Damnificados de Tula acusan falta de apoyo del gobierno tras inundación
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A tres meses de inundación, damnificados de Tula acusan falta de apoyo del gobierno

A decir de las familias, el gobierno federal se comprometió a entregar apoyos por 35 mil pesos, pero hasta ahora solo han recibido menos de una tercera parte y no tienen la certeza de que se les entregue el resto.
Cuartoscuro
1 de diciembre, 2021
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La distribución de los apoyos gubernamentales a familias de damnificados de Tula ha sido desigual e insuficiente, de acuerdo con víctimas de la inundación que fue provocada el pasado 6 de septiembre.

A casi tres meses de la tragedia, que dejó alrededor de 3 mil viviendas dañadas, los damnificados señalan que, por parte del gobierno federal —a través de la Secretaría del Bienestar—, han recibido un apoyo económico único de 10 mil pesos, que no les ha alcanzado para recuperar prácticamente nada del patrimonio que perdieron.

Algunos han tenido más “suerte” y han obtenido una base para cama, aunque sin colchón; otros recibieron un colchón, pero sin la base. Otras familias obtuvieron un bote de pintura, algunas toallas y vasos. Y las despensas, esas sí que fueron abundantes.

Pero las autoridades han sido contradictorias en las promesas de apoyo, de acuerdo con varios testimonios recogidos por este medio.

Por ejemplo, el gobierno municipal, que encabeza el perredista Manuel Hernández Badillo, les prometió condonarles durante tres años el pago de impuestos del predial, agua potable y permiso de uso de suelo (para las personas con negocios); luego, tras una rectificación, se les aclaró que la condonación sería por tres meses.

A decir de las familias, el gobierno federal se comprometió a entregar apoyos por 35 mil pesos, pero hasta ahora solo han recibido menos de una tercera parte –10 mil pesos— y no tienen la certeza de que se les entregue el resto.

Además, ese apoyo económico es para resarcir daños en las viviendas; es decir, las personas que, a su vez, sufrieron pérdidas en establecimientos comerciales, no reciben ninguna ayuda adicional.

De parte del gobierno estatal, al que los damnificados califican de ausente, se les informó que no podrían acceder a apoyos las familias que tuvieran una vivienda de más de 90 metros cuadrados, con el argumento de que tienen mejores posibilidades económicas para salir de la crisis.

Por otro lado, también acusan que se están negando las ayudas a los afectados que tienen sus casas en los márgenes del Río Tula, donde edificaron con el consentimiento de gobiernos municipales, algo que está prohibido, por tratarse de una zona federal.

“Hoy muchos ya no voltean a ver a Tula, nos damos cuenta porque ya no llega ayuda, las despensas llegaron en gran cantidad los primeros días, y hoy piensan que Tula ya resarció los daños; ‘habemos’ muchas familias que aún no regresamos a nuestras casas porque son un foco de infección terrible, tú entras a un hogar de los que fueron damnificados y te lloran los ojos, te duele la cabeza, te da vómito, náuseas, derivado del foco de infección tan grande que recibimos”, expone Berenice Penchyna, vecina del Centro municipal.

“10 mil pesos no nos sirven para limpiar los pisos y las paredes, es una reverenda aberración que nos tomen como ciudadanos de cuarta cuando somos igual que todos los damnificados”, añade.

Georgina Melgarejo, que describe que la inundación de su casa alcanzó 1.80 metros, acusa que a lo largo de estos tres meses no ha recibido apoyo alguno debido a un error en la captura de sus datos en el censo que no se ha resuelto.

“El apoyo de 10 mil pesos a mí no me llegó porque hay muchos errores, me dicen que hubo un error en mi folio, que mi folio lo tiene otra vecina, y yo no he recibido nada, ni colchón, ni la base de la cama, ni los 10 mil pesos, nada. Hasta la fecha no tenemos ninguna respuesta. Nosotros estamos empezando de cero, porque ni el gobierno federal, estatal y municipal nos han apoyado. Despensas no nos llevaron, ni agua siquiera nos quisieron dar”, comenta.

Claudia Sánchez, quien perdió un inmueble que utiliza como escuela particular, relata que no pudo acceder a apoyos del gobierno estatal porque su propiedad mide más de 90 metros cuadrados.

“Ellos dicen que solamente van a ayudar a casas que tengan no más de 90 metros cuadrados, entonces ¿la gente que ha trabajado toda su vida, no te van a apoyar porque ‘no tienes necesidad’, porque tienes un patrimonio más grande? No fue por decisión propia perder todo, fue que nos causaron un daño en nuestro patrimonio y yo creo que esa diferencia en la que están ellos basándose es inhumana, porque se trata de todo el esfuerzo, el empeño y la dedicación que todos hemos puesto para tener nuestros hogares, nuestro negocio, y que sean tan insensibles a la pérdida que hemos tenido, no sé cómo nombrarlo”.

Rocío Terán, quien es enfermera geriatra, critica la falta de ayuda gubernamental y que las autoridades se desentiendan aun cuando, dice, el desastre no fue por causas naturales, sino consecuencia de decisiones y omisiones administrativas, como mostró esta investigación de Animal Político.

“Perdimos todo, yo no puedo regresar a trabajar porque no tengo el modo de adquirir nuevos uniformes y todo lo que requiero para poder ejercer, trato de salir adelante, pero me doy cuenta de que hemos sido abandonados totalmente. No se nos avisó, no fue desastre natural, nosotros tuvimos 8 minutos para que el agua rebasara el primer nivel y llegara al segundo, no tuvimos oportunidad de nada, tuvimos que correr por nuestra vida”, relata.

“Todos estamos siendo afectados en nuestra economía, tal vez algunos no fueron inundados, sin embargo, se quedaron sin trabajo y nos están limitando apoyos con ridículas listas, números, censos tras censos, y nosotros seguimos sin nada, lo único que nos dieron fueron despensas”.

Además del abandono institucional, los damnificados viven con la preocupación de que la inundación se repita, pues a la fecha no se han tomado medidas desde el gobierno para ampliar el cauce del Río Tula o cambiar la política de enviar aguas negras del Valle de México hacia Hidalgo.

“Queremos que esto no vuelva a pasar, porque si mañana vuelven a tener la disyuntiva nuestras autoridades entre inundar la zona conurbada del Valle de México e inundar el Valle del Mezquital, nos van a volver a inundar, nadie nos da la garantía de que esto no vuelva a pasar”, expone José Jaim, también damnificado.

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“Mi prioridad era seguir respirando”: El relato de dos mexicanas heridas durante estampida en Seúl en festejo de Halloween

Las jóvenes Juliana Velandia y Carolina Cano recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse y esperan apoyo de las autoridades mexicanas para recibir tratamiento psicológico.
2 de noviembre, 2022
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Nunca pensaron que una noche de Halloween a casi 10,000 km de su hogar se convertiría en una tragedia en la que estuvieron a punto de perder la vida.

Juliana Velandia y Carolina Cano, de 23 y 21 años respectivamente, son las dos únicas mexicanas que resultaron heridas en la estampida que el pasado sábado se cobró la vida de más de 150 personas en un popular barrio nocturno de Seúl.

Las dos jóvenes estudiantes originarias de Mexicali, en el norte del país, llegaron a la capital surcoreana el pasado agosto para estudiar un semestre mediante un programa de intercambio universitario.

Como otros testigos, hablan de una calle totalmente colapsada ante la ausencia de personal policial o de seguridad en plena celebración de fin de semana.

Y como otros sobrevivientes, recuerdan los estremecedores minutos durante los que permanecieron atrapadas entre cientos de personas sin poder moverse, así como la eterna hora y media que transcurrió hasta que pudieron reencontrarse y celebrar entre llantos que ambas seguían vivas.

Con heridas físicas pero, especialmente, impactadas psicológicamente -para cuya recuperación piden el apoyo de las autoridades mexicanas-, ambas compartieron con gran entereza su relato con BBC Mundo desde el dormitorio que comparten en el país asiático.


CAROLINA CANO (CC): Itaewon es un barrio de Seúl muy popular donde muchos jóvenes van y, especialmente este fin de semana que fue Halloween, fue como el lugar de celebración. Entonces Juliana y yo dijimos: “bueno, estamos en Corea, hay que ir a pasearnos”.

JULIANA VELANDIA (JV): Yo sí dudé en acudir, porque pensé que habría un chorro de gente, que todos los restaurantes y los bares iban a estar llenísimos… pero bueno, queríamos ver cómo lo celebran aquí. Nunca nos íbamos a imaginar que iba a pasar eso.

CC: Cuando llegamos ya había mucha gente, pero después de unas horas estaba mucho más lleno. Después de caminar un rato y tomar unas fotos, decidimos irnos porque había demasiadas personas. Íbamos a tomar el metro, nuestra salida era ese callejón y por eso terminamos ahí.

JV: Es una de las calles más concurridas de Itaewon donde hay muchos restaurantes, antros muy famosos que llevan hacia la colina. Estábamos caminando y el tráfico era cada vez más y más y más.

Estamos acostumbradas a que a veces en el metro haya mucha gente y estamos como sardinas, pero pues sí podemos respirar y sabemos que se va a calmar cuando la gente se va yendo. Y pensamos que iba a ser también así.

Pero no fue el caso. Cada vez era peor, cada vez nos aplastaban más. Y entonces perdí de vista a Carolina.

Coches de emergencias, agentes de seguridad y gente.

Getty Images
Itaewon es un barrio muy popular por su vida nocturna.

Llegó un punto en el que ya no podíamos mover ni una sola parte de nuestro cuerpo, ya éramos una masa de cuerpos. O sea, había gente abajo de mí, encima de mí, por todos lados.

Ambas tuvimos la suerte de que nuestra cabeza estaba en la superficie y podíamos alcanzar a respirar, porque la gente que estaba abajo de nosotras, pues no había manera.

Nuestro pecho, nuestra espalda, nuestro tórax… estaban totalmente aplastados. Ya no podía expandir mis pulmones para respirar. Mis pies ya no tocaban el suelo porque había cuerpos abajo de mí, otros me empezaban a aplastar cada vez más mis piernas, hasta que dejé de sentirlas.

En ese momento juré que me iban a romper las piernas, que me iba a quedar sin ellas para siempre porque las dejé de sentir. No podía ni siquiera mover los dedos de mis pies.

Pero en ese momento mi prioridad no eran mis piernas, era seguir respirando. Y me di cuenta de que no podía hacerlo por mi nariz, porque eso hacía que se expandieran mis pulmones, y no los podía expandir. Entonces me di cuenta de que para poder seguir respirando era por la boca.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Ambas jóvenes llegaron a Corea del Sur en agosto como parte de un intercambio universitario.

CC: Como íbamos en pendiente, nos empezamos a ir hacia abajo todos juntos. Eso hacía que la persona que estaba enfrente de mí de repente ya estaba encima, y yo estaba sobre otra persona… Fue como un dominó.

Recuerdo tener un muchacho al lado. Su cuello estaba sobre mi cuello, él trataba de salir, de sacar su cabeza, hasta que yo ya no podía respirar. Me estaba ahogando, sentía como las ganas de vomitar, me estaba aplastando mi cuello.

Llegó un momento en el que dije: “Bueno, pues aquí se acabó todo”. Básicamente yo cerré mis ojos, me despedí de mi familia muy fuerte, y dije: “Bueno, si me voy, me quiero ir en paz”.

Entonces simplemente cerré mis ojos y una vez que los abro, vi que están llegando personas a rescatarnos. Y dije: “guau, entonces sí vamos a vivir, todavía no nos toca irnos”.

JV: Una vez que levantaron a un muchacho que estaba inconsciente sobre mí, ya pude respirar. Pero el problema es que mis piernas seguían atoradas entre todos los cuerpos y estaban paralizadas.

Entonces fue un muchacho coreano quien me extendió su mano, la agarré y él con todas sus fuerzas empujó todo mi cuerpo.

Yo le debo mi vida a ese muchacho, ese extraño que nunca podré saber su nombre, pero estoy agradecida infinitamente. Para siempre.

Pasamos mucho tiempo atrapadas. Revisé la última foto que tomé justo unos minutos antes de que entráramos a la colina, a unos metros. Dice que eran las 10:08 de la noche y en cuanto me rescataron revisé mi celular y decía 10:57. Así que estuvimos 30 o 40 minutos siendo aplastadas.

Última foto tomada por Velandia antes de la estampida

Cortesía
Esta foto a un grupo de personas disfrazadas fue la última imagen que Velandia captó minutos antes de la estampida.

JV: En cuanto me rescataron, mi prioridad fue saber dónde estaba Carolina. No la encontraba y yo estaba pensando en lo peor. Me quedé una hora en la escena buscándola. No sabía qué hacer y sabía que ella había perdido su celular, así que no había manera de contactarme.

Hasta que una hora después ella se pudo contactar conmigo a través del teléfono de una desconocida que se quedó con ella. Me marcó, me dijo: “aquí estoy”. Y caminé hacia ella y por fin la encontré.

Nos abrazamos y empezamos a llorar, a llantos porque las dos habíamos pensado lo peor.

CC: Yo cuando salí no podía moverme, creo que del shock que todavía sentía. Y en eso se me acerca una muchacha con su grupo de amigas, me toma de la mano y me dice: ¿cómo te llamas? ¿Tienes cómo comunicarte? No te voy a dejar sola, no te voy a dejar sola”.

Y creo que ese grupo de personas fueron mis ángeles verdaderamente, porque estuvieron conmigo después del incidente y me ayudaron a encontrar a Juliana, que igual era mi prioridad.

Yo estaba histérica porque también creí que… que la había perdido . Y sí, fue muy, muy difícil. Pasó como una hora y media para que nos pudiéramos reencontrar.

Las autoridades analizan el lugar de la tragedia

Getty Images
Este estrecho callejón en pendiente con multitud de personas subiendo y bajando a la vez fue el escenario de la tragedia.

JV: Pensamos que son varios factores los que causaron el accidente: la cantidad de personas, la colina en donde ocurrió… Como lleva directamente a la salida del metro, era gente saliendo queriendo subir la colina, y gente bajando queriendo entrar al metro. Era gente en ambas direcciones, yendo hacia arriba y hacia abajo. Muchas personas en un lugar muy pequeño.

Sí vimos que hubo mucha falta de control. Había personas controlando el tráfico peatonal entre las calles. Pero fuera de eso, creo que yo nunca vi ningún policía.

CC: El control estaba en las calles principales donde pasan los carros, pero entre las callecitas de los bares, de los antros… no.

JV: Físicamente ya nos sentimos mucho mejor. Ya nos atendieron en el hospital, estamos medicadas. A mí me diagnosticaron una condición llamada rabdomiólisis debido a la falta de circulación a mis piernas al ser aplastadas. Carolina también fue lastimada, pero afortunadamente no a ese nivel.

Pero mentalmente, emocionalmente… sí estamos buscando apoyo psicológico.

Sabemos que la cultura aquí es mucho más cerrada. No hablan de su salud mental, no hablan de sus emociones. Pero sí hemos visto que hay varios grupos de apoyo para los sobrevivientes y para las familias de las víctimas.

Ya mañana vamos a ir a un grupo de apoyo que nos va a ayudar con el trauma. Apenas ahorita andamos viendo y revisando nuestras redes sociales, porque en realidad no hemos visto nada, apenas estamos pasando por nuestro propio duelo.

Gente cerca de la estación de metro de Itaewon llena de flores

Reuters
El lugar del siniestro se llenó de flores como señal de homenaje a las víctimas.

CC: Yo la verdad no estoy viendo mucho los medios y las noticias, porque estoy en mi proceso de asimilarlo. Pero lo que sí he visto es que en algunos lugares de la ciudad hay como puntos de luto.

JV: La escena está llena de flores, de velas, de cartas. Y nosotras quisiéramos ir, pero en el hospital nos pidieron que descansáramos, llevamos tres días encerradas en nuestro cuarto.

Sobre al apoyo de autoridades, de parte del gobierno de Corea no sabemos nada. La Embajada en México contactó con nosotras al día siguiente y hablamos con el embajador para ver si nos podían ofrecer apoyo económico y psicológico, dado que ahorita estamos pagando todos los gastos del hospital con nuestras becas.

Pero tras buscar un psicólogo por nuestra cuenta, en la Embajada nos dicen que su tarifa es muy cara y que quizá un psicólogo en México sea más accesible… pero una sesión por videollamada no es lo mismo que en persona.

Teniendo en cuenta que solo fuimos dos mexicanas quienes fuimos afectadas en esto, la verdad es que estamos algo decepcionadas.

Por lo demás, mi familia ha sido muy optimista. Mi mamá está simplemente muy agradecida de que sigo con vida. Obviamente nos extrañan mucho y quieren venir para acá a vernos.

Juliana Velandia y Carolina Cano

Cortesía
Pese a lo sucedido, las dos jóvenes mexicanas planean quedarse en Corea del Sur hasta terminar su estadía prevista.

CC: ¿Qué voy a hacer ahora? Lo más probable es que me quede y continúe con mi intercambio, pero igual tengo la opción de regresar con mi familia y a veces sí siento que es lo que necesito… pero todavía estoy en proceso de debatir si me quedo o me voy.

Las dos estábamos estudiando el idioma antes de venir. Entonces ya conocíamos un poco de la cultura, ya estábamos interesadas en Corea. En mi caso, yo soy estudiante de Negocios Internacionales, y por el auge económico que tiene el país es que decidí venir a estudiar aquí.

JV: Yo también empecé a estudiar coreano en México y me interesó mucho la cultura. Como soy estudiante de Medicina y quiero dedicarme a la dermatología, sé que Corea tiene las mejores tecnologías en cuanto a los productos de la piel, así que tener el idioma me va a ayudar para trabajar con otros dermatólogos de aquí y hacer investigaciones de productos y poder traérmelos a México.

Yo sí planeo quedarme. Carolina y yo trabajamos mucho y sufrimos mucho para llegar hasta acá. Es algo que tengo que hacer, es algo que tengo que terminar. Tengo que pasar mis materias, tengo viajes planeados. Obvio que lo único que quiero hacer es estar con mi familia en este momento, pero… en diciembre será.


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