Sin permisos, extracción de roca acaba con el cerro de Balzapote
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
FOTO: Félix Márquez

Sin permisos vigentes, la extracción de roca para las obras del Tren Maya acaba con el cerro de Balzapote

En Los Tuxtlas, maquinaria pesada trabaja para extraer roca del cerro de Balzapote, con el fin de que sea triturada y sirva para las obras del Tren Maya. Los trabajos en esta región de Veracruz se realizan pese a que los permisos correspondientes no están vigentes.
FOTO: Félix Márquez
Por Carlos Ramos, Mariana Beltrán y Paris Martinez
21 de agosto, 2022
Comparte

Una densa nube de polvo se cierne sobre la comunidad de Balzapote, en la reserva de la biósfera de Los Tuxtlas, Veracruz. Es la esencia de uno más de los cerros de la zona, que desaparece para ser triturado y transportado vía marítima hasta la ciudad portuaria de Progreso, en el estado de Yucatán, a 970 kilómetros de distancia, donde es transformado en rocas de no más de cuatro centímetros para dar soporte a los durmientes que cargarán el Tren Maya. 

Tal como revelan registros oficiales, la extracción de la roca en esta reserva natural inició en abril de 2022 y se mantiene hasta la fecha sin permisos vigentes, y al amparo de autorizaciones que fueron canceladas en febrero, a raíz de una resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

La población de esta comunidad, cuyo nombre se debe a los grandes árboles de zapote que habitan su territorio, apenas rebasa los 400 habitantes, según el Censo de Población y Vivienda 2020, y sus contadas casas están rodeadas de un paisaje montañoso y tupido de árboles, que pertenece a las 155 mil hectáreas de un área vital para la conservación del mono araña, el cacomixtle, la guacamaya y el loro cabeza amarilla, entre otras especies bajo alguna categoría de riesgo. Sobre su hábitat natural avanzan las obras irregulares de extracción.

El saqueo

Banda trituradora

Una banda arroja piedra triturada, mientras maquinaria pesada la recolecta al interior de la planta donde se extrae roca basáltica en Balzapote, Veracruz. FOTO: Félix Márquez

Balzapote ha sido el corazón de roca de varios megaproyectos en México y sobre sus cerros ausentes se soporta la construcción de la Terminal Marítima de Dos Bocas, en el estado de Tabasco; la ampliación del Puerto de Veracruz que, si bien no se realizó porque la SCJN ordenó su cancelación, tampoco impidió que la roca fuera explotada, y, recientemente, el Tren Maya, proyecto insignia de este sexenio. 

En 2014, cuando el expresidente Enrique Peña Nieto buscó llevar a cabo la ampliación del Puerto de Veracruz, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) otorgó los permisos en materia de impacto ambiental, para que las tierras forestales del Ejido Balzapote fueran consideradas suelo para el “aprovechamiento y explotación de roca basáltica”.

El volumen de roca que se autorizó extraer en ese momento fue de 2 millones de metros cúbicos. Mientras que, para el Tren Maya, en sus tramos 3 y 4, el suministro requerido y abastecido por la Administración del Sistema Portuario Nacional Veracruz (Asipona) es de casi 1 millón 800 mil metros cúbicos, de acuerdo con Fonatur Tren Maya y Asipona. 

Hoy, esos permisos, sin efectos a raíz de la sentencia de la SCJN, son exhibidos por la empresa extractora, Ingenieros Civiles Asociados (ICA), para continuar la explotación de la roca en Balzapote.

En 2021, la Administración Portuaria Integral de Veracruz, encargada de la ampliación del puerto, tramitó ante la Semarnat la cesión del permiso de explotación a la empresa Fancicom Proyectos y Cimentación, SA de CV.

Sin embargo, en el amparo 54/2021, resuelto en febrero de 2022 por la Primera Sala de la SCJN, se determinó que la Semarnat debía dejar sin vigencia los permisos que anteriormente se habían otorgado para la ampliación del Puerto de Veracruz, incluidos aquellos relacionados con la extracción de roca en Balzapote; por ejemplo, el registrado con clave 30VE2014FD006, cuya última prórroga autorizada lo mantendría vigente al 26 de julio de 2022, habría perdido su vigencia con el pronunciamiento de la Corte en virtud de sustentarse sobre un permiso nulo.

Desde que esta resolución judicial fue emitida, la Semarnat no ha reportado ningún nuevo permiso que avale las obras de extracción en Balzapote, tal como se desprende de la Gaceta Ecológica de este organismo, medio en el cual se publican los proyectos ingresados, evaluados y resueltos por la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental.

Escombros

Situado en la costa veracruzana, después de casi 40 kilómetros de camino desde su cabecera municipal, San Andrés Tuxtla, Balzapote nació como una colonia militar, con el reparto agrario impulsado por el gobierno de Lázaro Cárdenas, a finales de los años 30 del siglo pasado, pero las familias de soldados que recibieron estas tierras no las ocuparon y estuvieron abandonadas hasta que campesinos de pueblos vecinos levantaron en ellas sus casas, con paredes de ramas y techos de palma. Esto originó un conflicto por la tenencia de esas tierras que duró más de 30 años y culminó con la dotación de tierras a 63 familias en conflicto, bajo el régimen ejidal. 

Se trata de una comunidad históricamente desatendida, sin señal telefónica, en la que 40% de la población no cuenta con cobertura médica, donde el grado de escolaridad máximo para la mitad de la población es sexto de primaria, únicamente dos de cada 10 personas mayores de edad tienen algún estudio posterior a la secundaria y solo cuatro de sus 117 familias poseen una computadora. Para la mayoría de los habitantes de Balzapote, no existen condiciones de desarrollo.

De las esas mismas 117 familias, solo 63 son ejidatarias. Pero ni siquiera las ganancias que le genera al ejido que los cerros enclavados en sus tierras sean explotados se distribuyen entre todos sus integrantes.

—¿Usted está de acuerdo con la extracción de la roca? —se consulta a un anciano ejidatario de Balzapote, en recorrido por el poblado.

 —Pues no me queda otra, yo soy solito y la mayoría está de acuerdo, pues ya que tengo que hacer, a mí no me toman en cuenta para los acuerdos que toman con la compañía.

—¿Estaría de acuerdo con que se lleven la roca, siempre y cuando a usted le pagaran?

—Ah, cómo de que no. Pues sí, es que es algo de lana —dice, entusiasmado—. Cuando han repartido (beneficios) otras compañías, nada más ve usted bajar los carros llenos de colchones, camas, estufas, se reparte buen billete. La compañía da 50 o 100 mil pesos o más por piocha.

Décadas atrás, ese mismo anciano fue parte de una comisión del ejido, que acudió a la capital del país para solicitar la autorización de explotar uno de sus cerros. El permiso se obtuvo, recuerda, porque al funcionario encargado le pareció que lucían muy “pobres”. El permiso, sin embargo, no lo tramitaban para aprovechar directamente los recursos de sus tierras, sino para que una compañía privada pudiera hacerlo.

—¿Qué hubo? —narra el anciano—: hubo robo, muerte y dinero… nada. ICA ya estuvo aquí, explotó la mayor parte del cerro y hubo repartos, unos repartos muy buenos.

Al final, dice el hombre que ha sido testigo de la destrucción de Balzapote: “Todo esto era pura montaña, todo, la mayor parte, y ahorita es puro potrero y escombros”.

El costo

Escombros

Un camión de volteo de la empresa ICA atraviesa la reserva de la biósfera de Los Tuxtlas cargado de roca extraída del cerro en Balzapote, Veracruz. FOTO: Félix Márquez

En la planta donde se tritura la roca en Balzapote, decenas de trabajadores sudan durante turnos de 12 horas. Varios aseguran que hay COVID-19 dentro de las instalaciones, pero ninguno descansa. Muelen la roca en grandes máquinas esperando no correr, en el puesto menos deseado, la misma suerte que su compañero que, ahora en su hogar y en el abandono que le procuran sus precarias condiciones laborales, espera recuperar la movilidad de su brazo. 

En cambio, hay quienes dirigen retroexcavadoras y camiones de volteo que, al menos cada ocho minutos, salen de la zona de trabajo cargados de roca, para conducirla a escasos metros de distancia, a un banco de material en Balzapote, desde donde el material es trasladado a Yucatán por barco.

Aquí, en la planta, a los hombres que ocupan los cargos de mayor rango les llaman, indistintamente, “ingenieros”.

¿Podemos hablar con uno de ellos? —se consulta a uno de los policías del Instituto de Policía Auxiliar y Protección Patrimonial para el Estado de Veracruz (IPAX) que custodia la planta de ICA, y quien advierte que no se pueden tomar fotografías.

—Denme su nombre y teléfono, les van a mandar mensaje. Es mediodía, por eso no los reciben para la entrevista —responde el policía.

Después de un par de horas, de la planta sale un “ingeniero” manejando una camioneta Toyota Hilux. No acepta dar su nombre o cargo, pero antes de subir el vidrio polarizado del vehículo blanco y terminar la conversación, afirma: “El progreso tiene un costo y hay que seguir avanzando”.

Luego se va, eludiendo todo cuestionamiento.

Esta negativa a tocar el tema de las irregularidades en la extracción de roca en Balzapote se extienden hasta el más alto nivel de gobierno en México. A principios de año, el presidente evitó hablar del tema y, en su lugar, desde el Museo Naval, en el puerto de Veracruz, el gobernador Cuitlahuac García afirmó que habría remediación ambiental en Balzapote. 

—En efecto, hay bancos (de material pétreo) en la zona de (la reserva de la biósfera de) Los Tuxtlas, todos cuentan con manifiestos de impacto ambiental federal. El Estado, a través de la Profepa, los ha intervenido, y también estamos ya en la firma del convenio para la remediación y compensación ambiental. Los empresarios están en toda la disposición de colaborar en ello —afirmó el gobernador, sin especificar los alcances de tal remediación ambiental.

Para saber qué acciones se tienen contempladas para restaurar las áreas de Balzapote y otros puntos de la reserva de la biósfera de Los Tuxtlas, dañadas por la extracción de roca, se solicitó una entrevista con la Procuraduría Estatal de Protección Ambiental y al ayuntamiento de San Andrés Tuxtla, mismas que fueron negadas.

 Aullidos y explosivos

Explosivos

El área selvática de Los Tuxtlas está ubicada en la llanura costera del Golfo de México; en 1998 fue declarada reserva de la biósfera, para proteger el ecosistema y sus especies. FOTO: Félix Márquez

Transcurren los primeros días de julio de 2022 y, desde hace cuatro meses, cuando comenzaron a dinamitar el cerro, Balzapote y sus alrededores tiemblan durante la noche, al menos una vez a la semana.

En 2014, se registró oficialmente la existencia de dos tropas de monos aulladores. La más numerosa, compuesta por 14 ejemplares, fue avistada a menos de 200 metros del área del proyecto, donde actualmente se destruye el cerro.

En ese año, las autoridades ambientales de Veracruz identificaron en la zona una decena de especies catalogadas bajo alguna categoría de riesgo. Estas especies fueron identificadas en apenas 11 días de inspección, aunque estos estudios suelen durar un año.

Y allí se aferraron, los monos aulladores y otras especies no huyeron de esa área de la reserva, a pesar del ruido y de la remoción de su hábitat. Se mantienen tan cerca del área de explotación actual que conservadores, pobladores y trabajadores de la zona afirman verlos entre los árboles.

—¿Qué hacen cuándo se los encuentran? —se pregunta a un obrero.

—Nada, están protegidos esos animales. Se espantan con el ruido…

—¿Y qué piensas de que se destruya el cerro?

—¿Qué puedo pensar? Nada, ellos tienen el dinero. No importa lo que diga la gente, de qué sirve que uno haga huelga. La mayoría son ejidatarios que reciben dinero, pero no les han pagado y según que iban a hacer paro laboral. Eso comentan los chavos que son de aquí —remata.

Otros animales, sin embargo, sí han abandonado sus ecosistemas. El jurel, el bacalao, el robalo y otras especies marinas antes presentes en la costa de Balzapote han desaparecido, a grado tal que los pescadores ribereños han suspendido sus labores de captura.

Pescadores

El pescador Félix Marcial camina por la playa después de ir a vigilar su lancha, mientras los obreros descansan bajo una palapa durante su hora de comida, en Balzapote, Veracruz. FOTO: Félix Márquez

Félix Marcial es miembro de la Cooperativa de pescadores de Balzapote. Una agrupación formada por su padre cuando todavía vivía. Ahora es representante de la cooperativa, conformada por integrantes de la misma familia.

¿Y tienes que ir más lejos para pescar? —se pregunta a Félix.

—No tengo que ir más lejos, no pesco desde febrero. Ahora me dedico al campo. Así está la cosa —dice triste, resignado. Mientras, sobre una mesa de plástico, los informes dirigidos a la Comisión Nacional de Pesca (Conapesca) son testigos de cómo ha disminuido la actividad pesquera.

El Programa de Manejo de la reserva de la biósfera de Los Tuxtlas señala expresamente la prohibición de “usar explosivos” en el área, pero en Balzapote, ese ordenamiento es letra muerta.

La extracción de la roca supone un daño a la reserva de la biósfera de Los Tuxtlas no solo permitido, sino promovido por las autoridades, que han priorizado intereses económicos, incluso pasando por encima de la ley, advierte José Feliciano Pérez Romero, biólogo especialista en derecho ambiental, doctorado en ecología tropical y actualmente profesor en la Facultad de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la Universidad Veracruzana.

—Aquí no es de que la autoridad quiera aplicarlo o no aplicarlo —refiere con tono enérgico el académico universitario, sobre el Programa de Manejo de la reserva de la biósfera Los Tuxtlas—. Aquí la ley es la ley y no hay que buscarle el cómo sí y el cómo no, simplemente hay que aplicarla.

Sin embargo, subraya, “los intereses económicos se sobreponen a los intereses ambientales” en la resolución de los proyectos por parte de la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental de la Semarnat.

El uso de explosivos en Balzapote es un buen ejemplo. Aunque el programa de manejo de la reserva de la biósfera los prohíbe, en 2014 la misma autoridad federal ambiental salió en defensa de su uso, argumentando que “el progreso de las tecnologías ha evolucionado hasta lo que hoy en día se denomina de manera general como ‘voladuras controladas’, que permiten que la detonación fragmente la roca de manera que los impactos al entorno sean calculados, programables y precisos”.

No se trata de darle la vuelta a la ley y justificar una actividad productiva, diciendo que se usarán explosivos de alta tecnología de Alemania. No, la autoridad no está para eso, la autoridad está para autorizar o negar, con base en la ley. Si el ordenamiento ecológico presente en el programa de manejo señala que está prohibido el uso de explosivos, no importa de dónde vengan; está prohibido y punto”, afirma José Pérez, con indignación.

El derecho a estar aquí

En 2014, cuando la roca de Balzapote quiso emplearse en la ampliación del puerto de Veracruz, pobladores de todo el municipio de San Andrés Tuxtla salieron en su defensa, bajo el lema “La roca no se toca”, un movimiento que tuvo gran responsabilidad en la cancelación del proyecto.

La historia de esa batalla sigue en la memoria de Félix Marcial, Guillermo Curiel, Eduardo Álvarez, Jezreel Barac y Alfonso Fernández. Los últimos dos acababan de cumplir entonces los 18 años de edad y, como otros jóvenes, fueron parte de esa movilización y, ocho años después, confiaban en que esta resurgiera, con el inició de la extracción de la piedra, ahora para el Tren Maya. Pero no sucedió.

Guillermo recuerda que viajó a San Andrés Tuxtla con la intención reencontrarse y unir fuerzas con quienes en el pasado integraron “La roca no se toca”, “pero ya no encontramos quién hiciera resistencia”, lamenta; “los ejidatarios estaban más contentos porque tenían empleo, destruyendo Balzapote”.

—Es una tristeza que en su momento por todo lo que se peleó ahora no sirva de nada. Pero también se vive con el miedo de si te llegan a hacer algo, pues hay represalias, ya no es nada más uno, es nuestra familia —expresa Alfonso.

La tensión en la zona por la extracción de la roca se siente en el ambiente. Distintos actores, entre ellos ICA, se encuentran vigilantes ante la documentación de su actividad dentro de la reserva. Una muestra de ello es que, durante la realización del reporteo en campo, el equipo periodístico de este trabajo, acompañado por Jezreel Barac, Alfonso Fernández y Eduardo Álvarez, fue objeto de una amenaza directa por parte de personas que se encontraban en Balzapote. Esto llevó al equipo a abandonar la comunidad.

—¿Cuál es su opinión respecto a los impactos que está dejando el Tren Maya a tantos kilómetros de distancia de los lugares por donde pasarán las vías? —se les pregunta a los jóvenes.

—Para mí es muy triste —responde Alfonso— porque yo apoyé en su momento el proyecto del presidente Andrés Manuel López Obrador, el proyecto de nación que venía construyendo, me parecía que iba a beneficiar a muchas personas, y creo que ha beneficiado a muchas personas, pero también estoy profundamente decepcionado porque justo aquí, donde recibió al menos mi apoyo y el de muchas personas más, pues prácticamente se voltearon los papeles.

Luego, Guillermo añade: “No estoy en contra de Andrés Manuel, yo estoy a favor de la naturaleza y quiero que la respeten y quiero que la dejen en paz. ‘Aquí yo llegué primero que tú, cabrón, por qué me quieres expulsar, yo también tengo derecho a estar aquí’, diría la naturaleza”.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

“Son especies totalmente nuevas”: científica mexicana ayuda a revelar increíbles criaturas del mar profundo

La bióloga marina Guadalupe Bribiesca-Contreras es la autora principal de un estudio que muestra la alta diversidad de los animales del mar profundo.
4 de agosto, 2022
Comparte

“Yo la verdad me muero de emoción”.

“Es que es impresionante. Hay animales que nunca habíamos visto o comportamientos que nunca habíamos observado, es un mundo completamente diferente”.

La científica mexicana Guadalupe Bribiesca-Contreras compartió con BBC Mundo qué sintió al ver por primera vez algunos de los seres que halló con sus colegas a profundidades de hasta más de 5000 metros.

La bióloga marina, investigadora del Museo de Historia Natural de Londres, es la autora principal de un nuevo estudio sobre los hallazgos de una expedición a una zona muy poco estudiada del Océano Pacífico.

Con un vehículo operado en forma remota, los científicos recogieron 55 especímenes del mar profundo que pertenecen a 48 especies diferentes.

Ya se ha confirmado que al menos siete de esas especies son nuevas para la ciencia, explicó Bribiesca-Contreras. Y se cree que en total el número de especies jamás registradas podría llegar a más de 30.

Pero este mundo desconocido, diverso y deslumbrante se encuentra bajo amenaza.

En el océano profundo también hay grandes cantidades de metales y ya existen planes para su explotación.

Recolectar organismos que no sobreviven fuera de su medio natural puede parecer una intervención drástica. Pero los científicos advierten que saber más acerca de los seres del mar profundo es más urgente que nunca para intentar protegerlos.

Lirio de mar

© DeepCCZ expedition
Ya se confirmó que esta especie es totalmente nueva. “Lirio de mar: Bathymetrina incertae. Este ejemplar adulto fue encontrado agarrado al tallo de una esponja vítrea a 5,001 m de profundidad”.

¿Dónde fueron hallados los animales y a qué profundidades?

La expedición recogió muestras en una región del Océano Pacífico entre Hawái y México que se conoce como la zona Clarion-Clipperton (CCZ por sus siglas en inglés), una vasta área que cubre más de cinco millones de km cuadrados.

Además de planicies abisales “hay allí un montón de montes submarinos y la profundidad varía”, señaló la bióloga.

Varios de los ejemplares que tenemos son de más de 5.000 metros de profundidad, pero algunas muestras se tomaron en montes submarinos a unos 3.200 mt”.

Invertebrados marinos

© DeepCCZ expedition
“Todos estos invertebrados marinos fueron colectados durante la expedición DeepCCZ en 2018. Entre ellos se encuentran esponjas de mar (vítreas), estrellas de mar, pepinos de mar, lirios de mar, ratones de mar, erizos de mar y percebes”.

Las profundidades en la zona Clarion-Clipperton llegan a unos 5.500 metros, tanto como la altura del Monte Kilimanjaro.

“Imagina solo que te vas a correr cinco kilómetros, cuánto te tardas. Esa es la profundidad a la que recolectamos organismos, es increíble”, señaló Bribiesca-Contreras.

La amenaza de la minería en el fondo del mar

La zona Clarion-Clipperton ha atraído en años recientes la atención no solo de la comunidad científica, sino de gobiernos y empresas.

Grandes extensiones de sus planicies están cubiertas de nódulos polimetálicos, trozos de roca del tamaño de una papa ricos en metales como cobalto, níquel, manganeso y cobre.

Estos materiales son utilizados en tecnologías verdes como torres eólicas y autos eléctricos. El interés en extraerlos ha aumentado, especialmente por parte de compañías y gobiernos según los cuales los metales del océano profundo serán esenciales para combatir el cambio climático.

Sin embargo, quienes se oponen a estas iniciativas advierten que la extracción de metales podría devastar vastas áreas del océano y causar un daño irreparable a ecosistemas únicos que aún no son comprendidos.

Nódulos polimetálicos

GEOMAR
Nódulos polimetálicos en el fondo del océano.

Para Bribiesca-Contreras, “si no sabemos ni siquiera qué vive ahi no sabemos el daño que va a ocasionar tratar de extraer este recurso“.

Expediciones como la del Museo de Historia Natural de Londres son parte de un esfuerzo científico en una carrera contra el tiempo.

Adrian Glover, director del grupo de investigación sobre el mar profundo en el Museo de Historia Natural de Londres, es coautor del nuevo estudio.

“Si bien la minería en aguas profundas es una preocupación medioambiental muy válida, nos encontramos en una situación positiva en la que hemos podido realizar una gran cantidad de investigación fundamental mientras la industria sigue restringida de la explotación a gran escala”, afirmó Glover.

“Una gran decisión a nivel de la sociedad sobre la minería en aguas profundas está en el horizonte y nuestro papel es proporcionar la mayor cantidad de datos posible para informar esa decisión lo mejor que podamos”.

“Hacen cosas rarísimas”

Bribiesca-Contreras describió a BBC Mundo algunos de los animales extraordinarios hallados en la expedición.

“Por ejemplo, tienes esponjas carnívoras, lo que suena super raro. Uno esperaría que sean como una planta carnívora que está como esperando a que le caiga la comida”.

“Pero tenemos vídeos en los que se ve que pasa un camaroncito y la esponja cambia de forma para engullirlo y luego escupe el exoesqueleto“.

Pepino de mar, ardilla de goma, Psychropotes dyscrita

© DeepCCZ expedition
No todas las especies halladas en la expedición son nuevas. La “ardilla de goma”, Psychropotes dyscrita, ya era conocida. “Es un pepino de mar que recibe su nombre porque parece hecho de goma, y tiene una vela que usa para nadar pero que parece la cola de una ardilla”, explica Bribiesca-Contreras.

“Hacen cosas rarísimas, producen luz. También tienen adaptaciones súper raras para reproducción, porque no es como caminar por Londres que está lleno de hombres o de mujeres”.

“Allá abajo puedes pasar un kilómetro y no encontrar a alguien de tu misma especie. Entonces tienen adaptaciones donde los machos se convierten en parásitos de las hembras, por lo que las hembras siempre tienen como un reservorio de espermatozoides para cuando quieran reproducirse”.

Uno de los especímenes que más llamó la atención de la científica es un erizo.

“Cuando vas a bucear normalmente ves erizos moviéndose pero muy lento. Pues este erizo, cuando se le acerca el vehículo operado remotamente se levanta y comienza como a galopar, lo ves corriendo en el fondo”.

Pepino de mar: Oneirophanta sp

© DeepCCZ expedition
“Pepino de mar: Oneirophanta sp. Este ejemplar fue encontrado en un monte submarino a 3550 mt de profundidad y posiblemente representa una especie nueva”.

La bióloga señaló que en el oeste de la zona Clarion-Clipperton hay muy poco alimento.

“A la zona este le llegan más nutrientes en forma de ‘nieve marina‘, todo lo que se va muriendo y no se lo van comiendo en el camino, todo eso va cayendo. Hay más nieve marina en la zona este que en el lado oeste”.

Los científicos esperaban ver sólo animales pequeños debido a la falta de alimento.

“Pero encontramos un pepino de mar de más de medio metro y una esponja de como un metro de longitud“.

Guadalupe Bribiesca-Contreras

Guadalupe Bribiesca-Contreras
Bribiesca-Contreras creció en la Ciudad de México. Aunque nunca había visto el mar, supo de niña que quería dedicarse a la biología marina gracias a documentales como los de Jacques Cousteau.

¿Por qué es importante recolectar animales del mar profundo?

La expedición se centró en áreas del oeste de la zona Clarion-Clipperton, que es la parte menos estudiada.

Y otra particularidad del estudio es que recogió muestras de animales grandes.

“Lo que se estudia más comúnmente en esta zona son todos los organismos que viven en el sedimento”.

“Agarran un montón de lodo, lo tamizan y todas las cosas chiquititas, gusanos, algunos crustáceos, todo eso es a lo que se ha dado más énfasis. Los animales grandes son muy difíciles de colectar”.

Pepino de mar: Psychropotes verrucicaudatus

© DeepCCZ expedition
“Pepino de mar: Psychropotes verrucicaudatus. Este ejemplar fue encontrado en una planicie abisal a 4999 mt de profundidad y pertenece a una especie que fue recientemente descrita en un monte submarino en el Mar del Sur de China”.

La ventaja de contar con especímenes, y no solamente fotos como las tomadas en expediciones anteriores, es que para estudiar estas especies “necesitas tener al ejemplar, contarle los tentáculos, las patas, ver caracteres internos”.

Los ejemplares serán comparados por taxónomos expertos con los escasos especímenes considerados tipo de su especie, para así determinar con certeza si efectivamente más de 30 de los organismos colectados son especies nuevas.

Chrysogorgia sp

© DeepCCZ expedition
Chrysogorgia sp. o coral blando es otra de las especies confirmadas como nuevas.

Y también será posible realizar estudios de ADN.

“Secuenciamos un gen que se utiliza comúnmente y lo comparamos contra secuencias que ya existen. Pero ese es otro de los grandes problemas, que los animales de mar profundo son tan raros y pertenecen a linajes tan completamente diferentes que no hay nada similar cuando los comparas en bases de datos. Necesitamos empezar a generar bases de datos de mar profundo”.

Guadalupe Bribiesca-Contreras

Guadalupe Bribiesca-Contreras
“Ante estos animales siento sorpresa, admiración y un montón de curiosidad”.

Una expedición, mil preguntas

El estudio generó todo un abanico de interrogantes para Bribiesca-Contreras y sus colegas.

“Nos gustaría investigar cómo se reproducen estos animales y algo que me encantaría saber es cuánto tiempo viven. Han hecho algunos estudios en ciertas esponjas que tienen mil o dos mil años de edad“.

“¿Qué tan viejos son los animales que recolectamos? Como decía antes, algunos de los animales que encontramos eran enormes. Y para llegar a ese tamaño en un ambiente con tan poca energía, yo creo que es porque ha pasado mucho tiempo”.

Erizo de mar: Kamptosoma abyssale

© DeepCCZ expedition
“Erizo de mar: Kamptosoma abyssale. Este ejemplar fue encontrado casi galopando en el fondo marino a 5040 mt”.
Psychronaetes sp

© DeepCCZ expedition
Psychronaetes sp. es el nombre temporario de esta especie de pepino de mar confirmada como completamente nueva.

Los científicos también esperan investigar cómo se relacionan esos organismos con otros grupos de animales marinos.

“Muchos de estos grupos de mar profundos representan ramas muy largas en el árbol de la vida. Se separaron de grupos de aguas más someras a lo mejor hace cien millones de años, son grupos súper ancestrales”.

Guadalupe Bribiesca-Contreras

Guadalupe Bribiesca-Contreras
“Si no sabemos ni siquiera qué vive en el mar profundo no sabemos el daño que va a ocasionar tratar de extraer recursos metálicos”.

Guadalupe Bribiesca-Contreras supo de niña cuando crecía en Ciudad de México que quería ser bióloga marina. Aunque entonces nunca había visto el mar, y solo lo conocía por documentales como los de Jacques Cousteau.

Hoy en día y luego de años de estudios y expediciones esa pasión sigue creciendo, junto a un sentimiento de gran respeto por los animales que habitan las profundidades del océano.

“Imagina lo difícil que debe ser vivir en el mar profundo. ¿Cuánto tiempo lleva la especie humana? Es incomparable con algunas de estas especies que sobrevivieron eventos de extinción masiva y tienen linajes de cien millones de años”.

“Yo a estos animales los veo hermosos y ante ellos siento sorpresa, admiración y un montón de curiosidad”.

“Cada vez que vemos algo tenemos mil preguntas”.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=JpWdfAyzbqY

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.