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3 de cada 10 mexicanas han vivido violencia en el ámbito escolar, pero el 91% de los casos no se denuncian

La violencia que más prevalece es la de índole sexual: 8 millones 576 mil 430 mujeres estudiantes la han experimentado a lo largo de su vida.
Por Eréndira Aquino y Marcela Nochebuena
26 de septiembre, 2022
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En México, 3 de cada 10 mujeres han experimentado al menos un episodio de violencia psicológica, física o sexual en el ámbito escolar. 

Pese a esto, solo el 9% de los casos se denunció ante las autoridades, de acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica en las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021.

Además, en un periodo de cinco años, de 2016 a 2021, las agresiones contra mujeres estudiantes mayores de 15 años crecieron un 7%, al pasar de 25.3% a 32.3%.

Según la información recabada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la violencia psicológica y sexual fueron las que registraron un mayor aumento (7%), seguidas de la física (1.6%).

De octubre de 2020 a octubre de 2021, la violencia psicológica se reportó casi en la misma medida en la educación superior y media superior (12.5% y 12.3%, respectivamente), la violencia física principalmente en la educación media superior (6.2%) seguida por la superior (3%), mientras que la prevalencia de la violencia sexual fue mayor en la educación media superior (14.8%) que en la superior (13.5%).

En general, las mujeres son las más afectadas por la violencia en el entorno escolar, por lo que es necesario que los centros educativos reestructuren sus políticas y dinámicas para combatirla, según un análisis realizado por las investigadoras Brenda Medina-Medina y Yessica Ivet Cienfuegos-Martínez.

En el ámbito educativo, “se reproducen roles y estereotipos de género, al igual que las relaciones fundamentadas en estos, una estructura jerárquica que favorece la desigualdad, en la que la supremacía de los hombres y la subordinación de las mujeres persiste”.

Violencia sexual, la más frecuente

Intimidación, acoso, abuso sexual, violaciones o intentos de agresiones son algunas de las formas de violencia que más reportan las mujeres en el ámbito escolar.

La violencia que más prevalece es la de índole sexual: 8 millones 576 mil 430 mujeres estudiantes la han experimentado a lo largo de su vida, de acuerdo con los resultados de la ENDIREH.

De octubre de 2020 al mismo mes de 2021, 947 mil 279 mujeres vivieron violencia sexual, cuando algunas actividades académicas aún permanecían semipresenciales.

Entre ellas, 853 mil 885 reportaron intimidación sexual —miedo a ser atacada o abusada, piropos groseros u ofensivos o insinuaciones a través de redes sociales—, mientras que 86 mil 225 fueron víctimas de acoso u hostigamiento sexual —propuestas sexuales a cambio de beneficios en la escuela o maltratos y castigos por negarse—.

En tanto, 269 mil 234 estudiantes reportaron abuso sexual —exhibición o manoseo de partes íntimas frente a ellas, obligación a mirar escenas pornográficas o sexuales y manoseos, tocamientos, besos o arrimones— y 40 mil 706 señalaron haber sido víctimas de violación (18 mil 554) o intento de violación (30 mil 662). 

Aunque la ENDIREH revela que los principales agresores en el caso de la violencia sexual son los compañeros de clase (48.9%), seguidos de personas desconocidas (20.8%), maestros (12.1%) y compañeras (6.2%), Mariana Gil, abogada de la Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia (ODI), subraya como particularmente preocupante que el abuso sexual por parte de docentes persista desde la educación básica debido a la falta de atención y protocolos en las escuelas. 

“Es la facilidad que se tiene para cometer estos delitos, y la impunidad, porque hay factores muy importantes que hacen vulnerables a los niños, niñas y adolescentes en las escuelas: toda la parte administrativa de la Secretaría de Educación Pública (SEP), que no da vista inmediatamente a la Fiscalía; a veces la misma escuela no mueve a los maestros, que es un encubrimiento organizado, donde toda la escuela lo sabe, y el cotidiano, en el que ni siquiera dan vista a la autoridad”, asegura.

En su informe “Es un secreto”, de 2021, la ODI documentó que en varias escuelas, las niñas, niños y adolescentes viven violencia sexual de manera cotidiana y a tal escala que resulta insostenible que se trate de un tema oculto.

Las autoridades escolares omiten denunciar el posible abuso. “La práctica institucionalizada por la SEP de proceder con una investigación interna ante la denuncia de delitos graves hace difícil distinguir entre la omisión y el encubrimiento”, sostiene el documento. 

Por otro lado, la violencia entre pares, apunta Gil, está relacionada con la falta de educación sexual en las escuelas.

Juan Martín Pérez García, de Tejiendo Redes Infancia, precisa que si bien hay que distinguir la violencia sexual que ejercen adultos, que es un delito y puede ser organizada –como documentó la ODI–, cuando se trata de pares el desarrollo de procesos de cultura de paz en las escuelas debe contemplar, de manera urgente, educación preventiva en torno al machismo y la construcción de masculinidades positivas para que, primeramente, niñas y adolescentes puedan reconocer la violencia.

Insultos, golpes… y hasta disparos

El maltrato psicológico es el segundo que más viven las mujeres dentro del entorno escolar. En un año, se registraron al menos 830 mil 097 eventos.

Las víctimas señalaron que la degradación es la situación más común, con 721 mil 102 casos. A otras les hicieron comentarios ofensivos acerca de que no deberían estudiar, las han ignorado por el hecho de ser mujeres, o las han ofendido o humillado por motivos de género.

En tanto, 230 mil 972 dijeron haber vivido algún tipo de intimidación, como ser vigiladas o seguidas al salir de la escuela, mientras que 83 mil 788 han experimentado violencia digital con la publicación de información personal, fotos o videos para dañarlas. Los principales agresores fueron compañeros (42.5%), maestros (25.5%) y personas desconocidas (13.1%).

En el caso de la violencia física, 276 mil 979 mujeres dijeron que  las pellizcaron, les jalaron el cabello, las empujaron, abofetearon o les lanzaron algún objeto dentro del entorno escolar; a 70 mil 866 las patearon o golpearon, y 12 mil 187 más fueron agredidas con navajas o armas de fuego.

En este tipo de violencia, los principales perpetradores son los compañeros (47.8%), las compañeras (38.2%) y personas desconocidas (5.4%).

Para Pérez García, es fundamental abordar la violencia escolar entre pares desde un enfoque de derechos humanos, alejarse del modelo punitivo y comenzar a buscar experiencias exitosas, como la de mediadores escolares en España, un modelo en el que los propios estudiantes, de manera voluntaria, se capacitan seis meses en cultura de paz y mediación de conflictos para después asumir el rol de mediadores con estudiantes dos grados menores que ellos.

“Corremos el riesgo de que reconozcamos el hecho del acoso y la violencia escolar, pero nuestra mirada adulta lo lleve precisamente a lo penal, y eso no es sano ni sostenible. Claramente, cuando hay uso de un arma o lesiones que tardan más de 15 días, ni siquiera hay que cuestionarlo, pero hay otras formas de acoso escolar –psicológico, empujones, golpes– que no tienen que llevarse a lo penal porque esto lo único que hace es profundizar el conflicto”, indica Pérez García.

Sin embargo, para el acompañamiento a estudiantes en nuevas pautas de convivencia escolar, la SEP está desbordada porque cuenta con muy poca capacidad instalada para atender temas psicológicos.

A ello se suma la inestabilidad que existe actualmente en los espacios escolares, frente a un cambio de modelo y titular, y una permanente necesidad de renovar las escuelas en México, lo que genera acciones que, aun bien intencionadas, siguen teniendo un sentido de improvisación, falta de arraigo y, en consecuencia, desconocimiento de protocolos.

Por ello, transversalizar un enfoque de paz y no violencia en la currícula escolar no se trata de agregar una materia, sino de hacer una revisión completa de los libros de texto y programas para determinar hasta qué punto se está fomentando una cultura de paz o, en cambio, veladamente se respaldan nociones competitivas, no colaborativas, violentas y no respetuosas. 

Violencia generalizada

Juan Martín Pérez García, de Tejiendo Redes Infancia, señala que la violencia escolar es una expresión más de las violencias que viven los países.

En México, durante 15 años la violencia armada y los delitos de alto impacto se han generalizado, lo que resulta en miles de familias afectadas por la violencia criminal, además de que en el caso de niñas, niños y adolescentes, de cada 100 carpetas de investigación donde son víctimas, solo tres alcanzan sentencia.  

“Los niños y adolescentes que ejercen algún tipo de violencia en la escuela son víctimas que están expresando esa violencia que están viviendo seguramente en casa o en su comunidad, y la están reproduciendo; lo que necesitan es atención, no más castigo”, asegura.

Sin embargo, el Estado mexicano en su conjunto, y particularmente la Secretaría de Educación Pública (SEP) –lamenta– no tienen una estrategia eficiente para atender el acoso escolar desde los niveles básicos.

Para él, es indispensable recordar que la escuela es solamente un reflejo de lo que sucede en la familia y la comunidad. Desde 2011, indica, el Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas advirtió que los primeros cinco años de la guerra que emprendió el expresidente Felipe Calderón tenían ya un impacto muy negativo en la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes no solo en crímenes de alto impacto, sino sobre todo en la violencia familiar y escolar.

Además de solicitar cambiar la estrategia de seguridad, puso énfasis en un bloque de recomendaciones sobre la necesidad de construir cultura de paz en las escuelas. 

Las cifras reflejan claramente una cultura machista que prevalece y que, en el caso de los hombres, tiene un sentido muy fuerte de forzar el ejercicio de los roles tradicionales de género. El activista subraya que las escuelas son las responsables de la violencia que se da en su interior y de atenderla desde la cultura de paz.  

“No funcionan en lo absoluto las medidas punitivas: expulsar a los niños, castigarlos con actividades de servicio o demás es punitivista, no cambia. Tenemos que regresar al principio de que los niños que ejercen violencia son víctimas de violencia; ahí aplica lo que conocemos como justicia restaurativa, que implica reconocer a la víctima, reconocer al agresor –hablo de hombres porque la mayoría lo son–, pero reconocer también a la comunidad como una tríada donde se encuentran soluciones para evitar la repetición de los hechos”, asegura.

Tania Ramírez, directora de la Red por los Derechos de la Infancia (REDIM), indica que los incrementos en la violencia escolar pueden leerse también a partir de la modificación de dinámicas en la pandemia, pues durante el tiempo de confinamiento se registró un aumento de violencias en la familia, así como de violencias sexuales hacia niñas y adolescentes en entornos domésticos, y al volver a las escuelas, empiezan a observarse estas expresiones. 

“Niñas, niños y adolescentes, por una cultura altamente violenta, y altamente adultocéntrica, están en permanente riesgo; me parece un síntoma de cómo esa violencia se puede expresar en uno y otro espacio”, explica la experta.

Las agresiones entre pares, añade, son también síntoma de la violencia instalada en las subjetividades y en las capacidades, o falta de ellas, de relaciones interpersonales entre estudiantes, al salir de un contexto de pandemia donde permanecen factores de estrés y angustia que aún no han tenido tiempo ni cauce de procesamiento, además de los efectos económicos al interior de las familias. 

¿Por qué no se denuncia?

A lo largo de la vida, 13 millones 390 mil 043 mujeres estudiantes de 15 años y más han experimentado violencia física o sexual en el ámbito escolar en México, pero solo un millón 170 mil 481 solicitó apoyo a alguna institución o presentó una denuncia ante alguna autoridad (8.8%).

En cambió, el 91.2% no actuó, la mayoría (43.1%) por considerar que lo ocurrido no tuvo importancia ni le afectó. Otras razones mencionadas fueron que no sabían cómo y dónde denunciar (12.6%), tuvieron miedo a amenazas (12.5%), pensaron que no les iban a creer (12.4%) o les dio vergüenza (12.2%).

Algunas dijeron que se trataba de costumbres (8.7%) o no querían que su familia se enterara (3.4%). El 3.9% desconfía de las autoridades y al 1.1% las convencieron de que no debían denunciar.

Además, el 69.7% de las mujeres estudiantes mencionaron al INEGI que no tienen conocimiento de que existan protocolos en sus centros escolares; sólo el 18.8% sabe cuáles son las instancias y procedimientos de denuncia.

Para Mariana Gil, es fundamental proveer de información a las y los estudiantes acerca de los protocolos desde la educación básica, para que se empoderen y sepan qué hacer, además de modificarlos cuando no sean adecuados, sobre todo para que cuando existe un delito sexual en la escuela, se dé aviso a las autoridades encargadas de investigar y no recaiga solo en la misma institución educativa.

La investigadora Stefanny Daniela Mora Nieto, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), señala que en la educación superior, uno de los principales problemas por el que las mujeres estudiantes no recurren a los protocolos para la atención de la violencia es también la falta de conocimiento. 

En una revisión realizada por Medina-Medina y Cienfuegos-Martínez a los protocolos para prevenir y atender la violencia sexual en la Universidad Autónoma de Sinaloa, el Colegio de Posgraduados, la Universidad Veracruzana, la UNAM, la Universidad de Guanajuato, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, El Colegio de México, la Universidad Autónoma de Yucatán y la Universidad Autónoma de Coahuila, se encontró que el 33% no cuenta con una definición puntual sobre hostigamiento o acoso sexual desde el marco legal, lo cual puede ser problemático para interpretar las manifestaciones del delito. 

Además, el 44% de los protocolos no establecen niveles de gravedad entre las distintas violencias de tipo sexual, mientras que el 11% impone un límite de 12 meses para denunciar.

En el 22% de los casos se encontró que las universidades no cuentan con espacios de contención y canalización de las víctimas para su atención psicológica, y en el 44% de ellos no se contemplan procedimientos alternativos de resolución de conflictos.

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Cómo viven las mujeres en Irán, el país donde por ley valen la mitad que los hombres

Contar con el permiso de un hombre para renovar el pasaporte y poder viajar, o hasta “matrimonios” temporales de hasta 2 minutos son algunas de las leyes más extremas a las que se enfrentan las mujeres en Irán. Las nuevas generaciones son mucho más conscientes de esta violencia estatal.
29 de octubre, 2022
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La indignación de miles de mujeres, especialmente jóvenes, por la muerte de Mahsa Amini el pasado 16 de septiembre ya había explotado en las calles de Teherán -se quitaban el velo, lo ondeaban y se cortaban el pelo en protesta por los abusos de la policía de la moral y las políticas patriarcales de la República Islámica- cuando el esposo de Mina* fue trasladado al hospital con un ataque al corazón.

Lograron salvarle la vida, pero desde entonces está en coma.

Los médicos aseguran que es imposible predecir si algún día recuperará la conciencia, lo que representa un gran dolor para Mina, que además de tener que enfrentarse a la situación de ver a su marido en dicha situación, le abre un gran número de incertidumbres en su vida.

Una de ellas es si podrá continuar con sus viajes, necesarios para su trabajo. Su pasaporte está próximo a caducar lo que indica que en pocos meses no solo tendrá que sacar uno nuevo sino que tendrá que renovar también el permiso que según la ley le tiene que dar su marido para salir de Irán.

Este “visto bueno” lo saca cada vez que vence su pasaporte, algo que había sido un procedimiento rutinario durante los años que llevan de casados.

“Obviamente es horrible pensar que tu marido te tiene que dar permiso para sacar pasaporte o salir del país, pero terminas por asumir que es la ley“, explica Mina que puntualiza que el nuevo escenario al que se enfrenta es aún más “humillante”.

Si su marido no está en capacidad de dar esta autorización, lo tiene que hacer su suegro o en su defecto los hermanos de su esposo. En su caso no tiene ni lo uno ni lo otro; la única opción posible que ella baraja ahora es el esposo de la hermana mayor de su pareja con quienes tiene una relación infernal; no se hablan. Sus cuñadas nunca vieron con buenos ojos que ella fuera una mujer independiente que viajara continuamente.

Mahsa Amini

Familia de Mahsa Amini
Mahsa Amini murió tres días después de colapsar en un centro de detención de la “policía de la moral” de Irán.

“Él tendrá que acompañarme y firmar como si fuera mi protector. Ni siquiera mi hijo puede hacerlo”, explica Mina cuya vida, igual a la de millones de mujeres en Irán, está determinada por una ley ante la cual valen la mitad. Esta figura queda en evidencia en los tribunales donde según la Sharia, o Ley Islámica, el testimonio de la mujer vale en muchas ocasiones la mitad.

Herencias a la mitad

Algo similare ocurre con las herencias. En el caso de que el marido de Mina muera, ella solo heredará una octava parte de lo que posea su marido. Un escenario que le recuerda la muerte de su padre dos décadas atrás cuando, por ley, ella heredó la mitad de lo de que recibieron sus hermanos varones.

Algunas de estas leyes están ligadas a la victoria de la Revolución Islámica en 1979 cuando las mujeres perdieron muchos de los derechos que habían ganado en décadas anteriores; entonces tenían una importante participación en la sociedad, incluido a nivel gubernamental y judicial.

Muchos aspectos de la vida de la mujer cambiaron, incluido la obligación para cubrirse el cuerpo según las llamadas reglas islámicas. El velo pero también la gabardina que cubre gran parte del cuerpo pasaron a convertirse en accesorios obligatoriospara cada mujer a partir de los 9 años.

Desde ese momento el pelo, brazos y piernas se esconden para siempre, al menos en la vida pública. De no cumplirlo pueden ser castigadas incluso con detenciones como sucedió con Mahsa Amini quien, como ha ocurrido con miles de iraníes en las últimas décadas, fue detenida por la llamada policía de la moral, o Gasht-e Ershad, por no ir vestida según los cánones islámicos.

¿Qué significa eso? Que el velo está muy caído; que la gabardina está muy abierta, muy corta o muy ceñida al cuerpo; que lleva un pantalón muy apretado o muy corto… En fin, tantas interpretaciones como policías hay en la calle.

Una protesta por la muerte de Mahsa Amini

Getty Images
Amini, quien también se ha convertido en un símbolo de movilizaciones fuera de Irán, murió el 16 de septiembre.

Estas patrullas de la policía de la moral han atormentado la vida de las mujeres de grandes ciudades por décadas. A esto se suma la presión del Estado y sus cuerpos de seguridad que se han encargado de eliminar cualquier campaña por los derechos de la mujer y los niños.

La mayoría de las activistas que han intentado a lo largo de estas décadas luchar por los derechos de la mujer como Narges Mohamadi, Nasrin Soutudeh, Shadi Sadr, Jila Baniyaghoob están en prisión o han pasado por ella. La mayoría están hoy silenciadas y muchísimas otras, en el exilio.

Grandes pequeñas victorias

Pero a pesar de esta presión las mujeres han ido ganando “grandes pequeñas” victorias en las últimas cuatro décadas.

Algunas restricciones impuestas durante los primeros años de la República Islámica han desaparecido. El maquillaje, el esmalte de uñas, los velos y gabardinas de colores volvieron a ser parte de la vida de las mujeres… Incluso muchas iraníes, especialmente en las grandes ciudades, se dejan caer por completo el velo en la calle. El resultado: su cabellera al aire.

Esta tendencia ha pasado a ser aún más frecuente desde la muerte de Mahsa Amini en custodia policial; las calles de Teherán están llenas de mujeres que se han quitado el velo como señal de protesta.

Hoy muchos se preguntan si las autoridades, después de este periodo de gracia, podrán hacer que la regla vuelva a cumplirse al pie de la letra.

“Yo quiero que nos aprendamos a respetar; para mi está bien que una mujer vaya cubierta pero al mismo tiempo busco que se acepte que yo no quiero estarlo“, explicaba Sara, economista de 23 años que sale a la calle descubierta. Es su manera de hacer un homenaje a Mahsa Amini, dice.

Mujeres caminan en Teherán

Getty Images
Las mujeres en Irán deben seguir, por ley, un código estricto de vestimenta.

Las mujeres suman otras pequeñas victorias como poder pasar la nacionalidad a sus hijos -lo que era imposible hasta hace un par de años-, poder heredar terrenos; montar en bicicleta o conducir motos -siempre con el temor de ser capturadas, o entrar algunas veces a un estadio de fútbol. Aunque esto último todavía es extremadamente limitado.

Para entender estas victorias también hay que entender la complejidad de sociedad iraní que si bien es tradicional y religiosa, también es bastante contemporánea en muchos aspectos de su cotidianidad.

Esta situación tomó gran protagonismo después de la guerra con Irak en los 80 cuando decenas de miles mujeres urbanas y rurales quedaron viudas o con maridos parapléjicos y tuvieron que asumir un papel protagónico en sus familias.

El rol activo de la mujer

Son las mujeres las que a pesar de la presión del patriarcado familiar y estatal han liderado los cambios en el país.

Desde la victoria de la Revolución Islámica muchas más mujeres fueron a la universidad, especialmente aquellas provenientes de sectores religiosos cuyos padres no aceptaban que se educaran bajo el modelo educativo laico que imperaba hasta entonces.

Actualmente representan al menos el 50% de los estudiantes universitarios y se destacan por su altísimo nivel. Pueden estudiar básicamente lo que quieran, aunque por años el sistema ha buscado alternativas para restringir acceso a ramas relacionadas con la física e ingeniería.

Aún bajo este escenario su representación en puestos públicos y gubernamentales de responsabilidad es mínima y mucho más en gobiernos radicales como el actual.

Según Naciones Unidas las mujeres solo representan el 14% de la fuerza laboral en Irán. Para llegar a un cargo público alto hay que ser – o al menos aparentar serlo- religioso y vestirse de una manera ortodoxa. En el campo privado, la situación es diferente con decenas de mujeres directoras, empresarias, gestoras…

Incoherencias

Volviendo al caso de Mina, una mujer necesita el permiso del marido para hacer muchas actividades, incluido viajar o aceptar una propuesta laboral.

También necesita el permiso del padre o el abuelo para casarse, que según la ley puede hacer a partir de los 13 años -hasta hace dos décadas podían casarse desde los 9 años-. Esta práctica está mucho más relacionada con áreas rurales y no es bien vista en sectores educados y urbanos donde la edad para contraer matrimonio cada vez es mayor.

El gobierno iraní ha calificado las protestas de "disturbios" fomentados por enemigos extranjeros

EPA
El gobierno iraní ha calificado las protestas de “disturbios” fomentados por enemigos extranjeros.

Pero si Mina todavía fuera soltera, como lo fue hasta que tuvo 33 años, no le exigiría el permiso de su padre para abandonar el país tal como lo confirman al menos cinco mujeres solteras que nunca han tenido problemas para moverse por el mundo.

“Todo en Irán es incoherente, es difícil de entender”, explica Nilufar* una publicista soltera mayor de 40 años. “La mayoría de hoteles aceptan mujeres solteras -agrega-, pero hay otros que no las reciben”.

Nilufar cuenta que la situación es similar si quieren alquilar un apartamento; todo depende de la voluntad del dueño. Pero al mismo tiempo es común que las estudiantes vivan en dormitorios universitarios. Muchas jóvenes estudian en ciudades diferentes pues el mismo sistema académico naciones les asigna el acceso a las universidades según su puntaje en el examen nacional.

Lo paradójico en este punto es que muchas de las jóvenes que se tienen que desplazar son originarias de ciudades más pequeñas y tradicionales. Ninguna de ellas tiene problemas para viajar sola alrededor del país ya sea en autobús o tren, o conduciendo sus propios autos. En este caso las restricciones para las mujeres, cuando las hay, llegan del lado familiar que como consecuencia de la tradición se oponen a que sus mujeres vivan por fuera de casa, viajen solas y convivan en ambientes mixto.

Matrimonio temporal

“Lo que sí no aceptan es que una iraní soltera comparta habitación con un hombre que no sea su marido”, cuenta Nilufar que recuerda que una de las prácticas más abusivas contra la mujer es el llamado sigheh, o matrimonio temporal, que es permitido por la ley.

Ebrahim Raisi

Getty Images
El presidente Ebrahim Raisi ha reforzado el conservadurismo desde el gobierno.

Es decir la prostitución está prohibida pero no esta práctica del sigheh donde un hombre puede despojar a una mujer por el tiempo que considere necesario. Puede ir desde 2 minutos hasta lo que quiera. En el caso del hombre, puede estar casado -hasta cuatro veces permite la ley; aunque es una figura muy poco practicada en la sociedad- pero la mujer tiene que ser soltera.

Lo interesante, dice Nilufar, es que las nuevas generaciones son mucho más conscientes de esta discriminación a la que están sometidas las mujeres, y también están más alertas a la doble moral que tiene el Estado a la hora de legislar sobre temas femeninos.

Estas generaciones han crecido en casas en las que han sido testigo de esta violencia estatal a través de las experiencias de sus madres, tías, abuelas y de allí surge ese impulso de querer acabar con estas reglas que buscan marcarles cada aspecto de su vida.

“Yo lucho por mi futuro. Nadie más va hacerlo por mí”, explica Maryam, una estudiante de 19 años días atrás.

La campaña del #MeToo en Irán en 2019 fue un ejemplo de esta violencia. Muchas mujeres denunciaron públicamente a sus abusadores. La mayoría fueran atacadas por hacerlo y que hayan sido objetos de campañas para desacreditarlas.

Las pocas que decidieron llevar el caso a la justicia se han chocado con un muro discriminatorio donde han estado sometidas a fuertes y dolorosos cuestionamientos siempre rodeados por el manto de la duda. Es muy frecuente que las denuncias de abuso terminen por devolverse en contra de la mujer.

El divorcio es otro ejemplo. Las mujeres siempre tienen que justificar ante una corte las razones por las cuales lo piden; muchas veces no son escuchadas si sus esposos se oponen. Y el proceso legal hasta alcanzar la separación puede tomar años.

Una protesta en Madrid a favor de las mujeres de Irán

Getty Images
Las protestas por lo que ocurre en Irán han llegado a varias capitales del mundo.

En el caso de los hombres pueden pedir una separación sin ninguna clase de justificación y en muy corto tiempo. También es cierto que cada vez son más las mujeres que antes de casarse exigen ante la ley poder pedir el divorcio cuando ellas lo justifiquen.

En los últimos años las leyes también se han volcado para evitar que las mujerespuedan abortar o incluso planificar, una práctica que estuvo aceptada por algunos años en la década de 1990. Cada vez es más difícil tener acceso a una operación o incluso a las píldoras anticonceptivas, una medida que termina por afectar especialmente a las mujeres de menos recursos.

“La realidad en Irán respecto a las mujeres es mucho más compleja de lo que dice la ley porque todo depende de las familias, su nivel socioeconómico y lo tradicional que sean. Una joven con dinero y educada puede encontrar fácilmente la manera de escaparse de estas reglas y leyes”, explica Mina.

“Lo interesante es que el internet ha abierto los ojos a estas nuevas generaciones cada vez más conscientes de sus derechos y por eso están peleando”, concluye.

*En BBC Mundo hemos cambiado los nombres de las entrevistadas para proteger su identidad.


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