El duro proceso de identificación de desaparecidos para sus familiares
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‘Cuando me lo entreguen y lo sepulte terminará mi duelo’: el duro proceso de identificación de desaparecidos

Colectivos de búsqueda de desaparecidos preparan un protocolo para la restitución de restos a sus familias.
1 de septiembre, 2021
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Alfredo Ezequiel Santos Ayala tenía 25 años cuando desapareció. Dos hombres armados entraron en su casa el 26 de septiembre de 2019 en Tlajomulco, Jalisco. Meses después, en febrero de 2020, su madre, Guadalupe Ayala, recibió la peor noticia: los forenses habían descubierto que uno de los restos hallados en una fosa clandestina en El Mirador correspondía a su hijo. Ella, que había comenzado a buscar desde el primer momento en el que tuvo noticias del secuestro de su hijo, inició entonces una nueva lucha: recuperar todo su cuerpo y tener la certeza de que lo que le entregaban las autoridades correspondía a su hijo.

“Cuando me dijeron que habían encontrado un resto, era una mano. Pensé que a lo mejor se la habían mochado y estaba vivo. A los pasos de los días encontraron su torso”, explica Ayala, en entrevista con Animal Político. Fue entonces cuando supo con certeza que su hijo estaba muerto. Era marzo de 2020 y, desde entonces, todavía no ha podido darle sepultura. “Voy a seguir hasta que salga todo. Sé que está ahí porque faltan partes por procesar”, dice.

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El 30 de agosto se conmemoró el Día Internacional contra la Desaparición Forzosa. En México se realizaron diversos actos de protesta organizados por familiares de víctimas. Según la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB), 82 mil 567 personas están desaparecidas en el país, la mayoría desde 2006, cuando Felipe Calderón inició la denominada “guerra contra el narcotráfico” de la que ahora se cumplen 15 años. El lunes se hizo público el equipo coordinador del Mecanismo Extraordinario de Identificación Forense, una herramienta que deberá servir para que los más de 50 mil cuerpos que se guardan en fosas comunes y otros depósitos institucionales puedan ser identificados por sus familiares.

Guadalupe Ayala es de las personas que ha logrado saber qué ocurrió con su hijo. Según la CNB, solo 8 mil 862 personas fueron encontradas sin vida. El proceso para los familiares no es fácil, tampoco para Guadalupe Ayala. Quienes mataron a Ezequiel no se contentaron con arrebatarle la vida. También le cortaron las extremidades y lo enterraron desmbembrado. Así que el proceso de identificación ha sido tortuoso para la mujer. Ahora, según explica, le falta un antebrazo para poder tener el cuerpo completo y darle sepultura. Habla con amargura sobre la fiscalía de la que apenas recibe información. Fue gracias al colectivo Familias Unidas por Nuestros Desaparecidos Jalisco (FUNDEJ) que logró conocer el proceso y presionar a las autoridades.

“Todo está en el Semefo, pero estas partes acaban de procesarse, tienen 4 meses. Ahorita ya van muchos cuerpos armados”, explica Ayala.

Ser madre de un desaparecido obliga a muchas mujeres a convertirse en detectives, forenses, investigadoras. Cuenta Ayala que ella estuvo cuando se descubrió el predio en el que luego encontrarían los restos de su hijo. Que tuvo una corazonada. Que en el interior del Semefo fue contando, uno a uno, los cráneos que habían encontrado: 104, una de las mayores fosas aparecidas en Jalisco, el estado con mayor número de desaparecidos, más de 13 mil.

“Es una situación muy difícil, pero ni siquiera psicólogo he necesitado. A lo mejor ya cuando lo sepulte y me lo entreguen… creo que ahí termina mi duelo”, dice. “Pero todas las noches pienso en cuál fue su muerte”, explica.

Las penurias sufridas por esta mujer valiente no son una excepción. De hecho, ni siquiera existe un protocolo sobre cómo informar a las familias y cómo acompañarlas durante el proceso de identificación. Fundar y otros colectivos que apoyan a víctimas presentaron en junio un documento en el que tratan de incluir recomendaciones para las autoridades.

Humberto Guerrero, integrante de Fundar, explica algunas de las malas prácticas que cometen las fiscalías: por ejemplo, entregar el cuerpo sin dar explicaciones ni atender a las preguntas que puedan tener las familias. “Esto puede generar dudas”, dice Guerrero. En segundo lugar, en casos en los que puede haber tejido vivo, no permitir que las familias vean el cuerpo “alegando que puede ser muy impactante”. Por último, “comúnmente las fiscalías entregan los restos en condiciones indignas, como en bolsas negras de basura”.

En los últimos meses, las organizaciones mantuvieron encuentros con la Fiscalía General de la República (FGR) y otras instituciones para proponerles incluir los pasos del protocolo. Por el momento no hay acuerdos aunque Guerrero confió en que la aplicación del mecanismo extraordinario de identificación sirva para mejorar las prácticas.

Margarita Michelle Quevedo Orozco conoce bien estas omisiones por parte de la fiscalía. Su hermano Gerson, de 19 años, fue secuestrado en Medellín, Veracruz, en 2014. En el mismo momento fue asesinado Allan, de 15, al intentar salvar a su hermano. Tres años después, las autoridades les dicen que habían encontrado unos restos pertenecientes a su hermano. Pero ellos no se fiaban. Así que su madre pidió una opinión independiente. No fue hasta que intervino el Equipo Argentino de Antropología Forense que se convenció.

“Pedimos unos peritos independientes por la desconfianza que hay hacia el Estado. Nos ha tocado hablar con personas que han recibido unos restos y más adelante no eran, les entregaron los equivocados. Otras que, al parecer, su cuerpo estaba en alguna fosa, luego van a exhumar no están. Son tantas historias de terror”, dice.

En su caso hubo tantas deficiencias que llegó un momento en el que el informe aseguraba que su hermano tenía dos cráneos.

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El dictamen de los antropólogos argentinos sirvió para dar tranquilidad a la familia. Pero Quevedo Orozco sabe que no todos han tenido la fortuna de contar con ese apoyo. “DE mi hermano nos entregaron un cráneo, un pedazo de fémur y un pedacito del huesito del pie. Eso fue todo. No hubo más. Hay muchas familias que no aceptan estos restos y piden que se entregue a su familiar completo. Lo entendemos y lo respetamos”, afirma.

“A nosotros si nos los entregan en una cajita. Pero, ¿cuántas veces ocurre en Veracruz que te entregan los restos en una bolsa de basura? ¿En serio? Es tan denigrante que no entra en la cabeza”, lamenta.

Encontrar los restos son solo parte del proceso de luto para estas familias. Dice la joven que a ella le ayudó ayudar a otras víctimas y colaborar en las búsquedas, para sentirse cerca de otras persona que estaban sufriendo como ella. Ahora, aunque más alejada, asegura que espera que su reclamos sirvan para que otras familias no pasen por el calvario al que las instituciones le sometieron durante el proceso de identificación.

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Mutaciones del coronavirus: ¿cómo será su evolución?

Expertos explican la importancia de conocer las mutaciones del SARS-CoV-2 no sólo para hacer una vigilancia genómica de la pandemia, sino también para conocer el impacto que pueda tener la evolución del virus sobre ella.
19 de agosto, 2021
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Las mutaciones de los virus ocurren por errores al azar en la replicación de su genoma cuando se multiplican dentro de la célula. Esos errores generan la diversidad biológica necesaria para que sobre ella actúe la selección natural.

Los virus no tienen voluntad ni controlan sus mutaciones, pero el proceso evolutivo siempre da como resultado una mejor adaptación al medio. En este caso, a nosotros.

¿Cómo actúa la selección natural sobre el SARS-CoV-2? Básicamente de dos formas: o bien hace desaparecer mutaciones que son deletéreas o perjudiciales o bien selecciona mutaciones favorables porque tienen un valor adaptativo.

Conocer las mutaciones del coronavirus SARS-CoV-2 es interesante para realizar una vigilancia genómica de la pandemia, pero también para conocer el impacto que pueda tener la evolución del virus sobre ella.

Evolución del SARS-CoV-2 a lo largo de la pandemia

Desde que el SARS-CoV-2 realizó el salto a nuestra especie ha acumulado más de 12.700 mutaciones. La mayoría no tienen consecuencias biológicas. Otras han dado lugar a nuevas variantes. Algunas de ellas se denominan variante de interés (VOI) o de preocupación (VOC).

  • Variante de interés (VOI): variante del SARS-CoV-2 que porta cambios genéticos que pueden causar una enfermedad más severa, escapar al sistema inmune, afectar al diagnóstico de la enfermedad o a su transmisibilidad, provocando transmisión comunitaria en varios países, aumentando su prevalencia con un impacto notable sobre la salud pública.
  • Variante de preocupación (VOC): es una VOI que haya demostrado una mayor transmisibilidad, peor pronóstico, mayor virulencia o una menor eficacia de las medidas de salud pública, incluidos los tratamientos conocidos y las vacunas.

Al inicio de la pandemia (antes de febrero de 2020), cuando todavía no se tenía un control sobre la transmisión comunitaria del virus, hubo un periodo de rápida diversificación genética del virus coincidente con su transmisión en cada región geográfica.

Ilustración de anticuerpos atacando el SARS CoV-2.

Science Photo Library
Ilustración de anticuerpos atacando el SARS CoV-2.

A partir de marzo de 2020, con la llegada de los confinamientos en casi todo el mundo, ocurrió una extinción masiva y una homogeneización de mutaciones (variantes). Los confinamientos frenaron la expansión de algunas variantes.

Tras la relajación de las restricciones, se produjo una nueva diversificación, esta vez de forma más progresiva. Esta fase de la evolución del coronavirus tuvo un importante componente geográfico, donde la aparición de mutaciones y variantes se agruparon por regiones geográficas.

¿Qué hubiese pasado sin confinamientos? No lo sabemos, pero posiblemente habría ocasionado una mayor y más rápida diversificación de las mutaciones.

Y, por tanto, la aparición de un mayor número de variantes. La evolución del virus se habría acelerado y con ella su adaptación al ser humano. Esto hubiera sucedido con un alto coste en vidas y pérdida de salud para millones de personas.

Selección convergente

Hasta la fecha han aparecido más de 100 mutaciones que dan lugar a cambios en la secuencia de aminoácidos de las proteínas del virus.

Científico

Getty Images

Algo a tener en cuenta es que algunas de estas mutaciones han surgido recurrentemente durante la pandemia en diferentes variantes o linajes a lo largo de todo el planeta de una manera completamente independiente.

Esto indica que hay una fuerte presión selectiva actuando sobre dichas posiciones: es lo que se conoce como convergencia evolutiva. El virus encuentra una y otra vez las mismas soluciones (mutaciones) para adaptarse mejor al ser humano y asegurar su supervivencia.

También pueden ocurrir mutaciones que suponen una desventaja para la supervivencia o replicación del virus. Esto es una selección purificante.

Por ejemplo, una mutación que sea reconocida por determinado tipo de anticuerpo muy prevalente en una población hará que esa variante desaparezca en favor de otras que no la tengan. Esos casos son difíciles de detectar sin una secuenciación de todos los casos de la población.

Hay tres posiciones en el genoma que han sufrido mutaciones claves en la evolución de la pandemia hasta la fecha. La primera es la mutación D614G en la proteína de la espícula. Las otras dos son la R203K y la G204R, que han ocurrido en la proteína de la nucleocápside del virus.

Mutaciones relevantes en la espícula

La espícula del virus es la llave que abre la entrada a la célula humana. Así que no es de extrañar que haya habido una selección positiva en el sitio de unión al receptor, favorecida por aquellas mutaciones que son más eficientes en la infección.

La mutación D614G apareció hacia febrero de 2020. Esta mutación se ha detectado en la variante alfa, contribuyendo a su expansión a otras zonas geográficas, principalmente europeas en su inicio. Pero también surgió en prácticamente todas las variantes de interés como la beta y la delta.

Virus

Getty Images
La mutación D614G se sitúa dentro de la proteína espiga, la que el virus utiliza para penetrar en nuestras células.

Curiosamente, este sitio es más propenso a cambios, y la mutación podría ser debida a múltiples ganancias del aminoácido ácido aspártico, para una posterior pérdida y substitución por la glicina.

Algunas regiones del genoma son más susceptibles a mutaciones que otras. Por ejemplo, en el sitio de unión de la espícula han aparecido otras 31 mutaciones.

Las diferentes variantes se determinan en función de estas mutaciones. Son una huella de selección que aparecen en los diferentes linajes del virus.

Otras mutaciones de la espícula que han aparecido en las VOC son la N501Y y la E484K, que se ha asociado con una disminución de la respuesta de los anticuerpos neutralizantes.

Estas mutaciones indican una rápida adaptación del virus a los humanos, permaneciendo aquellas que facilitan el contagio entre personas, y su entrada en las células humanas.

Mutaciones en la nucleocápside

Si la espícula es la llave de entrada a la célula, la nucleocápside es la armadura que protege su información dentro de la célula y asegura su transcripción.

La región que codifica para la proteína de la nucleocápside parece acumular la mayor proporción de mutaciones positivas en el genoma del SARS-CoV-2, como la R203K y la G204R. Las mutaciones que ayudan a proteger este material genético del virus proporcionan una ventaja evolutiva.

Aunque la nucleocápside ha recibido menos atención que la proteína de la espícula, parece desempeñar un papel fundamental en la evolución del virus y su adaptación para sobrevivir en las células humanas.

Es previsible que se sigan acumulando mutaciones en esta región del genoma a lo largo de la pandemia. Estas mutaciones tendrán como resultado una replicación más eficiente en nuestras células.

Futuro de la evolución del SARS-CoV-2

En el año y medio que ha pasado de pandemia, el SARS-CoV-2 está adaptándose a los humanos, así como a diferentes especies animales. Las principales mutaciones están favoreciendo la transmisibilidad, sobre todo en su rapidez (selección positiva). En menor medida están favoreciendo la resistencia a la inmunidad (selección negativa).

Científicas

Getty Images

La transmisibilidad del virus es alta en comparación con otros virus respiratorios, lo que juega a favor de su supervivencia, al igual que su ventana de contagio relativamente amplia en algunos infectados asintomáticos o presintomáticos. Aunque la mortalidad es relativamente baja en el conjunto global de la población, el virus es capaz de saturar el sistema sanitario y tener una alta letalidad en grupos de edades avanzadas.

Las tasas de letalidad globales del virus no son determinantes en la supervivencia del SARS-CoV-2, ya que las principales tasas de ataque ocurren en estadios menos graves de la enfermedad. Esta circunstancia hace que la evolución del coronavirus no esté determinada por lo que ocurre tras el proceso de infección, en el curso de la enfermedad y la subsiguiente convalecencia en el hospedador.

Por tanto, es poco probable que ocurran mutaciones en el virus que supongan un cambio drástico en su letalidad (mayor o menor). Será cuestión de azar que algunas mutaciones acaben siendo más o menos letales.

Sí que es esperable que surjan nuevas mutaciones que aumenten la capacidad de transmisión del virus. También son posibles las mutaciones que supongan una menor eficacia de las vacunas. Su éxito dependerá de lo rápido que se consiga inmunizar a un elevado porcentaje de la población mundial.

Cortar las cadenas de contagio con las medidas preventivas que conocemos y las vacunas siguen siendo las medidas principales para acabar con la pandemia.

Aunque es pronto para saberlo, no se puede descartar que haya que variar la composición de las vacunas en un futuro para incluir variantes nuevas que puedan inducir una respuesta inmune más eficaz.

*Óscar González-Recio es genetista e investigador Científico del INIA-CSIC, Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)

María de Toro es responsable Plataforma de Genómica y Bioinformática, Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR)

Miguel Ángel Jiménez Clavero es virólogo y profesor de Investigación, Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)

**Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons.Haz clic aquí para leer la versión original.


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