Líderes de izquierda buscan plan latino para enfrentar crisis por COVID
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Líderes de izquierda buscan plan latinoamericano para enfrentar crisis por COVID

En total asistirán más de 150 líderes progresistas, desde académicos, juristas y congresistas de varios países hasta excancilleres y expresidentes.
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30 de noviembre, 2021
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Políticos y líderes de izquierda de América Latina y el Caribe que forman parte del Grupo de Puebla se reúnen en la Ciudad de México esta semana con la finalidad de elaborar un “modelo solidario de desarrollo” que permita a los países de la región colaborar para hacer frente a la crisis económica derivada de la pandemia de Covid.

El encuentro, que se extenderá hasta el miércoles 1 de diciembre, también servirá para discutir sobre los retos de los gobiernos progresistas y el riesgo de que los países viren hacia opciones políticas de extrema derecha, de acuerdo con Marco Enríquez-Ominami, exdiputado y excandidato presidencial chileno, y también fundador y coordinador del Grupo de Puebla.

“América Latina y el Caribe fuimos arrasados por la pandemia: somos el 8% (de la población) del mundo y el 32% de los muertos por Covid son nuestros; eso demuestra que el debilitamiento de la coordinación del sur, mezclado con el intento de la derecha continental de debilitar a la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), prueba que (en el contexto del) Covid se requería exactamente lo contrario a lo que propusieron Duque, Macri o Piñera, que es debilitar los foros multilaterales, porque la coordinación sanitaria es lo mínimo en tiempos de pandemia”, sostiene Enríquez-Ominami en entrevista.

“Hay que tener una mirada postpandemia, una respuesta durante la pandemia pero también el día después de la pandemia, (de lo contrario) América Latina va a quedar como el continente más retrasado del mundo, con mayor rezago, somos el continente más afectado del mundo detrás de Asia y de África, tenemos serios desafíos como continente”.

A la cumbre en la Ciudad de México asistirán los expresidentes Dilma Rousseff, de Brasil; Rafael Correa, de Ecuador; Ernesto Samper, de Colombia, y José Luis Rodríguez Zapatero, de España, mientras que los actuales mandatarios de Argentina y Bolivia, Alberto Fernández y Luis Arce, participarán de manera remota.

De México fueron invitados Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del PRD y exjefe de Gobierno de la Ciudad de México; Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores; Mario Delgado, presidente de Morena, y Zoé Robledo, director del IMSS.

En total asistirán más de 150 líderes progresistas, desde académicos, juristas y congresistas de varios países hasta excancilleres y expresidentes.

El Grupo de Puebla, nacido en 2019 en esa ciudad mexicana, se define a sí mismo como una alianza progresista y un espacio político de reflexión sobre los retos y necesidades urgentes de los países latinoamericanos y del Caribe.

La organización —en cuya fundación también participaron el brasileño Luis Inácio Lula da Silva, el boliviano Evo Morales y el uruguayo José Mujica— se ha pronunciado a favor de la autodeterminación de los pueblos, la no persecución política y la consolidación de las democracias en la región, razón por la cual no cuenta entre sus integrantes con políticos vinculados al gobierno de Nicolás Maduro.

Enríquez-Ominami explica que el “modelo solidario de desarrollo” del Grupo de Puebla, que es resultado de dos años y medio de trabajos e intercambios con pensadores, Nobeles en Economía y líderes políticos de América Latina y Europa, contiene una propuesta de acciones inmediatas ante la pandemia y acciones de largo aliento para fomentar el desarrollo regional.

“(Responde a) la necesidad de mayor integración, la necesidad de una renta básica universal en el corto plazo, la necesidad de una moratoria de la deuda, una coordinación sanitaria, avanzar en el conocimiento de ciencia y tecnología, la superación de la desigualdad, el valor agregado y la revisión del impacto de la inteligencia artificial, una nueva política económica contracíclica, la transición ecológica —porque la crisis ambiental es la segunda gran crisis coyuntural dramática de este siglo—, una nueva institucionalidad democrática en el continente, y, dado que se perdieron millones de empleos durante la pandemia, la creación de empleo será otro tema”, detalla el político chileno.

El Grupo de Puebla ha manifestado su simpatía y respaldo al gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Por ejemplo, la organización expresó su beneplácito con la propuesta que hizo el mandatario mexicano ante la ONU de crear el Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar para ayudar a los pobres de todo el mundo. 

“La pandemia ha dejado efectos difícilmente reversibles en los Estados más pobres y en los segmentos poblaciones más vulnerables. La iniciativa Covax solo ha cubierto un 6% de la vacunación, dejando en evidencia que la superación de la crisis sanitaria y la posterior recuperación económica es relativa al nivel de riqueza de los Estados. Lo anterior deja al descubierto las disparidades estructurales que conspiran contra un relanzamiento igualitario y justo durante y en la postpandemia”, publicó el Grupo entonces.

Que la cumbre se realice en México no es casual. Aunque no se prevé la participación de López Obrador, Enríquez-Ominami considera que su administración ha retomado relaciones políticas con la región latinoamericana, a diferencia de administraciones pasadas que prefirieron fortalecer los lazos con Estados Unidos 

“Nosotros sostenemos que el gobierno de López Obrador ha vuelto a mirar al sur, y eso quedó factualmente demostrado en el manejo de la crisis democrática del golpe de Estado a Evo Morales en Bolivia; la coordinación con Argentina en distintos foros multilaterales; en el fortalecimiento de la CELAC, en la cumbre que ocurrió en México; en no aceptar la propuesta injerencista del Grupo de Lima en Venezuela. México ha vuelto a mirar al sur y eso para nosotros, como Grupo de Puebla, es muy importante, porque el Grupo promueve exactamente eso: la integración, la colaboración entre países de América Latina y el Caribe”, detalla.

Advertencia ante la opción derechista

El excandidato presidencial chileno sostiene que las opciones políticas de derecha deben ser respondidas y combatidas desde la izquierda con la misma severidad con que aquéllas promueven la confusión, el miedo y el odio, y pone de ejemplo los gobiernos de Jair Bolsonaro en Brasil y las pasadas administraciones de Mauricio Macri en Argentina y Donald Trump en Estados Unidos.

“La extrema derecha se ha abierto un camino a partir del debilitamiento de las respuestas de los Estados ante las crisis y del debilitamiento del mercado ante las crisis; la extrema derecha además se ha abierto camino con una narrativa muy eficaz, muy percutante, que es la teoría de la confrontación, es el miedo, alimentar la paranoia, inventar que existe una coordinación marxista continental y que se requiere la máxima unidad, crear fantasmas; eso es muy eficiente, y mezclado con el uso de las redes sociales, la extrema derecha ha logrado cambiar la agenda, ha cooptado el espacio, y es una verdadera amenaza a la democracia”, explica.

“Los progresistas estamos también llamados a confrontar y a responder, (…) la amenaza de la extrema derecha hay que responderla con mucha severidad y no sólo con propuestas; aquí hablo a título personal y como líder político chileno, no como coordinador del Grupo de Puebla: hay que confrontar a la extrema derecha”.

Cuestionado sobre si los gobiernos de izquierda han tenido responsabilidad en el desencanto de la ciudadanía que ve en las agendas de derecha una opción, Enríquez-Ominami señala que las administraciones progresistas han tenido que dedicar muchos recursos y esfuerzos a reparar o revertir decisiones de antecesores derechistas.

“Creo que la década pasada, cuando habíamos logrado reducir en términos promedio la pobreza, con la llegada, por ejemplo, de Macri a Argentina hubo un enorme retroceso, y los gobiernos progresistas han tenido no sólo que intentar transformar, sino reparar el enorme daño que han cometido los gobiernos de derecha; buena parte de la tarea del presidente Lula en Brasil, o en Chile, en Argentina, es que gobernar no solamente es transformar, sino que gobernar es reparar la imagen internacional de esos países, la relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI); creemos que los gobiernos de derecha han demostrado una total incompetencia”, plantea.

En el caso de Chile, el coordinador del Grupo de Puebla reconoce la contradicción de que, en el marco de la elección presidencial, el candidato de extrema derecha, José Antonio Kast, haya ganado en la primera vuelta electoral, en un país que meses atrás votó por derogar la Constitución elaborada en el pinochetismo.

“Chile es un barco sobreviviente que enfrenta la marea de la crisis social, la marea del cambio y la marea del orden también, y ese barco tiene que llegar a puerto y el país tiene que decidir quién controla el timón; el año pasado, con un 80% de la población, se eligió una nueva Constitución, y encabeza la segunda vuelta electoral alguien que odia la nueva Constitución”, contrasta Enríquez-Ominami.

“Y, en esa contradicción, creo que ése es el talento de la extrema derecha: logró reformar una elección que siempre es un plebiscito sobre el cambio en una elección sobre el orden, trasladar el referéndum sobre el cambio o la continuidad a un referéndum sobre el orden o el desorden. Y nosotros, como oposición donde está gobernando hoy en día la derecha, tenemos que rechazar la idea de que existe un dilema entre justicia social y orden, son sinónimos, el orden y la justicia social son lo mismo, no hay orden sin dignidad ni hay dignidad sin orden”.

El exdiputado chileno explica que el programa de gobierno de Kast es tan “delirante” que propone retirar a Chile de la ONU, indultar a militares juzgados por tortura y crear una coordinación intergubernamental continental para frenar el crecimiento de la izquierda radical.

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Cómo la ola de despidos masivos en Silicon Valley muestra los errores de gigantes como Twitter, Facebook o Amazon

Magnates tecnológicos como Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos están al frente de una ola de despidos masivos que remecen a la industria tecnológica. ¿Qué está pasando en Silicon Valley?
21 de noviembre, 2022
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Por primera vez en la historia, grandes empresas tecnológicas como Meta, Twitter, o Amazon están despidiendo simultáneamente a decenas de miles de trabajadores.

En medio de la ola de euforia por el éxito que alcanzaron durante la pandemia, muchas compañías de Silicon Valley aumentaron las contrataciones y expandieron sus planes de crecimiento durante este año con la idea de que el viento seguiría corriendo a su favor.

“Me equivoqué y asumo la responsabilidad”, escribió hace unos días Mark Zuckerberg, presidente y director ejecutivo de Meta, dueña de Facebook, Instagram y Whatsapp, para justificar el recorte de 11.000 empleos, un 13% de su plantilla.

Los decepcionantes resultados financieros del sector tecnológico en los últimos meses dejaron en evidencia que las cosas no funcionaron como muchos esperaban.

Meta ha experimentado una caída en su valoración de mercado de cientos de miles de millones de dólares, desde que alcanzó el récord de US$1 billón en 2021.

Twitter, bajo la nueva dirección de Elon Musk, recortó el 50% de la plantilla y Amazon ha comenzado esta semana a implementar un plan de despidos que podría afectar a unos 10.000 empleados.

Aunque cada una por sus propias razones, la lista de empresas tecnológicas que han sacado las tijeras para recortar las nóminas también incluyen a Stripe, Snap, Netflix, Coinbase, Robinhood, Peloton, Lyft y muchas otras que han formado parte del boom de las empresas tecnológicas, que alcanzó su clímax durante la pandemia tras años de extraordinaria bonanza.

Elon Musk

Getty Images
Elon Musk anunció el despido del 50% de los empleados al llegar a Twitter.

Los cálculos apuntan a que en las últimas semanas los titanes del Valle de Silicio han eliminado más de 20.000 puestos de trabajo, una cifra que puede crecer rápidamente si los despidos de Amazon continúan escalando.

Después de la fiesta, viene la resaca

“Si se trata de comer en exceso, de beber en exceso o de contratar en exceso, eventualmente llega la desagradable mañana del día siguiente y ahí es donde estamos”.

Así explica Lise Buyer, analista del sector tecnológico, la crisis por la que están pasando muchas empresas de Silicon Valley.

Jack Dorsey

Getty Images
“Hice crecer el tamaño de la empresa demasiado rápido. Me disculpo por eso”, escribió Jack Dorsey, fundador de Twitter.

El exceso de dinero lanzado a destajo por inversores a las firmas tecnológicas para que siguieran creciendo, sin importar la rentabilidad del negocio, fue una de las muchas causas que provocó excesivas valoraciones del precio de mercado de muchas compañías con un ritmo de crecimiento desenfrenado en los últimos años, dice en diálogo con BBC Mundo.

Las mismas que ahora se están deshaciendo de miles de empleados en un momento económico muy difícil, con una inflación en Estados Unidos que llegó a ser la más alta de los últimos 40 años y una escalada de las tasas de interés que han encarecido los créditos a nivel global.

Este es el momento de ajustarse el cinturón y reconocer que la rentabilidad potencial de una empresa “realmente importa”, apunta Buyer.

Desde su perspectiva, no estamos frente al estallido de una burbuja como ocurrió en la crisis de las puntocom a comienzos de los 2000.

En esa época, en medio del furor tecnológico, muchas empresas desaparecieron completamente del mapa porque sus valoraciones de mercado y el precio de sus acciones colapsaron.

Ahora no estamos frente a un colapso en cadena de empresas sin ningún valor intrínseco. Entonces, argumenta, no ha estallado la burbuja de las grandes tecnológicas.

Lo que hemos visto, apunta, es que había una burbuja en relación a las valoraciones y el mensaje que los inversores le daban a las startups en el sentido de que lo único importante era el crecimiento, es decir, la expansión de la firma incluso cuando registraban pérdidas.

Jeff Bezos y Lauren Sanchez

Getty Images
Amazon, la firma de Jeff Bezos, fue la última “big tech” en sumarse a la ola de recortes.

“El valor de mercado era ridículo”, dice Buyer. El problema es que los inversores se aventuraron a poner más y más capital de riesgo, pensando en que cuando la firma se abriera a bolsa, otros inversores pagarían aún más por comprar sus acciones. Una especie de reacción en cadena con miles de millones de dólares en juego.

“Esto no es el fin de una era. Lo que se está terminando, por ahora, es el entusiasmo salvaje”, que ha caracterizado a la industria tecnológica en los últimos años.

No hay que olvidarse, agrega, que “Silicon Valley es cíclico” y entonces actualmente estamos pasando por la parte baja del ciclo, pero como suele ocurrir, en algún momento el péndulo se moverá hacia el otro lado.

“La estupidez se ha hecho evidente”

Durante un par de décadas la industria tecnológica ocupó un lugar privilegiado en Wall Street. Ahora, en pocas semanas el brillo se ha desvanecido con las decenas de miles de despidos que están mostrando las grietas de un sistema que, según muchos expertos, se proyectaba como invencible.

Un sello característico del boom tecnológico de los últimos 20 años ha sido el protagonismo público de multimillonarios como Mark Zuckerberg, Elon Musk, Kack Dorsey o Jeff Bezos que han navegado la ola de la riqueza generada por las llamadas “big tech”.

Stephen Mihm, profesor de historia en la Universidad de Georgia, Estados Unidos, escribió en un artículo de opinión argumentando que estos líderes no son realmente los “visionarios del siglo XXI“, como muchas veces han sido retratados.

Elon Musk

Getty Images
Twitter está en un torbellino de problemas.

“Lejos de ser vanguardistas, estos despidos marcan un resurgimiento de estrategias corporativas desacreditadas durante mucho tiempo. Si la tendencia continúa, la historia sugiere que estos líderes tecnológicos dejarán a sus empresas gravemente paralizadas, en el mejor de los casos”.

“La estupidez de estos movimientos se ha hecho evidente”, señaló el coautor del libro Economía de crisis: un curso acelerado sobre el futuro de las finanzas, luego que Elon Musk anulara algunos de los despidos anunciados hace algunos días.

Desde que Elon Musk compró y asumió el cargo de director ejecutivo de la firma, Twitter ha entrado en una espiral de conflictos.

Tras el anuncio de los recortes laborales, los empleados que aún siguen trabajando recibieron un sorpresivo mensaje este viernes advirtiéndoles que las oficinas de la compañía se cerraban temporalmente con efecto inmediato.

Twitter no dio ninguna razón de esta decisión y no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios de la BBC.

El anuncio se produce en medio de informaciones que señalan que una gran cantidad de personal estaba renunciando a sus puestos de trabajo cuando Musk pidió a sus empleados que se prepararan para trabajar largas jornadas a “a alta intensidad” o se marcharan de la compañía.

Para analistas como Parmy Olson, columnista de opinión de Bloomberg, este sigue siendo el peor momento en la historia de las grandes tecnológicas desde la debacle de las puntocom hace 20 años.

“Debería ser un momento de humildad para los jugadores más importantes de la industria y, con un poco de suerte, marcará el final de la era de los fundadores tecnológicos visionarios y autocráticos“, escribió.

Meta

Getty Images

Otros analistas no comparten la visión de Olson o Mihm y aseguran que la ola de despidos está simplemente relacionada con un ajuste de costos en una industria que tiene altos y bajos.

“Que haya despidos no necesariamente quiere decir que las empresas están en problemas significativos”, le dice a BBC Mundo Jo-Ellen Pozner, académica de la Escuela de Negocios Leavey de la Universidad de Santa Clara, California.

“Esto es una racionalización de los recursos para estar en una mejor sintonía con el ambiente económico, para ser un poquito más conservadores en términos de asignación de recursos y especulación”.

¿Dónde está el dinero?

Son muchas las fuerzas que han entrado en juego en este torbellino de las grandes tecnológicas, dicen los expertos.

La primera es que las empresas tecnológicas contrataron a muchos empleados durante la pandemia, cuando las ventas subieron en medio de los confinamientos y una parte importante de la fuerza laboral comenzó a teletrabajar.

Mientras muchas firmas se iban a la bancarrota, las tecnológicas subían como la espuma.

Marck Zuckerberg

Getty Images
Meta ha perdido millones de dólares este año.

Y como las bolsas se recuperaron rápidamente tras el primer golpe económico de la crisis sanitaria, en la segunda parte de 2020 y durante todo el año pasado, Wall Street estuvo celebrando y las acciones de muchas tecnológicas una vez más estuvieron en el centro de la fiesta.

Hasta que se acabó. Cuando la inflación venía subiendo llegó la guerra en Ucrania y todas las previsiones económicas tuvieron que adaptarse a la nueva realidad.

La segunda razón está directamente relacionada con la actual crisis económica global que ha disparado la inflación a niveles no vistos en décadas y tiene a muchas de las grandes economías en serios problemas.

Se trata de la profunda y acelerada subida de tasas de interés en Estados Unidos y muchos otros países para tratar de controlar el histórico aumento en el costo de la vida.

Tasas más altas han encarecido el crédito, poniendo fin a la era del dinero barato al que tuvieron acceso las empresas y los inversores de alto riesgo.

“Las tasas de interés están aumentando, lo que ejerce presión sobre las empresas de tecnología porque les dificulta recaudar más inversiones”, dice William Quinn, académico de la Queen’s University Belfast.

“Algunas empresas sólidas y rentables están haciendo recortes bastante razonables, pero otras están en problemas”, le dice a BBC Mundo. Es que “cuando baja la marea, se puede ver quién estaba nadando desnudo“.

San José, California

Getty Images
San José, en California, se convirtió en uno de los epicentro de millonarias inversiones tecnológicas.

Y la última causa es que el flujo de avisos publicitarios, principal fuente de ingresos de las redes sociales, ha caído sustancialmente.

Sin embargo, no todas las firmas tecnológicas han pasado por las mismas penurias.

Imperios tecnológicos como Apple, Alphabet (Google), Microsoft o Intel, no han anunciado hasta ahora planes de despidos masivos, pese a las dificultades que plantea el entorno económico global.

“Cada conjunto de despidos es único, pero creo que veremos mucha menos actividad en el sector tecnológico en el futuro“, sostiene Quinn.

Cualquiera sea la evolución de la industria en los próximos meses, está claro que los despidos masivos están sacudiendo la industria tecnológica.

Mientras para algunos es solo un ajuste de costos, para otros los despidos masivos son el símbolo del fin de un ciclo de frenético crecimiento de las grandes tecnológicas, cuando el dinero corría por las calles de Silicon Valley como ríos entre las montañas.

El tiempo nos dirá cómo termina esta historia.


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