Refugio para mujeres trans en CDMX, en riesgo de cerrar
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Refugio para mujeres trans en situación de calle en CDMX, en riesgo de cerrar

Además de ser refugio, alfabetizan a mujeres trans y trabajadoras sexuales, y les brindan talleres psicoeducativos en los que se fomenta la autonomía. También dan acompañamiento en procesos de obtención de documentos de identidad.
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28 de abril, 2022
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Desde hace dos años, Victoria recibe a mujeres trans en situación de calle en su departamento, ubicado en el centro de la Ciudad de México. Sin haberlo planeado, se convirtió en un refugio en medio de la crisis por la pandemia de COVID-19, y ahora se encuentra en riesgo de cerrar sus puertas, por falta de recursos y porque ya no les quieren rentar el espacio en el que se ubican actualmente.

“Estamos viviendo en un pequeño departamento que no está acondicionado para ser refugio, pero lo hemos utilizado para recibir hasta 10 o 12 personas al mismo tiempo. Yo rentaba aquí desde hace 4 años, pero el dueño se enteró del trabajo que estamos haciendo y dio por terminado el contrato. Me dijo que no va a renovarlo porque prefiere venderlo”, cuenta Victoria Romero, coordinadora de la colectiva Lleca-escuchando las calles.

La petición de desalojar el departamento llegó luego de diversas agresiones verbales y amenazas por parte de vecinos inconformes con la presencia de mujeres trans y trabajadoras sexuales en el inmueble.

“Un espacio seguro”

El proyecto comenzó al inicio de la pandemia. Victoria cuenta que un día caminando por el centro de la ciudad se encontró con una persona en situación de calle que le contó su historia. Era un hombre originario de Puebla que llevaba 4 años fuera de su casa, de donde su familia lo corrió por ser homosexual y nunca creyeron cuando les contó que había sido víctima de abuso sexual por parte de uno de sus tíos.

Al conocer su historia, Victoria se ofreció a apoyarlo a buscar un albergue y consiguió que fuera ingresado en un centro de la Ciudad de México. “Pero me quedé pensando en su historia”.

Victoria es vecina de la zona cercana a los metros Revolución e Hidalgo, en la que existe presencia de trabajadoras sexuales, muchas de ellas mujeres trans, quienes no dejaron de trabajar incluso en el momento más peligroso de la pandemia.

Consciente de la situación precaria en la que viven, y de los riesgos que enfrentaron en plena pandemia, Victoria comenzó a acudir a socializar con ellas y apoyarlas con condones y toallas sanitarias. Desde entonces, trabajadoras sexuales y mujeres trans en situación de calle la esperan cada martes afuera de metro Revolución para recibir su apoyo.

“Fue así que las conocí y me contaron sus historias. Entonces entendí la problemática de los albergues de la Ciudad y las pésimas condiciones que tienen, que hay discriminación hacia personas de la diversidad sexual. Y de un momento a otro todo se fue dando, comenzaron a llegar a mi departamento y creció el número de personas que buscan nuestro apoyo”, explica Victoria.

Además de ser refugio, alfabetizan a mujeres trans y trabajadoras sexuales, y les brindan talleres psicoeducativos en los que se fomenta la autonomía. También dan acompañamiento en procesos de obtención de documentos de identidad, pues en muchos casos las usuarias no cuentan con acta de nacimiento ni otro tipo de identificación.

La colectiva Lleca-escuchando las calles actualmente está integrada por cinco voluntarias y psicólogos que prestan sus servicios gratuitos en algunas ocasiones. En este momento, alojan a cinco mujeres trans en situación de calle, una de ellas migrante de Guatemala.

Kailani llegó a la Ciudad de México hace solo dos días. Cuenta que huyó de Guatemala por la discriminación y la violencia que sufría por ser una mujer trans. En cuanto pudo, se comunicó con Victoria por recomendación de una amiga que también migró desde su país en busca de mejores condiciones de vida, y que recibió apoyo de Lleca-escuchando las calles para conseguir documentos que le permitieran llegar hasta la frontera con los Estados Unidos.

La coordinadora de Lleca-escuchando las calles destaca que la importancia de la labor que realizan está en que “no somos un albergue, sino un espacio seguro”, en el que no se obliga a las personas a permanecer encerradas, y por ello en ocasiones solo acuden a bañarse, comer, dormir algunas horas o, en el caso de mujeres trans migrantes, mientras esperan que se autoricen los documentos que les permitan continuar su camino rumbo al norte.

“No condicionamos su estancia, por eso decimos que somos un espacio seguro. Algunos solo lo necesitan un rato y se van de nuevo a habitar espacios públicos. Somos conscientes de que trabajamos con población callejera y somos respetuosas de ello, que hay personas que deciden estar en situación de calle y así se sienten bien y seguras. Otras vienen de paso y tienen otros proyectos, así que solo siguen su camino”, detalla Victoria.

Rechazo y discriminación

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Cultura Cívica, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2020, a nivel nacional 20.7% de personas que se identificaron como hombres trans dijeron haber sido discriminadas por su orientación sexual. En el caso de las mujeres trans, el 15.2% dijo haber vivido discriminación.

Por su parte, el 23.3% de personas identificadas como gays y lesbianas, dijeron haber sido discriminadas por su orientación sexual, cifra que contrasta con el 1.7% de las que se identificaron como heterosexuales que reportaron haber vivido este tipo de discriminación.

En la misma encuesta, el 26% de la población total del país dijo que no rentaría un cuarto de su vivienda a una persona con VIH o SIDA, y el 23.8% respondió que no tendría como inquilina a una persona gay o lesbiana.

Gracias al trabajo que realiza con Lleca-escuchando las calles, Victoria ha sido testigo de cómo afecta a la vida de las personas LGBTQA+ el rechazo de sus familias y de la sociedad.

“En las calles de la Ciudad de México hemos encontrado a mujeres trans que vienen desde otros estados u otros países en busca de mejores oportunidades. Vienen acá porque tienen la idea de que hay más apertura, menos discriminación… sin embargo, al paso del tiempo se encuentran con la misma situación de la que vienen huyendo”, lamenta Victoria.

Por eso, destaca que parte de la labor que realizan en Lleca-escuchando a las calles está enfocada en el restablecimiento del tejido social y el fortalecimiento de las redes de apoyo de las personas de la diversidad sexual que llegan con ella.

Para continuar con esta labor, Lleca-escuchando las calles lanzó una campaña para recabar recursos que les permitan rentar un nuevo espacio en el cual puedan continuar dando refugio a mujeres trans en situación de calle, así como continuar con las actividades educativas, de apoyo emocional y de salud sexual que vienen realizando con varias trabajadoras sexuales.

Con los recursos que se recaben, también iniciarán los trámites para constituirse formalmente como una asociación civil, lo que les permitirá acceder a apoyos del gobierno. Mientras tanto, continuarán trabajando con donativos y de manera voluntaria, “porque entendemos la situación que se está viviendo en las calles, que no podemos dejar así a las personas que necesitan la ayuda”.

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"No soy yo, es mi tiroides": la montaña rusa emocional de las mujeres con problemas hormonales

Esta glándula es "la batería" del cuerpo y provoca síntomas, muchas veces ignorados o mal diagnosticados, tanto si funciona mucho como si funciona poco. El 80% de las personas que sufren estos síntomas son mujeres.
7 de abril, 2022
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Quiero acostarme con mi pareja, pero mi libido dice no. Quiero levantarme pronto, hacer mil cosas, pero ya no puedo hacer las cosas como antes. Quiero leer un libro, pero la neblina mental lo impide. Quiero estar tranquila, pero algo me hace gritar al que tengo enfrente, patalear, rabiar. Quiero bajar de peso, lo intento, me esfuerzo, pero no puedo. Quiero estar feliz, tengo motivos, pero algo, como un succionador de energía y alegría se interpone. Quiero bajarme de esta montaña rusa de síntomas y emociones.

Laura, Eirene y Loreta viven en países tan dispares como Chile, España y Croacia, pero, según cuentan a BBC Mundo, el párrafo anterior resume buena parte de lo que han vivido en los últimos años. También pasaron por un largo camino hasta dar con lo que tenían.

“Con 17 años empecé a tener síntomas locos. Vértigos, un zumbido en el oído, me sentía muy mal al entrenar. Pensaban que era epilepsia. Después de medio año de pruebas, vieron que era la tiroides”, cuenta Loreta.

El caso de Eirene empezó por problemas estomacales en 2009, endoscopias, gastroscopias, colonoscopias, una doctora que le dijo que se estaba inventando una enfermedad, hasta que, en la década siguiente, le dieron su diagnóstico.

Laura escuchó cómo un médico le decía que estaba gorda porque “los venezolanos lo están porque comen muchas arepas” y ha visto a siete u ocho médicos para encontrar un tratamiento que no le suponga un shock hormonal.

Las tres tienen hipotiroidismo autoinmune.

Una mariposa que controla tu energía

La tiroides es una glándula con forma de mariposa ubicada en el cuello. Su trabajo es producir hormonas esenciales para ayudar al cuerpo a usar energía, mantenerse caliente y mantener el funcionamiento correcto del cerebro, corazón, músculos y otros órganos.

Doctora inspecciona el cuello de una mujer

Getty Images
El hipotiroidismo es más frecuente y está infradiagnosticado

“Es como la batería del cuerpo. Si funciona mucho o poco, hay síntomas”, cuenta a BBC Mundo la endocrinóloga Paloma Gil. Si funciona poco, aparece el hipotiroidisimo y se siente “como un juguete al que se le acaban las pilas, se cansa más fácilmente“; si funciona demasiado, se produce hipertiroidismo y la persona puede estar “como si alguien le huiera dado una dosis extra de cafeína, acelerado”.

Ambos, hipo e hipertiroidismo, tienen multitud de sintomas: caída de pelo, pérdida de energía, cambios de humor repentinos, pérdida o ganancia de peso, cambios en la menstruación, en la piel, olvidos y neblina mental.

“El problema es que son inespecíficos”, comenta el doctor Francisco Javier Santamaría, miembro de la Sociedad Española de Endocrinología. Por ejemplo, en el caso del hipotiroidismo “se puede confundir con tener una mala racha o una depresión”.

El hipotiroidismo es más frecuente y, cuenta Santamaría, está infradiagnosticado. “La incidencia es de más o menos un 10% de la población que la sufre. La mitad de ellos no está diagnosticado”. Es una dolencia principalmente femenina: “El 80% de las personas que padecen de tiroides son mujeres”.

“No somos un órgano separado de un cuerpo”

Un tratamiento muy habitual es la levotiroxina, una pastilla que regula el desajuste de la tiroides. “Una vez que se ponen las hormonas bien se puede hacer una vida normal“, explica la doctora Gil.

Dubujo de dos personas que cargan un celular con muy poca batería

Getty Images
Muchas mujeres con hipotiroidismo aseguran que se cansan mucho y se les hace difícil estar al 100 %

Pero no ocurre así con Loreta, Eirene y Laura, que, aunque están bajo control médico y con tratamiento, siguen teniendo síntomas.

“A veces estoy deprimida, todo te cansa mucho. Es difícil combinar esta enfermedad con el ritmo de vida actual”, se queja Loreta, mientras que Laura, una persona muy activa, tiene días que debe trabajar tumbada en la cama. “Trato de hacer todo lo mejor que puedo, sin presión. Pero es muy difícil estar bien a 100%”, añade Eirene.

Loreta ha visto su condición agravarse, tiene nódulos y puede que le extirpen parte de su tiroides. “El médico (el actual) me dijo que había cosas que me pasaban, como no poder enfocarme, no poder mantener una conversación, eran por esto. Siempre me digo ‘yo no soy así. Es mi tiroides'”.

“Normalmente la mayoría de los pacientes, el 80 o 90% se normaliza. Pero hay casos que no llegan a estar 100% normal”, apunta el doctor Santamaría.

“Hay casos que son más complejos. La mayor parte de los hipotiroidismos son de tipo autoinmune y, aunque tomes medicación, esta autoinmunidad sigue afectando a otros órganos”, sostiene el doctor Santamaría.

Esto significa que nuestro sistema acaba atacándose a sí mismo. “Produces anticuerpos y atacas a otras cosas, vas contra el folículo del pelo, te da vitíligo, problemas en el intestino…”

Además, apunta Santamaría, la hormona tiroidea afecta a todo, incluso al sistema nervioso: “Hay mucha labilidad emocional, irritación. Aunque hayas corregido la tiroides, puede persistir esa clínica (síntomas).

En definitiva, muchos pacientes no encuentran respuestas.

Un camino autodidacta

Las tres pacientes entrevistadas por BBC Mundo acusan que el problema es que no hay tantos médicos actualizados ni tampoco hay un tratamiento integrativo de la tiroides. “Todo está relacionado, no somos un órgano separado del cuerpo”, dice Eirene.

Loreta, Eirene y Laura sintieron que no estaban recibiendo todas las respuestas que necesitaban. Las tres emprendieron un camino autodidacta de libros, videos, cursos, lleno de informaciones contradictoriasy soluciones a base de ensayo-error.

Las tres acudieron a algo que, saben, es un privilegio: un médico privado que les dedique más tiempo y les lleve su control rutinario. Y tanto Laura como Eirene, acudieron específicamente a especialistas en medicina integral para que revisaran todos su síntomas y los trataran en conjunto.

Una mujer apoya su cabeza sobre su escritorio

Getty Images
Quienes llegan a la consulta de la doctora García aseguran que “quieren llegar a todo” y no pueden

Isabel García es médica especialista en endocrinología y nutrición con una visión integrativa. Asegura que a su consulta acuden muchas personas cansadas de dar vueltas y “dañadas por médicos a los que dicen que no se encuentan bien a pesar de que las analíticas aparezcan correctas. Ahí hay otras cosas que evaluar”.

“Las enfermedades tienen una causa, una raíz. Muchas veces no se solucionan con solo una pastilla. Hay que ver a la persona”, sostiene García y apunta que un problema es que en las facultades y en las consultas médicas “no se habla del componente emocional ni de la importancia de la alimentación y los hábitos”.

Una pequeña guía

Los tres especialistas consultados advierten que, en ningún caso, se debe tomar medicamentos o suplementos sin supervisión médica.

La doctora García promueve en su consulta la eliminación de los tóxicos, que puede ir desde algunos empastes dentales que contienen mercurio hasta reemplazar los túper de plástico por otros de cristal o los jabones líquidos por pastilla. Esto son cambios que, por el ritmo de vida, las condiciones económicas, el contexto social que se tenga no están siempre al alcance de todos.

Pero también propone cambios en la alimentación mucho más asequibles, como eliminar el azúcar y los ultraprocesados y todo aquello que considera inflamatorio, como el gluten o la leche de vaca, además de tomar el sol, esencial para la vitamina D, así como hacer ejercicio de fuerza “pero poco a poco, porque el ejercicio es algo que estresa mucho al cuerpo”.

Una mujer medita sentada en el suelo

Getty Images
El autoconocimiento, meditar y ser autocompasiva puede ayudar a llevar una enfermedad autoinmune

Por la tipología de mujeres que llegan a su consulta -“mujeres de mediana edad, que quieren llegar a todo y no les da la vida, con una carga mental y emocional fuerte”- García recomienda pequeños gestos diarios: dormir sin el teléfono móvil en la habitación, disminuir el consumo de internet, delegar y decir que no, hacer algo a nivel personal que nos motive, como meditar, ir a terapia, aprender a gestionar nuestras emociones y conectar con una misma.

“Cambiando algo de la dieta y bajando el estrés, los cambios son espectaculares”, observa la doctora García.

Conocerse mejor y ser autocompasiva

Eirene, Loreta y Laura coinciden en un proceso que califican de esencial: autoconocimiento.

“Es clave saber cuándo algo es molestia mía y cuándo son las hormonas”, dice Laura. “Conócete, escribe cada vez que sientas un cambio de humor, aprende de la enfermedad. Si no te conoces, no sabes si el casancio lo tienes porque sí, la semana estuvo fuerte, o porque hay algo yendo mal”.

También es esencial buscar redes de apoyo y explicar a nuestro entorno el problema. “Hay mucha incomprensión. Eres la floja, la rara que come raro, que no bebe alcohol”, explica Eirene, quien modificó radicalmente su dieta y estilo de vida eliminando todos los tóxicos posibles e inlcuyendo una dieta antiinflamatoria.

Laura agradece que apareciera su hipotiroidismo para darle la oportunidad de mirar hacia adentro. Y aconseja: “Esto es una enfermedad silenciosa, pero quien te grita es tu cuerpo. Escúchalo, abrázalo, sé comprensiva contigo misma y, es clave, ten autocompasión”.


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https://www.youtube.com/watch?v=8B-mGZ9rNPk&list=PLLhUyPZ7578eok-8–DpsTmkXaK8WZokl&index=26

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