Tercera ola de COVID satura farmacias y quioscos de pruebas
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Tercera ola COVID: Médicos de farmacia trabajan otra vez a tope en consultas y pruebas

Médicos reportan que realizan entre 70 y 80 pruebas COVID diarias en farmacias. La mayoría de los positivos son menores de 50 años sin esquema de vacunación completo.
Cuartoscuro
6 de agosto, 2021
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Los quioscos y centros de salud no se dan abasto con la demanda de pruebas COVID. Lo que ha provocado también saturación en las farmacias que las realizan. 

Personal de estos lugares trabaja haciendo hasta 40 pruebas en un solo turno, de las que la mitad resultan positivas. 

En la jornada vespertina en una farmacia San Pablo, en la alcaldía Azcapotzalco, han hecho 30 test, de esos 15 dieron resultados positivos y todo se complicó. 

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Cada vez que la prueba confirma un caso de COVID hay que sanitizar el consultorio, ubicado en la alcaldía Azcapotzalco, en la Ciudad de México. Estos días, la gente empieza a hacer fila desde las 6 de la mañana, para alcanzar un test en el turno matutino, cuando se suelen hacer entre 25 y 30. En la tarde se hacen un poco más, entre 30 y 40. 

Esta tarde fueron tantos los casos positivos en este consultorio, que se requirió una limpieza más profunda y las pruebas se detuvieron por casi una hora, entre las 7 y las 8 de la noche. Unas diez personas hacían fila afuera del lugar, cinco tenían ficha, las otras ya no alcanzaron. 

“Es verdad que nos dieron la ficha y nos advirtieron que quizá no todos íbamos a alcanzar servicio, porque este se termina a las 8 de la noche e iban a tener que parar todo por casi una hora para limpiar a profundidad. Justo a las 8 reanudaron las pruebas y atendieron a cuatro personas más de las que teníamos ficha. Solo falté yo. En el trabajo me están pidiendo la prueba porque hubo un caso positivo en el área donde estoy y ahora tendré que volver mañana y perder más tiempo”, dice la mujer, que se queja además de que el personal del consultorio está ya muy de mal humor y el trato es rudo. 

Foto: Andrea Vega

Cuando se van todos los que ya no alcanzaron servicio, la médica y la enfermera dicen que no están de malas, pero el trabajo sí es mucho. 

Este jueves, la Secretaría de Salud reportó 21 mil 569 casos nuevos confirmados de COVID-19 en un solo día, la cifra más alta en esta tercera ola y que se acerca ya al récord de casos diarios confirmados en toda la epidemia en México, el del 21 de enero, cuando se contabilizaron 22 mil 339. 

La médica de la farmacia San Pablo dice que este martes hicieron 43 test, unas 20 fueron positivas. Este miércoles fueron 30, 15 positivas. “Por supuesto que trabajamos más allá de las 8 de la noche cada día y es muy pesado. La gente es muy insistente. También es que andan de un lado a otro buscando pruebas porque en todos lados está a tope, eso también lo entendemos”, dice mientras se va quitando el cubrebocas, el gorro, los googles y el estrés empieza a darle una tregua.  

Ella cuenta que ya se contagió de COVID en mayo. Hace unas semanas volvió al trabajo y apenas hace unos días se pudo vacunar. El personal de los consultorios de barrio y las farmacias tuvieron que esperar a vacunarse por edad. No se les consideró prioridad aunque ellos están en alto riesgo, porque son, como se puede ver en estos días, el primer contacto para consultas y pruebas. 

Hasta el 2 de agosto de 2021 habían resultado positivos al virus SARS-CoV2, que causa la  COVID-19, 251 mil 237 integrantes del personal de salud y habían fallecido, 4 mil 127 por esta enfermedad. Los casos de personal sanitario contagiado se han incrementado en las últimas semanas. En la semana epidemiológica 19 (del 9 al 15 de mayo) hubo 338 casos positivos, en la semana 30 (del 25 al 31 de julio) se reportaron mil 596. 

A meter el hombro 

Los consultorios de farmacia, sobre todo donde se hacen pruebas porque no en todos las hacen, exhiben en estos días largas filas, ante la saturación en los quioscos y centros de salud de la Ciudad de México. Adrián Hernández acudió este lunes al quiosco que está en la alcaldía Benito Juárez. Llegó a las 11 de la mañana y le dieron la ficha 200. 

En mayo la situación en los quioscos era muy diferente, entonces Adrian acudió al quiosco del metro Etiopía (en la misma alcaldía) a las 11 de la mañana a penas se habían repartido 20 fichas para prueba, “estaba desolado”.

Ahora en el quiosco de Benito Juárez “había tanta que mejor me fui porque calculé que no iba a alcanzar prueba. Ya había ido también al módulo que está en la delegación Benito Juárez. Allá llegué a las 9 de la mañana y ya había igual como 200 personas. Era una serpiente enorme de fila y con mucho desorden, porque tienen poco personal organizando. Había nada más unas tres personas de chaleco verde (el que usa el personal del gobierno de la CDMX)”. 

Adrián, que viene regresando de un viaje de trabajo por varios países y quería confirmar que no tiene COVID antes de ver a su familia, optó mejor por buscar una prueba en un laboratorio privado, donde encontró disponibilidad ya rozando la hora de cierre este lunes. 

Un médico que trabaja en un centro de salud en la CDMX cuenta a Animal Político que se están haciendo hasta 150 pruebas por día, de esas entre 25 y 35 salen positivas. En mayo si hacían las mismas 150 en un día, resultaban positivos entre 5 y 15, dice. 

La mayoría de los positivos, asegura el médico, son menores de 50 años, que no tienen vacuna o no tienen el esquema completo. Lo mismo dice la médica del consultorio de la cadena San Pablo. “Llegan muchos menores de 40 años, algunos se contagiaron por regresar al trabajo, a las actividades presenciales, pero también se contagian por andar de vacaciones o de fiesta. Vino un muchacho a hacerse la prueba y venía con su abuelita. Se había ido a celebrar el cumpleaños de una amiga y ya después se preocupó por ver si no estaba enfermo y si no había contagiado a la abuela. Lo bueno es que salió negativo”. 

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En otro consultorio de la farmacia San Pablo, pero este en Satélite, en Naucalpan, Estado de México, un treinteañero no pudo celebrar la misma suerte. Al medio día de este miércoles el lugar está con una fila de unas 20 personas. El médico sale con cinco papeles en mano. Empieza a gritar nombres y los aludidos se acercan.

De los cinco, uno es positivo, tiene 30 años y confiesa que se confió, que ha andado en reuniones y restaurantes con sus amigos. Tiene síntomas leves. Dice que irá con otro médico, donde haya menos gente, y acatará lo que le indique. 

Una joven de 20 años también ha dado positivo a la prueba que acaban de hacerle en el consultorio de la farmacia San Pablo de calzada de Los Misterios, en la Ciudad de México, donde a las 5 de la tarde hay unas 60 personas haciendo fila, no obstruyen la banqueta ni son tan visibles, porque las han acomodado por las escaleras y en el estacionamiento. 

Quienes esperan tienen entre 18 y 50 años, no se ven niños ni adolescentes y si acaso hay un par de personas de unos 60 años. Unos sí tienen síntomas, a otros les han pedido la prueba en su trabajo ya sea para volver a actividades presenciales o porque en el área donde laboran alguien resultó positivo. 

El proceso en este consultorio es el mismo, cada que un caso se confirma hay que sanitizar el lugar y la fila se detiene. Otra joven dice que ella llegó alrededor de las 12 y media y aún tiene unas diez personas por delante. 

A los nuevos que van llegando con la intención de formarse, la misma gente les dice que piensen bien si se van a quedar, porque la espera es larga y no hay garantía de que alcancen una prueba. Muchos cuentan el número de personas y se van. Otros se la juegan y se forman. Así llega la noche afuera de estos consultorios, con gente que pierde o gana la faena de lograr que un médico, desdeñado por el gobierno, le raspe la garganta y le dicte la sentencia.

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COVID: 'Preferí perder mi trabajo antes que vacunarme'

A medida que más compañías exigen a sus empleados estar vacunados contra la Covid-19, miles se están quedando sin trabajo.
26 de enero, 2022
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Danielle Thornton estaba en la fila afuera del colegio esperando a sus hijos cuando supo que se enfrentaría a una decisión que le alteraría la vida: o ponerse la vacuna de la Covid-19 o perder su trabajo de casi nueve años en el Citigroup.

Ella y su esposo vieron durante meses cómo jefes alrededor de Estados Unidos implementaban mandatos de vacunas, sabiendo que su familia podría enfrentar este momento. Entonces, la noticia le llegó a través de un correo electrónico a su teléfono.

“Tuvimos muchas conversaciones sobre el tema”, dice. “Pero al final decidimos que nuestra libertad era más importante que una nómina“.

Danielle es una de las miles de personas alrededor de EE.UU. que han optado por perder su trabajo en vez de recibir las vacunas contra la covid.

Representan una pequeña minoría. Muchos de los empleadores que han introducido tales reglas -aproximadamente un tercio de las compañías más grandes del país y 15% de pequeños negocios- dicen que la gran mayoría de sus empleados han cumplido.

En Citi, empresa que permite excepciones médicas y religiosas, más del 99% de los empleados ha cumplido con los requerimientos que aplican para la plantilla de más de 65.000 trabajadores que tiene el banco en EE.UU.

Los expertos aseguran que las vacunas son seguras y que son la mejor manera para prevenir una infección grave. Pero los mandatos -vistos como factor clave a la hora de impulsar al 25% de los estadounidenses que aún no se han vacunado para que se inoculen- enfrentan una fuerte resistencia alrededor del país, donde las personas los ven como una afrenta a amados ideales nacionales como la libertad personal y la privacidad.

Este mes, la Corte Suprema de EE.UU. rechazó una orden del presidente Joe Biden que hubiera requerido que los estadounidenses en sitios de trabajo con al menos 100 personas se vacunaran o que usaran máscara y se hicieran exámenes semanales, todo pago por ellos.

Los jueces en la máxima corte del país se refirieron a la regulación como una “invasión significativa” en las vidas de millones de trabajadores, y eliminaron las posibilidades de implementar reglas nacionales como aquellas planeadas por países como Alemania.

Aunque las cortes estadounidenses han estado más abiertas a aceptar que los estados y los negocios introduzcan requerimientos propios, el rechazo popular se mantiene alto.

Miembros del sindicato de los bomberos de la ciudad de Nueva York, trabajadores municipales y otros protestan contra los mandatos de vacunación de la ciudad en Manhattan.

Reuters
La oposición a los mandatos de vacunación, mayoritaria en estados republicanos, ha aumentado en todo el país.

Aproximadamente el 55% de los trabajadores apoya la implementación de mandatos de vacunación por parte de los empleadores, pero más de un tercio aún los rechaza, según sugiere una encuesta Gallup de diciembre.

El pasado otoño boreal, miles marcharon en contra de los requerimientos estatales de vacunación para trabajadores de la salud, profesores y empleados del gobierno en la ciudad de Nueva York.

Al final, la ciudad, que desde entonces ha expandido la regla a los empleadores privados, suspendió a 9.000 trabajadores cuando entró en vigor el mandato, mientras que varios hospitales en el estado también perdieron empleados.

“No creo que le corresponda al gobierno dictar cosas que son entre un ser humano y su creador”, dice Donna Schmidt, quien vive en Long Island y trabajó como enfermera neonatal durante 30 años antes de parar debido a los requerimientos de vacunas.

La mujer de 52 años dice que amaba su trabajo, pero rechaza la vacuna por razones religiosas y de preferencia personal. Está ahora reinventándose como activista, organizando el grupo New Yorkers Against Medical Mandates (neoyorquinos en contra de los mandatos médicos).

Foto de Donna Schmidt

BBC
La exenfermera Donna Schmidt dice que no ha tenido dudas sobre haber dejado su trabajo.

“No lo pensamos dos veces. Lo que ha habido aquí es duelo”, dice. “Realmente me importan mis pacientes, así que ser vetada por una entidad del gobierno que dice ‘ya no tienes lugar aquí’, es difícil”.

Libertad personal

Danielle, quien trabajó de manera remota para Citigroup desde Misuri como administradora de riesgos operacionales, dice que ella no es política o “alguien que esté en contra de las vacunas”.

Pero la madre de 33 años, que tiene cuatro hijos, ha rehusado ponerse una vacuna que, según ella, “no pareciera estar parando este virus”.

Su último día fue el 14 de enero. Dice que tiene suerte de estar en una posición financiera que le permite renunciar a su trabajo sin tener planes, por ahora, de conseguir otro.

No se molestó en buscar una excepción médica o religiosa.

“Yo debería tener el derecho de escoger”, dice. “Pero claro, hay muchas emociones… es un gran cambio para nuestra familia”.

Salvando vidas

Las compañías con mandatos de vacunas dicen que esas medidas lograron convencer a gran parte de su fuerza de trabajo para vacunarse.

En la fábrica de alimentos Tyson Foods, unas 60.000 personas -o más del 40% de su fuerza laboral en EE.UU.- se apuntaron a la vacuna luego de que la compañía instituyera el requerimiento en agosto, llamándolo la “cosa más efectiva que podemos hacer para proteger a los miembros de nuestro equipo”.

En United Airlines, el jefe ejecutivo Scott Kirby dijo que la política de su compañía redujo el número de empleados en el hospital, notando que, antes del mandato, moría al menos un empleado a la semana en promedio.

“Si bien sé que mucha gente todavía rechaza nuestra política, United está demostrando que la vacuna es lo correcto porque salva vidas”, contó en un memorando a los empleados.

Jane Fraser

Getty Images
La jefe de Citi Jane Fraser impuso un mandato de vacunación para los 65.000 empleados del banco a pesar de la decisión de la Corte Suprema.

Además de los beneficios de salud, las compañías tienen convincentes razones financieras y operacionales para insistir. Los costos de la salud, muchas veces parcialmente cubiertos por los empleadores, son más altos para aquellos que no están vacunados, y a su vez están más propensos a perder días de trabajo por enfermedad.

Hasta el momento, sin embargo, la mayoría de la gente afectada por los mandatos trabaja en oficinas o estados demócratas; grupos con mayor probabilidad de haber recibido la vacuna anteriormente. Gallup estima que solo el 5% de los estadounidenses no vacunados se enfrenta a mandatos de empleadores.

Cerca del 63% de los estadounidenses están “completamente vacunados”, comparado con el 84% de Reino Unido (mayores de 12 años) que ha recibido dos dosis de la vacuna.

“Un mandato de vacunación tendría el mayor impacto en los trabajadores con salarios más bajos y los trabajadores con menos estudios, pero también crearía la mayor fricción porque el grupo más grande de personas necesitaría vacunarse”, dice Jeff Levin-Scherz, líder de salud de la población de WTW, la compañía de asesoría en riesgos y seguros que encuestó a los empleadores sobre las vacunas.

Incluso antes de la decisión de la Corte Suprema, el número de estadounidenses a los que sus empleadores les piden vacunación se sostenía en al menos un tercio, según encontró Gallup en diciembre.

Las compañías, incluida la cadena de café Starbucks, han echado para atrás sus planes. Los negocios están preocupados por los costos de cumplimiento y escasez de personal en un mercado laboral históricamente caliente, dice Emily Dickens, jefe de asuntos gubernamentales para la Society for Human Resource Management (Sociedad para la administración de recursos humanos), la cual encontró que el 75% de sus encuestados no requerirían vacunas o pruebas semanales sin un mandato gubernamental.

Protesta anti-vacunas en Italia

Getty Images
Los mandatos de vacunación han impulsado protestas alrededor del mundo, incluyendo Italia.

“Se trata del acceso al talento en el lugar del trabajo y de la cultura laboral”, dice. “Dependiendo de la industria, es posible que decirles a las personas que tienen que estar vacunadas no sirva”.

Pero mientras la covid continúe resistiéndose a las medidas de control, el doctor Levin Scherz advierte que la pandemia podría forzar las manos de las compañías.

“Los mandatos de vacunación de empleadores sí funcionan para alcanzar tasas casi universales de vacunación”, dice. “Ahora que tenemos una variante, ómicron, que es tan contagiosa, es lo que necesitamos si queremos frenar los contagios en la población”.

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