América Latina debe producir vacunas si quiere superar la pandemia
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América Latina debe producir sus vacunas si quiere superar la pandemia de COVID: Unesco

El ritmo actual de producción mundial de vacunas contra COVID no da para cubrir la demanda global en 2021 y una de las regiones más afectadas por el bajo acceso a la vacuna será esta región.
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30 de septiembre, 2021
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Para superar la pandemia de COVID, América Latina tendrá que producir sus propias vacunas, así lo señala un informe presentado este jueves por Unesco sobre los desafíos, necesidades y oportunidades ante esta enfermedad y la vacunación.

Los problemas de los laboratorios fabricantes para cubrir toda la demanda mundial de vacunas retrasará las entregas especialmente a regiones como América Latina, donde se podría completar la inmunización del 70% de la población hasta 2022, cuando los países europeos y de América del Norte estarían ya en una segunda ronda con los biológicos de refuerzo.

La demanda proyectada de vacunas contra COVID para 2021, dice el informe, es cercana a los 11 mil 500 millones de dosis, solo para cubrir al 75% de la población mundial y alcanzar la inmunidad de rebaño. Pero las compañías farmacéuticas han manifestado que solo podrán producir alrededor de 9 mil 500 millones, 18% menos de lo requerido. 

Y eso en el mejor escenario. Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI) indica que al finalizar este año, la industria farmacéutica sólo habrá producido 6 mil millones de dosis, un 48% menos que lo proyectado.

A eso se agrega el problema del acceso desigual a estos biológicos. Treinta y cuatro países (Canadá, Reino Unido, Australia, Chile, Suiza, Nueva Zelanda, Israel y los 27 Estados miembros de la Unión Europea) han anunciado públicamente acuerdos de compra que garantizarían la inmunización de toda su población al menos dos veces.

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Mientras tanto, dice el informe, en los países de bajos ingresos financieros esta situación supone que no contarán con una cobertura suficiente de vacunas sino hasta el año 2023. 

Las proyecciones indican que incluso países como México, Brasil, Argentina, Colombia y Perú no lograrán la vacunación con el esquema completo del 70% de su población antes de que termine el año 2021, umbral que ha sido propuesto como el indicado para alcanzar la inmunidad colectiva o de rebaño.

Para superar la pandemia, se señala en el informe, es necesario que la región no dependa de la provisión externa de vacunas y eso solo será posible si los países cooperan para apoyar proyectos que surgen regionalmente, creando estrategias de intercambio de experiencia y apoyo tecnológico y forjando alianzas de suministros regionales.

Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha identificado una serie de obstáculos para acelerar la producción masiva de vacunas en América Latina y El Caribe, entre ellos, la falta de infraestructura, la escasez de materias primas, las restricciones de exportaciones y los derechos de propiedad intelectual sobre las vacunas.

Existe una iniciativa ante la Organización Mundial del Comercio liderada por India y Sudáfrica, apoyada por Estados Unidos, Naciones Unidas y diferentes organizaciones de la sociedad civil, para autorizar una exención temporal a los derechos de propiedad intelectual de las vacunas COVID durante la pandemia.

Estas excepciones, refiere el informe de Unesco, pueden ser una oportunidad para ayudar a incrementar la producción de vacunas a mediano y largo plazo, si van acompañadas de un fuerte proceso de transferencia del conocimiento, cooperación entre países, inversión sostenida, trabajo intersectorial, y un fuerte compromiso de potenciar las capacidades de producción y tener buenas prácticas de manufactura.

En la región, Cuba, Brasil y México se encuentran entre los 20 primeros fabricantes en el mundo de vacunas para diferentes enfermedades no COVID. México produce el 35% de su demanda, aunque por ahora solo se enfoca en polio oral y difteria y tétanos (TD). 

Pero BIRMEX, el laboratorio del gobierno, puede producir hasta 100 millones de vacunas al año y ya ha establecido un programa de transferencia tecnológica con Sanofi Pasteur para producir vacunas como la de la rabia, polio oral e influenza. 

Esa capacidad instalada, puntualiza la Unesco, podría ampliarse y adaptarse para la producción de algunas de las vacunas COVID en el mediano y largo plazo, por ejemplo, las de virus atenuado (Sinovac y Sinopharm). 

Sin embargo, se debe tener cierta cautela puesto que no se puede desatender la producción de vacunas para las demás enfermedades que así lo requieren. Lo principal a prever entonces sería una inversión que permita expandir la capacidad instalada.  

Los que ya entraron a fabricar 

En la carrera por tener vacunas COVID, Argentina, Brasil y México son productores parciales o totales de algunos de los biológicos contra el coronavirus, en ciertos casos pensadas para ayudar a abastecer a la región, pero en número insuficiente para las necesidades actuales, dice el informe de Unesco. 

El proceso de producción de la vacuna de Oxford-AstraZeneca inició como una cooperación entre Argentina y México, la meta proyectada es producir 250 millones de dosis para abastecer a la región. 

En el caso de México, además de la producción parcial de esta vacuna junto con Argentina, también producirá completamente la vacuna Sputnik V, a partir del mes de junio de 2021.

Al mismo tiempo, algunos países están haciendo esfuerzos en la investigación y desarrollo de vacunas propias contra el coronavirus. Hay iniciativas avanzadas en Brasil, Cuba y México, y otras en fases más tempranas en Argentina, Chile y Colombia.

En México, el Laboratorio Avi-Mex S.A inició el 4 de mayo de 2021 un estudio fase 1 en el que espera reclutar 90 voluntarios sanos para probar una vacuna con vector recombinante de una subunidad proteica del SARS- CoV-2.

Cuba ya tiene dos vacunas propias, basadas en subunidades proteicas del SARS-CoV-2 y se prepara para ensayos clínicos de una nueva fabricada en colaboración con China (conocida como Pan-Corona), que se dirigirá a partes menos mutagénicas del virus para combatir las nuevas variantes.

Argentina está trabajando en una propuesta en fase preclínica de una vacuna de subunidad proteica, mientras que Chile está dotando laboratorios con este mismo objetivo.

Colombia, en una unión de cooperación del sector público y privado, ha iniciado estudios para la fabricación de una vacuna propia que consideran podría estar disponible en 18 a 24 meses.

Lee más: Estados Unidos mantendrá restricciones para extranjeros vacunados con Sputnik, revela WP

Los países, desde ahora, recomienda el informe de Unesco, podrían acordar la participación en ensayos clínicos en estos proyectos, promover cooperación tecnológica, transferencia de conocimientos y hacer acuerdos de suministros. 

Estas primeras iniciativas que están surgiendo en la región, señala Unesco, podrían contar con mayor apoyo técnico y financiero internacional, para lo que habría que explorar establecer acuerdos de cooperación, no solo intraregión, sino también con entidades científicas extra-regionales, así como buscar formas de financiamiento innovadores por parte de la banca multilateral a iniciativas que tengan destino regional, y no solo a nivel de un país.

También se requiere que los organismos internacionales promuevan una mayor cooperación e intercambio de experiencias entre las iniciativas y proyectos de vacunas que están surgiendo, de tal manera que se potencien las capacidades y se forjen alianzas para optimizar la producción en la región más golpeada por el coronavirus.

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El gas usado para "desinfectar" a mexicanos en EU que sirvió como ejemplo a la Alemania nazi

Durante décadas, trabajadores mexicanos que cruzaban a Estados Unidos fueron inspeccionados y fumigados con pesticidas para prevenir enfermedades infecciosas. Décadas después, cientos describieron la experiencia como humillante y vergonzosa.
4 de septiembre, 2021
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En 1956, los braceros eran fumigados con DDT como parte del proceso de entrada a Estados Unidos.

CORTESÍA, MUSEO NACIONAL DE HISTORIA DE EE.UU

Muchos no sabían qué les estaban rociando, pero era tan extendido su uso que le apodaron “el polvo”.

La fotografía que abre esta nota es especialmente destacada por historiadores en Estados Unidos y algunos describen la escena capturada como “un momento atroz”.

En ella un funcionario enmascarado fumiga la cara de un joven mexicano desnudo con el pesticida DDT en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas, mientras que otros esperan en fila detrás mientras sujetan sus pertenencias.

La tomó el neoyorquino Leonard Nadel en 1956 mientras documentaba el programa Bracero, bajo el que al menos 4 millones de mexicanos migraron temporalmente a Estados Unidos para trabajar entre 1942 y 1964.

El esquema fue inicialmente establecido para compensar la ausencia de trabajadores estadounidenses debido al reclutamiento militar durante la Segunda Guerra Mundial.

Un trabajador se registra en el programa Bracero.

Getty Images
Millones de mexicanos campesinos y obreros participaron en el programa Bracero en Estados Unidos.

El DDT se empleó hasta mediados de los 60 en los inmigrantes para prevenir la propagación de malaria y tifus y su uso fue posteriormente prohibido en EE.UU. en 1972.

Hoy en día está clasificado por el gobierno de ese país y autoridades internacionales como un “probable carcinógeno humano”.

Pero este no fue el único pesticida empleado para “desinfectar” a inmigrantes mexicanos en la frontera entre México y EE.UU. por décadas.

Años antes de la implementación del programa Bracero, otro insecticida fue utilizado en centros de recepción de visitantes y pasaría a servir como ejemplo a funcionarios del nazismo en Alemania.

Zyklon B

David Dorado Romo, historiador y cronista de El Paso y Ciudad Juárez, dio con un artículo en una revista científica alemana de 1937 que lo dejó atónito.

El escrito incluía dos fotografías de “cámaras de despiojado” en El Paso, Texas.

Su autor, el químico alemán Gerhard Peters, destacaba las imágenes para ilustrar “la efectividad del Zyklon B (un pesticida a base de cianuro) como un agente para matar plagas indeseables”, escribe Romo en su libro Ringside Seat to a Revolution (“Asiento en primera fila a una revolución”).

“Peters se convirtió en el director de operaciones de Degesch, una de las dos firmas que adquirió la patente del Zyklon B en 1940 para producirlo masivamente”, describe.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis utilizaron el gas en dosis concentradas para matar a millones de judíos.

Un funcionario fronterizo estadounidense les habla a un grupo de refugiados mexicanos en el Puente Internacional de El Paso, en Texas. Año 1916.

Getty Images
Las inspecciones y requerimientos en la frontera entre EE.UU. y México en El Paso se endurecieron a partir de 1916.

Aunque en El Paso no se utilizó para el mismo fin, ya se estaba empleando desde 1929 por funcionarios fronterizos para fumigar la ropa y los zapatos de inmigrantes mexicanos en el Puente Internacional Santa Fe, que conecta esa ciudad con Ciudad Juárez.

Las inspecciones habían iniciado formalmente en 1917, amplía el historiador, cuando las autoridades estadounidenses empezaron a imponer restricciones sobre los cruces fronterizos en sectores como El Paso.

El alcalde de la ciudad en esa época, Tom Lea, se refería a los mexicanos como “sucios piojosos indigentes” que “sin duda, van a traer y propagar el tifus”.

Pero entre 1915 y 1917, menos de 10 residentes de El Paso habían muerto del tifus epidémico, recogió Romo en su libro.

Aún así, los mexicanos considerados de “segunda clase” eran sometidos a exhaustivos chequeos que incluían duchas con agua caliente y revisiones de los migrantes desnudos. A los que le encontraban piojos, “les rapaban la cabeza y les afeitaban todo el cuerpo”, señala Romo a BBC Mundo.

Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los braceros eran inspeccionados de la cabeza a los pies en un centro de procesamiento en Hidalgo, Texas.

Tan solo en 1917, al menos 120.000 personas fueron examinadas en el centro de El Paso.

Romo y otros historiadores hablan de un contexto en el que las ideas eugenésicas cobraban fuerza y se manifestaban a través de nociones discriminatorias y racistas.

“No hay que comparar peras con manzanas, pero el Holocausto no fue un hecho aislado y la frontera entre EE.UU. y México sirvió como un centro de experimentación importante de esas ideas”, advierte Romo.

“¿Sabe qué es la vergüenza?”

Cuando inicia el programa Bracero en 1942 ya estaba extendido el uso de diferentes químicos como el kerosén en centros de inspección fronterizos.

Aunque el gobierno de EE.UU. alabó a los mexicanos que se enlistaban como “soldados de la producción” y de la tierra en ese tiempo, con los años surgieron cientos de testimonios de trabajadores que señalaron sus experiencias como vergonzosas y humillantes.

La historiadora Mireya Loza recuerda en conversación con BBC Mundo que la imagen del trabajador rociado con DDT en la cara era la que más afectaba a los antiguos participantes del programa con los que habló.

“Muchos decían que sentían los efectos del DDT en los ojos, que tenían reacciones alérgicas en la piel y entendieron que no era un tratamiento humano”, dice la profesora de la Universidad de Georgetown.

Un grupo de trabajadores del programa Bracero alzan los brazos y están alineados contra la pared mientras son inspeccionados en una habitación del Centro de Procesamiento en Monterrey, México.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores eran inspeccionados a ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos. Aquí, en un centro de procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

La académica inició su investigación entrevistando a decenas de braceros para un proyecto llamado Bracero History Archive (Archivo Histórico de los Braceros), impulsado por el Museo Nacional de Historia estadounidense Smithsonian.

“Muchos de estos trabajadores dijeron haber sentido algo feo porque era la primera vez que eran desnudados públicamente y frente a varias personas. Para ellos era un shock tremendo estar ahí y que los doctores les hicieran abrir las pompis, la boca; todo revisaban”, describe.

Los trabajadores eran generalmente inspeccionados en sedes administradas por Estados Unidos dentro de México y en ciudades fronterizas como Hidalgo, en Texas.

Además de las fumigaciones, los vacunaban contra la viruela, les hacían exámenes de sangre y de rayos X y les revisaban las manos en busca de callos que demostraran que tenían experiencia en el campo.

Un bracero es vacunado mientras otros esperan en la fila en el Centro de Procesamiento en Monterrey, México, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Los trabajadores también eran vacunados contra la viruela.
Un funcionario de gobierno revisa las manos de un aspirante al programa Bracero.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Era común que las manos de los trabajadores fueran revisadas en busca de callos como prueba de que ya trabajaban la tierra.

José Silva, un campesino oriundo de Michoacán que empezó a trabajar desde los 6 años, describió en 2005 con cierto enfado la experiencia que vivió mientras fue bracero durante una entrevista disponible en el Archivo Bracero:

“Por una parte sí fue un buen programa (…) No tuve problema, me ayudé económicamente. Lo que no me gustaba era que nos fumigaron. Sentí vergüenza. ¿Sabe qué es la vergüenza? Todos formados así, sin ropa, y salíamos así caminando y allá en la puerta estaba el hombre con el fumigador. Muy mal. No éramos animales, éramos cristianos, ¿por qué nos fumigaban?“.

Víctor Martínez Alemán, originario de Tlaquiltenango, en Morelos, se enlistó en el programa en 1956 y trabajó en California:

“Nos pasaron, encuerados, delante de todas las muchachas, ya no más nos tapábamos acá pero encuerados para pasar donde nos iban a fumigar, bien fumigados así y todo… A nosotros nos daba vergüenza porque teníamos que pasar como con 20 mujeres (…) Eran todas secretarias. Y con manos atrás, nada de taparse, nada… Nos quería hasta pegar (…) Nunca había yo pasado esas penas pero como yo lo que quería era llegar a Estados Unidos para hacer algo…”.

“Injusticias y abusos”

A través del Archivo Bracero, el gobierno de EE.UU., mediante el Museo Nacional de Historia y diferentes instituciones académicas, reconocen que los trabajadores fueron sometidos a una serie de “injusticias y abusos”.

“Muchos se enfrentaron a alojamiento deficiente, discriminación e incumplimiento de contratos, incluso fueron estafados al recibir sus salarios”, indica el sitio web.

Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Cortesía, Museo Nacional de Historia de EE.UU.
Un grupo de braceros en un cultivo en Salinas, California, en 1956.

Pese a estas investigaciones, ningún presidente o autoridad de alto cargo a nivel nacional en EE.UU. ha ofrecido disculpas públicas ni reparaciones por los efectos negativos que desencadenó el programa, indica la historiadora Mireya Loza.

Tampoco existe una investigación exhaustiva sobre el impacto de pesticidas, incluido el DDT, en la salud de millones de braceros que fueron fumigados.

Aunque el programa culminó hace casi seis décadas, aún queda una generación que vive para contarlo.

Carlos Marentes, activista por los derechos de los campesinos en El Paso, recogió también cientos de testimonios y denuncias de abusos laborales, y las fumigaciones sobresalían entre los recuerdos más amargos de los trabajadores.

“Naturalmente existía un miedo de que trajeran enfermedades contagiosas, pero eso conllevó a una estigmatización“, dice a BBC Mundo.

Para Marentes, el programa Bracero fue un ejemplo claro de “la contradicción en la política de inmigración” de Estados Unidos.

“Por una parte sabemos que los necesitamos (a los inmigrantes), para que hagan todo lo que no podemos o no queremos hacer, pero por otra parte nos han metido en la cabeza que hay que tenerles miedo”, sentencia.



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