Estados y SNTE dieron 79.6 mdp a Juan Collado por servicios inexistentes
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Gobiernos estatales y SNTE pagaron 79.6 mdp a Juan Collado por servicios inexistentes

Este caso es paralelo al que se le sigue a Collado a nivel federal. La Fiscalía de Chihuahua es la única autoridad estatal que judicializó una investigación contra el litigante por las contrataciones amañadas para desviar fondos públicos.
Cuartoscuro
13 de octubre, 2021
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En el sexenio pasado, cuatro gobiernos estatales, en su mayoría priistas, y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) hicieron pagos por casi 80 millones de pesos al abogado Juan Collado por supuestas asesorías jurídicas de las que no existen contratos ni evidencia de que se hayan realizado, por lo que autoridades ministeriales locales presumen que se trató de un desvío de recursos públicos.

De acuerdo con documentación fiscal del Servicio de Administración Tributaria (SAT) a la que Animal Político tuvo acceso, entre 2013 y 2016 los gobiernos de Nuevo León, Chihuahua, Sinaloa y Aguascalientes, así como el sindicato magisterial, depositaron 79 millones 685 mil 670 pesos a cuentas de Collado, quien desde 2019 se encuentra detenido en el Reclusorio Norte acusado de delincuencia organizada y lavado de dinero.

A través del Sistema Nacional de Transparencia, este medio envió solicitudes de información a varias instituciones de dichos estados y al SNTE para pedirles los contratos que ampararan los pagos millonarios hechos con recursos públicos, pero todos los sujetos obligados respondieron que no contaban con esa documentación. En las solicitudes se pidió información de contrataciones a favor tanto de Collado como de su despacho, Collado y Asociados SC, y de su financiera, Caja Libertad (oficialmente llamada Libertad Servicios Financieros S.A. de C.V.).

La Fiscalía General del Estado de Chihuahua abrió en 2020 una carpeta de investigación en contra del abogado y consiguió que fuera vinculado a proceso en esa entidad por el delito de peculado. De acuerdo con la denuncia, Collado recibió depósitos por 13 millones 780 mil pesos del gobierno del priista César Duarte en 2013 y 2014. Esta información fue corroborada con la documentación fiscal del SAT.

Este caso es paralelo al que se le sigue a Collado a nivel federal. La FGE de Chihuahua es la única autoridad ministerial estatal que judicializó una investigación contra el litigante por las contrataciones amañadas para desviar fondos públicos en contubernio con gobiernos estatales, principalmente del PRI.

El mayor año de los presuntos desvíos fue 2014, cuando se malversaron 42.4 millones de pesos; en 2013 el desvío fue de 22.5 millones; en 2015, de 10.4 millones, y en 2016, de 4.1 millones.

El mal ejercicio de fondos públicos estatales ocurrió en las administraciones de los priistas César Duarte, en Chihuahua; Rodrigo Medina, en Nuevo León; Carlos Lozano de la Torre, en Aguascalientes, y Mario López Valdez, en Sinaloa (este último renunció en 2010 a su militancia en el PRI para poder ser gobernador por la alianza del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano). En el caso del SNTE, el dirigente nacional era Juan Díaz de la Torre, quien colaboró estrechamente con la administración peñista en la implementación de la reforma educativa. 

El abogado Juan Ramón Collado Mocelo tiene fuertes vínculos con políticos priistas y personajes acusados de corrupción. Fungió como defensor de Enrique Peña Nieto en su proceso de divorcio de la actriz Angélica Rivera. También fue representante legal de Raúl Salinas de Gortari cuando fue acusado del homicidio de José Francisco Ruiz Massieu. Lo mismo defendió al exgobernador priista de Quintana Roo Mario Villanueva —acusado de lavado de dinero y narcotráfico—que al empresario Carlos Ahumada, ejecutor de los videoescándalos de René Bejarano.

A raíz de una investigación de la FGR por delincuencia organizada y lavado de dinero, Collado fue detenido en julio de 2019 mientras departía en un restaurante de la Ciudad de México con Carlos Romero Deschamps, entonces dirigente del sindicato de Pemex y amigo personal del abogado.

La investigación en Chihuahua 

El 30 de agosto de 2020, Collado se encontraba privado de la libertad en el Reclusorio Norte cuando se le cumplimentó una orden de aprehensión girada por un juez de Chihuahua por un peculado de 13.7 millones de pesos, como parte de la causa penal 778/2020.

De acuerdo con el expediente abierto por la Fiscalía estatal durante el sexenio del panista Javier Corral, al que tuvo acceso este medio, la administración de César Duarte, a través de la Secretaría de Hacienda, simuló la contratación de Collado para supuestas asesorías en materia de deuda pública, derechos humanos, fideicomisos y controversias constitucionales, entre otros servicios. 

Para ello, funcionarios públicos habrían confeccionado documentación ad hoc para justificar los pagos millonarios. No obstante, la FGE halló irregularidades administrativas en el papeleo y ausencia de comprobantes de la prestación de servicios, y obtuvo el testimonio de exfuncionarios que colaboraron en la simulación, confirmaron fuentes de la Fiscalía.

“Diversos servidores públicos y personas externas, repartiéndose roles y actividades, del mes de enero de 2013 al mes de marzo de 2014, concertaron y efectuaron la distracción de $13,780,000.00 del erario, destinado a fines públicos. Para lo cual, simularon la realización de un procedimiento administrativo de contratación de servicios profesionales de asesoría jurídica con el imputado (…) que nunca fueron prestados, fingiendo para ello el contrato y un convenio modificatorio con sus respectivos pagos y facturación, además de documentación, a efecto de integrar un expediente como proveedor, efectuándose los pagos mediante transferencias bancarias desde cuentas de la Secretaría de Hacienda a la del imputado”, dice el expediente de la FGE.

“En particular (Juan Collado) fue el encargado de concertar el desvío del recurso en cuestión, de aportar su despacho jurídico para fingir la prestación del servicio profesional, de facilitar el material de facturación y documentos personales a fin de integrar un expediente como proveedor, así como de operar el trámite administrativo de contratación simulada con los funcionarios involucrados, y posteriormente, recibir el dinero público desviado”.

Según la indagatoria, el gobierno de Chihuahua transfirió a Collado los 13.7 millones de pesos en cinco depósitos efectuados el 26 de julio, el 25 de octubre, el 24 de diciembre y el 30 de diciembre de 2013, y el 26 de marzo de 2014.

Una fuente de la FGE señaló a Animal Político que la simulación de contratos de servicios personales fue el mismo mecanismo utilizado en la “Operación Safiro”, mediante la que fueron desviados 246 millones de pesos de fondos federales a través de la Secretaría de Educación de Chihuahua del gobierno de Duarte para financiar campañas del PRI.

Al indagar las transferencias a Collado, los fiscales de Chihuahua encontraron que más autoridades le hicieron depósitos presuntamente usando el mismo tipo de contratos amañados. 

“La utilización de servicios profesionales era la forma más utilizada para distraer recursos, porque era la que mayores facilidades les daba a la hora de justificar una adjudicación directa”, afirmó la fuente.

Los otros desvíos

El gobierno de Rodrigo Medina en Nuevo León es el que más recursos públicos transfirió a cuentas de Collado por servicios sin comprobar.

De acuerdo con la documentación fiscal del SAT consultada por este medio, la administración estatal pagó al abogado 42 millones 860 mil pesos: 8.5 millones en 2013 y 33.3 millones en 2014.

La cifra pagada por la administración del priista Medina representa más de la mitad del total de los desvíos efectuados a las cuentas del abogado, conforme los registros fiscales del SAT.

Animal Político envió solicitudes de información a seis dependencias de Nuevo León para solicitar los contratos o convenios celebrados con Collado que justificaran los pagos realizados.

Todas las dependencias estatales refirieron a la Secretaría de Administración, que funge como una Oficialía Mayor que centraliza las compras de todo el gobierno. Esa institución respondió, a su vez, que no tenía entre sus archivos registro de contrato alguno con Collado, su despacho o su financiera.

Por su parte, el gobierno de Aguascalientes, con el priista Carlos Lozano de la Torre como mandatario, transfirió 9 millones de pesos a las cuentas del abogado: 2 millones en 2013 a través de la Secretaría de Finanzas y 7 millones a través del Instituto de Educación de Aguascalientes en 2014 y 2015.

Ninguna de estas dos instituciones proporcionó los contratos que justificaran esos pagos. Únicamente el Instituto de Educación proporcionó la copia de un convenio de colaboración celebrado con Libertad Servicios Financieros S.A. de C.V. (Caja Libertad) en 2019, es decir, en una administración diferente a la de Lozano de la Torre, que es la que efectuó los depósitos a Collado. 

Dicho convenio fue para que Caja Libertad otorgara créditos a los trabajadores de la educación. El convenio no generó un costo para el gobierno estatal, pues la empresa de Collado se beneficiaría de los intereses cobrados a los deudores mediante descuentos vía nómina.

El gobierno de Mario López Valdez en Sinaloa pagó 1.5 millones de pesos a Collado. Este medio envió solicitudes de información a cuatro instituciones estatales y ninguna reconoció tener contratos que respaldaron las transferencias de recursos públicos al abogado.

Por último, el SNTE le hizo depósitos por 12 millones 545 mil 670 pesos en tres años, según la documentación fiscal del SAT. El sindicato que dirigía Juan Díaz de la Torre pagó a Collado 1.2 millones de pesos en 2014, 7 millones 90 mil pesos en 2015 y 4.1 millones de pesos en 2016.

En respuesta a una solicitud de información, la organización sindical precisó que no halló contratos que hubieran sido cubiertos con recursos públicos, pero dejó abierta la posibilidad de que existieran pagos de servicios efectuados con cargo a las cuotas de los trabajadores, las cuales “no son susceptibles de ser informadas”, indicó.

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11S: por qué la CIA no detectó los ataques contra las Torres Gemelas (pese a las señales que tuvo)

Cuando la CIA no logró evitar los ataques del 11 de septiembre de 2001, muchos se preguntaron si se pudo haber hecho más, pero este fracaso al parecer fue causado por un problema que va mucho más allá de las agencias de inteligencia.
Getty Images
11 de septiembre, 2021
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El fracaso de la CIA a la hora de detectar las señales que advertían de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en la historia de los servicios de inteligencia. Ha habido comisiones, revisiones, investigaciones internas y más.

Por un lado están los que dicen que la CIA no notó señales de advertencia obvias. Por el otro, aquellos que argumentan que es notoriamente difícil identificar las amenazas de antemano y que la agencia estadounidense hizo todo lo que era razonablemente posible.

Pero, ¿qué pasa si ambos lados están equivocados?

¿Qué pasa si la verdadera razón por la cual la CIA no pudo detectar la trama es más sutil de lo que cualquiera de las partes piensa?

¿Y qué si les digo que este problema se extiende más allá de los servicios de inteligencia y afecta en silencio a miles de organizaciones, gobiernos y equipos hoy en día?

Si bien muchas de las investigaciones se centraron en lo que la agencia hizo o dejó de hacer con la información disponible antes del 11S, pocos dieron un paso atrás para examinar la estructura interna de la propia CIA y, en particular, sus políticas de contratación.

Y desde una perspectiva tradicional, eran inmejorables: los potenciales analistas eran sometidos a una batería de exámenes psicológicos, médicos y de todo tipo. Y no hay duda de que contrataron personas excepcionales.

“Los dos exámenes principales eran uno del tipo de la prueba de acceso a la universidad para determinar la inteligencia de un candidato y un perfil psicológico para examinar su estado mental”, explica un veterano de la CIA.

“Las pruebas eliminaban a cualquiera que no fuera sobresaliente en ambos casos. En el año en que presenté mi solicitud, aceptaron a un candidato por cada 20.000 solicitantes. Cuando la CIA decía que contrataba a los mejores, estaba en lo cierto”, agrega.

Y, sin embargo, la mayoría de estos reclutas también se veían muy similares: hombres, blancos, anglosajones, estadounidenses, de religión protestante.

Este es un fenómeno común en el reclutamiento, a veces llamado “homofilia”: las personas tienden a contratar a personas que piensan (y a menudo se ven) como ellos mismos.

Y es que a uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias.

De hecho, los escáneres cerebrales sugieren que cuando otros reflejan nuestros propios pensamientos eso estimula los centros de placer de nuestros cerebros.

Un hombre cruza el lobby de la sede de la CIA

AFP
Para el momento de los ataques, la mayor parte de los analistas de la CIA eran muy similares.

En su estudio sobre la CIA, los expertos en inteligencia Milo Jones y Phillipe Silberzahn escriben: “El primer atributo consistente de la identidad y cultura de la CIA desde 1947 hasta 2001 es la homogeneidad de su personal en términos de raza, sexo, etnia y antecedentes de clase“.

Y un estudio del inspector general sobre prácticas de reclutamiento encontró que en 1964, una rama de la CIA, la Oficina de Estimaciones Nacionales, “no tenía profesionales negros, judíos o mujeres, y solo unos pocos católicos”.

Para 1967, según el informe, había menos de 20 afroamericanos de unos 12.000 empleados no administrativos de la CIA, y la agencia mantuvo la práctica de no contratar minorías desde la década de 1960 hasta la década de 1980.

Y, hasta 1975, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos “prohibió abiertamente el empleo de homosexuales”.

Hablando de su experiencia con la CIA en la década de 1980, una persona con información privilegiada escribió que el proceso de reclutamiento “condujo a nuevos oficiales que se parecían mucho a las personas que los reclutaron: blancos, en su mayoría anglosajones; de clase media y alta; graduados universitarios de artes liberales”. Había pocas mujeres y “pocas etnias, incluso con antecedentes europeos recientes”.

“En otras palabras, ni siquiera tanta diversidad como había entre los que habían ayudado a crear la CIA”, destaca el escrito.

La diversidad se redujo aún más después del final de la Guerra Fría. Un exoficial de operaciones dijo que la CIA tenía una “cultura blanca como el arroz”.

Y en los meses previos al 11 de septiembre, la Revista Internacional de Inteligencia y Contrainteligencia comentó: “Desde su inicio, la comunidad de inteligencia integrada por la élite protestante blanca, no solo porque esa era la clase en el poder, sino porque esa élite se vio a sí misma como garante y protectora de los valores y la ética estadounidenses”.

La sede de la CIA en Langley, Virginia

AFP
La sede de la CIA en Langley, Virginia

¿Pero por qué es un problema esta homogeneidad? Si uno está conformando un equipo de relevos, ¿no quiere simplemente a los corredores más rápidos? ¿Por qué habría de importar si son del mismo color, género, clase social, etc.?

Pues porque esta lógica, aunque irrefutable cuando se aplica a tareas simples como correr, cambia cuando se aplica a tareas complejas como la inteligencia.

¿Por qué? Porque cuando un problema es complejo, ninguna persona tiene todas las respuestas. Todos tenemos puntos ciegos, lagunas en nuestra comprensión.

Y esto significa que si uno reúne a un grupo de personas que comparten perspectivas y antecedentes similares, es probable que compartan los mismos puntos ciegos.

Lo que a su vez significa que lejos de desafiar y abordar estos puntos ciegos, es probable que estos se refuercen.


La ceguera de perspectiva describe el hecho que a menudo no somos capaces de ver a nuestros propios puntos ciegos. Nuestros modos de pensamiento son tan habituales que apenas notamos cómo filtran nuestra percepción de la realidad.

La periodista Reni Eddo-Lodge describe un período en el que tuvo que ir en bicicleta al trabajo: “Una verdad incómoda se me ocurrió cuando cargaba mi bicicleta de arriba a abajo por las escaleras: la mayoría del transporte público no era fácilmente accesible… Antes de tener que transportar mis propias ruedas, nunca me había dado cuenta de este problema. Había sido ajena al hecho de que esta falta de accesibilidad estaba afectando a cientos de personas”.

Este ejemplo no implica necesariamente que todas las estaciones deban estar equipadas con rampas o ascensores. Pero sí muestra que solo podemos realizar un análisis significativo si somos capaces de percibir los costos y beneficios. Y esto depende de la diversidad de perspectiva, de personas que pueden ayudarnos a ver nuestros propios puntos ciegos y a quienes podemos ayudar a ver los suyos.


Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos desde una cueva en Tora Bora en febrero de 1996. Las imágenes mostraban a un hombre con una barba que le llegaba hasta el pecho. Vestía una túnica debajo del uniforme de combate.

Hoy, dado todo lo que sabemos sobre el horror que desencadenó, la declaración parece amenazante.

Pero una fuente de la principal agencia de inteligencia de EE.UU. dijo que la CIA “no podía creer que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos”.

Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

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Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

En otras palabras, para una masa crítica de analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo.

Richard Holbrooke, un alto funcionario del gobierno del presidente Clinton, lo expresó de esta manera: “¿Cómo puede un hombre en una cueva superar a los líderes mundiales de la sociedad de la información?“.

Otro dijo: “Simplemente no pudieron justificar la necesidad de destinar recursos para averiguar más sobre Bin Laden y Al Qaeda porque el tipo vivía en una cueva. Para ellos, era la esencia del atraso”.

Ahora, considera cómo alguien más familiarizado con el islam habría percibido las mismas imágenes.

Bin Laden llevaba una túnica no porque fuera primitivo en intelecto o tecnología, sino porque trataba de parecerse al profeta Mahoma. Ayunaba los mismos días que Mahoma ayunó. Sus poses y posturas, que a un público occidental le parecían tan atrasadas, eran las mismas que la tradición islámica atribuye al más sagrado de sus profetas.

Como lo expresó Lawrence Wright en el libro sobre el 11 de septiembre que le valió el Premio Pulitzer, Bin Laden orquestó su operación “invocando imágenes que eran profundamente significativas para muchos musulmanes pero prácticamente invisibles para aquellos que no estaban familiarizados con esa fe“.

Jones escribe: “La anécdota de la barba y la fogata es evidencia de un patrón más amplio en el que los estadounidenses no musulmanes, incluso los consumidores de inteligencia más experimentados, subestimaron a Al Qaeda por razones culturales”.

Osama Bin Laden

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Los analistas de la CIA no dimensionaron la amenaza representada por el millonario saudita.

En cuanto a la cueva, esta tenía un simbolismo aún más profundo.

Como casi cualquier musulmán sabe, Mahoma buscó refugio en una cueva después de escapar de sus perseguidores en La Meca. Para un musulmán, una cueva es sagrada. El arte islámico está lleno de imágenes de estalactitas.

Y Bin Laden modeló su exilio en Tora Bora como su propia hijrah personal, utilizando la cueva como propaganda.

Como dijo un erudito musulmán: “Bin Laden no era primitivo; era estratégico. Sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Los analistas también fueron engañados por el hecho de que Bin Laden a menudo emitía pronunciamientos en forma de poesía.

Para los analistas blancos de clase media, esto parecía excéntrico y reforzaba la idea de un “mullah primitivo en una cueva”.

Para los musulmanes, sin embargo, la poesía tiene un significado diferente. Es sagrada. De hecho, los talibanes se expresan habitualmente en poesía.

La agencia estadounidense, sin embargo, estaba estudiando los pronunciamientos de Bin Laden utilizando un marco de referencia sesgado.

Como lo expresaron Jones y Silberzahn: “La poesía en sí misma no estaba únicamente en un idioma extranjero, el árabe; también provenía de un universo conceptual a años luz de la sede de la CIA”.

Islamistas pro Bin Laden

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“Bin Laden sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Para el año 2000, la “chusma antimoderna y sin educación” que seguía a Bin Laden había crecido hasta alcanzar unas 20.000 personas, en su mayoría con educación universitaria y con un sesgo hacia la ingeniería.

Yazid Sufaat, quien se convertiría en uno de los investigadores de ántrax de Al Qaeda, tenía un título en Química. Y muchos estaban listos para morir por su fe.

Mientras tanto, el alto funcionario de la CIA Paul Pillar (blanco, de mediana edad, educado en una universidad de élite), estaba descartando la posibilidad misma de un gran ataque terrorista.

“Sería un error redefinir el contraterrorismo como la tarea de lidiar con el terrorismo ‘catastrófico’, ‘grandioso’ o el ‘súperterrorismo’, cuando en realidad esas etiquetas no representan la mayor parte del terrorismo que Estados Unidos probablemente deba enfrentar“, dijo.

Y otro defecto en las deliberaciones de la CIA fue su renuencia a creer que Bin Laden iniciaría un conflicto con Estados Unidos.

¿Por qué comenzar una guerra que no podría ganar?

Póster de búsqueda de Osama Bin Laden

AFP
Cuando EE.UU. reconoció el peligro que representaba Bin Laden, ya era tarde.

Los analistas no habían dado el salto conceptual que permite entender que para los yihadistas la victoria no debe asegurarse en la tierra sino en el paraíso.

De hecho, el nombre en clave de Al Qaeda para la trama era “La gran boda”.

Y es que en la ideología de los suicidas, el día de la muerte de un mártir es también el día de su boda, cuando es recibido por vírgenes en el cielo.

La CIA podría haber asignado más recursos a investigar a Al Qaeda. Podría haber intentado infiltrar la organización. Pero en la agencia fueron incapaces de comprender la urgencia. No asignaron más recursos, porque no percibieron una amenaza.

No buscaron penetrar Al Qaeda porque ignoraban el agujero en su análisis. Y el problema no se limitaba (únicamente) a la incapacidad de conectar los puntos en el otoño de 2001, sino que remitía una falla en todo el ciclo de inteligencia.

La escasez de musulmanes dentro de la CIA es solo un ejemplo de cómo la homogeneidad debilitó a la principal agencia de inteligencia del mundo, da una idea de cómo un grupo más diverso habría posibilitado una comprensión más rica no solo de la amenaza que representaba Al Qaeda, sino también de los peligros en todo el mundo; de cómo diferentes marcos de referencia, diferentes perspectivas, habrían posibilitado una síntesis más completa, matizada y poderosa.

Por ejemplo, una proporción sorprendentemente alta del personal de la CIA había crecido en familias de clase media, soportado pocas dificultades financieras u otros signos de potenciales precursores de la radicalización, o numerosas otras experiencias que podrían haber enriquecido el proceso de inteligencia.

En un equipo más diverso, cada uno de ellos habría sido un valioso activo. Como grupo, sin embargo, tenían defectos.

Gente con traje

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“A uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias”.

El problema, sin embargo, no es solo de la CIA, como se nota al mirar a muchos gabinetes de gobiernos, bufetes de abogados, equipos de liderazgo del ejército, altos funcionarios públicos e incluso ejecutivos de algunas empresas de tecnología.

Y es que nos sentimos inconscientemente atraídos por personas que piensan como nosotros, pero rara vez notamos el peligro porque desconocemos nuestros propios puntos ciegos.

John Cleese, el comediante, lo expresó de esta manera: “Todo el mundo tiene teorías. Las personas peligrosas son aquellas que no conocen sus propias teorías. Es decir, las teorías sobre las que operan son en gran parte inconscientes”.

Obtener la combinación correcta de diversidad en los grupos humanos no es fácil. Reunir las mentes correctas, con perspectivas que desafían, aumentan, divergen y polinizan en lugar de loros, corroboran y restringen, es un verdadera ciencia.

Pero esto se convertirá en una fuente clave de ventaja competitiva para las organizaciones, sin mencionar las agencias de seguridad. Así es como los enteros se vuelven más que la suma de sus partes.

La CIA, por su parte, ha dado importantes pasos hacia una diversidad significativa desde el 11 de septiembre.

Pero el problema continúa persiguiendo a la agencia y un informe interno en 2015 fue bastante crítico.

Como dijo el entonces director, John Brennan: “El grupo de estudio analizó detenidamente nuestra agencia y llegó a una conclusión inequívoca, la CIA simplemente debe hacer más para desarrollar el entorno de liderazgo diverso e inclusivo que requieren nuestros valores y que nuestra misión exige”.

*Matthew Syed es el autor de Rebel Ideas: The Power of Diverse Thinking (“Ideas rebeldes: el poder del pensamiento diverso”).


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