En 2022 se triplican los pacientes graves por VIH que llegan a hospitales
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Cuartoscuro

Retroceso en combate a VIH: se triplica el número de pacientes graves que llegan a hospitales

En el segundo semestre de 2019, 11% de pacientes llegaban muy enfermos a hospitales de especialidad, pero para el segundo semestre de 2022, la cifra ascendió a 33%.
Cuartoscuro
15 de julio, 2022
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Edgar, de 26 años, trabajaba en una automotriz. Cuando enfermó, en febrero de este año, acudió al IMSS, pues la diarrea y pérdida de peso lo debilitó rápidamente. Pero pasaron semanas antes de que los médicos sospecharan que era VIH, y la confirmación tardó aún más porque “no había infectólogo” en esa unidad del estado de Chihuahua.  

Pese a confirmar el diagnóstico, pasó más tiempo para que iniciara tratamiento con antirretrovirales debido al desabasto, y su estado de salud se deterioró rápidamente, lo que resultó en dos internamientos en el hospital. 

Su caso era uno de los que acompañó la organización VIHve Libre, por lo que su fotografía en pancartas era parte de la manifestación de activistas frente al edificio del IMSS en Paseo de la Reforma durante la marcha del Orgullo LGBTI+, el 24 de junio pasado para reclamar atención médica y tratamiento de antirretrovirales. 

Dos días después de esa protesta, Edgar falleció. 

“Es muy triste que estamos en 2022 y que mientras en otros países se habla de medicamentos de largo plazo, intravenosos y aquí seguimos atorados por muertes por sarcoma, enfermedades definitorias de Sida, desabasto, mala atención y homofobia. No hay razón para que las personas con diagnóstico de VIH estén muriendo”, reclama Alaín Pinzón, director de VIHve Libre. 

El caso del joven es una muestra de lo que está ocurriendo en el combate al VIH en el país: en este año ha habido un aumento en el número de personas que llegan a primera atención con un avance significativo en la infección de VIH, es decir, con enfermedad grave. 

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En el segundo semestre de 2019, 11% de pacientes llegaban muy enfermos a hospitales de especialidad, pero para el segundo semestre de 2022, la cifra ascendió a 33%, de acuerdo con cifras oficiales del Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el Sida (Censida). 

Se trata de aquellos pacientes que son tratados en la Clínica de la UNAM, el Hospital General de México, el Hospital Infantil de México, el Instituto de Enfermedades Respiratorias, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, el Instituto Nacional de Pediatría y el Instituto de Perinatología. Aunque también a nivel estatal se registran aumentos. 

Esto podría explicarse por varios factores: el efecto de la pandemia de COVID, pues la ‘”reconversión” de los hospitales implicó que estuvieran avocados a la atención de los contagiados del nuevo virus, dejando de lado los servicios para el resto de enfermedades. 

Brenda Crabtree, infectóloga y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, explica que en pandemia “muchos de los hospitales que atendieron Covid eran los que atendían a personas con enfermedad avanzada de VIH; y también hubo menos acercamiento de personas a hacerse pruebas y evitar la progresión de la enfermedad”. 

A esto se suma la falta de pruebas de detección en los servicios gratuitos, pues en 2022 aún no se recupera el nivel de testeo que se realizaba antes de pandemia, es decir, en 2019, de acuerdo con la estadística oficial del Censida. Al inicio de la administración, en 2019, se aplicaron 1 millón 231 mil pruebas de VIH y sífilis, en 2022 se realizaron un millón 26 mil.

Avanza la gravedad 

Cada trimestre, el Censida emite un informe sobre las pruebas y la atención a pacientes con VIH y una de las estadísticas a las que da seguimiento se refiere al “estatus inmunológico de personas que viven con VIH al inicio de la atención médica”, de acuerdo con registros del Sistema de Administración, Logística y Vigilancia de Anti Retro Virales (SALVAR)

Esta estadística considera los análisis que se realizan a las personas con confirmación de VIH contabilizando el número de CD4, que son las células linfocitos de los glóbulos blancos que combaten las infecciones virales en el cuerpo, pero con VIH estas células son infectadas y mueren, de ahí que entre menos células de ese tipo tiene una persona, es más propensa a padecer inmunodeficiencias. 

Por eso es que a cada paciente es revisado en sus niveles de CD4, lo que significa un “marcador” para saber qué tan avanzada está la enfermedad. Una persona joven, por ejemplo, tiene entre 500 y 2000 células CD4, mientras que aquellas con debajo de 200 son susceptibles a tener infecciones oportunistas y puede pueden desarrollar SIDA, explica Brenda Crabtree. 

De ahí que el sistema de salud realiza el registro de los niveles de más de 200 CD4 o menos de 200 CD4 por cada paciente que comienza atención médica tras el diagnóstico de VIH. 

En el segundo semestre de 2019, solo dos entidades, Colima y San Luis Potosí, registraban más de 50% de pacientes con menos de 200 CD4, es decir, con la infección más grave que podría impactar en el desarrollo de SIDA o más padecimientos. 

Mientras que en el segundo semestre de 2022, 29 entidades registran más de 50% de pacientes graves. 

La Ciudad de México tenía 28% de pacientes graves en 2019 atendidos en su red de servicios de salud, pero para este año el porcentaje aumentó a 73%. Se trata de la entidad con mayor tasa de infección y mortalidad de Covid y donde la reconversión hospitalaria fue una de las principales estrategias contra la pandemia.  

Colima, que en 2019 era la entidad con el mayor porcentaje de pacientes graves (61% en todo el país), sigue manteniendo el primer lugar, pero el número ascendió a 93%. Mientras que Durango, que hace tres años registraba solo 17% de pacientes graves, en este año aumentó a 78%. En Chihuahua, la entidad de donde Edgar era originario, 4 de cada 10 llegaba al diagnóstico con bajos linfocitos en 2019, pero actualmente son 6 de cada 10. 

Estos números confirman lo que los médicos habían detectado desde hacía meses: los pacientes están llegando más graves a los hospitales. 

Brenda Crabtree, quien también es representante del Consejo de Gobierno para Latinoamérica y el Caribe de la International AIDS Society, asegura que “el diagnóstico de VIH en etapas avanzadas es algo que no debiera de existir, deberíamos tener más acceso a las pruebas, con oferta universal y no solo en hospitales, sino también en contexto comunitario, y ponerse en tratamiento retroviral, para evitar la enfermedad avanzada”. 

Esto, agrega la especialista, significa que quienes tienen niveles bajos de células CD4 “tiene enfermedad avanzada y es más probable que requiera hospitalización y es más probable que pueda morir por VIH”. Lo cual tiene un impacto el los pacientes, pero también en el sistema de salud, pues implican recursos en tratamientos más especializados y hospitalización. 

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Qué es un "bear market" como el que vive ahora la bolsa y por qué es un indicio de una crisis económica

Los mercados están a punto de entrar en "bear market", según analistas, lo que podría suponer el inicio de una nueva crisis económica.
14 de junio, 2022
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Los índices estadounidenses Dow Jones y S&P500, referentes de las tendencias en los mercados globales, han caído un 15% y casi un 20% respectivamente desde sus máximos históricos en diciembre.

A veces ocurre que las bolsas tienden a la baja por períodos limitados de tiempo: es lo que llamamos “correcciones” del mercado.

Pero ahora muchos analistas pronostican la llegada de un “bear market”, literalmente “mercado oso”, aunque en español se conoce como mercado bajista.

Se considera que hay “bear market” cuando las acciones en conjunto pierden más del 20% de valor en bolsa respecto a su cota más alta más reciente.

Es decir, en ese período de tiempo los inversores han vendido muchos más títulos de los que han comprado, reduciendo la capitalización de las compañías que conforman el mercado.

¿Qué nos dice de la economía?

Para interpretar la señal que nos da un “bear market” es importante saber que la bolsa es un indicador adelantado: anticipa situaciones futuras según la -acertada o equivocada- perspectiva de los inversores.

Estos observan al detalle los datos que revelan la salud de la economía (desde empleo y salarios hasta inflación y tipos de interés) para decidir qué hacen con su dinero.

Si creen que nos aproximamos a una fase de contracción económica, en la que caen los beneficios de las empresas, tenderán a desprenderse de las acciones de estas compañías antes de que pierdan aún más valor.

Así, un “bear market” suele advertir la llegada de tiempos difíciles con reducciones de la demanda de productos, de la actividad empresarial, del comercio y, en último término, del empleo.

Hombre e índices bursátiles

Getty Images

También es más fácil que se produzca un mercado bajista después de un período de crecimiento fuerte en el que se han tocado máximos muy altos.

Es el caso actual: tras los primeros meses de la pandemia, los precios de la mayoría de las acciones se dispararon, especialmente las de las tecnológicas, alcanzando niveles muy superiores a las anteriores alzas de finales de 2019.

De hecho, pese a haber perdido parte de su valor en los últimos meses y estar al borde de un “bear market”, tanto el Dow Jones como el S&P500 superan con creces sus niveles máximos anteriores a la pandemia.

¿Cuánto suele durar?

El S&P500 ha caído en “bear market” un total de 26 veces desde 1929, si bien 14 de ellas sucedieron antes de 1950, principalmente por la volatilidad propiciada por el crash del 29.

En tiempos más recientes los mercados bajistas han sido menos frecuentes y por lo general han sucedido inmediatamente antes o al inicio de épocas de crisis económica o recesión.

Fueron especialmente duros los registrados durante la crisis del petróleo, cuando el índice se desplomó un 48,2% en solo tres meses (noviembre de 1973 a marzo de 1974), y el de la crisis financiera de finales de los 2000, con una caída del 51,93% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008.

Entre febrero y marzo de 2020 hubo un “bear market” poco habitual, muy corto y pronunciado (-33% en poco más de un mes) por el miedo de muchos inversores que retiraron en masa sus acciones al creer que la pandemia iba a provocar una debacle económica.

La duración media de los “bear markets” en el S&P500 ha sido de 289 días, con un nivel de descenso promedio del 36%, según datos de la consultora Ned Davis Research.

¿Y un “bull market”?

El término opuesto es “bull market”, literalmente “mercado toro” y en español mercado alcista.

La duración de los mercados alcistas en el S&P500 ha sido de 991 días y los beneficios del 114%, en promedio.

Bull and bear markets

Getty Images

Es habitual que los “bull markets” sean más frecuentes, prolongados y con mayores porcentajes de ganancias, en comparación con las pérdidas en los mercados bajistas.

Esto sucede porque a largo plazo la economía tiende a expandirse mientras el dinero pierde valor, lo que resulta en una trayectoria ascendente con etapas de crecimiento especialmente fuertes (“bull markets”), contracciones temporales y fases de fuertes descensos (“bear markets”) que a la larga se corrigen.

El “bull market” más largo de la historia se prolongó desde 2009 hasta 2020, con ganancias acumuladas de más del 300%.

Comprar acciones en el momento más bajo de un “bear market” y venderlas en el más alto de un “bull market” es el negocio perfecto.

El problema es que es imposible saber cuándo nos encontramos en uno de esos dos extremos.

¿Por qué un toro y un oso?

Existen varias teorías sobre por qué el toro (bull) y el oso (bear) representan los mercados alcista y bajista, respectivamente.

Una de ellas atribuye su origen a los espectáculos de peleas de animales populares en Inglaterra entre los siglos XVI y XIX.

Dos de las variantes de esa tradición (abolida por el Parlamento en 1835) consistían en enfrentar a un toro o a un oso contra jaurías de perros en un recinto cerrado.

Pelea de osos y perros o "bear baiting" en Londres en 1820

Getty Images
Pelea de osos y perros o “bear baiting” en Londres en 1820.

Los toros embestían a los perros con movimientos de cabeza de abajo hacia arriba, mientras los osos lanzaban sus zarpazos de arriba hacia abajo, por lo que los pioneros de la Bolsa de Londres (fundada en 1801) habrían incorporado estos términos a su jerga.

Otra teoría alude a la -hoy todavía usada- expresión “vender la piel del oso”, referida a intermediarios que adjudicaban pieles a clientes sin tenerlas aún en su poder.

A los “vendedores de piel de oso” se les comenzó a llamar simplemente “osos” y el término pasó a denominar un negocio con pérdidas o una tendencia bajista, mientras su opuesto sería el toro, la antítesis del oso en el ya citado espectáculo de peleas.

Otros se decantan por una explicación más sencilla: el toro es un animal que representa el vigor, la agresividad y la fuerza.

El oso, por el contrario, es tímido, parsimonioso y, sobre todo, conocido por sus largos periodos de hibernación.


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