Edomex pierde evidencia e ignora líneas de investigación en feminicidios
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Edomex pierde evidencia e ignora líneas de investigación en casos de feminicidios

Amnistía Internacional asegura que el Estado mexicano es omiso en investigar feminicidios; la entidad que tiene las mayores inconsistencias es el Estado de México.
Cuartoscuro
Por Dalila Sarabia
25 de septiembre, 2021
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Las insuficiencias en las investigaciones de violencia feminicida en México son una constante, y aunque no hay entidad que esté exenta de esto, el Estado de México registra las mayores fallas en la materia con el constante extravío de evidencia, falta de análisis de otras posibles líneas de investigación y carencia de perspectiva de género en sus procedimientos, señala Amnistía Internacional. 

“El Estado mexicano persiste en su omisión del deber de investigar y, por lo tanto, de su deber de garantizar los derechos a la vida, integridad personal de las víctimas, y de su deber de prevenir la violencia contra las mujeres. Asimismo, el Estado mexicano persiste en la violación de los derechos de acceso a la justicia y protección judicial de las familias víctimas de feminicidio y desaparición, el deber de no discriminación, y el derecho a la integridad personal por los sufrimientos y por los actos de hostigamiento que padecen las familias”, señala el organismo internacional. 

En el reporte “Juicio a la Justicia. Deficiencias en las investigaciones penales de feminicidios precedidos de desaparición en el Estado de México”, Amnistía Internacional expone que durante 2020 en México se registraron 3 mil 723 muertes violentas de mujeres, de las cuales 940 fueron investigadas como feminicidios por las 32 entidades del país. 10 cada día.

Del total de las muertes violentas de mujeres, 432 se registraron en Guanajuato, convirtiéndose en la entidad con mayor número de casos. Le siguen el Estado de México con 403, Chihuahua con 288 y Baja California con 287.

Aunque el reporte presenta datos de toda la república, se centra en los hallazgos encontrados en el Estado de México al tratarse no solo de uno de los estados más grandes y urbanizados del país, sino por ser la entidad federativa con menor calidad comunitaria, la segunda con mayor percepción de inseguridad pública y la que tiene el índice de impunidad más alto.

Para explicar cada una de estas deficiencias, Amnistía Internacional presenta distintos casos de feminicidio ocurridos en los últimos años en el Estado de México a los que ha dado seguimiento a través de las carpetas de investigación y entrevistas con los familiares.

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Pierden evidencias 

En 2003, Nadia Muciño desapareció. Cuando su sus padres acudieron a las autoridades para reportar que no la encontraban estas no aceptaron el reporte porque no habían pasado 72 horas y seguramente -les dijeron- “estaría con su novio”. El esposo de Nadia dijo que no estaba con él. 

Seis días después Nadia apareció con vida. Explicó a su familia que su esposo la había golpeado y encerrado en un baldío pero que ante el miedo de que fuera encontrada por su familia que llevaba días buscándola, decidió liberarla bajo la amenaza de que haría daño a sus hijos si comentaba lo sucedido.

“A pesar de que Nadia interpuso una denuncia por haber sido privada de su libertad, la familia afirma que nunca tuvo conocimiento de que las autoridades hicieran ningún tipo de investigación. Al cabo de dos meses de haber huido, Nadia decidió reconciliarse con su esposo”, se relata en el informe de Amnistía Internacional. 

El 12 de febrero de 2004 la mamá de Nadia recibió una llamada en la que le informaban que su hija se había suicidado. Cuando llegaron al lugar encontraron el cuerpo sin vida colgado de una viga del baño. Los hijos de Nadia que en ese momento tenían 5, 4 y 2 años de edad fueron testigos de lo ocurrido.

Las autoridades llegaron cinco horas después del llamado de emergencia y no realizaron una inspección completa del lugar ni recolectaron evidencia: la soga y agujeta que utilizó Nadia para supuestamente quitarse la vida desaparecieron.

La primera línea de investigación fue que la mujer se había suicidado, aunque después el Ministerio Público solicitó se girara orden de aprehensión en contra de la pareja de Nadia y su hermano pues según los testimonios de los menores -que presenciaron lo sucedió- ambos la habían golpeado hasta quitarle la vida y habrían preparado la escena para simular que Nadia se había suicidado.

En 2009 se condenó al cuñado de Nadia pero en 2010 fue absuelto porque los magistrados consideraron que los testimonios de los niños eran “fantasiosos” y no tenían valor probatorio, a pesar de la existencia de periciales que indicaban que el relato de menores eran coherentes con su edad.

“En el año 2012, ocho años después del asesinato, el esposo de Nadia fue detenido y, en 2017, condenado por homicidio, ya que en 2004 todavía no existía el tipo penal del feminicidio. A diferencia de lo ocurrido con su hermano, el esposo de Nadia pudo ser condenado después de que la Fiscalía robusteciera su acusación con exámenes periciales adicionales (consistentes en la declaración de los hijos de Nadia), los cuales reforzaron la inspección ministerial realizada en 2004. Estos exámenes complementaron los testimonios de los hijos de Nadia recabados en primer lugar y permitieron demostrar que la tesis del suicidio, argumentada por la defensa y seguida inicialmente por el equipo de peritos de la Fiscalía, no era posible”, detalla el informe.

Durante todos estos años la familia de Nadia, especialmente su mamá, tuvo que encargarse de la investigación y recolectar pruebas y testimonios para que la autoridad tuviera materia con la cual trabajar porque en estricto sentido ellos no lo estaban haciendo.

Su sueldo, el de su esposo y todos sus ahorros sirvieron para pagar los gastos del proceso judicial y el cuidado de sus cinco hijos y los tres hijos de Nadia, quienes quedaron bajo su cuidado tras el asesinato.

“El caso de Nadia Muciño Márquez muestra que, a pesar de la importancia de que las autoridades lleven a cabo un adecuado recaudo y protección efectiva de la prueba, hay evidencias en las investigaciones de los feminicidios que se pierden o, mejor dicho, que ‘son perdidas’.

“La pérdida de evidencias se observa en el resto de los casos de feminicidio conocidos por Amnistía Internacional para la elaboración de este informe y es una cuestión que ha sido puesta de manifiesto por otras investigaciones realizadas en México, lo que sugiere que constituye un patrón de la forma en la que se llevan a cabo las investigaciones penales en el país”, expone el organismo internacional.

Falta investigación 

En las investigaciones de los feminicidios precedidos de desaparición es constante que las autoridades no investiguen suficiente: no se examinan todas las líneas de investigación posibles en cada caso y tampoco se realizan las diligencias necesarias para agotar de forma exhaustiva una línea de investigación concreta.

Para explicar esta deficiencia, Amnistía Internacional expone el caso de Julia Sosa quien desapareció el 16 de octubre de 2018. La mujer de 43 años vivía en el municipio de Ozumba, en el estado de México. Era comerciante y tenía cinco hijas y dos hijos.

Al igual que el caso de Nadia cuando sus hijas acudieron a las autoridades a denunciar la desaparición de su mamá no pudieron levantar la denuncia porque no habían pasado 72 horas. Hasta el 20 de octubre fue posible interponer la denuncia en la Fiscalía de Amecameca. 

“A pesar del conocimiento de la desaparición y de la denuncia interpuesta, las autoridades no llevaron a cabo las acciones de búsqueda adecuadas. Por ejemplo, no se trató de geolocalizar el teléfono de Julia ni de rastrear los movimientos en sus cuentas, a pesar de que sus hijas manifestaron haber recibido ‘mensajes raros’ desde su teléfono pidiendo las claves”, se expone en el informe.

Ante la inacción de las autoridades, las hijas de Julia tuvieron que investigar por su parte y comenzaron a sospechar de la pareja de su mamá. Cuando lo confrontaron el hombre señaló que estaba recibiendo amenazas y les entregó las llaves del rancho donde trabajaba por lo que las jóvenes acudieron a ese punto a buscar a su mamá.

Hacia las 19:00 horas, ya en el lugar, advirtieron que en una zona del rancho había tierra removida por lo que comenzaron a excavar. Ahí encontraron una sábana y vieron una parte de un cuerpo humano, por lo que llamaron a las autoridades.

Sin embargo estas no se presentaron “porque no tenían personal suficiente”, así que las hijas de Julia tuvieron que quedarse solas toda la noche resguardando el lugar.

“No fue hasta el día siguiente -a las dos de la tarde- que llegó al rancho un agente de la policía municipal para resguardar el lugar hasta la llegada del personal del Ministerio Público, quienes acudieron a las cinco y media de la tarde, casi 21 horas después del aviso. Las autoridades continuaron la excavación y posteriormente confirmaron el hallazgo de una persona sin vida, corroborando las hijas de Julia que se trataba de su madre”.

Ese mismo día, el 24 de octubre, la pareja sentimental de Julia fue encontrado colgado de un árbol. Según las autoridades él habría asesinado a la mujer y posteriormente se habría quitado la vida. Sin embargo, las hijas de Julia tenían indicios de que en el asesinato de su madre habría participado otra persona.

A pesar de las sospechas de la familia, las autoridades no abrieron otra línea de investigación justificando que fue la pareja de Julia quien la mató y que el caso estaba “claro”. 

De acuerdo con testimonios recabados por Amnistía Internacional, agentes del Ministerio Público en el Estado de México atribuyen a la excesiva sobrecarga de trabajo a la que están sometidos la imposibilidad de investigar exhaustivamente todos los casos que tienen asignados. 

Sin perspectiva de género

Diana Velázquez de 24 años salió de su casa a hacer una llamada el 2 de julio de 2017. Vivía en el municipio de Chimalhuacán, en el Estado de México.

Al ver que no regresaba sus padres salieron a buscarla en la colonia, preguntaron por su paradero en hospitales y comisarías, pero no aparecía. Una vez más la denuncia no pudo presentarse porque no habían pasado 72 horas, así que sus padres siguieron con su propia búsqueda. 

La misma madrugada del día que desapareció, hacia las 05:00 horas, un vecino llamó a las autoridades para denunciar que había una persona sin vida en la vía pública, a unas cuadras de la casa de Diana. 

“Se trataba de Diana, pero los agentes de la policía la identificaron como una persona del sexo masculino. Más tarde, tal y como consta en el expediente judicial, el agente de la policía municipal argumentaría en una de sus declaraciones que identificó a Diana como un hombre porque cerca del lugar del hallazgo ‘se juntan varios travestis’”, narra Amnistía Internacional.

Al ser identificado el cuerpo de Diana como el de un hombre su familia no tuvo conocimiento de que había sido hallada hasta que un día, mientras entregaban documentación complementaria para su búsqueda en el Centro de Justicia de Nezahualcóyotl preguntaron en el SEMEFO si había alguien con las características de Diana.

“Nos metieron y no estaban en el congelador, solamente estaban tirados todos en el piso, estaba muy sucio ahí adentro, había sangre. Hasta que llegamos al cuerpo de Diana, nos lo señalaron con el pie y nos dijeron que ella era. Le pegaba el sol, estaba con muchos cuerpos ahí en el piso. Yo me quedé como… me impresionó todo lo que vimos.”, cuenta Laura, hermana de Diana.

Las pruebas periciales confirmaron que Diana había sido agredida sexualmente antes de ser asesinada. 

Una vez más se constató la pérdida de otras evidencias, pues la ropa interior que llevaba Diana nunca apareció y las autoridades tardaron más de un año en regresar al lugar de los hechos para buscarla, tal y como queda constatado en el expediente judicial.

El caso de Diana ha tenido pocos avances y al momento continúa impune. 

“La falta de perspectiva de género se observa en el trato hacia las víctimas por partede algunas personas servidoras públicas, que realizan, por ejemplo, comentarios discriminatorios y culpabilizantes sobre la víctima. 

“En esta línea, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés) ha manifestado que una de sus preocupaciones sobre la situación de las mujeres en México es la ‘existencia de trabas institucionales, estructurales y prácticas muy asentadas que dificultan el acceso de las mujeres a la justicia, entre las cuales se encuentran los estereotipos discriminatorios y los escasos conocimientos sobre los derechos de las mujeres entre los miembros del poder judicial, los profesionales de la justicia y los encargados de hacer cumplir la ley, incluida la policía”, subraya Amnistía Internacional.

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Qué es la 'desigualdad oculta' y por qué perjudica sobre todo a las mujeres que trabajan

Se ha hablado mucho sobre cómo las mujeres tienen que realizar la mayor parte de las tareas domésticas, pero lo que es menos conocido es la "carga mental" que también recae mayoritariamente en las mujeres, afectando su capacidad de trabajar.
25 de agosto, 2021
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Organizarles un programa con amigos o reservar sus turnos médicos. Pensar cómo esconder verduras en sus comidas o asegurarte de que haya suficientes en la lista del supermercado.

Preocuparte por si tu hijo va por buen camino en la escuela, su tu hija necesita zapatos nuevos y cuándo reemplazar tu lavarropas.

Por sí solas, todas estas pueden parecer tareas pequeñas, pero se acumulan.

Y si le preguntas a las parejas heterosexuales con hijos cuál de los dos suele lidiar con ellas, es probable que la mayoría de la misma respuesta: la madre.

Numerosos estudios muestran que las mujeres en relaciones heterosexuales todavía hacen la mayor parte del trabajo doméstico y el cuidado de niños.

Si bien muchas parejas tienen como objetivo dividir sus responsabilidades en un 50:50, por diversas razones estructurales y socioeconómicas terminan asignando tareas según los roles estereotípicos de género.

Incluso en las parejas que piensan que han logrado una división igualitaria del trabajo, las formas de cuidado más ocultas generalmente terminan recayendo en la mujer.

De hecho, un creciente cuerpo de investigación indica que, para las responsabilidades del hogar, las mujeres realizan mucho más trabajo cognitivo y emocional que los hombres.

Comprender por qué esto sucede podría ayudar a explicar por qué la igualdad de género no solo se ha estancado, sino que está retrocediendo, a pesar de que el tema se debate más que nunca.

Y una comprensión más amplia de este trabajo detrás de escena podría ayudar a las parejas a redistribuir las tareas de manera más equitativa, algo que, aunque inicialmente será difícil, podría desempeñar un papel importante para ayudar a las madres a aligerar su carga.

Una madre sostiene a un niño que llora

Getty Images
La carga oculta es mental y emocional: las investigaciones muestran que tareas como calmar a los niños angustiados generalmente recaen sobre las madres.

Trabajo invisible e ilimitado

Los expertos dicen que este trabajo oculto se presenta en tres categorías superpuestas:

  • trabajo cognitivo: consiste en pensar en todos los elementos prácticos de las responsabilidades del hogar, incluida la organización de citas para jugar, las compras y la planificación de actividades.
  • trabajo emocional: mantener las emociones de la familia; calmar las cosas si los niños se portan mal o si se preocupan por cómo les va en la escuela.
  • carga mental: es la intersección de las dos anteriores. Es preparar, organizar y anticipar todo, tanto lo emocional como lo práctico, que debe estar resuelto para que la vida fluya.

Este trabajo oculto es difícil de medir, porque es invisible y se realiza internamente, lo que dificulta saber dónde comienza y dónde termina.

En 2019, Allison Daminger, candidata a doctorado en sociología y política social en la Universidad de Harvard, descubrió que, si bien la mayoría de los participantes en su estudio sobre el trabajo cognitivo del hogar se dieron cuenta de que las mujeres estaban haciendo la mayor parte, esto no era considerado una “forma normal de trabajo”.

En su investigación, que incluyó a 35 parejas, los hombres se referían a sus esposas usando términos como “gerente de proyecto”, o decían que ellas estaban “haciendo un mayor seguimiento”.

Daminger identificó cuatro etapas claras del trabajo mental relacionadas con las responsabilidades del hogar:

  • anticipar las necesidades
  • identificar opciones
  • decidir entre las opciones
  • monitorear los resultados

Su investigación mostró que las madres hicieron más en las cuatro etapas; aunque las parejas a menudo tomaban decisiones juntas, las madres se ocupaban más de la anticipación, la planificación y la investigación.

En otras palabras, los padres estaban informados cuando se trataba de tomar decisiones, pero las madres hacían todo el resto del trabajo.

Una familia desayunando

Getty Images
Los padres suelen participar de las decisiones, pero no de la planificación, investigación, ejecución y monitoreo de las actividades de los niños.

Este trabajo oculto tiene varios impactos; sabemos, por ejemplo, que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de preocuparse por el cuidado de los niños incluso cuando no están con sus hijos.

Esto causa estrés adicional, porque esa preocupación siempre está presente, incluso cuando las mujeres deberían concentrarse en otras cosas.

La carga mental es ese hilo que trae tu familia a tu vida laboral“, dice Leah Ruppanner, profesora asociada de sociología en la Universidad de Melbourne y autora de Motherlands (“Tierras de madres”).

Es la preocupación constante de bajo nivel sobre si estamos haciendo lo suficiente y sobre el impacto que nuestra forma de crianza tendrá en el futuro de nuestro hijo o hija.

“Siempre estás tratando de mitigar el riesgo futuro”, señala Ruppanner.

“Control materno”

Una cosa que desconcertó a Daminger fue que esta distribución desigual del trabajo mental no parecía crear mucho conflicto entre sus participantes.

Para entender por qué, realizó un estudio de seguimiento que, un año después, mostró que las parejas justificaban algunos de estos comportamientos relacionados con el género.

Tanto hombres como mujeres sugirieron que la división desigual del trabajo mental se debía a que uno de los miembros de la pareja trabajaba más horas.

O afirmaron que las mujeres estaban “por temperamento interesadas en estar organizadas”, que simplemente eran buenas para planificar el futuro.

Esto mostró que los participantes creían que las diferencias de personalidad y las limitaciones laborales estaban impulsando estas desigualdades.

Estos eran participantes bien educados que aceptaron participar, por lo que es posible que no fueran completamente representativos, pero aún así da una idea interesante de un concepto erróneo que otros estudios han desacreditado: las mujeres no son naturalmente mejores en la planificación, organización o el multitasking, solo se espera que lo hagan más y, por lo tanto, eventualmente se vuelvan mejores en eso.

Una mujer tratando de trabajar con sus dos hijas al lado

Getty Images
Las mujeres no son naturalmente mejores con el “multitasking” sino que se hacen expertas por necesidad.

Sin embargo, existen otras razones estructurales por las que las mujeres continúan asumiendo una mayor carga mental.

A menudo encuentran una manera de trabajar de manera flexible, mientras que los trabajos de los hombres se consideran más rígidos y sus carreras son tradicionalmente más lineales.

Esto significa que las mujeres están más disponibles para el cuidado de los niños, lo hacen más y, como resultado, tienen que pensar más en ello.

Algo incluso más fuerte es que las expectativas de género, que comienzan desde el nacimiento, explican por qué las ideas sobre quién hace las tareas del hogar y el cuidado de los niños están tan arraigadas.

Se sabe que las hijas hacen más tareas domésticas que los hijos, por ejemplo.

Los ideales de la maternidad también se incorporan a esta ecuación. Por ejemplo, el hogar a menudo se considera un dominio de la mujer.

Sabemos que las mujeres son juzgadas por la pulcritud con más dureza que los hombres.

Un estudio mostró que si se decía que una misma habitación supuestamente en alquiler pertenecía a una mujer (Jennifer), ella era calificada como menos simpática, menos competente y menos trabajadora. Si se decía que pertenecía a un hombre (John), no había iguales juicios de valor.

¿La conclusión? El estado del hogar de una mujer estaba literalmente vinculado a su valor.

Estos ideales pueden autoperpetuarse. Debido a que las mujeres son más juzgadas por la forma en que funciona su hogar, es esencial que muestren un “control materno”.

Esto significa asumir tareas de cuidado infantil que podrían compartirse, como planificar comidas o elegir ropa, sugiriendo sutilmente que es el trabajo de una madre.

Piensa en el viejo chiste: “Bueno, la vistió su padre” (cuando la niña estaba mal vestida). Es gracioso si un papá lo hace mal, pero si las madres hacen las cosas mal implica una mala maternidad.

Una mujer vistiendo a su hija

Getty Images
La tarea de elegir la ropa de los niños suele recaer en las madres y si lo hacen mal son juzgadas por ello mucho más severamente que los padres.

A pesar de los avances que hemos logrado con que sea más normal que los hombres cuiden de los niños, todavía existe “la sensación de que las mujeres son en última instancia responsables de los resultados familiares”, señala Daminger.

“Hay más costos para una mujer si estas cosas no salen bien o no ocurren”, afirma.

Impactos, en casa y en el trabajo

Sin embargo, el hecho de que las madres terminen asumiendo esta carga mental tiene consecuencias.

Las madres están más estresadas, cansadas y menos felices que los padres durante el cuidado de los niños, según muestra la investigación, en parte porque ellos tienden a realizar actividades divertidas y recreativas con más frecuencia.

Un estudio sueco mostró que cuando las mujeres pensaban que la distribución de las tareas domésticas más obvias era injusta y las percepciones sobre la contribución de cada miembro de la pareja eran diferentes, esto generaba problemas en el matrimonio y aumentaba la probabilidad de una separación.

El riesgo también es el agotamiento de las madres, que inicialmente pueden pedir ayuda, lo que puede sonar fastidioso si tiene que repetirse una y otra vez.

“Y luego eso afecta a las relaciones“, dice el sociólogo Daniel Carlson de la Universidad de Utah, quien descubrió que la distribución desigual de las responsabilidades de cuidado en las parejas también puede conducir a menos relaciones sexuales.

Si las mujeres quedan agobiadas en sus casas, además, eso significa que muchas sienten que no pueden dedicar física o mentalmente las horas extra que exigen muchos lugares de trabajo, por lo que la brecha salarial de género continúa ampliándose.

Un hombre y su hij@ limpian la casa

Getty Images
Distribuir las tareas domésticas más equitativamente beneficia la relación de pareja.

La mayoría de los trabajos a tiempo parcial los realizan mujeres, por ejemplo, y, a su vez, es menos probable que obtengan aumentos salariales o ascensos después de tener hijos, lo que dificulta aún más la búsqueda de los mejores empleos.

Muchas abandonan la fuerza laboral por completo.

Habla más, haz menos

Desde que estalló la pandemia, el vínculo entre la igualdad de género en el hogar y la participación de las mujeres en la fuerza laboral ha estado más en el centro de atención que nunca.

Si bien hay muchos problemas sistémicos en juego, abordar el trabajo doméstico oculto dentro de las parejas podría ayudar a aliviar la carga que recae sobre las mujeres y disuadirlas de otras actividades.

Está claro que la mayoría de los hombres quieren involucrarse más en la vida de sus hijos, por lo que, para facilitar esto, las parejas podrían hablar explícitamente sobre quién hace qué, de principio a fin (no sirve mucho llevar a los niños a jugar con amigos si la otra persona tuvo que planificar y organizar el encuentro).

Para fomentar nuevos hábitos que ayuden a compartir la carga, tenemos que hacer que lo invisible sea más visible.

Tener conocimiento de ello es un buen primer paso, coincide Daminger, y tener constantemente claro quién está gestionando qué tarea, incluida la planificación.

Si declaramos explícitamente cuánta planificación implica cada aspecto del cuidado de los niños y las tareas del hogar, quedará más claro cuánto trabajo oculto hacemos.

Dos hombres cambian a sus bebés

Getty Images
Las parejas homosexuales dividen el cuidado de los niños de forma más equitativa, lo que demuestra que es posible hacerlo.

Afortunadamente, no todas las parejas dividen el cuidado de forma desigual: las parejas del mismo sexo, por ejemplo, tienen una distribución mucho más equitativa en comparación con las parejas heterosexuales, ya que no deben cumplir con los roles de género esperados.

Esto muestra que la carga se puede compartir claramente cuando se habla de ella de manera más abierta.

Por lo tanto, a nivel social, también debemos replantear algunas creencias muy arraigadas sobre lo que es el papel de un hombre o una mujer.

Carlson, quien dirigió una investigación que muestra que los puntos de vista igualitarios sobre el reparto de tareas contribuyen a la frecuencia sexual, dice que también debemos considerar los “factores estructurales que no permiten que haya flexibilidad en el lugar de trabajo”.

Por ejemplo, la norma de que los hombres son el sostén económico de la familia y “la cultura del trabajador ideal que empuja a los hombres a la fuerza laboral y los mantiene fuera del hogar”.

La política también podría ayudar: las investigaciones muestran que los hombres que toman una licencia por paternidad se encargan más del cuidado de sus hijos más adelante.

Pero en ausencia de políticas, quizás la mejor manera de que las mujeres reduzcan la carga mental sea hacer menos.

Esto puede generar dolor inicial, en pos de una ganancia a largo plazo, dice Carlson.

Si la madre deja de pensar en lo que hay que hacer y el padre no anticipa estas necesidades es posible que inicialmente cause estrés o críticas, pero eso podría permitir el aprendizaje para la próxima vez.

“Es una especie de condicionamiento operante clásico. No les estamos dando descargas eléctricas como en los experimentos con hámsteres… pero es como, ‘Oh, no me acordé de hacer esto la última vez y hubo una consecuencia negativa'”.

Con el tiempo, hacer menos podría aumentar la participación de nuestra pareja y, a su vez, liberar más energía mental para concentrarnos en nosotras mismas.

Al principio, es posible que nos juzguen por ello, pero podría llevarnos a una mayor felicidad más adelante. Todos aprendemos de la práctica, después de todo.

Melissa Hogenboom (@melissasuzanneh en Twitter) es la editora de BBC Reel y autora del libro, “The Motherhood Complex” (El complejo de maternidad), publicado en Reino Unido en mayo de 2021.


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