Salud presume instalaciones en Guerrero, empleados rechazan mudarse
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Salud presume nuevas instalaciones en Guerrero pero empleados de base rechazan mudarse

Hace unas semanas, a los trabajadores de la Secretaría se les invitó a llenar una encuesta para conocer su postura al respecto, pero en cuanto escribían que no querían mudarse de lugar de residencia, la encuesta se cerraba.
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5 de octubre, 2021
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Salud estrenó sus nuevas instalaciones en la costera Miguel Alemán, la avenida principal de Acapulco, Guerrero. Su titular, Jorge Alcocer, dijo estar convencido de que cientos de personas trabajadoras de esta dependencia se sumarán a la acción. 

Pero los trabajadores de base rechazan mudarse al puerto, ellos dicen que ya tienen una vida en la Ciudad de México. Incluso funcionarios de la Secretaría de Salud confirmaron a Animal Político que la mayoría del personal continuará en la capital del país. Los equipos de los Institutos Nacionales de Alta Especialidad se quedan. 

“Los institutos no se mueven, no nos podemos llevar esos institutos, con todo su capital humano, con personal altamente calificado para allá”, aseguró. 

En el caso de los empleados administrativos de base de la Secretaría esto será voluntario. Pero son contados los que se quieren ir.

“La mayoría de los empleados que trabajamos para la Secretaría de Salud y estamos en el edificio de Marina Nacional no nos queremos ir a Acapulco, por mucho que nos digan que habrá facilidades para los créditos de FOVISSSTE y comprar casa allá, la vida ya la tenemos hecha acá, acá ya tenemos casa y estamos pagando el crédito, acá está la escuela de los hijos, la familia extendida”, dice un empleado de esa dependencia que prefiere omitir su nombre y a quién llamaremos Juan. 

A esa nueva sede sí tendrán que mudarse los mandos altos y medios (de jefe de departamento para arriba) de la dependencia, por instrucciones del presidente Andrés Manuel López.

El mandatario decidió desde el inicio de su administración descentralizar el gobierno y enviar secretarias a los estados, pero el plan tuvo que ir lento por la pandemia. 

La Secretaría de Energía se mudó a Villahermosa, Tabasco; la de Turismo, por ejemplo, se irá a Chetumal, Quintana Roo; la de Bienestar a Oaxaca. A la de Salud le tocó en Acapulco, Guerrero. El edificio donde será la nueva sede de esta dependencia lo donó el gobierno del estado. 

Este domingo 3 de octubre, el secretario de Salud, Jorge Alcocer, hizo un recorrido por las instalaciones de lo que será la nueva sede de la dependencia en el puerto, ahí, de acuerdo a lo difundido en un comunicado, resaltó que la Secretaría deja el centro del país “para compartir dificultades y suelos con los habitantes de Guerrero”. 

Y dijo estar convencido de que cientos de personas trabajadoras de esta dependencia se sumarán a la acción. 

Animal Político entrevistó a tres empleados de la dependencia que trabajan en la sede de Avenida Marina Nacional, en la Ciudad de México, y los tres coinciden en que ni ellos ni sus compañeros quieren mudarse a Acapulco y no lo harán. 

Hace unas semanas, a los trabajadores de la Secretaría se les invitó a llenar una encuesta para conocer su postura al respecto, pero en cuanto escribían que no querían mudarse de lugar de residencia, la encuesta se cerraba, al menos así lo aseguran dos de las empleadas, que sí optaron por entrar a llenarla para dejar clara su negativa de dejar la capital del país. 

“Si de plano dices no estoy de acuerdo (en mudarme), ¡Zas! Se te cierra la página, y la realidad es que nadie se quiere ir, ni los jefes, pero a ellos sí los están obligando. Y también te preguntan si aceptarías el retiro voluntario”, asegura Rosa, como la llamaremos para proteger su identidad.

Germán, otro empleado más que pidió usar nombre ficticio, dice que en efecto, casi nadie se quiere ir, “a los empleados no pueden obligarnos ni despedirnos por lo del sindicato, pero por lo que pregunta la encuesta se cree que se va a ofrecer retiro voluntario a los que ya estén cerca de cumplir la edad o los años de trabajo y también se ha dicho que se va a poder hacer cambio de adscripción”. 

Como los edificios de Lieja, en la Colonia Juárez, donde despachaba el secretario de Salud y su equipo más cercano, y el de Marina Nacional tienen que deslojarse, el personal de base que no se quiera mudar a Acapulco, al parecer, porque esto no se ha confirmado por las autoridades, podrán adelantar su retiro voluntario (esto solo para los que les falte poco para cumplir el tiempo), cambiarse de adscripción (quizá a alguno de los hospitales de alta especialidad que tiene la Secretaría) o ver si se hará una mudanza dentro de la Ciudad de México a un edificio de algún Instituto de los de la Secretaría de Salud. 

Este portal le preguntó a la Secretaría de Salud, a través de su dirección de comunicación, qué pasará con los empleados que no quieran mudarse a Acapulco, la respuesta fue que “lo único oficial hasta el momento es que es voluntario (el traslado), para aquellas personas que lo consideren así, sobre Marina, las instalaciones siguen ocupadas por la Secretaría…”.

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500 años de la Conquista México- Tenochtitlan: ¿una traición indígena?

La caída de México-Tenochtitlan, ocurrida justo este viernes hace 500 años, el 13 de agosto de 1521, cambió todo en el mundo prehispánico. ¿Cómo se fraguó y por qué dejó a una facción como "traidora"?
13 de agosto, 2021
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Hace 500 años ocurrió uno de los episodios más transformadores de la historia de México.

El 13 de agosto de 1521, hace justo ahora 500 años, la ciudad indígena de México-Tenochtitlan -hoy Ciudad de México- fue capturada luego de un estado de sitio y batallas encarnizadas que se prolongaron durante tres meses.

Era la conquista de México, la cual fue protagonizada por miles de guerreros con rostro y color de piel familiar para los mexicas que gobernaban aquella imponente urbe.

Y es que tal hazaña fue obra de un ejército 99% indígena.

El otro 1% era un contingente de hispanos, esclavos africanos e indígenas caribeños encabezados por un hombre, el español Hernán Cortés.

“Lo que los une es un enemigo común, los de México-Tenochtitlan”, dice a BBC Mundo el historiador Miguel Pastrana, un investigador sobre el periodo indígena-colonial de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Cortés fue el gran articulador de una alianza que los indígenas en ese momento, subraya Pastrana, entendieron de otra manera. Entonces desconocían que desembocaría en el poder hispano en América.

“Hasta la caída de Tenochtitlan, los indígenas ven a los españoles como un grupo más de tantos. No concibieron la magnitud del cambio que se avecinaba. No son del todo conscientes de las implicaciones de la presencia española”, advierte el investigador.

Una ilustración de Tenochtitlan

DEA PICTURE LIBRARY/De Agostini via Getty Images
Hernán Cortés describió Tenochtitlan como una urbe palaciega. Esta ilustración, del año 1900 aprox., muestra la plaza central y el Templo Mayor en el siglo XVI.

Eso ha dejado a pueblos mexicanos con origen indígena, como Tlaxcala, bajo el estigma de “traición”.

Pero una revisión fiel de los hechos muestra que lo ocurrido hace 500 años no fue ni una gesta épica de los hispanos ni una traición indígena, sino el producto de una alianza muy pragmática.

Los indígenas no eran un pueblo único

Una cosa hay que tener clara para comprender lo que ocurrió, explican los historiadores: los pueblos indígenas de la región eran muchos y cada uno actuaba conforme a sus propios intereses.

Había señoríos, los atépetl, cada uno de las cuales tenía su propio gobernante (tlatoani), su pueblo y su territorio.

Altépelt, o ciudad-Estado. La organización política de aquella época estaba conformada por los "altépetl", o ciudad-Estado [ México-Tenochtitlan Era la principal ciudad-Estado de la Triple Alianza, junto a los señoríos de Texcoco y Tacuba. ],[ Tlaxcallan Era la unión de cuatro altépetl: Tepeticpac, Tizatlán, Ocotelulco y Quiahuiztlán. Se aliaron con los europeos. ] , Source: Fuente: UNAM, Image: Códice Osuna.

En la práctica funcionaban como ciudad-Estado, cada uno de los cuales construía alianzas para expandirse y defenderse.

La más poderosa era la Triple Alianza, conformada por los señoríos de México-Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba, que controlaban a decenas de pueblos de los alrededores, en algún momento más de 50.

Los señoríos bajo su dominio debían pagar tributo y servirles de apoyo militar, administrativo y hasta religioso, explica Pastrana.

Y había pueblos rivales de los mexicas, como la Confederación de Tlaxcallan (donde hoy se ubica el estado de Tlaxcala), con quienes tuvieron guerras y conflictos mucho antes de la llegada de los europeos.

“Hay muchos pueblos que estaban resentidos con los mexicas por la política expansionista y las reformas de Moctezuma”, el gobernante de la Triple Alianza.

Hernán Cortés y Moctezuma II

Getty Images
La diplomacia entre Hernán Cortés y el rey Moctezuma II duró muy poco tiempo.

Los hispanos habían tenido un primer encuentro con Moctezuma en 1519, pero en junio del año siguiente fueron expulsados de la ciudad tras el enfrentamiento de la “Noche Triste”.

Entonces vino una recomposición de fuerzas que dio fin al dominio mexica un año después.

Cortés se dio cuenta de que debía regresar con una gran alianza indígena para avanzar sobre un objetivo común: la poderosa Triple Alianza.

“Lo que los une es un enemigo común, los tenochcas, y la mutua necesidad”, enfatiza Pastrana.

Los pueblos que se aliaron con Cortés

La alianza que establecieron los pueblos indígenas con los hispanos fue clave para asediar entre mayo y agosto de 1521 a la ciudad de México-Tenochtitlan, la cual vivía momentos de debilidad.

Además de contar con un número de combatientes a caballo y armamento europeo, la fuerza principal del ejército invasor eran los miles de indígenas -principalmente tlaxcaltecas– para combatir la resistencia mexica.

Pero también había fuerza indígena de muchos otros pueblos: Cempoala, Quiahuiztlan, Texcoco, Chalco, Xochimilco, Azcapotzalco y Mixquic.

Una ilustración de la expedición de Cortés

Getty Images
Las fuerzas de Cortés tenían apoyo militar y logístico de los pueblos indígenas, incluso traductores.

“Era un ejército enorme e imponente, con muchísimos efectivos, sobre todo indígenas. Por cada español habría 10 o 15 indígenas, además de las fuerzas de apoyo”, explica Pastrana.

La victoria hispano-indígena fue gradual, con avances y retrocesos jornada tras jornada a partir de mayo de 1521.

Los españoles mandaron construir 13 bergantines, unas embarcaciones que fueron clave para vencer a las canoas que los mexicas usaron exitosamente en el pasado para defender el lago que rodeaba a México-Tenochtitlan.

Luego de varios enfrentamientos, se lograron posicionar en tres de las calzadas que contactaban la isla de Tenochtitlan y su ciudad hermana, Tlatelolco, con tierra firme, cortando así todo suministro de comida y apoyo militar.

Cuadro de Tomás J. Filsinger,

Cortesía de Tomás J. Filsinger
La ciudad de México-Tenochtitlan era una isla conectada por canales a los pueblos vecinos. Cortés huyó hacia Tacuba.

También cortaron el agua potable, haciendo que lentamente cayeran las bajas -calculadas en decenas de miles- y la moral de la ciudad mexica.

Los mexicas tuvieron algunas victorias en las que capturaron españoles a los que les dieron muerte y colocaron sus cabezas en sitios notorios para intimidar a los enemigos, según el relato del cronista Bernardino de Sahagún.

La caída de Cuahtémoc y la Triple Alianza

Cansados del lento avance, y las bajas producto de las pequeñas batallas que ganaban los mexicas, las huestes de Cortés exigieron un ataque final.

Aun dubitativo, el líder del ejército hispano-indígena optó entonces por una ofensiva devastadora y desmoralizante contra el enemigo.

“Para minar la confianza de los mexicas nuevamente, que ahora ya sabían la forma de combatir de los españoles, consideró que debía mostrar una crueldad nunca antes vista“, explica el historiador Julio Arriaga en “La Caída de Tlatelolco”.

En la calzada de Iztapalapa, según relató el propio Cortés en sus “Cartas de Relación”, encontró a mujeres y niños buscando comida.

“Casi sin dudarlo, se lanzó sobre ellos junto con los tlaxcaltecas, matándolos en cantidades que, según él mismo, superaron el número de ochocientos”, señala Arriaga.

La defensa del Templo Mayor

Getty Images
Los mexicas no pudieron defender durante mucho tiempo su ciudad.

Primero cayó Tenochtitlan. Después los españoles avanzaron hasta Tlatelolco, el último reducto donde estaba Cuauhtémoc, el último gobernante mexica.

El 13 de agosto de 1521, el tlatoani fue capturado y llevado ante Cortés.

“Cuauhtémoc le pide al conquistador que lo mate con su daga, a lo que Cortés se muestra compasivo y lo perdona”, señala Arriaga.

“Y allí, en esa fecha tan importante para el mundo mesoamericano, el 13 de agosto de 1521 (…), la Triple Alianza es capturada por Cortés y sus aliados tlaxcaltecas”.

¿Una traición indígena?

Los pueblos indígenas que se aliaron a los europeos han cargado con el señalamiento de traición desde que la toma de México-Tenochtitlan se cuenta desde el punto de vista nacionalista mexicano.

Pero los historiadores señalan por qué es erróneo pensar que había una causa indígena que fue traicionada.

“No había una idea de ‘lo indígena’ como tal. Esa idea es producto de la conquista, no es anterior a ella”, explica Pastrana.

“Definitivamente no se puede hablar de una traición porque no eran pueblos amigos. No eran grupos que tuvieran una alianza pacífica, una relación de iguales. Tenían una serie de conflictos. No puede hablarse en ningún sentido de traición”, sostiene el historiador.

La Malinche junto a Hernán Cortes en un códice

Getty Images
Indígenas como “La Malinche” (mujer al centro), una traductora de las filas de Cortés, han sido denostadas durante siglos como traidores.

De hecho, la alianza originalmente fue una propuesta de los indígenas de Cempoala y Quiahuiztlan, reforzada por los tlaxcaltecas, pero la entendían en distintos términos.

“Para Cortés, los pueblos indígenas se dan por vasallos a la Iglesia católica por intermedio de él. Para los indígenas, es una relación entre iguales, entre amigos que establecen un pacto de mutuo apoyo político-militar. Ellos no saben qué es un rey ni mucho menos qué es ser católico”, continúa.

La historia muestra que al apoyar la conquista hispana, los indígenasperdieron todo podercon el establecimiento de la colonia española.

Pero eso no lo podían saber en ese momento, subraya Pastrana.

“Los indígenas vieron a un grupo de gente rara que podría ayudarle a sus intereses. Pero no eran conscientes de lo que venía. Nadie podría haberlo estado”, sostiene el historiador.

“En la política de ayer y de hoy, todo plan se hace con malicia. No lo veamos en términos morales, veámoslo en términos culturales. Los españoles de esa época no tenían que ser hermanas de la caridad, ni los indígenas, que eran explotadores”.

Una ilustración de la casta mestiza

INAH/Museo Nacional del Virreinato
Con el tiempo se estableció todo un sistema jerárquico social en la que los indígenas ocupaban los estratos inferiores.

El 13 de agosto de 1521 terminó la era de la Triple Alianza en el poder, pero no ocurrió un cambio de la noche a la mañana.

Pasaron décadas para que se consolidara un nuevo orden de la vida en el territorio de dominio mexica que pasó a ser el de la Nueva España.

“No es solo la sustitución de un grupo de poder por otro: fue un cambio cultural, político, económico, lingüístico, biológico radical“, explica Pastrana.

A partir de la captura de México-Tenochtitlan, la empresa hispana en América se extendería hacia una enorme expansión por Centro y Sudamérica en las décadas siguientes.

“El 13 de agosto de 1521 fue el primer gran capítulo de la construcción del mundo moderno“, considera Pastrana

“Los pueblos de la región de Mesoamérica -a la que pertenecía México-Tenochtitlan- no acaban en 1521, sino que empiezan a transformarse. Y es el inicio de una enorme experiencia cultural que es Nueva España”, concluye.


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