Reforma de AMLO centraliza en el DIF acciones para la niñez
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Gobierno de AMLO propone reforma que centraliza en el DIF acciones para la niñez; es regresiva, dicen activistas

Aunque el presidente López Obrador ha sugerido su desaparición como una cuestión de ahorro o duplicidad de funciones, en realidad el Sipinna tiene una responsabilidad muy específica de coordinación de las instituciones, leyes y reglamentos.
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23 de noviembre, 2021
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A más de un año de la primera vez que el presidente Andrés Manuel López Obrador sugirió la desaparición del Sistema Nacional de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes (Sipinna), comenzó el proceso que podría concretarlo. 

El 11 de noviembre, el DIF, dirigido por Rocío García, publicó en la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Conamer) la propuesta de reforma de ley con la que absorbería las funciones del Sipinna, que –según especialistas– significaría debilitar a un órgano enfocado en la construcción de derechos de esa población y regresar a una política ‘asistencialista’. 

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Esto porque el Sipinna es un órgano de coordinación de la política dirigida a 40 millones de menores de edad y que logró –por ejemplo– la Estrategia nacional de la primera infancia que estableció la ruta integral de derechos que los gobiernos de todos niveles deben hacer cumplir, desde revisiones médicas durante el embarazo, hasta la educación en los primeros años de vida, advierte Aranza Alonso, vocera de Pacto por la Primera Infancia. 

“El riesgo de concretarse esta reforma es que volvamos a ver las políticas como asistencia social, como ‘ayuda’, como un ‘soporte’ para una persona que esté en situación de necesidad y eso es distinto a un enfoque de derechos. La asistencia asistencial piensa en los ‘mínimos indispensables’, mientras que los derechos, en los ‘máximos posibles’”, explica Alonso en entrevista con Animal Político

El Sipinna nació en 2015 por mandato de la Ley General de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, como un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Gobernación, como parte de la armonización con la Convención de los Derechos del Niño, en las que son reconocidos como sujetos de derechos. Se trata de un mecanismo indispensable porque “no hay manera de que se pueda hacer esta incorporación como parte del Estado mexicano sin que haya articulación intergubernamental”, afirma Ricardo Bucio, exsecretario ejecutivo del Sipinna. 

Dicho organismo está presidido por el presidente de la República, representantes de los estados, dependencias, la FGR, la CNDH y cuyo único ‘personal’ son los integrantes de su Secretaría Ejecutiva.

Aunque el presidente López Obrador ha sugerido su desaparición como una cuestión de ahorro o duplicidad de funciones, en realidad el Sipinna tiene una responsabilidad muy específica de coordinación de las instituciones, leyes y reglamentos y contó con un presupuesto de poco más de 67 millones de pesos, de acuerdo con el presupuesto de egresos de 2020. 

En tanto, el DIF tuvo un presupuesto de 2 mil 377 millones de pesos, pero tiene en su responsabilidad el diseño de políticas públicas, la ejecución de programas y acciones de asistencia social, la coordinación del Sistema Nacional de Asistencia Social Pública y Privada, “en favor de las familias y personas que, en sus diversas etapas de vida, enfrenten alguna condición de vulnerabilidad”.

Sin embargo, de acuerdo a la propuesta de modificación, tanto el presupuesto como la estructura del Sipinna pasaría al DIF, por lo que ni siquiera habría ahorro, y sí “una pérdida de especialización. De facto está matando la ley”, asegura Bucio. Debido a que el Sipinna hace una labor para que el Estado cumpla con sus obligaciones hacia 100% de las personas menores de 18 años y no solo “asistencia a los más vulnerables”, como lo hace el DIF. 

Pasar las funciones del Sipinna al DIF significaría además darle más responsabilidades que a la larga sería ‘debilitar’ la coordinación y desaparecerla, pues sería poco probable que el DIF pudiera cumplir, pues ni siquiera está resolviendo sus propias obligaciones, advierte Juan Martín,  coordinador de Tejiendo Redes Infancia en América Latina y el Caribe.

“Desde que empezó la pandemia empezamos a alertar sobre niños y niñas en orfandad, y en febrero del año pasado, aún con el acuerdo con la directora, seguían sin tener padrón ni registro al respecto. También está pendiente el padrón de niños y niñas hijos de víctimas de feminicidio, pese a que es su obligación. Además tenemos una crisis humanitaria de niños y niñas migrantes, (a los que debería proteger) con violaciones masivas violatorias de todas las leyes, con aval del DIF”, asegura Martín. 

“El DIF no tiene capacidad, ni le toca sustituir al Sipinna. Solo acumularía incumplimientos”, expone el activista. 

Animal Político solicitó postura al respecto al DIF, pero no hubo respuesta. 

En la propuesta de decreto que reforma la Ley General de los Niños, Niñas y Adolescentes, en el portal de Conamer, advierte que con ello “se pondrá fin a derroches operacionales innecesarios mediante la realización de funciones semejantes y en la misma materia, por parte de un solo ente público, siempre atendiendo la modernización de la gestión pública”.

Dicha propuesta recibirá comentarios de la Conamer hasta el 11 de diciembre y después, el Ejecutivo definirá si presenta la iniciativa de reforma en la Cámara de Senadores o Diputados para seguir el proceso legislativo. 

Juan Martín asegura que esta decisión del presidente representa una “visión vieja” y denota que “no es un hombre de Estado”, ni respeta sus promesas, pues cuando estaba en campaña firmó 9 compromisos a favor de la niñez el 20 de abril de 2018 en presencia de él y otros activistas, y el primero de ellos era fortalecer el Sipinna. Esto demuestra que está actuando “en contra de la niñez”, lamenta. 

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La historia detrás de la icónica imagen del hombre cayendo de una de las Torres Gemelas

El fotógrafo Richard Drew, de Associated Press, corrió al World Trade Center la mañana del 11 de septiembre de 2001 y registró la imagen histórica de un hombre saltando hacia su muerte. La identidad del hombre sigue siendo un misterio.
11 de septiembre, 2021
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Por motivos editoriales y por la sensibilidad de la imagen, BBC no muestra la fotografía del hombre que salta al vacío.


Muerte o muerte. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de personas se enfentaron a esta falsa alternativa. Con fuego y humo dentro de los edificios del World Trade Center de Nueva York, las víctimas en los pisos superiores comenzaron a saltar, perdiendo la vida al caer hasta desde 417 metros de altura.

La escena de personas que saltan de los edificios atacados por dos aviones es uno de los aspectos más oscuros y sensibles de la tragedia, de la que se cumplen 20 años este sábado.

La imagen de una de estas personas, un hombre que cae casi en picado, boca abajo y su cuerpo paralelo a las líneas de las Torres Gemelas, se volvió icónica.

El día después de la tragedia, varios periódicos publicaron la foto tomada por Richard Drew, fotógrafo de Associated Press. Han pasado los años y la imagen es para muchos demasiado dolorosa de contemplar. Otros vieron en ella la terrible estética de ese salto a la muerte.

Esta es la historia de la icónica foto de “The Falling Man” (“El Hombre Que Cae”).

“Era un día cualquiera en Nueva York”, comienza Richard Drew, ahora de 74 años.

Fotógrafo desde los 19 años, el experimentado Drew, entonces de 54 años, acababa de cubrir el torneo de tenis del US Open en Queens, Nueva York. Ese martes 11 de septiembre cubriría la Semana de la Moda de Nueva York, más específicamente, el primer desfile de maternidad con modelos embarazadas reales. Drew vio el desfile en Bryant Park, justo en el centro de Manhattan, junto a un camarógrafo de la cadena de televisión CNN.

Humo saliendo de una de las torres

Getty Images

Mientras hablaban, el camarógrafo de CNN dijo: “Hubo una explosión en el World Trade Center. Un avión chocó contra el World Trade Center”.

Al instante sonó el teléfono celular de Drew. Era su editor, quien le ordenó que corriera a la escena. Drew agarró su cámara y corrió a Times Square. Desde allí, tomó el metro hacia las Torres Gemelas.

Cuando salió de las escaleras del metro, vio una imagen inolvidable: las dos torres en llamas. Comenzó a fotografiar a personas conmocionadas por el caos que las rodeaba, el FBI ya en las calles aislando el área.

“Entonces me di cuenta de que el humo soplaba de oeste a este y di la vuelta para evitarlo. Me quedé junto a las ambulancias, entre un socorrista y un policía”, dice a BBC Brasil.


El socorrista fue el primero en darse cuenta. Señalando hacia arriba, gritó: “¡Dios mío, la gente se está tirando del edificio!”, recuerda Drew.

El fotógrafo apuntó con su cámara. “Tomé tantas fotos como pude de personas que se caían del edificio”, dice.

“No sé si saltaron por elección o si se vieron obligados a saltar por el fuego o el humo. No sé por qué hicieron lo que hicieron. Sólo sé que tuve que grabarlo”, cuenta.

Humo saliendo de las Torres Gemelas tras los ataques del 11 de septiembre

Getty Images

El Servicio Forense de la Ciudad de Nueva York declaró más tarde que las personas que saltaban de los edificios no podían ser llamadas “suicidas” porque eran expulsadas del edificio por el humo, el fuego o las explosiones.

La causa de muerte de todos los que perdieron la vida en la caída de las Torres Gemelas, atacadas ese día por al Qaeda, fue catalogada como “asesinato” en los certificados de defunción.

En un informe de 2002, el diario USA Today calculó a través de fotos, videos y entrevistas que 200 personas murieron de esta manera en la tragedia del 11 de septiembre. A partir de las fotos, The New York Times estimó que fueron 50 personas.

Según los relatos de los sobrevivientes, el hecho de que la gente saltara desde el edificio de al lado pudo haber salvado la vida de cientos de personas que, al verlos, se apresuraron a evacuar su lugar de trabajo.

“No fui frío”

Mientras fotografiaba, Drew experimentó algo siniestro: escuchó el ruido de cuerpos golpeando el suelo. “Algunos dicen que fui frío. No es eso. Soy un periodista capacitado. Te sumerges en el momento y simplemente fotografías lo que está sucediendo, en piloto automático”, dice.

Gente alrededor de las Torre Gemelas luego del ataque

Getty Images

“Cuando alguien comenzaba a caer, apuntaba con mi visor. Como trabajaba con una cámara digital, cuando mantenía mi dedo en el botón de la cámara, tomaba varias fotografías. Y, así seguía a la gente que se estaba cayendo del edificio “. A las 9:41, registró para siempre los últimos momentos del “hombre que cae”.

Cuando Drew regresó a la sala de redacción y fue a revisar sus fotos, supo instantáneamente que esta era la más fuerte de todas. “Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría allí. Pero solo estuvo así por un momento. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición”, dice.

Foto “silenciosa”

“A mucha gente no le gusta ver esta foto. Creo que la gente se identifica con ella y tiene miedo de tener que enfrentarse a la misma decisión que ese hombre algún día”, dice Drew.

Para él, la imagen es representativa de lo que sucedió ese día: “Es una de las pocas que muestra a alguien muriendo en el ataque más grave que hemos sufrido en Estados Unidos”, dice. A pesar de ser una foto sobre la muerte, reconoce Drew, es una foto “silenciosa”. “No es como otras fotos violentas de muertes que ocurren en guerras”.

Torres Gemelas

Getty
Hace 20 años, el ataque en Nueva York se cobró la vida de casi 3.000 personas.

Esa noche, Drew regresó a casa con un colega. Se sentaron y hablaron de todo menos de lo que habían visto ese día. Su esposa, dice Drew, se levantó al amanecer con ganas de pasar la aspiradora por toda la casa. “El estrés postraumático viene después”, reconoce. “Hablar de lo que sucedió ayuda. Ese fue un momento en mi historia, al igual que fue un momento en la Historia”.

Otro momento en la Historia y su historia: cuando tenía 21 años y vivía en Los Ángeles, en 1968, Drew fue uno de los cuatro fotógrafos presentes en otro momento histórico: la muerte del senador Bobby Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy.

“Estaba en el escenario detrás de él para fotografiarlo cuando hablaba. Me dio sed y fui a buscar agua”, dice Drew. “Salió y lo seguí. Cuando lo atacaron, me subí a una mesa junto a él y lo fotografié en el suelo”.

“Solo estaba haciendo mi trabajo, al igual que solo estaba haciendo mi trabajo años después, el 11 de septiembre”, señala.

¿Quién era el hombre que cae?

Drew dice que ha reflexionado sobre quién era el hombre al que registró saltando desde una de las Torres Gemelas, pero nunca de manera “muy profunda”.

“Fue una de las casi 3.000 personas que murieron ese día. No sé su nombre, ni la decisión que tuvo que tomar. Sé que se lanzó de un edificio y yo estaba allí para capturar ese momento”, cuenta.

Pero el misterio que rodea su identidad ha preocupado a otros.

Uno de ellos, el periodista estadounidense Tom Junod. Dos años después del 11 de septiembre, Junod escribió un artículo de portada para la revista “Esquire” en el que acuñó el nombre deEl hombre que cae” para el protagonista de la foto y trató de identificarlo.

Junod dio con dos nombres. Uno, Norberto Hernández, chef del restaurante Windows on the World, que estaba ubicado en el piso 106 de la Torre Norte. Pero la familia de Hernández dijo que no podía ser él por la ropa que llevaba.

El segundo hombre era Jonathan Briley, un ingeniero de sonido de 43 años que también trabajaba en el restaurante. Los hermanos de Briley dijeron que pensaban que, por la ropa y el cuerpo del hombre, podría ser el de la foto.

Es posible que sea él, pero no hay forma de estar seguro.

En 2006, el director estadounidense Henry Singer realizó un documental basado en los informes de Junod y utilizando otras imágenes capturadas ese día.

Avión en Kabul

La elección entre la muerte y la muerte parece haber sido también lo que sucedió hace tres semanas en Afganistán, cuando, desesperados por abandonar el país, unos hombres se colgaron del fuselaje de un avión estadounidense.

Las dos imágenes son como dos finales terribles de esta historia que se unieron 20 años después.

Casi un mes después de los ataques a las Torres Gemelas, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la guerra contra Afganistán. Estados Unidos sacaría del poder a los talibanes, que daban cobijo a al Qaeda, los perpetradores de los ataques, en el territorio que controlaban.

Afganos esperando para salir del aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021.

AFP
Cientos de afganos corrieron al aeropuerto de Kabul y se aferraron a un avión con la esperanza de salir del país.

Después de 20 años, cuando el presidente Joe Biden llevó a Estados Unidos a poner fin a la guerra al retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán, los talibanes regresaron al poder.

Fue la desesperación de permanecer en un país nuevamente controlado por los talibanes lo que hizo que los afganos se aferraran a las alas y al fuselaje de un avión.

El avión despega y los cuerpos caen en picado hacia la nada, tal como lo hicieron el 11 de septiembre. Un joven futbolista de 19 años, Zaki Anwari, murió tratando de escapar de esta manera.

El fotógrafo de “El hombre que cae” se negó a comentar sobre Afganistán o la política actual. Hoy, Drew fotografía la emoción de los “corredores” de la Bolsa de Valores de Nueva York, justo al lado de donde alguna vez estuvieron las Torres Gemelas y donde ahora hay un monumento a las víctimas del 11 de septiembre.


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