La mitad no obtiene beca por discapacidad; servidores deciden
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Jesús Santamaría

Becas por discapacidad: la mitad no logra obtenerla; servidores de la nación deciden

En México hay casi 21 millones de personas con discapacidad, pero el programa solo tiene como meta llegar a un millón, es decir, apenas 16% de ellas.
Jesús Santamaría
Por Manu Ureste y Data Cívica
23 de septiembre, 2021
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A los cinco años, los padres de Carolina comenzaron a notar que su hija no volteaba cuando le hablaban o la llamaban por su nombre, ni se sobresaltaba con los ruidos fuertes, ni pronunciaba palabras sencillas para su edad.

La llevaron con un especialista y tras unos estudios les confirmaron la sospecha: Carolina nació sorda. Una discapacidad a la que, años después, se le sumó un quiste en el cerebro que le dejó crisis convulsivas y una pérdida progresiva de la visión que ahora, a sus 45 años, la obligan a usar unos lentes especiales.

A pesar de las dificultades, Carolina Flores, natural del municipio de García, en Nuevo León, logró abrirse camino en el mercado inmobiliario como asesora de ventas autónoma. Y las cosas, explica en entrevista mediante mensajes de texto, no le estaban yendo mal, hasta que en 2020, con la pandemia de COVID-19, el trabajo, las ventas, y los ingresos, se hundieron.

“En todo el año solo vendí una casa”, asegura.

Para paliar la falta de ingresos y de seguro social, trató de acceder a la beca de 2 mil 700 pesos mensuales que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ofrece a personas con discapacidad permanente.

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Un día, narra Carolina, un joven tocó a su puerta. Era un integrante de los Servidores de la Nación, el equipo que se encarga, entre otras funciones, de elaborar los censos de beneficiarios de los programas de la Secretaría de Bienestar. El joven preguntó por un niño de seis años con discapacidad, que vive en su misma calle, para inscribirlo en la beca. Y Carolina aprovechó la ocasión para explicarle que ella también quería aplicar.

Pero el encuentro con el voluntario fue un desastre, dice la mujer.

“Era un muchacho que no sabía nada de cómo tratar a personas sordas. Me gritaba, aunque no tenía caso que lo hiciera, porque no puedo escucharlo. No tenía conocimiento, ni capacitación, ni tampoco empatía”, lamenta Carolina, que al final optó por acudir con un acompañante que hablara por ella a la oficina de Bienestar más cercana, en Guadalupe, Nuevo León, a una hora en carro.

Allí las cosas tampoco fueron fáciles: los funcionarios le informaron que para conseguir la beca tenía que entregar una larga lista de documentos, entre ellos, un certificado médico, un comprobante de discapacidad, y una audiometría.

Pero ni entregando todo eso, le advirtieron, podría optar a la ayuda.

“No me la dieron porque tengo 45 años, y porque, según ellos, vivo en una colonia bien, que no es pobre. Pero yo me pregunto: ¿qué importa donde viva y mi edad si necesito esa ayuda? Para mí eso es discriminación”.

Como respuesta, Carolina dice que los funcionarios le explicaron que hay mucha demanda por recibir la beca, y que éstas se están priorizando entre niños, niñas, adolescentes y menores de 30 años, y entre personas de 30 hasta 64 que vivan en municipios indígenas, afromexicanos, y personas de 30 a 67 que habiten en municipios de altos índices de pobreza, diferentes a los que son indígenas.

Carolina recurrió entonces a una organización civil que integra a unas 45 personas sordas en su comunidad, muchos de los cuales están actualmente sin trabajo. Quería probar si en grupo era más fácil acceder a la ayuda. Ahí se encontró con que no era la única en esa situación.

“Nadie en mi comunidad ha logrado ese apoyo, que para mí es una mentira”, critica la regiomontana. “Porque no es una beca para todos. No es universal —recalca—. Es un programa hecho a medida para beneficiar solo a los que les conviene al Gobierno”.

6 millones con discapacidad, becas solo para 1

Entre 2019 y lo que va de 2021, la Secretaría de Bienestar del gobierno de López Obrador ha gastado 36 mil 800 millones de pesos en beneficiar con becas bimestrales a la población con discapacidad en México, de los que algo más de 10 mil millones se ejercieron solo en el primer semestre de este 2021.

Sin embargo, en estos casi tres años de operación, el alcance de la beca ha sido realmente corto. Y lo ha sido desde el planteamiento mismo del programa, que, en efecto, no es universal: en el país hay casi 21 millones de personas que tienen alguna discapacidad, de las cuales, 6 millones 179 mil personas tienen discapacidad permanente, según datos del censo de población 2020 del INEGI. El programa, en cambio, tiene como meta llegar a 1 millón de beneficiarios; es decir, apenas a un 16% de ese universo.

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Por ello, tal y como explicaron los funcionarios de Bienestar a Carolina Flores, el programa da prioridad a los tres sectores de población: niños, niñas, adolescentes y jóvenes de 0 a 29 años, y personas de 30 y hasta un día antes de cumplir 65, que habiten en municipios y localidades indígenas o afromexicanas, o en municipios con alto o muy alto grado de marginación.

La organización civil Data Cívica, en un análisis para este reportaje, calculó con datos del INEGI y del Instituto de Población Indígena (INPI) que con esta priorización que hace Bienestar, el universo a atender se reduce a 1 millón 925 mil personas que son niños, niñas, jóvenes hasta 29, personas indígenas o afromexicanas, y adultos que viven en municipios con altos niveles de marginación.

Pero esta cifra implica dos cosas: que más de 4 millones 250 mil personas con discapacidad se quedan fuera del rango para poder optar a la ayuda; y que el grado de cobertura, teniendo en cuenta solo a esos casi 2 millones que sí cumplirían los requisitos, sigue siendo bajo: en 2019, el primer año de operación de la beca, fueron beneficiadas 837 mil personas, el 43% de la población objetivo. Es decir, que 1 de cada 2 personas que cumplían con los requisitos no la obtuvieron.

En cuanto a cómo se distribuyeron las becas, Animal Político solicitó por transparencia las bases del padrón de beneficiarios 2019, y comprobó que la mayoría de los conceptos, como la edad, localidad, o el tipo de discapacidad, están testados; es decir, vienen tachados y no se pueden analizar.

Con la poca información pública disponible, Data Cívica comparó los casi 2 millones de personas que, según datos del INEGI y del INPI, podrían ser candidatos a recibir la beca, contra los 837 mil que la recibieron. Como resultado, obtuvo que el reparto de las becas fue proporcional. Esto es, aunque tuvo un alcance corto, la beca se repartió más en los municipios donde hay identificadas más personas con discapacidad y que cumplen los requisitos de las Reglas de Operación, y priorizó los municipios indígenas y con altos índices de marginación por encima del resto.

No obstante, también encontró que hay 205 municipios con una cobertura de becas mayor al 100% de la población identificada como potencial. Es decir, en esos lugares hubo más becas que personas identificadas con discapacidad.

Ambigüedad de criterios y discrecionalidad

Aleyda Flores tiene 45 años y desde hace ocho padece ceguera. En entrevista, la mujer natural de Durango explica que lleva dos años intentando conseguir la beca, luego de que escuchó en spots de radio que el Gobierno de López Obrador la estaba ofreciendo. No vive en situación de pobreza extrema, matiza, pero la ceguera le ha dejado múltiples gastos que, aunados a los de un hijo estudiante que no trabaja, la llevó a acercarse a una oficina de Bienestar a solicitar la ayuda.

“La discapacidad es muy cara. Hay muchas cosas que tienes que poner de tu bolsillo, como los medicamentos que no te da el seguro, el transporte, etcétera. En estos tiempos, es un lujo tener discapacidad. Es carísimo”, plantea.

Pero, como en el caso de Carolina, en la oficina de Bienestar también le informaron que, por su edad, y porque no vive en una zona de alta marginación, ni indígena, no era candidata.

“Me sentí discriminada”, coincide con Carolina. “¿Cuál es el motivo por el que no estaría recibiendo el apoyo? No lo entiendo. Se supone que con esa ayuda están buscando la igualdad. Pero, con esta forma de clasificar a quién sí y a quién no, nos están tratando de manera desigual”.

No obstante, meses después, Aleyda asegura que una pareja de conocidos, que también son ciegos y que tienen su misma edad, sí accedieron a la beca. Por ello, regresó a insistir a la oficina de Bienestar, donde esta vez le dijeron que tendría que esperar a que un Servidor de la Nación fuera a su casa para evaluar su caso.

Pero, hasta la fecha, la mujer dice que no la han visitado. 

Precisamente, la intervención de los Servidores de la Nación en el proceso de selección de los beneficiarios es uno de los puntos que más polémica genera. De acuerdo con lo que se establece en las Reglas de Operación del programa, hay una serie de documentos que la persona con discapacidad debe entregar para aspirar a la beca. Uno de ellos, es que debe presentar un certificado de discapacidad elaborado por alguna institución pública de salud.

Sin embargo, en las mismas reglas se deja una puerta abierta para quienes no lo presenten: si la discapacidad “es notoria o evidente con la sola apreciación de los sentidos”, a entender del Servidor de la Nación que hace la visita y evalúa el caso, entonces el certificado no será necesario.

Félix Frías tiene discapacidad visual y es integrante de la organización Empoderamiento de Personas con Discapacidad. En entrevista, señala que esa excepción es una puerta abierta a la “ambigüedad de criterios” y “a la discrecionalidad”.

“Se está dejando a consideración de un Servidor de la Nación, que no tiene formación médica, decidir si una discapacidad es evidente”, apunta. “Pero muchas veces la discapacidad no es visible y se requiere de una evaluación más profunda. Te hablo, por ejemplo, de una discapacidad psicosocial, una discapacidad mental”.

“Por eso —apunta ahora Candelaria Salinas, de la misma organización civil—, estamos detectando casos en los que gente que usa lentes por vista cansada, sí están recibiendo el apoyo. Y a personas con ceguera no se la dan, porque quedó a criterio de un Servidor de la Nación”.

Sobre este punto, Candelaria recuerda que, precisamente, una de las recomendaciones que hizo en un informe en 2020 el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) a este programa consiste en que Bienestar firmara convenios con instituciones de salud pública para “llevar a cabo brigadas de visitas domiciliarias a la población preseleccionada y así confirmar si presenta discapacidad permanente”. Cosa que aún no ha sucedido.

“Están metiendo a gente al programa a conveniencia —asegura tajante Candelaria—. ¿Tú usas lentes? Pues te meto a la beca. ¿Tú usas bastón? Pues te pongo que es discapacidad permanente. Y así van haciendo una clientela”.

Con otra solicitud de información, Animal Político preguntó a la Secretaría de Bienestar cuántas personas de las 837 mil que recibieron la beca en 2019 presentaron un certificado médico, y cuántas fueron incluidas en el programa a consideración de un Servidor de la Nación. En su respuesta, la dependencia dijo que en el formato de registro este criterio no existe, por lo que desconoce el dato. Mientras que información como qué tipo de discapacidad tienen las personas beneficiadas, fueron testados por considerarlos datos personales.

Recurren al amparo para conseguir la beca

Marisol Flores tiene 40 años y es la mamá de Iñaki, un niño de diez años que nació con hidrocefalia —exceso de líquido en el cerebro— y que desarrolló una epilepsia resistente a los fármacos.

Ella, su hijo, es uno de los 837 mil casos de personas con discapacidad que sí le concedieron la beca. Aunque no fue nada fácil. 

Marisol cuenta que, tras recibir la visita de un Servidor de la Nación en su domicilio, y luego de entregar la documentación, le dijeron que en breve se comunicarían con ella. Pero pasaron casi dos años hasta que, en octubre de 2020, le mandaron un mensaje de texto diciéndole que su hijo había sido aceptado, y el 21 de diciembre le entregaron un sobre con una tarjeta de Bienestar.

Pero aun había un detalle: tenía que esperar a que un funcionario de Bienestar pasara de nuevo por su domicilio a entregarle un talón de pago, y ya con eso, ir a la sucursal del Banco Bienestar más cercano para activar la tarjeta. De nuevo, pasaron los meses: de diciembre de 2020 hasta mayo de 2021, casi medio año más. Y la tarjeta seguía inactiva, a pesar de las múltiples llamadas de Marisol a la dependencia para que le dieran una explicación del retraso.

En entrevista, la mujer cuenta que ya daban por perdida la ayuda, hasta que, por medio de Margarita Garfias, madre de Carlos, un joven de 17 años con discapacidad múltiple, y coordinadora de la organización Familias y Retos Extraordinarios, se enteró de que el Instituto Federal de la Defensoría Pública ofrece acompañamiento gratis para conseguir la beca mediante la vía del amparo.

“Yo no tenía ni idea de que se podía ejercer una acción legal para conseguir la beca”, admite Marisol. “Luego me di cuenta de que hay muchas personas en mi misma situación, de que sí les dieron el registro, pero nunca les llegó el dinero”.

Finalmente, el 24 de julio de este año, tras casi tres años de solicitarla, su hijo Iñaki ya dispone del apoyo económico.

Yasmín Rosales Muñoz es una de las asesoras legales especializada en atención a personas con discapacidad que trabaja para el Instituto Federal de la Defensoría Pública; un ente público del Consejo de la Judicatura Federal que, a partir de 2019, creó un área dedicada especialmente a la defensa gratuita de los derechos de las personas con discapacidad en México.

En entrevista, la abogada explica que, desde que se lanzó en 2019 la beca Bienestar para personas con discapacidad, han acompañado múltiples casos como el de Marisol y su hijo Iñaki, mediante la interposición de juicios de amparo con los que buscan que, por mandato de un juez, la Secretaría de Bienestar les otorgue el apoyo económico.

“Hemos tenido una gran demanda”, recalca la abogada, que, solo en la Ciudad de México, ha llevado 40 casos, “de los cuales, el 80% son de personas con discapacidad que no han podido acceder a la beca”, y el resto, personas que se la aprobaron, pero no le depositaban el dinero, como le sucedió a Marisol.

Y la fila de amparos, plantea Rosales, continúa creciendo. Especialmente, luego de que, en mayo de 2020, a iniciativa del presidente López Obrador se reformó la Constitución Mexicana para elevar la beca a personas con discapacidad al rango de derecho constitucional.

Sobre esto, la abogada explica que, aunque las Reglas de Operación de la beca establece tres sectores prioritarios, al elevarse la beca a rango constitucional, toda persona con discapacidad permanente podría aplicar para recibirla.

“Bienestar señala como prioritarios a ciertos grupos, como niños y niñas, o personas indígenas, o personas que vivan en zonas de alta marginalidad, y esto está generando que se les niegue la beca a muchas otras personas, por ejemplo, que tengan más de 30 años”, expone.

“No obstante, la negativa es contraria a la Constitución. Así que podemos impugnar por la vía del amparo y podemos obtener de un juez la suspensión por discapacidad porque la Constitución no excluye. Es decir, las Reglas de Operación hablan de un rango de priorización, pero nunca de exclusión. Y nosotros, como defensores públicos, podemos hacer valer ese derecho a la igualdad”.

—Es decir —se la planteó a la abogada en la entrevista-, técnicamente, las más de 6 millones de personas con discapacidad que, según el INEGI, hay en el país, ¿podrían solicitar la beca?

—Por supuesto —respondió—. Y los invitamos a que lo hagan. Que hagan valer sus derechos. Porque son derechos, no son un regalo -recalcó Yasmín Rosales, que detalló que la Defensoría Pública tiene asesores jurídicos especializados en la materia en los 32 estados de la República, a los que se le puede contactar mediante el teléfono ‘Defensatel’ (800 22 42 426), o mediante el correo [email protected].

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500 años de la Conquista México- Tenochtitlan: ¿una traición indígena?

La caída de México-Tenochtitlan, ocurrida justo este viernes hace 500 años, el 13 de agosto de 1521, cambió todo en el mundo prehispánico. ¿Cómo se fraguó y por qué dejó a una facción como "traidora"?
13 de agosto, 2021
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Hace 500 años ocurrió uno de los episodios más transformadores de la historia de México.

El 13 de agosto de 1521, hace justo ahora 500 años, la ciudad indígena de México-Tenochtitlan -hoy Ciudad de México- fue capturada luego de un estado de sitio y batallas encarnizadas que se prolongaron durante tres meses.

Era la conquista de México, la cual fue protagonizada por miles de guerreros con rostro y color de piel familiar para los mexicas que gobernaban aquella imponente urbe.

Y es que tal hazaña fue obra de un ejército 99% indígena.

El otro 1% era un contingente de hispanos, esclavos africanos e indígenas caribeños encabezados por un hombre, el español Hernán Cortés.

“Lo que los une es un enemigo común, los de México-Tenochtitlan”, dice a BBC Mundo el historiador Miguel Pastrana, un investigador sobre el periodo indígena-colonial de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Cortés fue el gran articulador de una alianza que los indígenas en ese momento, subraya Pastrana, entendieron de otra manera. Entonces desconocían que desembocaría en el poder hispano en América.

“Hasta la caída de Tenochtitlan, los indígenas ven a los españoles como un grupo más de tantos. No concibieron la magnitud del cambio que se avecinaba. No son del todo conscientes de las implicaciones de la presencia española”, advierte el investigador.

Una ilustración de Tenochtitlan

DEA PICTURE LIBRARY/De Agostini via Getty Images
Hernán Cortés describió Tenochtitlan como una urbe palaciega. Esta ilustración, del año 1900 aprox., muestra la plaza central y el Templo Mayor en el siglo XVI.

Eso ha dejado a pueblos mexicanos con origen indígena, como Tlaxcala, bajo el estigma de “traición”.

Pero una revisión fiel de los hechos muestra que lo ocurrido hace 500 años no fue ni una gesta épica de los hispanos ni una traición indígena, sino el producto de una alianza muy pragmática.

Los indígenas no eran un pueblo único

Una cosa hay que tener clara para comprender lo que ocurrió, explican los historiadores: los pueblos indígenas de la región eran muchos y cada uno actuaba conforme a sus propios intereses.

Había señoríos, los atépetl, cada uno de las cuales tenía su propio gobernante (tlatoani), su pueblo y su territorio.

Altépelt, o ciudad-Estado. La organización política de aquella época estaba conformada por los "altépetl", o ciudad-Estado [ México-Tenochtitlan Era la principal ciudad-Estado de la Triple Alianza, junto a los señoríos de Texcoco y Tacuba. ],[ Tlaxcallan Era la unión de cuatro altépetl: Tepeticpac, Tizatlán, Ocotelulco y Quiahuiztlán. Se aliaron con los europeos. ] , Source: Fuente: UNAM, Image: Códice Osuna.

En la práctica funcionaban como ciudad-Estado, cada uno de los cuales construía alianzas para expandirse y defenderse.

La más poderosa era la Triple Alianza, conformada por los señoríos de México-Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, que controlaban a decenas de pueblos de los alrededores, en algún momento más de 50.

Los señoríos bajo su dominio debían pagar tributo y servirles de apoyo militar, administrativo y hasta religioso, explica Pastrana.

Y había pueblos rivales de los mexicas, como la Confederación de Tlaxcallan (donde hoy se ubica el estado de Tlaxcala), con quienes tuvieron guerras y conflictos mucho antes de la llegada de los europeos.

“Hay muchos pueblos que estaban resentidos con los mexicas por la política expansionista y las reformas de Moctezuma”, el gobernante de la Triple Alianza.

Hernán Cortés y Moctezuma II

Getty Images
La diplomacia entre Hernán Cortés y el rey Moctezuma II duró muy poco tiempo.

Los hispanos habían tenido un primer encuentro con Moctezuma en 1519, pero en junio del año siguiente fueron expulsados de la ciudad tras el enfrentamiento de la “Noche Triste”.

Entonces vino una recomposición de fuerzas que dio fin al dominio mexica un año después.

Cortés se dio cuenta de que debía regresar con una gran alianza indígena para avanzar sobre un objetivo común: la poderosa Triple Alianza.

“Lo que los une es un enemigo común, los tenochcas, y la mutua necesidad”, enfatiza Pastrana.

Los pueblos que se aliaron con Cortés

La alianza que establecieron los pueblos indígenas con los hispanos fue clave para asediar entre mayo y agosto de 1521 a la ciudad de México-Tenochtitlan, la cual vivía momentos de debilidad.

Además de contar con un número de combatientes a caballo y armamento europeo, la fuerza principal del ejército invasor eran los miles de indígenas -principalmente tlaxcaltecas– para combatir la resistencia mexica.

Pero también había fuerza indígena de muchos otros pueblos: Cempoala, Quiahuiztlan, Texcoco, Chalco, Xochimilco, Azcapotzalco y Mixquic.

Una ilustración de la expedición de Cortés

Getty Images
Las fuerzas de Cortés tenían apoyo militar y logístico de los pueblos indígenas, incluso traductores.

“Era un ejército enorme e imponente, con muchísimos efectivos, sobre todo indígenas. Por cada español habría 10 o 15 indígenas, además de las fuerzas de apoyo”, explica Pastrana.

La victoria hispano-indígena fue gradual, con avances y retrocesos jornada tras jornada a partir de mayo de 1521.

Los españoles mandaron construir 13 bergantines, unas embarcaciones que fueron clave para vencer a las canoas que los mexicas usaron exitosamente en el pasado para defender el lago que rodeaba a México-Tenochtitlan.

Luego de varios enfrentamientos, se lograron posicionar en tres de las calzadas que contactaban la isla de Tenochtitlan y su ciudad hermana, Tlatelolco, con tierra firme, cortando así todo suministro de comida y apoyo militar.

Cuadro de Tomás J. Filsinger,

Cortesía de Tomás J. Filsinger
La ciudad de México-Tenochtitlan era una isla conectada por canales a los pueblos vecinos. Cortés huyó hacia Tacuba.

También cortaron el agua potable, haciendo que lentamente cayeran las bajas -calculadas en decenas de miles- y la moral de la ciudad mexica.

Los mexicas tuvieron algunas victorias en las que capturaron españoles a los que les dieron muerte y colocaron sus cabezas en sitios notorios para intimidar a los enemigos, según el relato del cronista Bernardino de Sahagún.

La caída de Cuahtémoc y la Triple Alianza

Cansados del lento avance, y las bajas producto de las pequeñas batallas que ganaban los mexicas, las huestes de Cortés exigieron un ataque final.

Aun dubitativo, el líder del ejército hispano-indígena optó entonces por una ofensiva devastadora y desmoralizante contra el enemigo.

“Para minar la confianza de los mexicas nuevamente, que ahora ya sabían la forma de combatir de los españoles, consideró que debía mostrar una crueldad nunca antes vista“, explica el historiador Julio Arriaga en “La Caída de Tlatelolco”.

En la calzada de Iztapalapa, según relató el propio Cortés en sus “Cartas de Relación”, encontró a mujeres y niños buscando comida.

“Casi sin dudarlo, se lanzó sobre ellos junto con los tlaxcaltecas, matándolos en cantidades que, según él mismo, superaron el número de ochocientos”, señala Arriaga.

La defensa del Templo Mayor

Getty Images
Los mexicas no pudieron defender durante mucho tiempo su ciudad.

Primero cayó Tenochtitlan. Después los españoles avanzaron hasta Tlatelolco, el último reducto donde estaba Cuauhtémoc, el último gobernante mexica.

El 13 de agosto de 1521, el tlatoani fue capturado y llevado ante Cortés.

“Cuauhtémoc le pide al conquistador que lo mate con su daga, a lo que Cortés se muestra compasivo y lo perdona”, señala Arriaga.

“Y allí, en esa fecha tan importante para el mundo mesoamericano, el 13 de agosto de 1521 (…), la Triple Alianza es capturada por Cortés y sus aliados tlaxcaltecas”.

¿Una traición indígena?

Los pueblos indígenas que se aliaron a los europeos han cargado con el señalamiento de traición desde que la toma de México-Tenochtitlan se cuenta desde el punto de vista nacionalista mexicano.

Pero los historiadores señalan por qué es erróneo pensar que había una causa indígena que fue traicionada.

“No había una idea de ‘lo indígena’ como tal. Esa idea es producto de la conquista, no es anterior a ella”, explica Pastrana.

“Definitivamente no se puede hablar de una traición porque no eran pueblos amigos. No eran grupos que tuvieran una alianza pacífica, una relación de iguales. Tenían una serie de conflictos. No puede hablarse en ningún sentido de traición”, sostiene el historiador.

La Malinche junto a Hernán Cortes en un códice

Getty Images
Indígenas como “La Malinche” (mujer al centro), una traductora de las filas de Cortés, han sido denostadas durante siglos como traidores.

De hecho, la alianza originalmente fue una propuesta de los indígenas de Cempoala y Quiahuiztlan, reforzada por los tlaxcaltecas, pero la entendían en distintos términos.

“Para Cortés, los pueblos indígenas se dan por vasallos a la Iglesia católica por intermedio de él. Para los indígenas, es una relación entre iguales, entre amigos que establecen un pacto de mutuo apoyo político-militar. Ellos no saben qué es un rey ni mucho menos qué es ser católico”, continúa.

La historia muestra que al apoyar la conquista hispana, los indígenasperdieron todo podercon el establecimiento de la colonia española.

Pero eso no lo podían saber en ese momento, subraya Pastrana.

“Los indígenas vieron a un grupo de gente rara que podría ayudarle a sus intereses. Pero no eran conscientes de lo que venía. Nadie podría haberlo estado”, sostiene el historiador.

“En la política de ayer y de hoy, todo plan se hace con malicia. No lo veamos en términos morales, veámoslo en términos culturales. Los españoles de esa época no tenían que ser hermanas de la caridad, ni los indígenas, que eran explotadores”.

Una ilustración de la casta mestiza

INAH/Museo Nacional del Virreinato
Con el tiempo se estableció todo un sistema jerárquico social en la que los indígenas ocupaban los estratos inferiores.

El 13 de agosto de 1521 terminó la era de la Triple Alianza en el poder, pero no ocurrió un cambio de la noche a la mañana.

Pasaron décadas para que se consolidara un nuevo orden de la vida en el territorio de dominio mexica que pasó a ser el de la Nueva España.

“No es solo la sustitución de un grupo de poder por otro: fue un cambio cultural, político, económico, lingüístico, biológico radical“, explica Pastrana.

A partir de la captura de México-Tenochtitlan, la empresa hispana en América se extendería hacia una enorme expansión por Centro y Sudamérica en las décadas siguientes.

“El 13 de agosto de 1521 fue el primer gran capítulo de la construcción del mundo moderno“, considera Pastrana

“Los pueblos de la región de Mesoamérica -a la que pertenecía México-Tenochtitlan- no acaban en 1521, sino que empiezan a transformarse. Y es el inicio de una enorme experiencia cultural que es Nueva España”, concluye.


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