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58 defensores del ambiente y territorio fueron asesinados en los últimos tres años en México

De todas las agresiones que se documentaron durante 2021, el 41.2 % fue en contra de la población indígena, de acuerdo con un reciente informe.
Cuartoscuro
Por Thelma Gómez Durán / Mongabay Latinoamérica
3 de abril, 2022
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Dos días antes de que le dispararan, Fidel Heras Cruz recibió un mensaje anónimo con amenazas de muerte. El 23 de enero de 2021 lo mataron. Él era presidente del Comisariado Ejidal de Paso de la Reina, una de las comunidades que desde hace tiempo se resisten a la construcción de una hidroeléctrica en el Río Verde, en Oaxaca. Las amenazas contra Fidel Heras y su asesinato anunciaron lo que sería el 2021: uno de los años más violentos para quienes defienden los bienes naturales en México.

A lo largo del 2021, se documentaron 108 eventos de agresiones; cada uno de estos eventos, a su vez, puede reunir una serie de agresiones de diversos tipos como intimidación, criminalización, desaparición y homicidio. Por ello, en ese año, el total de las agresiones en contra de personas defensoras de ambiente y territorio sumaron 238. Esta cifra representa un aumento del 164.44 %, si se compara con las 65 agresiones que se documentaron en 2020, de acuerdo con el más reciente Informe sobre la situación de las personas y comunidades defensoras de los derechos humanos ambientales en México, publicado por el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda).

El informe resalta que en 2021, un total de 25 personas defensoras de ambiente y territorio fueron asesinadas, en tres de esos casos se presume que se trata de posibles ejecuciones extrajudiciales.

Lo paradójico es que la escalada de asesinatos y agresiones se registró el mismo año en que entró en vigor el Acuerdo de Escazú, tratado de América Latina y el Caribe que, por primera vez, reconoce a los defensores de derechos humanos en temas ambientales y obliga a los Estados a protegerlos.

Tomás Rojo Valencia, defensor yaqui del agua y territorio, desapareció el 27 de mayo de 2021; dos semanas después su cuerpo fue localizado. Foto: CNDH.

“La defensa ambiental se ha vuelto cada vez más riesgosa en el país”, señaló Gustavo Alanís, director de Cemda, durante la presentación del Informe. Desde 2014, esta organización no gubernamental realiza una documentación de las violencias en contra de las personas defensoras de ambiente y territorio.

Los datos recopilados por los informes de Cemda muestran que, durante los tres primeros años del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, 58 personas defensoras de ambiente y territorio han sido asesinadas en el país. La mayoría de esos homicidios y las otras violencias contra los defensores han quedado impunes.

En el informe dedicado a la situación del 2021 se resalta que los llamados proyectos de desarrollo, “son parte de un sistema que genera violencia estructural, de un andamiaje jurídico que legitima la violencia para explotar a personas, pueblos y la naturaleza… En 2021 contemplamos con preocupación la multiplicación de los proyectos de desarrollo y la erosión de las condiciones bajo las cuales las personas y comunidades defensoras del medio ambiente, tierra y territorio realizan su labor”.

Pobladores del Ejido Paso de la Reina se han convertido en activistas desde que tuvieron ques enfrentarse a proyectos que amenazan al Río Verde. Foto: Cortesía COPUDEVER.

Lee más | Coloradas de la Virgen: comunidad de la Sierra Tarahumara acumula defensores asesinados y familias desplazadas ante la indiferencia del Estado

Comunidades indígenas, entre las más afectadas

Fidel Heras Cruz no solo fue el primer defensor de territorio al que le quitaron la vida en 2021. También fue el primero de un total de cinco defensores del Río Verde asesinados durante los primeros meses de ese año: Raymundo Robles Riaño, Noé Robles Cruz, Gerardo Mendoza Reyes y Jaime Jiménez Ruiz.

Los cinco vivían en Oaxaca, en una comunidad indígena con presencia de chatinos, mixtecos y afromexicanos.

El informe realizado por Cemda muestra que 41.2 % de las agresiones fueron en contra de la población indígena, en especial contra mayas, zapotecas, mixtecos e integrantes de la nación Yaqui.

Agresiones identificadas por pertenencia cultural. Gráfico incluido en el informe de Cemda.

En 2021, además, se documentó que aumentaron las agresiones directas en contra de comunidades enteras. Un ejemplo es lo que sucedió en el municipio de San Esteban Atatlahuca, Oaxaca.

En el informe se explica que en este municipio se documentaron, al menos, siete tipos de agresiones diversas —agresiones físicas, hostigamiento desplazamiento, desapariciones y probables ejecuciones extrajudiciales— entre los días 21 al 23 de octubre contra comunidades enteras que, entre otras cosas, se oponían a la tala clandestina de los bosques de la zona.

La documentación de Cemda también permite tener el mapa nacional de la violencia contra personas defensoras y ubicar que los estados que concentran el mayor número de agresiones son Oaxaca, Yucatán, Sonora, Guerrero y Morelos.

A diferencia del 2020, cuando no pintaban en el mapa de violencias contra personas defensoras de ambiente y territorio, en 2021 los estados de Sonora y Yucatán registraron 10 eventos de agresión cada uno.

En el caso de Yucatán, las agresiones —estigmatización, amenazas y procesos de criminalización— fueron en contra de personas que han manifestado su oposición al llamado Tren Maya, a las granjas porcícolas y a proyectos de energía fotovoltaica.

Casos registrados por estado. Gráfico incluido en el informe de Cemda.

Lee más | El reto de dar vida al Acuerdo de Escazú en México, un país donde se asesina a los defensores ambientales

Aumento de las desapariciones

El análisis realizado por Cemda muestra, además, que en 2021 las violencias más recurrentes en contra de las personas defensoras fueron las intimidaciones, los hostigamientos, las amenazas, las agresiones físicas y los homicidios.

Gabriela Carrión Lee, del área de derechos humanos del CEMDA y coordinadora del informe, resaltó que este año también se observó un aumento en las desapariciones. De dos casos que se documentaron en 2020, ahora la cifra se elevó a 20 personas defensoras de ambiente y el territorio desaparecidas.

Irma Galindo Barrios, defensora indígena que denunció la tala clandestina en los bosques de San Esteban Atatlahuaca, en Oaxaca, es una de las defensoras que aún están desaparecidas. La última vez que se conoció sobre su paradero fue el 27 de octubre de 2021, recordó Aurora de a Riva, codirectora de la Red Nacional de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos en México.

El informe de Cemda reporta que del total de eventos de agresión cometidos contra personas defensoras de ambiente y territorio durante 2021, el 4.63 % fue contra mujeres.

Irma Galindo está desaparecida desde el 27 de octubre de 2021. Imagen: Futuros Indígenas

Jesús Peña, representante adjunto del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos en México, resaltó que algunos de los factores que contribuyen a que el país tenga un elevado número de agresiones contra los defensores es la impunidad, pero también las “declaraciones estigmatizantes por parte de funcionarios públicos”.

El informe del Cemda se presentó una semana después de que el presidente Andrés Manuel López Obrador llamara “seudoambientalistas”, una vez más, a quienes han mostrado su desacuerdo con uno de sus proyectos emblemáticos, el llamado Tren Maya que se construye en la Península de Yucatán.

Proyectos letales

Si se analizan las causas que defendían los defensores asesinados es posible identificar lo que Gabriela Carrión calificó como los proyectos más letales: la hidroeléctrica Paso de la Reina, que se pretende construir en el Río Verde, Oaxaca; el proyecto hidroeléctrico La Parota, en Guerrero (su construcción está cancelada, pero aún es motivo de conflictos y quienes se opusieron a ella siguen siendo amenazados); el Acueducto Independencia y el tema del agua en el territorio de la nación Yaqui, en Sonora.

Como ha sucedido en otros años, la lucha contra la minería, la defensa del agua y los bosques fueron las causas más recurrentes de las personas víctimas de algún tipo de agresión.

El rechazo a la minería se observa en las paredes de Magdalena Ocotlán. Foto: Roxana Romero.
El rechazo a la minería se observa en las paredes de Magdalena Ocotlán. Foto: Roxana Romero.

Varios de los defensores asesinados ya habían vivido agresiones previas. Así sucedió con José de Jesús Robles Cruz y su esposa María de Jesús Gómez Vega, cuyos cuerpos fueron localizados el 30 de abril de 2021. Durante más de 18 años, la pareja denunció el despojo de tierras en el ejido El Bajío, en el municipio de Caborca, Sonora, por parte de la minera Penmont.

Gabriela Carrión, de Cemda, reconoció que es complicado identificar quiénes son los que comenten las agresiones contra los defensores, sobre todo por la falta de investigación e impunidad que caracteriza a estos casos.

Aun así, la información disponible permitió ubicar que en 41.7 % de las agresiones el probable agresor fue el gobierno federal, estatal o municipal; en 8.3 % fue la delincuencia organizada y en 5.6 % de los casos, se identificó a empresas privadas.

Agresiones identificadas según agente agresor. Gráfica incluida en el informe de Cemda.

Entre los asesinatos cometidos contra defensores ambientales, y en donde la delincuencia organizada aparece como presunto agresor, está el de Carlos Márquez Oyorzábal. Él fue comisariado de Las Conchitas, comunidad de San Miguel Totolapan, en Guerrero. En esa zona hay una fuerte presencia del crimen organizado que, durante los últimos años, ha hecho de la tala ilegal parte de su negocio.

Carlos Márquez formaba parte de la policía comunitaria que se creó en Las Conchitas para defender sus bosques. Quienes lo torturaron y mataron, lo interceptaron en uno de los caminos de la sierra guerrerense, al sur de México, cuando iba en una cuatrimoto con sus hijos. Su asesinato ocurrió el sábado 3 de abril de 2021.

Ilegalidades que alientan violencias

En el informe de Cemda se resalta que “la alarmante situación” de las personas defensoras de ambiente y territorio tiene un “origen multifactorial”; entre esos factores está “el actual modelo de desarrollo que privilegia las actividades extractivas sobre las formas de vida de las personas, pueblos y comunidades, con lo que se generan procesos de legítima resistencia para la protección del territorio, sus elementos naturales y, en general, sus formas de vida”.

También se destaca el papel de todas aquellas autoridades federales y estatales, encargadas de otorgar permisos y garantizar que los proyectos cumplan con la legalidad y que, al no hacer su trabajo en forma debida, “están generando que exista una mayor conflictividad socioambiental”.

Leer más | Falso que Tren Maya tenga todos los permisos de impacto ambiental, faltan del Tramo 5

Obras para la construcción del Tren maya, altura de Maxcanú, Yucatán. Foto Robin Canul

Esta situación se agravó a partir del 22 de noviembre de 2021, cuando se publicó un acuerdo presidencial con el que se declaran “de interés público y seguridad nacional” los proyectos y obras a cargo del gobierno que se consideren prioritarios y estratégicos, por lo que se instruyó a todas las dependencias a otorgar las autorizaciones necesarias —incluidas las ambientales— en un plazo máximo de cinco días.

Con este acuerdo “se negaron los derechos de los pueblos indígenas y comunidades equiparables al territorio y a la autonomía”, se destaca en el informe del Cemda.

Gabriela Carrión también mencionó que un actor importante en las violencias contra las personas defensoras es el poder judicial, porque “ha sido muy lento en resolver conflictos socioambientales, no se han resuelto los casos o, incluso, ha validado procesos penales ilegítimos en contra de personas defensoras”.

Las fiscalías, agregó, también han sido actores que favorecen las agresiones en contra de las personas defensoras de ambiente y territorio, al no investigar.

Campesinos de San Miguel Totolapan crearon una policía comunitaria para defender sus bosques. En la imagen, el primero a la izquierda es Carlos Márquez, asesinado el 3 de abril de 2021. Cortesía: Observatorio para la Paz y el Desarrollo de la Sierra de Guerrero.

Implementar el Acuerdo de Escazú

Gustavo Alanís consideró que “ante la violencia estructural y generalizada en contra de quienes defienden el patrimonio natural”, es urgente que el país cuente con “garantías efectivas para respetar y proteger los derechos ambientales”.

Para ello, dijo, es necesario que se combata la impunidad que existe en el país y que se “tome en serio el Acuerdo de Escazú para que se pase a la fase de su implementación”, para ello se tendría que tener una política pública integral de protección a los defensores, además de fortalecer con recursos y personal al Mecanismo para la Protección de Personas Defensoras y Periodistas de la Secretaría de Gobernación.

Gabriela Carrión también mencionó que es necesario que el poder legislativo modifique aquellas leyes que perjudican a comunidades y pueblos originarios, en especial la Ley Minera, vigente desde 1992 y que ha permitido que se concesione a empresas mineras territorios de comunidades indígenas e, incluso, que se tengan concesiones mineras dentro de áreas naturales protegidas.

La comunidad de Paso de la Reina a las orillas del Río Verde durante una jornada de Diálogos Interculturales por la Defensa del Territorio. Foto: Cortesía COPUDEVER.

El informe realizado por Cemda hace una serie de recomendaciones. Una de ellas es suspender aquellos proyectos en los cuales se presuma la comisión de cualquier agresión en contra de mujeres, hombres y comunidades que defienden el ambiente, en tanto no se dé cumplimiento a las obligaciones de investigación, eventual sanción y reparación de la violencia perpetrada.

Al Mecanismo para la Protección de Personas Defensoras se le recomienda realizar un diagnóstico de los conflictos socioambientales con algún tipo de agresión, para determinar la necesidad de medidas de protección individuales y colectivas.

Mongabay Latam solicitó una entrevista a la subsecretaría de derechos humanos de Gobernación para conocer su postura sobre el informe, pero no se tuvo respuesta.

Lee el artículo original publicado por Mongabay Latam aquí. 

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'Me mandaban coronas de muerto': ser trans en México, el segundo país del mundo con más agresiones al colectivo

Kenya Cuevas dice que es una sobreviviente. Ha presenciado la violencia machista en la familia, la calle y la justicia en México, así como un transfeminicidio que cambió su vida.
31 de marzo, 2022
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Ser una persona trans es difícil en cualquier parte del mundo, pero en México puede implicar la muerte.

En 2021 se colocó como el segundo país con más asesinatos de personas trans en el mundo (46 casos), solo superado por Brasil (92), según el monitoreo de la organización Transgender Europe.

Y la violencia cotidiana contra la comunidad no es menor alarmante.

Kenya Cuevas Fuentes lo ha vivido.

Desde los 9 años huyó de la violencia machista en su casa y a esa edad entró al mundo del trabajo sexual, con la explotación, violencia y consumo de drogas que conlleva.

En 2016 vivió un momento transformador de su vida al ser testigo del asesinato de una amiga, el primer transfeminicidio reconocido como tal por las autoridades en México.

Con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Transgénero, Cuevas cuenta su historia, que refleja cómo vivir como una persona trans en una sociedad transfóbica puede convertirse en un riesgo de muerte.


Soy una mujer sobreviviente.

Una mujer luchadora que ha tenido que pasar por procesos de vida difíciles, que inició su vida en una familia disfuncional, prácticamente desde que yo recuerdo.

Soy la menor de siete hermanos y ellos siempre eran violentos. Eran mucho mayores que yo y uno de ellos era alcohólico. Mi madre vivía en Estados Unidos y mi padre tenía otra familia.

Estábamos al resguardo de mi abuela materna, que nos educó con valores. Sin embargo, también había mucho machismo, poca información sobre la diversidad LGBT, no había un reconocimiento claro de la identidad de género, la expresión de género en esos años .

Y esto generaba una violencia en la que fui creciendo.

Pero las escenas importantes que yo recuerdo y que transformaron mi vida ocurrieron a los 9 años.

A esa edad mi abuela fallece de un paro cardíaco y yo siendo la menor me quedo al resguardo de mis hermanos, que eran los primeros actores de la violencia familiar. Una de mis hermanas murió y quedamos seis.

Kenya Cuevas

Mahia Mishelle

Y la violencia crecía. No me daban de comer, no me llevaban a la escuela, no me atendían. Cuando salí a buscar comida encontré un empleo y a ganar un dinero. Y al darse cuenta mis hermanos me dijeron “aquí quien trabaja da un gasto” y me quitaban mi sueldo.

Y llegó el momento en que me cansé de que mis hermanos me golpearan, me discriminaran.

“Haz lo que te pidan”

Un día me salí a caminar al centro de la ciudad, a la Alameda Central, y yo no sabía qué hacer con mi vida, pero lo único que sabía era que ya no quería regresar a mi casa, a esta violencia.

Llegó la noche, y en la oscuridad, una mujer caminó hacia mí. Yo no sabía que era una mujer trans, pero mi corazón en ese momento se identificó con esa mujer, quería ser como ella.

Me dijo “ponte a trabajar, habla con los señores de los carros y te van a llevar aquí a la vuelta, te van a pagar tanto dinero y haz lo que te pidan”. Así fueron sus palabras textuales.

Yo obedecí, hablé con uno de un carro y me llevó al hotel mientras yo le platicaba mi historia de vida, de mi mamá y mis hermanos. Lloré y lloré y le decía “yo quiero quedarme contigo”.

Trabajadores sexuales en Ciudad de México

Getty Images

Él se sorprendió pero me dijo: “No puedo llevarte conmigo. Pero te voy a dejar la habitación pagada por una semana y dinero para que comas”.

Tenía 9 años y fue mi primer cliente en el trabajo sexual. Obviamente tuve mucho dolor, fue mi primera práctica sexual y yo no sabía cómo reaccionar.

“Te vamos a arreglar”

Me di cuenta que era un hotel que hospedaba a mujeres trans que ejercían el trabajo sexual.

Todo el tiempo las mujeres vivimos violentadas también en un tema de vivienda, porque la gente que renta departamentos no nos acepta y eso hace que los hoteles sean como nuestra residencia.

Les decían “vestidas”, porque en ese momento “trans” no existían.

Me acerqué a una y le dije “yo quiero ser como tú”, y con el dinero que había ganado me llevaron a un local de pelucas y accesorios de todos colores y sabores.

Compramos una peluca, pestañas, maquillaje, de todo. Yo estaba muy emocionada y me empezaron a arreglar. Y recuerdo una frase que fue muy tajante: “Esta es la primera y la única vez que te vamos a arreglar. Si tú no aprendes es por pendeja”.

Puse muchísima atención y fue el primer momento en que pude arreglarme, con esta figura arreglada, afeminada.

Me quedé contemplando el espejo, pues fue uno de los momentos más felices de mi vida porque logré identificarme y verme realmente como esa mujer que vivió engañada y encerrada en un cuerpo varonil.

Kenya Cuevas

Mahia Mishelle

Y me dijeron “vámonos a trabajar, porque ya te acabaste tu dinero y qué vas a comer mañana”.

“Me quedé en la calle”

Me presentaron con una madrota, a quien le dijeron que yo era menor de edad: “Es nuestra hija”.

Y recuerdo muy bien que Angélica, como se llamaba, respondió: “Pues a mí me vale madre si es menor de edad o no, a mí que me den mi renta de 1,500 pesos y que se ponga a trabajar”.

Era uno de los puntos “permitidos” para el trabajo sexual en Ciudad de México.

Todo el mundo quería irse conmigo y me iba muy bien. Muchos años después entendí por qué: era una niña de 9 años. Por obvias razones llegué a tener una clientela alta.

Ya cuando pasó la “novedad”, bajó el trabajo, pero entonces encuentro otra parte del trabajo sexual. Y es que hay otros clientes que buscan una compañía para consumir sustancias, tener fiestas.

Y si no le entras a ese tipo de dinámicas, no trabajas.

Yo seguía siendo una niña con mucho resentimiento, con mucho dolor, mucho sufrimiento real. Y fui presa fácil de las drogas, de esa puerta falsa.

Trabajadores sexuales en Ciudad de México

Getty Images

Eso fue deteriorándome. Ya no pagaba la renta, ya no comía, todo me lo chingaba en la droga. Perdí todo y me quedé en la calle.

Eso me llevó a vivir 20 años de mi vida en esas condiciones. Limpiando parabrisas, viviendo en los parques. Cuando alguien me llevaba al hotel, era mi oportunidad de bañarme y lavar mi ropa.

En todo ese proceso viví mucho en las drogas. Y a pesar de entrar a rehabilitación, la abstinencia me hacía caer de nuevo al consumo, además de que no había una comprensión por mi identidad de género y no me permitían ser yo.

Al llegar a la mayoría de edad, como eran programas para menores, ya no me permitían el acceso. Tenía que pedir monedas en la calle o a mis conocidas.

“Los custodios me vendían”

Después de 20 años de esta vida, un día en 1999 llegué a comprar droga a un picadero. Y ahí de pronto tiran la puerta y gritan “¡policía judicial!”

Nos tiran al suelo y la vieja que vendía la droga la avienta a un lado mío.

“¿Desde cuándo vendes?”, me preguntó un policía. “No, pues yo no vendo, jefe, vine solo por mis piedritas”, le dije.

Me mandaron a la cárcel por “posesión, distribución y venta de cocaína” que entonces era mucho más penado.

En el Reclusorio Norte violentaban a las mujeres trans. A mí me llegaron a violar. Los custodios me vendían con internos para sus fiestas y orgías nocturnas de las personas que realmente vendían droga y secuestraban y tenían mucho dinero.

Reclusorio Norte de Ciudad de México

Getty Images

Ahí las personas trans teníamos que satisfacer a muchas personas.

Y un día me peleé con un interno que me quería violentar. Tenía una navaja, pero logré quitársela y se la enterré en el estómago. Y eso motivó a que me trasladaran al penal de Santa Marta Acatitla .

Salí después de 10 años y tres rebajas de sentencia.

Un juez determinó mi absolución del delito porque consideraba que yo no había sido la responsable de las sustancias que habían encontrado. Me dicen “gracias por participar, uste no fue, discúlpenos”.

“Ese día cambió mi vida rotundamente”

Ya había dejado las drogas y al salir me empiezo a capacitar en un proceso de aprendizaje, en la promoción contra el VIH y empiezo a dar consejería, aplicación de pruebas. Y empiezo a aplicar esto con las trabajadoras sexuales, que eran mis compañeras.

Empecé a encontrar que muchas trabajadoras sabían desde hace mucho tiempo que tenían VIH pero no se habían atendido. Otras que ni se imaginaban que vivían con VIH. Las que decían que sí les daba miedo pero no usaban protección.

De 2010 a 2016 me profesionalicé en estos acompañamientos de activismo que realizaba aunque no fuera visible porque lo hacía entre el trabajo sexual. Me decía “que lo que haga mi mano derecha no lo sepa la izquierda”.

Al llegar el 30 de septiembre de 2016, ese día cambió mi vida rotundamente.

Fui testigo del transfeminicidio de Paola Buenrostro, mi amiga, una mujer trans de 24 años que fue asesinada. Era mi compañera desde hacía muchos años en el trabajo sexual.

Varias rechazamos a un sujeto que solicitó servicio sexual, pero Paola aceptó subirse al vehículo y cuando avanza unos pocos metros, escuchamos gritos de auxilio: “¡Kenya, Kenya!”

Vi cómo forcejeaban y escuché tres detonaciones de armas de fuego.

Me quedé impactada, no me podía mover. Y él al darse cuenta de que vi todo, me miró fijamente a los ojos, me apuntó con el arma y accionó el gatillo.

Una ofrenda para Paola Buenrostro

Getty Images

Todavía claramente tengo la imagen de su dedo jalando el gatillo, pero no sale la bala porque el arma se encasquilló. Así que pude detenerlo.

Llega una patrulla y lo detienen en flagrancia, con mi amiga agonizando, con el arma en la mano. Y yo grabé un video que publiqué poco después.

Pero entonces nos encontramos con un sistema discriminatorio, violatorio de derechos humanos, de no acceso a la justicia y criminalizante de las mujeres trans y el trabajo sexual, por sus propios prejuicios y creencias y posturas políticas.

Me negaron el acceso al caso porque dijeron que no era testigo sino una “curiosa” en el lugar.

Me las arreglé para tener un documento de acceso a una audiencia y cuando el juez preguntó si había un testigo, el Ministerio Público me dijo “te invito a que te vayas para que no contamines la audiencia”.

Una ofrenda para Paola Buenrostro

Getty Images

Yo sin saber de leyes, sin saber leer ni escribir, pero confiando en las autoridades y pensando que el hombre fue detenido en el lugar de los hechos, pensé que lo iban a tener en la cárcel.

Pero el juez lo dejó en libertad porque el Ministerio Público no llevó pruebas.

Amenazamos al fiscal y nos entregaron el cuerpo. Lo llevamos a la avenida Insurgentes y su ataúd lo pusimos ahí.

Fue nuestra manera de gritarle a la sociedad que a las mujeres trans nos mataban y a nadie le importaba, que a las mujeres trans no nos reconocían, nos violentaban, no nos daban oportunidades laborales, ni de salud, ni de vivienda, ni de derechos humanos.

Una protesta por el caso Paola Buenrostro

Getty Images

Pareciera que todo el mundo tiene la autorización de golpearnos y violentarnos. Y eso fue un impacto ante los medios de comunicación.

Entonces fue que empezó toda una lucha de visibilidad.

La Casa de las Muñecas Tiresias

Empezamos a exponer este problema sistemático e institucional en todos los procesos de nuestra vida. Cómo ya hemos normalizado la violencia en nuestras vidas, interiorizándola y llevándola hasta con nuestras propias pares.

Y al mismo tiempo de alzar la voz, empecé a recibir amenazas de muerte por el activismo. Me mandaban coronas florales de muerto, me llamaban para decirme que me iban a matar.

Tuve un atentado en 2017, ingresaron a mi domicilio y ahí mataron a una compañera. Tras esto me negaron la protección como activista y defensora de derechos humanos.

Pero con la insistencia en las denuncias es como hemos logrado que el de Paola Buenrostro fuera reconocido como el primer transfeminicidio de la historia de México.

Un acto de disculpas de la Fiscalía por el caso Paola Buenrostro

FGJCDMX
La Fiscalía de Ciudad de México pidió perdón en 2021 por las omisiones en el caso de Paola Buenrostro.

Es la expresión más violenta que pueda experimentar un ser humano, el transfeminicidio, por la modalidad en cómo nos asesinan.

A partir de entonces fundamos la Casa de las Muñecas Tiresias.

Es una organización sin fines de lucro que da acompañamiento integral para los procesos de identidad, salud, trabajo, vivienda, derechos humanos. De todas las personas diversas y todas las personas que se encuentren en situación de vulnerabilidad: personas de la calle, consumidores de sustancias, trabajadores sexuales, personas con VIH y todo el colectivo LGBT.

Brindamos un albergue para que las mujeres vivan un proceso de deconstrucción y construcción y así mismo de reconocimiento de los derechos propios y que se construyan académicamente y profesionalmente para colocarse en la sociedad.

También nos ocupamos de recuperar los cuerpos de las mujeres que mueren en situación de violencia extrema, para darles cristiana sepultura.

Una actividad en la Casa de las Muñecas Tiresias

CAMTAC

El activismo que hacemos se ha convertido en uno de los más reconocidos del México, pero no solo defendemos a las personas trans, sino que en cualquier causa contra la discriminación ahí va a estar la Casa de las Muñecas Tiresias.

Es parte de un trabajo de responsabilidad y de reconocimiento y de gestión que inició la noche del 30 de septiembre de 2016, cuando mataron a Paola Buenrostro.

“Es algo que te impacta para toda la vida”

Encontrar tu identidad sexual en un entorno incomprensivo es algo que te impacta para toda la vida.

Cuando no se tiene un acompañamiento ni un reconocimiento de esa identidad, lo que hacemos es salir a buscar el lugar donde nos sintamos seguras, donde sí nos identifiquemos.

Es a lo que nos orillan a hacer a las mujeres trans. Salimos de nuestras casas a temprana edad, a vivir la violencia que acabo de relatar.

Lanzan a estas mujeres a la discriminación, a que su expectativa de vida sea de 35 años por la violencia extrema a la que se enfrentan en espacios donde sí son aceptadas como el trabajo sexual, las drogas y los lugares en donde no hay ninguna formación.

Una actividad en la Casa de las Muñecas Tiresias

CAMTAC

¿Qué le diría a un niña que está en este reconocimiento? Que siempre luche por lo que quiera ser. Que no haga lo que los demás quieran que haga. Todo lo que se imagine puede ser real.

Si tú lo imaginas y lo quieres en tu vida, va a ser real. No va a haber ningún impedimento para que tú lo logres.

Sí creo que en México hemos avanzado mucho.

Antes la causa no era visible, no era acompañado de las autoridades, y la comunidad trans estaba más segregada dentro de la comunidad LGBT.

Tras el asesinato de Paola Buerostro fue visible ante la sociedad, los medios, las autoridades y la academia y se ha logrado ante todos los contextos que se requiere inclusión de todas las comunidades poco favorecidas.

A quienes aún sienten transfobia les digo: dense la oportunidad de conocer a personas trans, a personas diversas.

Mujeres trans de Ciudad de México

CAMTAC

Dense cuenta que somos personas que reímos, que cagamos, que sentimos y que lloramos, igual que ellos.

No sean generadores de violencia a través de la ignorancia. Y prepárense para enfrentarse a sí mismos, deconstruyan sus prejuicios, para que no generen ni discursos ni violencia ni odio.

Yo soy una mujer libre y como otras trans, nos podemos desenvolver en cualquier ámbito social, económico, laboral, comunitario, sin problemas.

Y como siempre digo: nuestra mayor venganza es que seamos felices.


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