable que veamos excedentes en muchas áreas”, apunta.

Es parte del desequilibrio en el sistema.

“Esto sucedió con los rollos de papel higiénico durante el último año. Primero hubo desabastecimientos y luego excedentes”, explica el economista.

Es lo que se conoce como el “efecto látigo” en las cadenas de suministro. Ocurre porque las empresas compensan en exceso la escasez y terminan con demasiado stock.

“Otra cosa que será difícil de evitar serán las presiones inflacionarias. Muchos costos de logística han alcanzado récords últimamente y, eventualmente, alguien tiene que pagar por ellos”, señala Shih. “Posiblemente serán los consumidores”.

Y, por otro lado, las empresas más pequeñas que no puedan traspasar los costos, se exponen a una situación crítica en sus finanzas.

Precios de los embarques disparados

En Europa el fenómeno es similar.

Las tarifas de flete desde Shanghái a Rotterdam (Países Bajos) han aumentado hasta 596% en comparación con el precio del año pasado, según las últimas cifras del Drewry World Container Index.

Según cálculos de Bloomberg, los cuellos de botella de la cadena de suministro global han multiplicado las tarifas en las rutas populares hasta seis veces en el último año.

Así, los costos de envío más altos y las dificultades para reabastecer los inventarios rápidamente, argumentan expertos, terminarán afectando a los consumidores en la mayor parte de los países.

Efectos globales que llegan a América Latina

Una situación que ya está dejando huellas en América Latina.

Bodega de productos

Getty Images
Consumidores latinoaméricanos han tenido que esperar meses por algunos productos.

“Nunca había visto algo así”, cuenta Blanca Figueroa desde Chile, una profesora jubilada que hace poco llegó a vivir a su nuevo departamento en Santiago y le ha resultado muy difícil conseguir todos los productos que necesita.

“Es muy difícil comprar. He buscado sillones, mesas, sillas, camas. Para conseguir algunos productos hay que esperar meses“, agrega.

Una situación parecida se vive en otros países de la región.

Por ejemplo en El Salvador, los precios del acero y derivados como el hierro, así como tubos PVC, pintura, solventes y productos a base de plástico han aumentado a causa del incremento en el valor de los envíos internacionales y el alza en el precio del petróleo, en un margen que bordea el 30% o el 50% según el producto.

Es que el sector de la construcción en Latinoamérica ha tenido complicaciones para conseguir varios de los suministros que necesita, tal como ocurre en Estados Unidos.

“Los precios de los fletes marítimos internacionales han pegado mucho y el aumento de la demanda provocó que bajara la capacidad de espacio para estos países en desarrollo”, dijo el gerente de sucursales de Viduc Ferreterías, Danilo Blanco, a El Diario de Hoy.

Trabajadores de la construcción

Getty Images
El sector de la construcción es uno de los más afectados en Latinoamérica.

En México, el valor de los productos de la industria química, el plástico y el hule lideraron el aumento de precios en el país en el mes de julio, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

En el caso de los autos usados, también han subido los precios, como ha ocurrido en varios países de la región.

“Estamos viendo un incremento en los precios, tanto por una mayor demanda, como porque no hay vehículos nuevos en el mercado”, dijo Alejandro Guerra, director general de Kavak, una empresa dedicada a la compraventa de autos “seminuevos”, en declaraciones al periódico Expansión.

En diálogo con BBC Mundo, Gerardo Tajonar, presidente de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM), dijo que las disrupciones en las cadenas de suministros han afectado a varios sectores del país, particularmente la manufactura.

“Las empresas mexicanas no tenían un plan de contingencia, las tomó por sorpresa. Por eso hay que crear estrategias de mitigación de riesgo”.

Trabajadora en fábrica

Getty Images
La manufactura en México ha sentido el impacto de las disrupciones en las cadenas de suministro a nivel global.

El mes pasado, cuenta, el comercio internacional de México (importaciones y exportaciones subió cerca de 30%). Sin embargo ahora, con la llegada de una tercera ola de covid-19, el futuro se vuelve un poco más impredecible.

“A nivel del consumidor yo diría que se ha visto un aumento de precios en bienes más bien suntuarios como autos, productos de diseño, ropa de marcas, pero no en la canasta básica”, agregó.

“Más que escasez,yo diría que hay falta de variedad en algunos productos“.

Quien tampoco ve una perspectiva estratégica global muy clara para enfrentar estas contingencias es Gerard Reinecke, especialista principal en Políticas de Empleo, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

“El problema con las cadenas globales está influyendo en el empleo, pero aún no tenemos cómo cuantificarlo, es demasiado pronto”, explica.

De todos modos, si las cosas continúan así, los consumidores se verán afectados por precios más altos en algunos productos o tendrán que esperar más tiempo para conseguirlos.

Durante la pandemia, los costos de transporte de las importaciones en Latinoamérica se han disparado. Por ejemplo, el costo del flete de un contenedor entre Shangái y América del Sur antes de la crisis sanitaria era de unos US$2.000 promedio.

Ahora subió a cerca de US$7.000, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.

Contendedores

Getty Images
El precio de los fletes marítimos en la región se ha disparado.

Según Mauricio Claver-Carone, presidente del BID, la pandemia ha expuesto las vulnerabilidades de la región, pero también está dando una gran oportunidad para resolver los problemas.

“Tenemos que facilitar la inversión en las cadenas de suministro y aumentar la integración intrarregional”, le dice a BBC Mundo.

Una integración escasa, agrega, considerando que Latinoamérica es una de las regiones menos integradas del mundo, lo cual aumenta la dependencia de la región de los productos importados.

Solo el 14% de nuestro comercio ocurre a nivel intrarregional, comparado con el 59% de Europa y el 41% de Asia Oriental, explica Claver-Carone.

Por décadas los expertos en comercio internacional han recomendado mejorar la integración regional, pero lo cierto es que poco se ha avanzado.

Según Gerard Reinecke, Latinoamérica podría rearticular algunas cadenas a mediano y largo plazo pero, hasta ahora, “no hay muchos indicadores de que eso esté ocurriendo”.

Tal parece que ante el nuevo escenario y la incertidumbre que provoca la variante delta del coronavirus, las empresas y países que no reaccionen a tiempo, o que no tengan la capacidad de asegurar un flujo constante de suministros, pueden comenzar a quedar rezagados.

Quién llevará la delantera

En medio de las alteraciones inducidas por la pandemia, “estamos viendo cambios importantes en la ventaja competitiva internacional“, le dice a BBC Mundo William Lazonick, presidente de la Red de Investigación Académico-Industrial de EE.UU. y profesor de la Universidad de Massachusetts.

Trabajador de empresa tecnológica

Getty Images
Los problemas logísticos en el comercio internacional pueden cambiar la ventaja competitiva de algunos países.

Cambios en industrias esenciales relacionadas con la aeronáutica, la microelectrónica, los equipos de comunicación, la energía limpia o los productos farmacéuticos.

Es que la escasez global de muchos bienes no solo refleja los efectos de la pandemia y la política de las empresas de mantener inventarios reducidos al mínimo en las últimas décadas.

Refleja también, dice Lazonick, que las principales empresas estadounidenses de alta tecnología han “desperdiciado su liderazgo mundial” y pone sobre la mesa dudas sobre qué tan agresivas han sido algunas empresas en repartir dividendos sin hacer las inversiones necesarias para cuando se producen momentos de emergencia como el actual.


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