‘Pudimos salvarlos’: Nadie alertó de inundación a hospital del IMSS en Tula
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Zedryk Raziel

Se ignoró llamado de auxilio del hospital del IMSS en Tula; ni Conagua o Protección Civil alertaron sobre la inundación

Pudimos salvarlos, dice personal del Hospital General de Zona Número 5 de Tula, en el que fallecieron 14 pacientes; “con que nos hubieran avisado una hora antes hubiéramos podido sacar a los pacientes”.
Zedryk Raziel
10 de noviembre, 2021
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Grupo de WhatsApp del IMSS llamado “Emergencias y desastres” 

– 00:38 Se desbordó el río Tula, hay riesgo de inundación.

– Enterados

– 00:50 ¡Está inundado el hospital!

(al grupo se manda un video que muestra las aguas negras a las puertas del hospital)

– … (silencio)

– 01:20 Ya se dio aviso a Protección Civil. Paciente Covid con algo de riesgo. Se quemó un transformador

– … (silencio)

– 01:40 ¡Nos quedamos sin luz!

– … (silencio)

(se manda un segundo video que muestra al personal médico con el agua a las rodillas y subiendo a pacientes por las escaleras).

Alcaldía de Tula

– 01:00 Auxilio, se inunda el hospital

“Me dijo (el alcalde) que no podía, porque tenía actividades en las colonias (afectadas), que cuál era mi motivo para requerir el apoyo; le dije que tenía pacientes que no se podían valer por sí mismos, (que requería) sacos de arena para detener o contener el flujo de agua mientras salvaban a los pacientes, o que me apoyaran a evacuar”.

911

– 01:30 ¡El hospital se está inundando, necesito ayuda! ¡Tengo 25 pacientes en área COVID que dependen de oxígeno; esto puede ser una catástrofe!

– Ya tomé su reporte, pero no los podemos ayudar. Usted no es la única que ha llamado y no es el único lugar inundado; el personal se encuentra por todos lados

***

Poco después de las 2 de la mañana, siete pacientes que estaban internados por COVID en el Hospital General de Zona número 5 de Tula fallecieron. Sus respiradores dejaron de funcionar.

Siete pacientes más fallecieron en los siguientes minutos, aún cuando habían sido trasladados a un piso superior para librarse de la inundación. El hospital se quedó sin energía eléctrica y también murieron por falta de oxígeno.

El hospital no recibió el apoyo de nadie. Ni del gobierno municipal, ni Protección Civil, ni del gobierno del Estado. Ni siquiera del mismo IMSS.

***

La primera alerta sobre la inundación que afectó a Tula y el daño al hospital del IMSS lo envió la doctora María Eugenia Villagrán, coordinadora clínica del Hospital General de Zona Número 5 de Tula, la madrugada del 7 de septiembre en un grupo de WhatsApp al que deben reportarse estos incidentes.

La primera respuesta fue de Juan Alberto Aguilar Martínez, coordinador de Prevención y Atención a la Salud de la delegación, que está ahí.

Fue la única respuesta que recibió.

En el grupo de “Emergencias y desastres” también están Juan Darío Islas Cerna, jefe de Prestaciones Médicas; Adriana Lorena Bustamante Cruz, coordinadora de Gestión Médica, y Luis Alberto Durán Leyva, coordinador auxiliar de Segundo Nivel. Ninguno respondió.

Tampoco dieron aviso al Centro Virtual de Operaciones y Emergencias en Desastres (CVOED) del IMSS, que tiene a su cargo el resguardo de la infraestructura hospitalaria, los derechohabientes y el personal médico antes y durante situaciones de crisis.

“No encontramos registro de aviso ”, confirmó Felipe Cruz Vega, jefe del CVOED.

Al CVOED tampoco llegaron alertas del Comité Nacional de Emergencias, cuya titular es la secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, o, en su ausencia, la coordinadora nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa.

“No hubo aviso del Comité Nacional de Emergencias. (…) Aquí recibimos invariablemente todas las comunicaciones; yo lo chequé siete veces, nunca hubo un aviso”, sostiene. Y añade que tampoco se registraron notificaciones por llamada telefónica ni por correo electrónico institucional.

Al alcalde de Tula, Manuel Hernández Badillo, lo buscó el doctor Francisco León Tovar, director del hospital.

No hubo más avisos de emergencia, porque a las 03:00, la inundación afectaría las instalaciones de Telmex en Tula, lo que dejaría sin servicio de telefonía, celular, internet y datos a la mayoría de la población. 

El jefe del Centro Virtual de Operaciones y Emergencias en Desastres dice que apenas supo del problema pasadas las 6:00 de la mañana, cinco horas después del primer aviso de emergencia, por un monitoreo de redes sociales. Apenas a esa hora iba por fin iba en camino a Tula  Juan Darío Islas Cerna, jefe de Prestaciones Médicas de la delegación en Hidalgo.

La noticia de la tragedia llegó aún más tarde a los mandos del IMSS Central y a la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC).

El director general de la institución, Zoé Robledo, y el director de Vinculación y Evaluación de Delegaciones, Javier Guerrero, se enteraron del desastre de Tula en una reunión de trabajo en la Ciudad de México pasadas las 7:00 de la mañana del 7 de septiembre, según comentaron funcionarios presentes.

Fue entonces que los mandos del IMSS Central se trasladaron en helicóptero a Tula, a donde arribaron entre las 10:45 y las 11:00 de la mañana. 

Por su parte, la titular de la Coordinación Nacional de Protección Civil, Laura Velázquez Alzúa, declaró que a las 6:00 horas recibió una llamada del secretario de Gobierno de Hidalgo, Simón Vargas, para decirle que había que evacuar pacientes, aunque a esa hora ya habían fallecido los 14, que se quedaron sin aire luego de que el agua dañó la planta de luz de respaldo del hospital. 

Este medio solicitó entrevista con funcionarios de la delegación del IMSS en Hidalgo para hablar del caso, pero la solicitud no fue atendida.

También se intentó tener la versión del alcalde Hernández Badillo, y del gobierno de Hidalgo, pero en ningún caso hubo respuesta.

Se estima que hubo 2 mil 899 viviendas afectadas y 35 mil personas damnificadas en 11 municipios de Hidalgo.

Semanas después del desastre, la doctora Villagrán, que tiene una carrera de 20 años en el IMSS, lamenta la muerte de pacientes a los que intentó rescatar.

“Ya no pudimos hacer más. Con que nos hubieran avisado una hora antes (que se inundaría Tula) hubiéramos podido sacar a los pacientes, hubiéramos podido subir cilindros de oxígeno grandes, usar el elevador”, dice. “Tengo el peso de esas muertes; sé que no es mi culpa, pero me siento culpable. Es que yo pude haberlos salvado. Si a mí me hubieran dicho: ‘se va a inundar’, hubiéramos hecho otra cosa” termina diciendo María Eugenia Villagrán, la primera en dar aviso a las autoridades y quien tiene una carrera de 20 años en el IMSS.

 La bomba le estalló al IMSS

Funcionarios del IMSS aseguran que no hubo una sola autoridad federal, estatal o municipal que les advirtiera que el río Tula podía desbordarse, lo que se confirma con una revisión de los alertamientos emitidos el 6 de septiembre y que obtuvo Animal Político por transparencia.

No obstante, la inundación también puso de manifiesto fallas de comunicación y organización al interior del propio IMSS, y riesgos estructurales del hospital.

El principal conflicto es que el Hospital General de Zona Número 5, que tiene 44 años de antigüedad, está situado en una zona que diversas autoridades calificaron como inundable.

En el Atlas de Riesgos elaborado por el gobierno estatal, y que data de 2009, se expone que la ciudad de Tula, especialmente el Centro, donde se ubica la unidad médica, está en peligro de inundación por el desbordamiento del río.

Por su parte, el Atlas Nacional de Riesgos señala que el municipio se ubica en un riesgo alto (semáforo naranja) en cuanto al peligro de inundaciones, y que también está expuesto a riesgos asociados a fenómenos hidrológicos, como deslizamiento de laderas (semáforo rojo, que significa el riesgo más alto) y granizadas (también rojo).

El Programa Hospital Seguro, dirigido por la CNPC y que certifica la seguridad estructural de las unidades médicas, instruye que “los hospitales y otras instalaciones de salud deben ser construidas en áreas geográficas que no sean vulnerables a amenazas naturales. Si se construyen en áreas vulnerables, el sitio donde está localizado y las propiedades del suelo deben ser evaluados por un especialista geotécnico cuyas recomendaciones deben ser tomadas en cuenta”.

El hospital del IMSS se ubica a 100 metros de la orilla del río Tula, y a 380 metros del punto de donde provino la mayor cantidad de agua la noche de la inundación.

A pesar de los riesgos a los que está expuesto, la unidad médica recibió en 2013 la certificación de Hospital Seguro, lo que significa que, entre otras cosas, superó evaluaciones a su seguridad estructural y ubicación geográfica. En 2018 volvió a ser evaluado positivamente.

De acuerdo con un documento interno en poder de Animal Político, la Unidad Interna de Protección Civil del IMSS consideró que la posibilidad de inundación era un riesgo “de seguimiento”, categoría donde se incluyen “riesgos de alto grado de impacto, por lo que deben ser revisados una o dos veces al año de que están siendo administrados correctamente y que su importancia no ha cambiado debido a modificaciones en las condiciones internas o externas de la dependencia o entidad”.

“Nosotros tenemos un ingeniero que es el encargado de seguridad e higiene, y conjuntamente con los directivos determina cuáles son nuestros riesgos: tenemos tuberías, alta tensión, el mismo río, que ya estaba contemplado, aunque lo minimizábamos, porque nunca en estos 40 años habíamos tenido una inundación; tenemos autopistas de alta velocidad que tienen colapsos”, comenta el director del hospital de Tula, Francisco León Tovar.

El jefe de CVOED, Felipe Cruz Vega, sostiene que el IMSS nunca tuvo los elementos para anticipar cuáles serían los escenarios más graves con la entrada en operación del Túnel Emisor Oriente (TEO).

“Yo creo que la vida habitual en Tula estuvo bastante ajena al TEO, un tema fuera de su ámbito. Nunca, cuando menos entre nosotros que nos dedicamos a desastres, nunca permeó el nivel de agua que iba a manejar el TEO, y en los 2 años que tenía de vida nunca hubo nada que fuera amenazante; creo que era una idea lejana”, explica. “Nosotros, que estamos metidos en el Comité Nacional de Emergencias, nunca se mencionó, nunca hubo una alerta o un pronunciamiento de esto”.

Los nulos antecedentes de inundaciones en Tula de la magnitud de la del 6 y 7 de septiembre determinaron incluso la mirada de los evaluadores del Programa Hospital Seguro.

Por ejemplo, un punto de la evaluación consiste en determinar si la planta de energía de respaldo de una unidad médica está debidamente protegida contra desastres naturales, a fin de garantizar su funcionamiento durante emergencias.

Esta máquina, en el hospital de Tula, estaba en la planta baja, pero no al ras del suelo, sino a una altura de medio metro, tomando en cuenta la experiencia de una inundación de 1997 donde la crecida del agua alcanzó 30 centímetros, de acuerdo con el jefe del CVOED.

De este modo, cuando la unidad médica fue sometida a evaluación, fue aprobada positivamente en este aspecto. No obstante, la inundación del 6 de septiembre alcanzó alrededor de un metro y medio, un nivel nunca previsto, lo que terminó por dañar la máquina y anular el suministro de oxígeno a los pacientes Covid.

Otro error está relacionado con el diseño del hospital mismo. El jefe del CVOED reconoce que el área de hospitalización no debía estar en la planta baja, sino en el primer piso, mientras que los consultorios debían estar abajo (en la unidad médica siniestrada están al revés).

“Evacuar consultorios es muy rápido, pero evacuar pacientes, no”, expone Cruz Vega.

El funcionario adelantó que la unidad médica de Tula será reubicada a una zona elevada, y que se está elaborando un diagnóstico de todos los hospitales que están en zonas inundables. 

No fueron las lluvias

Decenas de documentos, informes, minutas, manuales y protocolos de operación revisados por Animal Político demuestran que la inundación de Tula entre el 6 y 7 de septiembre no fue producto de lluvias atípicas que dejó el pasó de la tormenta tropical Grace, como han sostenido diversas autoridades, entre ellos el presidente López Obrador.

La documentación señala que la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) y la Comisión del Agua del Estado de México (CAEM) decidieron activar, la noche del lunes 6 de septiembre, el mecanismo de drenaje metropolitano que conduce las aguas pluviales y residuales de la Ciudad de México al río Tula. 

Es decir, se decidió inundar Tula para salvar a la ciudad. Y no solo eso, en diciembre de 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador puso en operación el Túnel Emisor Oriente (TEO) para duplicar la capacidad de desagüe de la CDMX, pero la actual administración no llevó a cabo las obras de rectificación y revestimiento del río Tula que la Secretaría de Medio Ambiente ordenó desde 2017 para ampliar su capacidad de flujo y que pudiera soportar, sin desbordarse, las emisiones de agua del Valle de México.

La inundación en Tula no se debió a lluvias atípicas, como se mostrará en la siguiente entrega de este reportaje. 

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¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

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La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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