Juez frena a Conacyt: Investigadores de privadas seguirán en SNI
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Carlo Echegoyen

Juez frena al Conacyt: Investigadores de instituciones privadas seguirán en el Sistema Nacional

Un juez analizará de fondo si los académicos de escuelas privadas deben quedar fuera del Sistema Nacional de Investigadores como señala el nuevo reglamento de Conacyt.
Carlo Echegoyen
29 de septiembre, 2021
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Más de una centena de investigadores de instituciones privadas permanecerán en el  Sistema Nacional de Investigadores (SNI) tras obtener una suspensión definitiva en los amparos interpuestos contra el nuevo reglamento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), que a partir de 2021 los dejaría fuera del sistema aún cuando sus nombramientos siguieran vigentes. 

Jueces administrativos que analizaron los casos aceptaron los amparos interpuestos por los investigadores al considerar que el Conacyt los está discriminando por el tipo de institución en la que hacen investigación, toda vez que para su ingreso, la institución privada no era una limitante y se sometieron al mismo procedimiento de evaluación como el resto de sus pares en el Sistema Nacional de Investigadores, el mecanismo de reconocimientos a los investigadores más prolíficos del país. 

Leer más | Por litigio de Gertz, Conacyt reformó reglamento para evitar “discriminación” en el SNI

El Conacty decidió reformar su reglamento este año para que los investigadores del SNI pertenecientes a instituciones particulares ya no recibieran el estímulo económico que eso conlleva. Sin embargo, cientos de investigadores tienen nombramientos por tres años –vigencia que incluía este 2021–, y que el Conacyt desconoció. 

Esto derivó en la tramitación de amparos por parte de los investigadores, pues si bien el Conacyt puede diseñar y reformar sus propios reglamentos, estos deben aplicarse hacia delante para quienes buscaran ingresar, pero “no cambiar las reglas sobre la marcha” para quienes ya pertenecían al SNI, explica en entrevista con Animal Político, Rodrigo Diez, abogado que lleva las demandas de amparo de 140 investigadores. 

De acuerdo con los lineamientos del SIN antes de 2021, el Conacyt otorgaba el estímulo a todos los investigadores que aprobaran las evaluaciones previstas en el reglamento, y en caso de pertenecer a una institución privada, esta debía hacer previamente un convenio con el Conacyt en el que se comprometía a invertir en la generación de infraestructura tecnológica. Esto es: el Consejo solo pagaría el estímulo a cada investigador, pero las universidades debían destinar recursos para el desarrollo de sus investigaciones. 

Por eso es que “la investigación no beneficia a sector, sino a toda la sociedad, y el mito de que ‘se privatiza’ la investigación es falso porque no se está subsidiando a las universidades privadas”, afirma Ricardo Ortega, investigador de la Universidad Iberoamericana, en entrevista con Animal Político

De hecho, los 200 integrantes de la Asociación de Profesores e Investigadores de la Universidad Iberoamericana (API) también interpusieron amparos por considerar que el nuevo reglamento los discriminaba, pero también por el impacto en la investigación y generación de conocimiento en el país. “Estas normas discriminan y atentan contra la ciencia y el Derecho”, sentencia Diego García Ricci, profesor investigador de la Ibero. 

Rodrigo Diez explica que la ‘suspensión definitiva’ que lograron recientemente en los amparos de investigadores de la Anáhuac, el Tecnológico de Monterrey, la Universidad Panamericana, entre otras, significa que el juez analizará de fondo si a los investigadores se les debe aplicar el reglamento publicado el 20 de abril de 2021.

Aunque el Consejo aún se puede inconformar por la decisión, la moción es un avance significativo tras cinco meses de litigio y por el momento, los investigadores siguen perteneciendo al SIN. El abogado prevé que al final del año o principio del próximo, los jueces emitan sentencia en los casos.  

Incluso, otro avance es que en juicios paralelos de investigadores que ingresaron al SNI en 2020 y comenzarían a recibir el estímulo económico en 2021 y que, con el nuevo reglamento no lo recibieron, el juez también les dio la razón y a partir de la semana pasada, el Conacyt les entregó el estímulo retroactivo a 9 meses.

Sin embargo, estos logros son individuales, es decir, cada investigador que se sienta afectado deberá interponer un amparo contra el reglamento, pero eso no significa que el Conacyt deba reformar su reglamento, sino que estas nuevas disposiciones no se les aplicarían a quienes ganen el amparo. 

Se necesitaría interponer una declaración de inconstitucionalidad, un procedimiento más largo y complicado, para lograr que el Conacyt restableciera los lineamientos para integrar nuevamente a los investigadores de instituciones privadas, explica Rodrigo Diez. 

Hasta 2021, el SNI tenía 35 mil 160 investigadores, de acuerdo con información estadística del Tercer Informe de Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, aunque la información no está desglosada por instituciones privadas y públicas. 

El área con el menor número de investigadores es la III, correspondiente a Medicina y ciencias de la salud, con 3 mil 933 miembros. Le sigue Ingeniería (área VII), con 4 mil 943 y el área VI, Biotecnología y Ciencias Agropecuarias, con 4 mil 854. El área IV, de Humanidades y Ciencias de la Conducta, con 5 mil 47 investigadores; en el área I, Físico-Matemáticas y de la Tierra, hay 5 mil 168. En el área II de Biología y Química hay 5 mil 294 y en Ciencias Sociales suman 5 mil 921 miembros. 

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Cómo se explica la actual migración masiva de venezolanos a EU a través de México

Durante los últimos dos años se multiplicó el número de venezolanos que intentaron emigrar a EU ingresando sin visa por la frontera con México, lo que llevó al gobierno de Biden a hacer un ajuste en sus políticas migratorias.
14 de octubre, 2022
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“Balseros del aire” es una expresión que se popularizó hace un par de décadas para describir a los venezolanos que emigraban hacia Estados Unidos luego de que Hugo Chávez asumiera el poder en 1999.

Esa frase no describe ya la forma como los venezolanos entran a EE.UU., que últimamente se parece más a la de los llamados “espaldas mojadas”, un término acuñado en la década de 1920 -y que se usaba con frecuencia de forma despectiva- para referirse a quienes cruzaban a nado el río Bravo desde México.

En agosto de este año, el número de venezolanos que intentaron cruzar la frontera desde México hacia Estados Unidos fue mayor que el de guatemaltecos y hondureños. Solamente los propios mexicanos realizaron más cruces.

Ese mes la patrulla fronteriza registró unos 25.349 encuentros con venezolanos. Esa cifra cuadruplica los 6.301 eventos de este tipo registrados en agosto de 2021.

Y los números siguieron aumentando en septiembre, cuando, según el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. (DHS, por sus siglas en inglés), se registraron 33.000 encuentros con venezolanos en la frontera sur.

Pero quizá el dato que muestra con más claridad cómo han cambiado las cosas en los últimos dos años es el siguiente: entre los años fiscales 2014 y 2019 el promedio mensual de encuentros únicos con venezolanos era de 127.

En total, entre el año fiscal 2021 y el año fiscal 2022 (que culminó el 30 de septiembre) los encuentros únicos con venezolanos en la frontera aumentaron 293%, según el DHS.

Ante esta situación, el gobierno del presidente Joe Biden anunció este miércoles una nueva política que prevé la expulsión hacia México de todos los venezolanos que ingresen a EE.UU. sin autorización a través de la frontera, pero que al mismo tiempo permitirá acoger en ese país con un permiso humanitario a unos 24.000 venezolanos que cumplan con una serie de requisitos.

Pero ¿por qué tantos venezolanos han estado llegando en masa a Estados Unidos a través de la frontera sur?

Un país en crisis

Históricamente, los venezolanos no tenían una tradición de emigrar.

Al contrario.

En el siglo XX su país sirvió durante décadas como lugar de acogida de personas procedentes, sobre todo, de otros países de América Latina y del sur de Europa.

Un hombre camina con dos maletas en el aeropuerto de Maiquetía

Getty Images
El aeropuerto Simón Bolívar, que sirve a Caracas, se convirtió en la puerta de salida de millones de venezolanos.

La profunda crisis que ha vivido Venezuela en los últimos siete años cambió completamente esa dinámica y ese país se convirtió en un emisor masivo de migrantes.

Unos 7,1 millones de venezolanos (en torno a un 20% del total) viven actualmente como migrantes o refugiados en distintas partes del mundo, de acuerdo con datos de la ONU correspondientes a septiembre de 2022.

Juan Navarrete, director adjunto para la crisis de refugiados de Amnistía Internacional Venezuela con sede en Bogotá, afirma que esa cifra demuestra que la crisis migratoria venezolana sigue activa, pues apenas en el dato anterior -correspondiente a agosto de 2022-, era de 6,8 millones de personas.

“El flujo de personas que sale de Venezuela continúa, aunque tal vez no en la misma proporción que en el periodo 2015-2017”, indica Navarrete a BBC Mundo.

Julia Gellat, analista senior del Migration Policy Institute, un centro de estudios con sede en Washington, considera que hay una combinación de condiciones difíciles desde el punto de vista económico y político que ha mantenido el flujo de migrantes venezolanos y que algunas personas que pueden haberse quedado hasta ahora allí esperando la salida del gobierno de Nicolás Maduro, pueden haber pensado que ahora era el momento de irse.

Venezuela salió en diciembre de 2021 de un largo periodo con hiperinflación, pero sigue siendo uno de los países del mundo con mayor inflación.

En los últimos dos meses, la moneda venezolana se ha devaluado en torno a 30% frente al dólar, cuya cotización pasó de 6,28 bolívares en agosto a 8,26 bolívares esta semana, lo que deja el salario mínimo mensual de los venezolanos en torno a unos US$16.

“El tapón del sur”

Desde el inicio de la crisis migratoria, la mayor parte de los venezolanos que decidieron buscarse la vida en el extranjero se han dirigido a otros países de América Latina y el Caribe: unos 5,96 millones.

Migrante venezolana caminando por Ecuador

Getty Images
Miles de venezolanos emigraron por tierra hacia otros países de América del Sur.

Se estima que hay casi 2,5 millones de venezolanos en Colombia, 1,5 millones en Perú, 500 mil en Ecuador y 450 mil en Chile.

No obstante, Navarrete explica que las condiciones para el ingreso y la permanencia de venezolanos en la región se han endurecido en los últimos años.

Esto ha derivado en un cambio en la tendencia migratoria, por lo que ahora en lugar de buscar rutas hacia el sur buscan más hacia el norte.

“Así como existe el ‘tapón’ del Darién ahora hay, especialmente desde la pandemia de coronavirus, un tapón del sur, pues los países de la región empezaron a exigirles a los venezolanos visas y otros documentos difíciles de obtener“, señala.

El experto indica que a estas dificultades se suman algunos episodios de xenofobia que se han producido en algunos países como Chile y Perú, que los migrantes también toman en cuenta a la hora de pensar en posibles destinos.

A todo esto se suma el hecho de que, desde la pandemia de coronavirus, la situación económica en los países de la región se ha deteriorado tanto para la población local como para los inmigrantes quienes quedaron en una situación aún más precaria.

“Creo que un cambio que se ha producido recientemente es que las condiciones económicas en otros países han impulsado a los venezolanos a venir a Estados Unidos“, apunta Julia Gelatt.

El atractivo de EE.UU. y la inteligencia migratoria

Navarrete explica que ante el deterioro de las condiciones económicas y el aumento de las dificultades para irse a otros países de América Latina, en la mente de los migrantes venezolanos EE.UU. puede aparecer como un lugar más atractivo.

“Un migrante venezolano que vive de pedir dinero en la calle en Colombia puede pensar que puede conseguir mucho más dinero en Estados Unidos, donde los medios de vida son mejores. Entonces, en su imaginario, prefieren caminar hacia el norte en lugar de hacia el sur, sin pensar que los riesgos de la ruta norte son mucho mayores”, señala.

Una familia de migrantes venezolanos en Nueva York.

Getty Images
Miles de familias venezolanas que entraron a EE.UU. por la frontera sur han terminado en Nueva York y Washington DC gracias a una política de traslados masivos aplicada por el gobernador de Texas.

A esto se suma el hecho de que, hasta este miércoles, Estados Unidos tenía una política benevolente hacia los migrantes venezolanos, a quienes las autoridades de ese país consideran víctimas del gobierno de Maduro, a quien tanto Biden como su antecesor, el republicano Donald Trump, consideran como un dictador.

En una nota de prensa de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) divulgada en septiembre se señala que “el gran número de personas que huyen de los regímenes comunistas fallidos en Venezuela, Nicaragua y Cuba está contribuyendo a un mayor número de migrantes que intentan cruzar la frontera”.

Por esos mismos días, al ser consultado por la prensa, el propio presidente Biden dijo que no era “racional” devolver a los migrantes a esos tres países.

Hasta ahora, en la práctica esta postura se tradujo en que durante meses cuando los venezolanos cruzaban la frontera hacia EE.UU. desde México iban directa y voluntariamente a “entregarse” a la patrulla fronteriza, pues pensaban que no los iban a deportar, sino que simplemente iban a estar detenidos unos días y luego los dejarían en libertad a la espera de que se procesara ante un juez migratorio su solicitud de asilo.

Esto implicaba una diferencia fundamental con el trato que se le daba a los migrantes de muchos otros países que eran expulsados de EE.UU. hacia México o eran deportados hacia sus países de origen.

“Algunos migrantes llegaron a saber que hasta ahora Estados Unidos estaba dejando entrar a los venezolanos y no los estaba expulsando bajo el Título 42 , a diferencia de lo que ocurre con migrantes procedentes de otros países. Creo que esa información se esparció entre las redes migrantes”, apunta Gellat.

Navarrete se refiere a ese fenómeno como inteligencia migratoria: el intercambio de información entre los migrantes que, según explica, en el caso de los venezolanos se produce mucho a través de TikTok y de Facebook.

Según el experto, la suma de todos estos elementos ha estado llevando a que en el imaginario de los migrantes venezolanos la idea de emigrar hacia EE.UU. resulte atractiva.

¿Cambiarán las cosas a partir de ahora que el gobierno de Biden ha anunciado que expulsará a México a los venezolanos que intenten ingresar sin visa por la frontera sur?

Navarrete cree que, en parte, dependerá de lo que ocurra con esta información y cómo sea manejada en las redes de migrantes, y destaca que muchos de los que están emigrando son gente joven, de sectores populares, que no conocen las normas legales sobre la migración.

Agrega, además, que los grupos de tráfico de migrantes encontraron en los venezolanos una oportunidad de negocio.

Julia Gelatt, por su parte, considera que es posible que, aunque algunos decidan permanecer en Venezuela o ir a otros países, habrá quienes insistan en ir a EE.UU.

Si la gente está huyendo del hambre, la pobreza y de la represión política en Venezuela es muy probable que hagan el viaje de todas maneras y quizá intentarán colarse por la frontera aunque ya no buscarán a los agentes de la patrulla fronteriza para que les permitan entrar y quedarse. Es posible que la gente siga intentando venir, pero de forma clandestina”, afirma.

“Cuando las condiciones son tan difíciles, habrá gente que necesite emigrar para poder sobrevivir y esos quizá todavía intenten venir a EE.UU.”, concluye.


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