Hospital de Tlacoapa prometió atención pero carece de especialistas
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FOTOS: Amílcar Juárez

El hospital de Tlacoapa, Guerrero, abrió para atender a una de las zonas más pobres, pero carece de especialistas y medicinas

El Hospital Básico Comunitario de este municipio de Guerrero solamente tiene un reducido personal de salud, que enfrenta la tarea de atender a más de 10 mil pobladores y comunidades vecinas.
FOTOS: Amílcar Juárez
Por Amílcar Juárez / Amapola Periodismo
23 de mayo, 2022
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Al bajar hacia el municipio me’phaa de Tlacoapa, en La Montaña de Guerrero, sobresalta una construcción blanca de dimensiones considerables que contrasta con el resto del poblado.

Se trata del Hospital Básico Comunitario anunciado con el eslogan de “llevar atención médica y medicamentos gratuitos” a una de las regiones más pobres del país.

Tlacoapa cuenta con una población de 10 mil 092 habitantes en su mayoría hablantes de su lengua originaria, el 95%, mientras que 30% no habla español. Del total de residentes, 4 mil 405 viven en pobreza moderada y 5 mil 201 en pobreza extrema, según datos de la Secretaría de Bienestar.

Para 2020, la población no contaba con alcantarillado y 19.1% no contaba con baño.

El tema de salud es una constante para la población. En 2013, el Hospital Básico Comunitario que operaba en el municipio quedó afectado por la tormenta tropical ‘Manuel’ y el huracán ‘Ingrid’.

Desde 2015, se prometió un nuevo inmueble ubicado en un lugar más apto para su logística: la construcción duró todos estos años. Mientras esto ocurría, ante la necesidad de los pobladores por recibir atención médica, se adaptó la comisaría de Bienes Comunales pero las condiciones no eran las adecuadas para una hospitalización o un parto.

El Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) invirtió 70 millones de pesos en la rehabilitación de este hospital, que está diseñado para atender a los 10 mil habitantes de Tlacoapa y los de 60 comunidades circunvecinas.

Pero la realidad dista mucho de las estadísticas del Insabi, pues la falta de médicos especialistas y medicamentos mengua la atención a la población.

Resguardado por dos ambulancias, en el acceso principal del edificio, en la banqueta, un grupo de personas cruza algunas palabras y luego se hace el silencio: esperan la recuperación de su familiar, una mujer que un día antes entró en trabajo de parto.

Quienes atienden los partos en el hospital son médicos generales, no hay especialistas. Uno de los médicos comenta que en 2006 llegaron dos especialistas, un pediatra y un anestesiólogo. El segundo no podía hacer nada, pues no había cirujanos ni equipamiento para intervenciones. Después de un tiempo, ambos se fueron.

Como es fin de semana, solo se encuentra el personal de guardia, que consta de una enfermera, un médico en urgencias y un médico de consulta interna, para los 10 mil 092 habitantes.

Una pobladora comentó que, aun cuando reciben atención médica, ellos tienen que hacerse cargo de la compra de la medicina, pues la farmacia del hospital no cuenta con los medicamentos básicos como naproxeno, paracetamol o diclofenaco.

Un traslado de urgencia a Tlapa en carro particular cuesta desde 2 mil pesos, expresó la mujer. Ante la ausencia de especialistas, en caso de un accidente grave nada se puede hacer en el lugar.

Esto, sin contar que el personal administrativo, parte del personal médico y el director trabajan solo de lunes a viernes, lo que ya es una tradición de todo el personal de salud que labora en la región y complica traslados a hospitales de tercer nivel, reconoce uno de los médicos.

Existen cinco enfermeras, de las cuales tres son de Tlacoapa y hablantes del me’phaa y fungen como traductoras cuando las personas no hablan español.

Un trabajador declara que reciben indicaciones de mostrar un hospital como uno de segundo nivel, pero en la práctica para ello se requiere de ginecólogos, pediatras, internistas y cirujanos.

“Desde hace un año se entregó una solicitud para pedir especialistas pero no ha llegado”, dice.

Estos problemas administrativos, sumados a la alimentación de la mayoría de los habitantes, generan un problema mayor.

Desde junio del año pasado, cuando el Insabi publicó una convocatoria para contratar a cinco especialistas (pediatría, ginecología, cirugía general, anestesiología y medicina interna), ninguna vacante ha sido ocupada.

El exjefe de la Jurisdicción Sanitaria de la Secretaría de Salud en La Montaña, Marcelino Milán Rosete, asegura que los médicos especialistas se niegan a cubrir una plaza en los ocho hospitales básicos comunitarios de esa zona marginada por el bajo salario que se les ofrece.

Unión de las Peras, una pequeña comunidad de 300 habitantes pertenecientes al municipio de Malinaltepec, enfrenta un problema similar: existe una unidad de salud con tres consultorios, una sala de recuperación y farmacia, camas médicas, escritorios, básculas, estetoscopio y baumanómetro, pero no hay médico ni enfermera.

Marisol, una mujer me’phaa de unos 30 años, es quien cuida el lugar y funge como regidora de salud. Fue nombrada en la asamblea general de la comunidad. Dice que le agrada atender a la gente y que le hubiera gustado estudiar enfermería, pero la situación económica se lo impidió; además, la cirrosis hepática que sufrió su padre lo complicó más.

Quienes le han explicado sobre los medicamentos con los que cuenta la farmacia son médicos de brigadas que van esporádicamente al pueblo a dar consultas.

“Estaba viniendo una enfermera que pagaba el presidente municipal, pero como se le redujo el salario ya no le convenía y consiguió trabajo fuera”, dice.

La unidad médica de dos plantas luce vacía en la planta baja, solo una silla aguarda en su interior.

Hospital

Jaime Bruno, quien es el segundo comisario, dice que la situación es muy lamentable pues en caso de alguna urgencia una persona se tiene que trasladar hasta Tlapa, porque ir a Malinaltepec es encontrarse, tal vez, con una situación similar en el hospital.

Las enfermedades más emergentes en la comunidad son la diabetes mellitus y la hipertensión y no hay especialistas cercanos, lo que provoca que la población deba viajar a Tlapa o hasta Puebla.

Los habitantes esperan que, con la nueva estrategia planteada por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, de traer médicos cubanos para ir a los lugares más apartados, estos puedan llegar a instalarse en su unidad médica.

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#TheatreCapChallenge, la sencilla idea que "está salvando vidas" en las salas de operación

Cuando el británico Rob Hackett apareció en el quirófano con su nombre y profesión escrito en el gorro, recibió varias burlas. Pero esa sencilla medida ayuda a disminuir lo que es la tercera causa de muerte en Estados Unidos: los errores médicos.
31 de mayo, 2022
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“¿Acaso no puedes recordar tu nombre?”, solían decirle los colegas de Rob Hackett en broma.

Era fines de 2017 y el anestesista británico había decidido empezar a ingresar a las salas de operaciones con su nombre y profesión escritos en el gorro, algo tan vistoso que era ineludible para sus colegas.

Y esa era justamente la idea: que lo detectaran y leyeran con facilidad.

Un año y medio después, su iniciativa #TheatreCapChallenge (“desafío del gorro de quirófano”) se volvió viral y, según Hackett, ya está salvando vidas.

“Desde hace más de 10 años que me enfoco en mejorar la seguridad de los pacientes”, cuenta el médico a BBC Mundo desde Sídney (Australia), donde vive desde hace dos décadas.

Su interés en el tema comenzó tras presenciar la muerte de una madre joven por una serie de “peligros que aún existen”.

“Soy consciente de que otra gran cantidad de personas continúa muriendo innecesariamente por estos mismos problemas”, dice el anestesista.

Esos “peligros” o “problemas” se llaman errores médicos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los errores médicos son la tercera causa de muerte, según un estudio realizado por la Universidad Johns Hopkins y publicado en la revista British Medical Journal en 2016.

Principales causas de muerte en EE.UU.. . .

Y, de acuerdo con la última guía para cirugías seguras de la Organización Mundial de la Salud, la comunicación es la raíz de 70% de los “miles de eventos adversos reportados (dentro de los quirófanos) entre 1995 y 2005” .

Hackett ha sido testigo directo o indirecto de todo ello.

Durante sus 12 años como anestesista, ha sabido de estudiantes a los que piden que terminen una operación porque los confunden con novatos en fase de entrenamiento.

O pacientes que sufren infartos porque no recibieron la compresión torácica (maniobra de primeros auxilios) a tiempo por la sencilla razón de que nadie en la sala quirúrgica se dio por aludido cuando se dio la orden.

Así que se propuso buscar medidas para cambiarlo.

#TheatreCapChallenge

“Conocí la llamada ciencia de los factores humanos a principios de 2015 y el tema me motivó aún más después de asistir a una serie de presentaciones del experto en seguridad médica (Rollin) ‘Terry’ Fairbanks”, cuenta Hackett.

Médicos operando.

Getty Images
La comunicación dentro de la sala de operaciones es la raíz del 70% de los “eventos adversos”, dice la OMS.

Fue en esa época que intentó introducir en la sala de operaciones lo que definió como “otra iniciativa obvia de seguridad”: “Fui sometido a intensas amenazas e intimidaciones por parte del personal de mayor jerarquía dentro de uno de mis propios hospitales”.

“Tal vez fue entonces cuando me di cuenta de que había pocas posibilidades de cambio y mejora dentro de los marcos de asistencia sanitaria existentes”, agrega.

Abandonó esa idea pero seguía pensando que algo debía cambiar.

La idea de los gorros con nombres llegó de una forma inesperada: leyendo el libro de autoayuda “Cómo ganar amigos e influir sobre las personasdel estadounidense Dale Carnegie.

“Cuanto más lo pensaba, más obvia y fantástica me parecía la idea”, confiesa. “Crea una mejora en la atención al paciente y expone los marcos de atención médica en los que nos basamos para resistirnos al cambio”.

Pero a la iniciativa le faltaba masificación.

La idea llegó de la entonces estudiante para partera Alison Brindle, quien propuso usar el hashtag #TheatreCapChallenge en redes sociales, cuenta Hackett.

En Twitter, en los últimos dos meses, el hashtag ha sido usado principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, pero Australia, España y México le siguen en menciones, según la herramienta Hashtagify.

Además, organismos como las asociaciones de anestesistas de EE.UU. y Australia han apoyado públicamente la iniciativa.

La Asociación Estadounidense de Asistentes Médico Quirúrgicos, por ejemplo, lo agregó a su lista de políticas e informó: “Es una idea simple y gratuita que ayuda a mejorar la comunicación en una emergencia, especialmente en instituciones más grandes donde puede ser más difícil identificar a colegas y caras nuevas”.

“Experimento psicosocial”

Cuando Hackett comenzó con la iniciativa, creó un video donde explica que “saber los nombres de las personas y sus roles es una habilidad no técnica esencial para el trabajo en equipo”.

En situaciones de emergencia como un paro cardíaco, cuando el personal está corriendo hacia el quirófano, saber “quién es quién” marca la diferencia, continúa.

“Orquestamos al equipo con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir“.

Desde que se convirtió en “el loco” que lleva su nombre escrito en la frente hasta la actualidad, Hackett ha escuchado numerosas críticas.

Las principales, cuenta a BBC Mundo, son el costo, la falta de evidencia científica para llevar adelante la experiencia y la vergüenza de verse “poco profesional”.

Pero Hackett tiene argumentos para cada crítica.

Equipo médico.

Gentileza Rob Hackett
Rob Hackett junto a un equipo médico en Sídney, Australia, donde cada uno tiene su gorro con nombre y profesión.

Si bien hoy en día lleva un gorro con sus datos bordados, en un principio simplemente lo había escrito a mano. Por eso, agrega, el costo de implementación es cero.

Respecto a las pruebas, el británico cita una investigación de la Escuela Imperial de Anestesia de Reino Unido presentada en Londres el año pasado que afirma que los cirujanos saben el nombre de menos de la mitad (44%) del personal médico dentro del quirófano.

“Conocer y reconocer a los miembros del equipo por su nombre ha sido cuantitativa y cualitativamente asociado con una mayor confianza, compromiso laboral y resultados clínicos“, dice otro estudio publicado el año pasado por la revista British Journal of Anaesthesia.

El trabajo, que analizó el impacto de #TheatreCapChallenge en un hospital en Reino Unido, afirma que el recuerdo de nombres aumenta con los gorros, algo que no sucedió en otro estudio que incluyó una chapa identificatoria en el pecho.

Además, de acuerdo a ese mismo estudio, 94% de los anestesistas y enfermeros apoyaron la iniciativa.

“La reacción de los profesionales médicos ha sido fascinante”, confirma Hackett.

Médicos corriendo.

Getty Images
En las emergencias, saber quién es quién ayuda a organizar al equipo médico “con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir”, dice Hackett.

Según una encuesta realizada por PatientSafe Network, una organización sin fines de lucro sobre seguridad del paciente que Hackett dirige, 86% del personal apoya la iniciativa.

El apoyo fue unánime por parte de los estudiantes de enfermería y medicina, aquellos que son nuevos en la atención médica”, dice, agregando que lo mismo ha sucedido con los pacientes.

“Sin embargo, el apoyo fue menor entre quienes tienen la mayor influencia: el personal que ha estado en la industria durante más de 20 años”, reconoce.

Y es aquí donde entra el factor del profesionalismo y prestigio.

En palabras de Hackett, el #TheatreCapChalleng “es como un experimento psicosocial internacional masivo, que expone fácilmente dónde la cultura de la atención médica está fallando”.


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https://www.youtube.com/watch?v=6AMWU9EbdCU

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