El 20% de mujeres en prisión ha tenido un aborto: ENPOL 2021
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El 20% de mujeres en prisión ha tenido un aborto: ENPOL 2021

Tres de cada 10 mujeres de entre 40 y 49 años en prisión reportó haber tenido un aborto en el último año. Se desconoce si fueron espontáneos o voluntarios, y si tuvieron atención médica.
Cuartoscuro
Por Georgina Jiménez, Ytzel Maya y Dalila Sarabia
8 de diciembre, 2021
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La población penitenciaria de mujeres en México representa el 5.7% del total -unas 12 mil 494- sin embargo, son ellas quienes más padecen su estadía tras las rejas porque no cuentan con acceso mínimo a servicios de salud, porque no pueden ejercer en plenitud sus derechos sexuales y reproductivos, e incluso, porque no pueden gestionar correctamente su menstruación.

En el último año, el 19.9% de las mujeres que han estado embarazadas en prisión han tenido un aborto. Si se identifica por grupos de edad, son las mujeres de entre 40 y 49 años quienes ocupan la primera posición, pues tres de cada 10 reportan haber abortado dentro de prisión, reveló la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL 2021).

Aunque se trata de un dato revelador, pues es la primera ocasión que dentro del cuestionario de la ENPOL se contempla preguntar a las mujeres esta información, se advierten pendientes porque no es posible conocer si los abortos fueron espontáneos o voluntarios. Tampoco es posible saber si durante el proceso contaron con el apoyo y cuidado de personal de salud de los centros penitenciarios.

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En números absolutos se trata de 261 abortos en el último año siendo el Estado de México la entidad que más abortos reporta en prisión con 44. Le siguen la CDMX con 42 y Puebla con 25. Basta recordar que en el Estado de México y Puebla el aborto aún es penalizado, sin embargo, la falta de información deja la interrogante sobre las condiciones en que estos se dieron. Es decir, si en aquellas entidades en donde el aborto no está despenalizado estos se dieron porque las mujeres se apegaron a la Norma Oficial 046 -que contempla el aborto a causa de una agresión sexual-, o bien, si estos se realizaron en la clandestinidad y sin reportarlos oficialmente a las autoridades penitenciarias.

En este contexto es importante resaltar que hay otra realidad sobre este tema: aquellas mujeres que han sido criminalizadas por abortar y a quienes se les han abierto carpetas o se les siguen procesos en las que las acusan de homicidio.

De acuerdo con la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) solo entre enero y julio de este 2021 se han abierto 432 carpetas de investigación en 27 entidades federativas por casos como estos.

Más hallazgos

Otros de los datos que da a conocer la ENPOL 2021 tiene que ver con las visitas íntimas que reciben las mujeres. El 12% de ellas informaron haber tenido al menos una de estas visitas en el último año contra el 17% de los hombres.

Llama la atención que, según refirieron las mujeres encuestadas, al 33% de ellas las autoridades del centro penitenciario donde se encuentran les exigen que utilicen algún método anticonceptivo (contra el 19% de los hombres), sin embargo, son las mismas autoridades quienes les niegan en acceso a estos o se los cobran.

De acuerdo con los datos presentados en la encuesta, solo al 37.7% de las mujeres que han solicitado condones las autoridades penitenciarias se los han entregado de forma gratuita. Cuando quienes los solicitan son hombres, al 45.2% les regalan los anticonceptivos.

Ahora bien, con lo que respecta a la gestión menstrual dentro de prisión, la ENPOL 2021 da a conocer que al 73% de las mujeres que solicitaron a las autoridades penitenciarias toallas sanitarias se fueron negadas.

De forma reiterada las autoridades han sido omisas en garantizar el acceso gratuito y expedito de estos productos para las mujeres y personas menstruantes, incluso en septiembre pasado la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió la recomendación 35/2021 en la que llamaba a todos los gobiernos a que para el próximo año destinen un presupuesto específico para la gestión menstrual dentro de los centros penitenciarios del país.

En la Ciudad de México, la colectiva Mujeres Unidas X la Libertad y el Consejo para Eliminar y Erradicar la Discriminación en la CDMX (Copred) realizaron un diagnóstico en los dos centros penitenciarios femeniles en donde advirtieron que, ante la falta de políticas públicas para atender la gestión menstrual y el casi nulo acceso a toallas sanitarias, las mujeres en prisión deben hacer uso de calcetines, trozos de tela, papel de baño y más recientemente cubrebocas.

Lee más: Principales víctimas de la prisión preventiva: indígenas, mujeres, personas con discapacidad y migrantes

Salud mental tras las rejas

Otro de los datos reveladores que muestra la ENPOL 2021 tiene que ver con la salud mental de las personas privadas de su libertad. Un tema que también por primera ocasión se contempla en esta encuesta.

Teniendo presente que el levantamiento de información de este ejercicio se llevó a cabo entre julio 2020 y julio 2021 -en plena pandemia de Covid19-, llama la atención que son las mujeres (el 18%) quienes más ideación suicida han tenido dentro de prisión con respecto a los hombres (11%).

Ahora bien, si se desagregan los datos por orientación sexual, los porcentajes entre las personas LGBT+ son aún más reveladores porque el 24% de las mujeres homosexuales y el 27% de las mujeres bisexuales han pensado en atentar contra su vida dentro de prisión.

En el caso de los hombres, el 19% de los hombres homosexuales y el 18% de los hombres bisexuales lo han pensado.

Ahora bien, ¿quiénes han pasado de la ideación al intento suicida?

De acuerdo con la información proporcionada, el 47% de mujeres bisexuales, el 46% de mujeres homosexuales y el 36% de mujeres heterosexuales intentaron quitarse la vida dentro de prisión.

En el caso de los hombres lo intentaron el 45% de hombres bisexuales, el 44% de hombres homosexuales y el 33% de hombres heterosexuales.

De acuerdo con datos del Cuadernillo Mensual de Información Estadística Penitenciaria Nacional, hasta octubre pasado en las cárceles del país se habían registrado 7 suicidios.

Fuera de prisión, durante 2020, el INEGI tiene registrados 7 mil 818 fallecimientos por lesiones autoinflingidas en el país, una tasa de 6.2 por cada 100 mil habitantes.

Si se analiza por sexo, son los hombres quienes más han atentado contra su vida. Una tasa de 10.4 fallecimientos por cada 100 mil habitantes. Es decir, 6 mil 383 de los 7 mil 818 suicidios registrados durante el 2020.

 

Los datos de esta nota son de la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad, ENPOL 2021, que el INEGI presentó este 7 de diciembre. 

Data Cívica, Intersecta, CEA Justicia y Animal Político realizaron el ejercicio #DatosParaLaLibertad para revisar sus resultados.

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¿Cómo pude dejar que a mis hijos les sucediera esto?: la madre hondureña que perdió a 2 hijos y a su nuera en tráiler de Texas

Karen Caballero espera que los cuerpos de sus hijos, Alejandro Andino Caballero y Fernando Redondo Caballero, y de su nuera, Margie Paz Grajera, sean repatriados a Honduras.
1 de julio, 2022
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A Karen Caballero la asaltó una “pesadez inexplicable en el pecho” la noche del sábado 25 de junio de 2022. Los muchachos ya no se comunicaban.

Dos días después, alrededor de las 8:00 de la noche, recibió una alerta noticiosa del canal honduñero HCH en su celular. Decenas de migrantes habían muerto de calor dentro de un camión que fue localizado cerca de la ciudad de San Antonio, en el estado de Texas.

Karen buscó en Google y Facebook los teléfonos de los consulados hondureños en Estados Unidos, de hospitales y comisarías, para averiguar si sus dos hijos y su nuera figuraban en la lista de víctimas.

Eran las 2:00 de la mañana y nadie respondía.

Margie Paz Grajera (24), Alejandro Andino Caballero (23) y Fernando Andino Caballero (18) son tres de los 53 migrantes que fallecieron dentro de un tráiler que trasladaba a 62 personas provenientes de México, Guatemala, El Salvador y Honduras.

Murieron tras permanecer encerrados dentro de un tráiler a 40 grados centígrados sin ventilación.

“¿Cómo siendo yo una madre tan sobreprotectora, pude dejar que a mis hijos les sucediera lo que les sucedió?, se preguntó Karen en conversación con la BBC. “Si mis hijos no regresaban a las 10:00 de la noche, yo era capaz de salir caminando a buscarlos hasta que me los traía a la casa”.

Karen habla con calma y aplomo, aunque reconoce que no ha tenido tiempo de llorar, desbordada por las llamadas de tantos familiares, amigos y periodistas.

“Cualquiera piensa: ‘A esta mujer no le duele, esta mujer no sufre’. Pero la verdad es que tengo que mantenerme fuerte porque tengo que resolver esto. Como mamá, todavía tengo que traer a mis niños a casa”.

Anillos de papel

Karen recuerda que Alejandro y Margie se hicieron novios cuando estudiaban juntos en un colegio adventista en Las Vegas de Santa Bárbara, un pueblo ubicado a 200 kilómetros de la capital hondureña de Tegucigalpa.

“El primer año de novios se casaron en el árbol de las bodas del colegio, con anillos de papel. Tenían 17 y 18 años”, cuenta Karen.

Margie ingresó en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Honduras, y Alejandro se inscribió en Mercadotecnia en la Universidad de San Pedro Sula.

Cada día recorrían más de 100 kilómetros hasta San Pedro Sula, un par de horas en autobús que debían tomar durante la madrugada para llegar a tiempo a la primera clase.

“Me iba con Alejandro cuando le tocaba irse en la madrugada para San Pedro. Él me decía: ‘Mamá, me da pena. Yo soy un hombre’. Y yo le respondía: ‘No te tiene que dar pena. Yo soy tu mamá'”.

Un trabajo mejor

Margie y Alejandro terminaron la carrera y se quedaron en San Pedro Sula. Seguramente habría más posibilidades de conseguir buenos empleos que en el pueblo. La mejor oportunidad que encontraron fue trabajar como operadores en un call center.

Karen celebró cuando Margie y Alejandro compraron su primer refrigerador. Cada electrodoméstico, cada mueble, reforzaba la convicción de que habían tomado la decisión correcta al estudiar en la universidad y dedicarse a construir una carrera profesional.

Con el paso del tiempo, los sueldos de la pareja se volvieron tan precarios que Karen y su madre, la abuela de Alejandro, replantearon el presupuesto familiar para ayudarlos con víveres y dinero para cubrir la renta cada mes.

La abuela de Alejandro tenía un restaurante de comida buffet en Las Vegas de Santa Bárbara, donde Karen aprendió a manejar el negocio. Luego montó su propio restaurante, pero quebró durante la pandemia por el coronavirus.

Emigrar a Estados Unidos

La situación económica familiar se estrechó después de la pandemia. Karen debía ayudar a su hija Daniela y a su bebé de siete meses. Fernando, el menor de los tres, decidió abandonar la escuela durante el confinamiento.

A diferencia de sus hermanos mayores, Fernando no quería ir a la universidad. Soñaba con jugar fútbol como Lio Messi. Aunque no se aplicaba en los estudios, Karen admiraba su ambición, un impulso más afín a la mentalidad comerciante de la abuela que a la vocación académica de Alejandro y Margie.

Imagínese mami, si aquí no hay trabajo para los que estudian, ¿qué me va a quedar a mí que no estudié?”, preguntó Fernando a Karen cuando le contó su intención de emigrar a Estados Unidos.

Aunque sus hijos eran adultos y tomaban sus propias decisiones, Karen sabía que podía persuadir a Fernando para que se quedara en Las Vegas de Santa Bárbara y ayudara en el restaurante de la abuela. Todos habían trabajado alguna vez en la cocina o en la caja registradora del negocio.

Sin embargo, Karen estaba de acuerdo con su hijo. Un mundo de posibilidades se abriría una vez que cruzara la frontera entre México y Estados Unidos.

Karen Caballero.

Getty Images
Karen Caballero espera la repatriación de los cuerpos de sus hijos y su nuera.

La despedida

La propuesta inicial era que Fernando viajara solo. Pero Alejandro y Margie se animaron a acompañarlo.

Alejandro era lo más parecido a un padre para su hermano menor, cuenta Karen a la BBC. Su ecuanimidad y temple lo convirtieron en la persona a quienes todos en la familia acudían cuando había un problema por resolver.

La opción de viajar a Estados Unidos por avión fue descartada desde el principio. Ninguno tenía visa ni dinero suficiente para comprar los boletos. Hicieron una colecta familiar y buscaron a las personas que los ayudarían a llegar a Estados Unidos.

En entrevista telefónica con la BBC, Karen se negó a revelar detalles sobre los arreglos del viaje: cuánto había costado, cómo lo planificaron o cuál era la ruta.

Karen, sus hijos y su nuera tomaron un taxi hasta Guatemala para despedirse antes de que siguieran el trayecto hacia México. Recorrieron la ciudad de Antigua, y quedaron maravillados por la vestimenta de los pueblos indígenas. Se conmovieron al ver cómo las mujeres cargaban a los niños a sus espaldas.

Margie, Alejandro y Fernando siguieron el camino a través de México. Durante 20 días se comunicaron con Karen a través de Whatsapp para ponerla al tanto de las novedades del viaje.

Karen todavía no sabe cuándo serán repatriados los cuerpos a Honduras.

Mientras conversaba con la BBC, recibió una llamada: “Es de la Casa Presidencial de aquí. Yo le devuelvo la llamada”.


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