Monedas de cambio: venta de mujeres, la 'tradición' que no muere
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Cuartoscuro

Monedas de cambio: venta de mujeres, la 'tradición' que no muere en Guerrero

Una vez que son “esposas”, sufren de violencia física, psicológica y económica, sobre todo en casos en los que tienen hijos.
Cuartoscuro
19 de diciembre, 2021
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En la Montaña de Guerrero, las mujeres son “cosificadas como moneda de cambio” cuando las ofrecen en matrimonio, una práctica que en diversas comunidades es considerada “de usos y costumbres”. Tan solo de septiembre de 2020 a agosto de 2021, el Centro de Derechos Humanos Tlachinollan, atendió 4 casos de niñas que sufrieron violencia sexual, tras haber sido obligadas a “casarse”, por haber sido “pagadas” a su familia.

Así lo señala su XXVII informe de actividades, el cual describe a la región de la Montaña como una de las más marginadas y pobres de Guerrero y de todo México, donde habitan personas que se identifican como mestizas e indígenas, pertenecientes a los pueblos Na’Savi, Mè´phààl y al Naua.

De las 480 atenciones personales que realizó Tlachinollan, el 56% (268) fueron mujeres, mientras el 44% (212) fueron hombres. La mayoría de ellas, con trabajos no remunerados, pues se dedican exclusivamente a tareas del hogar, a veces bajo amenaza de sus parejas, quienes consideran que su única obligación es cuidar de su casa e hijos.

Lee: Menor indígena es encarcelada en Guerrero luego de huir para evitar matrimonio forzado

En un año, el centro atendió siete casos relacionados con violencia sexual de víctimas menores de edad, quienes provenían de comunidades indígenas Nauas y Na’Savi. Cuatro de estos casos fueron de matrimonios infantiles: niñas que fueron comprometidas en matrimonio.

Acerca de ellos, el informe explica que “lo que antes era una práctica de usos y costumbres, actualmente se ha desvirtuado, ha perdido la dimensión comunitaria, ahora se ha individualizado, y ha prevalecido el criterio mercantil que cosifica a las mujeres, las ha transformado como si fuesen moneda de cambio”.

A ello se suma que, una vez que son “esposas”, sufren de también de violencia física, psicológica y económica, sobre todo en casos en los que tienen hijos.

De acuerdo con los especialistas de Tlachinollan, las raíces del matrimonio infantil son complejas, “pero lo que está de antesala es la pobreza, la falta de empleos, la educación, la migración interna y hacia Estados Unidos, por lo que es necesario que el Estado garantice también el derecho a la educación, la salud y al trabajo de las comunidades indígenas y particularmente los derechos de las mujeres, niñas y adolescentes”.

Sin embargo, señala la organización, “a pesar de que existen diferentes instituciones gubernamentales para atender, prevenir, sancionar y erradicar la violencia hacia las mujeres, esta atención en la mayoría de los casos no es adecuada ni suficiente”.

En México, según el Censo 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), hay 21 mil 867 menores de edad entre 12 y 14 años que viven en unión libre: 15 mil 900 mujeres y 5 mil 967 hombres. Y de 15  19 años hay 858 mil 297 personas que se encuentran en la misma situación conyugal.

Formalmente casados, el Inegi registró que hay 6 mil 196 adolescentes de entre 12 y 14 años: 3 mil 74 mujeres y 3 mil 122 hombres, mientras que de personas de 15 a 19 años se tienen contabilizados 83 mil 170 matrimonios: hay 62 mil 28 mujeres casadas, y 21 mil 142 hombres.

En el grupo de edad de los 12 a los 14 años, hay 443 personas (223 mujeres y 220 hombres) que ya han enviudado, mientras que en el de 15 a 19 años son 2 mil 423 en esta situación: mil 976 mujeres y 447 hombres.

Divorciados, el Inegi censó a 220 adolescentes de entre 12 y 14 años -120 mujeres y 100 hombres-, así como a mil 336 de entre 15 y 19 años -837 mujeres y 449 hombres-.

A ellos se suman mil 674 jóvenes de entre 12 y 14 años que reportaron estar “separados” -mil 129 mujeres y 545 hombres-, así como 64 mil 937 del grupo de edad de 15 a 19 años en la misma situación -53 mil 840 mujeres y 11 mil 97 hombres-.

Mujeres que rompen la tradición

Algunas comunidades del municipio de Metlatónoc, perteneciente a la región de la Montaña, han comenzado a cambiar sus usos y costumbres, pues decidieron firmar acuerdos para prohibir la venta de niñas.

Desde 2016, en las comunidades Juquila, Yuvinani y Valle de Durazno, autoridades locales firmaron un acuerdo para prohibir esta práctica, aunque este no se hizo valer, y los matrimonios forzados de niñas -que eran pagadas a sus familias hasta por 180 mil pesos- continuaron. Tres años después, las autoridades de una cuarta comunidad de Metlatónoc, San Juan Puerto Montaña, firmaron un nuevo documento, que establece la prohibición de la venta de niñas, y contempla sanciones a quienes lo hagan, por los próximos 200 años.

Lee: Mujeres rompen la tradición de los matrimonios forzados y venta de niñas en Guerrero

Si bien aún no se termina con esta costumbre en la región de la Montaña, el inicio de su erradicación ha sido producto del trabajo de mujeres de las comunidades, organizaciones sociales y autoridades del estado, que han acercado el tema de los derechos con talleres sobre violencia y sexualidad.

La organización Yo Quiero Yo Puedo reporta que, gracias a las asesorías y el logro de los acuerdos con las comunidades, desde 2015 se ha logrado que al menos 144 niñas no hayan sido vendidas o casadas por la fuerza.

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“No necesito GPS ni mapa, todo lo tengo en la cabeza”: el camionero de 90 años que se rehúsa a jubilarse

Brian Wilson conduce camiones desde que era adolescente y por ahora no piensa en abandonar el volante.
13 de noviembre, 2022
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Brian Wilson, de 90 años, es uno de los camioneros activos más longevos del mundo.

Y, después de más de 70 años en la carretera, aún no tiene planes de poner el freno de mano.

Brian ni se preocupa por tener un GPS. Sí tiene un atlas de carreteras, aunque dice que es de hace “unos 40 años” y que, de todos modos, lo tiene guardado en el maletero del coche.

“No necesito GPS ni mapa”, asegura. “Todo está aquí arriba”. Sonríe y se golpea la sien para reforzar el punto.

Estamos sentados en la cabina del camión de 1993 de Brian. Junto a los modernos camiones Scania alineados en este predio logístico en las afueras de Sheffield, Inglaterra, el suyo se destaca.

La palanca de cambios está pegada con cinta adhesiva, la tapicería ha tenido días mejores y huele a tabaco.

Según Guinness World Records, el hombre de mayor edad con una licencia para conducir vehículos de gran peso es el británico Jack Fisher, con 88 años y cuatro días, al 27 de enero de 2021.

Brian Wilson al volante de su camión.

BBC
Brian ha sido invitado por Guinness World Records a presentarse para ser reconocido como el conductor de vehículos pesados más longevo del mundo.

Ahora, Brian ha sido invitado a hacer su propio reclamo en el registro mediante la presentación de pruebas de edad y ocupación. “Realmente no pienso en eso”, dice. “Solo salgo a trabajar”.

Si solo está siendo modesto o práctico es difícil saberlo.

Imposible no trabajar

Un paquete de 20 cigarrillos, un encendedor, una copia del Daily Mirror y trapos ocupan el espacio entre nuestros asientos.

“Me inquieto cuando no estoy trabajando”, dice.

Brian muestra algunas fotografías, mientras hacemos un viaje por el camino de la memoria, desde que era un joven soldado hasta la etapa nonagenaria.

Hay una imagen suya de vacaciones. Está sentado en una mesa, leyendo un periódico. No parece un hombre de vacaciones.

“Dos o tres días sin trabajar, sin hacer nada, y ya tuve suficiente”, dice. “Tengo que estar haciendo algo. Siempre quiero volver al trabajo“.

En la industria del transporte, se le conoce como “un original”. Mientras que otros confían en las cinchas de amarre con hebillas para asegurar las cargas, Brian prefiere la forma antigua, usando cuerdas y láminas.

Es un arte que se está muriendo, dice.

Brian le da crédito a su tío por haberle enseñado a conducir a los 16 años, aunque su carrera militar en la década de 1950 indudablemente agudizó sus habilidades.

En la década de 1960, después de un periodo repartiendo gasolina para Esso, Brian se unió a la empresa de transporte de su padre Edward: E. Wilson e Hijo.

Hoy es dueño del negocio familiar, que principalmente transporta resortes de acero.

“Todos los jueves me levanto a las 4:00 en punto, listo para salir de casa a las 5:15”, narra.

Brian desgrana sus “gotas” del día. “Leicester, Tamworth, Redditch, Birmingham, Telford (…) haré unas 300 millas (casi 500 kilómetros)”.

La lejana jubilación

Brian es un hombre de pocas palabras y las hace valer. Su actitud se suaviza cuando veo su anillo de bodas.

“Llevamos casados ​​67 años”, dice sonriendo. “Tenía 15 años cuando Mavis y yo nos conocimos en una feria”.

Me muestra una fotografía con su pareja tomada en su aniversario de bodas de rubí, es decir, cuatro décadas juntos. “Todavía nos cuida a todos”, dice.

A Brian puede que le ocurra como a su madre, Gertrude, que vivió hasta los 102 años.

Al igual que su camión, Brian tiene que pasar por un control de salud completo cada año, y el próximo vence antes de Navidad.

Si su médico de cabecera lo considera apto para trabajar, Brian tiene la intención de continuar durante al menos otro año antes de considerar jubilarse.

“También depende de cómo esté mi mujer”, añade.

Otros transportistas hablan muy bien de él.

De vuelta en la cabina de su camión, Brian reconoce que habrá algunos que crean, a los 90 años, que es demasiado mayor para conducir un automóvil y mucho menos un camión.

“Lo sé, lo sé”, dice, mirando por la ventana. “Pero sabré cuando sea el momento”.

“Es un sorteo quién se retirará primero”, agrega Brian. “Si el camión o yo”.

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