Gobierno de AMLO también contrató a empresa de la red Pegasus
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Gobierno de AMLO también contrató a empresa de la red Pegasus

El Instituto Nacional de Migración adjudicó un contrato a Comercializadora Antsua, empresa perteneciente al grupo denunciado por el propio gobierno federal. También el gobierno de Oaxaca, encabezado por Alejandro Murat, asignó un contrato de 17.7 millones de pesos a la misma compañía.
Cuartoscuro
26 de agosto, 2021
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La administración de Andrés Manuel López Obrador, a través del Instituto Nacional de Migración (INM), asignó un contrato millonario por adjudicación directa a una compañía que el mismo gobierno federal acusó de pertenecer a la red de empresas fantasma que presuntamente colaboraron con el proveedor del software espía Pegasus.

En diciembre de 2019, el INM adjudicó un contrato por 112.9 millones de pesos a la razón social Comercializadora Antsua S.A. de C.V. para el arrendamiento y soporte técnico de equipo de cómputo. Además, dicho contrato fue reservado durante 5 años para que su contenido no se dé a conocer al público por supuestas razones de seguridad nacional.

Leer más | Videgaray, Cienfuegos, Duarte: los nombres detrás de los pagos a la red de espionaje con Pegasus

Animal Político corroboró que, a través de su apoderado legal, Comercializadora Antsua está vinculada al grupo de 12 empresas fachada que tanto la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) como la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) acusaron de colaborar en operaciones de lavado de dinero con Grupo Tech Bull S.A. de C.V., que vendió el software espía Pegasus a los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Santiago Nieto, titular de la UIF, y Rosa Icela Rodríguez, de la SSPC, denunciaron públicamente la “red Pegasus” en las conferencias mañaneras del 21 y el 28 de julio. Allí, los funcionarios ventilaron que ese grupo de razones sociales simuló contratos millonarios con instituciones públicas en sexenios pasados. La información sobre las empresas fachada y los presuntos contratos fraudulentos fue entregada a la FGR.

Tanto la UIF como la SSPC enfatizaron que la “red Pegasus” fue beneficiada con contratos públicos exclusivamente en los gobiernos de Calderón y Peña Nieto, y aseguraron que ninguna institución de la actual administración tiene relación con las razones sociales denunciadas.

No obstante, Animal Político estableció que el INM adjudicó un contrato a Comercializadora Antsua, empresa perteneciente al grupo denunciado por el propio gobierno federal. También el gobierno de Oaxaca, encabezado por el priista Alejandro Murat, asignó un contrato de 17.7 millones de pesos a la misma compañía.

INM reserva contrato 5 años

El 13 de diciembre de 2019, el Instituto Nacional de Migración adjudicó el contrato CS/INM/136/2019 a Comercializadora Antsua S.A. de C.V. por 112 millones 999 mil 999 pesos para el arrendamiento y soporte de equipo de cómputo.

En la conferencia mañanera del 28 de julio, la SSPC denunció que esa misma razón social había simulado un contrato millonario de venta de medicamentos al Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS) —que administra las cárceles federales— en 2018, aún durante el sexenio peñista.

El INM no solo adjudicó este contrato a la compañía de la “red Pegasus”, sino que también lo reservó durante 5 años para que no se conociera su contenido.

En una sesión del 7 de mayo de 2020, el Comité de Transparencia del INM señaló que dar a conocer el nombre y firma del representante legal del proveedor representaba un riesgo de seguridad nacional, pues ello lo volvería identificable, y, por lo tanto, mediante él se podría intentar obtener información delicada contenida en las computadoras de la institución.

Aunque el Comité de Transparencia solo avaló censurar los datos del representante legal de Comercializadora Antsua, todo el contrato fue borrado de la red y no se localiza en Compranet ni en la Plataforma Nacional de Transparencia, según constató este medio.

A través de su dirección de comunicación social, se le preguntó al INM sobre la contratación de un proveedor señalado por el propio gobierno federal como posible empresa fantasma y que presuntamente está involucrado en actividades de lavado de dinero, pero, tras varios días de espera, la institución declinó responder a la consulta.

Empresa millonaria en colonia popular

Aunque reporta tener oficinas en Polanco, Comercializadora Antsua S.A. de C.V. fue constituida en febrero de 2017 con domicilio en la calle Mayas número 28, en la popular colonia Acueducto Tenayuca, Tlalnepantla, Estado de México. Allí se ubica una modesta casa de dos pisos que, a su vez, es la dirección de uno de los accionistas de la empresa, Omar Guadalupe Ramírez Carrillo.

En junio de 2018, poco más de un año después de su creación, y sin tener experiencia previa en el rubro, la compañía recibió, por adjudicación directa, un contrato de 145.1 millones de pesos del OADPRS para vender medicamentos para las cárceles federales, aun cuando proveer dichos bienes no se encontraba previsto entre los objetivos de la sociedad mercantil. La titular de la SSPC, Rosa Icela Rodríguez, aseguró que ese contrato fue una simulación.

De acuerdo con documentación del Registro Público y directorios de proveedores del gobierno consultados por este medio, el apoderado de Comercializadora Antsua es Marco Antonio Suárez Cedillo, quien, al mismo tiempo, es representante legal de Artículos Textiles, Equipos y Accesorios MV S.A. de C.V., empresa a la que la UIF identificó como fachada de Grupo Tech Bull.

El pasado 21 de julio, la UIF denunció que esta última compañía recibió 1,265 millones de pesos en contratos con diversas dependencias durante el peñismo, incluida la SSPC, y que entre 2016 y 2019 envió 2.7 millones de dólares a cuentas de Estados Unidos y China.

Este medio envió mensajes a los correos de Comercializadora Antsua registrados en los directorios de proveedores del gobierno para solicitar a los representantes de la empresa una postura aclaratoria, pero no se recibió respuesta respuesta.

También le da contrato el gobierno de Murat

El gobierno de Oaxaca, encabezado por el priista Alejandro Murat, contrató en septiembre de 2019 a Comercializadora Antsua S.A. de C.V. para la adquisición de uniformes para las instituciones de seguridad del estado y los municipios. 

Esta empresa es la misma que, en 2018, contrató el OADPRS para la compra de medicamentos y, luego, ya en esta administración, el INM para que le arrendara equipo de cómputo. 

Como parte de la licitación pública LPN-SA-SE-0025-08/2019, en la que participaron seis proveedores, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública de Oaxaca seleccionó a Comercializadora Antsua, a la que se le pagaron 17.7 millones de pesos.

La dirección de comunicación social del gobierno de Oaxaca y la Contraloría estatal señalaron a Animal Político que Comercializadora Antsua cumplía con los requisitos de contratación y ofrecía las mejores condiciones, y destacaron que el procedimiento se efectuó mediante una licitación pública. A su vez, la Contraloría aseguró que el proveedor cumplió con los servicios contratados –aunque no ofreció pruebas de ello–, por lo que descartó el inicio de alguna indagatoria de responsabilidades administrativas. 

El contrato fue pagado con recursos federales del Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública (FASP), que año con año se reparte a los estados.

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La historia detrás de la icónica imagen del hombre cayendo de una de las Torres Gemelas

El fotógrafo Richard Drew, de Associated Press, corrió al World Trade Center la mañana del 11 de septiembre de 2001 y registró la imagen histórica de un hombre saltando hacia su muerte. La identidad del hombre sigue siendo un misterio.
11 de septiembre, 2021
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Por motivos editoriales y por la sensibilidad de la imagen, BBC no muestra la fotografía del hombre que salta al vacío.


Muerte o muerte. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de personas se enfentaron a esta falsa alternativa. Con fuego y humo dentro de los edificios del World Trade Center de Nueva York, las víctimas en los pisos superiores comenzaron a saltar, perdiendo la vida al caer hasta desde 417 metros de altura.

La escena de personas que saltan de los edificios atacados por dos aviones es uno de los aspectos más oscuros y sensibles de la tragedia, de la que se cumplen 20 años este sábado.

La imagen de una de estas personas, un hombre que cae casi en picado, boca abajo y su cuerpo paralelo a las líneas de las Torres Gemelas, se volvió icónica.

El día después de la tragedia, varios periódicos publicaron la foto tomada por Richard Drew, fotógrafo de Associated Press. Han pasado los años y la imagen es para muchos demasiado dolorosa de contemplar. Otros vieron en ella la terrible estética de ese salto a la muerte.

Esta es la historia de la icónica foto de “The Falling Man” (“El Hombre Que Cae”).

“Era un día cualquiera en Nueva York”, comienza Richard Drew, ahora de 74 años.

Fotógrafo desde los 19 años, el experimentado Drew, entonces de 54 años, acababa de cubrir el torneo de tenis del US Open en Queens, Nueva York. Ese martes 11 de septiembre cubriría la Semana de la Moda de Nueva York, más específicamente, el primer desfile de maternidad con modelos embarazadas reales. Drew vio el desfile en Bryant Park, justo en el centro de Manhattan, junto a un camarógrafo de la cadena de televisión CNN.

Humo saliendo de una de las torres

Getty Images

Mientras hablaban, el camarógrafo de CNN dijo: “Hubo una explosión en el World Trade Center. Un avión chocó contra el World Trade Center”.

Al instante sonó el teléfono celular de Drew. Era su editor, quien le ordenó que corriera a la escena. Drew agarró su cámara y corrió a Times Square. Desde allí, tomó el metro hacia las Torres Gemelas.

Cuando salió de las escaleras del metro, vio una imagen inolvidable: las dos torres en llamas. Comenzó a fotografiar a personas conmocionadas por el caos que las rodeaba, el FBI ya en las calles aislando el área.

“Entonces me di cuenta de que el humo soplaba de oeste a este y di la vuelta para evitarlo. Me quedé junto a las ambulancias, entre un socorrista y un policía”, dice a BBC Brasil.


El socorrista fue el primero en darse cuenta. Señalando hacia arriba, gritó: “¡Dios mío, la gente se está tirando del edificio!”, recuerda Drew.

El fotógrafo apuntó con su cámara. “Tomé tantas fotos como pude de personas que se caían del edificio”, dice.

“No sé si saltaron por elección o si se vieron obligados a saltar por el fuego o el humo. No sé por qué hicieron lo que hicieron. Sólo sé que tuve que grabarlo”, cuenta.

Humo saliendo de las Torres Gemelas tras los ataques del 11 de septiembre

Getty Images

El Servicio Forense de la Ciudad de Nueva York declaró más tarde que las personas que saltaban de los edificios no podían ser llamadas “suicidas” porque eran expulsadas del edificio por el humo, el fuego o las explosiones.

La causa de muerte de todos los que perdieron la vida en la caída de las Torres Gemelas, atacadas ese día por al Qaeda, fue catalogada como “asesinato” en los certificados de defunción.

En un informe de 2002, el diario USA Today calculó a través de fotos, videos y entrevistas que 200 personas murieron de esta manera en la tragedia del 11 de septiembre. A partir de las fotos, The New York Times estimó que fueron 50 personas.

Según los relatos de los sobrevivientes, el hecho de que la gente saltara desde el edificio de al lado pudo haber salvado la vida de cientos de personas que, al verlos, se apresuraron a evacuar su lugar de trabajo.

“No fui frío”

Mientras fotografiaba, Drew experimentó algo siniestro: escuchó el ruido de cuerpos golpeando el suelo. “Algunos dicen que fui frío. No es eso. Soy un periodista capacitado. Te sumerges en el momento y simplemente fotografías lo que está sucediendo, en piloto automático”, dice.

Gente alrededor de las Torre Gemelas luego del ataque

Getty Images

“Cuando alguien comenzaba a caer, apuntaba con mi visor. Como trabajaba con una cámara digital, cuando mantenía mi dedo en el botón de la cámara, tomaba varias fotografías. Y, así seguía a la gente que se estaba cayendo del edificio “. A las 9:41, registró para siempre los últimos momentos del “hombre que cae”.

Cuando Drew regresó a la sala de redacción y fue a revisar sus fotos, supo instantáneamente que esta era la más fuerte de todas. “Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría allí. Pero solo estuvo así por un momento. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición”, dice.

Foto “silenciosa”

“A mucha gente no le gusta ver esta foto. Creo que la gente se identifica con ella y tiene miedo de tener que enfrentarse a la misma decisión que ese hombre algún día”, dice Drew.

Para él, la imagen es representativa de lo que sucedió ese día: “Es una de las pocas que muestra a alguien muriendo en el ataque más grave que hemos sufrido en Estados Unidos”, dice. A pesar de ser una foto sobre la muerte, reconoce Drew, es una foto “silenciosa”. “No es como otras fotos violentas de muertes que ocurren en guerras”.

Torres Gemelas

Getty
Hace 20 años, el ataque en Nueva York se cobró la vida de casi 3.000 personas.

Esa noche, Drew regresó a casa con un colega. Se sentaron y hablaron de todo menos de lo que habían visto ese día. Su esposa, dice Drew, se levantó al amanecer con ganas de pasar la aspiradora por toda la casa. “El estrés postraumático viene después”, reconoce. “Hablar de lo que sucedió ayuda. Ese fue un momento en mi historia, al igual que fue un momento en la Historia”.

Otro momento en la Historia y su historia: cuando tenía 21 años y vivía en Los Ángeles, en 1968, Drew fue uno de los cuatro fotógrafos presentes en otro momento histórico: la muerte del senador Bobby Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy.

“Estaba en el escenario detrás de él para fotografiarlo cuando hablaba. Me dio sed y fui a buscar agua”, dice Drew. “Salió y lo seguí. Cuando lo atacaron, me subí a una mesa junto a él y lo fotografié en el suelo”.

“Solo estaba haciendo mi trabajo, al igual que solo estaba haciendo mi trabajo años después, el 11 de septiembre”, señala.

¿Quién era el hombre que cae?

Drew dice que ha reflexionado sobre quién era el hombre al que registró saltando desde una de las Torres Gemelas, pero nunca de manera “muy profunda”.

“Fue una de las casi 3.000 personas que murieron ese día. No sé su nombre, ni la decisión que tuvo que tomar. Sé que se lanzó de un edificio y yo estaba allí para capturar ese momento”, cuenta.

Pero el misterio que rodea su identidad ha preocupado a otros.

Uno de ellos, el periodista estadounidense Tom Junod. Dos años después del 11 de septiembre, Junod escribió un artículo de portada para la revista “Esquire” en el que acuñó el nombre deEl hombre que cae” para el protagonista de la foto y trató de identificarlo.

Junod dio con dos nombres. Uno, Norberto Hernández, chef del restaurante Windows on the World, que estaba ubicado en el piso 106 de la Torre Norte. Pero la familia de Hernández dijo que no podía ser él por la ropa que llevaba.

El segundo hombre era Jonathan Briley, un ingeniero de sonido de 43 años que también trabajaba en el restaurante. Los hermanos de Briley dijeron que pensaban que, por la ropa y el cuerpo del hombre, podría ser el de la foto.

Es posible que sea él, pero no hay forma de estar seguro.

En 2006, el director estadounidense Henry Singer realizó un documental basado en los informes de Junod y utilizando otras imágenes capturadas ese día.

Avión en Kabul

La elección entre la muerte y la muerte parece haber sido también lo que sucedió hace tres semanas en Afganistán, cuando, desesperados por abandonar el país, unos hombres se colgaron del fuselaje de un avión estadounidense.

Las dos imágenes son como dos finales terribles de esta historia que se unieron 20 años después.

Casi un mes después de los ataques a las Torres Gemelas, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la guerra contra Afganistán. Estados Unidos sacaría del poder a los talibanes, que daban cobijo a al Qaeda, los perpetradores de los ataques, en el territorio que controlaban.

Afganos esperando para salir del aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021.

AFP
Cientos de afganos corrieron al aeropuerto de Kabul y se aferraron a un avión con la esperanza de salir del país.

Después de 20 años, cuando el presidente Joe Biden llevó a Estados Unidos a poner fin a la guerra al retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán, los talibanes regresaron al poder.

Fue la desesperación de permanecer en un país nuevamente controlado por los talibanes lo que hizo que los afganos se aferraran a las alas y al fuselaje de un avión.

El avión despega y los cuerpos caen en picado hacia la nada, tal como lo hicieron el 11 de septiembre. Un joven futbolista de 19 años, Zaki Anwari, murió tratando de escapar de esta manera.

El fotógrafo de “El hombre que cae” se negó a comentar sobre Afganistán o la política actual. Hoy, Drew fotografía la emoción de los “corredores” de la Bolsa de Valores de Nueva York, justo al lado de donde alguna vez estuvieron las Torres Gemelas y donde ahora hay un monumento a las víctimas del 11 de septiembre.


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