Comunidades defienden bosques que sobreviven en el Valle de México
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Andrea Vega

Comunidades forestales defienden las murallas verdes que aún sobreviven en el Valle de México

A hora y media de la Ciudad de México, comunidades de los municipios de Texcoco y Tepetlaoxtoc, en el Estado de México, han hecho del manejo forestal una herramienta para tener sustento y conservar sus bosques.
Andrea Vega
Por Andrea Vega / Mongabay
20 de febrero, 2022
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Es sábado, casi medio día, y en el bosque del ejido de San Juan Totolapan no se escucha el canto de las aves. Por lo menos, no en este momento. Lo que ahora se oye es el ruido de las motosierras, el golpe de los machetes al clavarse sobre las ramas de árboles y los gritos de la gente. Contrario a lo que podría pensarse, esos sonidos no son sinónimo de tala ilegal.

Aquí nadie está destruyendo la zona forestal. Todo lo contrario.

Una treintena de ejidatarios, junto con sus hijos y hasta nietos, donan su tiempo de fin de semana para hacer lo que llaman faena, un trabajo para el beneficio de la comunidad y el bosque. Este día su labor es podar árboles.

“Los podamos para que crezcan más derechos, más rápido y para que el tronco engruese”, explica Gregorio Martínez Sandoval, ejidatario y jefe de la brigada de vigilancia del bosque comunitario de San Juan Totolapan, en el municipio de Tepetlaoxtoc de Hidalgo, en el Estado de México.

En esta comunidad, a hora y media de la Ciudad de México, los ejidatarios se organizan en brigadas para hacer los trabajos para mantener su bosque saludable: podas, chaponeos (retirar la hierba) y apertura de brechas cortafuego. También hacen rondines de vigilancia para evitar la tala clandestina.

Cada fin de semana, un grupo de 30 personas sube al monte para hacer las labores. Los cuatro asesores técnicos contratados por el ejido indican en qué área del bosque se trabajará.

Mantener esta área forestal de 746 hectáreas, así como los otros bosques que aún se encuentran en esta región cercana al área metropolitana, es una acción que se debe reconocer, explica Aurelio Bastida, profesor de la Universidad Autónoma de Chapingo y especialista en sistemas silvícolas y producción forestal.

“En un lugar cercano a una zona tan antropizada (transformada por el hombre), como el área metropolitana, todo lo que se pueda hacer para conservar los bosques, los lugares donde se capta agua y donde se hace un manejo forestal que permite tener árboles jóvenes, que son los que más captación de carbono hacen, es muy importante, no solo para estas comunidades”, sostiene Bastida.

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Bosque del ejido San Juan Totolapan, en el municipio de Tepetlaoxtoc de Hidalgo, en el Estado de México. Foto: Andrea Vega

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Inversión en la comunidad, gracias al bosque

El ejido San Juan Totolapan tiene 99 ejidatarios y 746 hectáreas de bosque en el que sobresalen los pinos (Pinus sylvestri) y los oyameles (Abies religiosa). Aquí, aún es posible encontrar especies como el gato montés (felis silvestris).

Hace 20 años, la comunidad realiza manejo forestal. Para ello cuenta con un programa de aprovechamiento, que le permite producir madera en forma sostenible y que está autorizado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

En ese programa se establece cuánta madera se puede extraer al año y en qué  zonas, de acuerdo con el seguimiento que realiza el técnico forestal. Además, en el área donde se hace el aprovechamiento maderable, también se contemplan trabajos de regeneración del arbolado.

“Ahorita se acaba de terminar el programa de una década y estamos en los estudios técnicos para el (programa) que sigue”, explica Víctor López, presidente del comisariado ejidal.

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Bosque de la comunidad de San Pablo Ixayoc, en el municipio de Texcoco. Foto: Andrea Vega.

Los recursos que se obtienen por la venta de la madera se reparten entre los ejidatarios, pero también se ocupan para comprar los materiales necesarios para el cuidado del bosque y realizar inversiones en la comunidad. 

“Se han pavimentado calles, se mejoró la primaria, se construyó el salón ejidal; si hay un difunto, de ahí sale para apoyar con el sepelio y lo mismo para alguna urgencia que tenga algún ejidatario”, dice Javier González Chávez, uno de los cuatro asesores técnicos en manejo forestal que tiene contratados este ejido.

López, el presidente del comisariado ejidal, explica que el manejo forestal también implica el cuidado el bosque: “Reforestamos donde haga falta, aunque solo se siembra planta en caso necesario, porque se prefiere que el bosque se regenere solo, que caigan las semillas y nazcan los nuevos árboles”.

Para eso también se hace lo que llaman “acordonamiento de residuos”: una vez que se talan los árboles autorizados por Semarnat en una zona, se limpian con rastrillos todos los residuos, se levantan y se deja limpio el espacio para que las semillas, que producen los árboles de los alrededores, encuentren el suelo en buenas condiciones.

Para las comunidades no es fácil realizar manejo forestal. El especialista en bosques y profesor de la Universidad de Chapingo, J. Carmen Ayala Sosa, destaca que además de todos los permisos y la burocracia que enfrentan, también deben lidiar con quienes no conocen sobre cómo se realiza el aprovechamiento forestal: “La gente de fuera (de la comunidad) los anda denunciando porque creen que se están acabando el bosque. No saben que tienen autorización para aprovecharlo”.

El esfuerzo de los ejidatarios de San Juan Totolapan ha dado frutos: su bosque comunitario luce frondoso y cuidado. Aquí, a diferencia de otras comunidades vecinas que hacen manejo forestal, no se tienen actividades de ecoturismo.

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El ejido de San Juan Totolapan cuenta con 746 hectáreas de bosque templado. Foto: Andrea Vega.

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Proveedor de hongos y plantas medicinales

“Hasta ahí ya”, grita el asesor técnico González Chávez, para indicar hasta donde se deben podar los árboles. Mañana domingo se hará la poda en otra zona del bosque.

Metros más abajo, cinco ejidatarias preparan la comida. Prenden el fogón. Sobre el comal caen las cebollas, los chiles, los nopales y la carne. A un lado van poniendo las tortillas.

“Nosotras no subimos a hacer faena porque sí es pesado, pero le pagamos a alguien para que haga por nosotras el trabajo que nos toca y, por supuesto, participamos en las asambleas, vamos, nos enteramos de qué hace falta para que esté bien nuestro bosque y participamos en las decisiones de qué se va a hacer”, explica la ejidataria María López García.

El asesor técnico Javier González dirá después que ella es de las más participativas y aguerridas en las asambleas. “Ella opina y cuestiona. Ya le han pedido que sea presidenta del comisariado, pero dice que no, porque hay mucho machismo todavía, pero yo creo que pronto se anima”.

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Las ejidatarias preparan los alimentos para quienes participaron en la faena. Foto: Andrea Vega.

Las encargadas de preparar la comida comentan sobre los beneficios que les da su bosque comunitario. Además, del oxígeno, el agua y la madera, de la zona forestal obtienen alimentos y plantas medicinales.

En época de lluvia, entre junio y julio, la gente, sube al monte (al bosque) a recolectar hongos comestibles. Hay quienes los venden en Texcoco; otros los utilizan para hacer trueque: “Los cambian por queso, carne o lo que haga falta”, dice María López.

El bosque también es como una farmacia para los ejidatarios; ahí encuentran las plantas medicinales que utilizan para aliviar la tos, los dolores de cabeza o de estómago.

“Aquí nosotros tenemos gordolobo (Verbascum thapsus), hierba u hoja de aire (Kalanchoe pinnata), la jarilla (Larrea cuneifolia). Nuestros antepasados conocían y usaban muchas plantas más. También por eso es importante cuidar estos lugares, porque nos aportan estas plantitas para curarnos”, explica la ejidataria Guadalupe Martínez.

El bosque —dice la ejidataria María Esteban— es como el agua: “Nos da vida. Nos da muchas cosas. Mientras lo cuidemos, vamos a tener oxígeno y todos sus beneficios, si dejamos de hacerlo, vamos a terminar en la nada”.

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Una de las áreas del bosque comunitario de San Juan Totolapan. Foto: Andrea Vega.

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Tributo a los duendes 

“Abra los brazos con las palmas hacia atrás para que el viento se lleve todo lo malo”, recomienda uno de los ejidatarios en el mirador del Parque Recreativo El Cedral, del ejido San Pablo Ixayoc, en el municipio de Texcoco, en el Estado de México, a unos 45 minutos de San Juan Totolapan.

Los 125 ejidatarios de esta comunidad conservan 896 hectáreas de bosque en donde es posible encontrar encino (Quercus rugosa), oyamel (Abies religiosa) y pino (Pinus sylvestri). En 42 de esas hectáreas crearon un parque ecoturístico. Para este ejido, este proyecto es una alternativa económica, además del aprovechamiento de la madera.

De varios árboles de El Cedral cuelga heno, planta que crece en sitios húmedos, tanto en regiones templadas como tropicales. Esas tiras grisáceas brindan un aire misterioso a este lugar, lo hacen ser un escenario ideal para escuchar las leyendas sobre los seres fantásticos que, dicen, se encuentran en este bosque.

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El heno que cuelga de los árboles del ejido de San Pablo Ixayoc, en Texcoco, le da un aire de misterio al lugar. Foto: Andrea Vega.

Los pobladores cuentan que entre estos árboles habitan duendes, también conocidos como chaneques. Por eso, dicen, les colocan aguardiente y comida, ofrendas que son un tributo para agradecer que les permitan tomar el agua de su manantial.

Si algún visitante del parque se atreve a llevarse alguno de los jarritos de barro que hay en la ofrenda —advierten los pobladores—, los duendes lo acosaran todas las noches.

Al igual que en San Juan Totolapan, los ejidatarios de San Pablo Ixayoc hacen aprovechamiento forestal con un programa de manejo autorizado por la Semarnat. “La extracción (de madera) se hace por polígonos y por metros cúbicos autorizados. Después se deja que las áreas se recuperen, si es posible de forma natural, sino se reforesta. Acabamos de reforestar con 9 500 plantas de pino”, explica Armando Hidalgo, presidente del comisariado ejidal de esta comunidad.

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Los pobladores dejan ofrendas a los duendes del agua. Foto: Andrea Vega.

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Unión de ejidos forestales

San Pablo Ixayoc, Santa Catarina del Monte, Santa María Nativitas, Tequexquináhuac, San Dieguito Xochimanga y San Miguel Tlaixpan integran la unión de ejidos cuyos terrenos forman parte del macizo forestal del volcán Monte Tláloc. En esta montaña se ubica el centro ceremonial prehispánico más alto de Mesoamérica (4 120 metros sobre el nivel del mar), alineado al sur con los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl y al este con La Malinche y el Pico de Orizaba.

Cada mes las autoridades ejidales de toda la unión se reúnen para evaluar los trabajos que se han hecho en sus bosques y lo que se necesita para mantenerlos. Se habla sobre la vigilancia, el control del turismo, los incendios, y la tala ilegal.

Regular el turismo es importante, señalan, porque no todos los visitantes tienen conciencia de que el bosque se debe cuidar. “Llegan con sus cuatrimotos y quieren pasar por todos lados, porque dicen que el bosque es de todos. Pero no es así. El bosque tiene dueño, aunque es un ecosistema que le aporta beneficios a todos”, explica J. Carmen Ayala Sosa, profesor de la Universidad de Chapingo.

“Aquí en San Pablo cuidamos mucho nuestro bosque. Ahorita estamos metiendo mangueras para regar, porque la sequía nos estaba afectando, se estaba generando plaga, hicimos trabajos de saneamiento”, explica Hidalgo, el presidente del comisariado ejidal de esta comunidad.

Álvaro Monsalvo Espejel, asesor técnico del ejido, dice que en el bosque había alrededor de tres o cuatro hectáreas afectadas con la plaga del descortezador, un pequeño escarabajo que hace surcos en el tejido del árbol e impide que le lleguen el agua y los nutrientes.

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Trabajos de mantenimiento en el bosque del ejido San Pablo Ixayoc. Foto: Andrea Vega.

Además de las plagas, los incendios son otro problema que enfrentan los bosques.

Por eso en la zona forestal del ejido San Pablo Ixayoc, como medida de prevención, se realizan brechas de unos cinco metros de ancho. En caso de que se presente un incendio, estas franjas evitan que el fuego se propague y permiten que sea más fácil sofocarlo.

Se van a hacer 400 metros de brecha cortafuego y se van a podar los árboles colindantes para evitar que, en un caso de siniestro, el fuego suba alto”, explica Artemio Pineda, ejidatario y suplente del comisariado ejidal.

Pineda recuerda que hace cuatro años se presentó un incendio en una comunidad vecina: “Aquí lo logramos parar, gracias a los trabajos que se hacen en el bosque. De hecho, les ayudamos a sofocar el fuego a esa comunidad (Catarina) y al particular que se les estaba quemando sus terrenos”.

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Hijos de ejidatarios también participan en las faena para mantener el bosque. Foto: Andrea Vega.

Los trabajos que realizan las comunidades por sus bosques son muchos y arduos.

“A veces la gente no lo entiende, cree que estamos talando sin autorización, pero no, todo lo tenemos reglamentado. También se hace saneamiento del bosque, por las plagas. Nosotros no cortamos así como así, aprovechamos el bosque, sí, pero lo cuidamos, y no solo por nosotros, esto es para todos, para los muchachos que vienen, para el medio ambiente”, dice el ejidatario Andrés Espejel.

Para que los más jóvenes aprendan a cuidar el bosque, en San Juan Totolapan, los ejidatarios llevan a sus hijos y nietos a las faenas en el monte. Este sábado, a ellos también se les mira participando en la poda de los árboles.

Los más jóvenes realizan el trabajo casi como un juego: cuando una rama está muy alta, brincan para alcanzarla, la jalan para bajarla y otro se encarga de cortarla. Se retan para ver quién salta más alto. Están aprendiendo que el bosque es trabajo, unión, convivencia y vida.

Esta nota fue publicada originalmente en Mongabay Latinoamérica y aquí puedes consultarla.

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Los beneficios del "ejercicio excéntrico", una de las formas más rápidas de mejorar tu fuerza

Estos ejercicios son clave para tener músculos y huesos más fuertes, el corazón más saludable y hasta quemar más calorías.
9 de mayo, 2022
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Hoy hice algo que normalmente no hago. Cuando salgo a trotar, acostumbro a subir una colina corriendo, pero hoy la subí caminando. Sin embargo, bajé corriendo. Y eso porque, por ilógico que parezca, correr cuesta abajo es probable que sea mejor para mí que correr cuesta arriba.

Lo que hice se conoce como “ejercicio excéntrico” y, a pesar del nombre, no tiene nada de extraño.

Lo fascinante es que, aunque se siente más fácil bajar que subir, el ejercicio excéntrico es realmente importante para todo tipo de beneficios para la salud, incluida la reparación y el crecimiento muscular, la flexibilidad y la densidad ósea.

Aunque te sorprenda (a mí ciertamente me sorprendió), la parte fácil, aquella en la que estás bajando, es en realidad una de las formas más rápidas de hacerte más fuerte.

Y no es solo correr cuesta abajo, es cualquier ejercicio en el que estés alargando el músculo bajo resistencia, como al bajar las pesas tras levantarlas: cuando levantas un peso, estás contrayendo los músculos de tu brazo (eso es ejercicio concéntrico); al bajarlas, los músculos se alargan.

Extender tus músculos en muchos sentidos es la parte más efectiva del ejercicio.

Si los haces bien, los ejercicios excéntricos pueden conferir beneficios realmente notables, desde mantenerte en forma hasta ayudar a tu cuerpo a seguir quemando más calorías cuando termines un entrenamiento aparentemente más duro.

¿Te gustaría probar?

Si te da curiosidad, puedes probar con “el reto de sentarse y pararse”.

Lo único que tienes que hacer es sentarte en una silla, solo que muy lentamente: tómate de tres a cinco segundos. Luego ponte de pie sobre ambas piernas.

Si te sientes particularmente enérgico, y tienes buen equilibrio, puedes intentar la parte de sentarte parado sobre una sola pierna.

Repite al menos 10 veces al día.

Chica sentándose

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Despacito.

Los ejercicios excéntricos son la otra cara de muchos movimientos que ya estás haciendo, y han estado ocultos en tu régimen de ejercicio todo el tiempo, como un secreto.

Solo tienes que estar más pendiente de ellos, incorporarlos a tus rutinas y garantizar que el músculo activo trabaje.

Pero, ¿realmente traen beneficios significativos para tu salud en general?

Los estudios

En uno de mis estudios favoritos se les pidió a las personas que subieran o bajaran las escaleras de un edificio de 10 pisos dos veces por semana y que usaran el ascensor en la otra dirección.

Como era de esperar, ambos grupos vieron mejoras en muchos resultados de salud, pero sorprendentemente el grupo que subió en ascensor y bajó las escaleras estaba más en forma: tuvieron mejoras significativamente mayores en la frecuencia cardiaca en reposo, que es una forma de medir la salud y el estado físico en general.

El resultado fue sorprendente ya que el corazón no tiene que trabajar tan duro cuando estás bajando las escaleras como al subirlas.

Quienes bajaron las escaleras vieron además una mayor mejora en su sensibilidad a la insulina y sus niveles de grasa en la sangre.

Chico bajando escaleras

Getty Images
Bajar se siente más fácil. Y estudios muestran que es mejor.

El ejercicio excéntrico también podría ser la clave para huesos y músculos más fuertes.

En el estudio de escaleras, el grupo que las bajó tenía una mayor mejora en la función muscular y la densidad ósea que el grupo que las subió.

E, increíblemente, los que bajaron las escaleras mejoraron su fuerza muscular en un 34%, más del doble que el grupo que subió las escaleras.

Un resultado similar al de un estudio de control aleatorio de 2019, que comparó a adultos mayores que hacían ejercicios tradicionales con un grupo que hacía ejercicios excéntricos, encontró que el grupo excéntrico mostró una mejora del 38% en la fuerza de las piernas frente a un 8% en el grupo de ejercicio tradicional.

También reduce el riesgo de lesiones y puede mejorar el equilibrio, algo muy importante para el bienestar general.

Otros estudios han demostrado que centrarse en la fase excéntrica de levantar pesas puede aumentar la velocidad a la que se queman calorías cuando termina el ejercicio.

Así que, por alguna razón, la parte del ejercicio que se siente más fácil en realidad tiene un mayor impacto beneficioso en todo… pero, ¿por qué razón?

Llegó el momento de consultar un experto sobre la extraña ciencia detrás de los ejercicios excéntricos, uno como Tony Kaye, profesor de Biomecánica en la Universidad de Northampton, Reino Unido.

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BBC

¿Por qué hacer “ejercicio excéntrico” es tan efectivo?

En primer lugar, porque es más fácil de hacer. Es mucho más difícil ir cuesta arriba que cuesta abajo y, sin embargo, estamos moviendo la misma cantidad de masa que nuestro cuerpo.

La segunda razón está en la forma en que funciona el músculo.

Es matemática simple que te explico con números ficticios: digamos que estamos levantando 100 kilos en una sentadilla.

Al levantarnos usamos 100 fibras musculares, así que cada una está siendo estresada por un kilo.

Al bajar, usamos diferentes fibras musculares que son mucho, mucho más grandes y poderosas, por lo que solo utilizamos 25 fibras musculares.

Cada una de ellas tiene que resistir cuatro veces la carga, y eso crea un daño microscópico mucho mayor en las células de esas fibras.

Es absolutamente fascinante que parte del beneficio del ejercicio es el daño que provoca: causa microrasgaduras, y es la recuperación lo que te hace más fuerte.

Correcto. Si bien nos hace más saludables, más en forma, etcétera, el ejercicio en sí mismo crea daños microscópicos que estimulan respuestas hormonales, y con la nutrición y el descanso y el sueño durante los días siguientes, se reconstruyen esos músculos a un nuevo nivel más alto y más fuerte.

El ejercicio excéntrico ha demostrado consistentemente crear un mayor daño microscópico que el concéntrico.

¿Y también puede ayudarte a quemar más calorías?

Sí y no.

No, mientras haces el ejercicio.

Pero sí después.

Eso porque provoca más daño microscópico, así que obliga al cuerpo a aumentar su tasa metabólica durante los próximos días mientras se repara; por lo tanto, la tasa metabólica se eleva durante un periodo prolongado.

¿Cuáles son los beneficios a medida que envejecemos?

A medida que envejecemos, nos debilitamos, los músculos de los brazos se hacen más pequeños y nuestros huesos también se debilitan. Y el ejercicio excéntrico ha demostrado repetidamente más efectos positivos en los tres que cualquier otro tipo de contracción.

Nosotros observamos el efecto del entrenamiento excéntrico en futbolistas masculinos jóvenes y sanos, y mostró aumentos dramáticos en la fuerza.

Luego realizamos el mismo ejercicio en individuos mayores, mayores de 65 años, algunos con condiciones clínicas.

Tuvieron aumentos muy grandes en la fuerza, de entre 30% a 50%, y un aumento del 10% en la masa muscular en los cuádriceps en apenas seis semanas.

Es un aumento sustancial mucho, mucho mayor de lo que esperaríamos del ejercicio normal.

Otro estudio que hice demostró aumento de cuatro veces en el rango de movimiento en el tobillo que el estiramiento tradicional.

Así que aumenta la flexibilidad, la masa muscular, la densidad ósea, la fuerza.

Es un ejercicio altamente efectivo.


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