Salud suma 3,836 casos de COVID; tendencia se reduce 5%
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Salud suma 3,836 casos de COVID; tendencia se reduce 5%

Sobre el avance de la vacunación, van 75 millones 497 mil 762 personas inmunizadas, 84% de la población adulta en México.
Cuartoscuro
17 de noviembre, 2021
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La Secretaría de Salud sumó 3,836 casos recientes de COVID, para un acumulado de 3 millones 851 mil 79 personas que han enfermado por el virus, desde el inicio de la pandemia.

Sin embargo, estima que 8, 905 (un 0.5%) son casos activos por presentar signos y síntomas relacionados con la enfermedad en los últimos 14 días.

De acuerdo con el reporte técnico diario, en la semana epidemiológica 44, México registró un descenso de 5% en casos estimados de COVID.

Además, la dependencia confirmó 332 muertes más, por lo que van 291 mil 573 defunciones reconocidas por las autoridades.

Leer más | Vacunarán contra COVID a adolescentes de 15 a 17 años sin comorbilidad

Sobre el avance de la vacunación, van 75 millones 497 mil 762 personas inmunizadas, 84% de la población adulta en México.

De ellas, 63 millones 495 mil 569 tienen esquema completo, y 12 millones 02 mil 193 iniciaron su esquema (16%).

En total se han aplicado 129 millones 993 mil 156 vacunas contra COVID en México.

Gráficos
Casos y fallecimientos
de COVID-19 en México
Información actualizada a las con el Comunicado Técnico de la Secretaría de Salud.
Confirmados
Defunciones
Datos desde el 27 de febrero del 2020, cuando se confirmó el primer caso en el país.
Nota: el 5 de octubre de 2020, la Secretaría de Salud ajustó los datos acumulados hasta ese momento y sumó al registro 2 mil 789 decesos más, respecto al día anterior. Se trata de los casos por "asociación epidemiológica", es decir, aquellos confirmados no por prueba de laboratorio, pero con Enfermedad Respiratoria Viral que tuvieron contacto con un caso/defunción confirmada.
FUENTE: Secretaría de Salud
Nuevos casos
de COVID-19 en México
Información actualizada a las con el Comunicado Técnico de la Secretaría de Salud.
Nuevos casos
Datos desde el 27 de febrero del 2020, cuando se confirmó el primer caso en el país.
Nota: el 5 de octubre de 2020, la Secretaría de Salud ajustó los datos acumulados hasta ese momento y sumó al registro 2 mil 789 decesos más, respecto al día anterior. Se trata de los casos por "asociación epidemiológica", es decir, aquellos confirmados no por prueba de laboratorio, pero con Enfermedad Respiratoria Viral que tuvieron contacto con un caso/defunción confirmada.
FUENTE: Secretaría de Salud
Defunciones confirmadas
por COVID-19 en México
Información actualizada a las con el Comunicado Técnico de la Secretaría de Salud.
defunciones nuevas
*No corresponden al día en que ocurrieron, sino al día en que se sumaron al registro total de muertes.

Datos desde el 27 de febrero del 2020, cuando se confirmó el primer caso de COVID-19 en el país.
Nota: el 5 de octubre de 2020, la Secretaría de Salud ajustó los datos acumulados hasta ese momento y sumó al registro 2 mil 789 decesos más, respecto al día anterior. Se trata de los casos por "asociación epidemiológica", es decir, aquellos confirmados no por prueba de laboratorio, pero con Enfermedad Respiratoria Viral que tuvieron contacto con un caso/defunción confirmada.
FUENTE: Secretaría de Salud
Relación de casos
de COVID-19 en México
Información actualizada a las con el Comunicado Técnico de la Secretaría de Salud.
Activos
Recuperados
Defunciones
Datos desde el 27 de febrero del 2020, cuando se confirmó el primer caso en el país.
Nota: el 5 de octubre de 2020, la Secretaría de Salud ajustó los datos acumulados hasta ese momento y sumó al registro 2 mil 789 decesos más, respecto al día anterior. Se trata de los casos por "asociación epidemiológica", es decir, aquellos confirmados no por prueba de laboratorio, pero con Enfermedad Respiratoria Viral que tuvieron contacto con un caso/defunción confirmada.
FUENTE: Secretaría de Salud
Aumento porcentual diario
de casos confirmados
Información actualizada a las con el Comunicado Técnico de la Secretaría de Salud.
Aumento de
respecto al día anterior
Este gráfico muestra la aceleración de la curva epidemiológica desde el 1 de marzo.
El primer caso confirmado en el país fue el 27 de febrero del 2020.
Nota: el 5 de octubre de 2020, la Secretaría de Salud ajustó los datos acumulados hasta ese momento y sumó al registro 2 mil 789 decesos más, respecto al día anterior. Se trata de los casos por "asociación epidemiológica", es decir, aquellos confirmados no por prueba de laboratorio, pero con Enfermedad Respiratoria Viral que tuvieron contacto con un caso/defunción confirmada.
FUENTE: Secretaría de Salud
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Lo que los últimos estudios revelan sobre cuántas horas de sueño necesitas para pensar y sentirte mejor

Lograr dormir las horas suficientes de forma regular es crucial para mantener el funcionamiento normal del cerebro, así como para mejorar el estado de ánimo y el comportamiento tanto de niños como de adultos.
Por Barbara Jacquelyn Sahakian, Jianfeng Feng y Wei Cheng / BBC News Mundo
6 de mayo, 2022
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La mayoría de nosotros tiene problemas para pensar claro después de pasar una noche de mal sueño, con la mente nublada y la incapacidad de funcionar como de costumbre en la escuela, la universidad o el trabajo.

Podrás notar que no te concentras bien o que tu memoria no está en su punto. Como quiera que sea, décadas de mal sueño pueden potencialmente producir una disminución cognitiva.

El mal sueño también afecta el estado de ánimo y el comportamiento de las personas, ya sean niños o adultos. De manera que, ¿cuánto sueño necesita nuestro cerebro para poder operar apropiadamente a largo plazo? Nuestra nueva investigación, publicada en Nature Aging, ofrece una respuesta.

El sueño es un componente importante para mantener el funcionamiento normal del cerebro. El cerebro se reorganiza y se recarga durante el sueño. Además de remover los desperdicios tóxicos y fortalecer nuestro sistema inmune, el sueño también es clave para la “consolidación de la memoria”, durante la cual nuevos segmentos de recuerdos basados en nuestras experiencias son transferidos a nuestra memoria de largo plazo.

Una cantidad y calidad óptima de sueño nos permite tener más energía y mejor bienestar. Posibilita el desarrollo de nuestra creatividad y pensamiento.

Investigadores que observaron a bebés entre los tres y 12 meses notaron que un mejor sueño está asociado a mejores resultados de comportamiento en el primer año de vida, como la habilidad de adaptarse a nuevas situaciones o la regulación eficiente de la emoción.

Hay importantes cimientos fundamentales para el conocimiento, incluyendo la “flexibilidad cognitiva” (que nos permite cambiar de perspectiva fácilmente), y que están vinculados al bienestar posterior en la vida.

La regularidad del sueño parece estar conectada a la “red neuronal por defecto” (RND), que involucra a las regiones que están activas cuando estamos despiertos pero sin que estemos haciendo una tarea específica, como cuando descansamos mientras nuestra mente vaga.

Esta red incluye regiones que son importantes para la función cognitiva, como la corteza cingulada posterior (que se desactiva durante las funciones cognitivas), los lóbulos parietales (que procesan la información sensorial) y la corteza frontal (implicada en la planeación y cognición compleja).

Ilustración con la silueta de un hombre dormido y el cerebro y sistema nervioso superpuesto

Getty Images
El cerebro se reorganiza y se recarga durante el sueño.

Hay señales de que, en adolescentes y adultos jóvenes, el mal sueño puede estar asociado con cambios de conectividad dentro de esta red. Esto es importante porque nuestros cerebros todavía se están desarrollando hasta entrada la adolescencia y en la temprana adultez.

La alteración de esta red puede entonces tener un efecto colateral en la cognición, como la interferencia en la concentración y el procesamiento basado en el recuerdo, así como en procesos cognitivos más avanzados.

La alteración de los patrones de sueño, incluyendo la dificultad de caer y permanecer dormido, son características significativas del proceso de envejecimiento. Estas alteraciones del sueño son candidatos altamente verosímiles a ser contribuyentes a la disminución cognitiva y los desórdenes psiquiátricos en gente mayor.

Siete horas, pero no más ni menos

Una mujer de mediana edad con dificultades para dormir

Getty Images
Todos reaccionamos diferente a la falta de sueño.

El objetivo de nuestro estudio es conocer mejor el vínculo entre el sueño, la cognición y el bienestar.

Encontramos que tanto el sueño insuficiente como el excesivo contribuían a una deficiencia en la función cognitiva de una población de mediana a avanzada edad de 500 mil adultos tomados del UK BioBank (un banco de datos biomédicos en Reino Unido).

Sin embargo, no estudiamos a los niños ni adolescentes, y como sus cerebros todavía se están desarrollando, es posible que requieran diferente duración de sueño óptimo.

Uno de nuestros descubrimientos clave fue que siete horas de sueño cada noche era óptimo, con más o menos que eso aportando menos beneficios en cognición y salud mental.

De hecho, encontramos que las personas que durmieron esa cantidad tuvieron en promedio mejores resultados en exámenes cognitivos (incluyendo velocidad de procesamiento, atención visual y memoria) que aquellos que durmieron más o menos. Los individuos también necesitan consistentemente siete horas de sueño, sin mucha fluctuación en duración.

Dicho eso, todos respondemos ligeramente diferente a la falta de sueño. Descubrimos que la relación entre la duración del sueño, la cognición y la salud mental estaba mediada por la genética y la estructura cerebral.

Observamos que las regiones del cerebro más afectadas por la privación de sueño incluían el hipocampo, bien conocido por su papel en el aprendizaje y la memoria, y las regiones de la corteza frontal, implicada en el control vertical de la emoción.

Una doctora examina a un hombre mayor

Getty Images
La privación del sueño puede afectar el aprendizaje y la memoria.

Pero, aunque la falta de sueño puede afectar nuestros cerebros, también puede ocurrir a la inversa.

Es posible que el encogimiento asociado con la edad de las regiones del cerebro involucradas en la regulación del sueño y la vigilia contribuya a los problemas para dormir más adelante en la vida. Puede, por ejemplo, reducir la producción y secreción de melatonina, una hormona que ayuda a controlar el ciclo de sueño, en adultos más viejos.

Este descubrimiento parece sustentar otra evidencia que sugiere que hay un vínculo entre la duración del sueño y el riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer y demencia.

Mientras siete horas de sueño son óptimas para protegernos contra la demencia, nuestro estudio indica que dormir lo suficiente también puede ayudar a aliviar los síntomas de la demencia protegiendo la memoria.

Esto realza la importancia de monitorear el sueño en pacientes mayores con desórdenes psiquiátricos y demencia para poder mejorar sus funciones cognitivas, salud mental y bienestar.

Cómo mejorar nuestro sueño

Un buen comienzo es asegurarnos de que la temperatura y la ventilación en nuestros dormitorios sean buenas: deberían estar frescas y aireadas.

También podrías evitar beber mucho alcohol y no ver películas de terror u otro contenido alarmante antes de irte a la cama. Idealmente, deberías estar en un estado calmado y relajado cuando intentas entrar en sueño. Pensar sobre algo agradable y relajante, como la última vez que estuviste en la playa, funciona para muchos.

Una mujer de espaldas dentro de un mar cristalino observando una idílica isla en la distancia

Getty Images
Piensa en un momento agradable que tuviste para relajarte y poder dormir.

Soluciones tecnológicas como las apps o dispositivos personales también pueden beneficiar la salud mental, así como registrar el sueño y garantizar la consistencia de la duración del sueño.

Para disfrutar la vida y funcionar óptimamente en la vida diaria, podrías entonces monitorear tus propios patrones de sueño para asegurarte de que estás obteniendo siete horas de sueño de manera regular.

*Barbara Jacquelyn Sahakian es profesora de Neuropsicología Clínica y Christelle Langley es investigadora asociada de posdoctorado en Neurociencia Cognitiva, ambas de la Universidad de Cambridge; Jianfeng Feng es profesor de Ciencia y Tecnología para la Inteligencia Inspirada en el Cerebro y Wei Cheng es principal joven investigador de Neurociencia, ambos de la Universidad de Fudan. Su artículo original fue publicado en The Conversation, cuya versión en inglés puedes leer aquí.


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