Migrante mexicano sobrevive al desierto pero desaparece en Ojinaga
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‘A Omar no se lo tragó la tierra, se lo llevaron’: migrante sobrevive al desierto, pero desaparece en Ojinaga

Omar salió en secreto de Hidalgo, con rumbo a Ciudad Juárez, desde donde ‘brincaría’ a los Estados Unidos, pero desapareció. A más de un mes de su partida, su familia desconoce lo que le ocurrió en el desierto.
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6 de diciembre, 2021
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En la teoría, el plan se escuchaba bonito y sencillo: Omar Reyes López, de 20 años recién cumplidos, saldría en secreto de su pueblo natal de Hidalgo, donde el trabajo en el campo apenas le daba para ir sobreviviendo, y se iría con su primo a Ciudad Juárez. De ahí se ‘brincaría’ para Estados Unidos, caminaría por el desierto con la guía de un pollero al que le pagarían la deuda trabajando, y listo. Pronto estaría llamando de vuelta desde Los Ángeles para avisar que ya podían apagar la vela que dejó prendida a San Judas Tadeo, el santo de las causas imposibles.

Sin embargo, más de un mes después de su partida, la vela sigue encendida. Y a diario, su familia en México recibe llamadas de extorsionadores, a los que, producto de la desesperación, ya les pagaron una fuerte suma en dólares para tratar de conseguir una pista de Omar, que tras perderse por el vasto desierto y sobrevivir siete días caminando, todo apunta que desapareció en su propio país; en Ojinaga, Chihuahua, en una zona dominada por el crimen organizado. 

Ahí, la última pista lleva hasta una casa de seguridad que los traficantes de personas utilizan para guardar a los migrantes antes de cruzarlos ilegalmente. 

Pero, más allá de esta pista, no se sabe más de Omar.

“Hermano, ayúdame. No me dejes aquí”, fue el último mensaje que le mandó a su primo. 

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“En las redes transmiten una falsa realidad de lo que es migrar”

Sheila Arias es la tía de Omar. En entrevista, la mujer cuenta que desde que nació prematuro, Omar se las ha visto muy duras para sobrevivir. Abandonado por su padre, y con muchas dificultades durante su desarrollo por problemas de visión, a los 13 años aun no sabía leer, ni escribir, ni hacer sumas básicas; una situación que, desde pequeño, lo hizo muy dependiente, incluso para cosas como viajar en una combi a hacer compras al pueblo de al lado, a donde siempre iba acompañado de su abuela, un primo o un tío. “Pero nunca solo, porque se perdía”, explica Sheila.

Las dificultades en su desarrollo, más la falta de oportunidades y la precaria situación económica de su madre, una empleada del hogar con otros cuatro hijos, lo arrinconó al trabajo en el campo de su pueblo natal, San Salvador Hidalgo; a unos pocos kilómetros de Tula. Ahí trabajó como peón en la siembra de tomate y chiles y cargando camiones de papa y alfalfa. Pero el campo, ya se sabe, es pesado y deja poco dinero. Por ello, San Salvador Hidalgo, junto con municipios como Ixmiquilpan, Tulancingo, o Atotonilco el Grande, es una zona tradicionalmente expulsora de migrantes en un estado, además, que está entre las entidades con un “grado de intensidad migratoria alto”, según datos del Consejo Nacional de Población (Conapo). 

“La historia del pueblo, el modus vivendi, su contexto social, todo eso hace que la gente vea en la migración un sinónimo de progreso y de dinero, y como la única forma de salir de la pobreza”, explica Sheila.  

Y, además, claro, están las redes sociales. A diario, Omar veía a través de su teléfono cómo muchos ‘brincados’ mostraban en fotografías lo bien que les iba en Estados Unidos, la buena vida que habían logrado después de tomar una decisión aparentemente sencilla: dejar la pobreza y cruzar el desierto. 

“En las redes sociales te transmiten una falsa realidad… Y Omar pensó que cruzarse era muy fácil”, plantea su tía. 

Omar, de tez morena, labios gruesos, complexión robusta, y 1.75 de altura, comenzó a prepararlo todo. Contactó a un tío que vive en Estados Unidos y a un primo que lleva diez años allá. Ambos trataron de persuadirlo. “Mejor consíguete una visa”, le aconsejaron. Pero el joven ya estaba decidido. Buscó a otro primo de 24 años, que también quería cruzarse, y en secreto contactaron a un coyote. No pudieron pagarle mucho, solo un adelanto. El resto, les dijo el traficante, lo pagarían una vez que empezaran a trabajar en Estados Unidos. Lo habitual.

La fecha de partida sería el 28 de octubre. Días antes, cuenta Sheila, el joven se la pasó llorando, triste. Pero llegado el momento, agarró la mochila, dejó prendida la vela a San Judas, y salió con su primo y otro grupo de diez migrantes del pueblo con dirección a Pachuca, la capital de Hidalgo. De ahí tomaron un avión que los dejó en Ciudad Juárez. 

El primo de Omar contó que, una vez en la frontera, los llevaron a una vieja bodega abandonada, como las muchas que proliferan en las afueras de Juárez. En la casa de seguridad había muchos otros migrantes listos para cruzar. Pasaron unos días hacinados y durmiendo en colchonetas tiradas en el piso, hasta que la madrugada del 2 de noviembre, aun de noche, Omar salió con su primo en un grupo de 40 migrantes rumbo a suelo estadounidense. 

Unos, como los primos, iban para Los Ángeles. Otros para Texas. Pero todo se complicó cuando, antes de llegar al primer punto acordado donde los grupos se dividirían con otro coyote, apareció la Patrulla Fronteriza y todos corrieron para dispersarse y evitar la deportación inmediata. 

A partir de aquí, nadie de la familia ha vuelto a ver a Omar.

“Tío, ¿qué es el 911?”

“Se perdió Omar… se perdió”, les dijo el primo que llegó a Los Ángeles nada más ver a su tío y al primo que viven allá. 

Era el 4 de noviembre. Desesperados, ambos intentaron contactarlo por teléfono. 

Los mensajes, aunque de manera intermitente por la mala señal, comenzaron a entrar. 

“Hermano -mensajeó de vuelta Omar-, no me dejes aquí. Ayúdame. No me quiero quedar aquí. Ya quiero regresarme para México”. 

Omar estaba vivo, pero seguía en el desierto. Los primos le dijeron que llamara al 911 para que pidiera ayuda y su teléfono pudiera ser rastreado para que lo rescataran. Pero la comunicación se cortó hasta que, una semana después, el 10 de noviembre su tío le marcó de nuevo y la llamada entró.

“Tío, ¿qué es eso del 911?”, le preguntó nada más contestar. 

Sheila Arias narra el momento entre lágrimas: “El niño no sabía lo que era el 911… de ese tamaño era su ingenuidad”.

De nuevo, le explicaron que tenía que marcar a ese número para que la Patrulla Fronteriza, que ya estaba enterada del caso por sus familiares, pudiera rastrearlo y rescatarlo. Ahora sí, el joven lo hizo. Pero su ubicación marcaba que había vuelto a México y que se encontraba en un punto remoto entre Coyame del Sotol y Ojinaga; una zona “muy caliente” donde opera el cártel de La Línea, según publicó el pasado junio el Diario de Chihuahua en una nota que cita un reporte de la Fiscalía estatal. En la información se detalla que en esa zona no solo están desapareciendo migrantes como Omar, sino también los traficantes, los polleros o coyotes, puesto que La Línea busca hacerse con el control de ese cruce, uno de los más frecuentados por lo desolado de la zona y la falta de agentes migratorios.  

“Estoy bien, pero estoy cansado y solo tengo comida para dos o tres días”, le dijo Omar a su tío, que ese mismo día dio parte de la situación a los Grupos Beta del Instituto Nacional de Migración (INM) de México, la unidad dedicada al rescate de migrantes. 

El 11 de noviembre ya estaba activada la búsqueda. Los Beta llegaron a las coordenadas que había marcado la Patrulla Fronteriza, pero Omar ya no se encontraba ahí. Entonces, la policía chihuahuense, que también participó en la búsqueda, hizo un estudio de la geolocalización y determinó que el joven se había movido hasta un rancho cercano, como a una hora caminando del lugar. 

Intentaron marcarle de nuevo en múltiples ocasiones. Pero ahora sí el teléfono no daba señal. Le mandaron más mensajes de texto diciéndole que esperara en ese rancho hasta que llegaran los policías a rescatarlo. Sin embargo, cuando llegaron tampoco lo encontraron. 

Omar había desaparecido en México. 

Lee más: Detienen a 4 policías de Suchiate, Chiapas, por el asesinato de migrante haitiana

Recurren al amparo para que busquen a Omar

Sheila Arias explica que, a partir de ese momento, tuvieron muchas dificultades para que la búsqueda se mantuviera con el mismo nivel de intensidad. Primero, la mamá de Omar trató de poner una denuncia por desaparición no forzada en Actopan, Hidalgo. Pero dice que ahí se opusieron “porque los hechos habían ocurrido en otro estado”. Ello suponía que la madre de Omar, “que tiene unos ingresos muy bajos”, se debía trasladar hasta Chihuahua a levantar la denuncia. 

Finalmente, la familia logró que la fiscalía de Actopan recibiera la denuncia y trasladaran a la mamá hasta Juárez.

En ese momento, Sheila dice que en el Grupo Beta del INM les comunicaron que la búsqueda ya requería que fuera aérea, para abarcar mayor espacio de terreno. 

Ante la reticencia del estado a brindarles helicópteros y drones, Ana Luz Manzano, una activista mexicana experta en derechos humanos y migración, se enteró del caso y les tramitó el amparo indirecto 1913/2021, en el Juzgado Primero de Distrito de Chihuahua. 

El amparo exigía: uno, que a la familia de Omar se le asignara un abogado de oficio; y dos; que el Estado mexicano hiciera uso de todos los recursos a su alcance para la búsqueda y localización del joven, incluyendo el uso de drones, helicópteros y caninos. 

Hasta el momento, Sheila dice que, al menos, “la actitud de la Fiscalía de Chihuahua ha sido empática”. “Sí están haciendo la búsqueda”, asegura la mujer, que a diario recibe fotografías de los puntos que rastrean, mismas que mostró a este medio. “Pero consideramos que se están quedando muy cortos”, añade la mujer, que con cada día que pasa, dice que se hace más necesario que la búsqueda se intensifique. 

“Sé muy bien que no somos los únicos, que hay miles de migrantes y de personas en esta misma situación. No queremos privilegios en la búsqueda. Solo estamos haciendo uso de los recursos que el Estado debe brindarnos a todos los ciudadanos para casos así”, deja en claro la tía de Omar, cuya desaparición también supuso que la Interpol emitiera una “alerta policial mundial” con su foto y sus datos para su búsqueda. 

“Su denuncia me tiene bien caliente la plaza”

El pasado jueves 2 de diciembre, cuando tuvo lugar la entrevista, Sheila arrancó la plática con este medio diciendo que ese día se cumplían 23 días desde que, oficialmente, desapareció su sobrino, que, además, cumplía años ese día. 

“Toda la familia está devastada”, lamenta. “Me levanto en mitad de la noche con la ansiedad de mirar el teléfono para ver si tengo algún mensaje suyo. He soñado que tuiteo: ‘¡Lo encontraron vivo!’. Pero luego me despierto y me doy cuenta entre lágrimas que no es verdad, que Omar sigue desaparecido”. 

Por si fuera poco, el peso de la agonía de no saber nada de Omar, Sheila dice que en este mes han tenido que hacer frente también a los decenas de extorsionadores que, después de que publicaran la ficha de desaparición de su sobrino, les han contactado para ofrecerles supuesta información a cambio de dinero, o les mandan supuestas fotografías de mala calidad en las que se ve a una persona con la cabeza cubierta con bolsas de plástico y sangre. 

“Necesito que una persona se haga responsable de tu hermano Omar, ya que quiso cruzar la frontera sin pagar la cuota correspondiente”, le escribió un tipo que se identificó como Esteban Hernández, supuestamente “miembro activo del CDG (Cártel del Golfo)”.

“Nos hablan con lada de Tamaulipas, Chihuahua, Coahuila, Ciudad de México, y hasta de Chiapas”, enumera la mujer. “Y también nos escriben por Facebook. Te dicen: ‘yo lo vi en una bodega en Juárez, le di mi cobija y agua. El pollero que lo tiene es este’. Y te ponen un número, al que marcas y ahí es cuando tratan de extorsionarte”. 

Por desgracia, dice la mujer, la agonía y la desesperación en toda la familia es tal, que uno de sus sobrinos pidió dinero prestado en su trabajo e hizo un depósito en una cuenta Bancoppel en Tampico, Tamaulipas, que muestra a este medio. Los extorsionadores aseguraban que tenían a Omar, pero tras recibir el pago no se han vuelto a comunicar. 

En todo este tiempo, Sheila dice que la única llamada “coherente” que recibió fue la de una persona que se identificó como un “coyote”. 

“Mire, la denuncia que ustedes hicieron me tiene bien caliente la plaza. Y yo, que me dedico a esto, tengo una semana que no he podido pasar migrantes”, narra Sheila la plática, en la que el hombre, “muy tranquilo”, le explicó los engranajes del tráfico de personas. 

“Yo tengo a mis ‘caminadores’. A ellos los mando para el desierto a buscar a los ‘pollos’ que se pierden. Cuando los localizamos, los traemos de vuelta para acá, y luego negociamos su salida con las familias”, le expuso. “Ahora mismo tengo acá a ocho migrantes, y lo que quiero es que me diga el nombre completo de su sobrino para saber si yo lo tengo”. 

Sheila le dio los datos y el coyote prometió marcarle de vuelta en cuanto supiera algo. Pero tampoco se ha vuelto a comunicar. 

Después, otro extorsionador le pidió siete mil pesos a cambio de una ubicación. “Es una casa, ahí está”, le aseguró. Las autoridades se trasladaron al lugar en mitad de la noche cerrada, y, en efecto, llegaron a una casa abandonada en mitad de la nada. “Era la misma casa donde Omar, junto con los otros 40 migrantes, pasaron la noche antes de cruzarse”. Pero, de nuevo, ahí tampoco había rastro del joven. 

“A Omar no se lo pudo tragar la tierra”, dice Sheila. “A Omar lo tiene alguien, y nosotros solo queremos que nos lo regresen. Como sea, pero que nos lo regresen, porque queremos verlo otra vez con vida”, concluye desesperada la mujer.

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Género fluido: "Ahora sé quién soy"

Para algunas personas, la identidad y la expresión de género no son fijas, sino que pueden cambiar, incluso a diario.
27 de septiembre, 2022
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Carla Hernando, de 26 años, nunca sintió que encajara en un género en particular. Después, cuando la covid-19 se afianzó en marzo de 2020, tuvo mucho tiempo a solas para reflexionar sobre su identidad.

El trayecto continuó durante el mes del Orgullo en junio, cuando Hernando encontró un artículo y un documental sobre identidades de género no binarias, de la publicación Time Out Barcelona, que abrieron aún más su mente a las posibilidades que existen más allá del género binario de “mujer” u “hombre”.

“ está muy por detrás en términos de género”, cree Hernando, quien reside en Barcelona, y usa los pronombres “elles” y “ella”.

“No sabía lo que significaba no binario. Me he sentido completamente diferente toda mi vida“. Pero cuanta más educación recibió sobre el rango de posibilidades fuera del género binario de “mujer” u “hombre”, más sintió que se relacionaba con ello.

Esa experiencia fue la puerta de entrada a otro descubrimiento: el término “género fluido”. Hernando sintió que era una descripción aún más adecuada para su identidad de género.

“Un día me despierto y me siento más femenina, y tal vez quiera usar una blusa corta y ponerme aretes. Y luego hay momentos en los que pienso, ‘necesito mi faja (del pecho) para minimizar (la apariencia de mis senos)’, porque me siento así”, dicen.

La experiencia vivida de la fluidez de género (usar una faja un día y un atuendo más femenino al siguiente) es lo que finalmente ayudó a Hernando a descubrir que el término se aplicaba a ellos.

El concepto “fluidez de género” logra describir mejor la forma en la que algunas personas sienten que encajan fuera del género binario.

El término reconoce que el género no tiene que ser fijo y quita énfasis a la necesidad de alinearse con un género específico, un concepto del que cada vez más personas se alejan, a medida que proliferan las conversaciones sobre formas alternativas de expresar y experimentar el género.

La fluidez de género se ha vuelto aún más visible a medida que celebridades como Miley Cyrus, Ruby Rose y Cara Delevingne la abrazan ante el ojo público.

Persona de género fluido

Getty Images

El término es difícil de definir con precisión, ya que describe una gran variedad de personas y experiencias, dicen los expertos.

“Hay tantas formas de navegar por la fluidez de género como personas con fluidez de género”, dice Liz Powell, una psicóloga de fluidez de género en Filadelfia, que trabaja con muchos clientes de género fluido.

Pero en su base, explica, la fluidez de género permite que las personas adopten su identidad y expresión un día a la vez, en lugar de sentirse atadas a una única etiqueta de género general.

Para muchas personas que tienen género fluido, el descubrimiento del término ha sido liberador, ayudándoles a entenderse a sí mismos y la forma en que viven.

El género “no es un punto fijo”

El origen de la fluidez de género tiene sus raíces en la noción de fluidez sexual: la idea de que existen orientaciones sexuales más allá de heterosexuales, bisexuales u homosexuales, y pueden cambiar a lo largo de la vida de una persona.

“En muchos sentidos, nuestras definiciones de fluidez de género que usamos ahora están tomadas del lenguaje que nos ayudó a comprender la fluidez sexual”, dice Lisa Diamond, profesora de Psicología y Estudios de Género en la Universidad de Utah, EE.UU., quien comenzó a estudiar el tema en la década de 1990.

“Solíamos pensar que la gente venía en dos formas, heterosexuales y homosexuales… luego nos dimos cuenta de que hay algunas personas que sienten que no encajan en ninguna de las dos categorías“.

Eso dio origen al término bisexual, pero, como explica Diamond, tampoco funcionaba para todo el mundo.

“Otros dijeron: ‘Eso no me queda bien porque no tiendo a permanecer en una categoría de manera completamente consistente con el tiempo'”, señala Diamond.

“La fluidez sexual fue una forma de tratar de describir y explicar ese fenómeno de cambio, desarrollo, oscilación, crecimiento y sensibilidad a los contextos ambientales… Rápidamente descubrimos que el mismo problema se aplica al género”.

Portada de National Geographic

Twitter
El género está dando lugar a múltiples reflexiones.

Todas las personas con las que BBC Worklife habló para este artículo describieron la fluidez de género de maneras ligeramente diferentes, pero todas llegaron a la misma idea: que el género “no es un punto fijo”, como dice Powell, sino más bien flexible y capaz de cambiar dependiendo de varios factores, tanto dentro del yo interno de una persona como de su entorno externo.

Por ejemplo, ciertos entornos pueden dictar cómo se expresa una persona con fluidez de género, dice Erin Davis, profesora de Sociología en Cornell College en Iowa, EE.UU.

Tal vez un ambiente de trabajo tradicional pueda hacer que una persona con fluidez de género se presente más femenina o masculina para encajar con sus colegas, sugiere.

Al igual que Hernando, Powell se viste diferente según cómo se sienta en un determinado día o momento.

Al mismo tiempo, sin embargo, Powell dice que las normas sociales de género también influyen en cómo deciden vestirse para presentar mejor su identidad de género.

“Para mí personalmente, porque tengo un cuerpo muy curvilíneo… si uso ropa que sea femenina, la gente simplemente me verá como una mujer y no me sacará de la categoría de mujer”, explica Powell.

Para retratar mejor que no son simplemente una mujer, Powell tiende a vestirse con atuendos más masculinos, de modo que sea más probable que otros reconozcan su fluidez de género.

Sin embargo, Davos dice que es importante tener en cuenta que la expresión de género de alguien en un día determinado no necesariamente tiene que reflejar cómo percibe su propia identidad de género en general.

Por ejemplo, en los días en que Hernando se presenta exteriormente más femenina, no necesariamente se identifica con ser mujer.

Vivir como género fluido

Mucho antes de enterarse de la fluidez de género, Hernando, a quien se le asignó el sexo femenino al nacer, se sentía diferente de quienes se identificaban como hombre o mujer.

Incluso en la infancia, dicen, su madre recordó que Hernando “quería ser un niño”.

Sin embargo, a medida que Hernando crecía, se dieron cuenta de que su género no era tan simple como “querer ser un niño”.

Pero sin un nombre para describir cómo se sentían, se quedaron con la opción predeterminada: mujer.

“Sentía que supuestamente tenía que ser una mujer, pero tal vez eso significaba que era una mujer más masculina”, dicen. “Tampoco me sentía cómodo con eso, así que era una constante que no encajaba en ninguna parte”.

Ahora, Hernando siente “libertad” en “no darle forma al género”, dicen. Expresan esa libertad tanto en su forma de vestir como en su forma de relacionarse con los demás.

Hernando ha notado que hay menos suposiciones automáticas de que deba representar un cierto rol de género entre conocidos, y pueden comunicar mejor lo que quieren o necesitan.

En el pasado, por ejemplo, si un hombre cisgénero se dirigía a ellos como una “chica muy bonita”, Hernando dice que podrían haber seguido el juego e incluso tratar de actuar de manera más femenina.

Persona de género fluido

Getty Images

Hoy, Hernando responde a tales comentarios indicando su identidad de género y pronombres preferidos. Si la persona no respeta eso, es una bandera roja para Hernando y se mantienen alejados.

Pero también hay desafíos. Si bien sus padres finalmente aceptaron su identidad de género, Hernando todavía tuvo problemas para explicarle a su madre el concepto del uso de pronombres sin género. Y los amigos a veces hacen preguntas invasivas, como “¿Qué tipo de baño usas?”.

Además, todavía hay lugares donde Hernando no se sienten tan cómodos identificándose públicamente como género fluido.

Por ejemplo, muchos consultorios médicos aún requieren que los pacientes se identifiquen como “hombre o mujer” en los formularios de admisión. “Si voy al ginecólogo y quiero hablar con ella sobre , recibir este formulario me empieza a poner un poco ansiosa”, dice Hernando, “porque pienso, ¿entenderá lo que yo necesito decirle?”.

En general, sin embargo, Hernando dice que entenderse a sí mismos como una persona de género fluido ha sido una bendición.

“Como sé quién soy, puedo establecer límites muy claros cuando me relaciono con ciertas personas, límites que antes no ponía porque sentía que tenía que complacer a todos todo el tiempo para ser aceptada”, dice Hernando.

Por ejemplo, han podido ser más explícitos con los demás sobre lo que les resulta cómodo sexualmente. “He hecho del placer de este cuerpo una prioridad, sea cual sea el aspecto de ese placer”, dicen, una prioridad que ha facilitado encontrar parejas que muestren respeto por Hernando y los hagan sentir seguros.

Más jóvenes que expresan fluidez de género

Algunos datos indican que experiencias como la de Hernando pueden estar en aumento.

Según la investigación de Diamond de 2020, la cantidad de niños y adolescentes que reportan identidades o expresiones de género que difieren de lo que se les asignó al nacer está creciendo.

En un estudio de 2018 de más de 80.000 estudiantes de 9º y 11º grado en Minnesota, EE.UU., el 3% dijo que se veían a sí mismos como “transgénero, queer, género fluido o inseguros de su identidad de género”.

Símbolo transgénero en un semáforo

BBC
Los sentimientos sobre la identidad de género pueden surgir tan pronto como a la edad de 2 o 3 años.

En una encuesta de la revista Splinter de 2015 citada en el artículo de Diamond, en la que los investigadores encuestaron a más de 1.000 adultos jóvenes, más de la mitad de los milenials dijeron que “creían que el género existe en un espectro y no debería limitarse a categorías masculinas y femeninas”.

Sin embargo, Diamond cree que esto no indica que la fluidez de género sea un fenómeno nuevo.

“El aumento en las expresiones de fluidez de género no significa que esté ocurriendo una nueva experiencia en el mundo”, señala.

“Hay un nuevo vocabulario disponible para describir lo que ha estado sucediendo en el mundo”.

Ese vocabulario, sugiere, se ha difundido ampliamente a través de internet. “ les dio a las personas en sus sótanos que nunca habían oído hablar de transgénero o queer ni nada, desde Mozambique hasta Francia y Nebraska, de encontrar instantáneamente y sin costo financiero sus experiencias reflejadas en las voces de los demás”, dice.

“Eso era impensable para aquellos de nosotros que alcanzamos la mayoría de edad… en la era anterior a internet”.

Dado que Hernando dice que no han visto conversaciones extensas sobre la fluidez de género en Barcelona, y España en general, se han basado mucho en internet para obtener información.

En particular, han recurrido a las cuentas de redes sociales de personas no binarias o de género fluido en EE.UU. y Reino Unido, donde ven que estas conversaciones ocurren de manera más amplia y abierta.

“Parece que hay más conciencia sobre esto que aquí”, dicen, y agregan, sobre España, que “vamos por buen camino”.

A pesar de que sienten que aún queda trabajo por hacer, Hernando se encuentra en un lugar positivo, particularmente porque ya no sienten la necesidad de complacer a las personas que les asignan características de género, como quienes los llaman “chica bonita”.

Como dice Hernando, “algo realmente poderoso sucede cuando… ya no necesitas esa validación , porque estás realmente feliz con quien eres”.


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