Nueva Vaquería: la comunidad que protege su bosque de tala ilegal
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Óscar Martínez

Nueva Vaquería: la comunidad que conserva su bosque en una zona de tala ilegal

En los alrededores del Parque Nacional Pico de Orizaba, la tala ilegal ha ido en aumento en los últimos años. En esa región, una comunidad ha decidido remar a contracorriente y apostar por la conservación de su bosque.
Óscar Martínez
Por Flavia Morales / Mongabay
7 de noviembre, 2021
Comparte

Jorge Zavaleta señala los pinos de más de diez metros que están a lo largo del sendero por el que camina. A cada momento detiene sus pasos para contemplar los árboles que lo rodean y contar su historia: “Antes todo esto eran cultivos de papa. Ahora es bosque”.

Alrededor de Zavaleta hay cientos de pinos y oyameles sembrados, la mayoría, hace 15 años. Si bien en estas tierras del municipio de Calcahualco, en Veracruz, ya había un bosque templado, muchos de sus árboles se talaron para sembrar papa. Pero, hace tres lustros, los habitantes del Ejido Nueva Vaquería decidieron dar un giro a su historia al recuperar, conservar y, al mismo tiempo, vivir de su bosque.

Lee: La probabilidad de otra pandemia por destrucción de bosques es ‘mayor que nunca’: expertos

“Antes —cuenta Zavaleta— cuando nosotros nos dedicamos a pura papa, como que se acentuaba la seca, se hacían polveríos en las calles. Después vimos que es mejor el monte (el bosque), los aguajes de agua se conservaron más”.

Una mirada al bosque que conserva Nueva Vaquería. Foto: Óscar Martínez

El bosque que ahora tienen los habitantes del Ejido Nueva Vaquería es vecino del Parque Nacional Pico de Orizaba, área natural protegida —declarada en 1937— que alberga al Pico de Orizaba o Citlaltépetl, un volcán que se ubica justo donde se unen Veracruz y Puebla y que, con sus 5,636 metros sobre el nivel del mar, se corona como el más alto de México.

En los últimos años, las zonas boscosas que se localizan dentro de las 19 750 hectáreas que tiene el Parque Nacional Pico de Orizaba, así como aquellas que están a su alrededor, han padecido del aumento de la tala ilegal y de la instalación de aserraderos clandestinos.

En medio de ese panorama destaca el ejido de Nueva Vaquería, donde sus 87 ejidatarios y menos de 800 habitantes han logrado lo que parecía imposible: recuperar su bosque y hacer un manejo sustentable de sus terrenos forestales.

Sembrar pinos en lugar de papas

Es un martes del mes de octubre y los ejidatarios de Nueva Vaquería se han reunido en el salón social del pueblo para tomar acuerdos, dividirse las faenas, concretar una venta de madera y explicar a Mongabay Latam cómo manejan su bosque.

Los ejidatarios cuentan que el bosque se respeta desde que vivían sus abuelos y sus padres. También reconocen que no siempre ha sido fácil conservarlo. Hace años, por ejemplo, la comunidad se dedicó a la siembra masiva de papa. Eso llevó a que se talaran algunas áreas. Pero ese cultivo empezó a dejar pérdidas por las heladas constantes.

“Había mucha papa, me acuerdo que mi papá sacaba hasta 30 toneladas al año, pero luego ya no se dio: se agusanaba, no se daba bien. Entonces todo eso se reforestó”, recuerda Federico Vázquez.

Los ejidatarios de Nueva Vaquería comenzaron a recuperar su bosque. Para hacer un aprovechamiento adecuado de sus árboles, contrataron a un técnico forestal, quien diseñó su programa de manejo forestal: la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) lo aprobó en 2015.

“Antes, para talar, nosotros escogíamos el árbol más frondoso, el más bonito. El técnico fue enseñándonos; primero, tirar los que tienen plaga, los feos, y luego ver aquellos que ya cumplieron su ciclo y deben cortarse para dejar crecer a los nuevos”, explica Jorge Zavaleta.

El comisario ejidal Antonio Camarillo menciona que el permiso de aprovechamiento forestal que tiene Nueva Vaquería les permite sacar entre 1200 y 1500 metros cúbicos de madera al año. Para elegir qué árboles se pueden cortar, contratan a un técnico forestal.

Los ejidatarios se han organizado para hacer cuatro cortes al año en fechas claves para la comunidad: en abril, para prepararse rumbo a la  Semana Santa; en junio, cuando el pueblo organiza su fiesta patronal; en octubre, para la fiesta de Todos Santos, y en diciembre.

La madera se vende en trozos y tablas a municipios cercanos de Veracruz y en Puebla; lo que sobra se utiliza para fabricar guacales, cajas de madera para transportar fruta y verdura. Algunos ejidatarios tienen pequeños talleres para procesar los cortes.

Como parte de su programa de manejo forestal, la comunidad tiene un área de conservación y servicios ambientales de cerca de 100 hectáreas. Además, una de las reglas máximas es reforestar aquellas zonas en donde se talaron árboles. El objetivo es no permitir que el bosque se acabe.

Como parte de su programa de manejo forestal, la comunidad conserva cerca de 100 hectáreas para servicios ambientales. Foto: Óscar Martínez.

El bosque no miente

Entre los logros que los ejidatarios presumen está su vivero comunitario, donde usan semilla criolla para producir 60 mil plántulas de pino al año y reforestar su bosque; lo crearon hace 18 años y para mantenerlo en pie se organizan en faenas.

“La semilla —explica Camarillo— viene de los árboles padres de más de 50 años. La planta que crece la llamamos árboles criollos (porque) son nativos de acá y tienen más posibilidades de sobrevivir a más de 3 mil metros de altitud”.

Los ejidatarios estiman que gracias a ese vivero han logrado reforestar casi 500 hectáreas de bosque en los últimos años: “Tiramos dos palos (árboles) y sembramos diez. Vamos cuidando porque tenemos más familia, ellos van a crecer, y si nosotros acabamos con todo, ¿ellos qué van a comer? Sabiendo que aquí no se da el frijol, el maíz, nada, tenemos que dejar algo a nuestros hijos”, dice el ejidatario Anastacio Blas Vázquez.

“El bosque no nos deja mentir, lo hemos conservado”, dice Miguel Hernández, otro de los ejidatarios. Sus palabras tienen sustento: cuando se sube por los caminos de Nueva Vaquería se pueden ver los oyameles custodiando el paso y el olor a pino satura la nariz cuando uno se adentra en el bosque. La belleza del lugar contrasta con otras partes del volcán, donde la deforestación es evidente.

Logro comunitario, sin apoyo gubernamental

Los ejidatarios remarcan que la conservación de su bosque ha sido gracias a la unión de la comunidad. Rara vez, dicen, la puerta del gobierno se ha abierto para darles apoyo: “Hace poco metimos papeles (para acceder a recursos de la Comisión Nacional Forestal) para unas tinas ciegas —zanjas para conservar la humedad de los árboles— y reforestación, pero nos dijeron que, de plano, este año ya no se podía”, explica el comisario ejidal.

En Nueva Vaquería, a más de 3 mil metros sobre el nivel del mar, las heladas terminan con la mayoría de los cultivos, eso y la conservación del bosque los dejó fuera de Sembrando Vida —el programa social insignia— del actual gobierno, el cual otorga 5 mil pesos mensuales a los campesinos que cumplan con tener un terreno de 2.5 hectáreas de tierra libre para desarrollar sistemas agroforestales.

Anastacio Blas explica que la comunidad no pudo entrar como beneficiaria del programa gubernamental por la falta de espacio para sembrar, pues a diferencia de otras comunidades, la gente no aceptó talar : “Ojalá esos recursos fueran para cuidar más el bosque”.

En esta comunidad, los ejidatarios se repartieron en parcelas las 847 hectáreas de uso común. Esta acción no la permite la Ley Agraria, pero a ellos les ha funcionado para tener un mayor cuidado del territorio y respetar la colindancia del parque nacional. “Es un acuerdo interno de asamblea, no hay papeles de eso, pero cada quien respeta el espacio”, explica el comisario ejidal.

La mitad de las familias de Nueva Vaquería viven de la producción de cajas para empaque que venden en la central de abastos de Puebla. Una parte de la madera que usan es del aprovechamiento del bosque, otra  parte la consiguen comprando madera de baja calidad en municipios vecinos. “Aquí si alguien va y corta (un árbol) sin permiso, se recoge el palo, el trozo; (se impone) una multa y a la cárcel del pueblo”, sentencia el comisario ejidal.

Los ejidatarios también tienen un centro de acopio de madera. Los recursos económicos obtenidos por el cobro de uso del almacén se han utilizado para hacer caminos, arreglar la torres de la iglesia y comprar un camión de carga para transportar la madera.

El trabajo para conservar el bosque no para en todo el año: se hacen faenas en el vivero, tinas ciegas, podas, brechas corta fuego y se componen los caminos. No hay suficientes manos, pero tampoco dinero para dar trabajo a toda la gente del pueblo. En Nueva Vaquería, la migración es evidente.

“Nosotros tratamos de no derribar el monte. Mantenemos el agua de aquí para las comunidades de abajo, pero yo siento que el gobierno eso no lo ve, no nos apoya para que cuidemos más el bosque, para dar empleo a nuestra gente”, reclama Anastacio.

Lee la historia completa en Mongabay.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

'Mi mamá va a morir el domingo a las 7 de la mañana. Y está feliz': el testimonio de muerte digna en Colombia

Martha Sepúlveda es la primera paciente en Colombia que accederá a la eutanasia sin tener una enfermedad terminal. Federico, su único hijo, cuenta en un conmovedor relato por qué ayudó a su madre a cumplir su último deseo.
9 de octubre, 2021
Comparte

Martha Sepúlveda está feliz porque pondrá fin a su vida el domingo 10 de octubre a las 7 de la mañana.

Se ríe frente a las cámaras comiendo patacón con guacamole y tomando cerveza en un restaurante de Medellín, a pesar de que se enfrentará a la muerte.

Está feliz precisamente porque logró que la justicia le diera la autorización para someterse a una eutanasia.

En Colombia la eutanasia fue despenalizada en 1997, pero solo se convirtió en ley en 2015. En julio pasado, la Corte Constitucional del país extendió el derecho a una muerte digna a quienes padezcan “un intenso sufrimiento físico o psíquico” por causa de una lesión o enfermedad incurable,

Y el de Martha Sepúlveda es el primer caso en que se autoriza una eutanasia en un paciente que no tiene una enfermedad terminal.

Según la agencia EFE, que cita al Ministerio de Salud, en el país se han realizado 94 procedimientos de eutanasia desde abril de 2015 hasta el 8 de mayo de 2020

Para Martha, desde que fue diagnosticada con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad grave e incurable, su vida se había transformado en un tormento.

Como sabía que la suya iba a ser una muerte lenta y dolorosa que se extendería por varios años, el futuro le parecía desgarrador.

Hasta que un día le dijo a Federico, su único hijo de 22 años, que quería luchar por conseguir su eutanasia.

Los médicos no le dieron muchas esperanzas porque una de las condiciones establecidas por la legislación colombiana para acceder al procedimiento, es que la expectativa de vida del paciente sea inferior a seis meses.

En el caso de Martha, la agonía podía prolongarse al menos por tres años más. Sin embargo, ella dio la batalla judicial hasta que finalmente logró su objetivo.

Paradójicamente, conseguir la muerte, le devolvió la vida.

Mi mamá está tranquila y feliz desde que le dijeron que podía morir porque su vida era literalmente un infierno”, cuenta su hijo en diálogo con BBC Mundo.

Y así se le ve, contenta porque va a morir.

“Tengo buena suerte”, dice en su última entrevista televisiva con Caracol TV. “Me río más, duermo más tranquila”.

“Soy una persona católica, me considero muy, muy creyente. Pero Dios no me quiere ver sufrir a mi“.

“Con una esclerosis lateral en el estado que la tengo, lo mejor que me puede pasar es que me vaya a descansar”.

Este es el testimonio de su hijo, Federico Redondo Sepúlveda, contado a BBC Mundo en primera persona.


A mi mamá le diagnosticaron la esclerosis lateral amiotrófica a fines de 2018.

Ella lo tomó de una manera bastante particular. Su reacción fue reírse. Dijo “vea, tengo esta enfermedad y me muero en tres años”. Pero lo dijo de manera muy jocosa, muy divertida, haciendo bromas.

Mi mamá siempre ha sido una persona muy abierta a la muerte. Ella siempre ha dicho “yo no tengo miedo a partir, sino a la forma en la que voy a partir”, que es precisamente por lo que buscó que le reconocieran el derecho a una muerte digna.

Martha Sepúlveda

Martha Sepúlveda

Ella no concebía la vida postrada en una cama. El final de la esclerosis lateral amiotrófica es sin poder hablar, sin poder tragar… es algo sumamente doloroso e indigno para ella.

Se tomó muy olímpicamente el diagnóstico. Posteriormente ya empezó a perder fuerza en las piernas, a requerir apoyo para caminar en distancias más o menos largas. Ya luego requería apoyo para todo tipo de caminatas incluso dentro de la casa.

Y a principios de este año empezó a requerir apoyo para ir al baño. Después, había que bañarla, había que vestirla. En ocasiones se le dificultaba comer o cepillarse porque las manos estaban perdiendo demasiada fuerza.

Lo peor para ella es ver cómo se deterioraba a tal punto que no puede ser independiente para lo más básico de las actividades cotidianas.

Un día ella me dijo: “Sería tan bueno que yo pudiera solicitar la eutanasia”. Y pues yo no lo tomé como muy en serio.

Pero cuando me dijo que quería hacerlo, yo estuve en negación por unos días. Yo decía, “no, mi mamá no, todavía no”. Le decía, “mami, por favor no”.

Martha Sepúlveda

Martha Sepúlveda
Martha y su hijo Federico.

Yo me considero una persona muy liberal, pensaba que el derecho a la eutanasia es un derecho que hay que proteger, pero nunca lo vi como algo cercano.

Pero ya luego, concientizándome un poco de la condición precaria en la que ella estaba, y de su desespero, y de la indignidad en la que estaba, yo dije: “Creo que demuestro más mi amor si la apoyo en esta decisión que ella tomó“.

Yo sí necesito a mi mamá y quiero que esté conmigo en cualquier condición. Pero en ese caso solo estaría pensando en mí, en mis necesidades.

Llevamos 22 años juntos. Mi vida giraba alrededor de ella y la de ella alrededor mío. Luego de su partida, yo tendré que inventarme otra vida. Por eso fue tan difícil al principio.

Cuando yo la cuidaba tenía sentimientos encontrados. Por un lado me gustaba, porque sentía que le estaba regresando a mi mamá de alguna forma, todo el apoyo y todo lo que ha hecho por mí a lo largo de la vida.

Pero también pensaba en lo que ella me decía. Me decía: “Hijo, esto no es vida, esto no es digno”.

Martha Sepúlveda

Martha Sepúlveda

Claramente yo estoy triste. Claramente estoy ansioso, claramente estoy… de alguna forma desesperado. Sería muy raro que no lo estuviera.

Pero también de alguna manera me reconforta el hecho de que mi mamá haya podido terminar su vida de la forma que ella quería.

El día y la hora que ella quería.

Desde muy joven dijo que nunca quería estar postrada en una cama, absolutamente dependiente en todo momento.

Nosotros coincidimos en que vivir es decidir y desde que la esclerosis empezó a condicionar físicamente a mi mamá, ella ya no puede decidir por sí misma.

Muchas personas se sorprenden porque la ven muy tranquila y muy feliz.

Martha Sepúlveda

Martha Sepúlveda

Mi mamá está tranquila y feliz desde que le dijeron que podía morir porque su vida era literalmente un infierno. Ella antes no era así. Antes estaba desesperada, triste y con pocas esperanzas de cara al futuro.

Pero ahora, mi mamá va a morir el domingo a las 7 de la mañana. Y está feliz. Está feliz desde que sabe que le van a aplicar el procedimiento eutanásico.

El domingo se va a hacer una cremación, se va a celebrar una eucaristía y… y ya, porque básicamente eso es lo que quiere.

La voy a extrañar mucho. Yo creo que no hay nada que no vaya a extrañar porque nada volverá a ser lo mismo. Nada.

Desde su sonrisa y su berraquera y su buena actitud ante lo bueno y lo malo de la vida… hasta sus regaños.

Todo me hará falta.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=ZdWiKvBoZeA

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.