Jóvenes Construyendo el Futuro: lejos de municipios pobres con desempleo
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Jesús Santamaría

Jóvenes Construyendo el Futuro: lejos de municipios marginados y sólo la mitad termina la beca

Aunque los objetivos del programa son llevar oportunidades de empleo y educación a municipios marginados y violentos, esto no se cumplió.
Jesús Santamaría
Por Nayeli Roldán y Data Cívica
14 de septiembre, 2021
Comparte

Jóvenes Construyendo el Futuro, el programa para que jóvenes sin opciones de estudio o trabajo aprendan un oficio o adquieran experiencia para conseguir un empleo, se concentró durante 2019 en zonas donde se necesita menos, según sus mismas reglas de operación, como municipios con bajo índice de desempleo o de marginación. Tampoco priorizó las zonas más violentas.

Animal Político obtuvo por transparencia el padrón de beneficiarios de 2019 y con Data Cívica revisó la ubicación de los centros de trabajo. Tras seleccionar a los municipios con más de 6 mil beneficiarios —en los que tuvo mayor presencia el programa—, ninguno resultó de las zonas del país con mayores índices de desempleo, ni la mayor población de jóvenes que no estudian ni trabajan.

Aunque los lineamientos establecen que se debe dar prioridad “a los solicitantes que habiten en zonas con población mayoritariamente indígena, con mayor grado de marginación y con altos índices de violencia”, entre los 23 municipios más beneficiados, sólo Cintalapa, Chiapas tiene una marginación de “alto grado” y el resto se ubica en “bajo o muy bajo”.

En 17 de los 23 municipios hay más becarios que jóvenes que no estudian ni trabajan; o sea, hay más beneficiarios que la cantidad de población a la que el programa estaría dirigido.

Jalpa de Méndez, Tabasco tenía sólo 2 mil 284 jóvenes de 18 a 29 años que no trabajaba ni estudiaba según el INEGI, pero registró a 6 mil 143 becarios; esto es 642% más becados que población susceptible a ser beneficiaria. Y en Tonalá, Chiapas, la proporción es de 581%, pues tuvo 10 mil becarios, aunque sólo había mil 773 jóvenes sin opciones de estudio ni trabajo.

Lee: Gobierno usó a 322 mil becarios de Jóvenes Construyendo el Futuro para suplir a funcionarios

El mayor número de jóvenes becados está en siete municipios de Tabasco (Centro, Macuspana, Comalcalco, Nacajuca, Centla, Cárdenas y Jalpa de Méndez), con tasas de desempleo de hasta 1.8%, mientras que la tasa de desempleo más alta de todo el país está en Cochoapa, Guerrero, con 40%, y ahí sólo hubo 22 becarios.

En 9 de los 20 municipios con mayor tasa de homicidios dolosos en el país durante 2019 no hubo un solo becario registrado. Y al tomar en cuenta los 15 municipios con más homicidios acumulados entre 2018 y 2020 —definidos como prioritarios por el Gobierno Federal—, ninguno se acerca a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el municipio con más beneficiarios en todo el país: 23 mil.

Salamanca, Guanajuato, por ejemplo, sólo tuvo 193 becados y cuatro municipios con más asesinatos, hubo menos de mil jóvenes inscritos. Tijuana, Baja California —el municipio con más homicidios acumulados y el segundo con más personas de 18 a 29 años sin opciones de estudio ni trabajo (29 mil 489)—, sólo tuvo 634 becarios, esto es 36 veces menos de los registrados en Tuxtla Gutiérrez, el municipio más beneficiado.

Y aún cuando el programa está en su tercer año de operación, la cifra de homicidios prácticamente no ha cambiado, pues en 2019 hubo 35 mil 484 asesinatos —el máximo histórico— y en 2020, pese al confinamiento por la pandemia, sólo disminuyó 0.4%.

El programa tampoco se enfocó en los municipios con más desempleo, pues en siete de los 20 municipios con las mayores tasas no hubo ni un becario; en ocho hubo menos de 50 becarios.

Hecho que la Auditoría Superior de la Federación señaló, al detectar que el problema del programa estaba en su origen, es decir, desde el diseño, pues “no se delimitó ni conceptualizó con claridad el problema público, ni se focalizó a la población objetivo del programa por entidad federativa, municipio y localidad”.

Aunque el programa logró integrar a un millón 120 mil jóvenes para ser aprendices y que recibieran 3 mil 600 pesos mensuales, sólo 9 mil 232 fueron contratados en el lugar de la capacitación, lo que significa 0.8%. Del millón 110 mil jóvenes restantes no hubo seguimiento.

La Secretaría del Trabajo desconoce qué conocimientos o habilidades aprendieron los jóvenes durante un año de beca o si esto les ayudó a conseguir empleo en otro sitio.

La Auditoría Superior de la Federación ya había señalado que esto podía pasar debido al deficiente diseño del programa, pues carecía de mecanismos para comprobar sobre su efectividad (más allá de la cobertura) y tampoco mostró evidencia sobre la verificación de que los jóvenes becados en 2019 cumplieran con el requisito de no trabajar ni estudiar.

Entérate: Becas a fallecidos y centros de trabajo que no existen: las irregularidades de Jóvenes Construyendo el Futuro

Aunque la variedad de empresas participantes hace complejo el análisis del programa, Animal Político entrevistó a una docena de empresas, cinco dependencias de gobierno y una decena de becarios con distintos perfiles, además de analizar el padrón de beneficiarios, auditorías y evaluaciones oficiales hechas al programa. También se buscó a la Secretaría del Trabajo para que emitiera alguna postura, pero no hubo respuesta.

¿Consiguieron trabajo gracias al programa?

Del universo total de jóvenes becados en 2019, sólo 0.8% consiguió trabajo, de acuerdo con el cálculo de la Auditoría Superior de la Federación. Aunque el dato podría responder a las vacantes en cada empresa, la Secretaría del Trabajo desconoce si la beca les ayudó a conseguir empleo en otro lugar o al menos saber qué tipo de habilidades lograron durante la capacitación.

Esto significa que la Secretaría no ha hecho el análisis del costo beneficio de la implementación del programa con respecto a resultados obtenidos y el presupuesto, concluyó la ASF en la auditoría de desempeño número 373-DE.

Y si bien la pandemia provocó el quiebre de empresas y despidos y no podría analizarse el impacto del programa en materia de empleo para 2020 y 2021, las condiciones para conseguir empleo a través de este programa están limitadas desde el mismo diseño, pues la Secretaría estableció que los jóvenes sólo podían ser aprendices en lugares cercanos a su domicilio para evitar la migración. Por lo tanto, las oportunidades están condicionadas al desarrollo de sus propios municipios.

Quienes tienen estudios de licenciatura y están en zonas urbanas y de desarrollo podrán acceder a opciones como la Asociación de Bancos de México que ha contratado hasta 14% de becarios, pero quienes como Roberto, un joven de 26 años que estudió la  telesecundaria, habitante de Lalana Oaxaca, sólo pudo elegir entre 48 establecimientos para aprender a hacer tortillas, hamacas, pan o criar puercos.

Lee más: Becarios de Jóvenes Construyendo el Futuro están desprotegidos ante accidentes

Roberto eligió esto último, pero no fue contratado porque el dueño no podía pagarle un sueldo. Al finalizar la beca compró tres cerdos que crió durante ocho meses para sacrificarlos y vender la carne, pero ganó poco más de 500 pesos. Aunque aprendió un oficio, no tiene el capital para hacerlo negocio. Sigue consiguiendo ingreso vendiendo lo que puede y sembrando maíz para autoconsumo, como lo ha hecho siempre para sobrevivir.

Algunas fundaciones también reportan que, una vez inscritos en el Programa, no pueden solventar los gastos que provoca.

Osvaldo Cárdenas, director de la asociación Frente Estratégico de Desarrollo Social y Agroecológico de Chiapas (Fedesch), participó en el programa. Organizó 12 talleres con 15 maestros voluntarios que enseñaban belleza, carpintería, refrigeración, bordado y reciclado, entre otras actividades.  Algunas jóvenes pudieron asociarse para poner una estética, pero otros no pudieron encontrar empleo en Tapachula.

La organización de Osvaldo no siguió participando. cree que el mayor problema del programa es que “no hay continuidad”. El gobierno, dice, debería “dar seguimiento y no dejarlos y decir ‘se acabó el programa y ya’. “Aunque el joven aprendiera en una llantera, por ejemplo, no podría poner la suya, ¿cuándo va a tener para comprar maquinaria de 40 mil pesos?”.

En la empresa Compu Copias, con distintas tiendas en Tabasco, el segundo estado con más becarios, califican al programa como “positivo”. Los 210 becarios que tuvieron en 2019 estuvieron en ventas, almacén o caja y “llegaron en un buen momento, cuando estábamos en temporada”, explica Ángel Rojas, encargado de personal.

“Cuando inician las clases tenemos más trabajo y los becarios fueron de gran ayuda”, entonces tenían 6 empleados contratados en cada tienda y con el programa sumaron 3 y 5 becarios, casi duplicando el personal.

Adelaida Arroyo fue aprendiz en Tortillas Chinantecas, un pequeño negocio de su comunidad en Oaxaca, donde la dueña vendía apenas unas docenas de tortillas, pero al sumarse tres becarias pudieron producir hasta 200 tortillas al día, por lo que el negocio ganaba 600 en una jornada.

Después de aprender el oficio, Adelaida hace tortillas para su consumo, pero prefirió establecer otro negocio con mejores ganancias. Con un poco de lo ahorrado de la beca compró lo necesario para poner un puesto de antojitos afuera de su casa.

La Asociación de Bancos de México, es la empresa con más becarios registrados en 2019, con 2 mil 883 jóvenes, quienes recibieron capacitación sobre habilidades socioemocionales y de educación financiera para después entrar a las oficinas corporativas en áreas de recursos humanos o administrativas o en bancos como aprendices.

Hasta el momento, 2 mil 766 han concluido la capacitación de un año, y 393 (14%) han sido contratados en los bancos, explica el presidente de la ABM, Juan Carlos Jiménez, en entrevista con Animal Político.

En la empresa Bimbo también siguen participando y en poco más de dos años han tenido 2 mil becarios, con escolaridad sobre todo de media superior y superior. De ellos, 224 han sido contratados en las áreas de Producción, Mantenimiento, Análisis y Control, Compras, Logística, Vehículos, Seguridad Alimentaria, Sustentabilidad y Personas, explica Roberto Pérez, Gerente Nacional de Personas para Bimbo México.

La mitad no termina la beca

Entre enero de 2019 y junio de 2021 el programa sumó a un millón 713 mil jóvenes y de ellos, “794 mil 843 concluyeron satisfactoriamente sus 12 meses de capacitación”, según informó la Secretaría del Trabajo en una nota informativa enviada a este medio. Eso significa que sólo 46% de los becarios concluyó el programa, aunque la dependencia no respondió si ha detectado las posibles razones.

Ricardo Ortiz, director de la Fundación Esperanza de los Niños A. C., que tuvo becarios en sus sedes distribuidas en 100 en municipios de Tabasco, Veracruz, Ciudad de México, Puebla y Morelos, cuenta que arrancó con mil 600 becarios en enero de 2019, pero solo mil concluyeron la capacitación de un año.

Cuenta que, a los tres meses de arrancar el programa, los jóvenes dejaron de recibir la beca sin razón. “Pensaban que el responsable era centro de trabajo y surgió cierto descontento”; ante la falta de explicación por parte oficial, al menos 200 jóvenes abandonaron la Fundación.

Otra razón fueron las verificaciones a los centros de trabajo realizadas por Servidores de la Nación. Algunas sedes de la Fundación, instituida desde 2007 y registrada ante el Indesol, se encuentran en municipios de difícil acceso o domicilio conocido, y si el verificador no encontraba a los becarios porque estaban haciendo labor fuera, denuncia, “reportaban que el centro de trabajo no existía y lo daban de baja”.

Por lo tanto, algunos jóvenes dejaron de recibir la beca tras siete meses de participar en la Fundación recolectando víveres para asilos, casas de niños con discapacidad u hospitales; organizando actividades lúdicas en escuelas y de rescate de espacios con autoridades municipales. Por esto desertaron otros 300.

“Metimos escritos en las sedes estatales de la Secretaría con fotografías y documentos para poder demostrar que no había razón para cerrar sedes, fue un estire y afloje con la Secretaría y no logramos la reapertura”.

La respuesta vino un año después, a mitad de 2020. “La Secretaría nos buscó para reinstalar sedes porque apenas habían revisado la documentación”, pero debido al desgaste que significó el primer año decidieron no volver a participar en el programa, aún cuando hubo casos de éxito, cuenta Ricardo.

El Consejo de Organizaciones Campesinas y Empresas Rurales (Conocer), con 564 becarios en Puebla, Veracruz, Durango y Veracruz tuvo la misma suerte. “Lamentablemente nos dieron de baja y de manera arbitraria dejaron muchos de nuestros jóvenes fuera. Intentamos llegar al diálogo con los delegados estatales pero nunca nos atendieron, y la Secretaría nunca nos dio motivo ni nada”, explica Bruno González, líder de la organización.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

La historia detrás de la icónica imagen del hombre cayendo de una de las Torres Gemelas

El fotógrafo Richard Drew, de Associated Press, corrió al World Trade Center la mañana del 11 de septiembre de 2001 y registró la imagen histórica de un hombre saltando hacia su muerte. La identidad del hombre sigue siendo un misterio.
11 de septiembre, 2021
Comparte

Por motivos editoriales y por la sensibilidad de la imagen, BBC no muestra la fotografía del hombre que salta al vacío.


Muerte o muerte. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de personas se enfentaron a esta falsa alternativa. Con fuego y humo dentro de los edificios del World Trade Center de Nueva York, las víctimas en los pisos superiores comenzaron a saltar, perdiendo la vida al caer hasta desde 417 metros de altura.

La escena de personas que saltan de los edificios atacados por dos aviones es uno de los aspectos más oscuros y sensibles de la tragedia, de la que se cumplen 20 años este sábado.

La imagen de una de estas personas, un hombre que cae casi en picado, boca abajo y su cuerpo paralelo a las líneas de las Torres Gemelas, se volvió icónica.

El día después de la tragedia, varios periódicos publicaron la foto tomada por Richard Drew, fotógrafo de Associated Press. Han pasado los años y la imagen es para muchos demasiado dolorosa de contemplar. Otros vieron en ella la terrible estética de ese salto a la muerte.

Esta es la historia de la icónica foto de “The Falling Man” (“El Hombre Que Cae”).

“Era un día cualquiera en Nueva York”, comienza Richard Drew, ahora de 74 años.

Fotógrafo desde los 19 años, el experimentado Drew, entonces de 54 años, acababa de cubrir el torneo de tenis del US Open en Queens, Nueva York. Ese martes 11 de septiembre cubriría la Semana de la Moda de Nueva York, más específicamente, el primer desfile de maternidad con modelos embarazadas reales. Drew vio el desfile en Bryant Park, justo en el centro de Manhattan, junto a un camarógrafo de la cadena de televisión CNN.

Humo saliendo de una de las torres

Getty Images

Mientras hablaban, el camarógrafo de CNN dijo: “Hubo una explosión en el World Trade Center. Un avión chocó contra el World Trade Center”.

Al instante sonó el teléfono celular de Drew. Era su editor, quien le ordenó que corriera a la escena. Drew agarró su cámara y corrió a Times Square. Desde allí, tomó el metro hacia las Torres Gemelas.

Cuando salió de las escaleras del metro, vio una imagen inolvidable: las dos torres en llamas. Comenzó a fotografiar a personas conmocionadas por el caos que las rodeaba, el FBI ya en las calles aislando el área.

“Entonces me di cuenta de que el humo soplaba de oeste a este y di la vuelta para evitarlo. Me quedé junto a las ambulancias, entre un socorrista y un policía”, dice a BBC Brasil.


El socorrista fue el primero en darse cuenta. Señalando hacia arriba, gritó: “¡Dios mío, la gente se está tirando del edificio!”, recuerda Drew.

El fotógrafo apuntó con su cámara. “Tomé tantas fotos como pude de personas que se caían del edificio”, dice.

“No sé si saltaron por elección o si se vieron obligados a saltar por el fuego o el humo. No sé por qué hicieron lo que hicieron. Sólo sé que tuve que grabarlo”, cuenta.

Humo saliendo de las Torres Gemelas tras los ataques del 11 de septiembre

Getty Images

El Servicio Forense de la Ciudad de Nueva York declaró más tarde que las personas que saltaban de los edificios no podían ser llamadas “suicidas” porque eran expulsadas del edificio por el humo, el fuego o las explosiones.

La causa de muerte de todos los que perdieron la vida en la caída de las Torres Gemelas, atacadas ese día por al Qaeda, fue catalogada como “asesinato” en los certificados de defunción.

En un informe de 2002, el diario USA Today calculó a través de fotos, videos y entrevistas que 200 personas murieron de esta manera en la tragedia del 11 de septiembre. A partir de las fotos, The New York Times estimó que fueron 50 personas.

Según los relatos de los sobrevivientes, el hecho de que la gente saltara desde el edificio de al lado pudo haber salvado la vida de cientos de personas que, al verlos, se apresuraron a evacuar su lugar de trabajo.

“No fui frío”

Mientras fotografiaba, Drew experimentó algo siniestro: escuchó el ruido de cuerpos golpeando el suelo. “Algunos dicen que fui frío. No es eso. Soy un periodista capacitado. Te sumerges en el momento y simplemente fotografías lo que está sucediendo, en piloto automático”, dice.

Gente alrededor de las Torre Gemelas luego del ataque

Getty Images

“Cuando alguien comenzaba a caer, apuntaba con mi visor. Como trabajaba con una cámara digital, cuando mantenía mi dedo en el botón de la cámara, tomaba varias fotografías. Y, así seguía a la gente que se estaba cayendo del edificio “. A las 9:41, registró para siempre los últimos momentos del “hombre que cae”.

Cuando Drew regresó a la sala de redacción y fue a revisar sus fotos, supo instantáneamente que esta era la más fuerte de todas. “Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría allí. Pero solo estuvo así por un momento. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición”, dice.

Foto “silenciosa”

“A mucha gente no le gusta ver esta foto. Creo que la gente se identifica con ella y tiene miedo de tener que enfrentarse a la misma decisión que ese hombre algún día”, dice Drew.

Para él, la imagen es representativa de lo que sucedió ese día: “Es una de las pocas que muestra a alguien muriendo en el ataque más grave que hemos sufrido en Estados Unidos”, dice. A pesar de ser una foto sobre la muerte, reconoce Drew, es una foto “silenciosa”. “No es como otras fotos violentas de muertes que ocurren en guerras”.

Torres Gemelas

Getty
Hace 20 años, el ataque en Nueva York se cobró la vida de casi 3.000 personas.

Esa noche, Drew regresó a casa con un colega. Se sentaron y hablaron de todo menos de lo que habían visto ese día. Su esposa, dice Drew, se levantó al amanecer con ganas de pasar la aspiradora por toda la casa. “El estrés postraumático viene después”, reconoce. “Hablar de lo que sucedió ayuda. Ese fue un momento en mi historia, al igual que fue un momento en la Historia”.

Otro momento en la Historia y su historia: cuando tenía 21 años y vivía en Los Ángeles, en 1968, Drew fue uno de los cuatro fotógrafos presentes en otro momento histórico: la muerte del senador Bobby Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy.

“Estaba en el escenario detrás de él para fotografiarlo cuando hablaba. Me dio sed y fui a buscar agua”, dice Drew. “Salió y lo seguí. Cuando lo atacaron, me subí a una mesa junto a él y lo fotografié en el suelo”.

“Solo estaba haciendo mi trabajo, al igual que solo estaba haciendo mi trabajo años después, el 11 de septiembre”, señala.

¿Quién era el hombre que cae?

Drew dice que ha reflexionado sobre quién era el hombre al que registró saltando desde una de las Torres Gemelas, pero nunca de manera “muy profunda”.

“Fue una de las casi 3.000 personas que murieron ese día. No sé su nombre, ni la decisión que tuvo que tomar. Sé que se lanzó de un edificio y yo estaba allí para capturar ese momento”, cuenta.

Pero el misterio que rodea su identidad ha preocupado a otros.

Uno de ellos, el periodista estadounidense Tom Junod. Dos años después del 11 de septiembre, Junod escribió un artículo de portada para la revista “Esquire” en el que acuñó el nombre deEl hombre que cae” para el protagonista de la foto y trató de identificarlo.

Junod dio con dos nombres. Uno, Norberto Hernández, chef del restaurante Windows on the World, que estaba ubicado en el piso 106 de la Torre Norte. Pero la familia de Hernández dijo que no podía ser él por la ropa que llevaba.

El segundo hombre era Jonathan Briley, un ingeniero de sonido de 43 años que también trabajaba en el restaurante. Los hermanos de Briley dijeron que pensaban que, por la ropa y el cuerpo del hombre, podría ser el de la foto.

Es posible que sea él, pero no hay forma de estar seguro.

En 2006, el director estadounidense Henry Singer realizó un documental basado en los informes de Junod y utilizando otras imágenes capturadas ese día.

Avión en Kabul

La elección entre la muerte y la muerte parece haber sido también lo que sucedió hace tres semanas en Afganistán, cuando, desesperados por abandonar el país, unos hombres se colgaron del fuselaje de un avión estadounidense.

Las dos imágenes son como dos finales terribles de esta historia que se unieron 20 años después.

Casi un mes después de los ataques a las Torres Gemelas, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la guerra contra Afganistán. Estados Unidos sacaría del poder a los talibanes, que daban cobijo a al Qaeda, los perpetradores de los ataques, en el territorio que controlaban.

Afganos esperando para salir del aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021.

AFP
Cientos de afganos corrieron al aeropuerto de Kabul y se aferraron a un avión con la esperanza de salir del país.

Después de 20 años, cuando el presidente Joe Biden llevó a Estados Unidos a poner fin a la guerra al retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán, los talibanes regresaron al poder.

Fue la desesperación de permanecer en un país nuevamente controlado por los talibanes lo que hizo que los afganos se aferraran a las alas y al fuselaje de un avión.

El avión despega y los cuerpos caen en picado hacia la nada, tal como lo hicieron el 11 de septiembre. Un joven futbolista de 19 años, Zaki Anwari, murió tratando de escapar de esta manera.

El fotógrafo de “El hombre que cae” se negó a comentar sobre Afganistán o la política actual. Hoy, Drew fotografía la emoción de los “corredores” de la Bolsa de Valores de Nueva York, justo al lado de donde alguna vez estuvieron las Torres Gemelas y donde ahora hay un monumento a las víctimas del 11 de septiembre.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=LOgy5j2Z8vw

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.