César Valencia, el alcalde asesinado de Aguililla, Michoacán
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Facebook de Ernesto Núñez, líder estatal del PVEM

César Valencia, un alcalde en medio de la violencia que solo estuvo seis meses en el cargo

El asesinato del alcalde de Aguililla llega solo un mes después del despliegue del Ejército en la zona, de donde sacó al CJNG. Vecinos habían advertido de la posibilidad de que llegaran otros grupos criminales y ahora expresan temor.
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Uno de los últimos actos públicos de César Arturo Valencia Caballero, presidente municipal de Aguililla, Michoacán, tuvo lugar el jueves 24 de febrero. Ese día se celebró un evento en el que mandos militares y representantes de los gobiernos federal y estatal prometieron estabilizar la zona después de la entrada del Ejército a principios de mes. 

Tras el encuentro, oficiales repartieron despensas y cobijas a los residentes que todavía permanecen en uno de los municipios más castigados por la violencia y la presencia del crimen organizado. Valencia Caballero no se quedó en la plaza. Lo esperaban para mantener otra reunión de la Mesa de Paz que funciona desde julio de 2021, poco antes de que asumiera el cargo el 1 de septiembre. Hoy, dos semanas después de ese encuentro, Valencia Caballero fue asesinado

La paz no ha llegado a Aguililla, a pesar de los anuncios oficiales. A Valencia Caballero lo mataron el jueves de tres disparos cuando manejaba su camioneta junto al campo de futbol del municipio. El alcalde era originario de Dos Aguas, una comunidad a la que se accede por un camino de terracería en dirección a Coalcomán, y ganadero de profesión, actividad que había heredado de su padre. 

Estaba casado y tenía tres hijos y una hija. Casi no tuvo tiempo de ejercer su mandato. Fue elegido en las elecciones del 6 de junio de 2021 y tomó el cargo en septiembre. Solamente estuvo en el puesto poco más de seis meses, hasta que este jueves los sicarios terminaron con su vida.

Elecciones bajo control del narco

La llegada de Valencia Caballero a la presidencia municipal fue en un contexto complejo. En abril de 2021, integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) tomaron la cabecera e instalaron retenes en la carretera que conduce a Apatzingán, municipio ubicado a unos 80 kilómetros. 

En ese tiempo, las autoridades apenas estaban presentes en el lugar, que se convirtió en zona de guerra debido a los combates entre el CJNG y Cárteles Unidos, un grupo formado por mafias locales y los antiguos autodefensas. Días antes de las elecciones, el Instituto Nacional Electoral (INE) advirtió sobre el riesgo que cubría los comicios, que finalmente se llevaron a cabo. 

El alcalde se presentó bajo las siglas del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que fue el único partido que llegó a hacer campaña a la gubernatura desde Aguililla. Las principales formaciones, como Morena o la coalición Va por México, eludieron la localidad debido a falta de garantías para lograr acceder a ella. Dos meses antes, el entonces gobernador, Silvano Aureoles, había enfurecido a los vecinos al presentarse en Aguililla en helicóptero y agredir a un maestro que exigía seguridad. 

Finalmente, las elecciones tuvieron lugar y Valencia Caballero obtuvo algo más de mil 600 votos con una participación de apenas el 35%. Para entonces, cientos de vecinos de Aguililla ya habían abandonado sus domicilios y se refugiaban en Apatzingán o Uruapan o trataban de cruzar a Estados Unidos, pidiendo refugio desde Tijuana, Baja California. 

Durante meses, el municipio estuvo controlado por el CJNG, hasta que en febrero, cientos de efectivos de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la Guardia Nacional retomaron el control del lugar y reabrieron la carretera. A pesar de esto, ocurrió el asesinato de la principal figura política de la localidad. 

“Estaba haciendo un trabajo bien, estaba a favor de la paz del pueblo”, dijo un vecino de Aguililla entrevistado telefónicamente, quien no quiso dar su nombre por miedo a represalias. “Ahorita no hay confianza. Estuvo una tranquilidad, pero que da mucha zozobra, mucha incertidumbre. Nosotros estamos pasmados, dolidos. Por parte de su trabajo de este muchacho estaban bien las cosas, comparadas como se venían viendo”.

“Igual no había tenido la protección del cártel. Como el gobierno tomó la zona, igual le pidieron que se opusiera. Pero, ¿qué iba a hacer él?”, consideró otro poblador, que también habló bajo condición de anonimato. 

Ambiente tenso

El ambiente en Aguililla es tenso y el asesinato viene a confirmar los miedos expresados por Gilberto Vergara, párroco de la localidad: que la llegada del Ejército podía abrir el camino a Los Viagra, rivales del CJNG, y abrir una etapa de “vendettas”. 

Animal Político recorrió la zona a finales de febrero y pudo platicar con varias personas que regresaban a sus hogares tras meses desplazadas. Todas ellas rechazaron ser identificadas y apuntaron a un miedo generalizado: ser señaladas como simpatizantes de uno u otro grupo, lo que les pondría una diana en la cabeza. Este es un municipio pequeño en el que todos sus vecinos se conocen, por lo que cada movimiento es observado con lupa: quién abandonó el pueblo ante la llegada de “los jaliscos”, quién regresa ahora con los militares. 

Por el momento, las autoridades no han hecho pública ninguna línea de investigación. El gobernador, Alfredo Ramírez Bedolla, aseguró haber girado instrucciones para que se investiguen los hechos y se encuentre a los culpables. Sin embargo, esta es una frase hecha en boca de representantes políticos cada vez que ocurre un homicidio. 

En el municipio ahora todo son rumores. Hay quien apunta a que el responsable del crimen podría ser el CJNG, molesto con la posición que habría adoptado ante la llegada del Ejército. Otros aseguran que tiene la firma de Cárteles Unidos, que se habrían vengando de un alcalde que llegó al gobierno cuando sus rivales controlaban la localidad. Por ahora, entre los pobladores hay una certeza: este nuevo asesinato viene a probar que el control militar en Aguililla y la tranquilidad que se esperaba con él son apenas una ficción.

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7 formas de gastar menos en alimentos en tiempos de inflación y comer bien

Latinoamérica es la región del planeta donde es más caro alimentarse de manera saludable y cuesta tres veces más que lo que la gente puede pagar.
13 de mayo, 2022
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Comer se volvió cada vez más caro.

Una familia promedio latinoamericana gasta en comida entre el 25% y el 40% de su presupuesto mensual, de acuerdo a cifras oficiales de cada país. Los sectores más pobres destinan todavía un porcentaje mayor.

América Latina es la región donde es más caro comer de forma saludable en el planeta junto con África, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).

Para poder hacerlo, cada persona necesitaba US$4,25 diarios en 2019, último dato disponible. Eso es tres veces más de lo que la población podía pagar.

El monto actualizado será mayor, estima el subdirector general de la FAO y representante para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, en diálogo con BBC Mundo.

Panadería.

AFP

La FAO calcula un índice del precio de los alimentos y ahora es el momento en el que es más caro comer, al menos desde que se tienen registros.

Eso lleva a una peor alimentación, y por consiguiente a mayores tasas de malnutrición e incluso hambre.

Entonces, en tiempos de alta inflación y con la subsiguiente subida del precio de los alimentos lo más sencillo puede ser cambiar por productos que son más baratos pero que no necesariamente son tan saludables ni tienen el equilibrio nutricional que requiere nuestro cuerpo.

“Dado que en América Latina es más caro comer saludable, nos movemos a más carbohidratos, más azúcar, más grasa. Todo eso es barato”, señala Berdegué.

Comer bien y al mismo tiempo gastar menos es todo un desafío. Aquí te presentamos 7 acciones que puedes llevar a cabo para lograrlo.

1. Cocinar

Tal vez sea la más obvia, pero es esencial. Comprar comida afuera, en la calle o en un comercio, es muchas veces lo más rápido, pero no lo más conveniente para el bolsillo.

Una mujer prepara una bandeja con plátano maduro que sirve en una feria de comida callejera en Medellín, Colombia.

Getty Images

Además, cuando compramos comida hecha no sabemos cuál es la calidad de los ingredientes utilizados, o incluso qué ingredientes se utilizaron para su elaboración.

Lo mismo ocurre con la comida prefabricada que venden en el supermercado, productos conocidos como ultraprocesados. Estos contienen excesos de grasas malas, sodio y azúcares, entre otros componentes, que se añaden para darle mejor sabor pero que no contribuyen a la salud.

Cocinar en casa hace que sepamos exactamente qué estamos comiendo y que paguemos menos por ello.

2. Comer lo justo

Un alto porcentaje de las personas come más cantidad de alimentos que la que exige el organismo.

Reducir las porciones que nos servimos a las cantidades recomendadas para el funcionamiento humano ayuda al bolsillo y, al mismo tiempo, a sentirnos mejor físicamente.

“Las cantidades que se sirven en muchos de nuestros países son demasiado grandes. La compra en el mercado sube muchísimo y, además, este exceso de comida lleva al sobrepeso”, dice a BBC Mundo la nutricionista venezolana Ariana Araujo.

Una dieta de entre 2.000 y 2.500 kilocalorías es un número adecuado de ingesta diaria.

3. Cambiar de recetas

Venta de carne en un mercado de México.

Getty Images

Sustituir ingredientes o platos completos es una de las formas de abaratar el gasto en comida.

Determinados productos básicos como el aceite, el café, algunas frutas y verduras, la carne de vaca, el pan (y la harina de trigo en general), los huevos y algunas legumbres aumentaron de precio más que la suba promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en la mayoría de los países latinoamericanos, de acuerdo a la información publicada por instituciones oficiales que se encargan de medir la inflación.

Las tortillas de maíz, parte fundamental de la dieta mexicana, le cuestan a los consumidores de ese país 17,7% más ahora que hace un año. La harina de maíz, imprescindible para las arepas, ha subido de precio en toda la región.

Se pueden buscar sustitutos que sean nutricionalmente equivalentes o similares, pero que no se hayan encarecido tanto o incluso hayan bajado de precio.

Mercado de legumbres.

Getty Images
Los frijoles aumentaron menos de precio que otros alimentos en la mayoría de los países latinoamericanos y son una buena fuente de proteína.

Para ello es necesario conocer qué productos son intercambiables.

Una comida balanceada debería estar compuesta por una mitad de frutas y verduras, un cuarto de proteínas y el otro cuarto de carbohidratos, afirma Araujo.

En el grupo de las proteínas se encuentran la carne de res y de cerdo, pollo, pescado, leche, quesos, huevos, frijoles, lentejas y guisantes.

La carne de cerdo es la que, en general, subió menos de precio en los últimos 12 meses en América Latina, mientras que el pollo y el pescado acompañaron la suba general, que fue menor al encarecimiento de la carne bovina.

Los frijoles, en cambio, no tuvieron tal incremento de precios e, incluso, están más baratos que un año atrás en algunos países.

“Hemos disminuido fuertemente el consumo de legumbres, de frijoles, garbanzos, lentejas, cuando son productos accesibles que aportan buenas cantidades de proteínas”, dice Berdegué.

Entre los carbohidratos están el arroz, el pan, el maíz, la pasta, el plátano y los tubérculos -papa, yuca, batata, entre otros-.

El arroz y los tubérculos se encarecieron menos que el trigo y el maíz, por lo que optar por los primeros contribuirá a abaratar el menú.

Huevos y tortillas de harina de trigo.

Getty Images

“Algo que se puede hacer es mezclar en un mismo plato cereales -arroz, pasta- con legumbres. Los dos se complementan y ayudan a formar una proteína muy similar a la de la carne”, explica José Balbanian, docente de la Escuela de Nutrición de la Universidad de la República en Uruguay.

Con esa combinación el organismo obtiene los aminoácidos esenciales.

“El sustituto a nivel nutricional es fácil de conseguir. El problema es cómo cambiar la cultura de las personas. ¿Cómo le quitas a un mexicano la tortilla o a un venezolano la arepa?”, se pregunta Araujo.

Respecto a los aceites, Araujo sostiene que puede ser cualquiera, salvo el de palma porque es una grasa saturada que no es saludable. Balbanian agrega que es necesario su consumo, aunque no en frituras.

4. Planificar las compras

Cartel de ofertas en la puerta de un supermercado en Buenos Aires.

Getty Images

Hacer un plan de lo que debemos comprar antes de ir al mercado es clave para el ahorro.

Lo primero es saber qué queremos comprar para luego decidir dónde. Ir por frutas y verduras, quesos o carnes a la feria suele ser más económico que en grandes comercios.

Cuando se va a un supermercado, lo ideal según Araujo es recorrer las tres paredes del local -los costados y la trasera- formando una “U” invertida.

En estos pasillos se encuentran comúnmente los productos frescos y de allí debemos seleccionar el 80% de la compra para que sea saludable, afirma la nutricionista.

No se puede ir con hambre al supermercado, porque si estoy corto de dinero y encima voy con hambre veo una promoción de un ultraprocesado que me gusta mucho y caigo en comprarlo”, asegura Balbanian.

Tener claro qué se va a cocinar en los días siguientes ayuda a calcular mejor las cantidades y no comprar de más, algo importante en los alimentos perecederos para no tener que tirarlos luego porque se echaron a perder.

Un consejo de Balbanian es comprar en grandes cantidades, para una misma familia o entre varias personas, para ahorrar.

Una recomendación de Araujo es mirar en los estantes inferiores, donde suelen ubicarse los productos con menor procesado que son más baratos.

5. Buscar de temporada

Mercado de frutas y verduras.

Getty Images

Las frutas y verduras son intercambiables entre sí; lo importante es variar entre ellas.

“Aportan fibra, vitaminas y minerales que son muy difíciles de encontrar en otros alimentos”, dice Balbanian.

Para achicar el costo de la alimentación, lo que aconsejan los expertos es comprar los productos de temporada o estación, dependiendo del país y su clima.

Intentar comer tomate fuera de temporada hace que sean más caros porque quienes los venden han recurrido a cadenas de frío para conservarlos durante meses o que los produzca en invernaderos, ambos sistemas que encarecen los alimentos.

Por el contrario, en temporada se encuentran los productos en abundancia, a precios bajos, y es cuando están más gustosos y nutritivos.

A veces, hay productos que en el pasillo de congelados se encuentran más baratos que frescos y se puede sacar provecho de esas oportunidades, siempre y cuando los ingredientes que están escritos en la bolsa sean exclusivamente el producto que buscamos, sin agregados, sostiene Araujo.

6. Aplicar técnicas de conservación

Pollería

Getty Images
Si bien el pollo se ha encarecido en la mayoría de los países de América Latina, es todavía más económico que otras carnes y se puede utilizar como sustituto para obtener proteínas.

Una alternativa es comprar cuando está barato y aplicar alguna técnica de conservación.

La más sencilla es poner los alimentos en el congelador. Pueden ser tanto carnes como la mayoría de los vegetales -siempre que no quieras comerlos crudos luego- y frutas.

Con los vegetales, la recomendación es que cuando se vayan a consumir se provoque un choque térmico, del frío al calor intenso, para que no pierda textura y sepa peor.

También se pueden cocinar mayores cantidades que las que vayas a comer de inmediato y guardar porciones en el congelador para más adelante, o cocinar ingredientes sueltos y congelarlos para utilizarlos más adelante en preparaciones.

“Eso mantiene más del 90% de sus nutrientes”, afirma Araujo y agrega que ella hace eso en su casa.

Para no recurrir al frío siempre y dejar atiborrado el congelador, otra opción es la conserva.

Hay diferentes técnicas, pero la más sencilla es envasar al vacío. “Se hacía mucho en la Segunda Guerra Mundial con los vegetales”, cuenta Araujo.

7. Optar por segundas marcas o marcas blancas, pero antes leer

Persona comprando pasta en el supermercado.

Getty Images
Las marcas blancas no son necesariamente de peor calidad que las primeras marcas.

Por efecto del marketing, muchas veces creemos que un producto de la marca más destacada -también llamada primera marca- es mejor que las otras. Esto no necesariamente es así.

“Es importante leer la lista de ingredientes, más que el cuadro nutricional, e identificar azúcares y grasas de mala calidad”, afirma Balbanian.

Araujo dice que en ocasiones las segundas marcas o incluso las marcas blancas -aquellas genéricas de la cadena de supermercados- son más saludables porque, para abaratar, no utilizan determinadas grasas o azúcares que las primeras marcas sí usan para darle otro sabor al producto.

En otras, no son mejores pero tampoco peores. “Mi recomendación es leer las etiquetas y comparar. Casi siempre son bastante parecidas y hay un ahorro importante”, dice Araujo.


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