La Escuela Es Nuestra: apoyos llegan solo al 36% de los planteles
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ILUSTRACIÓN: Daniela Díaz (@_danichi)

La Escuela Es Nuestra: La SEP desconoce cómo se usan los recursos, que solo llegan al 36% de los planteles

El programa federal al que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador apuesta para mejorar las condiciones de las escuelas del país no llega al 60% del total, como el presidente afirma, y no hay mecanismos para seguir y fiscalizar los recursos y su uso.
ILUSTRACIÓN: Daniela Díaz (@_danichi)
Por Dalila Sarabia y Data Cívica
12 de septiembre, 2022
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La entrega de dinero directa a los padres de familia para que arreglen las escuelas de sus hijos no está cumpliendo sus objetivos. A casi tres años de la puesta en operación del programa La Escuela Es Nuestra (LEEN), los apoyos solo han llegado al 36% de los planteles del país y las autoridades, en particular la SEP, desconocen cómo se han ejercido más de 23 mil millones de pesos de presupuesto público. 

Durante la ceremonia de inicio del ciclo escolar 2022-2023 y la despedida de Delfina Gómez como secretaria de Educación Pública, el presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó: “Ya estamos llegando a más del 60% de todas las escuelas de educación básica del país y antes de que termine el gobierno va a ser el 100%”. Sin embargo, no es así.

Un análisis hecho a los padrones de beneficiarios revela que, hasta el 31 de diciembre de 2021, apenas se habían beneficiado 72 mil 404 de las poco más de 198 mil escuelas de educación básica del país. Al momento de presentar resultados de este programa, las autoridades informan un número mayor de beneficiarios porque omiten detallar que los propios lineamientos de operación de esta política prioritaria contemplaron que una misma escuela podía recibir dos apoyos en años diferentes.

Además, en lo que va del año, el avance del programa ha sido prácticamente nulo. De acuerdo con el segundo avance trimestral de los principales programas presupuestarios que Hacienda entregó a la Cámara de Diputados, al cierre de junio apenas se había ejercido el 0.1% del presupuesto aprobado para 2022.

Con el objetivo de evitar corrupción e intermediarios, el 4 de octubre de 2019, el presidente López Obrador anunció el arranque de LEEN, un programa que busca atender la infraestructura de las escuelas a través de transferencias directas de 150 mil, 200 mil o 500 mil pesos, dependiendo del número de alumnos inscritos, a un comité de padres de familia que decidiría las obras que debían realizarse en los planteles. Sin embargo, se trata de una política que carece de mecanismos de seguimiento y fiscalización.

A la fecha, las autoridades desconocen cómo los comités de padres de familia han usado los recursos y si estos fueron suficientes para atender las necesidades de cada plantel. Si cualquier ciudadano desea conocer cómo se ejerce este presupuesto público, la SEP, a través de una respuesta de transparencia, recomienda ir a cada escuela beneficiada y preguntar directamente a los directores qué obras se realizaron.

Sin diagnóstico y con lista de raya

Solo en los últimos 16 años, el gobierno federal ha destinado al menos 111 mil millones de pesos en atender el estado físico de las escuelas. Entonces, ¿por qué aún hay planteles que no tienen baños, techos e incluso salones?

“No se está tomando en serio la construcción de una política que asegure el mantenimiento de la infraestructura de las escuelas”, responde Fernando Ruiz, director de investigaciones de la organización Mexicanos Primero.

“Aunque los montos han sido grandes, no han sido adecuadamente invertidos porque el diagnóstico y la inversión no están necesariamente ligados en el tiempo (…) Hasta que no tengamos un diagnóstico, vamos a seguir dando palos de ciego”, sostiene.

Animal Político y Data Cívica obtuvieron vía transparencia los padrones de LEEN entre 2019 y 2021, que revisaron y cruzaron con los registros del Consejo Nacional de Población (Conapo) para ubicar el nivel de marginación de las escuelas que han sido beneficiadas, ya que los lineamientos del programa señalan que se daría prioridad a las escuelas ubicadas en municipios de muy alta y alta marginación.

El análisis confirmó que la mayor parte de los recursos del programa se ha transferido a municipios de muy alta marginación. No obstante, fue posible detectar que hay municipios donde se ha beneficiado a más escuelas de las existentes, de acuerdo con datos públicos y actualizados del Sistema Interactivo de Consulta de Estadísticas Educativas de la SEP.

Particularmente, esto se observó en municipios de Oaxaca y Chiapas.

Por ejemplo, en Santiago Amoltepec, Oaxaca, la SEP da cuenta de la existencia de 83 escuelas de educación básica, pero los padrones de beneficiarios muestran que se han dado apoyos a 118 escuelas. En Sitalá, Chiapas, se reportan 84 escuelas, pero se ha beneficiado a 117.

Es por esta disparidad en los datos que al sumar el total de escuelas únicas beneficiarias —no de apoyos entregados— el análisis arroja que se ha atendido al 106% de las escuelas de educación básica de los municipios de muy alta marginación, aunque aún queden planteles pendientes de beneficiarse de esta política pública.

En tanto, en municipios de alta marginación el programa ha llegado al 66% de los planteles, al 44% de las escuelas en municipios de nivel de marginación medio, y al 26% y 8% de las ubicadas en municipios de baja y muy baja marginación, respectivamente.

Para tener un acercamiento a las condiciones de infraestructura de los planteles educativos beneficiados y sin importar el nivel de marginación del municipio donde se ubiquen, pues no hay un diagnóstico actualizado, se tomó como referencia el Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial que realizó el Inegi en 2013 —el único que se ha hecho para conocer la situación de los planteles en el país— y se seleccionaron ocho variables: si la escuela contaba con barda perimetral, si el techo y el piso eran de materiales de calidad, si tenía cisterna, baños y drenaje, así como que contara con pizarrones y muebles para trabajar. Todo esto, con base en los lineamientos de LEEN sobre qué obras o mobiliario se podían realizar y comprar con el dinero que se transfiere a los padres de familia.

A aquellas escuelas que aparecieron tanto en el censo como en los padrones de beneficiarios se les asignó un valor entre 1 y 8 dependiendo qué deficiencias reportaron en el censo, por ejemplo, que no tuvieran barda, baños o muebles para trabajar.

Con ello, fue posible advertir que las escuelas con valor 6 —es decir, aquellas que no reportaron las mayores carencias en infraestructura y equipamiento— son las que más han sido beneficiadas.

Por estado, se observó que Chihuahua es la entidad en la que mayor atención se ha dado a planteles con mayor carencia en su infraestructura. En promedio, los planteles atendidos en esta entidad reportaron valores de 4 en la escala del 1 al 8.

En tanto, Tlaxcala y Aguascalientes son los estados donde las escuelas que han recibido el apoyo reportan una calificación de 8 sobre 8. Es decir, en su mayoría, las escuelas beneficiadas con LEEN reportaron mínimas carencias de infraestructura.

Para abordar los hallazgos de este análisis, Animal Político buscó a la SEP, pero hasta el cierre de esta edición no hubo respuesta.

Discrecionalidad 

Fernando Alcázar, director de judicialización de Mexicanos Primero, reprochó que la administración federal haya puesto en marcha este programa bajo la figura de subsidios y no un programa social, lo que hizo más laxa la posibilidad de contar con mecanismos de transparencia y fiscalización.

“​​En 2019 se le permitía a los beneficiarios del programa comprobar gastos con recibos simples, con lista de raya, y no había ningún responsable de eso, o sea, una vez que recibían los recursos nadie más que las mamás y papás se hacía responsable de los recursos y ellos eran responsables de llenar una hojita diciendo: ‘Oye, aquí está lo que gasté y pues aquí están mis recibos’”. 

La Auditoría Superior de la Federación (ASF) auditó una muestra de mil 187 millones de pesos del presupuesto ejercido en 2020 y concluyó que no hay pruebas de que 573 millones, es decir, uno de cada dos pesos, se hayan gastado en la mejora de la infraestructura de los planteles, pues el programa carece de mecanismos de control, supervisión y seguimiento de los apoyos.

Que sea un subsidio permite tener esta ambigüedad, esta discrecionalidad”, apunta Alcázar.

De acuerdo con los reportes de la Cuenta Pública, entre 2019 y 2021 este programa ha ejercido un total de 23 mil 434 millones de pesos de presupuesto, pero ni la SEP ni la Secretaría de Bienestar saben en qué se ha gastado y si ello ha cubierto la totalidad los requerimientos de cada plantel.

Los recursos sirvieron para… otro ‘elefante blanco’

Hace 25 años, la telesecundaria Benito Juárez, ubicada en el municipio de San Felipe del Progreso, Estado de México, recibió a sus primeros estudiantes. No había salones ni baños y el terreno no estaba bardeado. Bartolo Segundo, quien hasta hace unos meses era el director, dice que gobiernos estatales y federales han pasado en el último cuarto de siglo y las necesidades de este plantel, aunque ya son menos, aún persisten.

“Estos iban a ser los baños, pero ya no alcanzó el dinero”, dice Bartolo, mientras muestra la construcción que se levantó al fondo del terreno y que quedó en obra negra.

La implementación de LEEN pareció ser una opción para por fin colocar una techumbre al patio cívico, donde los alumnos han tenido que hacer honores a la bandera y otras actividades bajo la lluvia o el rayo del sol.

Con este programa también pensó que por fin iban a acabar el aula para actividades artísticas, que suma años en obra negra, y que sería posible remodelar los baños para por fin tener instalaciones dignas para los estudiantes. 

Sin embargo, los planes no salieron como esperaba.

En 2020, el primer año que esta escuela recibió un apoyo de 200 mil pesos de LEEN, los padres de familia decidieron invertir el dinero en la colocación de un “arco techo” en el patio. Para 2021, la telesecundaria volvió a ser seleccionada y recibió otros 200 mil pesos, pero los resultados no fueron satisfactorios.

“No sé si por mala administración de los padres de familia o qué haya sido, pues caray, yo lamento mucho que hicieron dos cuartitos pequeñitos y pues 200 mil pesos como que es mucha lana, ¿no? (…) Con 200 mil pesos podían haber hecho maravillas, hasta dos aulas creo yo que alcanzaba, pero también comprendo que el terreno está en malas condiciones”, dice el exdirector.

Aunque los profesores consideraban que la mejor inversión era arreglar los baños que ya se tenían, los padres optaron por hacer unos nuevos, pero al final esos quedaron en obra negra, sin conexiones hidráulicas, muebles o luz.

“Quedó como elefante blanco, a medias”, lamenta María Guadalupe Cornelio, la actual directora. “Creo que es muy importante que a los padres se les dé luz verde para trabajar y que ellos opinen, pero también cuando a veces a los maestros nos hacen a un lado también las cosas quedan de esta manera. No quiero decir que les echo la culpa, pero al cortarnos nuestra libertad para opinar pues no tenemos ese derecho a sugerir cuáles son las necesidades”.

“Yo no soy arquitecto, pero creo que el recurso no se empleó de la mejor forma posible, o sea, considero que se hubiese hecho un poco más”, agrega.

Los estudiantes volvieron a las aulas para el ciclo escolar 2022-2023 y deberán seguir usando los baños anteriores, completamente deteriorados. Sus maestros continuarán haciendo gestiones ante los gobiernos municipales y estatales en búsqueda de recursos para concluir la obra de nuevos baños que iniciaron los padres y el salón de artes, pues aun cuando todo quedó a medias, de acuerdo con los lineamientos de LEEN, este plantel ya no es candidato a recibir otro recurso, pues el comité de padres ya recibió dos transferencias directas.

“Se hicieron obras, pero hubo muchas inconsistencias” 

“A diferencia de otros programas que he tenido donde se dan los recursos, en este sí he visto muchas inconsistencias”, comparte una maestra de un jardín de niños en Veracruz, quien solicitó no publicar su nombre.

En entrevista, la docente enumera las inconsistencias que ha detectado en el manejo de los recursos del programa, tanto por parte de los padres como de los llamados facilitadores: las personas designadas por las secretarías de Educación o de Bienestar para desempeñarse como enlaces con los padres para implementar el programa.

La maestra explica que en 2020, cuando llegó por primera ocasión el apoyo, ella no se enteró hasta que los padres la buscaron para solicitar que firmara el diagnóstico que habían hecho sobre las condiciones de la escuela.

“Me preguntan: ‘Maestra, ¿qué hace falta?’. Y pues les dije que la barda, y a partir de ahí yo ya no me enteré absolutamente de nada del dinero, los papás se hicieron cargo de absolutamente todo”.

Al inicio del siguiente ciclo escolar, de nueva cuenta la buscaron para solicitar su firma en un nuevo diagnóstico, pues el plantel había sido seleccionado por segundo año consecutivo para LEEN.

“Me dicen que necesitan la firma nuevamente para el diagnóstico y ahí es cuando les pregunto: ‘Oigan, en todos los programas se pide una rendición de cuentas con facturas, que todo esté súper cuadrado, y yo no he firmado absolutamente nada’. Y pues me dicen que ya habían entregado todo y ese fue el primer foquito rojo para mí”, explica.

Preocupada de tener una sanción o señalamiento por mal uso de recursos públicos en su plantel, la docente buscó a su supervisor. Él le recomendó ponerse en contacto con el facilitador autorizado.

No obstante, ni los padres ni funcionarios de la Secretaría de Bienestar que trabajan en la zona le ayudaron a localizarlo. 

“La siguiente semana una mamá me intercepta cuando me iba y me dice: ‘Maestra, rápido, fírmeme este papel porque es del programa de La Escuela Es Nuestra’. Y yo lo empiezo a leer y es un oficio donde dice que a mí me entregaron diagnóstico, planeación, facturas, o sea, todo, cosa que a mí no me habían entregado; entonces, le hago saber a la señora que realmente no me han entregado absolutamente nada y que en las cuestiones del dinero sí soy así como espantada, porque si te falta un peso o algo pues hay que tener mucho cuidado”.

Renuente, la madre le entregó una carpeta con información para que la revisara en casa.

“Cuando yo reviso estos documentos realmente a mí sí me hizo mucho ruido de que eran documentos, fotocopias en muy mal estado. Las fotocopias estaban rayoneadas (…) Por ejemplo, venían muchos conceptos que decían ‘traslado de material a lomo de bestia’ y venían cantidades de 8 mil 500, 5 mil pesos… o sea, cantidades bastante extremas, sobre todo porque hemos tenido la fortuna de tener otros programas y pues sé más o menos los precios y eso sí sale fuera del presupuesto”, abunda.

Sí se realizaron las obras, pero sí hubo muchas inconsistencias. De igual manera, revisando los documentos, no encontré nada que dijera que el domo tiene los cimientos”, señala la docente, con el fin de ejemplificar las anomalías en la instrumentación del programa federal.

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'El día que le dije a mi novio que era una persona no binaria'

Katje van Loon tuvo la idea de celebrar un Día Internacional de las Personas No Binarias, a mitad de camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre.
14 de julio, 2022
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Hace 10 años, Katje van Loon escribió una publicación en su blog en la que pedía la creación del Día Internacional de las Personas No Binarias el 14 de julio, exactamente a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer y el Día Internacional del Hombre. Katje le ha contado a la corresponsal de género e identidad de la BBC, Megha Mohan, por qué es importante que el día se haya convertido en una realidad.

Hay un meme que aparece de vez en cuando sobre un pájaro al que han llamado pingüino toda su vida. Un día, el pájaro se encuentra con un médico que le dice: “No eres un pingüino, eres lo que se llama un cisne“. El cisne se siente aliviado. De repente, toda su vida cobra sentido.

Yo tuve mi momento cisne en 2011, cuando tenía unos 20 años.

Mi abuela acababa de morir y yo estaba en su apartamento organizando sus cosas. Tratando de distraerme, entré en internet y, pasando de un página a otra, me encontré con la entrada en Wikipedia sobre identidades de género.

Fue aquí donde leí por primera vez la definición de “no binario”. En esos párrafos, aprendí sobre personas que no siguen las normas binarias de género, personas que sienten que existen en un espacio intermedio fuera de las definiciones de hombre y mujer.

“Esto soy yo”, pensé. “Soy una persona no binaria. Esto es lo que he sido toda mi vida. Y nunca he tenido las palabras para describirlo”. Empecé a llorar. Sabía que tenía que contárselo a mi novio.

La chica más fuerte

El teatro era mi asignatura favorita en la escuela secundaria. Me gustaba todo, incluso acarrear las cosas pesadas que habíamos utilizado al final de la clase. Me señalaban como la “chica más fuerte de la clase de teatro” cuando me tocaba guardar las piezas pesadas del set junto con los chicos.

Así que allí estaba yo, moviendo atrezzo con los chicos, identificada como diferente a las otras chicas. Pero, extrañamente, esta era de las pocas veces en las que ser diferente era un motivo de orgullo para mí en lugar de una vergüenza.

De alguna manera, yo era como mi madre. La gente decía que mi madre era una mujer “guapa”, y mucho más tarde me di cuenta de que en realidad lo decían como un insulto para referirse a su aparente falta de feminidad.

Era una mujer soltera, abogada y educadora. Ella no era como las otras madres de la escuela. Se sentía tan cómoda arreglando cosas por la casa como cuando enseñaba a sus alumnos o me cuidaba a mí.

Yo era como ella al adoptar roles de género no tradicionales. Pero a diferencia de ella, yo existía en otro lugar. No era solo que no me sintiera “femenina”, o que fuera más alta y más grande y menos femenina. Era algo más que eso: la etiqueta de “mujer” simplemente no me encajaba.

Al crecer en los barrios periféricos de Vancouver, en Canadá, y luego en Hawái, me perdí en libros de fantasía, en mundos ficticios creados por escritores como Ursula K. Le Guin, habitados por personajes sin identidad de género fija.

A los 12 años comencé a escribir, creando mis propios planetas ficticios. Más de una década después pude publicar una versión muy revisada y pulida de estos mundos, la primera de una serie de novelas de ciencia ficción.

En estos imperios creativos, jugué con los roles de género; los personajes oscilaban entre tener características sexuales masculinas o femeninas. Escribir me dio la libertad para imaginar una realidad menos rígida.

Como milenial, crecí en internet. En los chats encontré comunidades de personas que hablaban sobre sexualidad y me declaré bisexual a los 14 años. Primero en internet y luego en el mundo real, las comunidades LGBT me dieron la bienvenida cuando me abrí sobre mi sexualidad, y entonces experimenté un sentimiento de pertenencia.

Expulsada de la comunidad LGTB

Más tarde, cuando tenía 20 años, me enamoré de mi novio, Nathan. Pero esto tuvo un precio. Creo que no hay forma más rápida de ser expulsada de una comunidad LGBT que la de ser una mujer bisexual que sale con un hombre.

La gente te ve como “heterosexual”, alguien que no entiende la lucha, y de repente las conversaciones y los eventos ya no te incluyen. Lo llaman el “bi-borrado”, y es un fenómeno muy real. Dejan de invitarte a cosas. Se crean grupos privados sin ti.

En mi experiencia, las personas todavía entienden la sexualidad de la forma en la que no entienden la identidad de género.

Cuando encontré la página de Wikipedia que explicaba mi identidad no binaria, Nathan fue la primera persona a la que quise contárselo, pero me daba mucho miedo.

Cuando lo vi más tarde ese día, lo dije rápidamente: “Soy una persona no binaria”.

Pausa.

“Entonces, ¿qué es lo que cambia?”, preguntó.

Otra pausa.

Puede que use pronombres diferentes“, respondí. “O que me llame de otra forma a veces”.

Me preguntó si yo era transgénero. ¿Estaba pensando en cambiar físicamente de alguna forma?

Dije que no, que no lo era.

“Está bien, intentaré recordar tus pronombres”, dijo, “pero no soy muy bueno recordando cosas”.

Ambos nos reímos, relajados, y la tensión se disipó. Le expliqué cómo, al crecer, me había sentido mal representada como esta “otra” persona, y que ahora tenía un nombre para describir lo que era, por lo que inmediatamente encajé un poco mejor en mi propia piel.

Nos comprometimos poco después y nos casamos en 2015.

La boda de Katje y Nathan.

Zemekiss Photography

Durante varios años, usé diferentes pronombres en lugar de “ella”. Me gustó especialmente “zie”, que sonaba suave y divertido. Eran términos neutros en cuanto al género que la gente usaba en internet y que no determinaban el sexo de la persona.

Durante un tiempo estuve a favor del pronombre “they” utilizado en singular (en inglés significa tanto “ellos” como “ellas”). Pero a medida que vi su uso florecer y despegar, comenzó a desagradarme, y ahora no lo soporto.

Como escritora, me tomo el lenguaje muy en serio, y he leído varios textos en los que las personas usan el pronombre “they” que me confundieron realmente sobre si se referían a un individuo o a un grupo. Algunos escritores argumentan que Shakespeare solía usar “they”, a lo que respondo: “Muy pocas personas escriben tan bien como Shakespeare”.

Con el tiempo, mi amor de la infancia por la escritura de fantasía se convirtió en una carrera, así como en una salida para mi mundo imaginario fuera de las normas de género.

En mi libro “Stranger Skies” (Cielos más extraños), escribo sobre una diosa que cae de los cielos a un planeta que no obedece las leyes de la física o la biología. Descubre que en ese mundo, el género está programado, se es hombre o mujer, pero el sexo es mutable. Las personas pueden cambiar su cuerpo físico a través de una pequeña ceremonia semirreligiosa. Esto permite que las parejas homosexuales puedan tener hijos biológicos sin intervención médica. Me divierto mucho explorando estos conceptos en mi escritura.

Un año después de identificarme como persona no binaria, escribí una publicación de 153 palabras en mi blog sobre por qué debería haber un Día Internacional de las Personas No Binarias. Dije que debería ser en julio, a medio camino entre el Día Internacional de la Mujer en marzo y el Día Internacional del Hombre en noviembre. Hubo algunos comentarios en el blog entonces, pero apenas se extendió por internet.

Katje haciendo pompas de jabón

Kam Abbott
Katje pasa ahora menos tiempo en internet.

Lo olvidé hasta varios años después, cuando vi que el Día Internacional de las Personas No Binarias se celebraría oficialmente el 14 de julio, el mismo día que sugerí en mi publicación. Lo iban a celebrar la organización Campaña por los Derechos Humanos, Stonewall, el sitio web del Parlamento de Reino Unido e incluso la web dictionary.com.

La gente citaba las razones que yo había dado para elegir la fecha, pero solo la página de Wikipedia sobre el género no binario mencionó mi blog como inspiración. Esto me molestó. Un pequeño reconocimiento hubiera estado bien.

Cambios

Ahora, las cosas han cambiado en mi vida. Estoy más cómoda conmigo misma. Me importa menos cuando la gente se refiere a mí como mujer o usa el pronombre “ella”.

Solía ​​​​estar muy a favor de tener un tercer marcador de género en las identificaciones, como pasaportes o permisos de conducir, como tienen en Argentina, Australia e India y han propuesto en Sudáfrica. Pero ahora no estoy tan segura. ¿Quiero que los datos de las minorías de género se recopilen en algún lugar al que los gobiernos puedan acceder fácilmente? Definitivamente no. No tengo fe en las burocracias. Puedo entender por qué puede ser importante para algunas personas en ciertos países, pero no lo es para mí.

También paso mucho menos tiempo en internet. No me siento cómoda ni en las páginas conservadoras ni en las liberales. Se fagocitan a sí mismas, a la espera de que la gente diga lo que ellos consideran que no está bien.

Solíamos llamarlo “la cultura de la denuncia“, pero ahora le han crecido más cabezas, es una bestia. Y no ayuda a nadie, y mucho menos a las personas vulnerables que quieren pertenecer a algo pero que saben que pueden ser apartadas en cualquier momento por decir algo incorrecto.

Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Katje van Loon
Katje en la convención Dragon Con, disfrazada de la teniente Starbuck, de la serie Battlestar Galactica.

Puedo imaginar lo que puedes estar pensando ahora. Si no quiero ningún nuevo tipo de documento de identidad, y no necesito que respetes mis pronombres preferidos (todavía zie), ¿qué sentido tiene ser no binario? ¿Es importante tener un Día Internacional de las Personas No Binarias?

Sí, lo es.

Podemos sentirnos invisibles en un mundo que aún no ha entendido del todo lo que somos. Así que es bonito tener un día que reconozca nuestra existencia. ¿Tiene que ser un día en el que estemos en las calles marchando? No. Pero sería lindo recibir algunas flores.

Creo que ser llamada persona no binaria es importante a nivel interno. Para mí es importante tener esas palabras para describirme, y saber quién soy me permite estar más cómoda conmigo misma. Quiero que la gente sea feliz como es.

Y si tener un día te ayuda a ser feliz contigo mismo, genial. Ese es el mejor resultado que podría haber esperado de esa publicación de blog que escribí hace 10 años.


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