Conacyt bajó en 83% las becas para posgrado en el extranjero
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Carlo Echegoyen

De 2018 a 2021, Conacyt redujo en 83% las becas para posgrado en el extranjero; se alcanzó el menor número en 10 años

En 2018, se otorgaron 4 mil 600 becas de este tipo. Para el año pasado, la cantidad bajó a 724, un recorte que afecta a los estudiantes que aspiran a salir del país.
Carlo Echegoyen
19 de julio, 2022
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En 2021, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) entregó 742 becas para cursar maestría, doctorado o alguna especialidad en el extranjero, lo que significa más de 80% menos que las entregadas en 2018, el último año de la pasada administración, cuando se otorgaron más de 4 mil 600. Esto representa el menor número de alumnos becados en una década

De acuerdo con el padrón de beneficiarios publicado por el Conacyt, filtrado por año de inicio de beca, en 2014 y 2015 se registró el máximo histórico de becas con 5 mil 694 y 5 mil 561, respectivamente. El descenso comenzó a partir de 2016, con 3 mil 074, lo que representa 44% menos. 

Sin embargo, las mayores bajas se registran a partir de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador y la dirección de María Elena Álvarez-Buylla en el Conacyt. En 2019, el número de becas bajó a mil 128; el año siguiente aumentó a 2 mil 008, pero para 2021 quedó en 742, de acuerdo con los informes de gobierno del presidente López Obrador.

Esta última cifra representa 83% menos becas que en 2018 y también es menor al número correspondiente a 2012, el último año de gobierno de Felipe Calderón, cuando se entregaron 4 mil 694.

Además, tomando en cuenta los datos del padrón de beneficiarios publicado por el Conacyt en formato abierto y contabilizando solamente las becas nuevas, sin renovaciones en los años siguientes, los datos son similares, de acuerdo con los cálculos del académico del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad EQUIDE Manuel Triano.

La disminución tiene un impacto en la vida de los estudiantes que aspiran a lograr un posgrado en las universidades más prestigiosas del mundo. Uno de ellos es ‘Mauricio’, quien fue aceptado en dos instituciones europeas para estudiar una maestría en el área de Ciencias Sociales, pero no podrá asistir. 

Su nombre fue cambiado para esta nota debido a que teme alguna represalia de la administración del Conacyt por alzar la voz y aún espera intentarlo de nuevo posteriormente. En noviembre pasado, postuló a dos universidades y fue seleccionado. Esperaba lograr alguna de las becas del Conacyt para financiar su entrada, pero este año no hubo ninguna convocatoria que incluyera su carrera.

Intentó buscar financiamiento del Banco Mundial, pero es necesario tener una propiedad en la ciudad para que funcione como aval. “Yo vivo en la periferia, nuestra casa aún está en lote, no lo aceptan para el préstamo”, lamenta el joven. 

La oportunidad de estudiar en las mejores universidades está negada para los más vulnerables porque aquellas familias con alguna propiedad podrían intentar al menos el financiamiento a través del Banco Mundial. “Es decepcionante lo que está pasando. Antes las becas eran un asunto institucional, hoy es al contentillo del personalismo presidencial. Y sus prioridades son otras, son las obras, son los programas de transferencia”. 

¿Hay algún posgrado en el país con calidad como uno del extranjero?, se le pregunta a ‘Mauricio’. “Sí, tal vez en Flacso, el Colegio de México, son muy dignos, pero las universidades en las que me aceptaron se comparan con Yale, Cambridge, y el solo hecho de ir es convivir con gente de todo el mundo. Aquí los maestros son del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), allá aprendes de premios Nobel”, señala el estudiante. 

Sin embargo, las becas nacionales también han disminuido. En el sexenio pasado, se entregaron 32 mil becas en promedio por año, pero para 2021 la cifra bajó a 26 mil 505, de acuerdo con información de la organización ProCienciaMX. 

En numerosas ocasiones, el presidente López Obrador ha expresado su poco apoyo a que los jóvenes estudien en el extranjero, discurso que ha hecho suyo la directora del Conacyt, quien también ha insistido en la calidad de los posgrados nacionales. 

Es cierto que el sistema mexicano tiene el Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC), que ha evolucionado desde 1991 y cuyo objetivo es brindar acceso a estudios de alto nivel en instituciones académicas de excelencia, tanto nacionales como extranjeras, además de fomentar la mejora y asegurar la calidad del posgrado nacional. 

Sin embargo, esto también está por cambiar, según informó la directora del Conacyt en junio, pues la evaluación de posgrados estará en manos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), pese a que el Conacyt es la instancia responsable de ello desde hace 30 años, mientras que el Conacyt otorgaría becas a todos los estudiantes aceptados en los posgrados “acreditados”. 

Esto, por lo pronto, “genera incertidumbre”, advierte ProCienciaMx, una red de científicos, investigadores, médicos y académicos de todo el país que promueven una política científica enfocada en la solución de los grandes desafíos nacionales. 

Hasta el momento, afirman, no se han realizado las evaluaciones de los programas que deben ser revisados este año, y tampoco hay claridad sobre “la universalidad en las becas, pues no queda claro si se asignará beca a todos los programas y a todos los estudiantes, y ¿qué sucede si asignan solamente un porcentaje, como ha dicho el Conacyt, y las instituciones no tienen recursos para asignar a los restantes?”.

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Iquitos, ciudad escondida en la selva que se convirtió en 'isla bonita' de la población LGTB de Perú

En un país que no reconoce la unión entre personas del mismo sexo ni el cambio de identidad, el colectivo LGTB ha encontrado un colorido refugio en la selva amazónica.
29 de junio, 2022
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Ser una persona LGTB no es fácil en Perú.

Según muestran varios informes internacionales y el testimonio de personas homosexuales, la situación de este colectivo puede mejorar mucho.

Las leyes peruanas impiden el matrimonio y cualquier unión civil entre personas del mismo sexo y no se permite el cambio de identidad legal a las personas trans.

Un estudio de la ONG Promsex realizado en 2016 encontró que ocho de cada 10 estudiantes LGTB dijo sufrir acoso verbal por su condición sexual en la escuela, mientras uno de cada cinco refirió agresiones.

Y Perú ocupaba el puesto 71 en el índice global de igualdad que publica Equaldex, una red estadounidense que comparte datos de asociaciones LGTB en todo el mundo. Solo Bolivia y Paraguay mostraron una opinión pública más hostil a los no heterosexuales en Sudamérica.

Pero hay un lugar en el que las cosas son un tanto diferentes, según cuentan sus propios habitantes.

Es Iquitos, una ciudad de cerca de 150.000 habitantes, capital del Departamento de Loreto, en mitad de la Amazonía peruana y a la que solo se puede llegar en avión desde Lima.

“Aquí uno puede ser quién realmente es”, cuenta en conversación con BBC Mundo Carlos Vela, homosexual residente en Iquitos.

“En general, la aceptación es muy buena. Muchos visitantes europeos dicen cuando vienen que hay tanta tolerancia como en Europa”, corrobora Silvia Barbarán, activista que lleva años trabajando con personas LGTB en la ciudad.

Qué hace diferente a Iquitos

No es casualidad que la marcha del Orgullo Gay de Iquitos haya ganado fama como una de las más concurridas y coloridas de Perú.

“Aquí celebramos el Orgullo con mucho calor”, comenta Carlos. El calor húmedo de la Amazonía anima a los participantes a mostrar un desparpajo difícil de imaginar en otros lugares de Perú en los que el clima social no es tan abierto.

Valery La Mas es una mujer transexual que se mudó a Iquitos hace cinco años desde Leticia, la ciudad colombiana en la que nació. “En Colombia estamos mejor que en Perú, pero en Iquitos se ha avanzado mucho en los últimos años”.

“Aquí las mujeres trans tenemos alternativas a trabajar en la prostitución”, indica.

En esta ciudad rodeada de vegetación y flanqueada por dos afluentes del Amazonas, no es difícil encontrar negocios de peluquería y estética regidos por personas LGTB y la hostelería local emplea a mujeres trans en sus cocinas.

Map

Es un ambiente muy distinto al que reflejan los informes de Promsex o el que retrató la película “Retablo” en 2017.

En ella, el cineasta Álvaro Delgado Aparicio contaba a través de la historia de un artesano la crueldad que a veces pueden alcanzar los comportamientos homofóbicos en las pequeñas comunidades montañosas de los Andes.

El ambiente cálido y exuberante de la selva contrasta con el frío y la austeridad del paisaje andino, una diferencia que a menudo se refleja también en el carácter de la gente.

La riqueza de la selva amazónica y la sensualidad de sus culturas ancestrales, así como los contactos frecuentes con poblaciones de Brasil, han sido algunos de los factores a los que se ha aludido para explicar la mayor tolerancia de Iquitos.

“Siempre fue más fácil ser LGTB en la selva, quizá porque allí hay una cultura prehispánica que tolera mejor la idea de los tres géneros”, comenta Jorge Chávez, del Movimiento Homosexual de Lima.

No en vano, Iquitos y otros lugares de la selva se convirtieron en el refugio de las personas LGTB que en la década de 1980 huyeron de las campañas de “limpieza social” lanzadas contra ellas por los grupos armados de extrema izquierda MRTA y Sendero Luminoso, que dejaron decenas de muertos en matanzas aún recordadas como la de Tarapoto en mayo de 1989.

Campesinos con sus mulas, en la época de Sendero Luminoso.

MARIE HIPPENMEYER
La violencia de Sendero Luminoso y el MRTA contra los no heterosexuales desplazó a muchos de sus hogares.

Norma Muller, antropóloga de la Pontífica Universidad Católica del Perú, apunta que “la población de la selva es más abierta al amor y a la diversidad sexual, porque no lo asocian con el pecado, como ocurre en la tradición cristiana”.

Quizá el menor peso de la religión en estos territorios sea una de las razones por las que este lugar se convirtió en refugio para los perseguidos por la homofobia y hoy sea en palabras de Valery La Mas, la “isla bonita para los LGTB peruanos”.

Pero a sus 64 años, Silvia Barbarán recuerda que las cosas no siempre fueron fáciles. “Incluso en los medios locales era frecuente escuchar alusiones despectivas a los no heterosexuales”.

“Todo empezó a cambiar a partir de 2002, cuando comenzó a desarrollarse un movimiento con muchas asociaciones y un gran trabajo de educación y concienciación”.

Barbarán cuenta como la unión hizo la fuerza. “Una de las claves fue que todas las asociaciones íbamos juntas a protestar cada vez que se producía un episodio de discriminación. Cuando a una mujer trans le negaban la atención en el centro médico, salíamos todas las asociaciones con protestas en las calles y denuncias en los medios”.

“Así se fue ganando espacio, y ahora gais y trans tienen mucha visibilidad”.

Indígenas junto a una choza en la selva amazónica.

Getty Images
La diferente actitud ante la vida de los pueblos de la selva ha sido citada como una de las razones de la mayor tolerancia en Iquitos.

La bandera del VIH

Silvia Barbarán es una de las heterosexuales que se ha convertido en uña y carne con las personas LGTB.

En 2001 contrajo el virus del VIH y decidió lanzarse a concienciar a sus vecinos de los riesgos de una enfermedad que todavía hoy muestra una alta prevalencia en la región de Loreto.

Así montó Lazos de Vida, la asociación en la que atiende a niños portadores del virus, lo que la puso en contacto con muchos activistas LGTB comprometidos en la misma causa.

“El movimiento gay fue muy activo en educar a la población en que había que protegerse del virus. Eso ayudó mucho, porque la gente empezó a ver que no eran personas dedicadas solo a la fiesta, sino vecinos implicados en su comunidad”.

Su labor presionó además al gobierno en Lima para extender los tratamientos antirretrovirales contra el VIH, que entonces eran muy difíciles de encontrar en Iquitos.

Años de activismo y movilización desembocaron en la aprobación en 2010 de una ordenanza regional que reconocía una protección especial y una participación reforzada del colectivo LGTB. Más tarde se acompañó de una estrategia para la prevención del acoso escolar por motivos de género en las escuelas.

Barbarán concluye satisfecha que “hoy hay un movimiento LGTB muy fuerte”.

Un movimiento que en los años de la pandemia, cuando Perú era uno de los países que más sufría el golpe de la covid, recurrió a la imaginación para celebrar la fiesta del Orgullo sin violar las restricciones de las reuniones públicas y organizó una marcha que, en lugar de discurrir en carrozas por el centro de la ciudad, lo hizo en pequeñas embarcaciones por el río Itaya, uno de los que rodean Iquitos.

En 2022, tras una larga espera, el Orgullo volvió a tierra firme. “Vienen muchas familias, como antes de la pandemia”, celebra Barbarán.

Retos pendientes

Pero incluso desde dentro de la comunidad LGTB iquiteña hay voces que advierten de que no se deben lanzar las campanas al vuelo.

El panorama general en el país no invita al optimismo.

Pedro Castillo y Keiko Fujimori, en un debate electoral.

Getty Images
Pedro Castillo y Keiko Fujimori coinciden en su rechazo a las uniones no heterosexuales.

Tras una larga batalla judicial, el Tribunal Constitucional volvió a rechazar recientemente el recurso presentado por Susel Paredes, una congresista que reclama que se reconozca su matrimonio con otra mujer celebrado en Estados Unidos.

Y el Congreso aprobó en mayo un proyecto de ley que según sus detractores impedirá el enfoque de género y la educación sobre la igualdad y la diversidad sexual en las escuelas peruanas.

El rechazo a la unión entre personas del mismo sexo es uno de los aspectos en los que coinciden el presidente Pedro Castillo y la que fue su rival en las últimas elecciones, Keiko Fujimori, una coincidencia en la que muchos aprecian el peso que tienen en Perú visiones conservadoras de la sociedad y la familia defendidas por las iglesias católica y evangélicas.

BBC Mundo trató de recabar la visión del Gobierno, pero el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables no respondió inmediatamente a una dolicitud de comentarios.

En la región de Loreto la prevención del VIH sigue siendo asignatura pendiente.

Es la segunda región con más casos del país solo superada por Lima Metropolitana.

Carol Carobi, funcionaria del Gobierno Regional y una de las pocas mujeres trans que ocupa un cargo público en el país, destaca que “los trans todavía estamos peor que los gais y seguimos conviviendo con el estigma también en muchos lugares de Iquitos”.

“Hemos empezado a ganar espacios, pero aún estamos en un proceso”.

Silvia Barbarán señala cuáles deben ser los próximos desafíos: “En los últimos años en Iquitos hemos avanzado muchísimo, pero el reto es ahora ocupar otros espacios en la sociedad, también los cargos políticos. Y para eso hay que estudiar”.


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