847 migrantes han muerto o desaparecido en América en 2022
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847 migrantes han muerto o desaparecido en América en lo que va del año; ONG advierten mayores riesgos por presencia militar

Los riesgos para los migrantes en el continente americano, en particular en la frontera entre México y EU, crecen en la medida en que más personal militar se involucra en tareas migratorias, alertan organizaciones civiles.
Cuartoscuro
Por Marcela Nochebuena 
20 de septiembre, 2022
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De 2014 a la fecha, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) tiene un registro de más de 6 mil 755 muertes y desapariciones de personas migrantes en América, con la mayor letalidad en 2021 (mil 247), mientras que en lo que va de 2022 suman 847.

Esto significa que el continente americano es la tercera zona más riesgosa en el mundo para quienes migran o solicitan asilo o refugio, solo después del Mediterráneo y África. En particular, la zona más riesgosa en América es la frontera Estados Unidos-México, debido a su alto nivel de militarización, al igual que los corredores migratorios en México. 

Por ello, la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho (FJEDD), WOLA y el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, de Tapachula, Chiapas, alertaron sobre los riesgos que implican para las personas migrantes las recientes reformas que dan a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) el control de la Guardia Nacional, así como la que extendería hasta 2028 el despliegue de soldados y marinos en tareas de seguridad pública

“El impacto más directo de la militarización es que incrementa los riesgos y las violaciones a los derechos humanos, en muchos casos graves, de los que son víctimas las personas migrantes a lo largo de todo el proceso migratorio, desde los países de origen hasta los de destino y tránsito”, señaló Álvaro Botero, especialista en temas migratorios, durante un foro organizado por las tres organizaciones. 

Este impacto, añadió, se refleja tanto en acciones como en omisiones que desencadenan violación de derechos humanos, o bien, obligan a las personas migrantes a desviarse a rutas donde pueda existir menor control, pero que están más expuestas al crimen organizado, por lo que pasan de los abusos de un actor a los de otro. 

El especialista precisó que las cifras de muertes y desapariciones en los países del sur no se comparan a la zona norte de América, porque las políticas de puertas abiertas y canales regulares no obligan a las personas a ponerse en riesgo frente a actores criminales en zonas aisladas. Además, la militarización y la contención migratoria en América Latina se dan en un contexto de un largo historial en el que se recurre a fuerzas militares para desafíos mucho más complejos que requerirían otro abordaje, así como analizar la violencia desde una perspectiva integral.

Ana Lorena Delgadillo, de la FJEDD, criticó que México apueste por la militarización y no por la construcción de una seguridad pública con base civil y ciudadana. “Tenemos a los militares en cerca de 20 nuevas tareas que no estábamos acostumbrados a verlos, y lo que más nos preocupa es que esto se hace sabiendo claramente que se está violando la Constitución. Difícilmente cuando se otorga una tarea a los militares, esa tarea se recupera para los civiles”, añadió.

Recordó que en los hechos, cuando la Guardia Nacional aún no estaba adscrita a la Sedena y sus mandos tenían que ser civiles, esto no sucedía en la práctica, pues sus mandos operativos eran militares y su composición, en más de un 85%, era de integrantes de la Sedena, así como de cerca de 17 mil 800 personas de la Marina.

Las organizaciones insistieron en que las políticas de control migratorio enfocadas en la militarización tienen costo en vidas humanas y en acciones como tortura, desapariciones, trata de personas, abuso y extorsión. Al despliegue permanente de la Guardia Nacional en las fronteras se ha sumado, señalaron, su mayor presencia en centros de detención migratoria. En tanto, los hechos de tortura no se reconocen y las medidas para evitarlos son insuficientes

En los tres primeros años de esta administración, destacó Delgadillo, se han registrado más de 850 mil “rescates” o “aseguramientos” —una cifra mayor a cada uno de los dos sexenios anteriores—, que en realidad son detenciones, mientras que 19 de los 32 delegados del Instituto Nacional de Migración (INM) son militares o exmilitares.  

Recientemente, el INM presentó el documento Rutas. Estudios sobre movilidad y migración internacional, que contiene un análisis de los delitos cometidos contra personas migrantes en México entre junio de 2016 y junio de 2022. En él, se reporta que en ese periodo se registraron 5 mil 378 denuncias por delitos en contra de personas migrantes, con el mayor número en 2018, de mil 414 casos.

Robo, tráfico ilícito, secuestro y retención ilegal, trata de personas, extorsión o chantaje están entre los más comunes, mientras que seis de cada 10 mujeres dijeron haber sido víctimas de trata y ocho de cada 10 de violencia sexual. Los estados donde más se presentaron denuncias en ese periodo son Chiapas, Oaxaca e Hidalgo

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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