Adultas mayores: cuando te violentan hasta la última etapa de tu vida
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Dzilam Méndez

Adultas mayores: cuando te violentan hasta la última etapa de tu vida

Casi un millón de mujeres mayores de 60 años han sido violentadas toda su vida. Aunque la brecha de género se cierra en esta edad, ellas siguen siendo las más afectadas, y es necesario que el Estado las atienda, dicen expertas.
Dzilam Méndez
Por Alejandra Crail
25 de noviembre, 2021
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A sus 82 años, María* pudo nombrar el cúmulo de violencias que ha vivido a lo largo de su existencia. Hoy reconoce que su tío la agredió sexualmente cuando tenía 7 años, que en su primer noviazgo los gritos y los golpes no eran normales y que lo que actualmente ocurre con sus hijos tampoco lo es.

“Yo escucho mucho la radio y ahí he ido aprendiendo sobre mis derechos. Por eso sé que cuando mis hijos me ignoran, me gritan o amenazan están cometiendo una falta, pero también que muchas de las cosas que viví de niña y joven estaban mal”, dice en entrevista esta mujer de cabello cano.

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María enviudó hace seis años y quedó como la responsable de los bienes que logró tener junto con su pareja: una casa en la Ciudad de México y los ahorros de toda una vida. Los dos definieron, a través de un testamento, repartirlos por igual entre sus tres hijos cuando ambos fallecieran, pero tras la muerte de su esposo, ellos comenzaron a presionarla para que los heredara en vida.

Ante su negativa, empezó a ser amenazada y agredida psicológica y verbalmente por sus hijos. “Me ven y se siguen de largo. Les hablo y no me responden. Durante todas sus vidas he visto por ellos: apoyo económico, cuidado de mis nietos, alimentación, refugio. Estoy tranquila conmigo porque he hecho todo por ellos, pero es doloroso sentirme así”, señala.

Como María, casi un millón de adultas mayores mexicanas (mayores de 60 años) han vivido violencia durante toda su vida, según un análisis realizado por la doctora en Ciencias en Salud Colectiva Liliana Giraldo Rodríguez, que revela que la mayoría de las mujeres afectadas en esta edad también enfrentaron agresiones en otras de sus etapas de vida. 

“Cuando le preguntamos a las mujeres adultas mayores desde cuándo han vivido algún tipo de violencia la respuesta es: ‘toda la vida’. Reconocen a los agresores durante su infancia: tíos, padres, hermanos. Después el maltrato en sus relaciones de pareja. Y ya en la vejez con los hijos. En los casos de muchas mujeres lo único que cambia es el responsable”, señala en entrevista la experta en maltrato y discriminación en la vejez .

Giraldo Rodríguez examinó la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2016 para determinar la prevalencia de la violencia en la vida de las mujeres y encontró que del total de adultas mayores que reportaron vivir violencia durante 2016 (1.2 millones de mujeres), 81% vivió alguna agresión en el pasado (980 mil). 

“Esto nos demuestra que no hay una protección de las personas a lo largo de sus vidas. No hay herramientas ni apoyos suficientes para romper las dinámicas de violencia que aparecen en distintos momentos de la vida, ahí estamos fallando como sociedad”, recalca la especialista.

Según el análisis de Giraldo Rodríguez, es altamente probable que quien sufrió violencia en la niñez o de pareja, padezca algún tipo de violencia en la vejez. “Nuestro marco jurídico no tiene la perspectiva de curso de vida. Se hacen acciones aisladas para atender el maltrato infantil o la violencia intrafamiliar, pero no se le da seguimiento a las víctimas para evitar que vuelvan a ser agredidas en algún otro momento de su vida, como en la vejez”, señala.

Las entidades donde las adultas mayores superan la media nacional de 17.3% sobre violencia por parte de algún familiar son Estado de México (22.1%) Jalisco (21.7%), Hidalgo (20.8%), Guanajuato (19.7%), Michoacán (19.1%), Veracruz (19%), Tlaxcala (18.8%), Querétaro (18.7%), Durango (18.5%) y Coahuila (18.2%), según el estudio Panorama nacional sobre la situación de la violencia contra las mujeres del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Violencia por género y edad 

La vejez, explica Ana Gamble, directora de Gerontología del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam), es la única parte de la vida donde la brecha de violencia se cierra entre mujeres y hombres porque la edad se vuelve un factor de riesgo. Aún así, en esta etapa ellas son mayoría entre quienes viven violencia, además de que ésta se ejerce de forma distinta hacia unas y otros.

En el siglo pasado, detalla la especialista, la población mexicana ganó 40 años de esperanza de vida, lo que provocó que colapsara el sistema de jubilaciones y el Estado se viera sobrepasado para atender las nuevas necesidades de una población creciente. “El cambio demográfico trajo un aumento en la discriminación porque se crearon mitos y estereotipos sobre el envejecimiento, además de exclusión social y violencia”, explica Gamble. 

En México, la esperanza de vida es mayor para las mujeres que para los hombres. La media está en 78 y 72 años, respectivamente.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) señaló en un comunicado que a nivel mundial está incrementando el número y la proporción de personas mayores, convirtiendo al envejecimiento en “una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI”. Se calcula que para 2050 una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años y esto provocará cambios en el mercado laboral y financiero, así como en las estructuras familiares y los lazos intergeneracionales.

La Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) 2017 reveló que la calle, el transporte público, el trabajo y la familia son lugares que las y los adultos mayores identifican como espacios de discriminación para ellos, además de que la mayoría asocia su edad con la violencia verbal, emocional y física que padecen. 

Aunque Gamble insiste en que la vejez equilibra la balanza entre hombres y mujeres, colocándolos en vulnerabilidades similares, la violencia que se comete contra unos y otras tiene matices según el género. Giraldo explica que en el caso de las mujeres es más alta la prevalencia en el matrato psicológico, la negligencia y el abuso sexual, mientras que para los hombres se presenta abuso económico, explotación financiera y maltrato físico. 

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Los matices de la violencia a adultas mayores

De acuerdo con el estudio Panorama nacional sobre la situación de la violencia contra las mujeres, la edad es, en definitiva, un factor asociado a la violencia porque entre más años se tiene y se va reduciendo la independencia por problemas de salud, la inseguridad incrementa. Los datos del Inegi señalan que las mujeres de más de 70 años son las más afectadas, al igual que aquellas que tienen alguna enfermedad, limitación física o discapacidad que les impide desplazarse solas. 

La violencia emocional por parte de algún familiar o persona con la que comparten el hogar es la más frecuente. Sin embargo, también existe violencia económica, física y sexual. En la mitad de los casos, los principales agresores son las y los hijos, y apenas 3.9% de los agresores no tienen ningún parentesco con las mujeres adultas mayores que reportaron haber vivido algún tipo de violencia.

La mayoría de las mujeres de 60 años y más dependen económicamente de alguna persona (69.3%), principalmente de los hijos o de su actual o última pareja, mientras que 29.1% ayuda económicamente, o mantiene económicamente a alguien (12.2%).

Gamble recalca que hay que poner atención en las personas en situación de vulnerabilidad: mujeres mayores de 75 años, recién viudas, dependientes económicamente, con comorbilidades o pérdida de funcionalidad porque ahí puede haber riesgos de maltrato. 

“Es urgente recordar que las personas mayores tenemos derecho a una vida libre de violencia y que las instituciones estamos para protegerlas”, afirma.

En este sentido, la doctora Giraldo insiste en que desde el Estado y la sociedad tiene que haber un cambio de mentalidad donde se vea al envejecimiento como algo aspiracional, no como una carga, reconociendo todas las aportaciones que las personas han realizado a la economía nacional, sobre todo en labores de cuidado, a la comunidad y a sus mismas familias. 

El maltrato no es normal y las personas adultas mayores tienen derecho a vivir con dignidad, como María, quien analiza denunciar a sus hijos por violencia emocional.

*María es un nombre que fue cambiado por temor a represalias.

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'Mutar hasta extinguirse': el extraño curso de la variante delta de COVID que desconcierta a científicos en Japón

Tras vivir la peor ola de coronavirus en verano, los casos en Japón se han desplomado de forma desconcertante. Genetistas nipones manejan la teoría de que la variante delta podría estar autoextinguiéndose en este país.
25 de noviembre, 2021
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El pasado mes de agosto Japón se encontraba en medio de la quinta y mayor ola de coronavirus desde que comenzó la pandemia. Llegó a registrar más de 20 mil casos diarios.

Aquel rebrote estaba impulsado en gran medida por la variante delta que arrasó por el mundo entero y que por su alta transmisibilidad acabó reemplazando a otras mutaciones del patógeno.

Pero aquel mes fue también un punto de inflexión para el país asiático.

Desde entonces los casos se han desplomado a un ritmo vertiginoso y hoy, mientras varios países con porcentaje de vacunación similar combaten una nueva ola de contagios, Japón respira tranquilo y este martes 23 de noviembre registró poco más de 100 nuevas infecciones.

Y según un grupo de científicos, una explicación que toma fuerza en esta desconcertante caída de casos es que la variante delta podría estar, literalmente, “autodestruyéndose”.

¿Es esto posible? ¿Podría repetirse en otros lugares del mundo?

Múltiples causas

Varias hipótesis pueden estar detrás de esta repentina caída de casos e incidencia de la variante delta.

Más del 75% de residentes ya fueron vacunados en Japón y las medidas de distanciamiento social y el uso extendido de mascarillas son seguidos a rajatabla por la población, reportan medios nacionales.

Vacunación en Japón.

Getty Images

Pero otros países reúnen condiciones similares y registran muchos más casos diarios.

En España, por un ejemplo, un 80% de residentes ya recibió la vacunación completa y las mascarillas siguen utilizándose en espacios cerrados.

Y este martes, pese a tener una tercera parte de la población de Japón, registró casi 7.000 casos diarios.

Es este tipo de comparaciones la que ha llevado a que científicos japoneses, basándose en observaciones genéticas, manejen la hipótesis de la “autoextinción” de la variante delta.

“La variante delta en Japón era muy contagiosa y desplazó a otras variantes. Pero al acumularse las mutaciones, creemos que se volvió un virus defectuoso incapaz de replicarse“, dijo el genetista Ituro Inoue, del Instituto Nacional de Genética en Japón, al periódico The Japan Times.

“Considerando que los casos no han aumentado, creemos que en algún momento durante esas mutaciones el virus se dirigió directamente hacia su extinción natural“, agregó Inoue.

La teoría de Inoue arroja algo de luz sobre la desaparición tan repentina de la variante delta en Japón que sorprende a muchos.

Sobre todo teniendo en cuenta que recientemente muchos países occidentales, con vacunaciones avanzadas, han tenido que retomar estrictas medidas de confinamiento.

Restaurante lleno en Japón.

Getty Images

Pero Japón parece ser un caso peculiar en que los casos de coronavirus se desploman en caída libre a pesar de que trenes y restaurantes están llenos desde que acabó el último estado de emergencia el pasado octubre.

Proceso habitual

Que distintas variantes de un virus desaparezcan es algo que lleva sucediendo desde el comienzo de la pandemia.

“Sucede todo el tiempo en virus de animales y humanos. Recordemos que las variantes alfa, beta y gamma han sido mayoritariamente reemplazadas por las variantes delta”, contextualiza para BBC Mundo el virólogo Julian Tang, de la Universidad de Leicester en Reino Unido.

“Esto es realmente una cuestión de aptitud viral en cualquier anfitrión. Quizás hay algo en la inmunidad de la población japonesa que ha cambiado la forma en que el virus se comporta allí. El tiempo dirá si pasará también en otro país“, agrega Tang.

Estudios previos han probado que en Asia hay más personas que tienen una enzima de defensa llamada APOBEC3A y que ataca a distintos virus, incluido el coronavirus que causa la covid-19, en comparación con los habitantes de otras regiones como África y Europa.

De este modo, investigadores del Instituto Nacional de Genética y la Universidad Niigata estudiaron si esa enzima podía inhibir la actividad del coronavirus.

El equipo comparó datos de diversidad genética de las variantes delta y alfa en muestras clínicas infectadas en Japón entre junio y octubre.

Durante el estudio, observaron que las mutaciones del virus parecieron detenerse repentinamente en medio de su desarrollo evolutivo, se volvieron defectuosas e impidieron la replicación del virus.

Evolución de casos en Japón.

BBC

“Encontraron mutaciones en la proteína nsp14, que tiene que ver con la reparación de defectos de replicación. Si hay más mutaciones de lo normal en esta proteína, estas pueden inactivarla o hacerla ineficiente, lo que puede originar una debacle en el patógeno”, explica el profesor José Manuel Bautista, catedrático de bioquímica y biología molecular de la Universidad Complutense de Madrid en España.

A pesar de que Bautista cree que la caída abrupta de casos se debe también a factores como la vacunación masiva y las medidas de distanciamiento, le llama la atención el pronunciamiento de la curva de contagios.

“Lo normal es que baje poco a poco si la gente se aísla, porque los ya infectados siguen notificándose días más tarde. Es bastante dramática y exagerada la caída de casos y apunta a que la teoría de la autodestrucción es posible”, añade el académico.

A pesar de la sorprendente caída de casos en Japón, los científicos guardan cautela y evitan hacer diagnósticos sobre lo que pueda pasar en el futuro.

La pandemia está en constante evolución y ha demostrado que, a pesar de vacunaciones y medidas de contención, el mundo todavía no está a salvo de nuevos rebrotes.


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