Paciente del INER denuncia falta de atención médica desde hace un año
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Andrea Vega

Paciente del INER denuncia que la han dejado sin atención médica desde hace casi año y medio

Como consecuencia de la reconversión a 100% COVID de este hospital, el total de las consultas otorgadas, tan solo entre el primero de enero y el 31 de diciembre de 2020, cayó 64.5%.
Andrea Vega
13 de octubre, 2021
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Leticia Méndez Martínez padece Lupus Eritematoso, una enfermedad en la que el sistema inmune ataca a los propios órganos del cuerpo. Por problemas en el pulmón estuvo hospitalizada, de enero a abril de 2020, en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER). Ahí le dieron el diagnóstico de su enfermedad, pero desde que le otorgaron el alta y el hospital se volvió 100% COVID, solo la recibieron para dos consultas más, después ya no la han querido atender ni la refirieron a ninguna otra institución pública. 

“Me sentí como botada a la calle, desamparada y yo también me puedo morir si no me dan atención médica y medicamentos, esto no es una gripa, es una enfermedad que si no se controla avanza más rápido y me daña órganos”, dice Leticia. 

El 13 de marzo de 2020, recién iniciada la continencia sanitaria en México, el INER empezó la reconversión de áreas y el desplazamiento de sus pacientes regulares, hasta el egreso del último a principios del mes de mayo. 

Este hospital fue, de hecho, la primera institución pública en recibir a un paciente afectado por el coronavirus y se volvió emblema de la lucha contra la enfermedad. Incluso mientras otros hospitales volvieron ya a reactivar la atención regular para otros padecimientos, este sigue atendiendo solo a personas con la infección causada por el virus SARS-CoV2, lo que ha impactado a quienes recibían tratamientos de otro tipo. 

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De acuerdo con el Informe Anual de Autoevaluación del director general del INER, Jorge Salas Hernández, que abarca del primero de enero al 31 de diciembre de 2020 y que se presentó en abril de 2021, como consecuencia de la reconversión a COVID de este hospital, el total de las consultas otorgadas, en ese lapso, entre pre consultas, consultas de primera vez y subsecuentes, cayeron 64.5%, al pasar de 71 mil 657 en 2019 a 25 mil 418 en 2020. 

Las consultas de primera vez de asma, por ejemplo, se redujeron a una cuarta parte, al pasar de 811 en 2019 a 209 en 2020 y las de enfermedades intersticiales (en las que se producen cicatrices en los pulmones por diferentes causas, entre estas los padecimientos de tipo autoinmune como el lupus) disminuyeron casi cinco veces, al pasar de 484 a 95. 

Mientras que las subsecuentes de todos los padecimientos pasaron de 57 mil 481 en 2019 a 13 mil 969 en 2020, una disminución de 75.5%.

“Derivado de la reconversión del Instituto como hospital 100% COVID, en el mes de marzo se canceló la atención presencial de otros pacientes en el servicio de consulta externa, sin embargo, se informó a todos (pre-consulta, primera vez y subsecuentes) que en caso de presentar exacerbación de su padecimiento respiratorio acudieran a un hospital no COVID-19”, dice el informe del director. 

En el caso de Leticia no se le sugirió acudir a ningún otro hospital público ni se hizo el intento de referirla. Animal Político solicitó una entrevista con el director del INER justo para saber cuánto ha caído hasta esta fecha en el Instituto la atención en consultas y hospitalizaciones por otros padecimientos diferentes a COVID y por qué no hubo un sistema de referencia a otras instituciones públicas, pero aunque ya se había pactado la entrevista para este sábado, de último momento se canceló y ya no hubo respuesta. 

Leticia, de 29 años, cuenta que la reumatóloga que le dio la última consulta y quien le avisó, por teléfono, que ya no podían atenderla en el INER, lo que le sugirió fue que buscara atención privada. 

La mujer, que se empleaba como trabajadora del hogar pero ha tenido que dejar de laborar por la contingencia y su enfermedad, cuenta que esa misma reumatóloga la empezó a recibir, pero en su consultorio particular. “Al principio no me cobraba, pero después ya me empezó a cobrar 500 pesos, un monto que para mí y mi esposo, que trabaja vendiendo café y pan en un carrito, es muy alto”. 

La paciente también tuvo que asumir el costo de sus medicamentos. Ese fue otro impacto de la pandemia para ella y su familia. “Yo tomo metrotexato e hidroxicloroquina, entre otros fármacos, pero esos dos se escasearon y subieron mucho de precio”. 

El metrotexato escasea en el país a causa de una baja en la producción de materia prima a nivel internacional, pero también porque las autoridades sanitarias cerraron líneas de producción del principal fabricante de este medicamento en México, a causa de presuntas irregularidades en estas. 

Leticia Méndez Martínez, paciente con lupus que desde hace año y medio no recibe atención en ninguna institución pública de salud y debe pagar consultas y medicamentos para controlar su enfermedad.

Leticia Méndez Martínez, paciente con lupus que desde hace año y medio no recibe atención en ninguna institución pública de salud y debe pagar consultas y medicamentos para controlar su enfermedad.

Mientras que la hidroxicloroquina subió de precio y se escaseó porque en redes sociales y noticias empezó a publicitarse como un medicamento efectivo en el tratamiento contra COVID-19.

“El metrotexato lo conseguía antes en 150 pesos y ahorita lo consigo en mil pesos, porque está muy escaso, mi mamá me tuvo que prestar de sus ahorros para comprarlo. La hidroxicloroquina está tan escasa que se tiene que pedir a través de una aplicación y el pedido mínimo es de dos cajas para que la envíen, cada una cuesta 850 pesos”, precisa Leticia. 

Por su situación económica, pero sobre todo porque ninguna institución pública le provee atención ni medicamentos, Leticia ha tenido que interrumpir varias veces su tratamiento durante estos meses. 

“Con la pandemia, mi esposo tuvo que dejar de trabajar unas semanas, no teníamos dinero para comprar los medicamentos, así que dejé mi tratamiento, y también se me afectó ya el riñón”. El nefrólogo, con quien la recomendó la reumatóloga, le cobra mil 800 la consulta y como adicional le pidió hacerse una biopsia, con un conocido, con un costo de 22 mil pesos. La familia de Leticia reunió sus ahorros para que se la pudieran hacer y confirmar el daño renal. 

“Los que nos han estado apoyando con los gastos a mi esposo y a mí, es mi familia, mis hermanos, mi mamá, pero ya se gastaron todos sus ahorros, ya me dijeron que ya no van a poder ayudar y yo no puedo estar sin atención médica y sin medicamentos porque la enfermedad va a avanzar”, dice Leticia entre lágrimas. 

Todavía este lunes 11 de octubre, la mujer acudió al INER a solicitar que le reactiven su atención, la respuesta fue la misma, que no pueden recibirla porque son un hospital dedicado a atender pacientes COVID. 

Asesorada por una organización de sociedad civil, Leticia acudió también al Instituto Nacional de Cardiología, donde le dijeron que tratarían de atenderla o la canalizarían al Hospital General de México o a Nutrición, pero no sin la hoja de referencia de la misma neuromatóloga que nunca le dijo que podía buscar otra institución pública. 

Leticia está en espera de que la médica le responda sus mensajes para pasar por su hoja de referencia y ver si, después de casi año y medio, la vuelven a atender y le garantizan su derecho a la salud.

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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