La carrera contra el tiempo para salvar de la extinción a las ranas arlequín
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Atelopus palmatus. Foto: Jaime Culebras/Photo Wildlife Tours.

La carrera contra el tiempo para salvar de la extinción a las ranas arlequín en Latinoamérica

Durante las últimas décadas, muchas especies de rana arlequín han sufrido graves declives poblacionales y extinciones, principalmente por culpa de un hongo.
Atelopus palmatus. Foto: Jaime Culebras/Photo Wildlife Tours.
Por Antonio José Paz Cardona/Mongabay Latam
10 de octubre, 2021
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En 2019 la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas (IPBES) dio uno de los mensajes más alarmantes de los últimos tiempos sobre la flora y fauna de nuestro planeta: alrededor de un millón de especies de animales y plantas están ahora en peligro de extinción y muchas podrían desaparecer en pocas décadas, lo que representa una amenaza sin precedentes en la historia de la humanidad.

Los anfibios están en gran peligro con aproximadamente el 40 % de sus especies bajo alguna categoría de amenaza. Entre ellos, uno de los géneros que más preocupa es Atelopus, originario del neotrópico, cuya distribución va desde Costa Rica hasta Bolivia, extendiéndose al oriente hasta la Guayana Francesa.

De las 94 especies evaluadas por la UICN, el 83 % se encuentran en la Lista Roja de Especies Amenazadas. Es más, un 40 % de las especies de este género son consideradas como posiblemente extintas en la naturaleza y cuatro ya desaparecieron oficialmente del planeta.

Debido a este preocupante panorama nació la Iniciativa de Supervivencia Atelopus (ASI, por sus siglas en inglés), una alianza de más de 40 organizaciones de 13 países que buscan salvar de la extinción a este género de anfibios. Además, hace pocas semanas ASI publicó el Plan de Acción para la Conservación de las Ranas Arlequín (Atelopus) 2021-2041.

Entérate: La carrera por salvar especies amenazadas en tiempos de COVID-19

Un llamado urgente al trabajo colaborativo

Una de las principales causas de las declinaciones poblacionales y extinción de algunas especies del género Atelopus, más conocido como ranas arlequín, es el Batrachochytrium dendrobatidis, unhongo quítrido mortal que tuvo sus peores efectos en los anfibios en la década de los ochenta.

“Hace cerca de tres años Re:wild, la organización en que trabajo y que auspicia la Lista Roja para anfibios de la UICN, debido a la grave situación de las ranas arlequín, empezó a indagar y nos dimos cuenta que mucha gente, en varios países, estaba trabajando activamente por la conservación de algunas especies, pero no había mucho intercambio de conocimientos y experiencias, ni un esfuerzo articulado a nivel de región para salvar el género”, dice Lina Valencia, bióloga colombiana fundadora de ASI, co-coordinadora del Grupo de Trabajo Atelopus del Grupo Especialista en Anfibios de la UICN y coordinadora de los países andinos para Re: wild.

En noviembre de 2019 lograron reunir, en el parque Explora en Medellín, a más de 40 personas de distintos países y concluyeron que era vital una gran iniciativa que promoviera la participación activa de diversos grupos, no solo científicos y académicos, sino también de representantes de comunidades locales, personal de ministerios y parques nacionales, ONG, zoológicos, entre otros.

De esa primera reunión salió la idea de crear el primer plan de acción para la conservación de las ranas arlequín, el cual fue publicado hace pocas semanas. Dicho plan se sustenta en cinco objetivos: producir conocimiento de línea base, asegurar poblaciones viables en hábitats naturales, mantener y manejar colonias de rescate, aumentar la visibilidad de las Atelopus y crear un mecanismo de colaboración y participación.

El primer objetivo se centra en recopilar y producir información científica clave sobre el estado poblacional actual, la historia natural y las amenazas a las poblaciones de Atelopus. En segundo lugar se desarrollarán y aplicarán estrategias y protocolos para reducir los impactos de las principales amenazas que afectan al género. El tercer objetivo se enfoca en crear capacidades técnicas y científicas y compartir mejores prácticas para implementar tecnologías de reproducción asistida en los casos de los anfibios más amenazados, así como aplicar programas de reintroducción y de seguimiento posterior a la liberación.

El cuarto eje del plan tiene que ver con concientizar a las personas sobre la existencia de las Atelopus “y promover las ranas arlequín como joyas de los bosques, páramos y arroyos del Neotrópico, convirtiéndolas en un género emblemático y en un símbolo internacional, regional y nacional de prosperidad, esperanza y biodiversidad”, dice el documento.

Atelopus varius. Foto: Jaime Culebras/Photo Wildlife Tours.

Finalmente, otro de los objetivos clave es garantizar el apoyo técnico, logístico y financiero necesario para asegurar la conservación a largo plazo de las ranas arlequín.

Sobre este último objetivo, Valencia dice que es muy importante desarrollar estrategias para fomentar la colaboración, comunicación y el trabajo interdisciplinario. “Fue interesante ver cómo en nuestra primera reunión había personas que llevaban décadas trabajando con el género y no se habían visto las caras antes” y añade que lo que buscan no es solo publicar un documento, “sino de verdad cambiar el estatus de conservación de las ranas. Si no trabajamos colectivamente, este género se nos va a extinguir”.

Aunque las intenciones son las mejores, los integrantes de la iniciativa saben que uno de los principales obstáculos es la escasez de recursos económicos para implementar estrategias de conservación. Por eso, el trabajo colaborativo se presenta nuevamente como la principal apuesta. Lina Valencia comenta que en lugar de que 10 personas u organizaciones compitan por un mismo fondo, la iniciativa pretende que se junten experiencias y capacidades para aplicar como equipo a fondos más grandes y así reducir esa competencia que suele darse para obtener unos recursos que son bastante limitados.

Trabajo en el Centro de Conservación de Anfibios (AMARU), Ecuador. Foto: Jaime Culebras/Photo Wildlife Tours.

Trabajo en el Centro de Conservación de Anfibios (AMARU), Ecuador. Foto: Jaime Culebras/Photo Wildlife Tours.

El ataque mortal de un hongo

¿Por qué el género Atelopus fue uno de los más afectados por el hongo quítrido? Para el biólogo ecuatoriano Juan Manuel Guayasamín, esa es la pregunta del millón. Existen varias hipótesis pero es enfático al indicar que mucho todavía está en el plano de la especulación pues hace falta demasiada información sobre este tema, además que los principales impactos de la enfermedad causada por el hongo ocurrieron hace varias décadas, cuando pocos científicos trabajaban con anfibios y se desconocía la existencia de este patógeno.

Lo que se sabe es que el hongo empezaba afectando la piel de las ranas, causándoles luego muchos problemas fisiológicos, desde respiratorios hasta circulatorios. “Muchas de estas ranas mueren de ataques cardíacos por estrés asociado a la enfermedad”, dice Guayasamín, investigador de la Universidad San Francisco de Quito y también co-coordinador del Grupo de Trabajo Atelopus del Grupo Especialista en Anfibios de la UICN.

Para el biólogo lo que está claro es que el hongo está asociado con declinaciones y extinciones de más de 500 especies de anfibios. “Si hablamos de pandemias que tienen un efecto en la biodiversidad esta es la peor pandemia reportada en la historia, no hay un caso similar de un patógeno que infecte y afecte a tantas especies”, destaca.

Sin embargo, el hongo no actúa solo y los biólogos creen que se trata de una combinación de factores que incluye la destrucción y degradación de los hábitats —como resultado de la agricultura, la ganadería, la tala, la minería y el desarrollo de infraestructura—, la introducción de especies invasoras como la trucha arcoíris que se alimenta de renacuajos de ranas arlequín, la contaminación, la recolección ilegal para el comercio de mascotas y los efectos del cambio climático.

“Parece que también tiene que ver con el sistema inmune de las Atelopus, no tienen un mecanismo para protegerse de la enfermedad”, dice Guayasamín y asegura que el hongo está bastante diseminado entre los anfibios pero, al parecer, muchas especies ya han generado mecanismos de tolerancia. O por lo menos, eso esperan.

Por otro lado, el biólogo comenta que es muy interesante que en los últimos 10 años varias especies que se pensaban extintas han sido redescubiertas, “aunque siempre se redescubren en densidades muy bajas y en pocas localidades, bajo escenarios que podríamos determinar como catastróficos”.

Guayasamín y un grupo de investigadores que forman parte de la  nueva Iniciativa de Supervivencia Atelopus  ganaron recientemente un fondo para ir a campo a estudiar a la redescubierta Atelopus ignescens, que antes de la década de los ochenta era muy abundante en los Andes ecuatorianos, incluso muy cerca de Quito. Esta especie no se había visto por décadas a pesar de que era muy común y recientemente pasó de Extinta a en Peligro Crítico.

Lee el reportaje completo en Mongabay Latam

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COVID: el país que solo ha vacunado a 3% de su población y destruirá un millón de dosis

Nigeria es uno de los países de África más atrasados en la vacunación contra la covid-19, entre las razones están las donaciones de vacunas a punto de expirar que ha recibido,así como otros factores. Su caso no es único en África.
9 de diciembre, 2021
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Es el país más poblado de África pero también uno de los más rezagados del continente en la vacunación contra el coronavirus.

Solo cerca del 3% de la población de Nigeria ha recibido las dos dosis de las vacunas contra la covid-19, una tasa muy baja, incluso comparada con otros países de África.

Sudáfrica, por ejemplo, tiene el 24% de población completamente vacunada.

Sin embargo, se ha reportado que Nigeria tiene una gran reserva de vacunas vencidas que no ha utilizado. Y que, de acuerdo con la agencia de noticias Reuters, podrían alcanzar el millón de dosis.

El Ministerio de Salud nigeriano dice que todas las vacunas vencidas han sido retiradas y serán destruidas.

¿Qué vacunas se han enviado a Nigeria?

Nigeria, como otros países africanos, tuvo dificultades para acceder a las vacunas contra la covid-19 a principios de este año, porque los fabricantes les dieron prioridad a las naciones más ricas, que habían subscrito acuerdos prematuramente.

Muchas naciones africanas también dependían del plan Covax, que a principios de año experimentó dificultades para cumplir con sus compromisos de suministro de vacunas, especialmente en toda África.

Vacunación en Abuya, Nigeria.

Getty Images
Nigeria lanzó el mes pasado una campaña de vacunación masiva para alentar a más personas a vacunarse.

Pero en las últimas semanas, la entrega ha mejorado: los países más ricos comenzaron a liberar las reservas que tenían, en gran parte a través del sistema Covax.

Nigeria recibió 700.000 dosis de la vacuna AstraZeneca de Reino Unido en agosto, 800.000 de Canadá en septiembre y otras 500.000 de Francia en octubre.

Aproximadamente al mismo tiempo, Nigeria también recibió cuatro millones de dosis de Moderna y 3.6 millones de dosis de Pfeizer de Estados Unidos.

Prueba de vacunación en Nigeria

Getty Images
El gobierno de Nigeria exige prueba de vacunación para entrar a algunos edificios públicos.

¿Cuánto tiempo se pueden conservar las vacunas?

Las dosis de AstraZeneca normalmente serían seguras de conservar durante al menos seis meses desde el momento de la fabricación, en condiciones adecuadas.

Pero el Ministerio de Salud de Nigeria dice que algunas de las vacunas donadas le fueron entregadas próximas a expirar, lo que plantea serios desafíos logísticos.

“Esto nos dejó muy poco tiempo, en algunos casos solo semanas, para usarlas, después del tiempo para transportarlas, distribuirlas y entregárselas a los usuarios”, afirmó el ministro de Salud, Osagie Ehanire.

Debido a que las vacunas pueden llegar una tras otra, ocasionalmente surgieron cuellos de botella, agregó.

El gobierno ahora dice que las vacunas caducadas serán destruidas y “declina cortésmente todas las donaciones de vacunas a las que les queda poco tiempo antes de expirar o aquellas que no pueden entregarse a tiempo”.

Vacuna contra la covid.

Getty Images

¿Las vacunas vencidas han sido un problema en otros lugares?

Otros países africanos también se han quedado con vacunas caducadas, incluyendo Malaui y Sudán del Sur.

Por su parte, República Democrática del Congo devolvió las vacunas no utilizadas para que fueran distribuidas en otros países y evitar su vencimiento.

En julio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que unas 450.000 dosis habían expirado en ocho países africanos, antes de que pudieran administrarse debido a las breves fechas de caducidad.

La OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África pidieron recientemente un cambio en la forma en que se realizan las donaciones de vacunas, para evitar el desperdicio.

“Tener que planificar con poca antelación y garantizar el consumo de dosis con una vida útil corta aumenta exponencialmente la carga logística sobre los sistemas de salud que ya están sobrecargados”, dijeron en un comunicado.

Las dos organizaciones han pedido que las vacunas donadas tengan un mínimo de dos meses y medio de vida útil para cuando lleguen al país beneficiario.

Y que los países receptores estén al tanto de las donaciones un mes antes de que se entreguen. Además, esperan que sean enviadas con suministros esenciales adicionales como jeringas.


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