Falta personal para investigación y clasificación de feminicidios: Conavim
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Daniela Díaz

Falta personal capacitado para investigación y clasificación de feminicidios, reconoce Conavim

Fabiola Alanís, titular de la Conavim, indica que se ha luchado para que toda muerte violenta se investigue como feminicidio, pero reconoce que todavía falta mucho por hacer. Tal es el caso de Oaxaca, en donde activistas buscan la reclasificación de muchos de estos delitos.
Daniela Díaz
Por Citlalli López
29 de septiembre, 2021
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Desde 2019, Elizabeth Rojas Peña pide justicia para su hermana Estela. Las autoridades clasificaron su caso como un homicidio a pesar de que existen elementos para que el delito sea juzgado como feminicidio.

«No sé si sea mi dolor, mi ansiedad o hambre de justicia que me hace ver que sí es un feminicidio por eso lo planteé a mis abogados pero (las autoridades) me dijeron que no. El obstáculo que se encuentra en diferentes casos que he leído, que me han compartido grupos feministas, es la mentalidad de los jueces», menciona Elizabeth en entrevista.

Cuando ella planteó la reclasificación del delito le advirtieron que si el juez la rechazaba, podían aumentar las posibilidades de que las dos personas imputadas quedaran libres. «Puede haber un mundo de diferencia entre una condena y otra; y esta gente puede dañar a muchas personas más», señala sobre las diferencias en la tipificación de homicidio y feminicidio.

Lee: Edomex pierde evidencia e ignora líneas de investigación en casos de feminicidios

Su hermana Estela Rojas Peña tenía 39 años de edad cuando fue incomunicada y desaparecida por dos días. Su cuerpo con heridas y golpes fue encontrado el 27 de noviembre de 2019 en el paraje Paso de Piedra, Villa de las Flores, en el municipio de Zimatlán, en la región de los valles centrales de Oaxaca.

El caso presentó al menos cuatro de las nueve circunstancias que el artículo 411 del Código Penal del Estado de Oaxaca reconoce como razones de género dentro del delito de feminicidio. Se trata de la causal II, ya que a la víctima se le habían infligido heridas; la V, pues el cadáver fue expuesto; la VI, debido a que fue incomunicada; y la VIII, dado que había una relación de confianza con el presunto responsable porque trabajaban juntos.

Estela fue una de las 135 mujeres víctimas de feminicidio que el Colectivo Huaxyacac contabilizó en 2019.  En contraste, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) reporta sólo 28 carpetas de investigación por este delito durante ese año.

En México, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo, tan sólo de enero a julio de  2021 se han registrado 580 víctimas de feminicidio. Sin embargo, en el mismo lapso de tiempo se han contabilizado mil 616 homicidios dolosos contra mujeres, una cifra que podría alertar  sobre un posible subregistro en los casos de feminicidio.

Los cinco estados que más han reportado víctimas de feminicidio de enero a julio de este 2021 son Estado de México con 79, Jalisco con 46, Veracruz con 43, Ciudad de México con 37 y Chiapas con 33. Oaxaca por su parte está en el séptimo lugar con 27. De lado contrario, los cinco estados que menos han reportado víctimas de feminicidio en este mismo lapso son Tamaulipas con dos, Nayarit con dos, Yucatán con tres y Colima y Baja California Sur con cuatro cada uno.

Llama la atención que, en general, en todas las entidades estas cifras suben drásticamente cuando se trata de homicidios dolosos, y aquí los estados que más han reportado este delito de enero a julio 2021 son Baja California con 200, Guanajuato con 175, Chihuahua con 162, Michoacán con 154, y Estado de México con 126. Los que menos reportan son Baja California Sur, Campeche y Yucatán con solo un caso cada uno; y Aguascalientes y Durango con dos cada uno. Por su parte Oaxaca está en el lugar 16 en la tabla de todos los estados con 34 homicidios dolosos.

Hacia el esclarecimiento de los feminicidios

Fabiola Alanis Sámano, titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim), señala que desde la dependencia se ha pugnado porque en el país se cumpla lo establecido en diversos protocolos y sentencias de que toda muerte violenta de una mujer se investigue como feminicidio.

«Todavía no logramos que en todo el país se clasifiquen los casos como feminicidios. Hemos ido avanzando, pero estamos en eso», indicó.

Al mismo tiempo reconoce que en las fiscalías estatales hay un déficit de personal para atender este tipo de casos, una cuestión que la Comisión ha buscado resarcir brindando más recursos a las fiscalías para la contratación de personal capacitado que va desde abogadas hasta psicólogas. «Nosotras, desde los recursos destinados a la Alerta de Violencia de Género, hemos asignando a las fiscalías para que contraten a personal calificado para atender este rezago. Hemos buscado fortalecer la capacidad de respuesta en las fiscalías en lo que más necesitan, y lo que más necesitan es personal», aseveró Alanís.

Por su parte, Yesica Sánchez Maya, integrante de Consorcio Oaxaca, afirma que desde la Fiscalía General del Estado de Oaxaca hay una dinámica de mermar las cifras de feminicidios para no afectar la imagen de la entidad. «Hay un rejuego de las cifras para dar una imagen que no es. Oaxaca tiene tres años con una Alerta por Violencia de Género», asegura.

La abogada feminista y defensora de derechos humanos destaca que hay tres grandes nudos para categorización y erradicación de los feminicidios. El primero es la integración de las investigaciones y la ejecución de órdenes de aprehensión; el segundo está en manos de jueces, juezas y en las magistraturas para resolver los casos con perspectiva de género y dictar sentencias; y el tercero consiste en la falta de cultura de respeto a los derechos de las mujeres.

«Hay una sociedad acostumbrada al ejercicio de la violencia contra las mujeres y niñas. Marco legal hay, reformas de avanzada hay, pero lamentablemente no tiene impacto en el presupuesto, la política pública o la acción», añade.

Una unidad de atención y seguimiento de feminicidios

Desde 2017 la Secretaría de las Mujeres de Oaxaca (SMO) y su Centro de Atención Integral a Mujeres en Situación de Violencia, conocido como Centro PAIMEF (Programa de Apoyo a Instancias de Mujeres de las Entidades Federativas) cuentan con una unidad de atención y seguimiento a casos de feminicidio con acompañamiento y representación jurídica a víctimas indirectas, sobrevivientes de violencia feminicida y personas allegadas de víctimas de homicidio por muerte violenta.

Si a partir de un análisis en las carpetas de investigación, la unidad considera que la fiscalía o el Poder Judicial no atendieron elementos con perspectiva de género, interviene para solicitar la reclasificación del delito.

La figura de asesoras jurídicas coadyuvantes está prevista en la Ley de Víctimas y les faculta a adquirir todas las responsabilidades procesales como lo es solicitar la realización de actos de investigación, la judicialización de alguna carpeta ante la omisión de la fiscalía, así como la vinculación con la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (DDHPO) para vigilar los actos de investigación.

«Lo anterior implica una participación activa en el proceso para solicitar que se lleven a cabo actos de investigación específicos para el contexto de la violencia feminicida», señala Elizabeth Benítez Cristobal, directora del Centro PAIMEF-SMO, en donde además brindan atención psicológica, tanatológica y desarrollan programas de prevención de la violencia de género contra las mujeres.

De 2017 a 2020, la unidad de atención y seguimiento defendió la reclasificación a feminicidio de dos carpetas de investigación abiertas por suicidio. En uno obtuvo una sentencia condenatoria de 39 años y nueve meses por feminicidio agravado; en el otro consiguieron que se investigara bajo el protocolo de feminicidio. Además, en al menos 50 por ciento de los expedientes de víctimas de violencia se ha peleado la rectificación de los criterios.

Ana Vázquez Colmenares, titular de la SMO, explica que la apuesta para la erradicación del feminicidio está centrada en la prevención desde tres niveles.

El primero es la prevención primaria dirigida al público general con campañas de difusión y sensibilización. También abarca la formación hacia las personas que son primeros respondientes en los municipios, como policías. Además de juezas y jueces o síndicas y síndicos que tienen una función de Ministerio Público en localidades donde no hay.

El nivel secundario es a través de una red de promotoras interculturales, círculos de reflexiones y diálogos de hombres en torno a las masculinidades no hegemónicas y el empoderamiento económico de las mujeres para salir del círculo de la violencia.

Y, finalmente, el tercer nivel mediante la actuación del Centro PAIMEF-SMO y su unidad de atención y seguimiento a casos de feminicidio. Tan sólo en 2020 fueron atendidos 143 casos, de los cuales 134 fueron de mujeres adultas, seis de adolescentes y tres de niñas.

«Ahora lo que queremos es que los centros (instalados en los municipios) se queden como primer nivel de atención y auxiliar del Centro PAIMEF-SMO para que se sean de atención especializada sobre todo a violencias más graves, de alto riesgo y extremo y, que cada vez más, los municipios, con ayuda de la Secretaría, puedan otorgar este primer nivel de atención. Estamos haciendo este año un pilotaje para que se constituyan con una abogada, una psicóloga y una trabajadora social, de las cuales al menos una de ellas hable la lengua indígena», finaliza Vázquez Colmenares.

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Por qué Nueva España se disgregó en tantos países tras la independencia de México y Centroamérica hace 200 años

El 2021 marca los 200 años del fin de la Nueva España, un extenso territorio dominado por la corona española que intentó mantenerse unido pero al final se fragmentó en múltiples países. ¿Cómo se dio tal transformación?
16 de septiembre, 2021
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Este septiembre es bicentenario para seis naciones de América Latina.

En ese mes, pero del año 1821, se dieron declaraciones de Independencia sobre la corona española que, después de varios experimentos políticos, concluyeron con el nacimiento de seis países que hoy conocemos: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

Incluso los territorios de Chiapas, Yucatán y Texas tuvieron una corta vida independiente.

Todos ellos emanaron de la Nueva España, uno de los vastos territorios en América que el imperio español creó y administró durante tres siglos.

Pero ¿por qué uno de los mayores imperios del milenio pasado perdió el control de su más extensa posesión y su territorio terminó tan fragmentado?

Para responderlo hay que mirar a qué ocurría a comienzos del XIX.

¿Cómo era la Nueva España?

La Nueva España era una de las naciones más grandes de su época.

Se extendía por más de 7 millones de kilómetros cuadrados, desde regiones del suroeste y sureste del actual Estados Unidos hasta el noroeste de Panamá.

El territorio actual de España cabría 14 veces tan solo en la Nueva España (más aún en sus otros virreinatos y territorios de América, África y Asia).

Su conformación territorial era diversa: había reinos como el de México y Nueva Galicia en la región central. (Los siguientes mapas muestran las extensiones territoriales con base en los límites actuales de países y estados locales).

Nueva España central

BBC

Al norte, estaban las provincias internas del oriente, como Nuevo León o Nueva Extremadura, y las provincias internas del occidente, entre ellas las Californias, Nueva Navarra o Nueva Vizcaya.

Nueva España norte

BBC

Hacia el sur, estaban las capitanías generales de Yucatán y Guatemala.

Esta última también se subdividía en provincias: Chiapas (actual estado de México), Guatemala (incluyendo el actual Belice), San Salvador (actual El Salvador), Nicaragua y Costa Rica (entonces una sola unidad) y Comayagua (actual Honduras).

Nueva España sur

BBC

La capital era Ciudad de México, pero Ciudad de Guatemala actuaba como una segunda capital en términos de gobierno.

“Era un empalme jurisdiccional muy complicado, pero en términos prácticos sí había mucha independencia de las provincias centroamericanas respecto a México, pero también había algunas funciones en las cuales dependían de México”, dice a BBC Mundo el historiador Alfredo Ávila.

En materia económica, de religión y de justicia a través de la Santa Inquisición, el gobierno de Ciudad de México tenía el control sobre la Nueva España entera. Pero en el resto de cuestiones, como la fuerza armada, la Capitanía de Guatemala o Yucatán tenían su autonomía.

“En Centroamérica no había un virreinato en términos generales, sino una audiencia, con un jefe político, una capitanía general”, continúa Ávila, académico del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Y es muy difícil hablar de identidades. Una persona que nació en San Salvador era guatemalteca, porque dependía de la Audiencia de Guatemala. Pero si era hijo de españoles, era español”, apunta.

https://www.youtube.com/watch?v=W3yHdmZ_rF8&t=358s

Todo eso tuvo un papel importante en lo que ocurriría alrededor de 1810.

El ocaso de un enorme imperio

Las élites ligadas al poder político, comercial y religioso fueron exponiendo sus discrepancias con España luego de tres siglos de convivencia.

A partir de 1808, el descontento de la clase gobernante en América llevó al surgimiento de varios movimientos de independencia que se fueron fortaleciendo al tiempo que la corona española atravesaba sus propios conflictos bélicos en Europa con Inglaterra y Francia.

Eso dejó a la corona española muy debilitada para hacer frente a las rebeliones en América. Incluso el gobierno de Ciudad de México había perdido el control militar en sus dominios.

“El virrey de México no mandaba en la comandancia de Guadalajara o en Monterrey”, explica Ávila. Ahí los jefes militares eran los que “tenían tanta fuerza que el virrey ya no tenía influencia sobre ellos”.

“Ahí empezó un proceso de desarticulación virreinal que alcanzó a Centroamérica”, señala.

Capitulación de Madrid, Antoine-Jean Gros

Museo de Historia de Francia
El cambio de monarquía en el trono español fomentó los movimientos de independencia en las colonias.

El gran estallido en la Nueva España es el de la madrugada del 16 de septiembre de 1810, cuando una conjura independentista se vio descubierta y el cura Miguel Hidalgo llamó al pueblo mexicano a alzarse en armas en el famoso Grito de Dolores.

La guerra de independencia mexicana culminó 11 años después, el 27 de septiembre de 1821.

Por su parte, la Capitanía de Guatemala tuvo un proceso relativamente pacífico en el que la determinación independentista se dio en una asamblea con miembros de las provincias el 15 de septiembre de 1821.

Aunque esas son las fechas más recordadas, en los hechos hubo un momento que semanas antes fue determinante para la Nueva España.

Los Tratados de Córdoba

Cuando México y las provincias de Centroamérica declararon su independencia, ya tenían un plan en marcha: conformar un imperio.

La idea fue plasmada en los Tratados de Córdoba, que fueron firmados entre los independentistas mexicanos y autoridades de la Nueva España el 24 de agosto de 1821. Tenían como objetivo final la fundación del Imperio Mexicano.

Los españoles sabían que no podían contener más el movimiento de independencia, pero querían rescatar las valiosas vías de comercio.

El documento “reconocía la independencia de México, pero buscaba mantener la relación comercial de ambos lados. Y una parte de la élite de Guatemala quería aprovechar eso”, explica Ávila.

Chiapas -que era parte de la Capitanía de Guatemala- fue la primera provincia centroamericana en unirse al imperio, seguido poco después por la Capitanía de Yucatán.

“Y la discusión de los centroamericanos entonces fue qué convenía más: permanecer independientes de España o unirse a alguna de las dos grandes potencias limítrofes, Colombia o el Imperio Mexicano”, señala el historiador.

“Claramente por vínculos históricos tenía más sentido unirse al Imperio Mexicano”.

Panamá, que hoy es parte de Centroamérica, quedó en la Gran Colombia.

Reunión del Ejército Trigarante

Getty Images
El ejército de Iturbide ayudó a reprimir a los opositores a la unión con el imperio de San Salvador.

Bajo el nuevo imperio se delimitaron 24 provincias, muchas de las cuales conservan sus nombres en México y Estados Unidos (Texas, Nuevo México, California) hasta la actualidad.

Por lo que respecta a Centroamérica, se dio la delimitación casi actual: Guatemala (incluyendo a Belice), El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica (estas dos últimas ya no eran una sola).

La fragmentación final

No obstante, el Imperio Mexicano duró poco.

La inestabilidad política que persistía desde la asunción del emperador Agustín de Iturbide condujo a un golpe de Estado en febrero de 1823, el cual llevó a la disolución del Imperio Mexicano un año después.

Las provincias mexicanas, a las que se integró Chiapas, conformaron la primera República Federal Mexicana, mientras que las provincias del sur crearon la República Federal de Centroamérica.

Pero aquel intento de mantener la unión de tan diversos territorios no se pudo sostener. Las razones no solo eran por los acuerdos políticos del momento, sino históricas.

Mapa de Centroamérica

iStock
Centroamérica intentó mantenerse unida, pero a partir de la década de 1830 inició su separación.

En Centroamérica no se alcanzó a construir una identidad más amplia. De un millón, la mitad vivía en Guatemala. Otra buena parte en Chiapas. El resto de las provincias estaban muy poco pobladas y casi no tenían contacto entre sí”, explica Ávila.

“Y había un cierto rechazo a Guatemala, porque se veía como la ciudad que cobraba impuestos, que mandaba tropas, que era un poco opresora”, añade.

En la década de 1930 hubo diversos conflictos que derivaron en la disolución de la unión de las provincias que buscaban tener mayor autodeterminación.

Fue entonces que nacieron cinco repúblicas independientes: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.

https://www.youtube.com/watch?v=BKNQNzyRydw&feature=emb_title

Y en el caso mexicano, en la década de 1830 y 1840, México perdió importantes territorios ante Estados Unidos: Texas, la Alta California y Nuevo México.

Incluso Yucatán declaró su independencia durante ocho años, pero volvió a la unión mexicana.

Fue así que los más de siete millones de kilómetros cuadrados quedaron divididos en las naciones que este año celebran dos siglos de independencia.


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