Planes del gobierno colapsarán ecosistemas de San Blas e Islas Marías
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Cuartoscuro

Proyectos turísticos del gobierno federal aumentan presión sobre ecosistemas de San Blas e Islas Marías

El impulso del turismo en esta región aumentará la presión sobre los frágiles ecosistemas insulares y costeros, entre ellos los manglares.
Cuartoscuro
Por Agustín del Castillo / Mongabay Latam
5 de junio, 2022
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Juan Francisco García llegó al puerto de San Blas en 1971, cuando tenía poco más de 20 años. Entre los bosques de mangle, los canales rebosantes de cocodrilos de río (Crocodylus acutus) y los criaderos de mosquitos de pantanal, el hoy veterano ambientalista aprendió a sortear a los caciques del lugar y a enfrentar intereses económicos que, desde entonces, ya establecían en ese territorio las granjas camaronícolas, la agricultura industrial y el turismo.

Los esfuerzos de García y otros activistas no fueron suficientes para impedir que, en medio siglo, las selvas de esta región del país perdieran la mitad de su extensión y los manglares solo ocuparan dos tercios de la superficie que él conoció.

El integrante del Grupo Ecológico Manglar alerta sobre una nueva ola de proyectos planificados para la región de San Blas-Matanchén y al archipiélago de las Islas Marías, al sur del Golfo de California, en el oeste mexicano. En especial, a García le preocupan los trabajos que, desde el 2020, se realizan como parte del proyecto para hacer de las Islas Marías un centro de atracción turística.

El archipiélago conocido como Islas Marías se ubica en el Océano Pacífico, a unos 120 kilómetros de las costas de San Blas, en Nayarit. En la isla Madre, la más grande del archipiélago, el gobierno mexicano mantuvo una colonia penal desde 1905 hasta marzo de 2019, cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció el cierre de la prisión y un plan para transformar el lugar como un centro recreativo y cultural.

Parte del complejo que funcionó como centro penitenciario y ahora será un centro recreativo y cultura. Foto: Gobierno mexicano.

El plan del actual gobierno es hacer de la isla Madre un lugar turístico que comience a recibir visitantes en julio de 2022. Para ello, la Secretaría de Marina —que ofrecerá paquetes turísticos, de acuerdo con lo que se anunció en abril de 2022— contará con tres ferrys que partirán desde San Blas, en Nayarit, o desde Mazatlán, Sinaloa.

El gobierno, además, contempla realizar  obras  en la costa de Nayarit. Por ejemplo, en Boca de Chila —entre Vallarta y Tepic—, se creará un sector naval y un proyecto turístico de 80 hectáreas que contará con hotel. También se construirá un embarcadero para trasladarse a las Islas Marías.

Como parte del proyecto turístico en las Islas Marías, en el puerto de San Blas, en Nayarit, ya se realizó el dragado de canales para hacer posible el ingreso y salida de los ferrys que llevarán a los turistas. Además, se están haciendo obras para ingresar al poblado.

Trabajos de dragados en San Blas, Nayarit. Foto: Juan Francisco García.

Ignoran un ambiente vulnerable

Las tres islas y el islote que dan forma al archipiélago Islas Marías fueron declaradas como Reserva de la Biosfera en el año 2000. Además, en 2005, fueron designadas Patrimonio Natural de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Por su lejanía y su condición insular, el archipiélago resguarda una importante riqueza natural: de las 387 plantas vasculares que se han registrado en el lugar, diez son endémicas. Además, tiene 27 especies de reptiles y 13 de mamíferos terrestres, de acuerdo con el Grupo de Ecología y Conservación de Islas AC.

El Programa de Manejo de la Reserva de la Biósfera, publicado en 2021, establece que el archipiélago “debe considerarse básicamente como sitio de conservación, restringiendo las actividades turísticas, limitándose al senderismo y visitas guiadas solo en la isla María  Madre”.

Reserva de la Biosfera Islas Marías. Foto: Jorge Castrejón/Conanp.

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Es por ello que Juan Francisco García, miembro del Grupo Ecológico Manglar y del consejo asesor de la Reserva de la Biosfera Islas Marías, envió una carta dirigida al presidente Andrés Manuel López Obrador, en la que señala que el plan presidencial de hacer un centro recreativo en la Isla Madre contradice lo que señala el programa de manejo. Hasta ahora, no ha tenido respuesta.

Francisco García menciona que el impulso de proyectos agrícolas, acuícolas y turísticos que se han impuesto sin considerar a los frágiles ecosistemas de la región han provocado la pérdida y disminución de importantes ecosistemas. Varios estudios le dan la razón al ambientalista.

Pérdida de selva y manglar

En el reporte Manglares de México que publicó en 2021 la Comisión para Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), Nayarit aparece como uno de los  tres estados del país que registran disminución en la extensión de ese ecosistema. Desde 1970, el estado se quedó sin 11 mil hectáreas de manglar. Esto se ha dado, pese a que la legislación mexicana prohíbe explícitamente, en el artículo 60 Ter de la Ley General de Vida Silvestre, la tala de manglar.

Zona de manglar en La Tovara, San Blas.

Además, dos investigaciones sobre la zona San Blas muestran la pérdida de la selva baja y mediana que hay en la región. El primero de los estudios se titula “Evaluación de cambios en el paisaje y sus efectos sobre los humedales costeros del sistema estuarino de San Blas, Nayarit”. En este trabajo los investigadores César Berlanga-Robles y Arturo Ruiz-Luna, del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo de Mazatlán y de la UNAM, respectivamente, señalan que en 1973, la selva baja y mediana se extendía sobre 15 040 hectáreas, pero para 1992 ya sólo había la mitad: 7829 hectáreas.

La causa del mayor de la pérdida de selvas bajas y medianas es la agricultura. En el caso  de los manglares, los daños son provocados por las granjas camaronícolas.

En otra investigación, “Cambio de cobertura y uso de suelo en la llanura costera asociados a procesos antropogénicos: caso San Blas, Nayarit”, investigadores de la Universidad de Guadalajara y la Universidad Autónoma de Nayarit revisaron imágenes de satélite entre 2000 y 2019, del sitio Ramsar San Blas-La Tovara. Sus datos muestran que en ese periodo de tiempo los manglares de la zona perdieron poco más de 2 mil hectáreas; es decir, casi el 28 % de su cobertura original.

Si la pérdida continúa a ese paso, los investigadores advierten que para el 2038 se tendrán poco más de mil hectáreas menos de manglar.

Puerto de San Blas, Nayarit.

¿Cuál es el valor de 2103 hectáreas de manglar perdidas entre 1973 y 2019? Ernesto Bolado, vocero de la organización civil SuMar, explica que cada hectárea de manglar en la región tiene un valor anual de 53 425 dólares (casi 1.1 millones de pesos mexicanos). Esta cifra incluye aspectos como producción de alimentos (37 500 dólares); regulación de disturbios ambientales, como huracanes o aludes (8240 dólares); tratamiento de desechos (6696 dólares); recreación (658 dólares); refugio y hábitat de especies (169 dólares) y productos diversos (162 dólares).

Esto significa una pérdida anual  de más de 112 millones de dólares, o alrededor de 2200 millones de pesos mexicanos, que impactan sobre la economía y la calidad de vida de la región.

Juan Francisco García asegura que la costa de Nayarit es una de las más afectadas por el desplazamiento del mar, debido a que las marismas que colindan con buena parte de la línea costera, se han tornado inestables con proyectos como la hidroeléctrica de Aguamilpa (1990), las carreteras cada vez más amplias —como la que comunica a San Blas con Tepic— y obras que han sido retomadas como el canal Centenario, para irrigación de las llanuras costeras nayaritas.

Entrada al Centro Recreativo y Cultural de las Islas Marías. Foto: Gobierno de México.

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Los estudios citados demuestran que el efecto erosivo del mar ha desplazado tierras emergidas en San Blas. Entre 2000 y 2019, los mapas de la investigación que se enfocó en el sitio Ramsar San Blas-La Tovara revelan que hay 359 hectáreas menos de superficie terrestre.

El investigador Exequiel Ezcurra, de la Universidad de California en Riverside, uno de los ecólogos más renombrados de México, lo atribuye a la combinación de los malos manejos territoriales, la destrucción ambiental y el cambio climático que eleva poco a poco el nivel de los mares. “El caso de la costa de Nayarit no es profecía apocalíptica, es algo que ya estamos viendo de manera muy notoria”, advierte en entrevista.

Los daños en el archipiélago

Durante más de un siglo, las Islas Marías fueron famosas por albergar al centro penitenciario. La infraestructura que se construyó en el lugar para que funcionara la cárcel provocó daños severos sobre los ecosistemas y servicios ambientales del archipiélago.

El biólogo Armando Calderón Rodríguez, quien hasta 2021 trabajó en la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), enumera  algunos impactos ya acumulados por la larga historia del núcleo penitenciario: “Desde los años 80, la isla María Madre ya presentaba estrés hídrico. La cosa se puso peor en 2010, cuando aumentó su población a ocho mil personas”. Como efecto, decayó el bosque tropical caducifolio y subcaducifolio en la parte norte de la isla que, además, registra un alto impacto de ganadería y especies introducidas, desde ratas y gatos hasta ganado mayor.

El pájaro bobo de patas azules está presente en las Islas Marías. Foto: Conanp.

Los gatos domésticos y la rata negra, por ejemplo, son los principales causantes de la disminución de las poblaciones de reptiles, mamíferos y aves nativas. Esto ha derivado en la probable extinción de dos mamíferos endémicos, el ratón arrocero (Oryzomys nelsoni) y el ratón de las Islas Marías (Peromyscus madrensis), así como la pérdida  del ratón marsupial (Tlacuatzin canescens). Otras especies nativas, como la boa, la iguana y la tortuga carey están muy presionadas.

“Cuando se anunció el final del centro penitenciario, los expertos señalaron la necesidad de que el lugar tuviera un descanso para recuperar los niveles freáticos y el bosque. Muchos árboles ya no daban semillas por la extrema sequedad del ambiente, estaban estresados, y por eso se estableció un vivero de especies nativas”, explica Calderón Rodríguez.

El centro penitenciario cerró entre febrero y marzo de 2019. No se atendió la recomendación de los expertos: de inmediato, comenzó la remodelación del lugar para transformarlo en un centro recreativo.

Mongabay Latam solicitó entrevista con las autoridades de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), pero no se tuvo respuesta.

Una de las áreas del centro recreativo y cultural Islas Marías. Foto: Gobierno de México.

En el viejo puerto de San Blas, fundado en el siglo XVI, Juan Francisco García teme que si tiene éxito la explosión turística que busca el gobierno mexicano en la región, colapsen los servicios urbanos, se dañe aún más la zona de manglar y se busque desarrollar nuevos negocios a costa de ese frágil ecosistema.

Uno de los obstáculos materiales que han ahuyentado los grandes negocios desde que el puerto entró en su larga decadencia, es la multiplicación de los moscos de pantano o jejenes en el contiguo estero de La Tovara. Los ambientalistas usan el mosquito como símbolo de la resistencia a los proyectos extractivos, al grado que los estampan en camisetas blancas para vincularlos al ecologismo.

“Hasta ahora, esos diminutos pero incisivos y molestos insectos nos han defendido”, dice  convencido Juan García. ¿Esta vez, los mosquitos impedirán la imposición de los proyectos que sacrifican a los ecosistemas? “No lo sé, no lo descartes… siempre ha sido así”.

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Los desconocidos casos de bebés y niños secuestrados durante el régimen militar de Brasil

A diferencia de países vecinos como Argentina, donde las causas judiciales por apropiación de niños durante los gobiernos militares llevan años, Brasil aún no parece haber explorado esta parte de su pasado.
4 de mayo, 2022
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Desde hace al menos una década, Rosângela Serra Paraná busca a sus padres biológicos.

Es víctima de un crimen de Estado poco conocido: el secuestro de bebés y niños de activistas que se opusieron al régimen militar en las décadas de 1960, 1970 y 1980 en Brasil.

Rosângela fue apropiada ilegalmente por una familia militar en la década de 1960 y solo descubrió su condición mucho después, durante una discusión con miembros de la familia.

Once de los 19 casos conocidos de secuestros de niños durante el régimen militar están vinculados a miembros de Araguaia, un movimiento guerrillero de oposición que se desarrolló entre fines de la década de 1960 y 1974 en la región amazónica, en la confluencia de los estados de Pará y el actual Tocantins.

Estas 11 víctimas son hijos de guerrilleros y campesinos que dieron cobijo al movimiento.

Los secuestros de niños ocurrieron en la primera mitad de la década de 1970, durante los gobiernos de los generales-presidentes Emílio Garrastazu Médici y Ernesto Geisel.

Los 19 casos están enumerados en el libro de reportajes Cativeiro sem fim (“Cautiverio sin fin”), escrito por mí.

Contactados en el momento de la escritura del libro, el Ministerio de Defensa y los comandos del Ejército y Fuerza Aérea no respondieron a la solicitud de información.

En una entrevista en un libro publicado el año pasado, el general Eduardo Villas Bôas dijo que los informes sobre los secuestros de bebés durante el régimen militar “carecen de verosimilitud“.

En busca de padres biológicos

“Vivo en una pesadilla todos los días, pensando que mi madre podría estar viva, necesitándome”, dice Rosângela Serra Paraná.

“Hoy vivo con la angustia de no saber quién soy, cuántos años tengo y ni siquiera saber quiénes fueron mis padres”, agrega.

La mujer fue apropiada por Odyr de Paiva Paraná, miembro de una familia militar en Río de Janeiro.

La familia dice que la bebé fue adoptada en 1963.

Un acta de nacimiento da como fecha de nacimiento el 1 de octubre de 1963. Pero la inscripción se hizo en el registro civil el 22 de septiembre de 1967.

En el documento elaborado en el Registro Civil de Catete, Rio de Janeiro, consta que Rosângela es hija ilegítima de Odyr y Nilza.

El documento no proporciona el nombre de los padres biológicos. Nilza, según su familia, no podía tener hijos.

Rosângela Serra Paraná en la actualidad.

Archivo personal
Rosângela Serra Paraná en la actualidad.

Odyr es conductor de profesión.

Según Rosângela, su padre adoptivo trabajaba como chofer del general Ernesto Geisel.

“Tenía un gran auto negro que siempre estaba limpiando”, recuerda.

El acta de nacimiento de Rosângela da como lugar de nacimiento una propiedad en Rua Marquês de Abrantes, 160, Flamengo, Rio de Janeiro.

La propiedad pertenece a Rio Previdência, una entidad de empleados estatales, que la compró en 1958, según consta en el certificado de propiedad.

La misma partida de nacimiento tiene dos testigos. Uno de ellos es Alcindo Quintino Ribeiro, propietario de un inmueble donde vivía la familia Serra Paraná.

El otro es Paulo Cardoso de Oliveira, chofer de profesión, como Odyr. La dirección de residencia del testigo, sin embargo, no existe.

El padre de Odyr, Arcy Paraná, estaba en el ejército. Según el Boletín Oficial, alcanzó el grado de sargento. En la década del 50 fue ascendido y comenzó a trabajar en el sector administrativo de las fuerzas militares.

Los casos de Juracy y Miracy

En la región guerrillera de Araguaia, a principios de la década de 1970, los militares secuestraron a dos niños de una misma familia.

El primero, Juracy Bezerra de Oliveira, fue un error de las fuerzas militares.

El objetivo era Giovani, hijo de uno de los líderes guerrilleros, Osvaldo Orlando da Costa, alias Osvaldão, con una mujer llamada María.

En 1972 o 1973, Juracy tenía unos 7 años. Los militares pensaron que era el verdadero hijo del guerrillero Osvaldão con Maria Viana da Conceição. Pero la madre de Juracy era Maria Bezerra de Oliveira y su padre, Raimundo Mourão de Lira.

La confusión en el secuestro se habría dado porque los militares buscaban a un niño moreno, de entre 6 y 8 años, hijo de una mujer blanca, de cuerpo grande y ojos claros, de nombre María.

José Vieira es hijo de un campesino al que mataron los militares.

Eduardo Reina/BBC
José Vieira es hijo de un campesino al que mataron los militares.

Encontraron a la madre de Juracy con las mismas características y se llevaron al niño.

Terminó siendo apropiado por el teniente del Ejército Antônio Essílio Azevedo Costa, quien lo inscribió en una notaría como si fuera su hijo legítimo y vivió con la familia del militar durante muchos años.

“Un día llegaron y me llevaron. Mi madre ni me acuerdo qué hizo. Yo era un niño cuando me llevó el Ejército. Estuve 15 días en el bosque”, contó.

El secuestrado quedó con una mano deformada debido a las quemaduras que sufrió. Dice que los soldados decidieron castigarlo por pensar que su padre había matado a un militar.

Más tarde, en la ciudad de Fortaleza, Juracy fue criado por la madre del teniente Antônio Essílio.

A principios de la década de 2000, decidió regresar a la región de Araguaia, todavía pensando que era el hijo de Osvaldão.

Al llegar, conoció a Antônio Viana da Conceição y descubrió su verdadera historia.

Se reencontró con su madre biológica, Maria Bezerra de Oliveira, cuando descubrió que su hermano, Miracy, también había sido secuestrado por militares.

Hoy vive en una isla en medio del río Araguaia.

Juracy Bezerra de Oliveira con su madre biológica, María Bezerra de Oliveira.

Archivo personal
Juracy Bezerra de Oliveira con su madre biológica, María Bezerra de Oliveira.

El hermano de Juracy, Miracy, tenía piel clara y ojos claros, a diferencia de su hermano.

Fue llevado por el sargento João Lima Filho a la ciudad de Natal, en Rio Grande do Norte, también en 1972 o 1973.

Años después, Juracy y su madre, Maria Bezerra de Oliveira, fueron a buscar a Miracy. Pero no encontraron rastro del sargento que se lo llevó; tampoco obtuvieron información en el cuartel del ejército en Natal sobre el paradero del militar.

Otros secuestros

Después del secuestro por error de Juracy, los militares encontraron a Giovani, hijo de Osvaldão y Maria Viana da Conceição.

El niño tenía entre 4 y 5 años cuando fue secuestrado, según otro de los hijos de Maria, Antônio Viana da Conceição.

El secuestro ocurrió en 1973, en la ciudad de Araguaína, actual Tocantins.

La existencia de este hijo de guerrillero en Araguaia también es revelada por Sebastião Rodrigues de Moura, Mayor Curió, ahora militar retirado y responsable de la cacería de guerrilleros a partir de 1973 en Araguaia.

Se desconoce el paradero de Giovani.

También en Araguaia fue secuestrada Lia Cecília da Silva Martins, hija del guerrillero Antônio Teodoro de Castro, conocido como Raúl.

Lia fue llevada a un orfanato que pertenecía a un teniente de la Fuerza Aérea en Belém do Pará. Fue adoptada por una pareja que trabajaba en la entidad.

Seis niños campesinos también fueron separados de sus familias biológicas y llevados a cuarteles del ejército, de donde luego fueron liberados: José Vieira; Antônio José da Silva, Antoninho; José Wilson de Brito Feitosa, Zé Wilson; José de Ribamar, Zé Ribamar; Osniel Ferreira da Cruz, Osnil; y Sebastião de Santana, Sebastiãozinho.

Solo se localizó a José Vieira. Es hijo de Luiz Vieira, agricultor de subsistencia y residente de la región de São Domingos do Araguaia. Luiz fue asesinado por las fuerzas militares.

Gente caminando en São Paulo

Getty Images
Se desconoce el número de bebés que fue secuestrado.

También hubo casos de secuestro de bebés y niños en Paraná, Pernambuco y Mato Grosso.

Las respuestas de los militares

Cuando investigaba en 2018 para mi libro, el Ministerio de Defensa, el Ejército y la Fuerza Aérea no respondieron a las preguntas enviadas.

El Ministerio de Defensa sugirió que se enviaran nuevas solicitudes a dichas instituciones, alegando que la información solicitada debía estar custodiada bajo el mando de estos cuerpos militares.

El Ejército respondió: “La Institución aclara que no tiene nada que informar al respecto”.

La Fuerza Aérea afirmó que “el 16 de noviembre de 2009, la Procuraduría General de Justicia Militar manifestó interés en analizar los documentos producidos y acumulados por el Comando de la Fuerza Aérea, desde 1964 hasta 1985”.

“En ese sentido, el 3 de febrero de 2010, la colección, que contiene 212 cajas con 49.867 documentos, fue recolectada de la Coordinación Regional del Archivo Nacional del Distrito Federal (COREG), donde se encuentran en dominio público”, agregó.

El año pasado, en una entrevista publicada en el libro “General Villas Bôas-Conversación con el Comandante”, de Celso Castro, de la Fundação Getúlio Vargas, el militar cuestionó que realmente ocurrieran secuestros de niños durante la dictadura.

“Recientemente alguien vinculado a los derechos humanos trajo un tema que yo nunca había escuchado, que un centenar de niños habían sido secuestrados y arrebatados a sus padres”, afirmó Villas Bôas.

“Esta y otras narrativas, como una supuesta masacre de indígenas, en la apertura de la carretera que une Manaus con Boa Vista, carecen de verosimilitud y contribuyen a la falta de exención en la conclusión de las investigaciones”, agregó.


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